San Francisco María de Camporosso, religioso
fecha: 17 de septiembre
n.: 1804 - †: 1866 - país: Italia
otras formas del nombre: Juan Croese
canonización: B: Pío XI 30 jun 1928 - C: Juan XXIII 9 dic 1962
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
n.: 1804 - †: 1866 - país: Italia
otras formas del nombre: Juan Croese
canonización: B: Pío XI 30 jun 1928 - C: Juan XXIII 9 dic 1962
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Génova, de la región de la Liguria, san Francisco María de
Camporosso, religioso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, que fue
eximio por su caridad para con los pobres, así como por su entrega al bien y
salvación de sus vecinos enfermos de una peste arrasadora, de la cual también
él mismo se hizo ofrenda como víctima.

En Camporosso, pequeña
ciudad sobre la costa de Liguria, vivía hacia los inicios del siglo XIX una
familia apellidada Croese, formada por campesinos y cultivadores de olivos en
pequeña escala. En 1804, nació en el seno de aquella familia un hijo al que se
bautizó con el nombre de Juan. Era el segundo de los cuatro hijos del matrimonio
Croese y recibió, igual que sus hermanos, una educación religiosa muy simple.
Como era de esperarse, comenzó a trabajar en la granja y las plantaciones de su
padre en cuanto tuvo la edad para hacerlo. Sin embargo, al cumplir los
dieciocho años, Juan conoció a un hermano lego del convento de los frailes
menores, quien despertó la vocación del joven por la vida religiosa. Al poco
tiempo. Juan se presentó en el convento franciscano de Sestri Ponente, donde
fue aceptado como terciario y recibió el nombre de Antonio. Pasó dos años en el
servicio de aquella casa y, como aspiraba a llevar una vida de mayor
austeridad, solicitó su ingreso entre los frailes menores capuchinos. Se le
envió a hacer el noviciado en Génova y, en 1825, recibió el hábito de hermano lego,
con el nombre de Francisco María. Al año siguiente, hizo su profesión y se le
envió a trabajar en la enfermería, de donde se le sacó para darle el cargo de
gestor, cuyo oficio consistía en pedir limosna para la comunidad, de puerta en
puerta. Aquel trabajo resultaba tan desagradable para el hermano Francisco, que
pensó seriamente en pedir a sus superiores que se lo cambiaran; sin embargo,
tal vez por espíritu de sacrificio, cuando el padre guardián le propuso que
desempeñase el cargo de gestor en la ciudad de Génova, aceptó inmediatamente.
Por cierto que no todos
los genoveses estaban bien dispuestos a ayudar a los religiosos, y no fueron
pocas las veces en que el hermano Francisco recibió piedras en vez de pan, pero
perseveró con inagotable paciencia durante diez años y llegó a ser el limosnero
mejor conocido en la ciudad, donde ninguno de los habitantes le negaba algo o
le trataba mal. Su figura escuálida era familiar en los muelles y las gentes
iban ahí a buscarle porque tenía fama de poder dar informaciones precisas y
ciertas sobre las gentes que se hallaban en tierras lejanas y a las que nunca
había visto. Los genoveses le acosaban con pedidos de noticias sobre los amigos
y parientes que habían emigrado. También se le atribuían al hermano Francisco diversos
milagros, sobre todo de curaciones a enfermos deshauciados y, si bien algunos
extranjeros le insultaban o se burlaban de él, en toda Génova se le llamaba el
«Padre santo». Era en vano que él protestase por aquel tratamiento y alegase
que no era más que un hermano lego y no un sacerdote, porque «Padre santo»
siguieron llamándole todos, y en verdad que era un padre para los pobres y los
afligidos que acudían a él.
Durante dos años, el
hermano Francisco padeció de várices, sin decir nada a nadie hasta que su
cojera lo traicionó. En el examen se le encontró una pierna en muy mal estado.
Ya para entonces, el hermano tenía sesenta años, estaba agotado por una vida de
mortificaciones y así soportó una dolorosa operación, que no mejoró el estado
de su pierna para nada. En agosto de 1866, Génova fue azotada por una
devastadora epidemia de cólera, y los capuchinos, lo mismo que los otros
religiosos de la ciudad, salieron a atender a los enfermos. El hermano
Francisco, que casi no podía moverse, se sintió tan conmovido por los horrores
que presenció que, con toda solemnidad, ofreció a Dios su vida para que cesara
la epidemia. Aquel mismo día, predijo con todo detalle las circunstancias de su
próxima muerte. El 15 de septiembre le atacó la enfermedad y, dos días más
tarde, entregó el alma al Señor. Desde aquel momento, la fuerza de la epidemia
disminuyó hasta cesar completamente, La tumba del hermano Francisco llegó a ser
muy famosa por los milagros que en ella se realizaban. En 1929 fue solemnemente
beatificado. El Papa Juan XXIII lo canonizó el 9 de diciembre de 1962.
El decreto de
beatificación, impreso en el Acta Apostolicae Sedis, vol. XXI (1929), pp,
485-488, incluye un esbozo biográfico. En la fecha de su beatificación, se
publicaron o se reeditaron varias biografías del hermano Francisco. La más
digna de consideración es la que escribió en italiano Fr. Luigi da Porto
Maurizio, así como la del fraile francés Constara de Pélissanne (1929).
fuente: «Vidas de los
santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de
santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta
ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y
servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar
esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el
siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_3368
San Segismundo Félix Felinski, obispo y fundador
fecha: 17 de septiembre
n.: 1822 - †: 1895 - país: Polonia
otras formas del nombre: Zygmunt Szczęsny Feliński
canonización: B: Juan Pablo II 18 ago 2002 - C: Benedicto XVI 11 oct 2009
hagiografía: Vaticano
n.: 1822 - †: 1895 - país: Polonia
otras formas del nombre: Zygmunt Szczęsny Feliński
canonización: B: Juan Pablo II 18 ago 2002 - C: Benedicto XVI 11 oct 2009
hagiografía: Vaticano
Elogio: En Cracovia, ciudad de Polonia, san
Segismundo Félix Felinski, obispo de Varsovia, que en medio de grandes
dificultades trabajó por la libertad y la instauración de la Iglesia, y para
atender a las necesidades del pueblo fundó la Congregación de Hermanas
Franciscanas de la Familia de María.

Nació el 1 de noviembre de 1822 en la
ciudad de Wojutyn en la región de Volinia (Ucrania) fue arzobispo de Varsovia
por 16 meses, pasó 20 años en el exilio en Siberia y 12 años de semi-exilio
como arzobispo de Tarso y pastor, y también fue fundador de la Orden de las
Hermanas Franciscanas de la Familia de María. Pasó 58 de sus 73 años viviendo
en territorios que entonces pertenecían al Imperio Ruso.
Segismundo Félix fue educado en la fe y la
confianza en la divina Providencia, en el amor de Dios y el respeto de la
cultura polaca. En 1838, su madre fue detenida y enviada al exilio en Siberia
por su participación en actividades patrióticas, que consistían en tratar de
mejorar las precarias condiciones sociales y económicas de los agricultores.
Tras completar su educación secundaria,
Segismundo Estudió en la Facultad de Matemáticas de la Universidad de Moscú y
en 1847 fue a París para estudiar literatura francesa en la Sorbona y en el
Colegio de Francia, donde se reunió con representantes de las grandes
corrientes artísticas, culturales y políticos de los polacos que vivían en la
diáspora.
En 1851 regresó a Polonia y entró en el
seminario de Zytomierz. Posteriormente estudió en la Academia Católica de San
Petersburgo, y el 8 de septiembre de 1855 recibió la ordenación sacerdotal y
fue designado para la parroquia de los PP Dominicos de Santa Catalina de Siena,
en la misma ciudad de San Petersburgo, donde permaneció hasta 1857, cuando fue
nombrado director espiritual de la Academia Eclesiástica y profesor de
Filosofía. En años anteriores, el padre Segismundo había fundado una
organización caritativa conocida como "ayuda a los pobres".
Fue nombrado arzobispo de Varsovia en 1862
por SS Pío IX, y recibió la ordenación episcopal a fin de enero de ese mismo
año y consagrando la nueva catedral en Varsovia al febrero siguiente. Entonces,
entregándose totalmente al servicio de la Iglesia, se dedicó a intentar
eliminar la interferencia del gobierno en asuntos de la iglesia, a la reforma
de la arquidiócesis y de los programas de estudio en la Academia Eclesiástica
en Varsovia y en los seminarios diocesanos, dando un nuevo impulso al
desarrollo espiritual e intelectual del clero. Además, durante la ocupación
rusa, trató de liberar a los sacerdotes encarcelados, y se dedicó a la educación
de una generación de jóvenes honestos y devotos, sin olvidar a los pobres y los
huérfanos, a quienes dedicó una institución, confiada luego a las Hermanas
Franciscanas de la Familia de María.
Después de la sangrienta represión rusa
del llamado "Levantamiento de enero", en 1863, D. Segismundo Félix
escribió al emperador Alejandro II, instándolo a poner fin a la violencia, lo
que llevó a las autoridades rusas a desterrarlo. Durante los 20 años que pasó
en Siberia, se mantuvo fiel a la Iglesia, escribió varios libros de memorias, y
organizó obras de caridad en beneficio de sus compañeros de destino,
especialmente los sacerdotes, suscitando en todos gran admiración y respeto.
Hoy es venerado como un protector de los
exiliados, apóstol de la armonía y la unidad nacional en el espíritu del
Evangelio, y modelo de consagración sacerdotal. De hecho, ejerció su ministerio
sacerdotal y episcopal como pastor irreprochable, bueno, dotado de gran fuerza,
amor y coraje. Cuando hablaba de sí mismo le gustaba decir: «Estoy convencido
de que si conservo mi corazón puro y vivo en la fe y el amor fraternal hacia el
prójimo, no me desviaré de la dirección correcta. Estos son mis tesoros únicos
e invalorables.»
D. Segismundo murió en Cracovia el 17 de
septiembre de 1895.
fuente: Vaticano
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El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo
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