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martes, 24 de marzo de 2020

Santa Marta: Francisco reza por doctores y sacerdotes fallecidos por servir a los enfermos 24032020

Misa En Santa Marta, 23 Marzo 2020 © Vatican Media

Santa Marta: Francisco reza por doctores y sacerdotes fallecidos por servir a los enfermos

“Ejemplo de herocidad”
(zenit – 24 marzo 2020).- “Recibí la noticia de que en estos días algunos médicos, sacerdotes, no sé si algunas enfermeras, se contagiaron, se llevaron el mal porque estaban sirviendo a los enfermos. Rezamos por ellos, por sus familias, y agradezco a Dios el ejemplo de heroicidad que nos dan en el sanar a los enfermos”.
Esta es la petición realizada por el Santo Padre hoy, 24 de marzo de 2020, en la Misa en Santa Marta, transmitida en directo.
Hasta la fecha, 24 médicos han muerto en su trabajo junto con los afectados por el coronavirus, casi cinco mil trabajadores de la salud están contagiados y cerca de 50 sacerdotes murieron como resultado de esta epidemia, indica Vatican News.
La piscina de Betesdá
En su homilía, Francisco reflexionó sobre el Evangelio (Jn 5:1-16) en el que Jesús curó a un enfermo en una piscina de Betesdá, destacando el peligro del pecado de la pereza.
El Papa comparó al enfermó de Betesdá con el ciego de nacimiento del domingo pasado, que acogió la sanación con alegría y decidió discutir con los doctores de la ley, mientras que el primero solo fue y les informó: “Sí, aquel”, “sin compromiso con la vida”.
La pereza, un veneno
De este modo, Francisco subrayó que la pereza “es un veneno, es una niebla que rodea el alma y no la hace vivir. Y también es una droga porque si la pruebas a menudo, te gusta. Y terminas siendo un “triste-adicto”, un “perezoso-adicto”… Es como el aire. Y este es un pecado bastante habitual entre nosotros: tristeza, pereza, no quiero decir melancolía, pero se acerca”.
El Pontífice recomendó leer este capítulo 5 de Juan “para ver cómo es esta enfermedad en la que podemos caer” e invita a pensar en el símbolo del agua de la piscina: “en esa agua que es un símbolo de nuestra fuerza, de nuestra vida, el agua que Jesús usó para regenerarnos, el Bautismo”.
Peligro de caer en la pereza
Igualmente, llamó a pensar “en nosotros, si uno de nosotros tiene el peligro de caer en esta pereza, en este pecado neutro: el pecado del neutro es éste, ni blanco ni negro, no se sabe qué es. Y este es un pecado que el diablo puede usar para aniquilar nuestra vida espiritual y también nuestras vidas como personas”.
“Que el Señor nos ayude a entender lo feo y lo malo que es este pecado”, concluyó el Obispo de Roma.
Finalmente, el Papa concluyó la celebración con la adoración y la bendición eucarística, invitando a  hacer la comunión espiritual.
A continuación, sigue la transcripción de la homilía del Papa ofrecida por Vatican News.
***
Homilía del Santo Padre
La liturgia de hoy nos hace reflexionar sobre el agua, el agua como símbolo de salvación, porque es un medio de salvación, pero el agua también es un medio de destrucción: pensemos en el Diluvio… Pero en estas lecturas, el agua es para la salvación. En la primera lectura, es agua que lleva a la vida, que cura las aguas del mar, un agua nueva que cura. Y en el Evangelio, la piscina, esa piscina donde iban los enfermos, llena de agua, para curarse, porque se decía que de vez en cuando las aguas se movían, como si fuera un río, porque un ángel bajaba del cielo para moverlas, y el primero, o los primeros, que se arrojaban al agua, se curaban.
Y muchos – como dice Jesús – muchos enfermos, “yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos”, allí, esperando la curación, que el agua se moviese. Había un hombre que había estado enfermo durante 38 años. 38 años allí, esperando la cura. Hace pensar, ¿no? Es un poco demasiado… porque un hombre que quiere curarse se las arregla para tener a alguien que le ayude, se mueve, es un poco rápido, incluso un poco astuto… pero éste, 38 años allí, hasta el punto de que no se sabe si está enfermo o muerto… Jesús, viéndolo yacer allí, y conociendo la realidad, que estaba allí desde hacía mucho tiempo, le dijo: “¿Quieres curarte?” Y la respuesta es interesante: no dice que sí, se lamenta. ¿De la enfermedad? No. El enfermo respondió: Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua. Cuando logro llegar, ya otro ha bajado antes que yo”. Jesús le dijo: “Levántate, toma tu camilla y anda”. Al momento el hombre quedó curado.
Nos hace pensar, la actitud de este hombre. ¿Estaba enfermo? Sí, tal vez tenía alguna parálisis, pero parece que podía caminar un poco. Pero estaba enfermo en su corazón, estaba enfermo en su alma, estaba enfermo de pesimismo, estaba enfermo de tristeza, estaba enfermo de pereza. Esta es la enfermedad de este hombre: “Sí, quiero vivir, pero…”, se quedaba allí. En cambio la respuesta es: “¡Sí, quiero curarme!” No, él se lamenta: “Los otros son los primeros, siempre los otros”. La respuesta a la oferta de Jesús de sanación es un lamento contra los demás. Y así, 38 años lamentándose de los demás. Y no haciendo nada para sanar.
Fue un sábado: oímos lo que hicieron los doctores de la Ley. Pero la clave es el encuentro con Jesús después. Lo encontró en el Templo y le dijo: “Mira, ya quedaste sano. No peques más, no sea que te vaya a suceder algo peor”. El hombre estaba en pecado, pero no estaba allí porque había hecho uno grande, no. El pecado de sobrevivir y lamentarse de la vida de los demás: el pecado de la tristeza que es la semilla del diablo, de esa incapacidad de tomar una decisión sobre la propia vida, pero sí, mirando la vida de los demás para lamentarse. No para criticarlos: para lamentarse. “Ellos van primero, soy la víctima de esta vida”: los lamentos, respiran lamentos estas personas.
Si hacemos una comparación con el ciego de nacimiento que escuchamos el domingo pasado, el otro domingo: ¡con cuánta alegría, con cuánta decisión había acogido la sanación, y también con cuánta decisión fue a discutir con los doctores de la Ley! Sólo fue y les informó: “Sí, aquel”. Punto. Sin compromiso con la vida… Me hace pensar en tantos de nosotros, tantos cristianos que viven en este estado de pereza, incapaces de hacer nada más que quejarse de todo.
Y la pereza es un veneno, es una niebla que rodea el alma y no la hace vivir. Y también es una droga porque si la pruebas a menudo, te gusta. Y terminas siendo un “triste-adicto”, un “perezoso-adicto”… Es como el aire. Y este es un pecado bastante habitual entre nosotros: tristeza, pereza, no quiero decir melancolía, pero se acerca.
Nos hará bien releer este capítulo 5 de Juan para ver cómo es esta enfermedad en la que podemos caer. El agua está para salvarnos. “Pero no puedo salvarme a mí mismo”. “¿Por qué?” – “Porque otras personas tienen la culpa”. Y me quedo 38 años allí… Jesús me curó: ¿no ves la reacción de los demás que se curan, que toman la camilla y bailan, cantan, dan gracias, se lo dicen a todo el mundo? No: él sigue. Los otros le dicen que no debe hacerse, él dice: “Pero aquel que me curó me dijo que sí”, y sigue. Y entonces, en lugar de ir a Jesús, darle las gracias y todo, informa: “Fue aquel”. Una vida gris, pero gris de este espíritu maligno que es pereza, tristeza, melancolía.
Pensemos en el agua, en esa agua que es un símbolo de nuestra fuerza, de nuestra vida, el agua que Jesús usó para regenerarnos, el bautismo. Y pensemos también en nosotros, si uno de nosotros tiene el peligro de caer en esta pereza, en este pecado neutro: el pecado del neutro es éste, ni blanco ni negro, no se sabe qué es. Y este es un pecado que el diablo puede usar para aniquilar nuestra vida espiritual y también nuestras vidas como personas.
Que el Señor nos ayude a entender lo feo y lo malo que es este pecado.

viernes, 20 de marzo de 2020

¿Necesitas confesarte y no puedes debido al aislamiento? El Papa te explica qué puedes hacer 20032020

¿Necesitas confesarte y no puedes debido al aislamiento? El Papa te explica qué puedes hacer


En su homilía Francisco habló de la dificultad que hay en estos momentos para acceder al sacramento de la confesión
En su homilía Francisco habló de la dificultad que hay en estos momentos para acceder al sacramento de la confesión
El Papa Francisco celebró este tercer viernes de Cuaresma la Eucaristía en la Casa Santa Marta y en su homilía habló de una inquietud que tienes muchos católicos que están ahora confinados en sus casas debido a la pandemia del coronavirus.
La Cuaresma es un tiempo de conversión y propicio para el sacramento de la Confesión. Sin embargo, muchas personas que necesitan confesar no pueden hacerlo. Y para ellos, el Papa ha tenido una palabra:
“Sé que muchos de ustedes, por Pascua, van a confesarse para encontrarse con Dios. Pero muchos me dirán hoy: ‘Pero padre, ¿dónde puedo encontrar un sacerdote, un confesor, porque no puedo salir de casa? Y yo quiero hacer las paces con el Señor, quiero que me abrace, quiero que mi padre me abrace… ¿qué puedo hacer si no encuentro sacerdotes?”.
De este modo, Francisco ha recomendado hacer “lo que dice el Catecismo”. Es muy claro, agrega el Papa: “Si no encuentras un sacerdote para confesarte, habla con Dios, que es tu padre, y dile la verdad: ‘Señor, he hecho esto, esto, esto… Perdóname’, y pídele perdón de todo corazón, con el Acto de Dolor y prométele: ‘Me confesaré después, pero perdóname ahora’. E inmediatamente volverás a la gracia de Dios. Tú mismo puedes acercarte, como nos enseña el Catecismo, al perdón de Dios sin tener un sacerdote a mano. Piensa en ello: ¡es el momento! Y este es el momento adecuado, el momento oportuno. Un acto de dolor bien hecho, y así nuestra alma se volverá blanca como la nieve”.
La homilía del Papa
Esta es la homilía íntegra del Papa de este viernes que recoge Vatican News:
Cuando leo o escucho este pasaje del profeta Oseas que hemos escuchado en la primera lectura [que dice]: "Vuelve Israel, al Señor, tu Dios, vuelve", cuando lo escucho, recuerdo una canción que cantaba Carlo Buti hace 75 años y que se escuchaba con tanto placer en las familias italianas de Buenos Aires: "Vuelve con tu papá". La canción de cuna todavía te cantará". Vuelve: pero es tu padre quien te dice que vuelvas. Dios es tu papá, no es el juez, es tu papá: "Ven a casa, escucha, ven". Y ese recuerdo – yo era un niño pequeño – me lleva inmediatamente al padre del capítulo 15 de Lucas, ese padre que dice: "Vio a su hijo venir desde lejos", ese hijo que se había ido con todo el dinero y lo malgastó. Pero, si lo vio de lejos, fue porque lo estaba esperando. Subía a la terraza – ¡Cuántas veces al día! – durante días y días, meses, años tal vez, esperando a su hijo. Lo vio de lejos. Vuelve con tu papá, vuelve con tu padre. Él te espera. Es la ternura de Dios la que nos habla, especialmente durante la Cuaresma. Es el tiempo de entrar en nosotros mismos y recordar al Padre o volver a tu padre.
"No, Padre, me avergüenzo de volver porque... Ya sabe Padre, he hecho cosas feas, he hecho muchas cosas feas...". ¿Qué dice el Señor? "Vuelve, yo te curaré de tu infidelidad, te amaré profundamente, porque mi ira se ha alejado. Seré como el rocío; tú florecerás como un lirio y echarás raíces como un árbol del Líbano". Vuelve con tu padre que te está esperando. El Dios de la ternura nos curará; nos curará de muchas, muchas heridas de la vida y de muchas cosas feas que hemos hecho. ¡Cada uno tiene lo suyo!
Pero pensar esto: volver a Dios es volver al abrazo, al abrazo de nuestro padre. Y pensar en esa otra promesa que hace Isaías: "Si tus pecados son tan feos como la escarlata, te haré blanco como la nieve". Él es capaz de transformarnos, Él es capaz de cambiar nuestros corazones, pero quiere que demos el primer paso: volver. No es ir a Dios, no: es volver a casa.
Y la Cuaresma siempre se centra en esta conversión del corazón que, en el hábito cristiano, toma forma en el sacramento de la Confesión. Es el momento para – no sé si para "ajustar las cuentas", no me gusta eso – dejar que Dios nos blanquee, que Dios nos purifique, que Dios nos abrace.
Sé que muchos de ustedes, por Pascua, van a confesarse para encontrarse con Dios. Pero muchos me dirán hoy: "Pero Padre, ¿dónde puedo encontrar un sacerdote, un confesor, por qué no puedo salir de casa? Y yo quiero hacer las paces con el Señor, quiero que me abrace, quiero que mi padre me abrace... ¿Qué puedo hacer si no encuentro sacerdotes?". Haz lo que dice el Catecismo. Es muy claro: si no encuentras un sacerdote para confesarte, habla con Dios, que es tu padre, y dile la verdad: "Señor, he hecho esto, esto, esto... Perdóname", y pídele perdón de todo corazón, con el Acto de Dolor y prométele: "Me confesaré después, pero perdóname ahora". E inmediatamente volverás a la gracia de Dios. Tú mismo puedes acercarse, como nos enseña el Catecismo, al perdón de Dios sin tener un sacerdote a la mano. Piensa en ello: ¡es el momento!  Y este es el momento adecuado, el momento oportuno. Un acto de dolor bien hecho, y así nuestra alma se volverá blanca como la nieve.
Sería bueno que hoy en nuestros oídos resonara este "vuelve", "vuelve a tu papá, vuelve a tu padre". Te espera y hará fiesta.

viernes, 14 de febrero de 2020

Santa Marta: Intuir la debilidad para no deslizarse “hacia la mundanidad” 13022020

Misa En Santa Marta © Vatican Media

Santa Marta: Intuir la debilidad para no deslizarse “hacia la mundanidad”

Meditación del Papa en la Misa
(zenit – 13 febrero 2020).- El Papa Francisco invitó a pedir al Señor “la gracia de comprender cuándo nuestro corazón comienza a debilitarse y a resbalar” en el pecado, en la mundanidad, para detener la caída y mantenernos fieles a Dios.
Hoy, 13 de febrero de 2020, en la homilía de la Misa en la Casa Santa Marta, el Santo Padre reflexionó en torno a la primera lectura de la liturgia de hoy (1 Reyes 11, 4-13), que relata “la apostasía” del rey Salomón, indica Vatican News.
“Caída con anestesia”
Francisco advirtió sobre el riesgo de dejarse deslizar lentamente en el pecado, relativizando las cosas y entrando “en negociación” con los dioses del dinero, de la vanidad y del orgullo, una “caída con anestesia”.
Según el citado medio vaticano, el Papa relató que cuando Salomón era anciano, sus mujeres hicieron que su corazón “se desviara” para seguir a otros dioses. En un primer momento el rey fue un “buen muchacho”, que solo pedía sabiduría al Señor.
Efectivamente, Dios lo hizo sabio, de manera que los jueces y la reina de Saba, en África, acudieron a él porque habían oído hablar de su sabiduría. “Se ve que esta mujer era un poco filósofa y le hizo preguntas difíciles”, apuntó el Pontífice, remarcando que “Salomón salió victorioso” de aquel interrogatorio porque sabía cómo responderlas.
Apostasía lenta
El Obispo de Roma explicó que en aquella época se podía tener más de una esposa, aunque esto no suponía que fuera lícito ser “mujeriego”. El corazón de Salomón se debilitó, no por casarse con esas mujeres, ya que estaba permitido, sino porque pertenecían a otros pueblos, con otros dioses.
Entonces, continuó narrando, el rey cayó en la “trampa” e hizo caso cuando una de sus esposas le pidió que fuera a adorar a Camos o a Moloc. Actuó de esta manera con todas sus mujeres extranjeras que ofrecían sacrificios a sus dioses. Es decir, “permitió todo y dejó de adorar al único Dios”.
Ante un corazón debilitado por su excesivo afecto a las mujeres, “el paganismo entró en su vida” y el Papa Francisco subrayó que aquel muchacho sabio que antes había rezado pidiendo la sabiduría, cayó hasta ser rechazado por el Señor.
“No fue una apostasía de un día para otro, fue una apostasía lenta”, expuso el Santo Padre. Y recordó que también el rey David, su padre había pecado de manera fuerte al menos dos veces, pero inmediatamente se arrepintió y pidió perdón. De este modo, permaneció fiel al Señor, que lo protegió hasta el final.
David fue fiel
David lloró por sus pecados y por la muerte de su hijo Absalón y, mientras huía de este, que le declaró la guerra, se humilló cuando la gente lo insultaba. David, remarcó el Papa, “era santo. Salomón no es santo”, pues el Señor le había dado muchos dones pero había desperdiciado todo dejando que su corazón se debilitara. No se trata del “pecado de antaño”, sino del “deslizamiento”, aclaró.
“Las mujeres hicieron que su corazón se desviara y el Señor se lo reprocha: ‘Has desviado el corazón’. Y esto sucede en nuestra vida. Ninguno de nosotros es un criminal, ninguno de nosotros comete grandes pecados como había hecho David con la esposa de Urías, ninguno”, advirtió Francisco.
Mundanidad
Y planteó: “¿Pero dónde está el peligro? Dejarse deslizar lentamente porque es una caída con anestesia, no te das cuenta, pero lentamente se resbala, se relativizan las cosas y se pierde la fidelidad a Dios. Estas mujeres eran de otros pueblos, tenían otros dioses, y cuántas veces nosotros olvidamos al Señor y entramos en negociaciones con otros dioses: el dinero, la vanidad, el orgullo. Pero esto se hace lentamente y si no está la gracia de Dios, se pierde todo”.
El Pontífice remitió de nuevo al Salmo 105 (106) para subrayar que el mezclarse a esos niveles con la gente y aprender a actuar como ella significa volverse mundanos, paganos: “Para nosotros este lento deslizamiento en la vida es hacia la mundanidad, éste es el pecado grave: ‘Todos lo hacen, pero sí, no hay ningún problema, sí, no es realmente lo ideal, pero…’”.
Estas palabras, agregó, “nos justifican al precio de perder la fidelidad en el único Dios. Son los ídolos modernos. Pensemos en este pecado de la mundanidad. De perder la autenticidad del Evangelio. Lo genuino de la Palabra de Dios, de perder el amor de este Dios que dio su vida por nosotros. No se puede estar bien con Dios y con el diablo”.
No perder “el reino”
En la práctica, puntualizó el Obispo de Roma, esto significa no ser fiel “ni a Dios ni al diablo” e invitó a reflexionar sobre el pecado de Salomón, “pensemos en cómo cayó el sabio Salomón, bendecido por el Señor, con toda la herencia de su padre David, cómo cayó lentamente, anestesiado, hacia esta idolatría, hacia esta mundanidad y se le quitó el reino”.
Finalmente, de acuerdo a la citada fuente, exhortó: “Pidamos al Señor la gracia de comprender cuándo nuestro corazón comienza a debilitarse y a resbalar, para detenernos. Será su gracia y su amor lo que nos detenga si nosotros así lo rezamos”.

Santa Marta: Agradecer a las personas “que nos acompañan en la vida” 14022020

Santa Marta: Agradecer a las personas “que nos acompañan en la vida”

Reflexión del Papa en la Misa
(zenit – 14 febrero 2020).- “Hoy es un día para agradecer y pedir disculpas, de corazón, cada uno de nosotros, a las personas que nos acompañan en la vida, por una parte de la vida, por toda la vida…”, dijo el Papa Francisco.
Hoy, 14 de febrero de 2020, con motivo de la jubilación de Patrizia, una empleada de la Casa Santa Marta, el Santo Padre aprovechó la homilía de la Misa para hacer un “acto de memoria, de agradecimiento” y también de pedido de disculpas a los que acompañan nuestro camino, indica Vatican News.
Francisco habló sobre la calidez de la Casa Santa Marta, que definió como una “gran familia” formada por las personas que trabajan en ella con dedicación y trabajo, acompañando en el camino de la vida. Este equipo proporciona ayuda si alguien está enfermo y se entristece si alguno de ellos se va. Son, para el Papa, rostros, sonrisas, saludos: semillas que se siembran en el corazón de todos.
Dios nos quiere en compañía
En relación con la vida cotidiana de la Casa de Santa Marta, el Pontífice subrayó el papel de la familia, no exclusivamente de “papá, mamá, hermanos, tíos, abuelos”, sino de todos “aquellos que nos acompañan en el camino de la vida por un tiempo”.
Y se refirió a que, después de 40 años, Patrizia se jubila y constituye una presencia familiar en la que pensar: “Esto hará bien a todos los que vivimos aquí, pensar en esta familia que nos acompaña; y a todos ustedes que no viven aquí, pensar en tanta gente que los acompaña en el camino de la vida: vecinos, amigos, compañeros de trabajo, de estudio…”.
Y agregó que “no estamos solos. El Señor nos quiere pueblo, nos quiere en compañía; no nos quiere egoístas: el egoísmo es un pecado”.
Santa Marta, una “gran” familia
Igualmente, el Obispo de Roma recordó la generosidad de muchas compañeras de trabajo que cuidaron de los enfermos, una presencia, una historia, una breve estadía que dejó su marca. Este sentido de familia encontró un lugar en el corazón del Papa: “Pienso en Luisa, pienso en Cristina”, en la abuela de la casa, sor María, que entró a trabajar joven y que decidió consagrarse allí.
Y al recordar su “gran” familia, el Santo Padre nombró a otras personas que ya no están: “Miriam, que se fue con el niño; Elvira, que fue un ejemplo de lucha por la vida, hasta el final. Y luego otros que se han jubilado o que se han ido a trabajar a otro lugar. Presencias que han hecho bien y que a veces es difícil dejar”.
Gratitud
“Hoy nos hará bien a todos, a todos, pensar en las personas que nos acompañaron en el camino de la vida como agradecimiento, y también como gesto de gratitud a Dios. Gracias, Señor, por no habernos dejado solos”, remarcó el Papa.
Y reconoció“Es verdad, siempre hay problemas, y donde hay gente hay habladurías. Incluso aquí. Se reza y se habla, ambas cosas. Y también, a veces, se peca contra la caridad”.
Pedir disculpas
Francisco apuntó que perder la paciencia y luego pedir disculpas es algo que se hace en familia: “Yo quisiera agradecer la paciencia de las personas que nos acompañan y pedir disculpas por nuestras faltas”, afirmó.
Finalmente, de acuerdo al medio vaticano el Pontífice expresó: “Quiero aprovechar esta despedida de Patrizia para hacer con ustedes este acto de memoria, de agradecimiento, y también de pedido de disculpas a las personas que nos acompañan. Cada uno de nosotros lo haga con las personas que habitualmente lo acompañan. Y a los que trabajan aquí en casa, un ‘gracias’ grande, grande, grande. Y a usted, Patrizia, que comience esta segunda parte de la vida, ¡otros 40 años!”

viernes, 7 de febrero de 2020

Santa Marta: El Papa invita a seguir el “camino de la humillación” 07022020

Misa en Santa Marta, 7 feb. 2019 © Vatican Media
Misa En Santa Marta, 7 Feb. 2019 © Vatican Media

Santa Marta: El Papa invita a seguir el “camino de la humillación”

Siguiendo el camino de Jesús y Juan
(zenit – 7 feb. 2020).- Pidamos al Señor que nos envíe “alguna humillación” para “hacernos humildes”, para “imitar mejor a Jesús”, ha exhortado el Papa Francisco esta mañana, 7 de febrero, en la celebración de la Misa en la capilla de la Casa Santa Marta.
“No tengamos miedo a la humillación”. El Santo Padre, reflexionando sobre el Evangelio de hoy según San Marcos, ha insistido en que “no se puede ser humilde sin humillación”, llamando a los cristianos a aprender del «mensaje» de la Palabra de Dios de hoy. Y ha advertido a los sacerdotes contra este peligro: “Si un pastor no sigue este camino, no es un discípulo de Jesús: es un escalador en sotana”.
“Cuando tratamos de mostrarnos, en la Iglesia, en la comunidad, para tener una posición o algo más, ese es el camino del mundo, es un camino mundano, no es el camino de Jesús. Y esta tentación de escalar también puede ocurrir a los pastores: ‘Esto es una injusticia, esto es una humillación, no puedo tolerarlo’”, ha comentado.
Jesús y san Juan 
Así, el Obispo de Roma ha explicado cómo Juan el Bautista fue enviado por Dios para “mostrar el camino”, “el camino” de Jesús. El “último de los profetas”, tuvo la gracia de decir: “Este es el Mesías”, ha recordado.
Jesús en el Huerto de los Olivos y Juan en prisión, tentado por la “carcoma de la duda” de si Jesús era realmente el Mesías, ha narrado. Ambos “terminan de la manera más humillante: Jesús con la muerte en la cruz, «la muerte de los más bajos criminales, terrible física y también moralmente”, “desnudo ante el pueblo” y “a su madre”, y Juan el Bautista “decapitado en prisión por un guardia” por orden de “un rey debilitado por los vicios”, “corrompido por el capricho de una bailarina y el odio de una adúltera”, en referencia a Herodías y su hija.
Tanto Jesús como Juan “nos muestran el camino que los cristianos debemos seguir”, ha indicado Francisco. De hecho, en las Bienaventuranzas se enfatiza que el camino es el de la humildad.

martes, 28 de enero de 2020

Santa Marta: La Iglesia “solo irá adelante con evangelizadores alegres” 28012020

Misa en Santa Marta, 28 enero 2020 © Vatican Media
Misa En Santa Marta, 28 Enero 2020 © Vatican Media

Santa Marta: La Iglesia “solo irá adelante con evangelizadores alegres”

Relato del baile del rey David
(zenit – 28 enero 2020).- “La Iglesia no irá adelante. El Evangelio no irá adelante con evangelizadores aburridos y amargados. No. Sólo ira adelante con evangelizadores alegres, llenos de vida”.
El Santo Padre ha reflexionado este martes, 28 de enero de 2020, sobre la primera lectura de hoy, tomada del Segundo Libro de Samuel, que habla de David y de todo el pueblo de Israel celebrando el regreso del Arca de la Alianza a Jerusalén.
Este regreso supone “una gran alegría para el pueblo», ha expresado el Papa. “La gente siente que Dios está cerca de ellos y lo celebran. Y el rey David está con él, se pone a la cabeza de la procesión, hace un sacrificio inmolando un novillo y un carnero gordo. Con el pueblo entonces grita, canta y baila con todas sus fuerzas».
El texto del profeta Samuel continúa describiendo el regreso de David a su hogar donde encuentra a una de sus esposas, Mical, la hija de Saúl. Ella lo recibe con desprecio, ha relatado el Papa. Al ver al rey danzando se avergüenza de él y le reprocha diciendo: “¿Pero te avergonzaste de bailar como un vulgar, como uno del pueblo?”.
“Es el desprecio de la religiosidad exquisita hacia la espontaneidad de la alegría con el Señor”, ha continuado Francisco. Y David le explica: “Pero mira, esto era motivo de alegría. ¡La alegría en el Señor, porque hemos traído el arca a casa!”. Ella desprecia. Y dice en la Biblia que esta señora –se llamaba Mical– no tuvo hijos por esto. El Señor la ha castigado. Cuando falta la alegría en un cristiano, ese cristiano no es fecundo; cuando falta la alegría en nuestro corazón, no hay fecundidad”.
Francisco indicado que sentimos alegría «cuando estamos con el Señor» y, tal vez en la parroquia o en los pueblos, la gente celebra. Aunque ha advertido: «Es verdad, a veces el peligro de la alegría es ir más allá y creer que esto es todo. No: este es el aire de la celebración».
El Papa ha señalado entonces que la fiesta no sólo se expresa espiritualmente, sino que se convierte en un compartir. En este contexto, recuerda que David, ese día, después de la bendición, había distribuido «un pan para todos, una porción de carne asada y un puré de pasas», para que todos pudieran celebrar en su propia casa. «La Palabra de Dios no se avergüenza de la fiesta», dijo el Pontífice.

martes, 7 de enero de 2020

Santa Marta: Discernir qué espíritu se mueve “en mi corazón” cada día 07012020

Misa En Santa Marta, 7 Enero 2020 © Vatican Media

Santa Marta: Discernir qué espíritu se mueve “en mi corazón” cada día

Meditación del Papa en la Misa
(ZENIT – 7 enero 2020).- El Papa Francisco recomienda preguntarse todos los días: “¿qué ha pasado hoy en mi corazón? ¿Qué tenía ganas de hacer, de pensar? ¿Cuál espíritu se ha movido en mi corazón? El Espíritu de Dios, el don de Dios, el Espíritu Santo que me lleva siempre al encuentro con el Señor o el espíritu del mundo que me aleja suave, lentamente del Señor (…)».
El Santo Padre ha reanudado hoy, 7 de enero de 2020, las Misas matutinas en la Casa de Santa Marta.
En su homilía ha reflexionado en torno al pasaje de la primera carta de san Juan Apóstol, primera lectura de la liturgia del día. En ella, el evangelista retoma el consejo de Jesús a sus discípulos: “Permanezcan en Dios”, indica Vatican News.
Permanecer en Dios
Para Francisco, uno puede “estar en las ciudades más pecaminosas, en las sociedades más ateas, pero si el corazón permanece en Dios”, se puede traer la salvación. En esta línea, remite al episodio narrado en los Hechos de los Apóstoles, cuando llegan a una ciudad y se encuentran con cristianos bautizados por Juan.
Allí les preguntaron: “¿Han recibido el Espíritu Santo?”, pero ellos ni siquiera sabían que existía. “Cuántos cristianos, aún hoy identifican al Espíritu Santo solo con la paloma” y no saben que “es lo que te hace permanecer en el Señor, es la garantía, la fuerza para permanecer en el Señor”, indicó el Papa.
El espíritu del mundo
Así, el Pontífice se refirió al espíritu del mundo, que es contrario al Espíritu Santo: “Jesús, en la Última Cena, no pide al Padre que saque a los discípulos del mundo”, porque la vida cristiana está en el mundo, “sino que los proteja del espíritu del mundo, que es lo contrario”.
Esto es, remarcó, “aún peor que cometer un pecado. Es una atmósfera que te hace inconsciente, te lleva a un punto en el que no sabes reconocer el bien del mal”.
Pedir el don del Espíritu Santo
De este modo, para permanecer en Dios, “debemos pedir este don» del Espíritu Santo, que es la garantía. Por esto «sabemos que permanecemos en el Señor”, explicó el Obispo de Roma.
Y ante la pregunta sobre cómo podemos saber si tenemos el Espíritu Santo o el espíritu del mundo, el Papa Francisco apunta que san Pablo presenta un consejo: “No entristezcan al Espíritu Santo. Cuando vamos hacia el espíritu del mundo, entristecemos al Espíritu Santo y lo ignoramos, lo dejamos de lado y nuestra vida va por otro camino”.
Olvidar el pecado
El espíritu del mundo, describe el Santo Padre, es olvidar, porque “el pecado no te aleja de Dios si te das cuenta y pides perdón, pero el espíritu del mundo te hace olvidar lo que es el pecado”, todo se puede hacer.
Igualmente, comentó que en estos días un sacerdote le mostró una película de cristianos celebrando el Año Nuevo en una ciudad turística, en un país cristiano. “Festejaban el primer día del año con una terrible mundanidad, derrochando dinero y tantas cosas. El espíritu del mundo. ‘¿Esto es pecado?’- ‘No querido: esta es corrupción, peor que el pecado’”, relató Francisco.
Y continuó: “El Espíritu Santo te lleva a Dios, y si pecas, el Espíritu Santo te protege y te ayuda a levantarte, pero el espíritu del mundo te lleva a la corrupción, hasta el punto de que no sabes lo que es bueno y lo que es malo: todo es lo mismo, todo es igual”.
Poner a prueba el espíritu
Francisco enfatizó que el espíritu mundano lleva a la inconsciencia “de no distinguir el pecado”. De nuevo, preguntó cómo saber, si “estoy en el camino de la mundanidad, del espíritu del mundo, o estoy siguiendo al Espíritu de Dios?”.
Y contestó con otro consejo, en esta ocasión del apóstol san Juan: “Amados, no crean a todo espíritu (es decir, a todo sentimiento, a toda inspiración, a toda idea), sino prueben los espíritus para ver si son de Dios (o del mundo)”.
Después, añadió: “Pero, ¿qué es esto de poner a la prueba al Espíritu? Es simplemente esto: cuando sientes algo, tienes ganas de hacer algo, o tienes una idea, un juicio de algo, pregúntate: ¿esto que siento es del Espíritu de Dios o del espíritu del mundo?”.
Saber qué pasa en el corazón
El Papa subrayó que muchos cristianos, “viven sin saber lo que pasa en sus corazones” y, por ello, san Pablo y san Juan dicen: “No crean a todo espíritu”, a lo que sienten, e invita a probar el propio espíritu.
Y así, agregó, “sabremos lo que pasa en nuestros corazones”, pues “muchos cristianos tienen el corazón como un camino y no saben quién viene y va, van y vienen, porque no saben cómo examinar lo que sucede en su interior”.
Finalmente, de acuerdo al citado medio vaticano, el Pontífice pidió la gracia “de permanecer en el Señor, y roguemos al Espíritu Santo que nos haga permanecer en el Señor y nos dé la gracia de distinguir los espíritus, es decir, lo que se mueve en nuestro interior”. “Que nuestro corazón no sea un camino”, concluye, que sea el punto de encuentro entre nosotros y Dios.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Santa Marta: El Señor consuela, corrige y castiga “con ternura” 10122019

Misa En Santa Marta, 10 Dic. 2019 © Vatican Media

Santa Marta: El Señor consuela, corrige y castiga “con ternura”

Reflexión del Papa en la Misa
(ZENIT – 10 dic. 2019).- “¿Cómo nos consuela el Señor? Con ternura. ¿Cómo corrige el Señor? Con ternura. ¿Cómo castiga el Señor? Con ternura”.
Hoy, 5 de diciembre de 2019, en la homilía de la Misa en la Casa Santa Marta, el Santo Padre, inspirado por la liturgia del día, ha respondido a estas preguntas, indica Vatican News.
Para Francisco, la primera lectura, un pasaje del libro de la consolación de Israel del profeta Isaías, constituye “un anuncio de esperanza” (“Consuelen, consuelen a mi pueblo”). De esta manera, el profeta difunde las palabras de Dios: “hablen al corazón de Jerusalén y anúncienle que su tiempo de servicio se ha cumplido, que su culpa está pagada”.
Pasaje de ternura
“El Señor nos consuela siempre, siempre que nos dejemos consolar”, subrayó el Papa. Y remitió a un fragmento de Isaías que habla del Señor como el buen pastor, que “con su brazo” reúne el rebaño, “lleva sobre su pecho a los corderos” y conduce con dulzura a “las que han dado a luz”, “un pasaje de ternura”.
“El Señor conduce, el Señor guía a su pueblo, el Señor corrige; además, yo diría también: el Señor castiga con ternura. La ternura de Dios, las caricias de Dios. No es una actitud didáctica o diplomática de Dios: viene a Él desde dentro, es la alegría que tiene cuando se acerca un pecador. Y la alegría lo hace tierno”, describió.
Alegría del Señor
Asimismo, el Pontífice recordó la parábola del Hijo Pródigo y el Evangelio en el que el pastor tiene cien ovejas y una se pierde como ejemplos de “la alegría del Señor ante el pecador”, “ante nosotros cuando nos dejamos perdonar, cuando nos acercamos a Él para que nos perdone”. Una alegría que “se convierte en ternura, y esa ternura nos consuela”, expone el citado medio.
Por otro lado, aludió a cuando “nos lamentamos, nos quejamos y pensamos que nuestros pecados, nuestros límites, no pueden ser perdonados. Allí se oye la voz del Señor que dice: ‘Yo te consuelo, estoy cerca de ti’, y nos toma con ternura”.
Y agregó: “El Dios poderoso que creó los cielos y la tierra, el Dios-héroe, por decirlo así, nuestro hermano, que se dejó llevar a la cruz para morir por nosotros, es capaz de acariciarnos y decirnos: ‘No llores’”.
Dejarnos consolar
El Papa Francisco se refirió también a la ternura con la que Jesús trató a la viuda de Naín ante el ataúd de su hijo, invitando a “creer en este consuelo del Señor” porque después “existe la gracia” del perdón.
Finalmente, insistió en acudir al Padre “a pedir perdón”: “Y Él te acariciará. Se acercará con la ternura de un padre, de un hermano: ‘Así como un pastor apacienta el rebaño y con su brazo lo reúne, lleva a los corderitos sobre el pecho y conduce con dulzura a las ovejas que han dado a luz’, así también el Señor nos consuela a nosotros”.

sábado, 30 de noviembre de 2019

Santa Marta: “La muerte es un encuentro con el Señor” 29112019

Misa En Santa Marta, 29 Nov. 2019 © Vatican Media

Santa Marta: “La muerte es un encuentro con el Señor”

El Santo Padre invita a vivir con “esperanza”
(ZENIT – 29 nov. 2019).- La certeza de la muerte está escrita en la Biblia y en el Evangelio, ha recordado el Papa Francisco en la homilía de la Misa matutina en Santa Marta, “pero el Señor siempre nos la presenta como un ‘encuentro con Él’ y la acompaña con la palabra ‘esperanza'”.
A primera hora de la mañana del viernes, 29 de noviembre de 2019, el Obispo de Roma ha reflexionado sobre la muerte y la descrito como el momento del abrazo con el Señor, invitando a prepararnos para ese momento, y a orar los unos por los otros, ha informado Vatican News en español.
“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” es la cita del Evangelio de San Lucas, propuestas para la liturgia de hoy, en la última semana del año litúrgico. La Iglesia invita a reflexionar sobre el fin, el fin del mundo, el fin de cada uno de nosotros, en este mes de noviembre, mes de los difuntos.
“El Señor nos dice que estemos preparados para el encuentro, la muerte es un encuentro: es Él quien viene a encontrarnos, es Él quien viene a tomarnos de la mano y llevarnos con él”, ha explicado. “¡No quisiera que este simple sermón sea un aviso de funeral! Es simplemente el Evangelio, es simplemente la vida, simplemente decirse el uno al otro: todos somos vulnerables y todos tenemos una puerta a la que el Señor llamará algún día”.
Todos somos vulnerables
“Todos tenemos esta debilidad de vida, esta vulnerabilidad”, ha aclarado el Papa. Todos somos vulnerables y en algún momento esta vulnerabilidad nos conduce a la muerte. Por esto, vamos al médico para ver cómo va mi vulnerabilidad física, otros van donde el psicólogo para curar alguna vulnerabilidad psíquica”.
En la homilía, Francisco ha contado que ayer estaba meditando sobre esto, en un hermoso artículo que ha salido en la Civiltà Cattolica, “que nos dice que lo que todos tenemos en común es la vulnerabilidad: somos iguales en la vulnerabilidad”.
“¿Cuándo moriré?”
Francisco ha recordado que es necesario prepararse bien “para el momento en que tocará el timbre, el momento en que el Señor llamará a nuestra puerta”, y ha animado a rezar “los unos por los otros”.
“De todas las cosas que hemos reunido, que hemos ahorrado, legalmente buenas, no nos llevaremos nada”, ha advertido. “Pero sí, llevaremos el abrazo del Señor. Piensa en tu propia muerte: ¿cuándo moriré? En el calendario no está arreglado, pero el Señor lo sabe”. Así, el Santo Padre ha recomendado orar al Señor: “Señor, prepara mi corazón para morir bien, morir en paz, morir con esperanza”.