lunes, 21 de marzo de 2016

«Irak vive ahora en el caos absoluto, con unos veinte atentados diarios» 15032016

«Irak vive ahora en el caos absoluto, con unos veinte atentados diarios»

  • Recién llegado de un largo viaje, el Padre Luis denuncia en Oviedo el círculo vicioso de violencia en Oriente Medio, atizado por «intereses económicos»

  • Luis Montes Sacerdote misionero

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Luis Montes (Darregueira, Buenos Aires, 1969) lleva seis años destinado como sacerdote en Irak, donde vive de cerca la realidad de un país desmembrado. Invitado por la Asociación de Ayuda a la Iglesia Necesitada, dependiente de la Santa Sede, el religioso impartió en la tarde de ayer una conferencia en el salón de actos de la Basílica de San Juan el Real, en Oviedo, en la que explicó su experiencia. Previamente, aceptó una entrevista con este periódico.
Su primer contacto con Oriente Medio fue en Palestina, durante seis años y medio. ¿Llegó a comprender los motivos del interminable conflicto palestino-israelí?
Se puede resumir en una sola frase, «ojo por ojo y diente por diente». Y ese círculo de violencia no se romperá si no se atiende a otra frase, en este caso de Juan Pablo II, quien dijo que «si no hay paz sin justicia, tampoco puede haber justicia sin perdón». El perdón del mensaje cristiano es absolutamente necesario, es la única levadura de la pacificación.
Usted llega a Irak en 2010, cuatro años después de la ejecución de Saddam Hussein. ¿Es cierto que los cristianos vivieron mayor libertad en tiempos del dictador?
No sólo los cristianos. Es cierto que era una dictadura, pero ahora Irak vive en el caos absoluto, con veinte atentados diarios. Solo hay odio y violencia. He encontrado a gente chiita, opositores a Sadam, que no reconoce su país, que te habla de un tiempo en el que la vecindad era posible entre diferentes religiones. Será muy difícil la recuperación. Lo mismo ocurre en Siria. Y todo ello, la destrucción de Oriente Medio, se atiza por intereses económicos. Los terroristas más salvajes, que vienen de fuera, son peones en ese tablero.
La última noticia terrible ha llegado de Adén (Yemen), con el asesinato de cuatro monjas. El Papa Francisco ha condenado los asesinatos, pero también hay mucha indiferencia.
Si se leen los medios de comunicación occidentales, ahí se dice que fueron víctimas de la guerra. Una verdad a medias. Los terroristas islámicos asaltaron el convento donde cuidaban a ancianos y a pobres, diciendo que sólo asesinarían a las monjas -aunque también mataron a los ancianos que las defendieron-. Fueron mártires por su fe en Jesucristo. Lo que ocurre en Yemen es una vergüenza, con los bombardeos de Arabia Saudí, de los que no se habla porque es aliada de Occidente.
¿Cómo se puede interpretar la disposición a la muerte, propia y ajena, de los militantes del Estado Islámico?
Porque el odio domina los corazones. Decía San Agustín que no había pecado que no hubieran cometido los hombres y que él mismo no pudiera cometer. La lucha es por llevar la paz a los corazones, empezando por las cosas más pequeñas de cada día.
¿La teología puede interpretar la presencia del mal, sobre todo la muerte de inocentes, de niños?
Dios no creó al hombre para el sufrimiento, que nace por haber roto nuestra alianza con Dios. Dios no quiere esclavos, sino que dispone los medios para que nos podamos unir a Él libremente. Eliminar el mal sería eliminar la libertad. Además, los años que vivimos en la Tierra son apenas segundos comparados con la recompensa inconmesurable que aguarda si seguimos el camino de la Cruz y la Resurrección.
No obstante, ¿el dolor inocente no hace pensar en la injusticia?
Eso es algo que los cristianos iraquíes que han perdido todo, que han sufrido auténticos calvarios, perseguidos por el Estado Islámico, no se plantean. Esas son preguntas occidentales. Ellos proclaman, tras la sucesión de tremendas desgracias, «Allah Karim», «Dios es Generoso». Son conscientes de ser amados por Dios.

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