Santas Rufina y Segunda, mártires
fecha: 10 de julio
†: s. inc. - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
†: s. inc. - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En la vía Cornelia, a nueve miliarios de
la ciudad de Roma, santas Rufina y Segunda, mártires.

Lo único que sabemos de cierto sobre
Rufina y Segunda es que existieron, que fueron martirizadas. y que su culto es
muy antiguo. Sin embargo, según las «Actas», que carecen de valor histórico,
Rufina y Segunda eran hijas de un senador romano llamado Asterio. Una de ellas
estaba prometida a Armentario y la otra a Verino. Ambos jóvenes eran
cristianos, pero apostataron durante la persecución de Valeriano. Las dos
santas se negaron a seguir el ejemplo de sus prometidos y huyeron de Roma, pero
su fuga se descubrió pronto. Rufina y Segunda fueron arrestadas cerca de Roma y
conducidas ante el prefecto, Junio Donato. Éste trató de hacerles apostatar con
amenazas y halagos. Como todo resultase inútil, mandó azotar a Rufina; entonces
Segunda exclamó: «¿Por qué consideras a mi hermana digna de ese honor y a mí me
juzgas indigna de él? Mándame azotar también, puesto que también yo he
confesado a Cristo». Las dos hermanas fueron torturadas y decapitadas juntas.
Una dama pagana, llamada Plautila, les dio sepultura a unos diez kilómetros de
Roma, en la Vía Aurelia, y se convirtió al cristianismo por su ejemplo.
El sitio de la sepultura de las mártires
se llamó en un tiempo «Silva Nigra» (Selva Negra) ; pero desde que las santas
fueron sepultadas ahí, empezó a llamarse «Silva Candida» (Selva Blanca). Sobre
la tumba se erigió una iglesia, y alrededor de ésta se formó la población de
Silva Candida o Santa Rufina, que llegó a ser sede episcopal y cardenalicia.
Las reliquias de santa Rufina y santa Segunda fueron trasladadas en 1154 a la
basílica lateranense, cerca del bautisterio de Constantino. La iglesia romana
dedicada a nuestras santas fue construida, según la tradición, en el sitio que
ocupaba antiguamente la casa de Rufina y Segunda.
En Acta Sanctorum, julio, vol. III, se halla
el texto de las actas. Véase también F. Lanzoni, Le origini delle diócesi
antiche d´Italia (1923), y Delehaye, Comentario sobre el Martirologium
Hieronymianum, p. 364.
Cuadro: «Martirio de Rufina y Segunda», de Julio César Procaccini y Juan Bautista Morazzone, óleo sobre tela de 1625, Pinacoteca de Brera, Milán.
Cuadro: «Martirio de Rufina y Segunda», de Julio César Procaccini y Juan Bautista Morazzone, óleo sobre tela de 1625, Pinacoteca de Brera, Milán.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=2312
Santas Anatolia y Victoria, mártires
fecha: 10 de julio
fecha en el calendario anterior: 23 de diciembre
†: s. inc. - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 23 de diciembre
†: s. inc. - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Sabina, santas Anatolia y Victoria,
mártires.

La «Pasión» de santa Anatolia, que carece
de valor histórico, relata que la joven, a raíz de una visión, se negó a
contraer matrimonio con un pretendiente llamado Aurelio. Este acudió entonces a
Victoria, hermana de Anatolia, para que ella la convenciese de que debía
aceptar su proposición. Victoria no sólo fracasó en la empresa, sino que,
siguiendo el ejemplo de su hermana, rompió sus esponsales con su prometido,
Eugenio. Entonces, los dos jóvenes encerraron a las dos hermanas en sus casas
de campo respectivas y trataron de vencerlas por el hambre. Tras esto, Anatolia
fue denunciada por ser cristiana y «después de curar de diversas enfermedades a
muchas gentes y convertirlas a la fe de Cristo, en la provincia de Piceno,
sufrió diferentes torturas por orden del juez Faustiniano. Habiéndose librado
milagrosamente de una serpiente que le echaron encima, convirtió al verdugo
Audax. En seguida, levantó las manos para orar y fue atravesada por una lanza».
A su vez Victoria sufrió el martirio, tal vez en Tribulano, en los Montes
Sabinos, «Se negó a contraer matrimonio con Eugenio y a ofrecer sacrificios.
Después de obrar muchos milagros, con los que ganó a Dios a numerosas
doncellas, su corazón fue atravesado por la espada del verdugo, a instancias de
su prometido». Estos fragmentos entrecomillados eran el resumen de la historia
en la antigua redacción del Martirologio Romano.
En varios sitios de Italia se venera a
santa Anatolia y a santa Victoria; pero las verdaderas circunstancias de su
martirio son desconocidas. En la «Pasión» de estas mártires se habla del
matrimonio en un tono que se halla en otros documentos cristianos, pero que
correspondió más bien a las doctrinas heréticas del encratismo que a las
enseñanzas de la Iglesia Católica. San Adrimo de Sherborne utilizó las «Actas»
de santa Lucía y las de santa Victoria en sus tratados «De laudibus
virginitatis» (Alabanza de la virginidad). Este tipo de relatos ayuda a que
distingamos muy bien entre la santidad que la Iglesia celebra y conmemora, y
las «enseñanzas morales» (algunas veces dudosas, sino contrarias a la fe) que
con el tiempo se han adherido en forma de leyendas piadosas.
Existen varias versiones de la pasión de
estas mártires. Los textos varían mucho, están llenos de contradicciones y
carecen de valor histórico, pero hay buenas razones para creer que las mártires
existieron realmente. Véase P. Paschini, La passio delle martire Sabine
Vittoria et Anatolia (1919); Lanzoni, Le diócesi d'llalia, pp. 347-350;
Schuster, Bolletino diocesano per Sabina, etc. (1917), pp. 163-167: y sobre
todo Delehaye, Comentario sobre el Martirologium Hieronymianum, pp. 364 y 654,
y Etude sur le légendier romain (1936), pp. 59-60.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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