Inadoctrinamiento
¿Qué es lo que enseña vuestro Maestro?, preguntaba un
visitante.
Nada, respondió el discípulo
Entonces, ¿por qué pronuncia discursos?
Lo único que hace es indicar el
camino, pero no enseña nada.
Al visitante, aquello le resultaba
incomprensible, de modo que el discípulo se lo explicó: Si el Maestro enseñara,
nosotros convertiríamos sus enseñanzas en creencias. Pero al Maestro no le
interesa lo que creemos, sino únicamente lo que vemos.
Desvelamiento
Un día preguntó el Maestro: En vuestra opinión,
¿cuál es la pregunta religiosa más importante?
A modo de respuesta, escuchó muchas
preguntas:
¿Existe Dios?, ¿Quién es Dios?, ¿Cuál
es el camino hacia Dios?,
¿Hay vida después de la muerte?
No; dijo el Maestro, la pregunta más
importante es: ¿Quién soy yo?
Los discípulos se hicieron alguna idea
de lo que el Maestro quería insinuar cuando, le oyeron hablar con un
predicador.
Maestro: Así pues, según tú, cuando hayas muerto tu
alma estará en el cielo, ¿no es así?
Predicador: Si, así es.
Maestro: ¿Y tu cuerpo estará en la
tumba... ?
Predicador: Exactamente.
Maestro: ¿Y dónde, si me permites la
pregunta, estarás tú?.
Vacío
En ocasiones los ruidosos visitantes
ocasionaban un verdadero alboroto que acababa con el silencio del monasterio.
Aquello molestaba bastante a los
discípulos; no así al Maestro, que parecía estar tan contento con el ruido como
con el silencio.
Un día, ante las protestas de los discípulos, les
dijo:
El silencio
no es la ausencia de sonido, sino la ausencia de ego.
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