sábado, 7 de febrero de 2015

EL TIEMPO Y LA ESPERA X (II. SALMOS DE VIGILIA) Pedro CASALDÁLIGA

TESTIMONIO Y ESCÁNDALO
Cada día sé más
que no me pertenezco.
Ropa tendida al sol y al comentario,
públicamente vivo.
No tengo cercas, ni jardín,
ni un perro que me espante,
por lo menos de noche,
los visitantes más inoportunos.
Ya han hecho de mi capa
muchos sayos.
Sertão que el fuego puso al descubierto,
que todos los viandantes clasifican
con ojos suficientes.
Tierra que Dios calcina de exigencias
y cubre tercamente de ternura,
de un verde renacido con los años,
contra toda esperanza.
Ya soy, a cada paso que insinúo,
testimonio o escándalo,
testimonio y escándalo.

PORQUE SÉ LAS COSAS, SOY
Porque sé las cosas, soy
y me sé Señor del mundo.
La mañana me acaricia,
luz devuelta, cheque en blanco,
tiempo mío todavía.
Las gallinas y los patos
me circundan, sometidos.
Sobre el césped, cuentas vivas
las frutillas del «cajá»
y las manos de los niños.
Canta un pájaro sin nombre,
pero es mía su belleza.
Solamente la justicia
—estos ojos, el transistor,
la sospecha escarmentada—,
solamente la justicia
se me escapa de las manos
por las manos de otros hombres,
como yo, señores, libres.

HAMBRE DE TI
«Amor de Ti nos quema,
blanco Cuerpo».
Unamuno
Hambre de Ti nos quema, Muerto vivo,
Cordero degollado en pie de Pascua.
Sin alas y sin áloes testigos,
somos llamados a palpar tus llagas.
En todos los recodos del camino
nos sobrarán Tus pies para besarlas.
Tantos sepulcros por doquier, vacíos
de compasión, sellados de amenazas.
Callados, a su entrada, los amigos,
con miedo del poder o de la nada.
Pero nos quema aun tu hambre, Cristo,
y en Ti podremos encender el alba.

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