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lunes, 7 de enero de 2019

«Miraban muy asombrados, con gran alegría»: la visita de los Reyes Magos, según la beata Emmerich 06012019

HEMEROTECA Las visiones de la beata muestran el encuentro con el Salvador

«Miraban muy asombrados, con gran alegría»: la visita de los Reyes Magos, según la beata Emmerich

La beata Ana Catalina Emmerich recibió  numerosas visiones de la vida de Jesús y de María, entre ellas la visita de los Reyes Magos en Belén
La beata Ana Catalina Emmerich recibió numerosas visiones de la vida de Jesús y de María, entre ellas la visita de los Reyes Magos en Belén
Solo se alimentaba de la Eucarístia y no probaba otros alimentos; tenía las llagas de la pasión de Cristo en su cuerpo y, además, poseía un don especial para revelar cómo fue la vida de Jesús y de la Virgen María a base de transmitir lo que ella llamaba "cuadros"; como fotogramas que pudiera estar viendo al mismo tiempo que se producían esos acontecimientos históricos.

Con estos antecedentes no era de extrañar que tanto la autoridad política de principios del siglo XIX (en este caso la napoleónica presente en lo que hoy se conoce como Alemania) y, la eclesiástica, investigaran duramente a una monja agustina llamada Ana Catalina Emmerich, que hoy está beatificada por la Iglesia católica.

Cuando entraba en éxtasis...
La religiosa Ana Catalina solía entrar en éxtasis y eso le permitía contemplar las vidas de Jesús, de la Virgen María, de algunos santos, así como de hechos futuros relacionados con la Iglesia.

Sus visiones las narra en voz alta y suele comenzar su relato con coletillas como: "vi que", "como si", "apareció"... En una primera etapa las recogía su médico, el doctor Wessener, pero fue el escritor Clemente Bretano, reconocido poeta que había trabajado con los hermanos Grimm, el que se convertiría en el encargado de trasladar al papel toda la información que le proporcionaba la monja estigmatizada.

Durante varios años, el literato Bretano realizó una callada y oculta labor de transcribir los "cuadros" que le dictaba Ana Catalina Emmerich, completando más de 16.000 folios. 

La amarga pasión de Cristo
De todo este material, el mismo Bretano preparó un libro titulado La amarga pasión de Cristo (Vozdepapel), traducido al español por José María Sánchez de Toca, uno de los especialistas más reputados de la beata alemana, cuyo texto serviría de base para guionizar la película La Pasión de Cristo de Mel Gibson.


El famoso libro en el que se basó el cineasta Mel Gibson para rodar la película del mismo título y que puede adquirir aquí

Posteriormente, el mismo Bretano preparó un libro titulado Vida de María, con las revelaciones de la beata Emmerich sobre la vida de la Virgen. En español está traducido también por Sánchez de Toca y se titula: La vida oculta de la Virgen María (Vozdepapel)

Precisamente en este libro La vida oculta de la Virgen María (Vozdepapel) están contenidas las revelaciones sobre cómo llegaron los Reyes Magos a Belén; quiénes eran, cuántos componían la caravana real y cómo adoraron al Niño Jesús...


Portada del libro de la beata Emmerich sobre la vida oculta de la Virgen María, publicado por Vozdepapel y que puede adquirir aquí

Los Reyes Magos ya están llegando a Belén...
Cuenta la beata Ana Catalina Emmerich que los Reyes Magos habían dejado el palacio de Herodes, en Jerusalén, tras ser interrogados por éste sobre el nacimiento de Jesús.

Habían salido de la ciudad y tras avanzar unos kilómetros podían ver "una estrella, que relumbraba en la noche como una bola de fuego, ahora parecía como la luna de día y no era exactamente redonda sino como dentada; a menudo la ocultaban las nubes".

La religiosa también señala en sus visiones qué Rey Mago va abriendo camino a la caravana: "Mensor (Melchor), el atezado, que era el más joven, iba delante y le seguía el castaño Seir (Baltasar), y Zeokeno (Gaspar), el más blanco y anciano".

Es evidente que la descripción que hace Ana Catalina de los Reyes Magos, a los que llama "los tres Santos Reyes", difiere en edad y color de piel a lo que tradicionalmente nos han transmitido desde el arte y la tradición popular.

Los Reyes Magos pierden la visión de la estrella
"Vi llegar la caravana de los reyes magos al mismo edificio fuera de Belén donde se inscribieron José y María. Era la antigua casa solariega de David, de la que todavía existe algún muro. Está casa había sido también del padre de José. Era una casa grande con otras más pequeñas alrededor; tenía delante un patio cerrado y delante de él una plaza plantada con árboles y una fuente. En esta plaza vi soldados romanos, ya que la Tesorería estaba en este edificio".

"Cuando la caravana llegó allí, se formó a su alrededor una considerable aglomeración de curiosos. Había desaparecido la estrella y los Reyes estaban un poco inquietos. Se les acercaron unos hombres que les preguntaron".

"Les dijeron que el Valle de los Pastores era un buen sitio para acampar, pero tardaron algún tiempo en decidirse. No oí que preguntaran por el rey de los judíos recién nacido. Sabían que éste era el lugar de la profecía, pero tras la conversación con Herodes temían llamar la atención".

La estrella aparece de nuevo...
"Cuando vieron brillar un resplandor en el cielo a un lado de Belén, como cuando sale la luna, subieron de nuevo en sus monturas y marcharon por la zanja que discurre entre muros caídos y que rodea Belén a Mediodía hasta su parte oriental, y se acercaron al paraje de la Cueva del Pesebre por el lado del campo donde el ángel se apareció a los pastores".

"Entonces, cuando la caravana llegó a la Tumba de Maraha que está en el valle que hay detrás de la Cueva del Pesebre, los Reyes se apearon de sus animales".

"Ya estaba parte del campamento instalado cuando la estrella se apareció a los Reyes clara y brillante encima de la colina del pesebre, y la vieron dejar caer verticalmente sobre la loma un chorro de luz torrencial".

Llegan hasta la cueva donde está la Virgen con el niño
"Al principio la miraban muy asombrados... pero de repente les invadió una gran alegría, pues vieron en el resplandor la figura refulgente de un niño tal y como la habían visto antes en la estrella. Entonces todos se descubrieron la cabeza y expresaron su veneración. Los reyes dieron unos pasos hasta la colina y encontraron la puerta de la cueva. Mensor abrió la puerta y vio la gruta llena de luz celestial, y al fondo la Virgen con el niño, sentada justo tal como ellos la habían visto en sus visiones".
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Primer encuentro con José
"Mensor volvió inmediatamente a decírselo a sus compañeros de viaje mientras José salía de la gruta hacia ellos acompañado de un viejo pastor. Los Reyes le dijeron sencillamente que venían a adorar y traer regalos al rey de los judíos recién nacido, cuya estrella habían visto. José les dio la bienvenida y el viejo pastor los acompañó hasta la caravana y los estuvo ayudando a instalarse".

Adoración del Niño Jesús por los Reyes Magos
"Los Reyes se equiparon para las ceremonias solemnes que se avecinaban. Se pusieron encima unos grandes mantos blancos de cola larga con brillo amarillento como de seda natural... Los tres llevaban a la cintura cinturones de los que colgaban bolsas y cadenitas con cajitas doradas que eran como azucarillos con botones encima... A cada uno de los Reyes le seguían los cuatro acompañantes de la familia". 

"Después siguieron a José muy ordenadamente a ponerse bajo el porche de delante de la cueva, recubrieron la plancha con el lápiz de borlas y cada uno de los Reyes puso encima algunas cajitas y recipientes dorados... Mensor y todos los demás se quitaron las sandalias de los pies. José abrió la puerta de la cueva".

Regalos de los Reyes
"Mensor tomó una bandeja de regalos y al llegar delante de la Virgen, hincó una rodilla y la puso respetuosamente a sus pies encima de un bastidor".

"María estaba más tendida que sentada, con un brazo apoyado en una alfombra, a la izquierda el Niño Jesús que estaba acostado en una artesa recubierta de tapiz... Pero en el momento de entrar, la Santísima Virgen se incorporó para sentarse erguida, se bajó el velo, tomó al niño Jesús en su regazo y lo puso ante sí dentro dentro de su amplio velo".

"Cuando Mensor se arrodilló y depositó los regalos con conmovedoras palabras de homenaje, inclinó humildemente su cabeza descubierta y cruzó sus manos sobre el pecho. María desnudó la parte superior del cuerpo del Niño, que estaba envuelto en pañales rojos y blancos y al que se le veía brillar tiernamente detrás de su velo; le sujetaba la cabecita con una mano y lo abrazaba con la otra; el niño tenía sus manitas cruzadas sobre el pecho como si rezara. Relucía amablemente y a veces también hacía de modo encantador como si agarrara algo en torno a sí". 

El oro de Mensor (Melchor)
"Y entonces vi que Mensor sacó de una bolsa que colgaba de su ceñidor, un puñado de bastoncillos relumbrantes, gruesos y pesados, como de un dedo de largo, con punta por arriba y granitos dorados en el medio, y lo puso humildemente como su regalo junto al Niño Jesús en el regazo de la Santísima Virgen".

"María aceptó el oro, lo agradeció amablemente y lo cubrió con una esquina de su manto".

El turno de Sair (Baltasar)...
"Cuando Mensor se retiró con sus cuatro acompañantes, Sair el castaño se acercó con los suyos. Hincó ambas rodillas con gran humildad y ofreció su regalo con emocionadas palabras mientras ponía en la plancha que estaba delante de Jesús una naveta incensario llena de granos de resina verdosos. Daba incienso porque seguía amorosamente la voluntad de Dios y se acomodaba reverentemente a ella. Estuvo retirado mucho tiempo con gran recogimiento antes de retirarse".

...y Zeokeno (Gaspar)
"Después se acercó Zeokeno, que era el más blanco y el más anciano. era muy viejo y pesado y no intentó arrodillarse, pero estuvo de pie profundamente inclinado y depositó sobre la plancha un vaso de oro con fina hierba verde, un arbolito vertical delgadito y verde, que parecía crecer todavía sobre la raíz, con ramitas rizadas en las que había finas florecitas blancas. Era mirra. Zeokeno ofreció mirra que significa autosacrificio y vencimiento de las pasiones, pues este buen hombre había combatido extraordinarias tentaciones de idolatría, poligamia y violencia. Él y sus acompañantes permanecieron mucho tiempo ante Jesús, muy emocionados, tanto que me daba pena que los otros servidores tuvieran que esperar tanto delante del pesebre para ver al niño".

Palabras emotivas e infantiles de los Reyes
"Las palabras de los Reyes y de todo su séquito eran extraordinariamente emotivas e infantiles; mientras se dejaban caer y presentaban los regalos decían poco más o menos: Hemos visto su estrella y que este niño es el Rey de todos los Reyes, y venimos a adorarle y rendirle tributo con regalos".

"Estaban como completamente arrobados y con una oración infantil y ebria de amor encomendaron al Niño Jesús los suyos, su país y su gente, su hacienda y sus bienes y todo lo que para ellos tenía valor en la Tierra. Que el rey recién nacido quisiera aceptar sus corazones, sus almas y todos sus pensamientos y obras. Que los iluminara y les enviara todas las virtudes; y a la Tierra, felicidad, paz y amor. Al decirlo resplandecían de humildad y de amor y les rodaban lágrimas de alegría por la barba y las mejillas. Eran completamente felices, creían estar dentro de la estrella que desde milenios habían mirado sus antepasados suspirando con tal fiel anhelo. Tenían toda la alegría de la promesa cumplida después de muchos siglos".
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La aceptación de María
"La madre de Dios lo aceptó todo con mucha humildad, dando las gracias. Al principio no dijo nada, pero un sencillo movimiento bajo su velo expresó su alegría devota y emocionada".

"Cuando los Reyes abandonaron la cueva con sus acompañantes y fueron a su tienda, entraron por fin los servidores... que habían estado esperando pacientemente y con mucha humildad delante de la puerta".

"Los servidores no estuvieron mucho tiempo en la Cueva del Pesebre, pues los Reyes volvieron a entrar con toda solemnidad. Se habían cambiado de manto... y llevaban incensarios en sus manos, con los que incensaron con gran respeto al niño, a la Virgen santísima, san José y a toda la Cueva del Pesebre. Luego se retiraron inclinándose profundamente".

La alegría de la Virgen y de san José
"Con todas esas cosas, María y José sentían una alegría tan dulce como nunca les había visto y muchas veces corrían por sus mejillas lágrimas de alegría. El reconocimiento y veneración solemne al Niño Jesús, al que habían tenido que albergar tan pobremente, y cuya altísima dignidad reposaba callada en la humildad de sus corazones, los reconfortaba infinitamente".

La alabanza de los Reyes Magos
"Cuando los Reyes salieron del pesebre aparecieron las estrellas en el cielo. Se pusieron en corro junto al terebinto que está al borde de la Tumba de Maraha y allí tuvieron su culto a las estrellas con cánticos solemnes. Es indecible lo conmovedores que sonaban sus cantos en el valle silencioso. Sus antepasados habían mirado, rezado y cantado a las estrellas tantos siglos, y hoy se habían cumplido todos sus anhelos. Cantaban ebrios de gratitud y alegría".
 

domingo, 6 de enero de 2019

-ARTABÁN, EL CUARTO REY MAGO -(Misterios del Cristianismo) Vicens

Misterios del Cristianismo
-ARTABÁN, EL CUARTO REY MAGO -
Aunque no aparece reflejado en el Evangelio de San Mateo, la tradición nos habla de un cuarto Rey Mago, de nombre Artabán. Cierta o no, la historia es apasionante. El propósito del Rey Artabán era unirse a los otros tres Reyes en el camino que la estrella indicaba para adorar al niño Dios nacido.
Mientras lo hacía, se cruzó en su camino con un anciano que necesitaba ayuda. El anciano estaba enfermo, solo y desamparado. Artabán dudó, si atendida al anciano acompañandole, perdería el tiempo suficiente como para llegar tarde a su encuentro con Melchor, Gaspar y Baltasar.
Es posible que Artabán ni siquiera supiera que Reyes estaban en camino, sólo sabía seguir la estrella, tal cual estaba escrito en los designios.
Artabán decidió atender al anciano y, por lo mismo, se retraso su viaje. Cuando quiso llegar, el niño Jesús ya había nacido. Es más, María y José, junto a Él, ya habían emprendido el camino a Egipto, huyendo de las atrocidades que Herodes había ordenado, mandando matar a todos los recién nacidos. Al igual que Melchor, Gaspar y Baltasar llevaban Oro, Incienso y Mirra para obsequiar al hijo de Dios, el presente que portaba Artabán eran piedras preciosas que, lógicamente, no pudo entregar.
Artabán decidió seguir los pasos de Jesús, pero no pudo encontrarle. Sí que durante su travesía, encontró a muchas personas que necesitaban ayuda. Todas las piedras preciosas que poseía las fue vendiendo para atender a las gentes necesitadas.
La leyenda de Artabán continua explicando el periplo del Rey en busca de Jesús. Una búsqueda infructuosa que le llevó a recorrer los caminos del desierto durante 33 años. Tiempo en el cuál, siguió ayudando a todo aquél que se lo solicitara, o a quien encontraba en dificultades.
33 años después de comenzado el viaje, Artabán llegó al monte Gólgota, donde había escuchado se crucificaria a un hombre que se decía ser hijo de Dios, el Mesías enviado por el Altísimo para salvar a la humanidad de sus pecados.
Artabán solo contaba con un rubí. A pesar de todo, recorrió el camino hacía el Gólgota con la esperanza de encontrarse con Jesús. Justo cuando estuvo a punto de llegar, se cruzó con una mujer que iba a ser vendida como esclava para pagar las deudas que había contraído su padre. Artabán no pudo evitar ignorar tamaña injusticia y, con ese último rubí, pagó la libertad de la joven.
Apesadumbrado, Artabán se sentó en la plaza, sin llegar a lo alto del Monte donde iban a crucificar a Jesús de Nazaret.
Fue, en ese momento, cuando el estrépito sobrevino. Tembló la tierra y los cielos crujieron. Allí, abatido, Artabán escuchó la voz de Jesús: "Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste".
Artabán, atónito, preguntó en voz alta: ¿Cuando hice yo eso?. La voz de Jesús, le respondió: "Todo lo que hiciste por los demás lo hiciste por mí".

martes, 18 de diciembre de 2018

El verdadero significado de la Mirra 18122018

El verdadero significado de la Mirra
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18 de Diciembre de 2018 /
 
 
Redacción (Martes, 18-12-2018, Gaudium Press) En unos días, cuando meditemos sobre los augustos misterios de la Navidad, en que Dios se hace hombre, y el Supremo Creador se presenta a la Humanidad como un indefenso Niño reposando en un Pesebre, la figura de los Tres reyes magos venidos de Oriente, también hará su aparición, como figura inseparable de las festividades.
Melchor, Gaspar y Baltazar traerán en sus manos su homenaje de adoración, acompañados por la misteriosa estrella que los guiará a través de las vastitudes de los desiertos, hasta la humilde gruta de Belén.
Ha llegado hasta nosotros, que sus regalos consistían en tres específicos objetos: oro, incienso y mirra.
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El oro, don precioso y signo de riqueza, era el presente más apropiado para un Rey, simbolizando el poderío y la autoridad de un soberano. El incienso, por su parte, es el ofrecimiento más apropiado a la Divinidad, pues al ser quemado no solamente se evapora en una fragancia agradable, sino que al mismo tiempo sube lentamente hasta desaparecer en las alturas, dando a entender que nuestras ofrendas, cuando son verdaderas, deben ascender hacia lo alto, no guardando nada para sí.
La mirra, sin embargo, no representa ni la realeza, ni el ofrecimiento divino, sino un contrario totalmente armónico: el sufrimiento y la cruz. De un potente sabor amargo, la mirra fue un bien muy apreciado y valioso en los tiempos antiguos, por sus múltiples usos, entre los que más se destacaba formar ungüento base para embalsamar cadáveres.
Pues bien, oro, incienso y mirra, son la trilogía que define las características esenciales del Salvador, del Mesías esperado por milenios: su Personalidad Divina unía en sí al Sacerdote, al Rey y a la Víctima, para enseñarnos que la verdadera grandeza, nace del ofrecimiento, de la abnegación y del dolor, ofrecidos a los pies del altar verdadero: la Cruz.
En estas Navidades, cuando meditemos sobre los Sagrados Misterios de la Redención, y mientras las alegrías de la medianoche nos inundan con la gozo propio de la llegada del Esperado de las Naciones, adoremos al Niño Dios en los brazos de su Madre Santísima, cantando con los ángeles "Gloria en lo alto del Cielo y Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad", pero sin olvidarnos que junto al oro y al incienso traídos por los Reyes Magos, la amarga mirra nos recuerda que "la verdadera gloria solo nace del dolor..." 1
Por Gustavo Kralj
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1- Plinio Corrêa de Oliveira - "La Verdadera Gloria solo nace del Dolor" - Revista Catolicismo, N° 78 - Junio 1957

sábado, 6 de enero de 2018

Los «Reyes Magos» sí existieron: eran diplomáticos nabateos pero no monarcas, afirma un investigador 06012018

El padre Dwight Longenecker investiga este relato de San Mateo en su nuevo libro

Los «Reyes Magos» sí existieron: eran diplomáticos nabateos pero no monarcas, afirma un investigador

Los «Reyes Magos» sí existieron: eran diplomáticos nabateos pero no monarcas, afirma un investigador
Así aparecían representados los Reyes Magos en la película de Ben Hur

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6 enero 2018
Los Reyes Magos son unos de los personajes más enigmáticos de la Sagrada Escritura pero a su vez de los más populares y queridos, sobre todo por los niños. Sin embargo, en la Biblia sólo San Mateo habla en su Evangelio de los “Magos”.

Concretamente, en el capítulo 2: “Después de oír al rey (Herodes), se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron: abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran a Herodes, se retiraron a su país por otro camino”.

Arrojar más luz al escrito evangélico
De este relato evangélico se pueden conocer pocos datos. Mateo hablaba de “unos magos que venían de Oriente” pero en ningún momento se dice que eran Reyes, ni que eran tres, ni cuáles eran sus nombres. Ni siquiera se sabe de dónde venían. La tradición ha ido alimentando este relato y al hablar de Oriente se dio por hecho de que llegaron de Persia o Arabia.


Dwight Longenecker es un conocido sacerdote católico que se convirtió del anglicanismo

Los Reyes Magos existieron de verdad
El sacerdote Dwight Longenecker, es un conocido autor de numerosos libros de teología, espiritualidad, apologética y de testimonios, pero ahora acaba de embarcarse en uno que puede levantar ampollas o arrojar luz a este relato de Mateo sobre los Magos que adoraron al Niño.

El origen de este libro, The Mystery of the Magi—The Quest for the True Identity of the Three Wise Men (El misterio de los magos: la búsqueda de la verdadera identidad de los tres sabios), cuenta este sacerdote, es la opinión generalizada entre muchos estudiosos del Nuevo Testamento de que la historia de los Reyes Magos no es más que una ficción piadosa. Un experto en esta materia le dijo una vez que cualquiera que quisiera hacerse un nombre en el mundo académico en este ámbito ni siquiera puede insinuar la idea de que piensa que la historia de los magos puede ser cierta.

Y así fue como este sacerdote, fascinado desde niño por la Navidad decidió lanzarse. “Sin tener una carrera académica por la que preocuparme, pensé que sería interesante investigar el tema yo mismo y comprobar si podría haber alguna base histórica para el antiguo cuento de los Reyes Magos que vinieron de Oriente para adorar a Cristo niño”, afirmó.

Mucho más de lo que esperaba
“Lo que descubrí estaba más allá de mis más locas esperanzas. Una vez que empecé a investigar, fue sorprendente cómo todas las piezas del rompecabezas comenzaron a juntarse.
 Debo decir que las leyendas y los mitos fantásticos que se han desarrollado en torno a la historia de los Reyes Magos no pueden justificarse históricamente, pero la breve y simple descripción de Mateo se ajusta perfectamente a lo que sabemos de la geografía, la economía, la política y la cultura de la época”, afirma en una entrevista en Catholic World Report.

En su relato, explica Longenecker, “ahondé en geografía, historia antigua, arqueología, religión y cultura del Imperio romano de tiempos del nacimiento de Jesús y me maravilló resolver una explicación perfectamente buena sobre quiénes fueron los Reyes Magos, de dónde venían y por qué viajaron para rendir homenaje al recién nacido Rey de los judíos”.

Diplomáticos pero no reyes
¿A qué conclusión llegó? Este sacerdote afirma que los Magos de Oriente eran diplomáticos del reino de los Nabateos. En su teoría, asegura que estos representantes viajaron “para rendir homenaje al recién nacido Rey de los Judíos, que pensaban que sería un nieto o bisnieto de Herodes el Grande. También fueron buscadores espirituales que buscaban al Mesías”.



Explica además que “con su capital en la famosa ciudad de Petra, el rey nabateo Aretas IV tenía toda la motivación de comentar una alianza con Herodes el Grande. Cuando los magos de su corte discernieron que había nacido un nuevo heredero al trono judío, Aretas los envió como emisarios a la corte de Herodes para rendir homenaje”.

La ayude de la ciencia y de nuevos descubrimientos
De esta manera, los Magos procedían de un reino cercano y no de uno lejano tal y como se pensaba hasta ahora. “Sus presentes de oro, incienso y mirra eran ofrendas diplomáticas representativas del reino. Con un trasfondo judío y conociendo las profecías del Antiguo Testamento, también estarían buscando al Mesías venidero”, añade.

Se sirvió de varios descubrimientos y fuentes en distintos ámbitos para llegar a esta conclusión: “En la década de 1930, el arqueólogo Nelson Glueck descubrió un zodíaco de piedra en el templo nabateo de Khirbet et Tannur que data del siglo primero. Esto indica que los nabateos seguían una religión astral y eran expertos en astrología. La nueva ciencia de la arqueoastronomía ha demostrado que las ciudades y templos nabateos se construyeron en alineación con las constelaciones y los ciclos estelares. Esto también muestra que los nabateos fueron observadores de estrellas. Los descubrimientos textuales relacionados con los Rollos del Mar Muerto, el cada vez más detallado Antiguo Testamento y la erudición histórica también ayudaron a llenar los espacios en blanco”.

Tres explicaciones de por qué no se había escrito antes
Según avanzaba en sus investigaciones se preguntaba por qué nadie había escrito sobre lo que él iba descubriendo pero nadie lo había hecho. Según él, hay tres motivos:

En primer lugar, los Magos serían diplomáticos nabateos y “durante mucho tiempo, la civilización nabatea se había perdido para los historiadores. Su cultura al noroeste de Arabia se ocultaba en ruinas bajo en las arenas del desierto y, como no dejaron historia escrita, se sabía muy poco de ellos. Solamente en los últimos 50 o 60 años hemos aprendido más sobre este fabuloso y misterioso reino del desierto. Más recientemente, las avanzadas técnicas de arqueología y estudios forenses, combinadas con nuevas ciencias como la arqueoastronomía, han ofrecido más pistas para identificar a los Reyes Magos”.

En segundo lugar, los cristianos habían aceptado las elaboradas tradiciones que se han acumulado en torno a la historia de los Reyes Magos y no se sintieron obligados a cuestionarlas. Una de estas suposiciones era que los Magos venían de Persia o India. Nadie lo investigó. Simplemente asumieron que Mateo dijo que venían de “Oriente" y dieron por hecho que eran de Persia o Arabia.



En tercer lugar está la suposición entre los estudiosos del Nuevo Testamento de que toda la historia era una fábula piadosa les impidió mirar más allá en las posibilidades históricas. "¿Por qué?", ​​podrían preguntarse, "¿alguien buscaría la base histórica de Blancanieves y los siete enanitos?".

Este cúmulo de cosas habría hecho, según Longenecker, lo que habría provocado que no se conociera quiénes eran en realidad los Magos de Oriente.

"Importa porque la historia importa"
Para él hay que ir siempre hasta el final. “Importa porque la historia importa y la historia importa porque la verdad importa. Mucha gente considera que el evangelio cristiano es un tejido de leyendas, mitos e historias mágicas. Este libro es importante porque basa esta historia, que se percibe más ampliamente como un cuento de hadas, en la política, la economía, la geografía, la religión y la cultura del Imperio Romano en el momento del nacimiento de Cristo”, agrega Longenecker.

Además añade que “si estoy en lo cierto al decir que la historia de los Reyes Magos está enraizada en la historia, entonces esta es una prueba más que se une al creciente cuerpo de evidencia que respalda la confiabilidad histórica de los evangelios. En otras palabras, si podemos confiar en que Mateo nos cuente la historia de los Magos, podemos tener mucha más confianza en el resto de la historia del evangelio”.

sábado, 7 de enero de 2017

Como cayeron las estrellas (una reflexión sobre el primer peregrinaje: los reyes-magos de la Ciudad de Dios) Marina Korotchenko



Como cayeron las estrellas 
(una reflexión sobre el primer peregrinaje: los reyes-magos de la Ciudad de Dios) 

Los reyes no podían decir ni una palabra,

mirando a este poder reluciente. 

Y algo salía como una sombra velada,

y todo surgía otra vez de la nada.

El olor de la mirra llevaba el viento.

El tiempo borraba a las olas del desierto. 

La tierra estaba aún sin caminos. 

Las Parcas dejaron tejer a los destinos. 

Solo él que renace se sienta muerto. 

Una leyenda es algo fácil y en el mismo tiempo difícil de comprender, porque nada en ella promete ser una verdad exacta, sino todo contiene un sentido tan profundo que todos los detalles se convierten en los símbolos. No sabemos quiénes eran ellos: unos sabios astrólogos del Oriente, los reyes pastores de las tribus del desierto, iguales que los que gobernaban en los tiempos de la primera Alianza a las tribus de Israel. Más tarde los autores medievales les darán a los nombres, convirtiendo a ellos en los representantes de las razas humanas. Y en este exegesis también habrá su profunda verdad, porque el propio número tres reflejaba a una plenitud de la Trinidad, de una sociedad ideal y de un Estado celestial.


En el Evangelio según Lucas estos reyes como los portadores del poder respondieron a la llamada de los ángeles del cielo. La encarnación de Jesús introducía a la humanidad en una vida trinitaria, levantando a nuestra naturaleza caída como un tabernáculo al sol (Salmo 19 comentado por Clemente de Alejandría). Desde la encarnación la sociedad siempre va a tener como su excelso ejemplo a un “comunio” trinitario. “Contemplando a la Santa Trinidad que se apague el odio y las luchas de este mundo” (“La vida de Santo Sergio de Radonej” de Epifanio el Sabio”). Por eso en las crónicas medievales muchas “triadas” de los personajes bíblicos reciben este significado de la universalidad y de la totalidad del mundo humano, como por ejemplo Sem, Cam y Jafet que se convirtieron en los progenitores de los hebreos, árabes y europeos (un relato sobre esto aparece en la primera crónica rusa medieval “La Narración sobre los años venideros” s. XII). Ante un Dios encarnado los reyes-magos representaban a toda la humanidad, a su estructura estatal, a su conocimiento y a su gobierno, a una sociedad que estaba ante un cambio más importante en su historia.

La luz de la estrella como un fuego quemaba a todos los cálculos de los magos astrólogos, sus cartas astrales trazadas en el papiro de repente empezaron a ser unos dibujos sin ningún sentido. La estrella de Belén rompía a todo los viejos esquemas, que mando a los 2 círculos y a los cuadrados de los destinos humanos en los mapas astrológicos. La pecaminosa esclavitud del hombre consistía en la imposibilidad de elegir a su destino, como máximo su camino vital podría vacilarse entre las estrellas altas (en el nivel máximo realizado todo dado por la naturaleza) y las estrellas bajas (no se realizó de todo), pero ningunos cambios cardenales el hombre antiguo simplemente no conocía. Esto había sido imposible porque las Parcas y las Moiras ya tejían a los destinos y eran una fuerza ciega de la que dependía lo que iba a pasar, como íbamos a morir y todos los recuerdos sobre nosotros. La vida del Edipo estaba ante los ojos de todos y cada uno sabía que con él jugaban los dioses, las estrellas y las otras fuerzas extrañas de la naturaleza desconocida. Y nadie sabía quién va a ganar en este juego. La gente sencilla tenía miedo de estos dioses de destino, los héroes despreciaban a esta fuerza, pero morán igual como Patroclo, porque todo ya había sido decidido.

 La llegada del Dios al mundo, su encarnación, dio a nuestra naturaleza la libertad de la elección de destino. Cada pecador podría arrepentirse y convertirse en un seguidor del Cristo, cada oveja negra había sido buscada por el Señor, nadie ya estaba abandonado y olvidado. Dios Padre nos adoptó en su Hijo y este vínculo anunciaba a la nueva creación como la restauración de la nuestra libertad. Al hombre vivo no le podemos juzgar porque siempre puede estar ante un cambio crucial de su vida. Cada uno de nosotros está libre de volverse a su Padre divino como un hijo pródigo. Y la estrella iluminaba por primera vez a este camino, su luz quemaba a la esclavitud de destino y los reyes, como los sabios de este mundo, los primeros vieron a este cambio.


 En sus personas se nos demuestra que el mundo comprendía lo que estaba pasando. Aquí podemos ver un caso de la profunda reflexión expresada en la leyenda. Los reyes-magos no estaban afligidos porque se acabó el poder de su conocimiento, ellos sabían muy bien que las mismas fuerzas fatales también afectaban a ellos. No había en el mundo nadie menos libre que un rey-mago. Ellos trajeron los dones reales al niño divino en el agradecimiento por su libertad y como un reconocimiento de la otra autoridad superior que puede cambiar al mundo. Los reyes viajaron por los montes y desiertos hasta la cueva de Belén conociendo que ellos ya estaban libres, que con su viejo conocimiento y con su viejo poder también se acabó su esclavitud.

Muchos emperadores nacieron bajo las estrellas, pero su divinidad y su eternidad solo se reconocían paradójicamente después de su muerte. El rostro del emperador muerto hecho de la cera blanca se derretía en la hoguera y se levantaba el humo que subía al cielo en la forma de águila o de fénix, en el humo es fácil de ver a las imágenes. Y esta ilusión había sido una señal de la eternidad, de la inmortalidad. Sólo un emperador muerto podría ser eterno. Nadie veía a su cuerpo mortal, porque una muerte real podría matar a la inmortalidad imaginaria (E. Bickerman “Consecratio” en “Le culte des souverains dans l´Empire Romaine”).

Pero el niño divino era la misma eternidad viva que entró en el tiempo, una eternidad nacida para el renacimiento de todos, un Mesías que llegó para vencer a la muerte y a abolir a su poder. El mundo viejo se acababa, los magos representaban a este mundo y aceptaron al nuevo camino, a las otras perspectivas, a un poder verdadero que solo quería ser bondad y amor. El rey Herodes había sido en algún sentido un anti-mago, su enfrentamiento con el Dios demostraba que él no entendía el sentido de los que pasaba en el mundo y tenía miedo de los 3 cambios, aferrándose a lo que tiene. El trasfondo legendario de su historia no disminuye a su sentido en la narración: él había sido dado para ser un contraste para los reyes-magos, mostrando la trágica separación del mundo. Cristo desde el principio era una espada que separaba a la gente, que les obligaba a definirse ante cada acontecimiento de la vida divina.

Los reyes-magos veían a este sentido. En la liturgia ortodoxa hay unas palabras muy bellas: “los magos instruidos por la estrella”. Ellos eran muy buenos alumnos y la estrella por eso podía ser su maestra. La capacidad de los magos de acoger al nuevo conocimiento y a la nueva escala de los valores demostraba a su verdadera sabiduría. Estos reyes llegaron del “Eclesiastés”, sabiendo que “su hora de nacer y su hora de morir; su hora de plantar y su hora de arrancar el plantado” ahora depende de una fuerza bondadosa que regala su libertad al hombre mismo. No es que “habrá tiempo para todo”, sino uno puede elegir para que vaya a servir su tiempo. Hasta el hombre ya podía elegir como morir, como mártires negando en los coliseos poner a los trajes de los dioses paganos y fallecer como unos payases criminales, sino proclamar a su fe en todos los martirios y cantando a la alabaza al Señor. Si, con el mal que hay en el mundo el destino cristiano será la cruz, pero siempre libremente elegida y aceptada.

Los magos salieron de sus ciudades orientales, opulentas y ricas, y libremente seguían a la estrella en este primer peregrinaje en la historia, las viejas capitales llenas de conocimiento se quedaron atrás, ante los reyes estaba un pueblo pobre y una cueva, donde la propia tierra, el polvo del cual había sido creado el primer hombre, escondía al Dios. El niño divino parecía quedarse fuera de la civilización, de la antigua cultura, unido con los animales en su pesebre como Adán en el paraíso. Y todo esto tenía su lógica, porque él era un poder externo que debería cambiar a todo, él no dependía de este mundo, sino el futuro de toda la humanidad ahora se concentraba en él. La hoguera-estrella quemaba a las viejas constelaciones, a todos los hilos de Ariadna, a todos los héroes inmortalizados solo después de su muerte. Y se oía el canto de los ángeles que gobernaban a las estrella en el “Libro de Enoc”, porque ellos también recibieron a su libertad, todo lo creado se renacía en el niño y ya podría servir al Dios libremente.


Los magos con su adoración dieron la respuesta a toda la teoría sobre la dependencia humana de las circunstancias exteriores, sean ellas genéticas, históricas, raciales o psicológicas: un hombre nunca de nada depende definitivamente, incluso matando no le pueden privar de su libertad, porque la elección existe siempre. El mundo acabó de moverse por el círculo vicioso de los presocráticos: del agua al agua, del fuego al fuego y recibió el otro significado. El mundo empezó a ser el camino hacia Dios. Una línea recta cambio al círculo, porque solo una vez nació el Cristo.

¿Existían estos reyes-magos en la realidad? Si. A veces puede parecerse que todo lo que se menciona en las Sagradas Escrituras existía en algún sentido máximo, siendo un núcleo de una importancia innegable. Sabemos que el poder de un rey mágico se extendía hasta el siglo IX y que había una diferencia muy grande entre él y un rey santo o ungido y consagrado. Rey-mago no había sido un rey puesto por el Dios y en el servicio divino, sino un rey-dios de su pueblo, sacralizado como una divinidad pagana durante la vida. De él dependían victorias en las guerras, la fertilidad de las tierras y la salud de su pueblo. En las tribus prehistóricas un rey-caudillo de este tipo siempre debería ser joven y fuerte: del rey dependía la buena cosecha y por eso le sacrificaban con las primeras señales de la vejez (J. Frazer “La rama dorada. Magia y religión”; M. Sot « Hérédité Royale et pouvoir sacré avant 987 » en Annales ESC, 1988, 3). Más tarde este sacrificio o autosacrificio se reemplazó por una muerte simbólica, por un muñeco quemado o destrozado, pero el sentido del rito seguía siendo vivo. Asimismo el destino de un rey-mago no dependía de él, sino de la naturaleza ciega. Un rey sacralizado o santo como un poder justo y verdadero apareció como un fenómeno extendido sólo con el cristianismo que se desarrolló el rito de la unción real como una protección de poder justo y la máxima “no toquéis a mis ungidos” se convirtió en el fundamento de la estabilidad política.



Los reyes-magos trajeron la mirra de la unción a un rey verdadero. Como cayó la vieja sabiduría, tanto se acabó y la antigua concepción del poder. Un rey-mago solo había sido un portador del poder que dependía de los otros, pero el niño divino era el mismo poder, una autoridad independiente que podría poner y deponer a los gobernantes, sin embargo, con esto les liberaba de las fuerzas de la naturaleza caída que casi siempre se acababa culminando con un acto de violencia, real o simbólico. Dejando a sus oro, láudano y mirra cerca del pesebre un rey-mago sabía que él también vence a la muerte, atraviesa a la frontera del pecado, eligiendo el bien. El poder mágico no daba ni felicidad ni seguridad, un rey-mago había sido utilizado, pero no amado. Y los tres reyes llegaron a su Padre como los hijos pródigos. El padre-niño dormía en el pesebre, pero él ya estaba aquí y ellos dejaron a sus dones reales como un prisionero que se libera de sus cadenas. “¡Toma a este oro, Rey, a este láudano de la liturgia, a este mirra de la unción! Solo tú puedes gobernar a este mundo”.

En este reconocimiento del Cristo había una humildad de la sabiduría verdadera, una apertura hacia el Señor y un deseo del poder verdadero sobre la muerte. Todo lo que se acercaba al niño ya estaba salvado: los reyes, el viejo Simón. El mundo reconoció a su Dios y esto era muy importante. Era muy importante que existiera la gente que estaba capaz de reconocerle. “No soy un profeta en mi Patria”, pero siempre había algunos tres o doce, o setenta que ya formaban junto a él a la otra Patria celestial. Al lado del pesebre sentaba la Virgen que en la máxima altura estaba capaz de entender y recibir y ante el pesebre estaban postrados los tres reyes unidos con la Virgen en esta adoración y aceptación. Por los veinte justos Dios salvaba a una ciudad. Nuestra humanidad tenía a estos hombres justos y merecía ser salvada, convertida en el Cuerpo de Cristo y en una Ciudad de Dios. La postración, “proskynesis”, había sido una ceremonia de servicio, los reyes-magos se proclamaban los servidores del Señor. Todo maestro debería tener a los discípulos y la estrella-maestra ya prometía que Mesías les va a tener.

Los reyes en su viaje van en pos de la estrella, asimismo recordando a nosotros el éxodo del pueblo de Israel del Egipto en pos de una columna del fuego. A este periodo tan importante de la unión de Yahveh con su pueblo en el desierto recuerda también el viaje de la Sagrada Familia en Egipto. Sin embargo, existe una diferencia muy grande: los reyes van detrás de la luz y llegan hacía el Dios encarnado, hacia el Señor revelado como una persona. El fuego de la columna se convierte en la luz de la divinidad encarnada. Ellos eran los primeros que podían ver al nacido antes de los tiempos como al uno de la humanidad. Según Santo Juan Crisóstomo, Dios se humilló en su encarnación porque si hubiera manifestado a su divinidad directamente, “habría anonadado a todo el género humano, pues nadie había podido resistir la excesiva intensidad de su luz” (Homilía 6,1 en Juan Crisóstomo “Homilías sobre el Evangelio de San Juan”). Pero esta luz no era natural y creada, sino la “luz que llega a los hombres a  través de su fe” (Homilía 5, 4). La divinidad había sido mostrada sin ningún velo. Nada en él no era occidental: ni su luz, ni su eternidad, ni su potestad regia, sino todo derivaba de su sustancia y naturaleza divina.



En algún sentido podemos decir que los reyes encontraron al Señor y a la estrella gracias a su fe, porque los buscaban y esperaban, como alguien que está afectado por la ceguera busca a su curación, como este pastor ciego del poema de Luis Rosales curado por el niño:

“ya caído

 toqué al cuerpo de un niño, yo quería

 pedirle ver y me encontré mirando

 sintiéndome nacer, recién nacido,

 junto al rostro de Dios que sonreía”

 (“Del pastor ciego que abrió sus ojos a nueva vida”).

 Este pastor iba a Belén arrastrándose, palpando los muros. La luz ya no ciega, sino cura a la ceguera. Nadie ya irá palpando los muros por el laberinto de Creta, siguiendo al frágil hilo de la Parca. Las altas y las bajas estrellas cambiaron a su curso, empezando como los ángeles en el “Paraíso” de Dante contar la gloria, girando alrededor de la única estrella que liberaba a los vivos y a los muertos del poder de pecado.

Los reyes en su peregrinaje recibieron a la Gracia del perdón. El mundo viejo se derrumbaba como el Templo de Jerusalén. Será abolido todo el recuerdo del sacrificio mágico. En esta oscura cueva al mundo se revelaba su sentido: “un niño recién nacido y un Dios Eterno” (la liturgia ortodoxa de la Navidad). Las antinomias se chocaban y en esta contradicción renacía el mundo que ya no va a seguir a sus viejas leyes de la lógica en todo, sino va a adquirir a la otra profundidad, al otro nivel, a su eternidad como un fondo trascendente.

 Ilustraciones: fotos de Renger, iconos ortodoxos de la Natividad de Nuestro Señor

Reyes Magos regalaron a Jesús oro por ser Rey, incienso por ser Dios y mirra como hombre 06012017

Reyes Magos regalaron a Jesús oro por ser Rey, incienso por ser Dios y mirra como hombre

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MADRID, 06 Ene. 14 / 05:14 am (ACI/Europa Press).- El Profesor de Historia del Oriente Próximo de la Universidad CEU San Pablo, Hipólito Sanchiz, ha explicado que los tres regalos con los que obsequiaron los Reyes Magos al Niño Jesús no fueron elegidos por casualidad, pues el oro era un regalo para Jesús como Rey --pues era un regalo destinado a reyes--, el incienso era un presente para Jesús como Dios --pues esta resina se quemaba delante de los dioses-- y la mirra, para Jesús como hombre --pues con ella se embalsamaba a los muertos--.
Así, Sanchiz explica que el oro, el incienso y la mirra que los Reyes de Oriente entregaron al niño Jesús en Belén estaban asociados a ciertos conceptos y rituales, más allá de que los tres puedan ser equiparados a lo que hoy se consideran productos "caros" y de "lujo".
Concretamente, respecto del oro, considera que puede ser interpretado "como regalo regio, destinado a un rey" y recuerda que en Mateo 2,2 se hace referencia a que los Reyes Magos llegaron a Belén en búsqueda del nacimiento del "Rey de los Judíos", por lo que la faceta regia del acontecimiento estaba presente.
Por su parte, la simbología del incienso es "muy clara" para Sanchiz, pues hace referencia al carácter divino de Cristo, ya que en la religión judía y en las paganas, el incienso se quemaba delante de los dioses, muchas veces como sacrificio, y, de hecho las iglesias católica y ortodoxa lo siguen empleando en su liturgia.
En cualquier caso, admite cierta diversidad de criterio a la hora de determinar qué tipo de incienso se trataba, pues, mientras que en la Vulgata aparece el término 'thus', que signfica incienso, en la versión griega de San Mateo se emplea la palabra 'olívano', que es un tipo de incienso, "una sustancia gomosa compuesta de diversas resinas que al quemarse da un buen olor".
Mientras, atendiendo a la mirra --sustancia aromática también gomosa resultado de recoger la resina del árbol de la mirra--, Sanchiz ve dos posibles explicaciones pues la mirra se utilizaba como anestésico --normalmente mezclada con vino-- y se puede interpretar como que el Señor venía a quitar el dolor al mundo". Pero también la mirra se empleaba para embalsamar a los muertos, por lo que podría representar "un anuncio de su pasión y una alegoría de que Jesús como hombre está sujeto a la muerte".