De la recesión económica a la depresión
psicológica
2017-07-08
Estamos en una situación
generalizada de crisis sobrepuestas unas a otras y en un ambiente de caos.
Los
conceptos de crisis y de caos pueden ayudarnos a entender nuestra realidad
contradictoria. Para ilustrar la crisis se usa la palabra china, que
está compuesta por dos caracteres: uno expresa riesgo y el otro oportunidad.
Efectivamente la crisis contiene el riesgo de desmontar un orden hasta
degenerar en la barbarie, pero también puede representar la oportunidad de
refundar un nuevo orden. Yo personalmente prefiero el origen filológico de
crisis en el sanscrito: se deriva de la palabra kir o kri, que en
sanscrito significa limpiar y purificar. De ahí viene la expresión acrisolar:
limpiar todo lo que es accidental hasta que aparece lo esencial. Y crisol,
recipiente que purifica el oro de las gangas. Las palabras en el chino y en el
sanscrito son diferentes, pero el significado es el mismo.
Algo
parecido ocurre con el caos según la cosmología contemporánea. Por un
lado, es destructivo de un orden dado y por otro es constructor
de un nuevo orden diferente. Del caos, nos dice Ilya Prigogine, Nobel de
química (1977), nos vino la vida.
Aplicando
estos sentidos a nuestra situación, podemos decir que la crisis generalizada y
el caos dominante pueden, si no sabemos manejar su energía destructiva,
degenerar en barbarie, y si aprovechamos la positiva, alumbrar una nueva
configuración social de Brasil.
En
el momento actual tenemos la oportunidad de cerrar el ciclo de un tipo
de política que nos viene desde la colonia, basado en la conciliación entre sí
de las clases acomodadas y siempre de espaldas al pueblo, hoy actualizada por
un presidencialismo de coalición. Parece que este modelo de hacer política y de
organizar el Estado, controlado por estas clases, que implica grandes negocios
turbios y mucha corrupción, ya no puede seguir adelante. Es demasiado
destructivo. Lava-Jato ha tenido el mérito de desenmascarar este mecanismo
perverso y anti-social. Ojalá surja la posibilidad de una construcción social
nueva.
Sin
embargo, estas clases dieron el golpe parlamentario interesadas en prolongar
este orden que garantizaría sus privilegios, con el propósito de desmantelar
los avances sociales de las clases populares emergentes y de alinearse con la
lógica del Gran Capital a escala mundial, hegemonizado por Estados Unidos.
Como
observó Márcio Pochmann, uno de los mejores analistas de las desigualdades
sociales y de la riqueza y pobreza del país, “la élite brasilera escogió el
lado equivocado” (El golpe y la traición de las élites: https://goo.gl/QUpRZn
En
vez de asociarse a lo nuevo, a un nuevo arreglo político, económico y social, a
la mayor iniciativa de desarrollo multilateral desde el final de la Segunda
Guerra Mundial, iniciada en Eurasia, que propone una globalización inclusiva en
la que nosotros a través del BRICS estábamos incluidos, escogió la alineación
tardía con las fuerzas que detentan la hegemonía mundial bajo la regencia de
Estados Unidos. El presupuesto de esta nueva iniciativa de Eurasia está
estimado en 26 billones de dólares hasta el año 2030, e incluye a otras 65
naciones, que corresponden a casi 2/3 de la población mundial. Se crean
oportunidades de desarrollo, comenzando por los países más necesitados. Aquí
podríamos estar y no estamos por causa de nuestra ineptitud y nuestra
subordinación.
Ese
proyecto apunta hacia un nuevo orden mundial, una especie de keynesianismo
global, innovador, con una posible mayor igualdad y justicia social, respetando
la soberanía de las naciones.
El
grupo en torno a Temer optó por el viejo sistema militarista e imperial cuya
seguridad reside en bases militares distribuidas por todo el mundo. Están entre
nosotros en Argentina, en Paraguay, en Chile, en Perú, en Colombia y también en
Brasil a través de la cesión de la base de Alcántara en el estado de Maranhão.
La
venta de tierras a extranjeros, especialmente allí donde existe gran abundancia
de agua –por aquí pasa el futuro de la humanidad junto con la biodiversidad–
hiere profundamente nuestra soberanía y ofende al pueblo brasilero, celoso de
su territorio.
Una
vez más estamos perdiendo la oportunidad del lado positivo de la crisis y el
caos actuales. Desperdiciamos esta posibilidad única, por falta de un proyecto
de nación libre y soberana. Usando una expresión de Jessé Souza, se debe a la
“estupidez de la inteligencia brasilera” que está aconsejando a Temer.
El
efecto se nota por todas partes: los 14 millones de desempleados, los 61
millones de morosos, la desindustrialización, los 33 navíos en construcción
abandonados a la oxidación y la neocolonización impuesta que nos hace solo
exportadores de materias primas.
Asistimos,
anestesiados, a este crimen contra el futuro del pueblo brasileño. Temer,
sometido a varios procesos, cuida de sí mismo en vez de cuidar del pueblo
brasilero. Una ola de indignación, de tristeza y de desamparo se está abatiendo
sobre casi todos nosotros. De la recesión económica estamos pasando a la
depresión psicológica. Si no reaccionamos y no nos armamos de coraje y
esperanza, la barbarie podrá estar solo a un paso. Nos negamos a aceptar este
ignominioso destino.
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