Beato Ángel Carletti de Chivasso, religioso presbítero
fecha: 11 de abril
fecha en el calendario anterior: 12 de abril
n.: c. 1411 - †: 1495 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: Benedicto XIV 25 abr 1753
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
fecha en el calendario anterior: 12 de abril
n.: c. 1411 - †: 1495 - país: Italia
canonización: Conf. Culto: Benedicto XIV 25 abr 1753
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Cúneo, del Piamonte, beato Ángel
(Antonio) Carletti de Chivasso, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores,
insigne en la doctrina, la prudencia y la caridad.

Ángel Carletti nació en el pueblecito de
Chivasso. Sus padres pertenecían a la nobleza del Piamonte. Estudió en la
Universidad de Bolonia, donde se doctoró en derecho civil y canónico. Cuando
volvió al Piamonte, fue nombrado senador. Mientras vivió su madre, el beato
llevó una vida ejemplar en el mundo, dedicado al cumplimiento de sus deberes
senatoriales, a la oración y a visitar a los enfermos. A la muerte de su madre,
repartió sus posesiones entre su hermano y los pobres antes de entrar en el
convento de los franciscanos observantes de Génova. Los superiores del beato
cayeron en la cuenta de sus excepcionales cualidades, de su gran celo misionero
y le admitieron pronto al sacerdocio. Inmediatamente emprendió fray Ángel una
intensa campaña de evÁngelización. Predicó con gran celo y elocuencia hasta en
los más remotos pueblecitos de las montañas y valles del Piamonte, haciendo
caso omiso de las inclemencias del tiempo y de las dificultades del camino.
Amaba a los pobres con predilección: los buscaba en las ciudades, los visitaba
en sus enfermedades y, con frecuencia, pedía limosna para ellos. Hizo cuanto
pudo en su favor; en particular, apoyó la fundación de los «Montes de piedad»
para salvarles de los abusos de los usureros. Pero entre sus penitentes no se
contaban únicamente los pobres. Santa Catalina
de Génova le consultaba con frecuencia y Carlos I, duque de
Saboya, se confesaba con él. El beato escribió un libro de teología moral,
comocido como la «Summa Ángelica», que fue muy popular. En el cargo de superior
se mostró muy celoso de conservar la regla en toda su pureza. Por sus
extraordinarias cualidades, fue reelegido tres veces para el cargo de vicario
general.
Cuando la flota de Mahoma II tomó la
ciudad de Otranto, el papa Pío VI pidió misioneros para contrarrestar la
invasión del Islam. Los observantes se distinguieron en la tarea de alentar al
pueblo y el beato Ángel, en particular, escogió para sí los puestos de mayor
peligro. En 1491, cuando tenía ya ochenta años, aceptó el oficio de comisario
apostólico para evÁngelizar a los valdenses de los valles del Piamonte. Dios
premió su fervor e intrepidez con un éxito extraordinario. El beato ganó a la
fe a muchos herejes y católicos renegados; rehusó, sin embargo, aceptar la
dignidad episcopal que el papa Inocencio VIII le ofreció para premiar sus
esfuerzos.
En 1493, fray Ángel renunció finalmente a
su cargo y empezó a prepararse para la muerte. Siempre se había mostrado muy
humilde. Cuando era vicario general, vestía los hábitos que los otros
desechaban y se complacía en ayudar en los quehaceres más bajos; al fin de su
vida, pidió permiso de salir a mendigar para los pobres. Pasó los dos últimos
años en el convento de Cuneo del Piamonte, donde murió a los ochenta y cuatro
años de edad. Su culto fue aprobado en 1753. Se cuenta que, cuando Lutero quemó
públicamente, en 1520, la bula de excomunión, arrojó también a las llamas la
Summa de Santo Tomás y la Summa Ángelica de Ángel de Chivasso, que consideraba
como obras del demonio.
Los principales hechos externos de la vida
del beato se hallan en los Annales Ordinis Minorum de Wadding. La mejor
biografía es la de C. Pellegrino, Vita del beato Ángelo Carletti (1888). Ver
también Léon, Auréole Séraphique, vol. II.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
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El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
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Santa Gema Galgani, virgen
fecha: 11 de abril
fecha en el calendario anterior: 4 de abril
n.: 1878 - †: 1903 - país: Italia
canonización: B: Pío XI 14 may 1933 - C: Pío XII 2 may 1940
hagiografía: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
fecha en el calendario anterior: 4 de abril
n.: 1878 - †: 1903 - país: Italia
canonización: B: Pío XI 14 may 1933 - C: Pío XII 2 may 1940
hagiografía: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
En Lucca, en Italia, santa Gema Galgani,
virgen, quien, insigne por la contemplación de la Pasión y por los dolores
soportados con paciencia, a la edad de veinticinco años consumó su angélica
vida el día de Sábado Santo.

Muchos santos han sido acremente
discutidos, incluso por católicos, mientras vivían; pero pocos se han visto perseguidos,
también por católicos, después de muertos. Gema Galgani, una pobre muchacha
italiana que falleció a principios de este siglo, ha corrido esa doble suerte.
Mientras su confesor, el obispo Juan Volpi, atribuía a histeria los fenómenos
extraordinarios que presentaba Gema, su director, el pasionista Germán de San
Estanislao, afirmaba el origen sobrenatural de esas manifestaciones. La primera
fase del proceso para la glorificación de Gema, celebrada en Luca, donde ella
murió, resultó bastante borrascosa, pues había testigos empeñados en hacer de
Gema una histérica falsaria; y la prudencia aconsejó que el proceso apostólico
se celebrase en Pisa. Muchos esperaban que el decreto en que se declarase la
heroicidad de las virtudes de Gema pondría fin a la controversia, al reconocer
implícitamente la autenticidad sobrenatural de aquellos fenómenos. Pero el papa
Pío XI quiso que constase expresamente en el decreto que la afirmación de la
heroicidad no suponía juicio alguno sobre el origen de aquellos hechos.
Si en Gema hubo fenómenos que llamaron la
atención de amigos y enemigos, esta decisión del Papa ha sido una lección para
todos, y en ella hemos de fijar nuestra atención, libres del apasionamiento con
que entonces se la juzgó. Porque en Gema, además del paradigma general de las
virtudes cristianas, que le es común con los demás santos, hay una ejemplaridad
poco frecuente, que supone una especial providencia de Dios para con nosotros.
Ya ha pasado felizmente el tiempo en que se pensaba que determinadas enfermedades
estaban reñidas con la santidad. Lo mismo que hay santos sanos, hay también
enfermos santos, y Dios se puede comunicar lo mismo a los unos que a los otros.
Puede utilizar como punto de partida o como medio para sus comunicaciones una
imaginación exaltada, una sensibilidad morbosa, una manera de ser distinta de
la normal. Y pueden darse reacciones patológicas como consecuencia de la
excitación producida por una comunicación sobrenatural. Dios ha querido darnos
en Gema un ejemplo luminoso de todo esto. Y en esta ejemplaridad de Gema,
propia suya, radica su valor presente, que será su valor eterno. El mundo
siente ya la necesidad acuciante de conocer a los santos como fueron en
realidad, con toda su grandeza espiritual y toda su miseria temporal, sin la
piadosa fantasía de una leyenda dorada, sin confundir la conciencia delicada
con la psicastenia, ni la nostalgia divina con la depresión, sin llamar
sobrenatural a lo que sólo es anormal. Hoy buscarnos en los santos más lo
imitable que lo admirable. Al mirarlos queremos vernos en ellos para alentarnos
con ellos. Los ejemplos edificantes que necesitamos no son de semidioses
fulgurantes, sino de cristianos de carne y hueso, con todas las deficiencias
que pueden afligir a cualquier discípulo de Jesús, sin excluir ni las
anormalidades mentales, que deben conducir a la santidad por el camino de la
humillación.
La vida exterior de Gema podría
compendiarse en pocas líneas y carece de interés. Nacida en una familia
modesta, fue una niña precoz sin llegar a ser una niña prodigio. A la orfandad
siguió la miseria. Una familia piadosa recogió a Gema, y en su casa la tuvo
hasta su muerte, más como una hija que como una sirvienta. Fue una joven que
supo cumplir lo que ella creía voluntad de Dios con un heroísmo admirable.
Resplandeció en la caridad fraterna, excelente contraprueba de la caridad
filial. Su humildad y sencillez, su rigurosa sinceridad, su paciencia y
resignación ante todo género de padecimientos físicos y morales, fueron de una
ejemplaridad absoluta. Y llegó a cultivar ciertas virtudes con demostraciones
que parecieron excesivas; en materia de pureza, si de niña no permitía que la
tocase ni su padre, jamás consintió que la auscultase el médico. Además, Gema
fue protagonista de una doble serie de acontecimientos, que fijaron en ella las
miradas de cuantos la conocían. Y esta atención descubrió en Gema reacciones
auténticamente cristianas que en otras circunstancias hubiesen pasado quizá
inadvertidas. Precisamente en esto consiste la original ejemplaridad de Gema,
difícilmente superada ni igualada por otros santos.
La primera de esas dos series de
acontecimientos se refiere a su salud. La familia de Gema se vio afligida por
las enfermedades. La mitad de los hijos murieron jóvenes. el padre, de un tumor
maligno; la madre, de una tuberculosis pulmonar, enfermedades que Gema recibió
en herencia. Desde niña fue una criatura enfermiza, escasamente desarrollada,
hasta el punto de que a los nueve años apenas aparentaba seis. A los trece tuvo
que ser operada de osteítis tuberculosa, a los dieciséis sufrió graves
trastornos de apariencia neurótica. A los diecinueve se multiplicaron las
enfermedades desconcertantes con síntomas gravísimos. Tabes espinal de carácter
maligno, un absceso en la región lumbar, meningitis, úlceras, sordera, caída
del cabello, parálisis. Las intervenciones quirúrgicas, en vez de extirpar el
mal, lo desplazaban de un punto a otro del cuerpo. Apenas operado el absceso en
los riñones, brotó un tumor grave en la cabeza. Los médicos, desconcertados y desalentados,
desahuciaron a aquella enferma que no se dejaba reconocer debidamente. Pero
Gema se curó de repente. La vida de Gema oscilaba entre agravaciones súbitas y
curaciones inesperadas. Le aparecieron por el cuerpo manchas semejantes a
quemaduras, dos costillas se le deformaron visiblemente, padeció dilatación del
corazón, tenía súbitos accesos de fiebre con temperaturas que no alcanzaban a
registrar los termómetros clínicos, con pulsaciones galopantes que movían la
cama, en que yacía. A veces rodaba por el suelo entre convulsiones y parecía
arrojar espuma por la boca. En sus últimos años tuvo vómitos de sangre y sufrió
extrañas alucinaciones que la asustaban y la ponían en ridículo: veía insectos
en la comida y serpientes en la cama. Su cuerpo parecía ya un esqueleto. Se
añadieron desmayos, pesadillas y delirios. Perdió la vista. En sus últimos
meses daba muestras de tener perturbadas las facultades mentales.
Fue su paciencia heroica, con los ojos
fijos en el Crucificado, la que permitió aquilatar su humildad y su caridad,
las dos virtudes esenciales del Evangelio, en medio de aquel torbellino de
enfermedades sin número ni medida. Pero una segunda serie de acontecimientos
fueron entrelazándose con esas enfermedades, y la confusión que esto produjo
ocasionó la controversia de que Gema no se ha visto libre ni después de
canonizada. Dotada de una sensibilidad tan grande, que parecía tener el alma en
carne viva, la manifestaba de una manera frecuentemente aparatosa; desde niña,
oír contar la pasión de Jesús le producía fiebre, y oír una blasfemia le hacía
sudar sangre. Y Gema aseguraba vivir en continuas comunicaciones
extraordinarias con el cielo y con el infierno. Cuando en su propia familia sus
hermanos persiguieron y ridiculizaron las expresiones de su devoción, Gema se
refugió en la continua meditación de la Pasión, deseando vivamente incorporarse
a ella. Tenía veintidós años cuando recibió, como se recibe un regalo larga y
ansiosamente esperado, los estigmas de la Pasión. Llagas en las manos, pies y
costado, abiertas y sangrantes; heridas de la flagelación y la coronación. Gema
comenzó a caminar encorvada bajo el peso de la cruz de Jesús, que la hería en
un hombro, y tenía las rodillas desolladas por las caídas bajo el peso de la
misma cruz. Todas sus heridas coincidían exactamente con las que mostraba el
crucifijo ante el cual acostumbraba ella orar. No disimulemos las pinceladas
oscuras en este retrato: en algunos accesos, que fueron calificados de ataques
infernales, Gema arrebató y rompió los rosarios de los circunstantes y escupió
a las imágenes de Jesús y de María; en aquellos arrebatos, y en algunas otras
actuaciones sorprendentes, Gema era, sin duda, irresponsable y nunca se podrán
esgrimir contra su santidad.
Más aún. En este claroscuro de la vida de
Gema, sobre el fondo negro resalta lo blanco con toda su pureza. Dios ha
querido ofrecer un ejemplo luminoso a quienes padecen ciertas dolencias.
Diríamos que en Gema hay una nueva patrona de los enfermos. Y esta muchacha
humilde y sencilla será cada vez más apreciada por los afligidos, a quienes ha
traído la buena nueva, que muchos se resisten todavía a creer, de que a todos
sin excepción está abierto el acceso a la más alta santidad por el camino del
Evangelio, que es el de la sinceridad, la humildad y la caridad.
Gema Galgani murió el 11 de abril de 1903.
El 29 de noviembre de 1931, Pío XI proclama la heroicidad de sus virtudes y es
beatificada el 14 de mayo de 1933. El 26 de marzo de 1939 se leía el decreto
aprobando sus milagros para la canonización. Fue canonizada por Pío XII el 2 de
mayo de 1940.
Artículo de Carlos María Staehlin, S.I.
Bibliografía: si bien el texto coincide con la edición 1964 de Año Cristiano, la bibliografía ha sido actualizada para la edición 2003, que es de donde lo tomamos: BASILIO DE SAN PABLO, CP, Biografía de Santa Gema Galgani (Madrid 21964); GERMANO DI S. STANISLAO, CP, Vida de Gema Galgani. Trad. C. Martínez y González (Barcelona 1910, 41941); Lettere ed estasi della serva di Dio Gemma Galgani (Roma 1909). Trad española por J. Vila (Barcelona 21933); MICHAEL, SR. ST., Portrait of St. Gemma: a stigmatic (Nueva York 1950); THURSTON, H., Physical phenomena of mysticism (Londres 1952); Actualización: AGRESTI, G., Ritratto della espropiata (S. Gemma Galgani) (Lucca 1978); BASILIO DE SAN PABLO, CP - GERMAN DE SAN ESTANISLAO, CP, Santa Gema Galgani (Madrid 1997); BONARDI, P., Con l'amore crocifisso: S. Gemma Galgani, 1878-1903 (San Gabriel, TE 1986); VIllEPELEE, J. F., La folla della Croce, Gemma Galgani (París 1988) Trad española: M GONZÁLEZ, La locura de la cruz, Gema Galgani (Madrid 1989). Cfr. H. THURSTON, Physical Phenomena of Mysticism (1952)
Bibliografía: si bien el texto coincide con la edición 1964 de Año Cristiano, la bibliografía ha sido actualizada para la edición 2003, que es de donde lo tomamos: BASILIO DE SAN PABLO, CP, Biografía de Santa Gema Galgani (Madrid 21964); GERMANO DI S. STANISLAO, CP, Vida de Gema Galgani. Trad. C. Martínez y González (Barcelona 1910, 41941); Lettere ed estasi della serva di Dio Gemma Galgani (Roma 1909). Trad española por J. Vila (Barcelona 21933); MICHAEL, SR. ST., Portrait of St. Gemma: a stigmatic (Nueva York 1950); THURSTON, H., Physical phenomena of mysticism (Londres 1952); Actualización: AGRESTI, G., Ritratto della espropiata (S. Gemma Galgani) (Lucca 1978); BASILIO DE SAN PABLO, CP - GERMAN DE SAN ESTANISLAO, CP, Santa Gema Galgani (Madrid 1997); BONARDI, P., Con l'amore crocifisso: S. Gemma Galgani, 1878-1903 (San Gabriel, TE 1986); VIllEPELEE, J. F., La folla della Croce, Gemma Galgani (París 1988) Trad española: M GONZÁLEZ, La locura de la cruz, Gema Galgani (Madrid 1989). Cfr. H. THURSTON, Physical Phenomena of Mysticism (1952)
fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
accedida 1203 veces
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Estas biografías de santo son propiedad de
El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino
que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía,
referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=1196
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