San Pafnucio, obispo y confesor
fecha: 11 de septiembre
†: s. IV - país: Egipto
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: Conmemoración de san Pafnucio, obispo en Egipto, que fue uno de
aquellos confesores que en tiempo del emperador Galerio Maximino fueron
torturados sacándoles el ojo derecho, desjarretándoles la panto-rrilla
izquierda y condenados luego a las minas. A pesar de ello, pudo asistir después
al Concilio de Nicea y no cejó de luchar denodadamente por la fe católica
contra el arrianismo.
Patronazgos: patrono de los mineros.

El santo confesor Pafnucio fue un egipcio
que pasó varios años en el desierto, bajo la guía del gran san Antonio,
y luego llegó a ocupar una sede episcopal en la alta Tebaida. Cuando la
persecución del emperador Maximino, Pafnucio fue uno de los muchos cristianos a
los que les sacaron un ojo y les marcaron con un hierro candente la pierna
izquierda, antes de enviarlos a trabajar en las minas. Al restablecerse la paz
para la Iglesia, Pafnucio regresó a su sede y, durante el resto de su vida,
hizo ostentación de las marcas gloriosas de sus sufrimientos por la causa de
Jesús crucificado. Fue uno de los más ardientes defensores de la fe católica
contra la herejía arriana y, tanto por sus virtudes como por el hecho de haber
confesado su fe ante los perseguidores y bajo los tormentos, fue una figura
relevante y venerada en el Concilio de la Iglesia, convocado en Nicea en el año
325.
No obstante que Pafnucio observó durante
toda su vida la más estricta continencia, durante el concilio se distinguió por
su oposición al celibato clerical. La mayoría de los obispos asistentes se
habían pronunciado en favor de una ley general que prohibiese a todos los
obispos, sacerdotes, diáconos y subdiáconos convivir con las mujeres con las
que se habían casado antes de recibir su ordenación; pero Pafnucio dejó oír su
voz en la asamblea para oponerse a la moción y sostuvo que ya era bastante conformarse
con la antigua tradición de la Iglesia que prohibía a los clérigos casarse
después de haber sido ordenados; recordó a los Padres que, para los casados, el
uso de su vínculo matrimonial es castidad y les rogó que no impusieran el yugo
de la separación a los clérigos y sus esposas. San Pafnucio acabó por convencer
completamente al concilio y, hasta nuestros días, es ley de la Iglesia
oriental, tanto católica como disidente, que los hombres casados pueden recibir
la ordenación sagrada, del episcopado para abajo, y vivir con sus esposas al
mismo tiempo.
San Pafnucio permaneció siempre en
estrecha relación con san Atanasio y
los otros prelados ortodoxos. Él y otros obispos egipcios acompañaron a su
santo patriarca al Concilio de Tiro, en 335, y ahí descubrieron que la mayor
parte de los miembros que componían la asamblea, profesaban la doctrina
herética del arrianismo. Cuando Pafnucio vio entre aquellos herejes a Máximo,
obispo de Jerusalén, se sintió hondamente preocupado de que un prelado como
aquél, que había sufrido en la última persecución, anduviera en tan malas
compañías; entonces tomó al obispo por la mano, lo condujo fuera de la sala y
le reconvino que alguien que llevaba las mismas gloriosas marcas que él mismo,
por haber defendido la fe, se dejase arrastrar y conducir por gentes que se
obstinaban en el error y estaban decididas a combatir y condenar el artículo
más rígido y fundamental de aquella fe. Máximo se conmovió por la apelación del
santo y, al regresar a la sala de la asamblea, ocupó un escaño entre los
partidarios de san Atanasio y ya nunca desertó de aquel bando.
Algunas veces se ha dado a San Pafnucio el
título de "Grande", para distinguirlo de otros santos con el mismo
nombre. Se desconoce la fecha de su muerte.
No hay una biografía antigua de San
Pafnucio, pero en el Acta Sanctorum, sept. vol. III , se publican varios
párrafos tomados de las obras de los historiadores Sócrates y Teodoreto. A
menudo se ha discutido la autenticidad de la declaración sobre el celibato,
atribuida a Pafnucio.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
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