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lunes, 23 de septiembre de 2019

¡Alarma! ¡Cambio climático! 23092019

¡Alarma! ¡Cambio climático!

 

            En base a las declaraciones de una portavoz de AEMET sobre el otoño que apunta en lontananza, titula un medio de la siguiente manera:

El otoño será “al menos” 0,6º C más cálido que la media

            La noticia, que no pretende sino contribuir al alarmismo generado hoy día ante el clima, es un verdadero monumento a la manipulación periodística, y no resiste el menor ejercicio analítico… lo que pasa es que ese ejercicio analítico hay que realizarlo, y el lector no tiene tiempo para tanto, algo que sí voy a intentar yo aquí y ahora.
             En primer lugar, que la noticia se incluye y se titula con la deliberada intención de producir alarma es algo que a estas alturas no se le escapa a nadie ya. Por si no fuera suficientemente claro, ese “al menos” entre comillas es delatador. Y es curioso, porque en sí misma, la noticia es insípida, carente de chicha, cualquier cosa menos alarmante: se trata de una mera previsión, el alejamiento respecto de la media es ridículo… hace veinte años a ningún periodista se le habría ocurrido presentarse con algo así en la redacción, y el que lo hubiera hecho, estaba de patitas en la calle. Hoy sin embargo, noticias como ésta son buscadas con más saña que el cazador a los conejos, y producen alarma per seProducen alarma porque el mundo periodístico lleva muchos años ya preparando el caldo de cultivo idóneo en el que la sola mención de la palabra “clima” produzca alarma en el lector, y ha llegado un momento en que a éste parece molestarle hasta que haga calor en verano, frío en invierno, que llueva en primavera o que ventee en otoño.
             La táctica periodística por otro lado está clara. Titulares alarmistas como éste se incluyen ya, por lo menos, cuatro veces al año, tantas como estaciones tiene el ejercicio. Invariablemente al comenzar cada estación, sale un supuesto experto haciendo una previsión que adecuadamente tratada en la cocina periodística, convenientemente titulada y dentro del ambiente general creado de antemano, pueda producir alarma. Luego la verdad, la previsión rara vez se cumple, pero tres meses después, terminada la estación, ¿quién se acuerda ya? Y si por una de esas casualidades inexplicables que también ocurren de tanto en tanto, se cumple, entonces.., ¡qué ocasión para aparecer como el gurú del clima, el gran periodista de isaíicas habilidades, que gran ocasión para volver a caldear el ambiente y preparar el siguiente titular! Por cierto, que con el ambiente creado y el casi nulo nivel de exigencia que tiene el lector apresurado de periódicos del s. XXI, que la previsión se cumpla ni siquiera exige que el dardo le pegue a la diana en el mismo centro, y con que malpinche dentro de ella, no hay redactor que no esté capacitado para acercarlo al centro. Como se dice en el argot, “no permitas nunca que la realidad te estropee un buen titular”.
             Pero es que si se fijan Vds., aunque el tema parezca alarmante y más allá de que estamos hablando de una mera previsión y ni siquiera de una realidad constatable, ¿qué tiene de preocupante que un año la temperatura vaya a ser 0,6 grados superior a la media? ¿Es que hemos olvidado tan pronto como se obtienen las medias? Para obtener una media en una relación de datos, hace falta que unos sean más altos, otros sean más bajos y otros, los menos, atinen en la media. Hay universos de decenas y hasta de centenares de datos donde ni uno solo de ellos da la media, y todos son o más altos o más bajos. Aquí no se dice que la temperatura vaya a ser 0,6 grados superior a la superior nunca registrada (lo que tampoco sería, per se, excesivamente grave, después de todo algún año tiene que dar la máxima temperatura, no va a ser siempre el Madrid el campeón de Europa), sino simplemente que será un poquitito, una gotita, superior a la media… lo que en realidad, si lo analiza Vd. bien, quiere decir que el año va a ser, de facto, un año muy pero que muy vulgarcito, muy de los del montón.
             En fin, queridos amigos, este es el periodismo militante al que nos toca resistirnos hoy. Parece mentira todo el trabajo que da en la actualidad mantenerse informado, con todos los medios que tenemos para ello. Creo sinceramente que se trata de la primera vez en la historia en que para amordazar a la prensa no han hecho falta ni leyes, que ella solita se amordaza. Al final, el que más razón tiene va a ser Samuel Langhorne Clemens, (¿a que no sabe Vd. quién es?) cuando decía aquello de “if you don’t read the newspaper you’re uninformed; if you read the newspaper you’re mis-informed” (si no lees el periódico estarás desinformado; si sí lo haces, estarás malinfomado). ¿Qué es peor? Por cierto, Samuel Langhorne Clemens es Mark Twain.
             Que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.


            ©L.A.
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lunes, 4 de septiembre de 2017

De la estrategia para imponer la Ideología del Cambio Climático 04092017

De la estrategia para imponer la Ideología del Cambio Climático

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4 septiembre 2017
 
 
            Y ojo que me voy a referir a la “ideología del cambio climático”, que aunque lo parezca, no es exactamente lo mismo que la “teoría del cambio climático”, tema sobre el que me extenderé algún día, con el permiso de Vds..
 
            Esto dicho, lo cierto es que cada vez con mayor nitidez se detecta una estrategia claramente definida para la implantación e imposición de la Ideología del Cambio Climáticoque tiene como vehículo fundamental los diversos telediarios de cada día en cada cadena. Esta estrategia queda definida por los siguientes instrumentos.
 
            1º.- El tiempo atmosférico ha dejado de ser la noticia anecdótica del final del telediario, -concebido como lo fue desde los años 60 hasta el final de siglo para proporcionar una información útil al espectador y al mismo tiempo aliviar un poco el espesor de las pesadas noticias que formaban parte del informativo-, para pasar a ser la noticia de portada, algo para lo que ni siquiera necesita salirse de la normalidad. Vamos, que un calor en verano, un frío en invierno, nos valen perfectamente para portada de telediario. En otras palabras, que ya no hace falta que el niño muerda al perro, ahora nos vale con que el perro muerda al niño, como siempre ha ocurrido.
 
            2º.- El tiempo metafísico otorgado al tiempo meteorológico en cada telediario, se ha multiplicado por tres, por cuatro o hasta por cinco, pues además de la reseña en portada y un tratamiento inusitadamente largo en el cuerpo del telediario, no por ello ha dejado de tener su sección específicamente dedicada al final del mismo, la cual por cierto, también ha multiplicado su minutaje por dos o por tres. En algunos telediarios, sin necesidad de que se haya producido catástrofe alguna, el tiempo puede ocupar perfectamente el 25-33% de su duración.
 
            3º.- Los grados que alcanza la temperatura o los litros de agua por metro cuadrado que dejan lluvias o nieves, ya no son la unidad que marca la meteorología, sino las “alarmas”: alarma roja, alarma naranja, alarma amarilla, se convierten en la unidad que define el tiempo de cada día. Una alarma roja que es invariablemente de calor en verano y de frío en invierno, que si fuera al revés, y de acuerdo, una vez más, con el primer axioma del periodismo del niño que muerde al perro, aún podría ser comprensible… pero no, como digo, siempre de calor en verano y de frío en invierno.
 
            4º.- La noticia sobre el tiempo meteorológico va invariablemente acompañada por una encuesta en la calle, en la que, también invariablemente, nos encontramos con gente cabreada: los que se cabrean de que haga calor en verano, los que se cabrean porque hace frío en invierno. Frases del jaez de “nos lo estamos cargando”, “esto no hay quien lo soporte”, “algo así no lo habíamos visto nunca”, son las favoritas de los transeúntes elegidos para salir en el telediario… ¡¡¡a veces me pregunto si serán actores!!! De vez en cuando sale alguno que dice: “pero oiga, si estamos en agosto, ¿qué quiere Vd. que haga sino calor?”. Normalmente se trata de un señor horondo y muy feo, con un acento regional poderoso y hasta con dificultad de dicción, si puede salir fumando, mejor… Semejante dispendio, sin embargo, sólo se lo permiten una vez por quincena, una vez a la semana como mucho, y desde luego, acompañado de varios testimonios de gente muy guay y de los del tipo “nos lo estamos cargando”.
 
            5º.- Se acompaña también la noticia, invariablemente, de una estadística, del tipo de la siguiente: “¡¡¡se trata del séptimo año más caluroso en los últimos veinte!!!”. “¡¡¡Es el cuarto año más lluvioso en los últimos ocho y medio!!!”. “¡¡¡De los últimos cinco años, tres se han situado entre los diez más ventosos de los últimos quince!!!!”. Formulada, eso sí, como todo, en tono de alarma. Pero con buen rollito ¿eh? El buen rollito que no falte.
 
            6º.- Por último, se acompaña la noticia de catastróficas predicciones para el tiempo que ha de venir. ¿Se acuerdan Vds. del verano infernal que cuando la estación empezó en junio, con algo más calor del habitual nos, pronosticaron? Yo, la verdad, recuerdo pocos veranos más frescos que éste. Catastróficas predicciones de las que, por cierto, se tira machaconamente cuando, de vez en cuando, aciertan; pero de las que luego nadie se acuerda, ni falta que hace, cuando, como acostumbra a suceder, tienen poco que ver con lo pronosticado. Quien no adivina el tiempo que va a hacer en el plazo de un mes, a menudo ni siquiera el que va hacer mañana… ¡¡¡y nos dice lo que va a ocurrir dentro de un siglo!!!
 
            Bueno, pues esto así... ¡¡¡todos los santos días!!! ¡¡¡Todos los santos días en todos los telediarios de todas las cadenas!!!

            Yo me imagino que en esto, como en todo, habrá una serie de personas, en este caso políticos y periodistas, perfectamente conscientes de que existe una estrategia para imponer la ideología del cambio climático y de la necesidad de utilizarla. Seguramente serán los menos.
 
            Un segundo grupo de periodistas, puede que hasta se crean que es muy grave que haga calor en verano y frío en invierno, y pare y paren noticias climáticas sin ni siquiera ser conscientes de estar sirviendo a la estrategia que aquí denunciamos.
 
            Y un tercer grupo de periodistas, los pobres, ni siquiera sepan que se puede hacer un telediario sin hablar del tiempo que hace cada día.
 
            Pero bueno, gracias a Dios, el tratamiento del tiempo meteorológico y de algún otro temita más (pinche aquí para saber cuáles), no es óbice para que los telediarios sigan tratando con amplia cobertura de medios las noticias verdaderamente importantes del día, como aquélla de la que nos hicimos eco en esta misma columna hace sólo una semana.
 
            En fin amigos, que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos. Si a Vds. les parece bien, seguimos viéndonos por aquí, ¿de acuerdo?
 
            ©L.A.
            Si desea suscribirse a esta columna y recibirla en su correo cada día, o bien ponerse en contacto con su autor, puede hacerlo en encuerpoyalma@movistar.esEn Twitter  @LuisAntequeraB