domingo, 11 de septiembre de 2016

“Por el martirio coronados” (Reflexión de Marina Korotchenko) 11092016

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“Por el martirio coronados” 

Con esta frase las “vitae” de los mártires y las crónicas medievales  denominaban a una muerte martirial. Esta definición tiene varios significados y fundamentos. Por un lado, se trata de la corona de un atleta vencedor en los Juegos Olímpicos, por eso los mártires en las viejas catacumbas romanas están representados en las coronas de laurel. Y por el otro, es la corona del Reino Celestial  que es más importante que cualquiera insignia imperial, puesto que un emperador solo manda en el nivel de los poderes y potestades de este mundo. Por esta causa las coronas de oro en la Hispania visigoda se colgaban encima de las tumbas de los mártires y en el altar, donde estaba siempre presente la victima eucarística.  
Martirio es una victoria sobre la muerte y las fuerzas del mal que actúan en este mundo. Mártir no es una víctima ocasional y trágica, sino es un eterno vencedor que con su muerte nos demuestra a los otros horizontes, nos representa a la Palabra y hace visible a la presencia divina y a la inexistencia del mal como de un puro Nada. Según Tertuliano, los mártires eran la semilla de la cual creció la Iglesia. Un nuevo templo, Corpus Christi, se levantó de la tumba del Cristo al tercer día después de su muerte en la cruz. Aún celebraban los misterios en los templos de los dioses paganos, pero todo esto ya dejo de tener su significado e importancia. ¿Y tendría este significado antes? Alguno, sí. Como la reunión de los ciudadanos alrededor de lo Sagrado, como un rito del consenso público que unía al pueblo y le obligaba a obedecer a las fuerzas reinantes y gobernantes. Quizá por eso lo más sangriento y lo más popular era el culto del emperador romano, a su honor sacrificaban a las víctimas humanas en los teatros y circos.  
Pero la Cruz cambió para siempre al sistema de los coordinados. Y el centro de la sociedad cristiana ya no estaba en los poderes y autoridades, sino en el Cristo Resucitado. El eje horizontal se convirtió en el vertical. La victima voluntaria del Dios encarnado abolió cualquiera posibilidad de un sacrificio humano, porque el seguimiento del Cristo en su muerte solo puede ser consciente y aceptado voluntariamente. Esta condición es muy importante porque de este modo un santo mártir no se convierte en un instrumento de la historia, sino en su agente y creador.  
ImagenEl antropólogo francés Philippe Buci demostró que eran realmente los mártires cristianos los que destrozaron el sistema ideológico romano, rompieron el consenso, el pacto entre  el emperador y el pueblo, basado en los ritos sacrificiales. Mártires que se negaban vestirse en los disfraces de los dioses y los héroes paganos y que cantaban los salmos antes de la muerte eran una demostración de la Nueva Alianza, del nuevo servicio. Los primeros mártires habían sido considerados como uno locos fanáticos, pero no debemos de olvidar que al mismo Cristo el escritor Lucano definió como a “un sofista crucificado”. Sin embargo, la persistencia de los cristianos en su modo de comportarse ante los verdugos con el tiempo se convirtió en el fenómeno de la vida social, en un acontecimiento clave de la atmósfera política.  
ImagenLos que creyeron en la Palabra otorgaron a ella sus vidas, los que deberían ser sacrificados en el nombre de los dioses paganos y de los emperadores hicieron la entrega de su vida al Dios y se proclamaron como los seguidores del Cristo. Así se derrumbaron los valores del viejo mundo. Las potestades mundanas no podían hacer nada con la gente, cuya muerte era la victoria y la vida eterna. Realmente la victima desapareció y se convirtió en un director del espectáculo social. Buc describe que cuando el legionario Policarpo, después de las múltiples torturas, dijo que quiere morir fuera del circo y fue hacia una cuesta cercana, le siguieron los representantes del poder, verdugos y el pueblo espectador. Aquí vemos como un mártir se apodera de la escena y en lugar de su muerte los cristianos construyen un santuario, un nuevo símbolo del consenso social.  
Imagen¿Quién derrumbó el Imperio? Los atletas de Dios, los bárbaros ya llegaron a una ruina social. Los arqueólogos constatan que la misma ciudad en el mundo de la Tardoantigüedad  cambia a su orientación topográfica, marcando como los centros públicos  no a los circos y a las termas, sino a las tumbas de los mártires convertidos en santuarios e iglesias. Las primeras iglesias a se erigían en los lugares de martirio, las reliquias de un mártir eran un preciado tesoro del obispo como de un jefe de la comunidad cristiana. Cristo era un camino y ejemplo para todos, pero mártir representaba ante el Señor a su comunidad local, él era su rostro reluciente, el ángel de su Iglesia.  
Nuestros primeros santos eran mártires-confesores y ellos serán  primeros   testigos de la fe cristiana en las tierras lejanas. Nada convierte tanto a los pueblos como un amor que vence a la misma muerte. A veces la crueldad de los martirios y la dignidad de los cristianos al soportarlos mostraba a todos una fuerza del Espíritu Santo que puede todo. Las vidas de los mártires nunca son espantosas o trágicas, porque la tragedia supone el enfrentamiento con el destino, pero en el caso del martirio podemos constatar solo un acuerdo con la providencia divina, una obediencia ante el cáliz que uno debe beber. Ahora nosotros criticamos mucho a los viejos textos de sus vidas que ya no son ni las fuentes históricas, ni los testimonios de la realidad, porque contienen unos milagros inverosímiles, motivos folclóricos, mitología popular. Sería mejor que en lugar de la crítica viéramos a estos textos con los ojos de la fe, buscaríamos en ellos un sentido oculto como en las parábolas de las Sagradas Escrituras.  
Todas estas manos y lenguas cortadas que crecen, todas estas celdas cerradas que se abren por sí mismas, todas estas cadenas que caen nos muestran que existen los niveles donde la muerte y la tortura pierden su poder. El fuego que no quema al santo mártir, sino le eleva al cielo, rodeado por la luz como por una pared, nos descubre que el fuego del Juicio Final en algunos casos puede convertirse en la luz divina. Esto decía staretz Zócima en la novela de Fedor Dostoyevski “Los hermanos Karamasov”: “lo que para unos el fuego, para los otros es la luz, puesto que el fuego infernal está dentro del propio pecador”. Por eso la muerte en las “vidas” de los mártires es siempre relativa y a menudo está rodeada por la simbólica del florecimiento primaveral. Lo que es fuego para la guadaña, es la luz para los salvados. El viejo “Prologo” eslavo que cuenta  las vidas de los mártires está lleno de alegría, porque no describe a las muertes, sino enumera a las victorias.  
En el mundo contemporáneo nosotros no entendemos bien a veces el sentido de martirio, convirtiéndolo en el caso de cualquier muerte violenta. Debemos tener en cuenta que aunque Dios está con toda la víctima inocente, no toda la víctima es obligatoriamente un mártir  cristiano. Un misionero que va a trabajar en el país desconocido ya asume en su mente a los peligros que supone esta decisión y lo hace en el nombre del Cristo, por eso una muerte que interrumpe a este servicio es la de mártir. Un cristiano que niega acoger a la otra religión y prefiere muerte a la deslealtad al Cristo es un mártir que libremente escoja a su destino. Una persona que voluntariamente entra en la cámara de gas en un campo de concentración es un mártir que crea a su historia. Yanuch Korchak por su propia voluntad decidió quedarse con sus alumnos hasta en la muerte, la madre María voluntariamente reemplazo a la otra mujer ante la puerta de la cámara, porque esta tenía hijos y lloraba. 
 Hasta en una situación de la obligación siempre existe un margen para la libertad, como escribió Dietrich Bonohoeffer: “Así yo también participo en el destino histórico de mi país”. Quizá por eso le irritaba la gente cobarde y desalentada. Quizá por eso  él seguía haciendo a su labor teológico en la cámara de la cárcel Tegel. Las paredes temblaban de los bombardeos, él sabía que difícilmente saldrá vivo, pero aún había algo más importante para pensar y comprender que la propia muerte. Martirio es un verdadero testimonio de la vida, un desprecio hacia la muerte, hacia la nada, el inmenso amor hacia “El que existe”, una irrupción del Reino Celestial.  
ImagenAyer había un aniversario de la muerte martirial del Padre Alejandro Men, un confesor y predicador en los círculos de la inteligencia de Moscú. Le mataron con un golpe de hacha cuando él iba a la liturgia de la noche. Esta tragedia ocurrió  cerca del Monasterio de la Trinidad. ¿Una muerte trágica? Sin embargo, ayer leí el artículo escrito en su memoria por el científico y teólogo rusSergey Averintzev: “En el Padre Alejandro, en su alegría y luz, nos había sido dada visiblemente la realidad del Reino, de la Salvación. Y ahora la tierra de Santo Sergio recibe a la sangre de un nuevo santo, de un nuevo miembro de su comunidad eterna”. O podemos fijarnos en la última foto de Isabel Solá, religiosa  española tiroteada en Haití,  y ver  el mensaje de servicio y  alegría. Ahora ella representa a esta tierra, unida con su destino, ante el Trono del Señor, en la nube de los testigos. Mártir siempre nos anuncia que el mundo otra vez va a cambiarse.   

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