San Estanislao de Cracovia, obispo y mártir
fecha: 11 de abril
fecha en el calendario anterior: 7 de mayo
n.: c. 1030 - †: 1079 - país: Polonia
canonización: C: Inocencio IV 8 sep 1253
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 7 de mayo
n.: c. 1030 - †: 1079 - país: Polonia
canonización: C: Inocencio IV 8 sep 1253
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Memoria de san Estanislao, obispo y
mártir, que en medio de las dificultades de su época fue constante defensor de
la humanidad y de las costumbres cristianas, rigió como buen pastor la Iglesia
de Cracovia, en Polonia, ayudó a los pobres, visitó cada año a sus clérigos y,
finalmente, mientras celebraba los divinos misterios, fue muerto por orden de
Boleslao, rey de Polonia, a quien había reprendido severamente.
patronazgo: patrono de Polonia.

El culto de san Estanislao está muy
extendido en Polonia, sobre todo en la sede episcopal de Cracovia, donde se le
honra como patrono principal y se conservan sus reliquias en la catedral. La
biografía que escribió el historiador Juan Dlugosz, tutor de san Casimiro, unos
cuatrocientos años después de la muerte de san Estanislao, parece ser una
compilación de diferentes documentos antiguos y tradiciones orales, hecha con
poco espíritu crítico, pues contiene varias afirmaciones contradictorias y
muchos datos claramente legendarios. Estanislao Szczepanowski nació el 26 de
julio del año 1030, en Szczepanow. Sus padres, que eran nobles, habían vivido
muchos años sin hijos, hasta que el cielo les concedió a Estanislao, en
respuesta a sus oraciones. Consagraron a su hijo a Díos desde el día de su
nacimiento y fomentaron ardientemente la piedad que Estanislao mostró desde
niño. El joven se educó primero en Gnesen y después «en la Universidad de
París»; pero este último dato es legendario, ya que la Universidad de París no
existía todavía. Fue ordenado sacerdote por Lamberto Zula, obispo de Cracovia,
quien le hizo canónigo de la catedral y más tarde le nombró predicador y
archidiácono suyo. La elocuencia y el ejemplo del joven sacerdote produjeron
grandes frutos de reforma de costumbres entre sus penitentes, así clérigos como
laicos. El obispo Lamberto intentó cederle el gobierno de la sede, pero san
Estanislao se negó a ello. Sin embargo, a la muerte de Lamberto, las súplicas
del pueblo y una orden del papa Alejandro II le obligaron a aceptar la sucesión
y fue consagrado obispo en 1072. Fue un celoso apóstol, infatigable en la
predicación, estricto en el mantenimiento de la disciplina y muy cumplido en
las visitas pastorales. Los pobres invadían constantemente la casa del santo
obispo, quien tenía una lista de las viudas y de los necesitados, para
socorrerles constantemente.
En aquella época, gobernaba Polonia el rey
Boleslao II, monarca de grandes cualidades, pero extremadamente disoluto y
cruel. San Estanislao era el único que se atrevía a enfrentarse al tirano y
reprocharle el escándalo que daba. Al principio, el rey trató de defenderse,
pero finalmente dio ciertas señales de arrepentimiento. Sin embargo, pronto
olvidó los reproches del obispo y cayó nuevamente en las mismas faltas. Sus
actos de vandalismo y sus injusticias políticas le hicieron chocar repetidas
veces con san Estanislao. Pero la indignación pública llegó al colmo, cuando
Boleslao cometió uno de los actos más viles de su vida. La esposa de uno de los
nobles era extraordinariamente bella. Boleslao se dejó llevar por la pasión y
trató de conquistarla; como la fiel esposa le respondiese con el desprecio, el
rey mandó raptarla y llevarla a su palacio. Los nobles polacos convocaron al
arzobispo de Gnesen y a los prelados de la corte para que amonestasen al
monarca; pero el miedo les impidió enfrentarse con el rey y el pueblo los acusó
de connivencia con Boleslao. Cuando los nobles acudieron a san Estanislao, éste
se presentó valientemente ante el rey y le echó en cara su pecado; terminó su
exhortación diciéndole que, si persistía en su crimen, la Iglesia fulminaría
contra él la pena de excomunión. Esta amenaza enfureció al monarca, quien
declaró que una persona que se atrevía a hablar en esos términos a su soberano,
debía ser más bien pastor de puercos que de almas y puso fin a la entrevista
amenazando a san Estanislao. La primera arma que empleó contra él fue la
calumnia. San Estanislao había comprado unas tierras para la Iglesia a un tal
Pedro, quien murió poco después de la transacción. El rey hizo correr la voz de
que los sobrinos de Pedro podían recobrar las tierras, porque el obispo no las
había pagado. Cuando el caso fue llevado ante el rey, éste no quiso oír a los
testigos de la defensa. La sentencia condenatoria parecía inevitable, cuando el
santo obispo invocó al muerto, quien apareció vestido con las mismas ropas con
que fue enterrado y dio testimonio en su favor. La leyenda, de dudosa veracidad
y que se cuenta también de otros santos, añade que el hecho no convirtió al
rey, cuya ferocidad no hizo sino aumentar con los años.
Al ver que todos los medios resultaban
inútiles, san Estanislao excomulgó al monarca. El tirano, haciendo caso omiso,
se presentó en la catedral de Cracovia; pero el obispo mandó interrumpir los
oficios. Furioso, el rey se dirigió a la capillita de San Miguel, en las
afueras de la ciudad, donde el santo estaba celebrando la misa, y mandó a sus
guardias que entrasen a asesinarle; pero éstos volvieron a decir a Boleslao que
el santo estaba rodeado por una luz misteriosa que les impedía darle muerte.
Echándoles en cara su cobardía, el monarca entró en la capilla y mató con su
propia mano al santo. Los guardias se encargaron de despedazar el cadáver y de
esparcir los restos para que las fieras los devorasen. Según la leyenda, las
águilas protegieron los restos del santo, hasta que, tres días más tarde, los
canónigos los recogieron y les dieron sepultura frente a la capilla de San
Miguel.
Hasta aquí no hemos hecho sino resumir la
versión más conocida del martirio de san Estanislao. La obra crítica que
publicó en 1904 el profesor Wojchiechowski, fue muy discutida en Polonia. Dicho
autor sostenía que san Estanislao era reo de traición, pues había tratado de
deponer al monarca, y que por ello había sido condenado a muerte. El profesor
Miodonski y otros historiadores respondieron vigorosamente a estas acusaciones.
Sin embargo, está fuera de duda que en el asesinato de san Estanislao
intervinieron las consideraciones políticas, aunque se trata de un punto
extremadamente oscuro. Es falso que el asesinato de san Estanislao haya
provocado un levantamiento que arrojó del trono a Boleslao, aunque ciertamente
apresuró su caída. El papa san Gregorio lanzó el entredicho contra Polonia. San
Estanislao fue canonizado casi dos siglos más tarde, en 1253, por el papa
Inocencio IV.
La larga biografía de san Estanislao
escrita por Juan Dlugosz se halla en Acta Sanctorum, mayo, vol. II. Más tarde
se descubrieron dos biografías más breves y más antiguas. Cf. Poncelet, Biblioteca
Hagiográfica Latina, nn. 7832-7842. Sobre la reacción del papa San Gregorio
VII, ver Gfrörer, Kirchengeschichte, vol. vil, p. 557 ss. Cf. igualmente la
Cambridge History of Poland, vol. I (1950). Existen numerosas biografías del
santo, en polaco, pero muy pocas en otros idiomas.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?ids=1186
San Antipas, santo del NT
fecha: 11 de abril
canonización: bíblico
hagiografía: Abel Della Costa
canonización: bíblico
hagiografía: Abel Della Costa
En Pérgamo, en la provincia romana de
Asia, conmemoración de san Antipas, que fue testigo fiel, como dice san Juan en
el Apocalipsis, al ser martirizado por el nombre de Jesús.

«Eres fiel a mi nombre y no has renegado
de mi fe, ni siquiera en los días de Antipas, mi testigo fiel, que fue muerto
entre vosotros, ahí donde habita Satanás» (Apocalipsis 2,13) Así aparece en la única
mención que tenemos de este mártir de la Iglesia en sus inicios. No tenemos más
datos de él -cosa que nos ocurre a menudo con los mártires antiguos- y no
podemos contextualizarlo demasiado. Existe una «Passio» de Antipas, que ubica
el martirio en tiempos de Nerón, y describe los detalles, pero es un escrito
muy posterior, que no se basa en documentos, sino que sólo reproduce los
lineamientos del género literario. El párrafo citado forma parte de la «Carta a
la Iglesia de Pérgamo», la tercera de las siete cartas a las Iglesias de Asia
Menor, que forman la primera sección del libro del Apocalipsis.
Estas «cartas» describen las situaciones
históricas de maneras tan esquemáticas y a pinceladas tan gruesas (lo que es
propio de los escritos apocalípticos), que poco podemos hacernos a la idea de
los hechos ocurridos tras la narración. Se nos dice que allí, es decir, en
Pérgamo, «habita Satanás», una invectiva muy fuerte a los oídos de cualquier
cristiano. Pérgamo era, de hecho, un centro especialmente volcado al culto
pagano, y dentro de ello, el culto al emperador brillaba respecto de otras
ciudades; posiblemente sea ésa la alusión. No se sabe a qué persecución se
refiere; el libro se suele datar en una primera redacción en tiempos de Nerón
(54 a 68), con una reelaboración final en tiempos de Domiciano (81-96), dos
momentos de especial crisis en el cristianismo inicial, ya que hubieron en
ellos persecuciones que han quedado como «modelo» de la furia persecutoria
pagana, y a lo que precisamente el Apocalipsis quiere oponer la fuerza de la
esperanza cristiana, que se basa, no en el triunfo terreno, sino en la
fidelidad al «Cordero degollado».
Lo cierto es que Apocalipsis es
posiblemente el responsable de que el término «mártir» -que en griego (martýs)
significa simplemente «testigo», sin que necesariamente se halle implicada la
connotación de testimonio cruento o «por la sangre»- haya quedado como término
específico para designar cierta forma de testimoniar a Jesús: en la perfecta
fidelidad a su muerte, y por lo tanto cruentamente. Y uno de esos momentos en
que el Apocalipsis ahonda en la profundidad del «testimonio» (martirio)
cristiano es, precisamente, al referirse a nuestro Antipas. Merece él además,
por parte del libro sagrado, un especial título: no sólo «martys», sino «martys
pistós», «testigo fiel», que es un título cristológico, que usa el propio
Apocalipsis para referirse a Cristo como testigo de Dios, en 1,5 y 3,14. A
través de esto el Apocalipsis muestra, nos muestra, que Cristo -tal como él
mismo lo pidió- puede realmente ser imitado por los suyos: su gesta es, desde
un cierto punto de vista, única, pero desde el punto de vista del camino que él
abre y al que nos convoca, esa gesta es infinitamente repetible, puede ser
realizada por cualquier creyente en cualquier época. Y así, cada vez que
alguien da su sangre por la fe, se reactualiza de manera eminente la gesta
salvadora de Jesús en la cruz.
Aunque no sepamos más nada de este
Antipas, le debemos ser aquel mártir que por primera vez nos sirve de ejemplo
vivo de este pasaje del martirio de Jesús al martirio de los cristianos. Es
verdad que el primer mártir cristiano es san Esteban (Hechos 6), sin embargo,
en su narración no se aplica aun el término mártir para describir la relación
de su muerte con la de Jesús, habrá que esperar al Apocalipsis, y a esta
mención de Antipas, para que la concepción de la muerte por la fe como
«martirio» encuentre todo su lenguaje.
Bibliografía: menciona y describe (aunque
no transcribe) la «Passio» Fabio Arduino, en el artículo correspondiente de
Santi e Beati; sobre las cuestiones exegéticas puede consultarse el Comentario
Bíblico San Jerónimo, tomo IV.
Abel Della Costa
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
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