Leyente que continúas una
semana más ayudándome a escribir y a vivir, un millón de gracias.
Creo que esto es uno de los
dones del Espíritu.
Tú y yo respiramos a cada
instante y ese aire se nos cuela dentro como la mejor de las medicinas de la
vida.
Esta naturaleza de la que
estamos hechos nos enseñó a respirar en la primera de las tareas que todos y
cada uno hicimos nada más nacer.
Ni tú ni yo ni nadie creo que
tengamos consciencia de ese primer máster de nuestra vida y que lo aprobamos
sin haber estudiado lo más mínimo. Nacimos y respiramos. Quien dice de alguien
que nace y no respira, en realidad, ese alguien no ha nacido nunca.
El aire es la vida. O, ¿la
vida está en el aire? Lo que sí es más constatable en la reflexión de unos y de
otros pueblos es que la palabra 'aire' y la palabra 'espíritu' son una
misma realidad.
El domingo día 9 de junio me
voy a dedicar a ser consciente de que respiro. Le voy a dedicar muchas horas a
esa tarea de respirar y a esa tarea de ser consciente.
Nunca he sabido qué es el
aire ni quien lo fabrica, elabora, produce, distribuye... Siempre hay aire y
para todos. En abundancia. Y, por ahora y que todos me entiendan bien, nadie
pagamos un céntimo por el aire... No sé si después de la meditación
contemplativa del próximo domingo llegaré a alguna conclusión sobre el aire...
Seguro que me atreveré a
pensar en la fiesta de Pentecostés como la fiesta del aire. El gran don de la
vida es el aire. O a la inversa. El gran don del aire es la vida. La realidad
de esta fiesta del aire, ¿tiene alguna relación con eso que se dice que se
celebra dentro de la iglesia de los seguidores de Jesús en el sacramento de la
Confirmación? Me parece que no... Tal vez alguna lejanísima brizna de semejanza
habrá. Tal vez, me digo...
Pentecostés... El aire. El
espíritu. La vida de toda nuestra humana materialidad.
Sin 'aire' todo se enrarece,
se acaba y se muere. En poquito tiempo. ¿En un par de centenares de
segundos...?
¡Qué fuerza tiene el
aire! Y eso que no se le suele ver... El aire...El don de Pentecostés es
el aire. Y, ¿lo es también el de la Confirmación?
Quizá, pero creo, más bien,
que el don de la Confirmación es la desobediencia. Pienso en la Confirmación
como la opción de haber escogido ser Jesús de Nazaret de forma consciente a esa
edad en la que ya una persona tiene su carnet de identidad... Y ser como Jesús
de Nazaret es ser 'desobediente'. Así vivió de su consciencia de los doce años
cuando ya escogió perderse en el templo y dejar que sus padres se volvieran a
casa sin él. Y por haber vivido así de 'desobediente', las autoridades de la
religión y de la política de su tiempo se 'pactaron' para matarlo y así lo
hicieron y sin mancharse las manos. Si no hubiera sido 'desobediente'...
Que podamos acertar a
saborear los textos del Evangelio y, un poco también, este par de sus
comentarios que siguen a continuación.
Y también en el archivo
adjunto.
Hasta la próxima fiesta de
nuestra Iglesia...
Domingo de Pentecostés en el Ciclo C (09.06.2019): Juan
20,19-23
Medito y escribo CONTIGO:
El pasado día 28 de
abril, uno de los domingos de pascua en la iglesia, se nos leyó el relato del
Evangelio que se nos leerá este domingo día 9 de junio y fiesta de Pentecostés.
Me atrevo a transcribir completo el texto.
“Al anochecer de
aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las
puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en
medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el
costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús
repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío
yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu
Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a
quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Juan
20,19-23).
He realzado en
negrita unas palabras nada más, las que se refieren explícitamente al Espíritu
Santo. ¿Es ésta la causa y razón del porqué la autoridad vaticana experta en
liturgia nos invita a una nueva meditación de este mensaje del Evangelista
Juan? En el comentario del recordado domingo del mes de abril ya indicaba
algunas respuestas a esta pregunta. Sin embargo, las razones verdaderas por las
que se nos lee de nuevo el mismo relato no se nos desvelarán jamás a las
personas de a pie como lo somos tú, que me lees, y yo, que te escribo.
Voy a recordar una
vez más que se nos dijo en los inicios de este año eclesiástico, llamado Ciclo
C, que leeríamos el Evangelio de Lucas, el tercero de los Evangelios Sinópticos
y que yo seguiré llamando siempre ‘el del toro’. Me niego a creer que en
la obra escrita de Lucas no existan unas palabras de este Evangelista sobre el
Espíritu Santo.
Diré un dato más,
no de mi cosecha, sino de la investigación de los estudiosos que son una
inmensidad y que afirman que este Evangelio de Lucas es el ‘Evangelio del
Espíritu’. Sueño con la llegada de ese año de la buena noticia en la
que se nos leerá en la liturgia de sus cincuenta y dos domingos de un año
eclesiástico todo el Evangelio de Lucas desde el comienzo hasta su final.
Todo. Completo. Por su orden. De principio a fin.
Sospecho en mis
adentros que con el mensaje de este relato de Juan se quiere
fundamentar la institucionalización del sacramento del perdón de los
pecados o sacramento de la penitencia, de la absolución o reconciliación. Un
sacramento que solo pueden realizar los ministros ordenados como sacerdotes y
ninguna otra persona. Se apoyarán para afirmar esto tan explícitamente en este
mismo relato en donde se afirma que estaban en aquella casa de la aparición del
resucitado a ‘los discípulos’. ¿Sólo ellos? ¿Dónde se había quedado
en aquella tarde del primer día María Magdalena, por ejemplo? ¿Y las demás
mujeres no estaban allí?
¡Qué
tendenciosamente interpretó Trento este relato de Juan! ¿Tan blasfemo es
pensar, desde la más sana investigación bíblica, que Trento se equivocó y que
no es sostenible su postura sobre esta institucionalización del sacramento de
la reconciliación por parte de Jesús? Creo que la fuerza humanizadora del
perdón la regaló el espíritu de la vida a todo ser que respira.
Carmelo Bueno Heras
Domingo 28º de Mateo (09.06.2019): Mateo 15,21-39.
“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los
demás” (Mateo
7,12)
El Jesús de Nazaret
del Evangelio de Mateo se está despidiendo de su tarea evangelizadora por la
región de Galilea. Todo lector que llegó hasta aquí sabe que esta tarea había
comenzado en Mateo 4,12: “Al oír Jesús que Juan había sido encarcelado,
regresó a Galilea”. En cuanto este Jesús y sus seguidores lleguen a Cesarea
de Filipo se habrá acabado la evangelización en estas tierras del norte de
Israel (Mt 16,13). Aquí, se abrirá otra página en la ‘biografía’ de su Jesús.
En esta narración
de Mateo 15,21-39 encuentra el lector tres acciones en las que
se siembra la buena noticia del Evangelio de Jesús y que es su misma y propia
persona. La primera acción (Mt 15,21-28) tiene lugar fuera de
las fronteras de la tierra judía. A esa tierra, explícitamente, decide ir Jesús
y sus discípulos le siguen (todas y todos). Éstos tienen aún mucho que
aprender.
“Jesús... se
retiró al país de Tiro y Sidón. Y hubo una mujer cananea de aquella región...
Hijo de David, ten compasión... Qué grande es tu fe, mujer. Que se cumpla lo
que deseas”. Cuando el pueblo de Israel salió de Egipto soñaba con
llegar a la tierra de Canaán y vivir ahí en la seguridad de la libertad, como se
lo había asegurado su Yavé Dios.
Pero este sueño no
llegó a ser realidad más que con David, el rey que expulsó definitivamente a
todos los cananeos de sus tierras para establecer en ellas la independencia de
Israel. Esta síntesis de dos líneas es el contexto de la historia en la que se
encuentran, después de siglos, un nuevo judío y una nueva mujer cananea. Se
encuentran y se reconocen. Y deciden dejar de ser enemigos y comenzar a ser
‘humanos’, personas, cercanos. Ni amos, ni perros... Humanos.
Tanto en la
historia como en la naturaleza no suele haber milagros del cielo, sino
procesos.
La segunda acción (Mt 15,29-31)
tiene lugar, de nuevo en la orilla del lago de Galilea. Dice el narrador
que “Jesús subió al monte y se sentó” (Mt 15,29). Y no dejo de
recordar cómo contó este Evangelista los comienzos evangelizadores de su Jesús
en aquel ‘primer discurso de las bienaventuranzas del monte’. De nuevo ahora,
el mismo mensaje compartido y hecho experiencia de vida: los mudos hablan, los
cojos andan, los ciegos ven, lo sordos oyen... Este Jesús de Nazaret no fue
ninguna milagrosa seguridad social gratuita. ¿No enseñó a pensar y a creer y a
decidir...? Estos sí que son los caminos de los milagros entre los humanos.
La tercera
acción (Mt
15,32-39), en este ámbito en el que nos ha situado el Evangelista, es la nueva
‘multiplicación de los panes y peces’ para los cerca de cuatro mil varones y
adultos, porque no se contaron ‘las mujeres y los niños’, que seguramente que
los había y que también participaron de aquella mesa abundante y compartida.
Nadie que lea esto olvidará aquel ‘dadles vosotros de comer’ de la primera
multiplicación del pan (Mt 14,13-23). ¿El ánimo de lucro de unos pocos se ha
convertido en generoso reparto de beneficios para todas y todos?
Me encanta
detenerme en el final de este inmenso milagro de la multiplicación de la
felicidad de los humanos que nos está contando Mateo a propósito del Jesús de
Nazaret en quien cree: “Despidió a la gente, se embarcó y llegó a la
comarca de Magadán” (Mt 15,39). Desde ayer y ahí, nadie sabe ni se ha
encontrado rastro alguno de esta Magadán. ¿Está dentro de cada uno?
Carmelo Bueno Heras
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