miércoles, 14 de septiembre de 2016

San Materno de Colonia, obispo - San Pedro de Tarantasia, abad y obispo (14 de septiembre)

San Materno de Colonia, obispo

fecha: 14 de septiembre
†: d. 314 - país: Alemania
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Elogio: En Colonia Agripina, de Germania, san Materno, obispo, que convirtió a la fe de Cristo a gentes de Tongres, Colonia y Tréveris.
Patronazgos: protector contra la fiebre y las enfermedades infecciosas; para pedir el crecimiento de la vid.
refieren a este santo: San EucarioSan Valerio de Tréveris

Materno fue el primer obispo de Colonia de quien se tienen noticias ciertas: se le menciona en relación con el controvertido asunto de los donatistas. Los obispos cismáticos del África presentaron una petición al emperador Constantino en contra del obispo católico Cecilio, para solicitar que su caso fuese juzgado por los obispos de las Galias, que no tenían ningún interés particular en el asunto. El emperador mandó llamar a tres obispos galos para que asistieran al proceso que se iba a realizar en Roma. Los tres prelados eran: Reticio de Autun, Marino de Arles y Materno de Colonia. Terminado el juicio, en el año de 313, Cecilio fue absuelto y reivindicado por unanimidad. Los donatistas pidieron la celebración de un nuevo proceso y el emperador ordenó que se convocara a un Concilio para tratar la cuestión. Esta asamblea tuvo lugar el año siguiente, en Arles y, otra vez, san Materno fue uno de los obispos participantes.
Es posible que en algún período de su existencia haya sido obispo de Tréveris, donde se supone que murió. Pero, tanto las leyendas de Colonia como las de Tréveris, aceptadas en sus libros litúrgicos y a las que se refiere el Martirologio Romano, nos ofrecen un aspecto muy diferente sobre la figura de san Materno. Como es natural, muchas de las sedes más antiguas hicieron el intento de establecer su origen en tiempos de los Apóstoles o en el de los discípulos de los Apóstoles. Entre las que trataron de vincularse con san Pedro, están la de Colonia y la de Tréveris (la sede de Colonia tuvo a dos obispos con el nombre de Materno, uno en el siglo primero y el otro en el cuarto). La historia apócrifa afirma que Materno era el hijo de la viuda de Naím resucitado por Jesucristo, y que el propio san Pedro lo envió, junto con san Eucario y san Valerio, a evangelizar las Galias. Cuando los misioneros llegaron a Ehl, en Alsacia, murió Materno y sus compañeros se trasladaron a Roma para informar a san Pedro. Este les hizo entrega de su báculo, con instrucciones. para que lo pusieran sobre el cuerpo del muerto. Se ejecutaron las órdenes del Apóstol, y Materno resucitó por segunda vez y pudo predicar el Evangelio a «los pueblos de Tongrés, Colonia y Tréveris y otras comarcas vecinas». Casi exactamente la misma historia se cuenta sobre otros misioneros apostólicos de las Galias y, por supuesto, todas ellas son indignas de crédito. Además, no hay ninguna razón para suponer que este san Materno sea otro que el obispo de Colonia que participó en el sínodo de Arles en el año 314. La extravagante leyenda que resumimos arriba parece haber sido fabricada hacia fines del siglo nueve por un tal Eberardo, monje en Tréveris.
Acta Sanctorum de septiembre, vol. IV, resume la leyenda, la discute, y reproduce el texto íntegro en enero, vol. V (29 de enero). Ver también Hauck, en Kirchengeschichte Deutschlands, vol. I, pp. 46-47; a W. Neuss, en Die Anfinge des Christentums im Rheinlande (1923), pp. 13-20 y a Duchesne en Fastes Épiscopaux, vol. IV, pp. 34 y 178.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_3316




San Pedro de Tarantasia, abad y obispo

fecha: 14 de septiembre
fecha en el calendario anterior: 8 de mayo
†: 1174 - país: Francia
canonización: 
C: Celestino III 1191
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Elogio: En el monasterio de Bellevaux, en la región de Besançon, en Francia, tránsito de san Pedro, obispo, que, siendo abad cisterciense, fue promovido a la sede de Tarantasia, rigiéndola con fervorosa diligencia y esforzado fomento de la concordia entre los pueblos.
refieren a este santo: San Juan de Valence

San Pedro de Tarentaise, una de las glorias de la orden cisterciense, nació cerca de Vienne, en la provincia francesa del Delfinado. Desde joven, dio pruebas de una memoria extraordinaria y de gran inclinación a los estudios religiosos y, a los veinte años, entró en la abadía de Bonnevaux. Con gran celo, abrazó la austeridad de la regla y edificó a cuantos le trataron, por su caridad, humildad y modestia. Al cabo de algún tiempo, su padre y sus dos hermanos ingresaron también en Bonnevaux, en tanto que su madre y su única hermana tomaron el hábito en un convento cisterciense de los alrededores. Además de esos miembros de la humilde familia de san Pedro, muchos nobles abrazaron también la vida religiosa en Bonnevaux, movidos por el ejemplo del santo. Todavía no cumplía éste los treinta años, cuando fue elegido superior del nuevo convento de Tamié, en las solitarias montañas de Tarentaise. Dicho convento quedaba sobre la principal ruta que unía entonces la Saboya con Ginebra, de suerte que los monjes podían prestar inapreciables servicios a los viajeros. Con la ayuda de Amadeo III, conde de Saboya, que le tenía en gran estima, el santo fundó un hospital para los enfermos y forasteros, en el que asistía personalmente a sus huéspedes.
En 1142, san Pedro fue elegido arzobispo de Tarentaise. San Bernardo, con el capitulo general de su orden, le obligó a aceptar el cargo, muy contra su voluntad. El nuevo arzobispo encontró su arquidiócesis en un estado lamentable, debido principalmente a los excesos de su predecesor, que había sido depuesto. Las parroquias se hallaban en manos de los laicos, no se atendía a los pobres, y el clero, en vez de oponer un dique a la injusticia, la promovía más con su mal ejemplo. San Pedro sustituyó a los sacerdotes de la catedral, que eran indisciplinados y negligentes, por los canónigos regulares de San Agustín y el Capítulo empezó muy pronto a dar ejemplo de regularidad. San Pedro visitaba constantemente su diócesis, recuperó las propiedades confiscadas, destinó a los mejores sacerdotes a las parroquias, fundó instituciones para la educación de la juventud y el socorro de los pobres y promovió la celebración de los divinos oficios en todas las iglesias. El autor de su biografía, que le acompañó en todos sus viajes de aquella época, da testimonio de las numerosas curaciones que obró el santo y de las multiplicaciones de pan que realizó en los períodos de carestía.
Molesto al verse honrado por sus milagros y deseoso de volver a la soledad del monasterio, san Pedro empezó a pensar en el claustro; en 1155, después de trece años de gobierno de su diócesis, desapareció sin dejar huellas. En realidad se había retirado a una lejana abadía cisterciense de Suiza, donde los monjes no le conocían y le aceptaron como hermano lego. El pueblo de Tarentaise se afligió mucho al saber la noticia de la desaparición de su arzobispo y le buscó en los monasterios de las provincias vecinas, pero no logró descubrirle sino hasta un año más tarde. Cuando los superiores de san Pedro supieron quién era, le obligaron a volver a su sede, donde el pueblo le recibió jubilosamente. El santo desempeñó su oficio con mayor celo que nunca. Su primera preocupación eran los pobres; en dos ocasiones regaló su hábito, en lo más crudo del invierno, con riesgo de su vida. Reconstruyó el albergue del «Pequeño San Bernardo» y construyó otros albergues en los Alpes. También instituyó la costumbre, que se conservó hasta poco después de la Revolución Francesa, de distribuir gratuitamente pan y sopa en los meses anteriores a la cosecha, cuando la comida escaseaba en su abrupta diócesis. El pueblo bautizó esta costumbre con el nombre de «el pan de mayo».
San Pedro conservó siempre el hábito cisterciense y vivió con la austeridad de un monje; pero suplía el trabajo manual con el desempeño de las funciones espirituales de su oficio. Él, que era un hombre de paz, poseía un don singular para reconciliar a los más implacables enemigos, de suerte que en más de una ocasión logró evitar el derramamiento de sangre. Pero, sobre todo, consagró sus esfuerzos políticos a apoyar al legítimo papa, Alejandro III, contra el antipapa Víctor, al que sostenía, a su vez, Federico Barbarroja. En una época, el arzobispo de Tarentaise fue prácticamente el único súbdito del emperador que se atrevió a oponerse abiertamente al antipapa, pero pronto se le unió toda la Orden del Císter. En defensa de los derechos del papa legítimo, Pedro predicó en las provincias francesas de Alsacia, Lorena, Borgoña y en muchas regiones de Italia. A la elocuencia de su palabra, se añadía el prestigio de sus milagros. El santo habló también, valientemente, en varios sínodos y en la misma presencia del emperador. Este último admiraba tanto su santidad y su valor, que le permitió expresarse con una libertad que no habría soportado en ningún otro.
Dios no quiso que el santo muriese en su diócesis. Su fama de hábil pacificador movió a Alejandro III a enviarle para tratar de negociar la reconciliación entre Luis VII de Francia y Enrique II de Inglaterra. Aunque era ya bastante anciano, el santo partió al punto y predicó durante todo el viaje. Cerca de Chaumont de Vexin, donde se hallaba instalada la corte, se entrevistó con Luis VII y con el rebelde heredero al trono de Inglaterra, el príncipe Enrique. Este último descendió del caballo para recibir la bendición de San Pedro y pidió respetuosamente permiso de besar la vieja capa del arzobispo. El rey de Inglaterra, que le recibió en Chaumont y en Gisors, le prodigó toda clase de honores. Sin embargo, la paz no se hizo sino hasta después de la muerte del santo. Cuando volvía a su diócesis, san Pedro cayó enfermo cerca de Besançon, y murió cuando le transportaban a la abadía de Bellevaux. Su canonización tuvo lugar en 1191.
La más importante y fidedigna de las fuentes sobre san Pedro es la biografía que el abad cisterciense de Hautecombe, Godofredo de Auxerre, escribió por orden del papa Lucio III. Puede verse dicha obra en Acta Sanctorum. Godofredo terminó esa biografía en 1185, es decir, menos de diez años después de la muerte del santo. Además, se menciona frecuentemente a san Pedro en la correspondencia, en las crónicas y en la literatura hagiográfica de la época. Aun Walter Map, que se expresaba de la Orden Cisterciense con la mayor acritud, habla en términos elogiosos de san Pedro de Tarentaise.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.orgindex.php?idu=sn_3318

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