lunes, 9 de marzo de 2015

Santo Domingo Savio - Santa Francisca Romana - Santa Catalina de Bolonia - San Paciano - San Gregorio Niseno 09032015

lunes 09 Marzo 2015

Santo Domingo Savio

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 Modelo para la infancia y la adolescencia, nació en Riva de Chieri, Italia, el 2 de abril de 1842. Al año siguiente toda la familia se trasladó a las colinas de Murialdo. El día de su primera comunión, realizada en Castelnuevo en 1849, arrodillado ante el altar, se propuso: 1. Me confesaré muy a menudo y recibiré la Sagrada Comunión siempre que el confesor me lo permita. 2. Quiero santificar los días de fiesta. 3. Mis amigos serán Jesús y María. 4. Antes morir que pecar. Resumen su vida. En 1854 conoció a Don Bosco, su guía y rector hacia el camino de la santidad. Fue con él a Turín integrándose en el Oratorio. En el dintel de la puerta de su cuarto, el fundador había colgado esta consigna: «¡Denme almas, y llévense lo demás!». Después de leerlo, Domingo le dijo: «Don Bosco, aquí se trata de un negocio, la salvación de las almas. Pues bien, yo seré la tela y usted será el sastre. Haga de mí un hermoso traje para el Señor». Sabía que estaba en el lugar en el que cumpliría su más ferviente anhelo: «¡Yo quiero hacerme santo!», aunque su camino hacia los altares había comenzado ya con una presencia de Dios constante en su mente y actos cotidianos de amor. No consentía comer sí no se rezaba antes. Era el primero en acudir a la iglesia los domingos. Y si hallaba el templo cerrado, rezaba en el umbral, hincado de rodillas al margen de las crudas inclemencias meteorológicas que pudieran darse. Disfrutaba siendo monaguillo y todos podían advertir su fervor ante al Santísimo; los gestos delataban su estado de recogimiento, con las manos juntas y los ojos clavados en el sagrario. Con espíritu de sacrificio, recorría todos los días 18 km. a pie para ir a la escuela. Hasta su tío, impresionado, le preguntó: «¿No tienes miedo de ir solo?». Rotundo y cabal, respondió: «Yo no estoy solo; me acompaña el Ángel de la Guarda». Sufría con solo pensar en una eventual ofensa a Cristo, y no podía contener sus lágrimas. Buscando siempre lo más perfecto, y arrepentido de haber hecho novillos en una ocasión, incitado por sus amigos, buscó la amistad de Jesús y de María.
En Turín fundó la Compañía de la Inmaculada, llevado por su gran devoción a María con un grupo de compañeros, y todos se comprometieron a ayudar a Don Bosco para educar a los muchachos del Oratorio, que eran de diversa índole y procedencia: ricos y pobres, más pacíficos y extremadamente violentos. Esos chavales a los que Don Bosco se dirigía, diciéndoles: «A vosotros, santos…». Mucho le sirvió su arte para narrar cuentos. El fundador se dio cuenta de que Domingo era especial. Así lo describió: «Domingo no se ha hecho notorio en los primeros tiempos del Oratorio por cosa alguna, fuera de su perfecta docilidad y de una exacta observancia de las reglas de la casa… y una exactitud en el cumplimiento de sus deberes más allá de la cual no sería fácil llegar». Sin embargo, no era perfecto, claro está; nadie lo es. Y en su particular itinerario hacia la santidad, de la mano del fundador aprendió a templar alguna que otra salida de tono, incitado por actitudes molestas de algunos compañeros. También consiguió remontar esos picos emocionales a los que tendía llevado por su temperamento melancólico. No queriendo sucumbir ante él, porque le impedía escuchar la voz de Dios, como le había enseñado Don Bosco, se fue fortaleciendo siendo fiel a las pequeñas cosas de cada día. Fue un apóstol incansable dentro y fuera del Oratorio. El fundador reconocía que el pequeño «llevaba más almas al confesionario con sus recreos que los predicadores con sus sermones». Su bellísima voz, aplaudida por quienes la escuchaban, le creó cierto desasosiego cuando alabaron sus cualidades vocales tan excepcionales. Los parabienes desataron en él gran emoción porque había experimentado interiormente un sentimiento a favor del halago: «Mientras cantaba, sentía cierta complacencia; ahora me felicitan...; así pierdo todo el mérito».
Un día se quedó absorto ante la Eucaristía durante siete horas. Después de buscarlo afanosamente por todos los lugares, Don Bosco lo halló ante el sagrario, y Domingo le pidió perdón por haber transgredido las reglas. Le horrorizaba el pecado, sobre todo, el de impureza. La Virgen le alumbró rescatándole de las malsanas curiosidades de esas edades de la adolescencia contra las que luchaba titánicamente consagrándose a la Inmaculada. Algunos años después de morir, cuando se apareció a Don Bosco en uno de sus famosos sueños, le preguntó: «Domingo, ¿qué es lo que más te consoló en el momento de tu muerte?». Y él respondió: «La asistencia de la poderosa y amable Madre del Salvador». Era firme y dulce a la par. Sentía dolorosas turbaciones y dudas de conciencia, que le instaban a confesarse cada tres o cuatro días. Su ansia de penitencias era insaciable porque quería unirse a los sufrimientos de Jesús en la cruz.
San Juan Bosco le ayudó en esa etapa convulsa de la vida, y no tuvo problemas en encauzarlo porque en Domingo eran proverbiales su obediencia, docilidad y generosidad. En la biografía que escribió de él, el fundador expuso los matices de un camino que hicieron de este joven el santo que es. Se percibe cómo llegó a realizar este anhelo: «Yo quiero entregarme todo al Señor. Yo debo y quiero pertenecer todo al Señor». Caritativo, humilde, devoto de Jesús Sacramentado y de María, experimentaba también un gran amor por el Santo Padre. Fue agraciado con numerosos favores místicos. Era de salud delicada, y en 1857 ésta se agravó con una pulmonía. El médico aconsejó que viajara a Mondonio para reponerse. Al despedirse, intuyendo su pronta muerte, se dirigió a Don Bosco y a sus compañeros, diciéndoles: «Nos veremos en el paraíso». Y el 9 de marzo de ese año voló al cielo después de haber recitado las oraciones que se leían a los agonizantes, y que su padre rezaba. Sus últimas palabras fueron: «Papá, ya es hora […]. Adiós, querido papá, adiós. ¡Oh, qué hermosas cosas veo!». Pío XII lo beatificó el 5 de marzo de 1950, y también lo canonizó el 12 de junio de 1954.






Oremos

Señor Dios todopoderoso, que nos has revelado que el amor a Dios y al prójimo es el compendio de toda tu ley, haz que, imitando la caridad de San Domingo Savio seamos contados un día entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.



Santa Francisca Romana

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Religiosa (1384-1440)  Nació en Roma en el año 1384.   Se casó joven, vivió como una madre de familia ejemplar y tuvo tres hijos.   Fue una de las mujeres pioneras en poner en marcha una institución femenina no de clausura como la Congregación de Oblatas benedictinas fundada por ella en 1425 destinada a atender la formación de la infancia. Al enviudar ella misma se incorporó a la vida en común.   Se distinguió por su amor a los pobres, la atención a los enfermos y la paciente actividad con los necesitados.   Murió en el año 1440.







Oremos

Tú, Señor, que nos has dado en santa Francisca Romana un modelo, tanto de vida matrimonial como de vida monástica, haz que sepamos reconocerte y seguirte en todas las circunstancias de nuestra vida, perseverando siempre en tu servicio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Calendario de Fiestas Marianas: Nuestra Señora de Savigny, Francia (1112)




Santa Catalina de Bolonia

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Etimológicamente significa “casta, pura”. Viene de la lengua griega.   He aquí otra chica con inquietudes espirituales a la que no le seducen los encantos y esplendores de los palacios reales.    Efectivamente, era hija de una familia ilustre de Italia. Vivía encantada con la princesa Margarita, hija de Nicolás de Est, marqués de Ferrara.
Desde que naciera en el año 1413, y se fue haciendo una joven muy guapa, notaba de día en día que su camino no era la corte ni las riquezas.    A la temprana edad de los doce años buscaba con anhelo en dónde ser mejor y hallar más pronto la perfección a la que Dios nos llama a cada ser humano.   Una vez que la princesa Margarita contrajo matrimonio, ella pudo respirar a pleno pulmón. Se había quedado libre de toda atadura a la corte.     Llegó para ella el momento en el cual, aunque con muchas dificultades, se decidió por entrar en el convento de las Terciarias de san Francisco de Asís.   La dejaron entrar, y ella se sintió más feliz que nunca.
Al comenzar su vida de relaciones humanas con las hermanas, todas se quedaban contentas por su trato, sus atenciones personalizadas y por su grado de santidad y de bondad que reflejaba su lindo rostro, imagen de su casta alma.   En el capítulo en el cual se elige a la madre abadesa, todas las hermanas pensaron casi unánimemente que la mejor sería Catalina.    En este convento estuvo toda su vida, hasta el año de su muerte que tuvo lugar en 1463.
Escribió muchos libros acerca de la piedad y de la vida religiosa. Todo el mundo, fino y atento a las cosas del alma, conoce su mejor libro titulado “Siete Armas Espirituales”. Ella, en su sencillez y con las mejores intenciones, se lo dedicó a todo aquel o aquella que sufra tentaciones.   El Papa Clemente VIII la inscribió en el martirologio incruento y Benedicto XIII la llevó a la gloria de los altares.







Oremos

Concédenos, Señor, un conocimiento profundo y un amor intenso a tu santo nombre, semejantes a los que distes a Santa Catalina de Bolonia, para que así, sirviéndote con sinceridad y lealtad, a ejemplo suyo  también nosotros te agrademos con nuestra fe y con nuestras obras. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.    



Santa Francisca Romana   Tú, Señor, que nos ha dado en santa Francisca Romana un modelo, tanto de vida matrimonial como de vida monástica, haz que sepamos reconocerte y seguirte en todas las circunstancias de nuestra vida, perseverando siempre en tu servicio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.



San Paciano

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Obispo de Barcelona, 390
Tan ilustre, según expresión de San Jerónimo, por la pureza de su vida como por la seguridad de su doctrina.
Estuvo casado antes de ser obispo, y tuvo un hijo llamado Flavio Dextro, que compuso una historia, hoy perdida.
También San Paciano fue un escritor elegante y preciso. Conservamos tres tratados suyos, dirigidos contra los novacianos, y últimamente se le han atribuído otros opúsculos.
De su ortodoxia da fe aquella su frase famosa: "Cristiano es mi nombre y católico mi apellido."



San Gregorio Niseno

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Hermano de San Basilio. Después de haber vivido algunos años en el matrimonio, se consagró a la vida clerical, llegando a ser obispo de Nisa, en Capadocia, y uno de los doctores del Oriente.
Asistió al Concilio ecuménico de Constantinopla (381) e intervino en las grandes discusiones religiosas de su tiempo. En sus numerosos escritos brilla la facilidad, la fuerza, la profundidad, la dulzura y la magnificencia del estilo.
Unos son filosóficos, otros exegéticos y teológicos. En diferentes discursos o tratados escribió sobre la obra de los seis días (Hexameron), la formación del hombre, la vida perfecta, los títulos de los salmos, el Cantar de los Cantares, la oración dominical, la fornicación, la usura, la limosna, la penitencia, la fe, la virginidad y los grandes misterios de la vida de Cristo.
Combatió a los arrianos, a los eunonianos y a los apolinaristas, fijando con agudeza y claridad la verdadera doctrina en los grandes problemas trinitarios.
Murió en 396.

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