martes, 13 de septiembre de 2016

Dios como distancia y ausencia (una reflexión otoñal de Marina Korotchenko)). 13092016


Dios como distancia y ausencia (una reflexión otoñal). 

Antonio Machado escribió sobre su alma en el soneto “Adiós”: “No me pidáis presencia; las almas huyen para dar canciones: alma es distancia y horizonte, ausencia”. El alma es inmortal, por eso ella siempre huye de la definición. Ella alberga en su interior el aliento divino como algo que no le pertenece del todo y por eso en algún sentido siempre está ausente. Ausencia de las imágenes o de los pensamientos sobre las cosas que nos rodean puede descubrirnos la presencia de Dios. Santo Máximo el Confesor consideraba que solo “el intelecto destruido, conversando con Dios se vuelve deiforme” (“Diálogo ascético”). Los padres griegos de la “Filokalia” avisaban que  “cualquier pensamiento entretiene al alma con sus imágenes y la trae a la perdición”.  
Imperturbabilidad entre  imágenes y sombras nos acerca a la esencia en el sentido del ritmo, del horizonte. En el pensamiento teológico la omnipresencia y una absoluta existencia de Dios siempre se corrige por su ausencia y distancia. Una mística katafática siempre supone como su otra parte a la apofática.  Dios incluso no es alguien imposible de conocer, porque así le definimos a través del conocimiento que tiene sentido solo en nuestro mundo. Sino Dios es él que es y en el mismo momento no es, porque cualquier definición y cualquier  sentido le clavan otra vez en la cruz del mundo creado, pero él ya resucitó. 
Teólogo y filosofo ruso Vladimir Bibijin consideraba (una frase que me parece genial) que “Dios hasta tal nivel existe que puede permitir a sí mismo una ausencia, puesto que él no está atado a la existencia obligatoriamente. Y en esto consiste su suprema libertad”. Paradójicamente,   Dios es él que es y no es en el mismo tiempo. Su libertad consiste como en la respuesta a nuestra oración y en el silencio. Silencio es también el Dios. La huida en el poema de Machado es la condición de la libertad, la propia posibilidad de canción. Para oír al Dios Job debería antes aceptar a su desolada realidad como algo que no tiene ningún sentido. 
ImagenEn este silencio, en esta desolación crece la Palabra, llega al mundo. Solo en el silencio una voz puede ser escuchada. Los vientos y las lluvias de otoño convierten al mundo en un pasaje desolado y vacio, pero dentro de esta monotonía, de este profundo silencio sigue viviendo un recuerdo  sobre el verano y brota nuevo brillo en su escondido crecimiento. Todo se prepara en el silencio, por eso este tiempo está más lleno de dinámica y de movimiento que nosotros solemos imaginar.  




ImagenUna ausencia siempre lleva a la otra presencia. La línea del horizonte se aparta para dar lugar al mundo creado, a nosotros, a  las cosas y a sus imágenes. Y esto también describió el mismo Machado en su juventud en el poema el “Horizonte”: “Y yo sentí la espuela sonora de mi paso repercutir lejana en el sangriento ocaso, y más allá la alegre canción de un alba pura”. Hay que morir en la cruz del sangriento ocaso para escuchar a la canción del alba de la resurrección.  




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