viernes, 17 de junio de 2016

San Herveo, eremita - San Avito de Orleans, abad (17 de junio)

San Herveo, eremita

fecha: 17 de junio
†: s. VI - país: Francia
otras formas del nombre: Hervé, Harvey
canonización: culto local
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

En Bretaña Menor, san Herveo, eremita, que, según la tradición, ciego desde su nacimiento, cantaba con gozo las maravillas del paraíso.
patronazgo: patrono de los poetas bretones, y protector para todo tipo de problemas de ojos.
Herveo es uno de los santos más populares en la Bretaña francesa, y figura ampliamente en las trovas y baladas del folklore local. En una época, su fiesta era de precepto en la diócesis de Léon [diócesis bretona]. Su culto, centrado al principio en Lanhouarneau, Le Menez-Bré y Porzay, se extendió mucho en el año 1002, gracias a una distribución de sus reliquias, y llegó a ser general en toda la región de Bretaña. Con la excepción del nombre de Yves, ningún otro apelativo se impone más que el de Hervé a los niños bretones en la pila bautismal. Los juramentos solemnes se hacían sobre las reliquias del santo hasta el año de 1610, cuando el Parlamento impuso la obligación de que los juramentos en declaraciones legales se hiciesen únicamente sobre los Evangelios. Desgraciadamente, por falta de informaciones concretas, es imposible reconstruir la verdadera historia de san Hervé. Su leyenda, tal como se relata en un antiguo manuscrito en latín, dice lo siguiente:
Durante los primeros años del reinado de Childeberto, llegó a la corte de París un bardo bretón llamado Hyvarnion, a quien los sajones habían expulsado de su país. Inmediatamente se conquistó el afecto y el favor de todos, por el encanto de sus trovas y de su música, pero los halagos del mundo no tenían atractivo para él. Después de pasar dos o tres años en la corte, se retiró a Bretaña, donde se casó con Rivanon, una muchacha del lugar. A su debido tiempo, tuvo un hijo que nació ciego y a quien se le puso el nombre de Hervé. La criatura, abandonada en su infancia por su padre, fue criada por su madre hasta cumplir los siete años, cuando lo confió al cuidado de un santo varón llamado Arthian. Este se hizo cargo de Hervé durante algún tiempo y lo dejó más tarde con un tío suyo que había fundado una escuelita monástica en la localidad de Plouvien, donde el chico ayudó a cuidar la granja y a los alumnos. Cierto día, mientras Hervé trabajaba en los campos, vino un lobo y devoró al asno que tiraba del arado; Hervé se puso inmediatamente en oración para pedir a Dios que remediara aquella desgracia y entonces el lobo, con toda mansedumbre, metió la cabeza bajo el yugo y comenzó a tirar del arado hasta terminar con el trabajo, en vez del asno que había devorado. Durante aquellos años, la madre de Hervé, la infortunada Rivanon, había vivido en el corazón de un espeso bosque, sin haber visto otro ser humano más que a su sobrina, quien la atendía y la acompañaba. Cuando Rivanon estaba en la agonía, Hervé emprendió la búsqueda de su madre y la encontró precisamente a tiempo para recibir su postrera bendición y cerrarle los ojos.
El tío de Hervé le confió el gobierno de la comunidad de Plouvien y el monasterio floreció extraordinariamente; pero al cabo de tres años, el superior se sintió inspirado a establecerlo en otra parte. Rodeado por sus monjes y novicios emprendió la marcha hacia Léon. Ahí recibió una cordial acogida por parte del obispo, quien hubiese ordenado sacerdote a Hervé, de no ser por la humildad del santo que le impedía aceptar cualquier ordenación mayor que la de exorcista [tercera de las antiguas «órdenes menores»]. La comitiva prosiguió su marcha desde Léon hacia el oeste, y todavía puede verse, junto al camino a Lesneven, la fuente que san Hervé hizo brotar para apagar la sed de sus compañeros. Todos llegaron por fin al lugar que hoy se conoce como Lanhouarneau, donde el santo fundó un monasterio que fue famoso durante todo el siglo. Aquella fue su casa durante el resto de su vida, a pesar de que, a veces, se alejaba de ahí para predicar al pueblo y ejercer su oficio de exorcista, en cuya calidad realizó la mayoría de sus maravillosos milagros. Cuando todos le veneraban por su santidad y sus poderes milagrosos, el abad ciego vivió retirado durante muchos años. A la hora de su muerte, los monjes que rodeaban el lecho oyeron una música celestial y las voces de un coro de ángeles que le daban la bienvenida al cielo.
A San Hervé se le representa, por lo general, junto al lobo y acompañado por Guiharan, un niño que le auxiliaba en las faenas del campo. Se invoca al santo para toda suerte de enfermedades de los ojos; al lobo de san Hervé lo utilizaban las madres bretonas para asustar a los niños traviesos.
La siguiente poesía, llamada «Cántico del Paraíso», se considera originaria de san Hervé, a lo que seguramente hace alusión el elogio del Martirologio Romano («cantaba con gozo las maravillas del paraíso»):
Jésus, qui vit aux cieux
Et règnes près de Dieu,
J'attends ton paradis
Car tu me l'as promis.

J'irai vers ta clarté
Ô Christ ressuscité,
Je crois que ton regard
Ne peut me décevoir.

Plus d'ombre, plus de pleurs
Ni larmes, ni douleurs,
Jésus, car près de toi
Tout n'est que paix, que joie !

Qu'à l'heure de ma mort
Ta voix me dise encore :
Ami, dès aujourd'hui
Viens dans mon Paradis.
Jesús, que vives en el cielo 
Y reinas junto a Dios, 
Espero tu paraíso,
porque tú me has prometido.

Iré hacia tu claridad, 
Oh Cristo resucitado, 
Creo que tu mirada 
No me puede decepcionar.

No más sombras, no más llanto, 
Ni lágrimas, ni dolor, 
Jesús, porque cerca de ti
¡No hay más que paz, alegría!

A la hora de mi muerte 
Tu voz me dirá: 
«Amigo, hoy,
Ven a mi paraíso».
La llamada «Vida de san Hervé», que según el valioso juicio de A. de la Borderie, no pudo haber sido escrita antes del siglo XIII, fue publicada por primera vez en 1892, por el mismo de la Borderie, en sus Mémoires de la Soc. d'Emulatian des Cotes du Nord, vol. XXIX, pp. 251-304. Hay un relato en el Acta Sanctorum, junio, vol. IV, fundado en el de Albert Le Grand.
N.ETF: la poesía la hemos tomado de la Wikipedia francesa (art. Saint Hervé), traducida para ETF.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=2051





San Avito de Orleans, abad

fecha: 17 de junio
†: c. 530 - país: Francia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

En Orleans, en la Galia, san Avito, abad.
refieren a este santo: San Leobino de Chartres
Al fin de un artículo de estudio sobre san Avito y los santos de Micy, en la Analecta Bollandiana, el padre Albert Poncelet S.J. explica a sus lectores que existe una amplia diferencia entre las «pruebas del culto» y las narraciones biográficas: «La primera, es decir, la prueba del culto, atestigua la existencia real del santo y el hecho de que se le rinde devoción desde hace tiempo. Pero hacemos frente a un asunto enteramente distinto, al tratar con biografías recopiladas dos o tres siglos después de la muerte del héroe, que a menudo contienen una colección de tradiciones no muy dignas de confianza. Por el honor del santo y en el interés de una buena y auténtica biografía, hay que ir con extremo cuidado para no dejarse arrastrar por aquéllos que, no contentos con venerar a los santos, imaginan que el respeto por ellos incluye una especie de canonización de las fábulas con que la posteridad ha pretendido enaltecer su gloria; desgraciadamente, no siempre corresponde la recopilación de los hechos con la piedad del autor.»
Es indudable que San Avito fue un personaje real: san Gregorio de Tours nos informa que era un abad en la región de Francia que formaba la antigua provincia de Perché, que suplicó en vano al rey Clodomiro para que perdonara la vida a san Segismundo de Burgundia, a su esposa y a sus hijos, a quienes el monarca tenía presos, y que fue enterrado cerca de Orléans, donde se le veneraba grandemente. San Gregorio visitó la Iglesia que se había erigido en su honor; él mismo indica, al hablar de los milagrosos poderes atribuidos al santo, que un ciudadano de Orléans, al negarse a observar la fiesta de Avito porque necesitaba trabajar en su huerto, fue castigado con una penosa enfermedad de la que no sanó hasta que hubo visitado la iglesia del santo para rendirle el homenaje que le debía.
Esto es todo lo que sabemos sobre San Avito, a pesar de sus numerosas biografías, ninguna de las cuales es anterior al siglo noveno. Todas ellas forman parte de una tentativa que se hizo cuando la abadía de Micy recuperó su prestigio bajo el gobierno de los benedictinos, para dar lustre y esplendor a una poco gloriosa época de su historia pasada, por el procedimiento de incluir en la lista de sus antiguos abades a varios santos venerados en las regiones de Orléans y Le Mans, pero de quienes apenas si se sabía algo. La leyenda de san Avito aparece con muchas variaciones en las supuestas biografías y afirma que ingresó a la abadía de Micy como hermano lego. Su ignorancia, rayana en la simpleza, fue el motivo de que todos le despreciaran, a excepción del abad, san Maximino, que reconoció la santidad de Avito y le nombró celador. Pero éste prefirió abandonar la abadía y buscar la soledad. A la muerte de Maximino, los monjes de Micy buscaron a Avito y le eligieron abad. Pero tras una breve estancia en la abadía, escapó de nuevo y se llevó consigo a san Calais (Carilefus), para vivir en la reclusión en los límites del Perché. Cuando llegaron otros monjes para imitarlos, san Calais se retiró a los bosques de Maine; pero el rey Clotario construyó una iglesia y una abadía para San Avito y sus compañeros, en el lugar que ahora se conoce como Châteaudun. Ahí murió en el año 530 (?).
Para el texto sobre la vida de San Avito, véase el Acta Sanctorum, junio, vol. IV; los bolandistas imprimieron otro texto completo en su catálogo de manuscritos hagiográficos de la Biblioteca de Bruselas, vol. I, pp. 57-63. El artículo de Albert Poncelet al que nos referimos arriba, se halla en la Analecta Bollandiana, vol. XXIV (1905), pp. 5-97.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/lectura/santoral.php?idu=2052

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