Mostrando entradas con la etiqueta Catequesis para la familia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Catequesis para la familia. Mostrar todas las entradas

sábado, 30 de enero de 2016

Milagros de Misericordia, cada día (Catequesis para la familia) 30012016

Milagros de Misericordia, cada día

Catequesis para la familia
Divine Mercy
La Divina Misericordia (WIKIMEDIA COMMONS).
Por Sacramento Rosales
Que importante es para nuestros menores ser formados en la verdad. Y no existe una verdad mayor en nuestro día a día que saber que: “En la Misericordia de Dios no hay cabida para la casualidad”. Ayudar a nuestros menores a experimentar la alegría de poder descubrir en los milagros diarios la grandeza de un Amor Misericordioso. Dios que por amor crea, Dios que por amor se entrega, Dios que por amor perdona con infinita Misericordia.
Precisamente el otro día en catequesis de post comunión en mi parroquia, tocábamos este tema. Mirando a través de la lente del evangelio comparando la vida de Jesús, sus actos, su actitud. Al traerlo a nuestro día común descubrimos que todo lo que hacemos desde que nos levantamos hasta acostarnos está lleno de pequeños milagros. Pensé que en lugar de desarrollar toda la catequesis en la parroquia, sería buena idea mandar el trabajo a casa y que cada niño con sus padres reflexionasen en el versículo del evangelio que les había tocado. Momentos cotidianos para poder: comparar y desarrollarlos en un dibujo o redacción, de modo que en la siguiente semana pudiéramos poner en común y realizar un mural.
Despertar es algo tan común, que a menudo olvidamos que ninguno sin la Misericordia de Dios que nos ofrece para nuestro desarrollo, podríamos despertar del sueño de la noche. Los padres que los cuidan, poder comer cada día, tener una casa donde sentirse protegidos. Poder recibir estudiosatención médica. A menudo olvidamos, incluso los mayores, que esto no son privilegios o méritos, ni siquiera derechos, que no podemos ganarlo por nosotros mismos.
Debemos transmitir a nuestros hijos la alegría de sentirnos perdonadosamados por la Misericordia de un Dios que no deja de brindar oportunidades cada día para que le descubramos cercano en aquellas cosas que realizamos y vivimos. Somos únicos para Dios, Él nos ve de un modo individual, y así nos ama como si fuéramos su Hijo Único. A veces las cosas no salen como quisiéramos y somos infelices, ayudar a nuestros hijos a comprender que en ello está la oportunidad de descubrir el diálogo con Dios. Jesús se apartó al desierto a rezar, a hablar con su Padre, a encontrar el sentido de su misión.
En la donación de uno mismo, cuando compartimos algo que nos gusta con un amigo. Ahí estamos siendo partícipes de la generosidad del Amor de Dios que nos empuja a ser mejores, a renunciar al egoísmo, eso es un milagro en los tiempos de tanta competitividad que vivimos.
Es Dios quien está detrás de la inteligencia de las personas que inventan programas, máquinas, móviles,aparatos digitalizados que nos hacen la vida más fácil, comunicada, entretenida, educativa. Nuestra vida común está llena de instantes por descubrir La infinita Misericordia de Dios y como nos la regala sin medida en multitud de cosas que pasamos por alto. Descubrirla, disfrutarlas, compartirlas de la mano de nuestros menores dará lugar a otro milagro más en nuestro día, el de poder vivir la fe en familia.
Para terminar este artículo les dejo como reflexión una frase que dijo el Papa Francisco en el parque de Los Samanes en Guayaquil 6/7/2015. Sabemos que él no para de invitarnos a construir una «Iglesia doméstica» donde poder aprender un estilo de amor y de servicio, donde cada día poder transmitir a los más pequeños la ternura y la misericordia. “En la familia los milagros se hacen con lo que hay, con lo que somos”.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Pistoletazo de salida (Catequesis para la familia) 21122015

Prayer - church of Santi Apostoli at Rome

Catequesis para la familia

 Redacción |   |  ZENIT.org |  Espiritualidad y oración |  Madrid |  363
Escrito por: Sacramento Rosales
El canto de entrada es a la misa lo que el pistoletazo de salida a una carrera. Como comparativa para los niño pequeños estará bien. Sabemos que la fiesta de la misa empieza cuando comenzamos a cantar el canto de entrada. Entonces todos los que queremos participar en esta fiesta nos pondremos en pie (porque nadie corre una carrera sentado) y acompañamos el recorrido del sacerdote desde la sacristía hasta el altar.
A mis hijos suelo decirles que desde ese momento en que nos unimos al resto de los participantes, estamos en un viaje especial al corazón de Dios y que toda la misa en su conjunto es ese viaje. A menudo, para que tengan en cuenta cuando estar ya atentos, les recuerdo que desde ese instante del canto de entrada es importante ya no pensar más en lo que hay fuera del templo y disfrutar de cada momento y parte de la celebración.
Por muy tímidos o reservados que sean nuestros menores, seguro que hay algo que hacen por propia iniciativa, y eso es cantar. En misa, los cantos, son la parte que más suele gustarles y seguramente, hasta los más tímidos, no tendrán objeción en participar.
Sin embargo es importante enseñar las pautas que conllevan los cantos litúrgicos dentro de la celebración. Si antes conocen, no solo las letras, sino sus significados, la participación será más compacta y podremos participar sin que el momento del canto se convierta en un niño que se sienta, se pone de cuclillas y otro que baila sobre el reposapiés del banco.
En muchas parroquias antes de la misa se imparten preparaciones de cantos. Si en la nuestra no existe, podemos ensayarlos en casa o por el camino.
Como catequista de niños de primera comunión y madre de dos --de once y siete años-- me sorprende cada vez más ver con qué facilidad nuestros pequeños llegan a comprender cosas que a nosotros los mayores a menudo nos cuesta tanto.
Hoy intentaremos dar unas referencias para que nuestros pequeños no se pierdan la importancia del “saludo inicial” y comprendan el verdadero sentido de esa parte de la eucaristía que a veces, incluso a los mayores se nos pasa un poco por alto si no estamos atentos.
El primer gesto del “saludo inicial” está incluido en la terminación del “canto de entrada”, el sacerdote ya estará junto al altar y lo besará mientras el resto de la comunidad seguirá en pie. Con ese sencillo gesto, el celebrante manifiesta, ante toda la comunidad reunida, su amor a Cristo y al acto expiatorio que Cristo, y no el sacerdote, va a hacer por todos nosotros. Sería importante explicar a los más pequeños que ese beso es como el que nos damos cuando nos encontramos con un familiar o un amigo. En ese momento manifestamos nuestra alegría del encuentro en este gesto. Y en el beso que el sacerdote deposita sobre el altar, van las alegrías de todos los reunidos como Iglesia al encontrarse con Cristo.
El saludo inicial en la santa misa es la síntesis perfecta del gran milagro que celebramos en cada eucaristía. Es el adelanto que nos despierta y nos introduce en una fraternidad perfecta, la que formamos como Iglesia e Hijos de Dios a través del Espíritu Santo participando de la Unidad.
Para que los niños entiendan el sentido de este gesto me gusta formularles preguntas y poner ejemplos de relaciones cercanas que viven:
¿Qué haces cuando te encuentras con tu mejor amigo después de unos días sin verlo?
¿Le abrazas, le das la mano, le sonríes?
¿Cómo muestras la felicidad del encuentro y las ganas que tienes de compartir con él juegos o confidencias?
Hacer este tipo de preguntas en casa o en modo de preparatoria entre juegos por el camino --como nos explicaba Eva en artículos anteriores-- es un modo fácil para ayudar a los hijos a comprender cada gesto de los diferentes ritos o partes de la misa. De ese modo podrán seguirla, descubriendo sus diferentes significados.
Tras el gesto del sacerdote de besar el altar, se dirigirá al pueblo reunido y con la señal de la cruz nos invitará a dar gloria y a participar unidos en la Santísima Trinidad. Para evitar que los pequeños se despisten en ese momento y se desorienten al ver a los mayores santiguándose, antes de entrar al templo les explico que cuando el sacerdote besa el altar nos va a abrir las puertas de un tren muy especial que nos lleva a un viaje hacia el corazón de Dios.
Para entrar a ese viaje es fundamental hacer bien la Señal de la cruz.
Una vez, mientras lo explicaba a los niños de catequesis, uno espontáneo me dijo: 'Señorita, señorita, entonces es como un código secreto para poder pertenecer al grupo, nosotros tenemos un club y solo pueden entrar los que se saben la contraseña'. Asentí y les expliqué que algo parecido pasa con la señal de la cruz en el momento de la invitación, que es como una llave especial que nos abre el paso para subir al tren que nos lleva al corazón de Dios donde poder ver la misa con otros ojos que nos hacen entender cada símbolo y parte de ella. De ese modo los más pequeños están a la expectativa y no se aturullan cuando ven a los demás santiguándose.
Cuando el sacerdote hace la invitación es Dios mismo quien en el Misterio de la Santísima Trinidad nos invita a participar en su nombre como Padre, en el del Hijo como víctima ofrecida para perdonar todas nuestras faltas y en el Espíritu Santo que nos alumbra con la fe a descubrir esa fraternidad como Iglesia que forma un solo cuerpo. Ese es el motivo por el cual nos santiguamos al comenzar la misa, damos gracias y alabamos ese Misterio Trinitario que a lo largo de la celebración nos va a envolver acogiéndonos y haciéndonos partícipes de esa misma naturaleza.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Sin Miedo en los brazos de la Misericordia (Catequesis para la familia) 02122015

Sin Miedo en los brazos de la Misericordia

Catequesis para la familia: antes de empezar el Jubileo de la Misericordia, nos prepararnos educando en ella a nuestros menores

Sevilla,  (ZENIT.orgRedacción | 351 hits


Antes de empezar el año dedicado a la Divina Misericordia, en catequesis para la familia nos preparamos para poder vivir al máximo educando en ella a nuestros menores. Pues aunque la Misericordia es una gracia que recibimos de Dios, es importante conocerla para poder pedirla.
La base de la Misericordia es el amor, y solo un amor como el que recibimos de Dios es capaz de manifestar en nosotros una confianza plena que nos ayuda a vivir sin miedo.
El miedo es uno de los mayores enemigos estos días de nuestros hijos. Y como adultos en la fe, hemos de enseñarles a vivir en la confianza de una realidad sin miedo e impregnada de misericordia hacia aquellos que lo imparten en nuestros días.
Nuestra sociedad vive últimamente sometida por miedo al terrorismo, a las noticias que nos llegan de diferentes puntos del planeta sobre conflictos bélicos, nuestros hijos no son ajenos a esta realidad, a este miedo colectivo que crece.
Después del atentado de París, muchos son los menores que viven con miedo a ir a sus centros educativos. Que preguntan, que se hacen sus propias ideas de una realidad que invita a una justicia que nada tiene que ver con la legítima defensa y si con la venganza. Ante todo esto nosotros como adultos en la fe, tenemos la obligación de enfrentar desvelando el misterio de la Divina Misericordia.
Mis hijos hablaban del tema en casa. Mi hija de doce años decía: "Mamá yo no puedo perdonar a los terroristas, son asesinos, yo no entiendo porque Dios permite esas cosas y además los perdona" Le expliqué que yo a veces tampoco como madre entiendo que ella haga cosas que no están bien aún sabiéndolo. Y que pese a que yo la educo en hacer las cosas de otra manera no puedo interferir para que ella haga lo correcto por que en su libertad elige hacerlo de un modo u otro. Pero que aún así mi amor de madre por ella no cambia.
La confianza nos ayuda a creer, a esperar un cambio a mejor en uno mismo y en los demás. Y Dios que así lo ha creado nos espera siempre con su Divina Misericordia para romper todas las ataduras de nuestros miedo que nos limita.
"La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia" (Diario 300)
La fiesta de la Misericordia tiene como principal fin el hacernos comprender a todos que Dios ama a toda su creación y tiene especial Misericordia con el más pecador. Partiendo de ello es indispensable educar a nuestros pequeños en esa confianza al mensaje de un Padre que nos ama y nos perdona. Solo así podremos manifestar misericordia también a los demás compartiendo la Gracia recibida.
¿Qué mejor modo de enfrentarlo que acercándolos de la mano a conocer la Divina Misericordia de Dios para con sus criaturas?
Podemos hacer mucho:
Dedicar un tiempo cada día a la oración y poner la confianza en ella. Que seamos capaces de amar en la medida que somos amados por Dios.
En clase o catequesis, podemos dedicar un momento especial al principio o como despedida durante todo el año jubilar.
Con nuestros hijos acompañar al dialogo educativo con la oración y enseñarles de que va este Misterio de la Divina Misericordia que tan necesario está siendo en nuestros días para enfrentar a los enemigos del alma que quieren implantar el veneno del miedo y el odio en nuestros corazones haciéndonos cerrados.
Nos invitaba el Santo Padre en la catequesis del 18 de noviembre a las familias “a abrir sus puertas para salir al encuentro de Jesús, que nos espera paciente, y que quiere traernos su bendición y su amistad”.
Ante la cultura del miedo que nos inculca el mundo, de cerrarnos, de protegernos del otro; Nosotros eduquemos en la cultura de salir a las periferias, de confiar en que Dios nos ama primero, de que Dios es Misericordioso y no se equivoca nunca.
Por: Sacramentos Rosales, Mento
(Dos Hermanas, Sevilla)

domingo, 18 de octubre de 2015

El Clima en Casa 18102015

El Clima en Casa

Catequesis para la familia

Madrid,  (ZENIT.orgCarmen Francisco | 122 hits

Mis hijos decían el otro día, ya hace frío mamá. Y mis padres desde el otro hemisferio, ya llega la primavera. Para ambas situaciones, la actitud, es la clave: Rica confianza y alegría de participar.

Es nutritivo introducirnos con nuestros hijos en la toma de conciencia de que, así como hay un clima meteorológico hay uno que es el que compartimos en la relación con las demás personas; en el hogar y desde ahí a la sociedad, en las instancias que cada uno según su edad y roles vivimos.

Al escribir El Clima en Casa, quiero visualizarnos a cada uno y a la Iglesia en su cuerpo como Casa de Dios, tanto en sus templos como en cada Familia, iglesia doméstica.
“Ser cristiano significa tener la alegría de pertenecer totalmente a Cristo”. Papa Francisco.
La primera acogida y confianza en esta pertenencia que nos vivifica es con uno mismo, quererse, tratarse con cariño y expresarlo a nuestro alrededor.
Como hijos, nosotros y los nuestros, cuando sentimos calor o frío, queremos atendernos, buscar frescor o bien abrigo. Del mismo modo tender a cuidarnos y cuidar a los demás con el abrigo del corazón que se ve en la sonrisa, las palabras tiernas y la intención que cada uno conoce, podemos enriquecer o empobrecer el clima de donde vivimos.
En casa siempre hay alguien que lleva un corazón atento a poner sol a ese clima del hogar. Podemos identificar quiénes de la familia nos dan rayos de sol con su alegría o fresca brisa con sus iniciativas. Y sumarnos.

En las iglesias, los párrocos alegres, los catequistas y nosotros fieles sabernos en al casa del Padre e ir contentos a su encuentro.
Que maravilla de ejemplo de un clima positivo estamos viviendo durante el Sínodo de la Familia esta semanas. Los temas son delicados y contingentes. Los obispos que se han reunido con el Papa Francisco saben que Cristo es el camino y si hemos encontrado el camino a casa, seguirlo es abandono que retorna paz y alegría de conocerlo.
Apoyemos este Encuentro de caminos con nuestra oración y seamos parte del clima de nuestro hogar, la Iglesia.  

domingo, 1 de marzo de 2015

Creo en mi papá (Catequesis para la familia) 01032015

Creo en mi papá

Catequesis para la familia

Madrid,  (Zenit.orgRedacción | 92 hits

 Por Sacramento Rosales
Tras la homilía del sacerdote, la asamblea celebrante reza el Credo. Es un momento especial, una manifestación de amor correspondido que sale de lo más hondo de nuestra experiencia y que compartimos con los demás. Comienza el Credo y manifestamos nuestro conocimiento de sabernos amados por Dios, primero por el Padre...
Sabiéndose a sí mismo cualificado y, puesto que su esencia misma es Amor, comenzó a donarse en cada cosa que creó y que más tarde quiso compartir con nosotros, a quienes nos instituyó como hijos.
Nuestra propia naturaleza de hijos suyos nos hará, a lo largo de la vida, preguntarnos por su existencia. Es por ello que nos enfrentamos a querer reconocernos en Él, aunque no seamos ni creyentes, porque la misma creación grita la Omnipotencia de Dios.
¿Pero cómo es Dios Padre?
Jesús, nos enseña a rezar el Padrenuestro, y nos explica :
"Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos?
¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer.Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos.
Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe!" ( Mateo 6, 26-30)
Podemos añadir de nuestra propia cosecha, de esa con que el Espíritu Santo nos instruye y ayuda para poder llamar a Dios Papá;
-Saliendo al exterior a observar el cielo, las plantas, los insectos, intentando descubrir con cuanto amor Dios Padre sigue creando cada día para nosotros sus hijos. Con cuánto amor hace que la tierra gire en torno al sol para que todos podamos contemplar sus amaneceres.
-Preguntando a los más pequeños ¿Existe el viento? ¿Y cómo sabes que existe si no puedes verlo? ¿Cuándo te quiero con que lo hago? Y explicaran que de palabra. ¿Y si me quedara muda, dejaría de quererte? Y posiblemente digan que con abrazos. ¿Y si no tuviese brazos, dejaría de quererte? Concluimos en que el amor, la esencia de lo que sentimos está en el alma, aunque no podamos verla más allá de sus efectos en nosotros. Así son algunas cosas que Dios Padre crea y que por nuestras limitaciones aún no podemos comprender.
Lo más importante de todos es reconocerse como hijo cuando comenzamos el credo.Saber que es de mi Papá de quien se está hablando. Partiendo de ahí el resto es un proceso de aprendizaje que nuestro Padre se encargará de supervisar. Por eso es importante dedicar tiempo a nuestra familia en la catequesis del credo. Para que llegado el momento de su proclamación en la misa, podamos participar plenamente y no recitárlo como el que aprende al dedillo la estrofa de una canción o un verso.
Por: Sacramento Rosales