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lunes, 27 de julio de 2020

Van Gogh habla del amor necesario (Leonardo Boff) 25072020


Van Gogh habla del amor necesario 

2020-07-25

                Vivimos actualmente tiempos sombríos, de mucho odio, ausencia de refinamiento, y especialmente de falta de amor. La historia no es rectilínea ni la propia evolución del universo lo es. Pasa del orden (cosmos) al desorden (caos), de lo sim-bólico (lo que une) a lo dia-bólico (lo que separa), de las sombras a la luz, de thánatos (las negatividades de la vida) a eros (las excelencias de la vida) y de Cristo al Anti-Cristo.
                Tales antítesis no son deformaciones de la realidad, sino la condición de todas las cosas. En el ámbito humano decimos que así es la condition humaine. Es decir, hay momentos en que predomina el orden, la armonía social, la convivencia inclusiva, que representan el eros. En otros predomina el thánatos, la dimensión de muerte, de odio y de desgarro. Obsérvese que las dos realidades vienen siempre juntas y están simultáneamente presentes en todos los momentos y circunstancias.
                Actualmente a nivel mundial y nacional estamos viviendo duramente la dimensión de thánatos, de lo dia-bólico, de las sombras. Hay guerras en el mundo, racismo, fundamentalismo produciendo incontables víctimas, ascensión del autoritarismo, del populismo, que son disfraces del despotismo. Como si todo esto no bastase, estamos bajo la invasión de la Covid-19, fruto de la sistemática agresión humana contra la naturaleza (antropoceno) y del contraataque que ella está lanzando contra nosotros, poniendo especialmente al capitalismo y a los países militaristas con su máquina de matar, de rodillas.
                Todos los caminos religiosos y espirituales dan centralidad al amor. No necesitamos referirnos a Jesús para quien el amor es todo o al texto de inigualable belleza y verdad de san Pablo en la primera Carta a los Corintios, en el capítulo 13: “el amor nunca acabará… en el presente permanecen estas tres, la fe, la esperanza y el amor, y la más excelente es el amor” (13,8-13).
                No me resisto a citar el texto sobre el amor de la Imitación de Cristo, de 1441, el libro más leído en la cristiandad después de la Biblia. Como canto del cisne de mi actividad teológica de más de 50 años, lo retraduje del latín medieval, depurándole como mucho de los dualismos típicos de la época. Leámoslo: «Gran cosa es el amor. Es un bien verdaderamente inestimable que por si sólo vuelve suave lo que es penoso y soporta sereno toda adversidad. Porque lleva la carga sin sentir el peso, torna lo amargo dulce y sabroso… El amor desea ser libre, y sin amarras que le impidan amar con totalidad. Nada más dulce que el amor, nada más fuerte, nada más sublime, nada más profundo, nada más delicioso, nada más perfecto o mejor en el cielo y en la tierra… Quien ama, vuela, corre, vive alegre, se siente liberado de todas las amarras. Da todo a todos y posee todo en todas las cosas, porque más allá de todas las cosas, descansa en el Sumo Bien del cual se derivan y proceden todos los bienes. No mira las dádivas, se eleva por encima de todos los bienes hasta aquel que los concede. El amor muchas veces no conoce límites pues su fuego interior supera toda medida. Es capaz de todo y realiza cosas que quien no ama no comprende; quien no ama se debilita y acaba cayendo. El amor vigila siempre y hasta duerme sin dormir… Sólo quien ama comprende el amor» (libro III, capítulo 5).
                En los momentos dolorosos que estamos viviendo y sufriendo, tenemos que rescatar lo más importante que verdaderamente nos humaniza: el simple amor. Se siente grandemente su falta en todas partes y relaciones. Sin él nada de grande, de memorable ni de heroico ha sido construido en la historia. El amor hace que tantos médicos y médicas, enfermeros y enfermeras y todos los que trabajan contra la Covid-19, sacrifiquen sus vidas para salvar vidas, y por eso muchos de ellos acaban cayendo víctimas de la enfermedad. Ellos nos confirman la excelencia del amor incondicional. Testimonios de las ciencias de la vida, del arte y de la poesía refuerzan lo que proclaman las religiones. Son convincentes las palabras del genial pintor Vincent van Gogh en una carta a su hermano Théo: «Hay que amar para trabajar y volverse un artista, un artista que pretende poner sentimiento en su obra: primero tiene que sentirse a sí mismo y vivir con su corazón... El amor califica nuestro sentimiento de deber y define claramente nuestro papel... el amor es la más poderosa de todas las fuerzas» (Lettres à son frère Théo, Gallimard 1988, 138, 144). A. Artaud, que hizo la introducción a las cartas de van Gogh, dice de él que rechazó entrar en esta sociedad sin amor: “fue un suicida de la sociedad”.
                Consideremos lo que afirman los estudios sobre el proceso cosmogénico y de la nueva biología. Cada vez está más claro que el amor es un dato objetivo de la realidad global y cósmica, un evento bienaventurado del propio ser de las cosas, en las cuales nosotros estamos incluidos.
                Ejemplo de eso es lo que escribió James Watson, que con Francis Crick descodificó en 1953 la doble hélice del código genético: «El amor pertenece a la esencia de nuestra humanidad. El amor, ese impulso que nos hace cuidar del otro, fue lo que permitió nuestra supervivencia y nuestro éxito en el planeta. Ese impulso, creo que salvaguardará nuestro futuro… Tan fundamental es el amor para la naturaleza humana que estoy seguro de que la capacidad de amar está inscrita en nuestro DNA. Un san Pablo secular (el mismo que tan excelentemente escribió sobre el amor) diría que el amor es la mayor dádiva de nuestros genes a la humanidad». (J. Watson, ADN: el secreto de la vida, Companhia das Letras, São Paulo 2005, p. 433-434).
                Los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela mostraron la presencia cósmica del amor. Dicen que los seres, incluso los más originarios, como los topquarks, se relacionan e interactúan entre ellos espontáneamente, por pura gratuidad y alegría de convivir. Tal relación no responde a una necesidad de supervivencia. Se instaura por un impulso de crear lazos nuevos, por la afinidad que emerge espontáneamente y que produce deleite. Es el adviento del amor.
                De esta forma, la fuerza del amor atraviesa todos los estadios de la evolución y enlaza a todos los seres dándoles irradiación y belleza.
                El amor cósmico realiza lo que la mística ha intuido siempre sobre la gratuidad y la belleza: «la rosa no tiene un por qué. Florece por florecer. Ella no se ocupa de sí misma ni se preocupa de si la admiran o no» (Ángel Silesius). Así el amor, como la flor, ama por amar y florece como fruto de una relación libre, como entre dos personas enamoradas y apasionadas.
                Fernando Pessoa expresó bien esta experiencia en los Poemas de Alberto Caieiro: «Si hablo de la Naturaleza no es porque sepa lo que es /sino porque la amo, y la amo por eso,/ porque quien ama nunca sabe lo que ama/ni sabe por qué ama, ni qué es amar/Amar es la eterna inocencia» (Obra poética, Aguilar 1974, p. 205).
                Por el hecho de ser humanos y autoconscientes, podemos hacer del amor un proyecto personal y civilizatorio: vivirlo conscientemente, crear condiciones para que la amorización se dé entre los seres humanos y con todos los demás seres de la naturaleza, hasta con alguna estrella del Universo.
                El amor es urgente en Brasil y en el mundo. Con realismo Paulo Freire, tan calumniado por los propulsores del odio y de la ignorancia, nos dejó esta misión: forjar una sociedad donde no sea tan difícil el amor. Educar, decía él, es un acto de amor.
                Digámoslo con todas las palabras: el sistema mundial capitalista y neoliberal no ama a las personas. Ama el dinero y los bienes materiales; ama la fuerza de trabajo del obrero, sus músculos, su saber, su producción y su capacidad de consumir. Pero no ama gratuitamente a las personas como personas, portadoras de dignidad y de valor. Lo que nos está salvando en este momento de irrupción de la Covid-19 son, exactamente, los valores que el capitalismo niega.
                Predicar el amor diciendo: «amémonos unos a otros como nos amamos a nosotros mismos», es revolucionario. Es ser anti-cultura dominante y contra el odio imperante.
                Hay que hacer del amor aquello que el gran florentino, Dante Alighieri, escribió al final de cada cántico de la Divina Comedia: “el amor que mueve el cielo y todas las estrellas”; y yo añadiría, amor que mueve nuestras vidas, amor que es el nombre sacrosanto del Ser que hace ser todo lo que es, y que es la Energía sagrada que hace latir de amor nuestros corazones.            



jueves, 14 de noviembre de 2019

"QUE LA FUERZA DEL AMOR NO DISMINUYA NUNCA EN VUESTRO CORAZÓN" (PALABRAS DE MADRE MATILDE)


PALABRAS DE MADRE MATILDE
"QUE LA FUERZA DEL AMOR NO DISMINUYA NUNCA EN VUESTRO CORAZÓN"
MADRE MATILDE nos transmite un deseo..., una esperanza..., un ruego... Pero antes que todo esto una experiencia de vida, que lleva a Matilde a la convicción de que el Amor es lo más importante de la vida.

En nombre del Amor vivió y soñó, en nombre del Amor trabajó y gozó, en nombre del Amor sufrió e incluso murió.

El Amor al que nos invita Matilde es bondad y ternura, es lucha por la justicia, por la libertad y la verdad. Un Amor que es encuentro, generosidad y acogida. Un Amor que se traduce siempre en ayuda a los demás.

Sólo os pido que os améis;
no hacen falta otras leyes ni otros ritos;
que os améis unos a otros,
que multipliquéis los encuentros, las ternuras,
los abrazos,
y que pongáis en común lo que tenéis,
lo que sois;
que dialoguéis, os entendáis.
Sólo quiero que os queráis.
Quiero, amigos míos, que os acompañéis
Y os ayudéis a caminar;
Que os curéis mutuamente las heridas;
Que os perdonéis
y no dejéis a nadie solo.
Daos el tiempo que haga falta.
Regalaos mutuamente algún detalle,
Cosas, gestos,
como signo de amistad y de presencia.
Ya sólo vale el amor.



lunes, 20 de mayo de 2019

Pensamientos sobre el amor

Pensamientos sobre el amor

No anteponer nada al amor de Cristo
¡Qué grande es el amor! Hace ligero todo lo pesado y soporta todo lo difícil; lleva el peso sin fatiga y todo lo amargo lo vuelve sabroso. (Tomás de Kempis)
Hay que demostrar con obras lo que se cree con el corazón.(Anónimo)
El amor de Dios y el amor al prójimo son dos hojas de una puerta que sólo pueden abrirse y cerrarse juntas. (Sören Kierkegaard)
Amar es desear a los demás todo lo bueno; y no por amor a nosotros mismos, sino por amor a los demás. (Aristóteles)
La santidad no consiste en saber mucho ni en mucho meditar; la santidad es un secreto: el secreto de mucho amar. (Santo Tomás de Aquino).
El amor al prójimo es nuestra medida de nuestro amor de Dios. (Edith Estein)
Lo que te quedas para ti, ya lo has perdido. Pero lo que das es tuyo para siempre. (Josef Recla)
El amor es la única prueba de que somos auténticos cristianos. (Johannes Leppich)
Cuanto más amemos y nos demos, tanto más valor y sentido tendrá nuestra vida. (Herman Hesse)
El amor nos enseña todas las virtudes (Plutarco)
Señor, toma este corazón de piedra, y dame un corazón de hombre: un corazón que te ame, un corazón que se alegre en ti, que te imite y que te complazca. (San Ambrosio)
Amar es alegrarse con la alegría de los demás. (Leibnitz)
Sólo se vive cuando se ama. (Claude-Adrien Helvetius)
Dios nos ha dado un solo camino para la vida, y es el amor; un único camino para la felicidad, y es el amor; y un solo camino de perfección, y es también el amor. (Iginio Ugo Tarchetti)
Para conseguir la perfección, solo conozco un medio: el amor. (Santa Teresa de Lisieux)
El amor es como el fuego; si no se echa leña se apaga. (Michail J. Lermontov)
La grandeza de un alma se mide por lo que ama (San Bernardo).
El amor es el único tesoro que se multiplica al dividirlo. (Anónimo)
Cuando venga el día del juicio nos preguntarán no por lo que hemos leído, sino por lo que hemos hecho; no por lo que muy bien hemos hablado, sino por lo que religiosamente hemos vivido. (Tomás de Kempis)
La vida sin amor no vale nada. Pero donde hay amor, la vida rebosa sentido. (Dietrich Bonhoeffer)
Sólo habremos vivido el tiempo en que hemos amado. (Wilhelm Busch)
El que no ama, no conoce a Dios, porque Dios es amor. (San Juan Evangelista)
A veces se dice "Dios castiga a los que ama". Pero no es verdad, porque para quienes Dios ama, las pruebas no son castigos, sino gracias. (Cura de Ars)
Podemos estar ya ahora con Dios en el cielo; podemos ser felices con él en este preciso instante, si amamos como Él ama, si ayudamos como Él ayuda, si damos como Él da, si servimos como Él sirve. (Santa Teresa de Calcuta)
Donde se pronuncia una palabra de amor; donde se hace un acto de caridad, allí Cristo vuelve a resucitar. (Ferdinand Ebner)
Vamos hacia Dios, no caminando, sino amando. (San Agustín)
Los frutos maduran con el sol; los hombres, gracias al amor. (Julius Langben)
Dos son las cosas que hacen madurar al hombre: el amor y el sufrimiento (Johann Messner)
Web católico de Javier

viernes, 3 de noviembre de 2017

EL AMOR - LA IGLESIA 2/2 (Conferencia - Reflexión del Profesor Antonio Oliver)


EL AMOR - LA IGLESIA 2/2








EL AMOR – LA IGLESIA 2/2

Sociedad de los creyentes y de los que se aman.
La Fe sin obra es muerta (Carta de Santiago).
Ir a Misa sin amor no sirve de nada.
Todo lo que sale del corazón es un acto religioso.
Creer es amar.
Dios es Amor y habita en nosotros.

EL AMOR - LA IGLESIA 1/2 (Conferencia - Reflexión del Profesor Antonio Oliver)


EL AMOR - LA IGLESIA 1/2








EL AMOR – LA IGLESIA 1/2

El amor es la base del cristianismo.
Primera carta a los Corintios Cap. 13 (San Pablo).
Si las cosas no se hacen por amor no sirven de nada.
El hombre que no ama no es hombre.
Cristo viene a salvar al hombre.
Diabólico y simbólico.
La eternidad es el lugar del amor.
Ahora sembramos y después recogemos.
La otra vida empieza en esta vida.
Nosotros mismos somos Dios derramándose, en cuanto nos damos.
¿Qué es la Iglesia?

jueves, 28 de septiembre de 2017

El amor, la mejor medicina (Tener salud) 29092017

El amor, la mejor medicina

La amistad y el amor sincero forman parte de los mejores tratamientos contra el cáncer.

Un estudio publicado ya hace cuatro años en el Journal of Clinical Oncology señala que las personas que cuentan con el apoyo de su cónyuge tienen un riesgo un 20% menor de fallecer a causa de la enfermedad. (1)

Independientemente del tipo de cáncer, tienen más probabilidades de sobrevivir que las personas que están solas. Y para algunos tipos de tumores (cáncer de próstata, mama, colorrectal, esófago, cerebro y cuello), el simple hecho de estar casado incrementa las probabilidades de sobrevivir más incluso que… ¡la quimioterapia!

Está claro que lo que marca la diferencia no es el hecho de llevar una alianza en el dedo.

El cónyuge presta una gran cantidad de servicios de carácter práctico: lleva al enfermo al hospital, se asegura de que tiene todas sus cosas (el pijama, las zapatillas o su almohada favorita, así como la comida, su libro o su música), se cerciora de que está tomando la medicación, de que come y bebe como es debido, le ayuda a lavarse, le calma y le ayuda a descansar.

Le cuenta las noticias del exterior que pueden interesarle, informa a su entorno y organiza y promueve visitas reconfortantes. Alerta al equipo médico en caso de algún problema no detectado. Participa en la toma de decisiones sobre el tratamiento y contribuye a elegir la mejor opción.

Hace compañía al enfermo y le presta atención y le da cariño.

A su vez, es más probable que los pacientes reciban un ciclo completo de tratamiento cuando se encuentran acompañados por una persona presente y proactiva, como suele ser el cónyuge. Y es que otros estudios han demostrado que es más factible que, en comparación con las personas que están solas, las personas casadas sigan un tratamiento hasta el final, incluso cuando el tratamiento es doloroso desde el punto de vista físico y requiere visitar con frecuencia el hospital, como normalmente ocurre en el caso de los tratamientos contra el cáncer.

Tener familia cercana incrementa en un 70% las probabilidades de que un paciente cumpla con el tratamiento, según una observación médica de David Kissane, del Instituto contra el cáncer Memorial Sloan-Kettering de Nueva York.

Por último, otros estudios habían señalado que los pacientes casados manifestaban menos síntomas de depresión, sufrimiento y ansiedad que las personas solas. El estrés debilita el sistema inmunitario y la depresión puede impedir también que un paciente acuda a una revisión médica necesaria. Las personas deprimidas que desarrollan un cáncer tienen un riesgo un 39% mayor de fallecer por ese motivo. (2)

Asimismo, es posible que la existencia de la pareja anime a la gente a ir al médico antes, tan pronto como aparecen los primeros síntomas alarmantes.

Importancia de la amistad

Estos datos científicos no se refieren sólo a las personas casadas, sino que también adquieren mucho significado para aquellos que tienen un amigo o un ser querido enfermo de cáncer.

De hecho, demuestran que estar presente, ayudar al amigo a navegar por las aguas del sistema sanitario, a que acuda a sus citas y siga los tratamientos, puede marcar una gran diferencia con respecto a sus posibilidades de sobrevivir.

La vida de los amigos no se encuentra sólo en manos de los médicos.

En realidad, también se encuentra en nuestras manos. Podemos estar… o no estar.

Como resultado, ellos tendrán más o menos probabilidades de salvarse.

Este estudio demuestra que el apoyo del cónyuge es de vital importancia cuando se trata de mejorar las probabilidades de supervivencia de los enfermos de cáncer. Pero en el caso de las personas que no están casadas, el equipo sanitario en su conjunto (enfermeros, psicólogos y trabajadores sociales) debe prestar un apoyo social adicional”, aseguró el Dr. Gregory Masters, oncólogo y portavoz de la Sociedad Americana de Oncología Clínica.

Si eso ocurre con el apoyo de los trabajadores sociales, es evidente que la presencia de buenos amigos, amigos de verdad, puede marcar la mayor diferencia.
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¿Quiere saber qué complemento multivitamínico tomo yo cada día?

La inmensa mayoría de las personas no toma ningún suplemento nutricional porque cree erróneamente que basta con comer para no tener carencias. Los complementos multivitaminas de calidad son un producto esencial que todos los adultos deberíamos tomar diariamente con el fin de prevenir enfermedades como el cáncer, los problemas cardiovasculares y la osteoporosis.

Descubra en este enlace la fórmula vitamínica que también a usted le ayudará a complementar su dieta manteniendo una vida equilibrada.

Continúa el e-letter de hoy:

Cultivar las amistades: la mejor receta para mantener la salud

La amistad sincera, al igual que el amor, no se elige.

Sin embargo, determinadas actitudes pueden alejar de nosotros durante mucho tiempo a la gente que tenemos cerca, poniendo en peligro una relación de amistad que debería haber existido.

No espere a estar en una situación difícil, o a que lo estén sus seres queridos, para reforzar los vínculos con sus verdaderos amigos.

Por ejemplo, es importante no criticar, condenar ni quejarse. En el momento, parece que hablar mal de alguien es una forma rápida y sencilla de despertar interés, de divertirse. Sin embargo, la experiencia nos dice que hacer comentarios negativos destruye las amistades.

De la misma manera, quejarse también sirve para entablar una conversación fácil al principio, pero la gente no tardará en aprender a evitarnos para no tener que escucharnos.

En cambio, es importante dar nuestra opinión sincera y honesta cuando se nos pide.

Muestre un interés sincero hacia los demás; anime a su interlocutor a que hable de sí mismo y escuche con atención todo aquello que le cuente sin tratar de llevar la conversación hacia su persona, ni contar historias que le interesen a usted, aun cuando le parezcan magníficas. Deje que el otro hable la mayor parte del tiempo. Intervenga poco y sólo para decir lo fundamental.

Haga lo necesario para que su interlocutor se sienta importante, pero sin manipularlo y sin hipocresía. Porque si actúa con sinceridad, no hay duda alguna de que encontrará buenos motivos para descubrir la importancia de esa persona; todo el mundo es, a su manera, importante.

Demuestre consideración hacia las opiniones de los demás. No diga “eso es una tontería” o “¡mentira!”. Trate de situarse en la perspectiva de su interlocutor para entender las experiencias y reflexiones que le han llevado a pensar de esa manera. No intente demostrar que se equivoca, ni hacerle quedar mal.

Sonría. Recuerde el nombre de la gente. Para cada uno de nosotros, nuestro nombre es la palabra más importante y que mejor suena del mundo. Debe esforzarse por tratar de recordar el nombre de las personas que va conociendo, y utilizarlo en la conversación. Y vuelvo a repetir: escuche con sinceridad y paciencia su punto de vista. Trate de entender de una manera honesta sus ideas y anhelos en lugar de imponer los suyos propios.

Por último, eche una mano siempre que pueda y de la forma que pueda. Obviamente su objetivo no debe ser hacer amigos hoy para que el día de mañana le vayan a visitar al hospital…

… su objetivo debe consistir en rodearse de personas a las que les encantaría verle llegar a usted si algún día tuvieran que estar ingresadas en el hospital. Lo demás vendrá solo.

¡A su salud!

Juan-M. Dupuis

jueves, 29 de octubre de 2015

La Fuerza del Amor

La Fuerza del Amor
Amor sin reglas es amor sin estímulo. Daría lo mismo ganar que perder


Por: P. Antonio Rivero | Fuente: Catholic.net 



Lo mismo que pasa en el ajedrez, en el fútbol y en las damas chinas, pasa en el amor. Sin reglas de juego no despierta interés. Amor sin reglas es amor sin estímulo. Daría lo mismo ganar que perder.

Del amor hablamos todo el día, a todas horas, en todas partes. Y es precisamente el amor el gran desconocido del hombre. El cristianismo ha hecho del amor no sólo su aspiración más ingente, sino su propia razón de ser. De tal manera que si despojamos al cristianismo del amor, del cristianismo no quedaría nada. Ni una sombra, ni una huella. El árbol sin tronco y sin follaje no sería más árbol.

Hoy día, hay que reconocer, la palabra amor es moneda desgastada, ha perdido su brillo. Casi queda reducida al significado de limosna. Para unos, el amor significa el pequeño o grande obsequio que quiero dar a una persona querida, a un pobre o indigente. Para otros, el amor trae consigo esa connotación de sensualidad y sexualidad: tocarse, besuquearse, arrimarme y apretujarme junto al otro, con peligro de asfixia. Para otros, la palabra amor pasa sólo por las alcobas y las camas. ¿Es esto el verdadero amor?

En esta conferencia quisiera dejarles, a modo de memorandum, algunas reglas del amor, donde se sintetizan las verdaderas características del amor.

1. ABRIR LOS OJOS

El amor comienza por ver al otro necesitado de mí, que está hambriento, sediento, desnudo, encarcelado, herido, triste, deprimido...o, por el contrario, que está alegre, feliz, entusiasta, merecedor de compartir con él sus sentimientos maravillosos. Para esto, se necesitan nuevos ojos, ojos profundos. Hay un refrán que dice: “Ojos que no ven, corazón que no siente”. ¡Qué verdad se encierra en estas palabras!.

Esto significa que debemos tener siempre abiertos los ojos allá por donde vamos. No podemos tropezarnos con nuestro hermano pobre e indigente, sin volver nuestra vista, detenernos y socorrerlo, como hizo el buen samaritano del Evangelio.

El gran peligro que tenemos es la miopía del egoísmo, que nos impide ver en el prójimo a ese Jesús disfrazado de pobre. ¡Terrible miopía que nos cierra las entrañas del corazón a toda necesidad de los demás!

Hay que traer aquí el ejemplo de Madre Teresa de Calcuta. Oigamos sus palabras: “No nací en 1910, como dicen mis documentos. Nací el 10 de septiembre de 1946 en una calle de Calcuta, a los 36 años, cuando tropecé con el cuerpo de una mujer moribunda. Ratas y hormigas se paseaban por sus llagas. La levanté, caminé hasta un hospital cercano y pedí una cama para ella. La mujer murió en esa cama: la primera, la única y la última cama que tuvo en su vida”.

Este encuentro casual cambió la vida de la Madre Teresa, porque en esa mujer vio a Cristo agonizante sobre la dura acera de aquella calle desconocida. A partir de ese momento, fue encontrando a miles y millones de Cristos sufrientes, a quienes ha ido prodigando su amor y su ternura a lo largo de sus 50 años de servicio a los pobres.

Ustedes saben que en todas las capillas de las Hermanas Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa, al lado del crucifijo que cuelga sobre la pared, aparece esta inscripción “I thirst”, “Tengo sed”, como un emblema de la Congregación. Este grito angustioso de Cristo en la cruz, les recuerda a las hermanas el objetivo fundamental de su Congregación: apagar la sed de Jesús en los más pobres y abandonados.

Pero, ¿cómo podrían apagar la sed de Jesús si tuvieran los oídos tapados con la cera de la indiferencia? ¿Cómo podrían socorrer al pobre, si tuvieran los ojos vendados por el egoísmo? ¿Cómo tender sus manos, si las tienen encogidas y adormiladas a causa de la comodidad...o muertas y envenenadas por la avaricia y ambición? ¡Imposible!

Cuenta así la Madre Teresa: “En cierta ocasión escuché que se iba a dar una conferencia de alto nivel sobre el hambre en el mundo y sus graves consecuencias. Como me hallaba de paso en aquella ciudad, fui invitada a participar en la misma. Por motivos ajenos a mi voluntad, equivoqué el camino y no acerté a llegar a la hora al lugar de la conferencia. Después de varios intentos, logré dar con la dirección correcta, pero ignoraba que me esperaba una gran sorpresa. Allí, junto a la sede de la conferencia, había un hombre que se moría de hambre. Lo recogí rápidamente y lo llevé a la Casa de las hermanas. Todos los intentos por rehabilitarlo fueron inútiles. El hombre murió. Reflexioné y me dije: más de mil personas escucharon una hermosa conferencia sobre el hambre y allí, a pocos metros, un hombre agonizaba por falta de alimento”. ¡Qué terrible! El amor no consiste en hablar mucho, sino en socorrer, en hacer algo por los necesitados. El cristianismo no es religión de teorías ni de palabras, sino de acción: “Me diste de comer...me diste de beber...me visitaste...me vestiste...me socorriste”. El amor tiene que ponerse en acción.

Por eso, la primera regla del amor es: abrir bien nuestros ojos y nuestros oídos al necesitado; abrir nuestras manos y tenerlas siempre tendidas.

2. SERVIR Y DAR HASTA QUE TE DUELA

Si ustedes van a una videoteca encontrarán títulos sugestivos de películas como éstos: “Nacidos para triunfar” o “Nacidos para perder”. Si quisiéramos hacer una película del cristiano tendríamos que poner este título: “Nacido para servir”.

El amor tiene que pasar necesariamente por el servicio.

“Dar hasta que duela”. También es frase de la Madre Teresa, especialista del amor.

El amor, para que sea auténtico, tiene que costar. A Jesús le costó mucho amarnos. A Dios Padre le costó mucho amarnos y entregarnos a su Hijo, para que le crucificáramos. A María le costó desprenderse de ese Hijo de sus entrañas, y entregarlo a los verdugos que le dieron muerte.

Por eso, la Madre Teresa repite con frecuencia esto: “No me gusta que den de lo que les sobra, sino de lo que les hace falta...Nunca tengan temor de dar, pero no de lo que les sobra: den hasta que les duela”.

Dar hasta que duela. Con esta frase queremos decir que el amor, para que sea auténtico, tiene que pasar por el crisol del sufrimiento. Fue san Pablo el primero que intuyó esta íntima conexión entre amor y dolor, entre sufrimiento y salvación, aludiendo al sacrificio redentor de Cristo: “Sin derramamiento de sangre, no hay salvación”.

Sin sufrimiento, nuestro amor y caridad no sería más que una asistencia social, muy positiva, sin duda, pero no sería el verdadero amor redentor. Sólo compartiendo con el prójimo sus sufrimientos, siendo parte de los que sufren, podemos redimirlos, podemos llevarlos a Dios y hacer que Dios, que es Amor, entre en sus vidas.

Cuenta la madre Teresa que se casaron dos jóvenes en Calcuta hicieron una boda muy simple y sencilla. Ella llevó un sari liso de algodón y sólo estuvieron presentes los padres de ambos; luego donaron a la madre Teresa el dinero que les habría costado una gran ceremonia matrimonial según el rito hindú para que lo compartieran con los más pobres.

Cuando en una ocasión preguntaron a la madre Teresa si alguna vez terminará el hambre en el mundo contestó: “Terminará cuando aprendamos a compartir”.

Un amor que no está dispuesto a compartir los sufrimientos con la persona amada, en el fondo no es más que un egoísmo disfrazado. Hay que amar hasta que duela. El dolor es la prueba del verdadero amor. Dime cuanto sufres y te diré cuanto amas.

El dolor por sí mismo, independiente del amor, conduce al masoquismo o a un orgulloso estoicismo .

Es un principio teológico que “lo que no se asume, no se redime”. Solamente los que son capaces de bajar al infierno de la desesperación de los pobres, podrán sacar de la miseria material y espiritual a los marginados.

Dar hasta que duela. ¿Se acuerdan del ejemplo narrado por el poeta hindú Tagore?

“Iba yo pidiendo de puerta en puerta por el camino de la aldea, cuando un carro de oro apareció a lo lejos, como un sueño magnífico. Yo me preguntaba quién sería aquel rey de reyes. Mis esperanzas volaron hasta el cielo y pensé que mis días malos habían acabado. Y me quedé aguardando limosnas espontáneas, tesoros desparramados en el polvo. La carroza se paró a mi lado. Él me miró y bajó sonriendo. Sentí la felicidad de la vida, que por fin me había llegado. Y de pronto, me tendió su mano derecha diciéndome. ´¿Puedes darme alguna cosa?´. ¡Qué ocurrencia la de su realeza: pedirle a un mendigo! Yo estaba confuso y no sabía qué hacer. Luego saqué despacio de mi saco un granito de trigo y se lo di... Pero...¡qué sorpresa la mía cuando al vaciar por la tarde mi saco en el suelo, encontré un granito de oro en la miseria del montón! ¡Qué amargamente lloré de no haber tenido corazón para darle todo”.

¡Dar hasta que duela! Es lo que da felicidad interior.

¿Saben el cuento de la rosa y la nube?

“La tierra estaba reseca y dura; desde largo tiempo atrás no caía una gota de agua. Y la pobre rosa, inclinada sobre su tallo, marchita y pálida, se moría de sed. Una tarde vio pasar una nube. Era una nube blanca, enorme como una montaña. La rosa levantó la voz cuanto pudo y le imploró:

- Dame unas gotas de lluvia; estoy sedienta...

- Imposible, amiga mía. Voy de viaje a otros países y no puedo detenerme.

- Unas gotas, nada más... - pidió la flor

Y la nube orgullosa, siguió su marcha; pero a medida que se alejaba, sentíase triste. Una voz interior le decía que había procedido mal.

Volvió apresuradamente, se detuvo sobre la rosa y le dejó caer un poco de lluvia; pero ya era tarde. La dulce flor había caído sobre la tierra, deshecha en un sinnúmero de pétalos amarillos.

La nube prosiguió su viaje llorando y arrepentida de su crueldad con la pobre rosa.

Las almas mezquinas no son dichosas. La caridad embellece nuestra vida y nos hace felices. ¡Da hasta que te duela!

3. DAR HASTA EL SACRIFICIO DE TI MISMO 

No sólo hay que dar cosas. Hay que darse a sí mismo, incluso hasta el propio sacrificio. En esto consiste el verdadero amor: en dar la vida por la persona amada.

Me acuerdo del cuento del escritor inglés Oscar Wilde, titulado “El ruiseñor y la rosa”, que les resumiré ahora y que encarna esta idea que quiero exponer.

Un estudiante estaba triste y desconsolado en su habitación porque su amada novia le había dicho que bailaría con él si le llevaba rosas rojas. En su jardín no había ninguna rosa roja. El ruiseñor le escuchaba conmovido. Decía el estudiante: “El príncipe ofrecerá mañana un baile; yo y mi amada hemos sido invitados. Si yo le llevo una rosa roja ella bailará conmigo hasta el alba y seré muy feliz...Pero mi jardín no ha dado rosas rojas. Ella me despreciará y mi corazón se despedazará”.

Al escucharlo el ruiseñor dijo para sí: “He aquí a alguien que sabe verdaderamente amar. Aquello que yo canto, él lo sufre. Aquello que para mí es gozo, para él es dolor. El amor es una cosa maravillosa. Es más precioso que las esmeraldas y los diamantes. No se puede comprar con perlas preciosas. No es vendido en el mercado. No hay balances para el amor”.

Y mientras estaba llorando en su jardín el pobre estudiante, se fueron acercando varios animalitos y todos le preguntaban por qué estaba llorando. El ruiseñor les dijo: “Llora por una rosa roja”.

“¿Por una rosa roja?”- exclamaron todos. “¡Qué ridiculez!”- dijeron

Pero el ruiseñor sí entendía el secreto del dolor del estudiante y se quedó silencioso reflexionando en el misterio del dolor.

Y en esto, el ruiseñor voló y se posó sobre el primer rosal que encontró: “-¡Dame una rosa roja, amigo rosal, y te cantaré la más dulce de mis canciones!”. El rosal sacudió sus ramitas y respondió: “¡Lo siento, mis rosas son blancas, como la nieve sobre los montes...Pero ve a mi hermano, tal vez él te dé lo que buscas”.

Y así fue. Y encontró parecida respuesta: “Lo siento; mis rosas son amarillas, como el grano de trigo. Ve a mi hermano que florece bajo la ventana del estudiante, tal vez él te dará lo que buscas”.

El ruiseñor se posó sobre el rosal: “Dame una sola rosa roja, por favor”. Le respondió el rosal: “Mi rosas son rojas, es verdad. Pero el invierno me ha congelado las venas, la nieve me ha destruido los capullos y la tempestad me ha roto los tallitos: no tendré ninguna rosa roja este año”. El ruiseñor seguía insistiendo: “Sólo quiero una sola rosa roja, por favor. ¿No existe algún modo de encontrarla?”.

El rosal respondió: “Sí; pero es tan terrible que no tengo el coraje de decirte cómo encontrarla”.

“Dime cómo, por favor; yo no tengo miedo, aunque me duela”- respondió el ruiseñor.

“Si quieres una rosa roja -dice el rosal- debes teñirla con tu propia sangre. Debes cantar para mí con el pecho contra una de mis espinas. Toda la noche debes cantar para mí y la espina debe atravesarte el corazón, y tu sangre debe correr por mis venas y llegar a ser mía”.

Así lo hizo el ruiseñor. Apretó su corazón contra la espina de esa rosa. Toda la noche cantó con el pecho contra la espina. La misma luna fría de cristal se inclinó y escuchó. Toda la noche cantó y la espina le penetró siempre más profundamente en el pecho, mientras la sangre iba coloreando la rosa. Hasta que murió el ruiseñor. Su voz se apagó y brotó una roja rosa maravillosa.

Al mediodía el estudiante abrió la ventana y miró fuera, exclamando: “¡Qué cosa increíble! ¡Una rosa roja! No había visto una rosa semejante en toda mi vida. Es tan bella...”. Salió de la casa, arrancó la rosa roja y se la llevó a su novia amada, pensando durante el camino: “Seguro, que ahora sí bailará conmigo”.

Pero la novia frunció el ceño y con gesto despreciativo le dijo: “No me sirve ya. No entona con mi vestido. Además el nieto del duque me ha mandado joyas verdaderas, y todos saben que las joyas cuestan más que las flores”.

“Eres una ingrata” - dijo rabioso el estudiante. Y arrojó la rosa en el camino. ¿Saben cómo acabó la rosa roja? La rueda de un carro la pisoteó.

“El amor no existe” - concluyó el estudiante. Y se volvió a su casa.

Hasta aquí el cuento de Oscar Wilde. Saquemos las conclusiones:

Para el ruiseñor el amor es la más grande razón de la existencia. No duda por tanto en sacrificar su propia vida para que el estudiante tenga todo lo que desea: el amor y la felicidad de esa joven, a quien amaba.

Para el estudiante, el amor es una especie de ilusión, convencional y pasajero. Mientras el ruiseñor es capaz de amar, el estudiante es egoísta e insensible ante el amor del ruiseñor.

Para la novia, el amor es sólo apariencia. Se queda en las exterioridades: “Esa rosa no entona con mi vestido...además, el nieto del duque me ha regalado unas joyas verdaderas”. ¡Cómo es posible que no valore el sacrificio de ese ruiseñor que dio su sangre por la rosa que hizo feliz a ese estudiante!

Concluyo esta regla del amor: Si nosotros queremos amar, abrirnos a esta realidad maravillosa y mágica del amor, tenemos que estar dispuestos a sacrificarnos por la persona amada. De lo contrario, ese amor es egoísta y ciego, como el del estudiante y el de la novia.

Otro ejemplo, este histórico, que corrobora esta ley del amor: el caso del padre Maximiliano María Kolbe, franciscano polaco. Era en tiempo de los nazis durante la segunda guerra mundial, en Polonia.

20 de julio de 1941. Al pasar lista en el campo de exterminio de Auschwitz, uno de los presos, el número 14 no contesta; se ha fugado del campo.

El comandante ordena diezmar a los presos; de cada diez de ellos uno deberá morir, por culpa del que se fugó.

Entre los destinados a morir, un exsargento polaco, Francisco Gayowniczek, rompe a llorar: - ¡Mis hijos!...¡Mi esposa!...

De en medio de todos los presos del campo presentes en la escena, el número 16670 sale de la formación y le propone al comandante:

- Yo no tengo esposa ni hijos; permítame usted morir en lugar de este compañero.

El comandante acepta. Junto con los demás sentenciados a muerte, el número 16670 es encerrado en el bunker de la muerte, para que muera de hambre. Allí consuela y encamina al Cielo a los demás compañeros, que uno tras otro mueren.

Y como él no moría y necesitaban el bunker para otros, inyectan al padre Kolbe el ácido fénico y lo arrojan al horno crematorio.

En 1971 en la basílica de san Pedro en Roma, el Papa Pablo VI declaró beato al padre Kolbe. Entre los presentes a esa ceremonia, se encontraba el exsargento a quien el padre Kolbe había salvado la vida. Juan Pablo II lo proclamó ya santo: dio su vida y su sangre por el prójimo.

CONCLUSIÓN: Amar, amar más, amar sin medida, amar a todos, amar hasta que duela, amar hasta el sacrificio por la persona amada. Esto es el amor. Lo demás es cuento, fachada, hipocresía. Si no amo, no soy nada, no valgo nada.

Comentarios al P. Antonio Rivero