| El autor de «La camarera del Titanic» cuenta su «extraña noche mística» | |||||||||||
Didier Decoin vio, feliz, la «prueba» de que Dios no existe, corrió a escribirla... y le halló a Él | |||||||||||
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A sus 72 años, Didier Decoin (Boulogne-Billancourt, 1945) es toda una institución cultural en Francia. Se inició como periodista en France Soir y Le Figaro. Publicó su primera novela a los veinte años, y tras media docena de éxitos ganó en 1977 el prestigioso Premio Goncourt por su novela John l'Enfer. Desde 1995 es secretario general de la Academia Goncourt. Hijo del cineasta Henri Decoin (1890-1969), se casó, tuvo tres hijos, y actualmente vive en Normandía disfrutando de una felicidad que no oculta, y de la cual es más responsable la fe que sus éxitos personales como novelista, guionista cinematográfico y realizador de televisión.
![]() Emmanuel Querry le preguntó por su conversión, sucedida en una "extraña noche mística", en una entrevista publicada en 2016 por L'1visible. *** Un 8 de septiembre [de 1974 o 1975], hacia las 23 horas. En su baño, mientras se lava los dientes, Didier Decoin elabora una reflexión completa y argumentada sobre la no-existencia de Dios. Corre hacia su mesa de despacho para escribir lo que él cree es la "demostración" irrefutable cuando un fulgor extraño le asalta. Se siente embargado por una profunda paz, una presencia dulce y tranquilizadora. Cuarenta años más tarde, en plena lectura de decenas de novelas para el Premio Goncourt, Didier Decoin recuerda con euforia esas horas misteriosas que cambiaron su vida. Evoca, también, su estrecho vínculo espiritual con Isabel de la Trinidad, figura mística que fue declarada santa el 16 de octubre de 2016 por el Papa, en Roma. -¿Cómo se pasa en pocos segundos de un ateísmo convencido a una fe viva? -Es inexplicable. Durante un instante me sentí más poderoso que Nietzsche y que todos esos filósofos que anunciaron que Dios había muerto. Pero, de repente, todo eso cambió. No vi nada, no oí nada, no toqué nada, pero percibí una sensación de amor increíble y una certeza de alegría y eternidad. Como si un sol extraordinario se hubiera puesto a brillar en plena noche. -¿Qué hizo usted? -Me sumergí en esa sensación gozosa sin intentar analizarla. La noche transcurrió sin que yo fuera plenamente consciente, hasta que llegó la mañana y con ella esta frase que sirvió, a continuación, de título al libro en el que narré esa experiencia : Il fait Dieu (publicado en 1975 por Julliard). ![]() En la contra de Il fait Dieu [expresión que podría traducirse como "hace Dios", al estilo de "hace frío" o "hace calor", esto es, la constatación de un hecho], Decoin explica el sentido de su libro: "El Dios de mi alma vive en un cielo que se llama la infancia. El Dios de mi alma no es imaginario: su sangre se derrama verdaderamente cada domingo en nuestras iglesias. Su Madre, que es también la nuestra, es una joven frágil y extraordinaria". Fayard reeditó la obra en 1997 sin retoques: el autor no los quiso porque "hay cosas que no pueden decirse con palabras distintas a las de la primera emoción". -Antes de esa famosa noche, ¿no había estado nunca interesado en la cultura religiosa? -No. Mi padre [Henri Decoin, director de cine] no era creyente. Un día le pregunté: "¿Quién es el mejor director?", y él me respondió: "La Iglesia católica" [risas]. En lo que respecta a mi madre, ella se detenía en el Gólgota, no creía en la Resurrección. Sin embargo, mi padre me inscribió en el colegio Santa Cruz de Neuilly porque "los que salen de allí raramente son unos cabrones" [risas]. La educación era magnífica, pero no me interesaba la parte religiosa. Entre sus numerosas películas, Henri Decoin, padre de Didier, dirigió a Sara Montiel en Noches de Casablanca (1963). -Después de su conversión, usted decidió ser cristiano. ¿Cómo unió su experiencia espiritual a Cristo? -Quería renovar esa experiencia. Me puse a buscar una religión y puse a todas en el banco de pruebas, incluidas las filosofías orientales. Unos amigos judíos me acogieron en varias ocasiones. El islam no me atrajo. Lo primero que me sedujo en el cristianismo fue la persona de Cristo, porque aunque mi experiencia no estaba caracterizada por algo concreto, sí que implicaba una relación de mi yo con "alguien". Cristo encarnaba ese "alguien". Y en la religión católica está la misa y, sobre todo, la eucaristía, que es el vínculo carnal, sensual, con el Dios encarnado en la hostia. Y me dije: "¡Dios mío, seguro que es esto! ¡Es esto!". -En su camino espiritual, Isabel de la Trinidad ocupa un lugar particular. ¿Qué le gusta de ella? -Su lado espontáneo. Es alguien que con una fe profunda y sencilla me ha explicado la inmensidad de lo que yo había creído rozar. Ella regresa siempre a la intimidad. El Dios de Isabel no es un Dios que está muy alto en el cielo y que envía truenos y relámpagos. Es alguien inmensamente cercano. Como dijo: "Hay en nosotros un Ser que se llama Amor y que nos pide que vivamos en compañía con Él". ![]() La carmelita francesa Santa Isabel de la Trinidad (1880-1906) exhortaba de una manera muy especial a la devoción a la Virgen. -¿Debe estar entonces usted en la gloria por el hecho que se la reconociera santa el 16 de octubre de 2016? -¡Estoy orgulloso como si se tratara de mi hija! ¡Lo he deseado tanto, he soñado tanto con ello...! Es hermoso pensar que la humanidad entera puede llamarla, a partir de ese momento, «santa». Realmente lo merece. -Ante la maldad que asola al mundo, como sucede hoy con los atentados, ¿cómo conserva usted la esperanza? -La trampa en la que estamos atrapados es el tiempo. El tiempo es un engaño. Vemos horrores que hoy en día parecen imperdonables, como es el caso de todos esos jóvenes asesinados en el Bataclan, por ejemplo. Pero vendrá un día en que eso que parece imperdonable será reconstruido de otra manera. Creo realmente que el mal nos engaña. Es el diablo a quien yo veo en el tiempo. Nos dice: «Sólo te quedan tantos días, tantos años, y esto irá de peor en peor». Pero si decimos: «¡No!, entraremos en la eternidad y esta eternidad es luminosa», todo cambia. ![]() En 1997 Bigas Luna llevó a la gran pantalla una obra de Didier Decoin, La camarera del Titanic, protagonizada por Aitana Sánchez-Gijón y Olivier Martínez. -Su relación con la muerte parece muy tranquila, ¿es así? -Sí, no es algo que me dé miedo. Incluso siento una cierta impaciencia. Pero bueno, no me voy a tirar por una ventana para llegar más rápidamente a ella [risas]. En 2012, la televisión católica francesa KTO entrevistó a Didier sobre los detalles de su conversión y de su fe. -Usted que ha sido agnóstico, ¿qué puede decirles a las personas que no tienen fe? -Lo único que puedo decir es que la fe te puede caer encima en cualquier momento [risas]. ¿Sabe? A veces he participado en encuentros públicos para intentar desesperadamente explicar esta experiencia y, al final de estas conferencias, siempre ha habido personas que me han dicho: «Me ha sucedido lo mismo». Y siempre, en sus relatos, había la misma irrupción de Dios en su vida y la misma noción de alegría. -¿Su situación actual como escritor? -Estoy precisamente en un momento de júbilo porque, por fin, he terminado la novela que escribo desde hace once años [risas]. Estoy loco, soy muy lento. Está situada en Japón en el año mil, en el periodo Heian. Se titulará La Oficina de Estanques y Jardines. ![]() Alfaguara anuncia para enero de 2018 la publicación en español de La oficina de estanques y jardines. -¿Su mejor recuerdo como lector? -Me han pedido hace poco que escriba una adaptación para la televisión de Los hermanos Karamazov de Dostoievski. La he vuelto a leer y me ha deslumbrado. Pero está también Yasunari Kawabata que, en mi opinión, es el novelista más grande. Su modo de escribir es cristalino. Su obra maestra es La casa de las bellas durmientes. ![]() -¿Es usted una persona alegre? -Me dicen a menudo que siempre tengo aspecto de estar contento. Pues sí, ¡estoy siempre contento! Incluso si veo que el mundo está maltrecho, tengo la certeza de que al final del camino nos espera la felicidad eterna a todos. Por lo tanto, es una cuestión de paciencia. Cristo traerá esta felicidad eterna. (Traducción del francés por Helena Faccia Serrano) | |||||||||||
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jueves, 4 de enero de 2018
Didier Decoin vio, feliz, la «prueba» de que Dios no existe, corrió a escribirla... y le halló a Él 04012018
jueves, 8 de diciembre de 2016
Bendita seas , Madre Inmaculada .... ruega por nosotros (Meditación para hoy) 08122016
Bendita seas , Madre Inmaculada .... ruega por nosotros
Madre de Dios y Madre nuestra, tenemos la certeza que nos escuchas y atiendes... ¡Cómo una madre no va a oír a sus hijos!
Por: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net
Por: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net

Ya estamos en el mes de diciembre.
Este mes, Señor, vamos a conmemorar en la Noche del 24 tu llegada al mundo como el Hijo de Dios.
Tanto nos amó Dios que nos entrega a su único Hijo para que nazca y muera como hombre sin dejar de ser Dios por la remisión de todos los pecados de la Humanidad, los pasados, los presentes y los futuros.....
Y para que sucediera esto no lo hace presentándonos un Hijo lleno de esplendor y poderío sino de una manera natural y ligada a una "concepción" en una joven virgen por medio del amor del Espíritu Santo.
Va en busca de ti, María. Y Tu, le dices... : QUE SI.
Era necesario buscarte limpia, pura, sin mancha, fresca y serena como la misma mañana en que naciste porque habías tenido una inmaculada concepción en el seno de tu madre Ana y por eso te conocemos y veneramos como la Inmaculada Concepción.
La Iglesia y los católicos del mundo entero, hoy día 8 de diciembre, haremos fiesta para implorar tu protección y decirte con las palabras del P. Ignacio Larrañaga: ....hoy queremos decirte "muchas gracias", Señora, por tu "Fiat", por tu completa disponibilidad de esclava, por tu pobreza y por tu silencio, por el gozo de tus siete espadas, por el dolor por todas tus partidas que fueron dando la paz a tantas almas. Muchas gracias por haberte quedado con nosotros a pesar del tiempo y la distancia.....
Inmaculada Virgen María, Madre purísima, Madre sin mancha, Madre Virgen, Reina concebida sin pecado original, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos.... así decimos cuando nos dirigimos a Ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y tenemos la certeza que nos escuchas y atiendes... ¡Cómo una madre no va a oír a sus hijos!.
Tu, que supiste ser la madre más amorosa pero también supiste de renuncias y dolores. Por eso tu corazón está abierto a todas nuestra llamadas y súplicas.
Tu quisiste que te conociéramos con este bendito y glorioso nombre al decirle a la pequeña Bernardita . - " YO SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN", ella nada sabía de estas palabras pero dichas por Ti fueron toda una revelación.
¡Bendita seas, Madre Inmaculada! Ruega por nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte y por todos tus hijos sin distinción de razas, credos y colores, tan necesitados de tener una Madre, en este mundo tan desorientado y convulso, como Tu, Puerta del Cielo, Salud de los enfermos y Refugio de los pecadores.
No nos dejes, Madre y se nuestra compañía a lo largo de nuestro camino por esta vida. Que siempre tengamos tu apoyo y tus brazos amorosos si llega a nosotros el desalient. Junto a la alegría de sabernos tan amados por Ti.
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Conoce más acerca de la historia, costumbres y tradiciones de la Fiesta de la Inmaculada Concepción
El 12 de Diciembre celebramos a Nuestra Señora de Guadalupe, puedes empezar a rezar la Novena a la Virgen de Guadalupe para prepararte a la fiesta.
Este mes, Señor, vamos a conmemorar en la Noche del 24 tu llegada al mundo como el Hijo de Dios.
Tanto nos amó Dios que nos entrega a su único Hijo para que nazca y muera como hombre sin dejar de ser Dios por la remisión de todos los pecados de la Humanidad, los pasados, los presentes y los futuros.....
Y para que sucediera esto no lo hace presentándonos un Hijo lleno de esplendor y poderío sino de una manera natural y ligada a una "concepción" en una joven virgen por medio del amor del Espíritu Santo.
Va en busca de ti, María. Y Tu, le dices... : QUE SI.
Era necesario buscarte limpia, pura, sin mancha, fresca y serena como la misma mañana en que naciste porque habías tenido una inmaculada concepción en el seno de tu madre Ana y por eso te conocemos y veneramos como la Inmaculada Concepción.
La Iglesia y los católicos del mundo entero, hoy día 8 de diciembre, haremos fiesta para implorar tu protección y decirte con las palabras del P. Ignacio Larrañaga: ....hoy queremos decirte "muchas gracias", Señora, por tu "Fiat", por tu completa disponibilidad de esclava, por tu pobreza y por tu silencio, por el gozo de tus siete espadas, por el dolor por todas tus partidas que fueron dando la paz a tantas almas. Muchas gracias por haberte quedado con nosotros a pesar del tiempo y la distancia.....
Inmaculada Virgen María, Madre purísima, Madre sin mancha, Madre Virgen, Reina concebida sin pecado original, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos.... así decimos cuando nos dirigimos a Ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y tenemos la certeza que nos escuchas y atiendes... ¡Cómo una madre no va a oír a sus hijos!.
Tu, que supiste ser la madre más amorosa pero también supiste de renuncias y dolores. Por eso tu corazón está abierto a todas nuestra llamadas y súplicas.
Tu quisiste que te conociéramos con este bendito y glorioso nombre al decirle a la pequeña Bernardita . - " YO SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN", ella nada sabía de estas palabras pero dichas por Ti fueron toda una revelación.
¡Bendita seas, Madre Inmaculada! Ruega por nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte y por todos tus hijos sin distinción de razas, credos y colores, tan necesitados de tener una Madre, en este mundo tan desorientado y convulso, como Tu, Puerta del Cielo, Salud de los enfermos y Refugio de los pecadores.
No nos dejes, Madre y se nuestra compañía a lo largo de nuestro camino por esta vida. Que siempre tengamos tu apoyo y tus brazos amorosos si llega a nosotros el desalient. Junto a la alegría de sabernos tan amados por Ti.
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El 12 de Diciembre celebramos a Nuestra Señora de Guadalupe, puedes empezar a rezar la Novena a la Virgen de Guadalupe para prepararte a la fiesta.
Preguntas o comentarios al autor Ma Esther De Ariño
miércoles, 7 de diciembre de 2016
Pío Moa: «Profesores y autores anticristianos son caballo de Troya de las aspiraciones musulmanas» 07122016
| El autor de «Europa. Una introducción a su historia» destaca a Don Pelayo como europeísta | |||||||||||
Pío Moa: «Profesores y autores anticristianos son caballo de Troya de las aspiraciones musulmanas» | |||||||||||
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Su Nueva Historia de España, donde sostiene el carácter esencialmente europeo de España y el entrelazamiento de las historias respectivas, ya parecía exigir de Pío Moa un esfuerzo panorámico similar referido al conjunto de nuestro caminar común, al que aplicar su capacidad para la síntesis de los hechos y su análisis desprejuiciado. Es lo que ha conseguido en Europa. Una introducción a su Historia (La Esfera de los Libros), que abarca desde la Segunda Guerra Púnica (c. 208-201 A.C.) hasta nuestros días, incorporando hechos de magnitud epocal como el fin del comunismo y el resurgir islámico.
En la obra hay múltiples referencias al cristianismo, no sólo para recoger los hechos incontestables que vinculan a Europa con la Iglesia, sino para interpretar su interacción en las sucesivas etapas de formación, supervivencia, estabilización, expansión, apogeo y decadencia con las que divide estos veintidós siglos de Historia de Europa. Por eso comenzamos evocando con él aquello que hace quince años inquietó tanto a San Juan Pablo II: que no se olvidasen las "raíces cristianas de Europa". -¿Tenía razón al insistir tanto en que se recogiesen en el preámbulo de la Constitución europea? -Las raíces cristianas de Europa no admiten discusión, son un hecho. -Pero ¿qué virtualidad política podía tener esa inclusión? -Naturalmente, si la Unión Europea aspira a representar una continuidad histórica de Europa, tendría que hacerlo constar claramente en esa Constitución. Pero en mi opinión, la Unión Europea no es Europa y lo que busca es precisamente segar esas raíces. En el fondo es un proyecto antieuropeo y me temo que de orientación totalitaria, como vemos en la forma como se imponen ideologías abortistas, homosexistas, etc. -¿Se ha roto la continuidad con el proyecto de construcción europea de tres católicos como Konrad Adenauer, Robert Schumann y Alcide De Gasperi? -Si por algo se ha distinguido Europa, y ahí está una de las causas de su extraordinaria creatividad, es por la gran diversidad cultural entre sus naciones. Europa quedó devastada no solo material sino aún más moralmente y políticamente como resultado de la Segunda Guerra Mundial, la guerra de las tres ideologías, como la defino en el libro. El proyecto, de carácter democristiano, tenía cierta concepción por así decir materialista, estableciendo una base económica sobre la que se desarrollaría a la larga una construcción política y cultural. Me parece inviable e inconveniente, y de todas formas la evolución de la Unión Europea ha abandonado sus orígenes democristianos para tomar un carácter socialdemócrata y realmente muy poco cristiano, por no decir abiertamente anticristiano. ![]() Pincha aquí para adquirir Europa. Una introducción a su Historia, de Pío Moa. -¿Y puede sostenerse ese armazón europeo de democracia y derechos humanos sin el sustrato cristiano? -En mi opinión, la Unión Europea es un engendro peligroso y habría que volver a la idea de un Mercado Común, económicamente beneficioso para todos, pero sin las pretensiones de crear una especie de nueva superpotencia arruinando las culturas que han dado vida a la Europa histórica. -¿Qué hechos y personajes más característicos de la historia de Europa permiten identificar nuestra civilización como “cristiana”? -Los hechos más característicos fueron la salvación de la civilización tras la doble oleada de invasiones bárbaras a la caída del Imperio romano, y la separación, sobre todo en la parte occidental, del poder temporal y el espiritual o moral. La tensión entre ambos poderes, a veces violenta, ha abierto ámbitos de libertad que no están presentes en otras civilizaciones. -¿Cuál ha sido el papel de la razón en la historia de una Europa transida por la fe? -La supervivencia de la cultura grecorromana se debe precisamente al cristianismo, y eso ha dado otra característica esencial a la civilización europea: la tensión entre la razón y la fe, entre Atenas y Jerusalén, también un rasgo que no apreciamos en otras civilizaciones, y en el que se encuentra, entre otras cosas, la raíz del pensamiento científico. -¿Qué personajes son arquetípicos de Europa? -Suele ponerse a Carlomagno, pero su imperio fracasó, aparte de que intentaba una unión religioso-política al modo bizantino que, afortunadamente, también fracasó. Pero, en fin, si hubiera que señalar un "padre de Europa" podría ser Escipión, el vencedor de Aníbal, ya que de haber sido Roma la perdedora, su imperio no habría llegado a existir, y la historia posterior habría sido muy distinta. El padre cristiano de Europa podría ser San Benito de Nursia, por el papel esencial desempeñado por los benedictinos para civilizar a los bárbaros frente a todas las adversidades. Luego hay muchos más, sería arbitrario decidirse por unos u otros. -¿Cuál es el momento cumbre de la civilización europea? -Es imposible decirlo. La época de mayor poder material de Europa viene a producirse la época entre la revolución industrial nacida en Inglaterra y la Revolución francesa, y la Primera Guerra Mundial. Por eso defino esa época, precisamente, como la Edad de Apogeo, que fue acompañada de una eclosión de ideologías que operan como religiones sustitutorias. Desde otro punto de vista podríamos considerar el Renacimiento y la expansión transatlántica, sobre todo española, acompañada de esplendor artístico e intelectual. En fin, la época del románico y el gótico también son grandes momentos. Es curioso que cada una de estas etapas dé lugar a la siguiente, la cual se presenta al mismo tiempo como una revolución contraria a la etapa anterior. -Hay un momento en el que usted sostiene que algo no tiene precedentes en la historia, y es la transformación de Europa como una civilización cristiana en una civilización prometeica... -Como explico al principio, creo que el núcleo generador de las culturas no es la economía o la técnica, en base a las cuales suele interpretarse hoy la historia, sino la religión. La tensión entre razón y fe, como dije, es un rasgo especial cristiano, y en la civilización europea, finalmente, la razón se ha rebelado contra la fe a partir de la Ilustración -algo nunca visto antes- generando las ideologías, que son concepciones del mundo y del hombre que tratan de prescindir de la fe y asentarse únicamente en la razón. -¿Eso es positivo o negativo? -En el libro expongo cómo las ideologías, que aspiran a sentar conclusiones unívocas y universales a partir exclusivamente de la razón y la ciencia, no lo consiguen nunca, pues de unas mismas premisas pueden derivarse ideas muy diversas. Su crítica de la religión se basa en que esta es un producto histórico de la ignorancia y la impotencia humanas. La ignorancia estaría en vías de superarse mediante el ejercicio de la razón, y la impotencia lo mismo, gracias a la técnica. En la mitología griega, Prometeo es un titán, es decir un hijo de la tierra, en cierto sentido opuesto al espíritu, que enseña a los hombres la técnica y a burlarse de los dioses. Más o menos es lo que significan las ideologías. Y esa concepción está representada de forma típica en la masonería. En el cristianismo se encuentra algo semejante en el relato del Paraíso o en episodios como el del becerro de oro, que advierten sobre los peligros de reducir la vida humana a una lucha sin fin por el bienestar material. -Se está empezando a celebrar el quinto centenario de Lutero. ¿Es un "padre" de la Europa que habría nacido en Westfalia tras fracturar la Cristiandad? -En el libro insisto en dicha tensión entre razón y fe como característica de la civilización cristiana. Tensión significa al mismo tiempo oposición y complementariedad, pero a partir de cierto momento, en la Ilustración -aunque algunas de sus raíces se encuentren en el protestantismo-, la razón rompe con la fe, por así decir. Las dos cosas son europeas. Por supuesto, las ideologías no han acabado con el cristianismo, sobre todo con el catolicismo, pero este ha retrocedido y sigue retrocediendo, porque no acaba de encontrar un discurso adecuado frente a las ideologías. El Concilio Vaticano II fue un intento, aunque creo que en gran medida ha fracasado. Juan Pablo II y Benedicto XVI rectificaron algunos de los peores efectos de aquel concilio, renunciando, por ejemplo, al llamado diálogo con los marxistas, planteado sobre bases falsas y que fue ruinoso para la Iglesia. Ahora, el Papa actual parece seguir en la línea contraria a Juan Pablo II, y la ha ampliado con un diálogo con los protestantes, tengo la impresión de que también sobre bases falsas, justificando excesivamente a Lutero. -¿Por qué "excesivamente"? -Una de las consecuencias inevitables del protestantismo es la disgregación en muchos grupos y fes diversas, algo que va, creo, contra las tradiciones de la Iglesia. En cuanto a la paz de Westfalia, que tanto satisface a pensadores políticos como Kissinger, fue como sabemos un fracaso, no aseguró ningún equilibrio y fue condenada por el Papa. En fin, Europa, hasta ahora, es las dos cosas: el intento de armonizar la tensión entre razón y fe, y la rebelión de la razón contra la fe, a la que pueden atribuirse, por ejemplo, las dos guerras mundiales del siglo XX. -Esas dos cosas ¿son incompatibles? -Creo que la Iglesia busca un discurso capaz de armonizar las dos cosas, sin resultado claro hasta ahora. Otro intento fue el de Maritain y la democracia cristiana, que no me parece muy exitoso a día de hoy. Dos pensadores conscientes del problema han sido Jacques Maritain y Christopher Dawson. Dawson me parece más interesante, aunque más incompleto. -¿Está preparada la Europa actual para recibir e integrar millones de musulmanes sin perder su identidad cristiana y grecorromana? -En gran medida, Europa se ha edificado precisamente contra el islam. Son dos concepciones religiosas y culturales muy distintas, por no decir opuestas, y siguen siéndolo. Creo que Europa se suicida admitiendo masas de musulmanes, pero ello es muy coherente con las ideologías actuales de la Unión Europea. -¿Qué hacer entonces? -Es preferible que los islamistas permanezcan en sus países, pero precisamente la Unión Europea y Estados Unidos, con sus intervenciones en esos países, supuestamente para democratizarlos, están generando guerras civiles y caos, un resultado de los cuales son esas inmigraciones masivas. -¿Qué opina del caso particular de España? -En España tenemos además el problema de que siguen con la idea de Al Ándalus. ¿Por qué no podría volver Al Ándalus, si Alá lo quiere? ¿Y por qué no había de quererlo? Además, innumerables profesores y escritores españoles anticristianos están sentando una peligrosa falsificación de la historia, negando la Reconquista, con lo que vienen a funcionar como caballo de Troya o quinta columna de esas aspiraciones musulmanas, que ciertamente existen y a las que no debemos cerrar los ojos -¿Quién ha sido el más europeo de los españoles? -Hombre, los españoles hemos sido europeos siempre, y ya he dicho que no soy partidario en absoluto de crear un monstruo “europeo” que destruya las culturas e idiomas de las diferentes naciones, imponiendo el inglés como lengua superior y toda esa historieta del multiculturalismo y una concepción economicista de la vida, algo así como la cultura del becerro de oro. Pero, en fin, si hemos de distinguir un europeísta español, creo que Don Pelayo es el arquetipo. Sin la Reconquista iniciada por él, España habría dejado de existir, convertida en Al Ándalus, es decir, una cultura oriental-africana con el árabe como lengua, en lugar de una nación europea. Pincha aquí para adquirir ahora Europa. Una introducción a su Historia.
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jueves, 29 de octubre de 2015
La Fuerza del Amor
La Fuerza del Amor
Amor sin reglas es amor sin estímulo. Daría lo mismo ganar que perder
Por: P. Antonio Rivero | Fuente: Catholic.net
Por: P. Antonio Rivero | Fuente: Catholic.net

Lo mismo que pasa en el ajedrez, en el fútbol y en las damas chinas, pasa en el amor. Sin reglas de juego no despierta interés. Amor sin reglas es amor sin estímulo. Daría lo mismo ganar que perder.
Del amor hablamos todo el día, a todas horas, en todas partes. Y es precisamente el amor el gran desconocido del hombre. El cristianismo ha hecho del amor no sólo su aspiración más ingente, sino su propia razón de ser. De tal manera que si despojamos al cristianismo del amor, del cristianismo no quedaría nada. Ni una sombra, ni una huella. El árbol sin tronco y sin follaje no sería más árbol.
Hoy día, hay que reconocer, la palabra amor es moneda desgastada, ha perdido su brillo. Casi queda reducida al significado de limosna. Para unos, el amor significa el pequeño o grande obsequio que quiero dar a una persona querida, a un pobre o indigente. Para otros, el amor trae consigo esa connotación de sensualidad y sexualidad: tocarse, besuquearse, arrimarme y apretujarme junto al otro, con peligro de asfixia. Para otros, la palabra amor pasa sólo por las alcobas y las camas. ¿Es esto el verdadero amor?
En esta conferencia quisiera dejarles, a modo de memorandum, algunas reglas del amor, donde se sintetizan las verdaderas características del amor.
1. ABRIR LOS OJOS
El amor comienza por ver al otro necesitado de mí, que está hambriento, sediento, desnudo, encarcelado, herido, triste, deprimido...o, por el contrario, que está alegre, feliz, entusiasta, merecedor de compartir con él sus sentimientos maravillosos. Para esto, se necesitan nuevos ojos, ojos profundos. Hay un refrán que dice: “Ojos que no ven, corazón que no siente”. ¡Qué verdad se encierra en estas palabras!.
Esto significa que debemos tener siempre abiertos los ojos allá por donde vamos. No podemos tropezarnos con nuestro hermano pobre e indigente, sin volver nuestra vista, detenernos y socorrerlo, como hizo el buen samaritano del Evangelio.
El gran peligro que tenemos es la miopía del egoísmo, que nos impide ver en el prójimo a ese Jesús disfrazado de pobre. ¡Terrible miopía que nos cierra las entrañas del corazón a toda necesidad de los demás!
Hay que traer aquí el ejemplo de Madre Teresa de Calcuta. Oigamos sus palabras: “No nací en 1910, como dicen mis documentos. Nací el 10 de septiembre de 1946 en una calle de Calcuta, a los 36 años, cuando tropecé con el cuerpo de una mujer moribunda. Ratas y hormigas se paseaban por sus llagas. La levanté, caminé hasta un hospital cercano y pedí una cama para ella. La mujer murió en esa cama: la primera, la única y la última cama que tuvo en su vida”.
Este encuentro casual cambió la vida de la Madre Teresa, porque en esa mujer vio a Cristo agonizante sobre la dura acera de aquella calle desconocida. A partir de ese momento, fue encontrando a miles y millones de Cristos sufrientes, a quienes ha ido prodigando su amor y su ternura a lo largo de sus 50 años de servicio a los pobres.
Ustedes saben que en todas las capillas de las Hermanas Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa, al lado del crucifijo que cuelga sobre la pared, aparece esta inscripción “I thirst”, “Tengo sed”, como un emblema de la Congregación. Este grito angustioso de Cristo en la cruz, les recuerda a las hermanas el objetivo fundamental de su Congregación: apagar la sed de Jesús en los más pobres y abandonados.
Pero, ¿cómo podrían apagar la sed de Jesús si tuvieran los oídos tapados con la cera de la indiferencia? ¿Cómo podrían socorrer al pobre, si tuvieran los ojos vendados por el egoísmo? ¿Cómo tender sus manos, si las tienen encogidas y adormiladas a causa de la comodidad...o muertas y envenenadas por la avaricia y ambición? ¡Imposible!
Cuenta así la Madre Teresa: “En cierta ocasión escuché que se iba a dar una conferencia de alto nivel sobre el hambre en el mundo y sus graves consecuencias. Como me hallaba de paso en aquella ciudad, fui invitada a participar en la misma. Por motivos ajenos a mi voluntad, equivoqué el camino y no acerté a llegar a la hora al lugar de la conferencia. Después de varios intentos, logré dar con la dirección correcta, pero ignoraba que me esperaba una gran sorpresa. Allí, junto a la sede de la conferencia, había un hombre que se moría de hambre. Lo recogí rápidamente y lo llevé a la Casa de las hermanas. Todos los intentos por rehabilitarlo fueron inútiles. El hombre murió. Reflexioné y me dije: más de mil personas escucharon una hermosa conferencia sobre el hambre y allí, a pocos metros, un hombre agonizaba por falta de alimento”. ¡Qué terrible! El amor no consiste en hablar mucho, sino en socorrer, en hacer algo por los necesitados. El cristianismo no es religión de teorías ni de palabras, sino de acción: “Me diste de comer...me diste de beber...me visitaste...me vestiste...me socorriste”. El amor tiene que ponerse en acción.
Por eso, la primera regla del amor es: abrir bien nuestros ojos y nuestros oídos al necesitado; abrir nuestras manos y tenerlas siempre tendidas.
2. SERVIR Y DAR HASTA QUE TE DUELA
Si ustedes van a una videoteca encontrarán títulos sugestivos de películas como éstos: “Nacidos para triunfar” o “Nacidos para perder”. Si quisiéramos hacer una película del cristiano tendríamos que poner este título: “Nacido para servir”.
El amor tiene que pasar necesariamente por el servicio.
“Dar hasta que duela”. También es frase de la Madre Teresa, especialista del amor.
El amor, para que sea auténtico, tiene que costar. A Jesús le costó mucho amarnos. A Dios Padre le costó mucho amarnos y entregarnos a su Hijo, para que le crucificáramos. A María le costó desprenderse de ese Hijo de sus entrañas, y entregarlo a los verdugos que le dieron muerte.
Por eso, la Madre Teresa repite con frecuencia esto: “No me gusta que den de lo que les sobra, sino de lo que les hace falta...Nunca tengan temor de dar, pero no de lo que les sobra: den hasta que les duela”.
Dar hasta que duela. Con esta frase queremos decir que el amor, para que sea auténtico, tiene que pasar por el crisol del sufrimiento. Fue san Pablo el primero que intuyó esta íntima conexión entre amor y dolor, entre sufrimiento y salvación, aludiendo al sacrificio redentor de Cristo: “Sin derramamiento de sangre, no hay salvación”.
Sin sufrimiento, nuestro amor y caridad no sería más que una asistencia social, muy positiva, sin duda, pero no sería el verdadero amor redentor. Sólo compartiendo con el prójimo sus sufrimientos, siendo parte de los que sufren, podemos redimirlos, podemos llevarlos a Dios y hacer que Dios, que es Amor, entre en sus vidas.
Cuenta la madre Teresa que se casaron dos jóvenes en Calcuta hicieron una boda muy simple y sencilla. Ella llevó un sari liso de algodón y sólo estuvieron presentes los padres de ambos; luego donaron a la madre Teresa el dinero que les habría costado una gran ceremonia matrimonial según el rito hindú para que lo compartieran con los más pobres.
Cuando en una ocasión preguntaron a la madre Teresa si alguna vez terminará el hambre en el mundo contestó: “Terminará cuando aprendamos a compartir”.
Un amor que no está dispuesto a compartir los sufrimientos con la persona amada, en el fondo no es más que un egoísmo disfrazado. Hay que amar hasta que duela. El dolor es la prueba del verdadero amor. Dime cuanto sufres y te diré cuanto amas.
El dolor por sí mismo, independiente del amor, conduce al masoquismo o a un orgulloso estoicismo .
Es un principio teológico que “lo que no se asume, no se redime”. Solamente los que son capaces de bajar al infierno de la desesperación de los pobres, podrán sacar de la miseria material y espiritual a los marginados.
Dar hasta que duela. ¿Se acuerdan del ejemplo narrado por el poeta hindú Tagore?
“Iba yo pidiendo de puerta en puerta por el camino de la aldea, cuando un carro de oro apareció a lo lejos, como un sueño magnífico. Yo me preguntaba quién sería aquel rey de reyes. Mis esperanzas volaron hasta el cielo y pensé que mis días malos habían acabado. Y me quedé aguardando limosnas espontáneas, tesoros desparramados en el polvo. La carroza se paró a mi lado. Él me miró y bajó sonriendo. Sentí la felicidad de la vida, que por fin me había llegado. Y de pronto, me tendió su mano derecha diciéndome. ´¿Puedes darme alguna cosa?´. ¡Qué ocurrencia la de su realeza: pedirle a un mendigo! Yo estaba confuso y no sabía qué hacer. Luego saqué despacio de mi saco un granito de trigo y se lo di... Pero...¡qué sorpresa la mía cuando al vaciar por la tarde mi saco en el suelo, encontré un granito de oro en la miseria del montón! ¡Qué amargamente lloré de no haber tenido corazón para darle todo”.
¡Dar hasta que duela! Es lo que da felicidad interior.
¿Saben el cuento de la rosa y la nube?
“La tierra estaba reseca y dura; desde largo tiempo atrás no caía una gota de agua. Y la pobre rosa, inclinada sobre su tallo, marchita y pálida, se moría de sed. Una tarde vio pasar una nube. Era una nube blanca, enorme como una montaña. La rosa levantó la voz cuanto pudo y le imploró:
- Dame unas gotas de lluvia; estoy sedienta...
- Imposible, amiga mía. Voy de viaje a otros países y no puedo detenerme.
- Unas gotas, nada más... - pidió la flor
Y la nube orgullosa, siguió su marcha; pero a medida que se alejaba, sentíase triste. Una voz interior le decía que había procedido mal.
Volvió apresuradamente, se detuvo sobre la rosa y le dejó caer un poco de lluvia; pero ya era tarde. La dulce flor había caído sobre la tierra, deshecha en un sinnúmero de pétalos amarillos.
La nube prosiguió su viaje llorando y arrepentida de su crueldad con la pobre rosa.
Las almas mezquinas no son dichosas. La caridad embellece nuestra vida y nos hace felices. ¡Da hasta que te duela!
3. DAR HASTA EL SACRIFICIO DE TI MISMO
No sólo hay que dar cosas. Hay que darse a sí mismo, incluso hasta el propio sacrificio. En esto consiste el verdadero amor: en dar la vida por la persona amada.
Me acuerdo del cuento del escritor inglés Oscar Wilde, titulado “El ruiseñor y la rosa”, que les resumiré ahora y que encarna esta idea que quiero exponer.
Un estudiante estaba triste y desconsolado en su habitación porque su amada novia le había dicho que bailaría con él si le llevaba rosas rojas. En su jardín no había ninguna rosa roja. El ruiseñor le escuchaba conmovido. Decía el estudiante: “El príncipe ofrecerá mañana un baile; yo y mi amada hemos sido invitados. Si yo le llevo una rosa roja ella bailará conmigo hasta el alba y seré muy feliz...Pero mi jardín no ha dado rosas rojas. Ella me despreciará y mi corazón se despedazará”.
Al escucharlo el ruiseñor dijo para sí: “He aquí a alguien que sabe verdaderamente amar. Aquello que yo canto, él lo sufre. Aquello que para mí es gozo, para él es dolor. El amor es una cosa maravillosa. Es más precioso que las esmeraldas y los diamantes. No se puede comprar con perlas preciosas. No es vendido en el mercado. No hay balances para el amor”.
Y mientras estaba llorando en su jardín el pobre estudiante, se fueron acercando varios animalitos y todos le preguntaban por qué estaba llorando. El ruiseñor les dijo: “Llora por una rosa roja”.
“¿Por una rosa roja?”- exclamaron todos. “¡Qué ridiculez!”- dijeron
Pero el ruiseñor sí entendía el secreto del dolor del estudiante y se quedó silencioso reflexionando en el misterio del dolor.
Y en esto, el ruiseñor voló y se posó sobre el primer rosal que encontró: “-¡Dame una rosa roja, amigo rosal, y te cantaré la más dulce de mis canciones!”. El rosal sacudió sus ramitas y respondió: “¡Lo siento, mis rosas son blancas, como la nieve sobre los montes...Pero ve a mi hermano, tal vez él te dé lo que buscas”.
Y así fue. Y encontró parecida respuesta: “Lo siento; mis rosas son amarillas, como el grano de trigo. Ve a mi hermano que florece bajo la ventana del estudiante, tal vez él te dará lo que buscas”.
El ruiseñor se posó sobre el rosal: “Dame una sola rosa roja, por favor”. Le respondió el rosal: “Mi rosas son rojas, es verdad. Pero el invierno me ha congelado las venas, la nieve me ha destruido los capullos y la tempestad me ha roto los tallitos: no tendré ninguna rosa roja este año”. El ruiseñor seguía insistiendo: “Sólo quiero una sola rosa roja, por favor. ¿No existe algún modo de encontrarla?”.
El rosal respondió: “Sí; pero es tan terrible que no tengo el coraje de decirte cómo encontrarla”.
“Dime cómo, por favor; yo no tengo miedo, aunque me duela”- respondió el ruiseñor.
“Si quieres una rosa roja -dice el rosal- debes teñirla con tu propia sangre. Debes cantar para mí con el pecho contra una de mis espinas. Toda la noche debes cantar para mí y la espina debe atravesarte el corazón, y tu sangre debe correr por mis venas y llegar a ser mía”.
Así lo hizo el ruiseñor. Apretó su corazón contra la espina de esa rosa. Toda la noche cantó con el pecho contra la espina. La misma luna fría de cristal se inclinó y escuchó. Toda la noche cantó y la espina le penetró siempre más profundamente en el pecho, mientras la sangre iba coloreando la rosa. Hasta que murió el ruiseñor. Su voz se apagó y brotó una roja rosa maravillosa.
Al mediodía el estudiante abrió la ventana y miró fuera, exclamando: “¡Qué cosa increíble! ¡Una rosa roja! No había visto una rosa semejante en toda mi vida. Es tan bella...”. Salió de la casa, arrancó la rosa roja y se la llevó a su novia amada, pensando durante el camino: “Seguro, que ahora sí bailará conmigo”.
Pero la novia frunció el ceño y con gesto despreciativo le dijo: “No me sirve ya. No entona con mi vestido. Además el nieto del duque me ha mandado joyas verdaderas, y todos saben que las joyas cuestan más que las flores”.
“Eres una ingrata” - dijo rabioso el estudiante. Y arrojó la rosa en el camino. ¿Saben cómo acabó la rosa roja? La rueda de un carro la pisoteó.
“El amor no existe” - concluyó el estudiante. Y se volvió a su casa.
Hasta aquí el cuento de Oscar Wilde. Saquemos las conclusiones:
Para el ruiseñor el amor es la más grande razón de la existencia. No duda por tanto en sacrificar su propia vida para que el estudiante tenga todo lo que desea: el amor y la felicidad de esa joven, a quien amaba.
Para el estudiante, el amor es una especie de ilusión, convencional y pasajero. Mientras el ruiseñor es capaz de amar, el estudiante es egoísta e insensible ante el amor del ruiseñor.
Para la novia, el amor es sólo apariencia. Se queda en las exterioridades: “Esa rosa no entona con mi vestido...además, el nieto del duque me ha regalado unas joyas verdaderas”. ¡Cómo es posible que no valore el sacrificio de ese ruiseñor que dio su sangre por la rosa que hizo feliz a ese estudiante!
Concluyo esta regla del amor: Si nosotros queremos amar, abrirnos a esta realidad maravillosa y mágica del amor, tenemos que estar dispuestos a sacrificarnos por la persona amada. De lo contrario, ese amor es egoísta y ciego, como el del estudiante y el de la novia.
Otro ejemplo, este histórico, que corrobora esta ley del amor: el caso del padre Maximiliano María Kolbe, franciscano polaco. Era en tiempo de los nazis durante la segunda guerra mundial, en Polonia.
20 de julio de 1941. Al pasar lista en el campo de exterminio de Auschwitz, uno de los presos, el número 14 no contesta; se ha fugado del campo.
El comandante ordena diezmar a los presos; de cada diez de ellos uno deberá morir, por culpa del que se fugó.
Entre los destinados a morir, un exsargento polaco, Francisco Gayowniczek, rompe a llorar: - ¡Mis hijos!...¡Mi esposa!...
De en medio de todos los presos del campo presentes en la escena, el número 16670 sale de la formación y le propone al comandante:
- Yo no tengo esposa ni hijos; permítame usted morir en lugar de este compañero.
El comandante acepta. Junto con los demás sentenciados a muerte, el número 16670 es encerrado en el bunker de la muerte, para que muera de hambre. Allí consuela y encamina al Cielo a los demás compañeros, que uno tras otro mueren.
Y como él no moría y necesitaban el bunker para otros, inyectan al padre Kolbe el ácido fénico y lo arrojan al horno crematorio.
En 1971 en la basílica de san Pedro en Roma, el Papa Pablo VI declaró beato al padre Kolbe. Entre los presentes a esa ceremonia, se encontraba el exsargento a quien el padre Kolbe había salvado la vida. Juan Pablo II lo proclamó ya santo: dio su vida y su sangre por el prójimo.
CONCLUSIÓN: Amar, amar más, amar sin medida, amar a todos, amar hasta que duela, amar hasta el sacrificio por la persona amada. Esto es el amor. Lo demás es cuento, fachada, hipocresía. Si no amo, no soy nada, no valgo nada.
Comentarios al P. Antonio Rivero
Del amor hablamos todo el día, a todas horas, en todas partes. Y es precisamente el amor el gran desconocido del hombre. El cristianismo ha hecho del amor no sólo su aspiración más ingente, sino su propia razón de ser. De tal manera que si despojamos al cristianismo del amor, del cristianismo no quedaría nada. Ni una sombra, ni una huella. El árbol sin tronco y sin follaje no sería más árbol.
Hoy día, hay que reconocer, la palabra amor es moneda desgastada, ha perdido su brillo. Casi queda reducida al significado de limosna. Para unos, el amor significa el pequeño o grande obsequio que quiero dar a una persona querida, a un pobre o indigente. Para otros, el amor trae consigo esa connotación de sensualidad y sexualidad: tocarse, besuquearse, arrimarme y apretujarme junto al otro, con peligro de asfixia. Para otros, la palabra amor pasa sólo por las alcobas y las camas. ¿Es esto el verdadero amor?
En esta conferencia quisiera dejarles, a modo de memorandum, algunas reglas del amor, donde se sintetizan las verdaderas características del amor.
1. ABRIR LOS OJOS
El amor comienza por ver al otro necesitado de mí, que está hambriento, sediento, desnudo, encarcelado, herido, triste, deprimido...o, por el contrario, que está alegre, feliz, entusiasta, merecedor de compartir con él sus sentimientos maravillosos. Para esto, se necesitan nuevos ojos, ojos profundos. Hay un refrán que dice: “Ojos que no ven, corazón que no siente”. ¡Qué verdad se encierra en estas palabras!.
Esto significa que debemos tener siempre abiertos los ojos allá por donde vamos. No podemos tropezarnos con nuestro hermano pobre e indigente, sin volver nuestra vista, detenernos y socorrerlo, como hizo el buen samaritano del Evangelio.
El gran peligro que tenemos es la miopía del egoísmo, que nos impide ver en el prójimo a ese Jesús disfrazado de pobre. ¡Terrible miopía que nos cierra las entrañas del corazón a toda necesidad de los demás!
Hay que traer aquí el ejemplo de Madre Teresa de Calcuta. Oigamos sus palabras: “No nací en 1910, como dicen mis documentos. Nací el 10 de septiembre de 1946 en una calle de Calcuta, a los 36 años, cuando tropecé con el cuerpo de una mujer moribunda. Ratas y hormigas se paseaban por sus llagas. La levanté, caminé hasta un hospital cercano y pedí una cama para ella. La mujer murió en esa cama: la primera, la única y la última cama que tuvo en su vida”.
Este encuentro casual cambió la vida de la Madre Teresa, porque en esa mujer vio a Cristo agonizante sobre la dura acera de aquella calle desconocida. A partir de ese momento, fue encontrando a miles y millones de Cristos sufrientes, a quienes ha ido prodigando su amor y su ternura a lo largo de sus 50 años de servicio a los pobres.
Ustedes saben que en todas las capillas de las Hermanas Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa, al lado del crucifijo que cuelga sobre la pared, aparece esta inscripción “I thirst”, “Tengo sed”, como un emblema de la Congregación. Este grito angustioso de Cristo en la cruz, les recuerda a las hermanas el objetivo fundamental de su Congregación: apagar la sed de Jesús en los más pobres y abandonados.
Pero, ¿cómo podrían apagar la sed de Jesús si tuvieran los oídos tapados con la cera de la indiferencia? ¿Cómo podrían socorrer al pobre, si tuvieran los ojos vendados por el egoísmo? ¿Cómo tender sus manos, si las tienen encogidas y adormiladas a causa de la comodidad...o muertas y envenenadas por la avaricia y ambición? ¡Imposible!
Cuenta así la Madre Teresa: “En cierta ocasión escuché que se iba a dar una conferencia de alto nivel sobre el hambre en el mundo y sus graves consecuencias. Como me hallaba de paso en aquella ciudad, fui invitada a participar en la misma. Por motivos ajenos a mi voluntad, equivoqué el camino y no acerté a llegar a la hora al lugar de la conferencia. Después de varios intentos, logré dar con la dirección correcta, pero ignoraba que me esperaba una gran sorpresa. Allí, junto a la sede de la conferencia, había un hombre que se moría de hambre. Lo recogí rápidamente y lo llevé a la Casa de las hermanas. Todos los intentos por rehabilitarlo fueron inútiles. El hombre murió. Reflexioné y me dije: más de mil personas escucharon una hermosa conferencia sobre el hambre y allí, a pocos metros, un hombre agonizaba por falta de alimento”. ¡Qué terrible! El amor no consiste en hablar mucho, sino en socorrer, en hacer algo por los necesitados. El cristianismo no es religión de teorías ni de palabras, sino de acción: “Me diste de comer...me diste de beber...me visitaste...me vestiste...me socorriste”. El amor tiene que ponerse en acción.
Por eso, la primera regla del amor es: abrir bien nuestros ojos y nuestros oídos al necesitado; abrir nuestras manos y tenerlas siempre tendidas.
2. SERVIR Y DAR HASTA QUE TE DUELA
Si ustedes van a una videoteca encontrarán títulos sugestivos de películas como éstos: “Nacidos para triunfar” o “Nacidos para perder”. Si quisiéramos hacer una película del cristiano tendríamos que poner este título: “Nacido para servir”.
El amor tiene que pasar necesariamente por el servicio.
“Dar hasta que duela”. También es frase de la Madre Teresa, especialista del amor.
El amor, para que sea auténtico, tiene que costar. A Jesús le costó mucho amarnos. A Dios Padre le costó mucho amarnos y entregarnos a su Hijo, para que le crucificáramos. A María le costó desprenderse de ese Hijo de sus entrañas, y entregarlo a los verdugos que le dieron muerte.
Por eso, la Madre Teresa repite con frecuencia esto: “No me gusta que den de lo que les sobra, sino de lo que les hace falta...Nunca tengan temor de dar, pero no de lo que les sobra: den hasta que les duela”.
Dar hasta que duela. Con esta frase queremos decir que el amor, para que sea auténtico, tiene que pasar por el crisol del sufrimiento. Fue san Pablo el primero que intuyó esta íntima conexión entre amor y dolor, entre sufrimiento y salvación, aludiendo al sacrificio redentor de Cristo: “Sin derramamiento de sangre, no hay salvación”.
Sin sufrimiento, nuestro amor y caridad no sería más que una asistencia social, muy positiva, sin duda, pero no sería el verdadero amor redentor. Sólo compartiendo con el prójimo sus sufrimientos, siendo parte de los que sufren, podemos redimirlos, podemos llevarlos a Dios y hacer que Dios, que es Amor, entre en sus vidas.
Cuenta la madre Teresa que se casaron dos jóvenes en Calcuta hicieron una boda muy simple y sencilla. Ella llevó un sari liso de algodón y sólo estuvieron presentes los padres de ambos; luego donaron a la madre Teresa el dinero que les habría costado una gran ceremonia matrimonial según el rito hindú para que lo compartieran con los más pobres.
Cuando en una ocasión preguntaron a la madre Teresa si alguna vez terminará el hambre en el mundo contestó: “Terminará cuando aprendamos a compartir”.
Un amor que no está dispuesto a compartir los sufrimientos con la persona amada, en el fondo no es más que un egoísmo disfrazado. Hay que amar hasta que duela. El dolor es la prueba del verdadero amor. Dime cuanto sufres y te diré cuanto amas.
El dolor por sí mismo, independiente del amor, conduce al masoquismo o a un orgulloso estoicismo .
Es un principio teológico que “lo que no se asume, no se redime”. Solamente los que son capaces de bajar al infierno de la desesperación de los pobres, podrán sacar de la miseria material y espiritual a los marginados.
Dar hasta que duela. ¿Se acuerdan del ejemplo narrado por el poeta hindú Tagore?
“Iba yo pidiendo de puerta en puerta por el camino de la aldea, cuando un carro de oro apareció a lo lejos, como un sueño magnífico. Yo me preguntaba quién sería aquel rey de reyes. Mis esperanzas volaron hasta el cielo y pensé que mis días malos habían acabado. Y me quedé aguardando limosnas espontáneas, tesoros desparramados en el polvo. La carroza se paró a mi lado. Él me miró y bajó sonriendo. Sentí la felicidad de la vida, que por fin me había llegado. Y de pronto, me tendió su mano derecha diciéndome. ´¿Puedes darme alguna cosa?´. ¡Qué ocurrencia la de su realeza: pedirle a un mendigo! Yo estaba confuso y no sabía qué hacer. Luego saqué despacio de mi saco un granito de trigo y se lo di... Pero...¡qué sorpresa la mía cuando al vaciar por la tarde mi saco en el suelo, encontré un granito de oro en la miseria del montón! ¡Qué amargamente lloré de no haber tenido corazón para darle todo”.
¡Dar hasta que duela! Es lo que da felicidad interior.
¿Saben el cuento de la rosa y la nube?
“La tierra estaba reseca y dura; desde largo tiempo atrás no caía una gota de agua. Y la pobre rosa, inclinada sobre su tallo, marchita y pálida, se moría de sed. Una tarde vio pasar una nube. Era una nube blanca, enorme como una montaña. La rosa levantó la voz cuanto pudo y le imploró:
- Dame unas gotas de lluvia; estoy sedienta...
- Imposible, amiga mía. Voy de viaje a otros países y no puedo detenerme.
- Unas gotas, nada más... - pidió la flor
Y la nube orgullosa, siguió su marcha; pero a medida que se alejaba, sentíase triste. Una voz interior le decía que había procedido mal.
Volvió apresuradamente, se detuvo sobre la rosa y le dejó caer un poco de lluvia; pero ya era tarde. La dulce flor había caído sobre la tierra, deshecha en un sinnúmero de pétalos amarillos.
La nube prosiguió su viaje llorando y arrepentida de su crueldad con la pobre rosa.
Las almas mezquinas no son dichosas. La caridad embellece nuestra vida y nos hace felices. ¡Da hasta que te duela!
3. DAR HASTA EL SACRIFICIO DE TI MISMO
No sólo hay que dar cosas. Hay que darse a sí mismo, incluso hasta el propio sacrificio. En esto consiste el verdadero amor: en dar la vida por la persona amada.
Me acuerdo del cuento del escritor inglés Oscar Wilde, titulado “El ruiseñor y la rosa”, que les resumiré ahora y que encarna esta idea que quiero exponer.
Un estudiante estaba triste y desconsolado en su habitación porque su amada novia le había dicho que bailaría con él si le llevaba rosas rojas. En su jardín no había ninguna rosa roja. El ruiseñor le escuchaba conmovido. Decía el estudiante: “El príncipe ofrecerá mañana un baile; yo y mi amada hemos sido invitados. Si yo le llevo una rosa roja ella bailará conmigo hasta el alba y seré muy feliz...Pero mi jardín no ha dado rosas rojas. Ella me despreciará y mi corazón se despedazará”.
Al escucharlo el ruiseñor dijo para sí: “He aquí a alguien que sabe verdaderamente amar. Aquello que yo canto, él lo sufre. Aquello que para mí es gozo, para él es dolor. El amor es una cosa maravillosa. Es más precioso que las esmeraldas y los diamantes. No se puede comprar con perlas preciosas. No es vendido en el mercado. No hay balances para el amor”.
Y mientras estaba llorando en su jardín el pobre estudiante, se fueron acercando varios animalitos y todos le preguntaban por qué estaba llorando. El ruiseñor les dijo: “Llora por una rosa roja”.
“¿Por una rosa roja?”- exclamaron todos. “¡Qué ridiculez!”- dijeron
Pero el ruiseñor sí entendía el secreto del dolor del estudiante y se quedó silencioso reflexionando en el misterio del dolor.
Y en esto, el ruiseñor voló y se posó sobre el primer rosal que encontró: “-¡Dame una rosa roja, amigo rosal, y te cantaré la más dulce de mis canciones!”. El rosal sacudió sus ramitas y respondió: “¡Lo siento, mis rosas son blancas, como la nieve sobre los montes...Pero ve a mi hermano, tal vez él te dé lo que buscas”.
Y así fue. Y encontró parecida respuesta: “Lo siento; mis rosas son amarillas, como el grano de trigo. Ve a mi hermano que florece bajo la ventana del estudiante, tal vez él te dará lo que buscas”.
El ruiseñor se posó sobre el rosal: “Dame una sola rosa roja, por favor”. Le respondió el rosal: “Mi rosas son rojas, es verdad. Pero el invierno me ha congelado las venas, la nieve me ha destruido los capullos y la tempestad me ha roto los tallitos: no tendré ninguna rosa roja este año”. El ruiseñor seguía insistiendo: “Sólo quiero una sola rosa roja, por favor. ¿No existe algún modo de encontrarla?”.
El rosal respondió: “Sí; pero es tan terrible que no tengo el coraje de decirte cómo encontrarla”.
“Dime cómo, por favor; yo no tengo miedo, aunque me duela”- respondió el ruiseñor.
“Si quieres una rosa roja -dice el rosal- debes teñirla con tu propia sangre. Debes cantar para mí con el pecho contra una de mis espinas. Toda la noche debes cantar para mí y la espina debe atravesarte el corazón, y tu sangre debe correr por mis venas y llegar a ser mía”.
Así lo hizo el ruiseñor. Apretó su corazón contra la espina de esa rosa. Toda la noche cantó con el pecho contra la espina. La misma luna fría de cristal se inclinó y escuchó. Toda la noche cantó y la espina le penetró siempre más profundamente en el pecho, mientras la sangre iba coloreando la rosa. Hasta que murió el ruiseñor. Su voz se apagó y brotó una roja rosa maravillosa.
Al mediodía el estudiante abrió la ventana y miró fuera, exclamando: “¡Qué cosa increíble! ¡Una rosa roja! No había visto una rosa semejante en toda mi vida. Es tan bella...”. Salió de la casa, arrancó la rosa roja y se la llevó a su novia amada, pensando durante el camino: “Seguro, que ahora sí bailará conmigo”.
Pero la novia frunció el ceño y con gesto despreciativo le dijo: “No me sirve ya. No entona con mi vestido. Además el nieto del duque me ha mandado joyas verdaderas, y todos saben que las joyas cuestan más que las flores”.
“Eres una ingrata” - dijo rabioso el estudiante. Y arrojó la rosa en el camino. ¿Saben cómo acabó la rosa roja? La rueda de un carro la pisoteó.
“El amor no existe” - concluyó el estudiante. Y se volvió a su casa.
Hasta aquí el cuento de Oscar Wilde. Saquemos las conclusiones:
Para el ruiseñor el amor es la más grande razón de la existencia. No duda por tanto en sacrificar su propia vida para que el estudiante tenga todo lo que desea: el amor y la felicidad de esa joven, a quien amaba.
Para el estudiante, el amor es una especie de ilusión, convencional y pasajero. Mientras el ruiseñor es capaz de amar, el estudiante es egoísta e insensible ante el amor del ruiseñor.
Para la novia, el amor es sólo apariencia. Se queda en las exterioridades: “Esa rosa no entona con mi vestido...además, el nieto del duque me ha regalado unas joyas verdaderas”. ¡Cómo es posible que no valore el sacrificio de ese ruiseñor que dio su sangre por la rosa que hizo feliz a ese estudiante!
Concluyo esta regla del amor: Si nosotros queremos amar, abrirnos a esta realidad maravillosa y mágica del amor, tenemos que estar dispuestos a sacrificarnos por la persona amada. De lo contrario, ese amor es egoísta y ciego, como el del estudiante y el de la novia.
Otro ejemplo, este histórico, que corrobora esta ley del amor: el caso del padre Maximiliano María Kolbe, franciscano polaco. Era en tiempo de los nazis durante la segunda guerra mundial, en Polonia.
20 de julio de 1941. Al pasar lista en el campo de exterminio de Auschwitz, uno de los presos, el número 14 no contesta; se ha fugado del campo.
El comandante ordena diezmar a los presos; de cada diez de ellos uno deberá morir, por culpa del que se fugó.
Entre los destinados a morir, un exsargento polaco, Francisco Gayowniczek, rompe a llorar: - ¡Mis hijos!...¡Mi esposa!...
De en medio de todos los presos del campo presentes en la escena, el número 16670 sale de la formación y le propone al comandante:
- Yo no tengo esposa ni hijos; permítame usted morir en lugar de este compañero.
El comandante acepta. Junto con los demás sentenciados a muerte, el número 16670 es encerrado en el bunker de la muerte, para que muera de hambre. Allí consuela y encamina al Cielo a los demás compañeros, que uno tras otro mueren.
Y como él no moría y necesitaban el bunker para otros, inyectan al padre Kolbe el ácido fénico y lo arrojan al horno crematorio.
En 1971 en la basílica de san Pedro en Roma, el Papa Pablo VI declaró beato al padre Kolbe. Entre los presentes a esa ceremonia, se encontraba el exsargento a quien el padre Kolbe había salvado la vida. Juan Pablo II lo proclamó ya santo: dio su vida y su sangre por el prójimo.
CONCLUSIÓN: Amar, amar más, amar sin medida, amar a todos, amar hasta que duela, amar hasta el sacrificio por la persona amada. Esto es el amor. Lo demás es cuento, fachada, hipocresía. Si no amo, no soy nada, no valgo nada.
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