Lo que está en juego en la actual crisis
brasileira:
¿recolonización
o refundación?
2018-04-10
La derrota de Lula en el STF
a propósito del rechazo del habeas corpus y su eventual prisión, revela la
vuelta de las fuerzas del atraso que perpetraron el golpe parlamentario,
jurídico y mediático contra Dilma Rousseff en 2016. La gran cuestión no se restringe
a la difamación de nuestro mayor líder, condenado sin pruebas convincentes, y a
la sangría del PT. Se están enfrentando dos proyectos que van a definir nuestro
futuro: larecolonización o la refundación.
El
proyecto de la recolonización fuerza a Brasil a ser mero exportador de commodities.
Esto implica desnacionalizar nuestro parque industrial, nuestro petróleo, las
grandes instituciones estatales. Se trata de dar el mayor espacio posible al
mercado competitivo y nada cooperativo y reservar al Estado solamente funciones
esenciales mínimas.
Este
proyecto cuenta con aliados internos y externos. Los internos son aquellos
71.440 multimillonarios censados por el IPEA que controlan gran parte de las
aportaciones del país. El aliado externo son las grandes corporaciones
multinacionales, interesadas en nuestro mercado interno y, principalmente, el
Pentágono que vela por los intereses globales de Estados Unidos.
El
gran analista de las políticas imperiales, recientemente fallecido, Moniz
Bandeira, Noam Chomsky y Snowden nos revelaron la estrategia de dominación
global. Se rige por tres ideas fuerza: la primera, un mundo y un imperio;
la segunda, la dominación de todo el espacio, abarcando el planeta con
cientos de bases militares, muchas de ellas con ojivas nucleares; la tercera,
la desestabilización de los gobiernos progresistas que están
construyendo un camino de soberanía y que deben ser alineados a la lógica
imperial. La desestabilización no se hará por vía militar, sino por vía
parlamentaria. Se trata de destruir los liderazgos carismáticos, como el de
Lula, difamar el mundo de lo político y desmantelar políticas sociales para los
pobres. Un contubernio ha sido organizado entre parlamentarios venales,
estratos judiciales, del ministerio público, de la policía federal y por
aquellos que siempre apoyaron los golpes particularmente los grandes medios.
Depuesta
la presidenta Rousseff, todos los elementos político-sociales a decir verdad
empeoraron sensiblemente.
El
otro proyecto es el de la refundación de nuestro país. Es un proyecto
que viene de muy atrás, pero ganó fuerza bajo los gobiernos del PT y aliados,
para el cual la centralidad era dada a los millones de hijos e hijas de la
pobreza. No sólo mejoró la vida de ellos, sino que rescató su dignidad humana,
siempre humillada. Este es un dato civilizatorio de magnitud histórica.
Este
proyecto de la refundación de Brasil, proyectado sobre otras bases, con
una democracia construida a partir de abajo, participativa, socio-ecológica,
constituye la utopía esperanzada de muchos brasileños.
La
sostendrán tres pilares: nuestra naturaleza de singular riqueza y
fundamental para el equilibrio ecológico del planeta; nuestra cultura,
creativa, diversa y apreciada en el mundo entero y, finalmente, el pueblo
brasileño inventivo, hospitalario y místico.
Estas
energías poderosas podrán construir en los trópicos, una nación soberana y
ecuménica que integrará los millones de desheredados y que contribuirá a la
nueva fase planetaria del mundo con más humanidad, ligereza, alegría y fiesta,
a ejemplo de los carnavales. Pero hay que derrotar a las élites del atraso.
No
anunciamos optimismo, sino esperanza en el sentido de San Agustín, obispo de
Hipona, hoy Argelia. Bien dijo: la esperanza incluye la indignación para
rechazar lo que es malo y el coraje para transformar lo malo en una realidad
buena.
Una
sociedad sólo puede sostenerse sobre una igualdad razonable, con justicia
social y la superación de la violencia estructural. Este es el sueño bueno de
la mayoría de los brasileños.
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