sábado, 16 de abril de 2016

Santo Toribio de Astorga, obispo - San Fructuoso de Braga, abad y obispo (16 de abril)

Santo Toribio de Astorga, obispo

fecha: 16 de abril
†: s. V - país: España
otras formas del nombre: Toribio de Liébana
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa

En la sede de Astorga, durante el reinado de los suevos en Hispania, santo Toribio, obispo, que, bajo el mandato del papa san León Magno, se enfrentó decididamente a la secta priscilianista, que allí estaba difundiéndose.
patronazgo: patrono de Astorga.
refieren a este santo: San León I Magno
Bien podríamos llamar a esta hagiografía «La cuestión turibiense», porque posiblemente sea necesario gastar más tiempo en establecer de qué Toribio estamos hablando, que reseñar unos hechos que -cuando no son legendarios- son escasísimos. Y para no perdernos en prólogos, vayamos directo al asunto: cuatro Toribios tienen relación con esta memoria que hoy celebramos: Toribio de Astorga, Toribio de Liébana, Toribio de Palencia y Toribio de Turín. De todos ellos -dos históricos: el de Astorga y el de Palencia, y dos fruto de confusiones: el de Turín y el de Liébana- el personaje de nuestra fecha es el obispo de Astorga, sin embargo cada uno de los otros ha sido en algún momento identificado (o incluso lo sigue siendo en la actualidad) con éste. Así que vayamos por partes:
Santo Toribio de Palencia (11 de noviembre) fue un monje al parecer benedictino del siglo VI quien, según afirma el Cronicón de Hauberto Hispalense, nació en un lugar llamado Turenao o Turieno, cercano a Liébana, en Asturias. Con sólo este dato podemos descartar desde ahora mismo a uno de los cuatro: el de Turín es sólo una deformación del nombre de Turenao o Turieno, y de hecho no se venera en el Martirologio Romano por considerarlo espurio, aunque algún santoral italiano pretende que el único auténtico entre todos cuatro es... naturalmente, el de Turín.
Este santo Toribio de Palencia fundó, según parece, un monasterio en Liébana, llamado San Martín de Turieno. Con mucha posterioridad (siglo XII), y para preservarlas de una posible profanación musulmana, las reliquias de santo Torbio de Astorga, y en especial la reliquia de la Vera Cruz que habría sido propiedad del obispo de Astorga, fueron trasladadas allí, de modo que la presencia de tan importantes símbolos, junto con el vago recuerdo de que el monasterio había sido fundado por un tal Toribio, fueron haciendo que en los documentos contemporáneos comenzara a reemplazarse el nombre de San Martín, titular original del monasterio, por el de Santo Toribio, que terminó siendo Santo Toribio de Liébana, identificado, no con el fundador (el de Palencia) sino con el Obispo, personaje más relevante por conocerse más hechos, y sobre todo por las leyendas en torno a su viaje a Jerusalén y la adquisición de la reliquia de la Vera Cruz. Tenemos entonces nuestro segundo Toribio -el de Liébana- fruto de la confusión histórica, y que puede identificarse tanto con el de Palencia -por haber fundado el monasterio- como con el de Astorga -por haberlo prestigiado con sus reliquias-; lo habitual es identificarlo con el de Astorga, pero recuérdese: el de Astorga no estuvo en vida en Liébana, además -como se observa afinando la vista- mal podría haber estado en un monasterio benedictino, ni como fundador ni como visitante, alguien cuya vida se desenvolvió un siglo antes que la de san Benito.
Para abundar en confusiones, el Toribio palentino fue considerado por algunos hagiógrafos posteriores obispo, y no sólo monje, pero sin duda se debe a la contaminación con la historia de su tocayo de Astorga, ya que no hay ningún documento antiguo que lleve a pensar que santo Toribio de Palencia haya sido obispo.
Podemos ahora sí, abocarnos a la vida del obispo de Astorga. No se conocen muchos datos -casi es redundante decirlo de los santos de esa época- pero puede situarse su vida con cierta precisión en torno a unos pocos hechos fundamentales
-Se conservan cartas (misiva y respuesta) con el papa San León Magno, en torno a la situación de la herejía prisciliana, que el obispo de Astorga ayudó a combatir, y en relación a la cual actúa como legado papal en el I Concilio de Braga (del que lamentablemente no han quedado las Actas). Esto tiene como escenario el 447, asi que el ascenso al episcopado tiene que ser anterior.
-Astorga fue destruida en el 456, y no figura el obispo como muerto en las luchas o exiliado, esta omisión es suficiente para entender que para esa fecha ya había muerto.
Estos dos hechos sitúan su episcopado, entonces, de unos diez años (poco más o menos) entre el 446 y el 456, y ligado a la crisis priscilianista, una herejía nacida en Galicia a fines del siglo IV, y que se extendió con cierta rapidez en toda España, y más allá de la península; resultaba una mezcla de errores trinitarios (no hay tres personas sino una, la carne del Hijo es apariencia, etc), maniqueos (condena del matrimonio, de la procreación, de los elementos del mundo, etc), junto con aspectos de revolución social radical.
La actuación de Toribio en torno a esta herejía no puede considerarse, ni mucho menos, definitiva, ya que el priscilianismo sigue activo aun por un siglo más, sin embargo debió haber sido importante su refutación del momento en que a lo largo de los siglos, no habiéndose conservado otras noticias sobre su vida, sí se ha conservado como principal esta actuación. Las Actas del II Concilio de Braga, un siglo más tarde, recogerán los cánones antipriscilianos que habían elaborado epistolarmente san León Magno y santo Toribio de Astorga.
No conocemos su fecha y lugar de nacimiento, aunque algunas fuentes antiguas lo sitúan en Betanzos, en la actual Galicia, y ciertamente -sea o no ésa la ciudad- nació en la provincia romana de Gaellica. Como suele ocurrir cuando de un personaje relevante se carece de datos, la fantasía trata de rellenar las lagunas. Desde el siglo XIII (es decir, contemporáneo al traslado de sus reliquias a Liébana) surge la leyenda de que antes de ser obispo habría realizado un viaje de peregrinación a Jerusalén, y que allí habría estado al servicio mismo del templo por cinco años, antes de abandonar el lugar y volver a su Gaellica original, no sin antes recibir como regalo un fragmento de la auténtica Cruz de nuestro Señor, que se venera en la actualidad en el monasterio de Liébana. No hay documentación contemporánea o cercana a la vida del santo que avale ninguno de estos hechos. La reliquia de la Vera Cruz existe en Liébana, pero no parece autentificable, y aunque lo fuera, es difícil establecer qué relación pudiera tener con nuestro santo.
Retengamos entonces de él lo que lo hace grande a los ojos de nuestra fe: su defensa de la fe auténtica, y su entrega a la misión pastoral que se le confiara. No hace falta más para ser santo, tan sólo hacer bien lo que debe ser bien hecho.
Bibliografía: me basé principalmente en los datos críticos bien resumidos (aunque, todo hay que decirlo, expuestos con mucho desorden) de la Enciclopedia Rialp: «Toribio, Santo». La vida legendaria en su forma clásica puede leerse en el CroissetSanti e beati nos presenta la variante italiana del santo, con escaso fundamento pero mucha voluntad nacional. Las demás fuentes que he consultado en internet no resultan sino variantes de éstas, sobre todo de la de Croisset, actualizado en lenguaje, y empobrecido en estilo.
Abel Della Costa
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=1250





San Fructuoso de Braga, abad y obispo

fecha: 16 de abril
†: c. 665 - país: Portugal
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

En Braga, en la región de Lusitania, san Fructuoso, obispo, el cual, monje y fundador de monasterios, fue obispo de Dumio, y después, por voluntad de los Padres del décimo Concilio de Toledo, también obispo metropolitano de Braga, sede que, junto con sus monasterios, rigió con prudencia.
Fructuoso era hijo de un general visigodo español. Desde muy niño determinó consagrarse a Dios y la temprana muerte de sus padres le permitió seguir libremente su vocación. Entró a hacer sus estudios en la escuela que había fundado el obispo de Palencia, Conancio. El joven distribuyó una parte de su cuantiosa herencia entre sus esclavos, a quienes había devuelto la libertad, y entre los pobres; el resto lo consagró a la fundación de monasterios, el primero de los cuales lo construyó en sus posesiones de las montañas de Vierzo. El mismo Fructuoso dirigió ese monasterio, que se llamó Complutum, hasta dejarlo perfectamente encarrilado. Después renunció al cargo de abad y se retiró a la soledad, donde llevó una vida tan austera, que recordaba la de los ermitaños de la antigüedad. Pero, a pesar de sus esfuerzos por abandonar el mundo, no consiguió permanecer oculto. En una ocasión, un cazador estuvo a punto de disparar su arco contra él, tomándole por un animal salvaje, hasta que vio que tenía las manos levantadas en oración. En otra ocasión en que el santo se había refugiado más adentro del bosque, según cuenta la leyenda, su retiro fue descubierto gracias al grito gozoso de los pájaros, que habían encontrado en los alrededores a una de las aves que anidaban en los jardines del monasterio.
No es seguro que estas leyendas tengan algo de verdad; pero, en todo caso, sirven para hacer comprender que san Fructuoso tenía discípulos donde quiera que iba. Para ellos construyó el santo varios conventos; también construyó un convento de religiosas, que se llamó Nona, porque distaba nueve leguas del mar. Entre los discípulos de san Fructuoso que abrazaron la vida religiosa, se contaban familias enteras, padres e hijos. Esto creaba probablemente serias dificultades al santo, ya que no todos los aspirantes tenían verdadera vocación, sino que algunos pretendían simplemente huír del servicio militar o de las exacciones de algún tiranuelo. Pero lo cierto es que los monasterios familiares empezaron a popularizarse tanto, que el gobernador de una provincia pidió al rey que obligase a los ciudadanos a solicitar su permiso antes de entrar en la vida religiosa. San Fructuoso redactó dos reglas: una muy estricta para Complutum, fundada en la de san Benito, aunque exigía la obediencia ciega, y otra para los monasterios familiares. En esta última, determinaba que el pabellón de los hombres y los niños estuviese totalmente separado del de las mujeres y las niñas; cuando los niños de ambos sexos llegaban al uso de razón, tenían que ser instruidos en las reglas; después se los enviaba a otra casa de la orden como oblatos, «oblati a parentibus».
Viendo que no podía vivir en la soledad si permanecía en su país, san Fructuoso determinó ir a Egipto; pero, cuando se disponía a partir, el rey se lo prohibió. El monarca, que le tenía en gran estima, le llamó a la corte y mandó que le vigilasen constantemente para que no pudiese escapar. Poco después, san Fructuoso fue elegido obispo de Dumium. El año 656 fue nombrado arzobispo de Braga y asistió al Concilio de Toledo. Al principio encontró violenta oposición en su arquidiócesis, pero su paciencia y mansedumbre triunfaron, poco a poco, de sus enemigos. Cuando comprendió que había llegado su última hora, pidió que le transportasen a una iglesia, donde murió sobre una cruz de ceniza.
Existe una corta biografía de san Fructuoso, que se atribuye a su contemporáneo, el abad Valerio de Alcalá. Puede leerse en Acta Sanctorum, abril, vol. II, en Mabillon y otros autores. Ver también Gams, Kirchengeschichte Spanierts, vol. II, pte.2, pp. 152-158, y A. C. Amaral, Vida e reglas religiosas de s. Fructuoso (1805).
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=1251

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