CINCO ACTITUDES "HISTÓRICAS"
PARA CRISTIANOS EN CENTROAMÉRICA
1.- Ni mejores ni
peores que otros
Una primera actitud
recomendable para nosotros los cristianos centroamericanos me parece que puede
ser ésta: considerar que no somos más ni menos que otros, ni mejores ni peores
que otros, y que no somos los únicos. Hay incluso hermanos con otro tipo de
explicitaciones que son posiblemente mejores que nosotros. Quizá no hablan del
Reino, ni siquiera de Cristo, mucho menos de la Iglesia, pero están viviendo
esta coyuntura, este desafío, y están cargando esta cruz centroamericana, y
están dando su propia vida. No somos pues los únicos, ni somos en principio
mejores o peores que otros. Adoptar conscientemente esta actitud me parece muy
importante, porque a veces los cristianos, pecamos por carta de más o por carta
de menos, o por complejo de superioridad o por complejo de inferioridad. Y eso
no es cristiano.
2.- Estamos en
continuidad
Nosotros no estamos
empezando la historia: ni como Centroamérica ni como América Latina,
evidentemente; ni como revolución ni como Iglesia, ni como Iglesia popular.
Nosotros no estamos empezando la historia. La historia ya viene de atrás, ya
viene de largo.
Recuerden ese canto
que dice: "ya vienen los mártires, los profetas, los héroes, los poetas,
ya vienen los segadores, ya vienen, ya vuelven...". Hace tiempo que están
ahí. Van por delante de nosotros. Estamos celebrando, por ejemplo, los aniversarios
de la masacre de Panzas, de la revolución de Nicaragua, de Mons. Romero... Los
aniversarios están ahí. Porque estamos en continuidad. Yo creo que eso nos da
incluso una fuerza, una esperanza incontenibles. Ya hay mucho trabajo hecho.
Hay bastante camino abierto. Hace tiempo que el Reino está viniendo...
En continuidad pues.
Lo cual nos obliga a ser discretos, analistas incluso, observadores,
tácticos... No vayamos a creer que entramos ahí ahora nosotros
"descubriendo América", o "descubriendo Centroamérica", o
descubriendo la teología de la liberación, o las comunidades eclesiales de
base, o la Iglesia Popular, o la Revolución.
Dicen que, a veces,
los cristianos, cuando quieren colaborar con no cristianos, en trabajos así más
o menos emergentes o más revolucionarios, en vez de entender con simplicidad
-también con coraje- lo que ellos pueden aportar de específico y hasta de
nuevo, a veces caen en el pecado de creer que sólo ellos empiezan ahora
finalmente a aportar. No, pues. Sintámonos más bien en continuidad,
humildemente, verazmente.
3.- En emergencia
Debemos destacar la
actitud de emergencia que vivimos aquí en Centroamérica. Aquí concretamente, en
Centroamérica, las cosas no se pueden dejar así, para el año próximo, o para
dentro de seis meses. Aquí las cosas deben ser hechas "ayer", porque
mañana ya es tarde.
Y cuando vivimos
momentos de emergencia hay que aplicar la palabra de Jesús: "dejen que los
muertos entierren a sus muertos, no vuelvan la vista atrás". Si has puesto
la mano en el arado no vuelvas ahora a tu casa a ver cómo pones en orden la
herencia de la familia, o no esperes a ver si la congregación acaba de resolver
el problema o si acaba de decidir o no acaba de decidir, ni vamos a ponernos a
esperar a ver qué dice la Conferencia Episcopal que se va a reunir dentro de
quince meses... Porque hay cosas que realmente deben ser resueltas ya. Es, en
su forma y en su medida, la urgencia del evangelio, la inminencia del Reino que
sopla en el viento...
4.- Abiertos, para
acompañar la soledad
Nos va a acorralar la soledad. Si
estamos en la frontera, en el desierto, en el exilio o en el destierro, nos
vamos a sentir siempre un poco aislados, en soledad. La frontera es solitaria y
en el desierto también, y es solitario el exilio, y el destierro. Una espiritualidad
y una pastoral -o una Iglesia, dicho más globalmente- que están en la frontera,
en el exilio, en el desierto... son una Iglesia, una pastoral o un cristiano
que necesariamente han de vivir en soledad. Por este motivo, y porque vivimos
en emergencia y a veces hemos de tomar decisiones precipitadas, debemos estar
muy abiertos al Espíritu. Solo que el Espíritu, Dios, nunca habla directamente,
sino siempre a través de mediaciones.
(Tengo un poemilla por
aquí que dice en síntesis: "entre Tu y Yo, siempre un puente".
Siempre. Eso es normal, es natural, es de fe. Es de fe: a partir de la propia
Encarnación, a partir de la revelación... Toda la historia de Israel es una
gran mediación histórica para los demás pueblos. Dios tuvo que hacerse hombre
para que pudiéramos entendernos con él y lo entendiéramos. La creación misma es
ya la gran primera mediación de Dios... Es cierto que Dios se comunica
directamente con cada ser humano, por supuesto, pero se comunica a través de
las mediaciones. Incluso los mejores maestros del Espíritu, los más
tradicionales, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús, insisten: "hay
que tener cuidado con...". San Ignacio advierte: "cuidado, hagan el
discernimiento de los espíritus, porque es muy fácil pensar que es el Espíritu
el que sopla, y a veces es un mal fuelle, y no el Espíritu... Distingamos).
Entonces, en medio del
asedio de la soledad de la frontera, del desierto, del exilio, del destierro,
superémosla, acompañémosla con la compañía del Espíritu. Permanezcamos siempre
abiertos al Espíritu, abiertos para ello a todas sus posibles mediaciones:
abiertos a la historia, abiertos al pueblo, abiertos a la Iglesia, abiertos a
los hermanos en la comunidad , a las necesidades, a las coyunturas, a la hora y
al tiempo, al lugar o el topos, y en ese sentido, claro, abiertos a
Centroamérica y a América Latina.
5.- En el hoy de Dios
Los cristianos
deberíamos ser hombres y mujeres del hoy de Dios. Deberíamos vivir el hoy con
intensidad, con mucha más insistencia, con más densidad, con más libertad
también, con más pasión. Porque sólo viviendo a fondo el hoy podemos agradecer
el ayer, celebrarlo, asumirlo, y sólo viviendo el hoy podemos proyectar,
posibilitar, lanzar el mañana.
Todos nos hemos hecho
alguna vez esta crítica -que vale también para la Iglesia a nivel más oficial-:
el hecho de no vivir el hoy intensa, agradecida y hasta apasionadamente, nos
lleva fácilmente a aquellas famosas prudencias de "vamos a ver, esperemos,
quién sabe, visto todo, según lo que suceda...".
Ninguna revolución se
hace mañana. Las revoluciones se hacen hoy. Lo cual no quiere decir que no deba
hacer una táctica y una estrategia. Quiero decir que si la revolución es
siempre algo emergencial, o urgente, es evidente que no permitirá excesivas
esperas. Repito: no niego de ningún modo la táctica, la estrategia, ni siquiera
la prudencia bien entendida. Pero me parece que debiéramos tener una
preocupación mucho mayor por estar abiertos al hoy de Dios.
En todo caso, no
sabemos, por ejemplo, qué pasará mañana, si Esquipulas quedará o no quedará,
por ejemplo, ni cómo van a reaccionar los poderes de este mundo, la iglesia
jerárquica, la revolución misma... ¿triunfará realmente?, ¿podrán estrangularla
económicamente?, ¿la querrán estrangular demócrata-cristianamente?... Pero, en
todo caso, yo pienso: "lo bailado nadie nos lo quita". Lo que ya
sucedió. Yo creo que un "hoy", vivido con mucha fe, con una fe
apasionada, con toda intensidad, con sinceridad total... siempre es
irreversible. Vivido está. Y está vivo.
Vivamos pues el hoy.
Ustedes saben que algunos psicólogos, exagerando quizá un poco, dicen que
aproximadamente un 70 o un 90 por ciento de nuestros malestares psíquicos y
fisiológicos (las malas digestiones, las presiones de vientre, etc.) están
provocados por ansiedades que nos provienen del pasado o que anticipamos del
futuro. Freud también habló de lo mucho que cargamos de angustias, de
ansiedades, de preocupaciones, del pasado y del futuro... Pues liberémonos un
poco y vivamos más el hoy.
Me parece que en la
espiritualidad de la liberación éste es también un buen consejo. Vivamos el hoy
de Dios, el hoy del pueblo, el hoy de la historia de la salvación de un modo
más comprometido y más agradecido, de un modo más radical y apasionado, para
acoger así, celebrar y agradecer el ayer, y para crear y esperar el mañana.
EL
ANALFABETO POLITICO
El
peor analfabeto
es
el analfabeto político.
El
no oye, no habla
ni
participa en los acontecimientos políticos.
No
sabe que el costo de la vida,
el
precio de los frijoles, del pescado,
de
la harina, del alquiler, del calzado
y
de las medicinas
dependen
de las decisiones políticas.
El
analfabeto político es tan animal
que
se enorgullece e hincha el pecho
al
decir que odia la política.
No
sabe el imbécil que
de
su ignorancia política proviene
la
prostituta, el menor abandonado,
el
asaltador, y el peor de todos los bandidos,
que
es el político y aprovechado,
embaucador
y corrompido,
lacayo
de las empresas nacionales y multinacionales.
Bertold Brecht
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