Mostrando entradas con la etiqueta árbol de Navidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta árbol de Navidad. Mostrar todas las entradas

domingo, 25 de diciembre de 2022

Del roble de Odín a la aristocracia napolitana: el origen histórico del belén y el árbol de Navidad 25122022

 

Ambos son símbolos cristianos, aunque de distinta procedencia y arraigo

Del roble de Odín a la aristocracia napolitana: el origen histórico del belén y el árbol de Navidad

Niña poniendo cosas en el árbol de Navidad.
El árbol de Navidad tiene un origen cristiano, aunque su arraigo en España es más tardío que el del belén. Foto: Alfonso Asensio González / Cathopic.com

Grupo Natividad CEU*

Desde octubre empiezan a surgir los primeros retazos de ilusión, característicos de la época navideña. En tan esperadas fechas, nuestras casas se llenan de guirnaldas, árboles, belenes y otros elementos propios de la Navidad, pero… mientras invitamos a amigos y familia, cocinamos y compramos regalos, ¿tenemos tiempo de pararnos a pensar qué representan realmente estos símbolos?

¿Cómo se inicia la tradición de colgar bolas en el árbol? ¿Qué representa dicho árbol, decorado, en los salones de nuestros hogares? ¿Y el Niño en el pesebre, la mula y el buey? Estas y más preguntas son interrogantes que a todos se nos han pasado alguna vez por la mente, pero por algún motivo, no llegamos nunca a responderlas de forma veraz y desde un punto de vista histórico.

¿Cuál es el origen de nuestros principales iconos navideños? Esta es la gran pregunta que pretendemos resolver a lo largo del presente artículo, siguiendo minuciosamente los pasos de la Historia para averiguar de dónde proceden el árbol de Navidad y el Belén, principales representaciones de las fechas más especiales y espirituales del año humano y natural.

El árbol de Navidad

La tradición del árbol de Navidad se atribuye a un santo, San Bonifacio (675-754 d. C.). Este mártir y obispo de la ciudad alemana de Maguncia fue un evangelizador de las tierras germanas. Con ocasión de su visita a Hesse, protagonizó un curioso episodio con sus habitantes que recoge San Willibaldo, contemporáneo y compañero del santo, en su biografía sobre San Bonifacio, Vitae Bonifatii.

Tras relatar las idolatrías, augurios y sacrificios paganos de parte de sus habitantes, Willibaldo narra que existía en Hesse un enorme roble sagrado, el roble de Odín (robor Iobis). San Bonifacio lo golpeó con fuerza y logró derribarlo asistido “por un soplo divino de lo alto”. Los presentes quedaron maravillados, no solo de la caída del árbol en sí, sino de que a consecuencia de ésta el tronco se partió en cuatro partes de la misma longitud. El milagroso suceso suscitó la conversión de las gentes y el bautismo de muchos de ellos.

Cuadro que representa a San Bonifacio derribando milagrosamente un árbol gigante.

Cuadro que representa a San Bonifacio derribando milagrosamente un árbol gigante.

Asimismo, Bonifacio, de acuerdo con su congregación, mandó levantar un oratorio en aquel lugar a partir de la madera del roble y lo dedicó a San Pedro. ¿Pudo ser este el hecho que inspiró a la tradición cristiana para la instauración del árbol de Navidad? La propuesta no parece descabellada y este testimonio podría apuntar a ello.

Sin embargo, no hay ninguna otra referencia veraz sobre el árbol de Navidad hasta el siglo XV, lo que pudiera poner en cuestión que el origen del árbol de Navidad proviniera de los hechos protagonizados por el santo. Pero es posible que la tradición se preservara mediante los dramas litúrgicos conocidos como misterios: representaciones teatrales medievales que servían para ilustrar a los creyentes, la gran mayoría analfabetos, sobre pasajes de la Biblia.

En Navidad se representaban el pecado original y la expulsión del paraíso y, como pieza central de la función, se colocaba un árbol perenne, conveniente al ser invierno, adornado con frutas de colores vivos como manzanas o granadas. Se podían incluir otros adornos; por ejemplo velas, símbolo de la luz de Cristo sobre las tinieblas. Estas representaciones eran tremendamente populares, por lo que parece ser una idea acertada que el árbol de Navidad se originara por esa costumbre.

Las primeras informaciones sobre el árbol se remontan al siglo XV en países como EstoniaLetonia, e incluso Inglaterra, aunque será en Alemania donde llegue a ser verdaderamente popular. La tradición protestante atribuye a Lutero el origen del árbol. Sin embargo, esto resulta ser más leyenda que realidad, pues no se encuentra en sus escritos ninguna referencia a ello. La primera evidencia que relaciona a Lutero con el árbol de Navidad es de 1845, unos trescientos años después de su muerte, cuando un grabador llamado Carl August Schwerdgeburth representó a Lutero y su familia recogidos alrededor de uno de estos árboles. Esta ilustración fue popularizada gracias a un libro para niños en donde fue recogida.

'Lutero y su familia en la Navidad de 1536 en Wittemberg', grabado de Carl August Schwerdgeburth.

'Lutero y su familia en la Navidad de 1536 en Wittemberg', grabado de Carl August Schwerdgeburth.

Las decoraciones en las ramas variaban, como podemos ver en el caso del gremio de los panaderos, quienes decoraban su árbol navideño con galletas de jengibre y las vendían para que sus compradores también pudiesen decorar con ellas su propio árbol. Sin embargo, esta tradición se consolidará definitivamente en la Alemania de los siglos XVII y XVIII, cuando la nobleza introduzca en sus casas el árbol de Navidad, gracias a lo cual un siglo después, el marido de la reina VictoriaAlberto de Sajonia, lo llevará a la corte británica; de allí, a América, y de América, eventualmente, a todo el mundo.

La primera vez que aparece alguna mención al árbol de Navidad en nuestro país es en un periódico español en 1849 llamado La Época, publicado en Madrid. La noticia informa de una cena de altos cargos en Alemania y cuenta que la estancia en la que se celebraba estaba presidida por el árbol de Navidad decorado con velas y bolas.

Se considera en muchas publicaciones españolas que la introductora en España del árbol de Navidad fue la rusa Sofía Trobetzkoy, supuesta hija ilegítima de del zar Nicolás I (oficialmente hija del príncipe Serguei Vassilievitch Trobetzkoy), casada en 1869 con don José Osorio y Silva, Duque de Sesto, uno de los mayores apoyos del rey Alfonso XII. En las Navidades de 1870 lo instaló en su residencia, el palacio de Alcañices, ubicado en el solar donde más tarde se levantó el edificio del Banco de España, haciendo esquina entre el Paseo del Prado y la distinguida calle de Alcalá.

La duquesa, además, abrió un sábado su palacio a la población para que pudieran admirar este elemento. Sin embargo, esta no es la primera ocasión en la que aparece un árbol de Navidad en nuestro país: en la sección de noticias generales de (nuevamente) el periódico La Época se narra en 1863 que, en el domicilio del duque de la Torre, el general Serrano, se había celebrado una cena en una estancia donde presidía por un árbol de Navidad a cuyos pies se habían colocado regalos para las señoras.

El belén

A pesar de que el belén de Navidad tal y como lo conocemos en la actualidad es el fruto de una muy extensa evolución, podemos rastrear sus orígenes. Las primeras representaciones artísticas del nacimiento de Jesús tienen su origen en pinturas realizadas en las paredes de las catacumbas usadas como centros de reunión por los cristianos perseguidos por el imperio romano. En la basílica de San Sebastián de las Catacumbas se puede observar la que posiblemente sea la escena más antigua conservada en la que aparecen la mula y el buey, fechada en el siglo IV.

No obstante, el iniciador por excelencia de la tradición fue San Francisco de Asís (1182-1266), según puede deducirse de hasta cinco escritos medievales muy próximos al santo: desde Tomasso de Celano, hasta otros como San Buenaventura, e incluso de una representación artística del genial pintor florentino Giotto di Bondone.

El primer belén viviente de la historia, en Greccio: fresco de Giotto en la basílica de San Francisco de Asís (c. 1295-1299).

El primer belén viviente de la historia, en Greccio: fresco de Giotto en la basílica de San Francisco de Asís (c. 1295-1299).

Estas obras, prácticamente contemporáneas a San Francisco, fueron redactadas pocos años después de su muerte y relatan cómo este santo, el día de Navidad del año 1223, quiso honrar la memoria de Nuestro Señor. Para ello, dispuso que se celebrara la misa de manera que los presentes, en cierto modo, revivieran lo que el Mesías padeció en su nacimiento, agradeciéndole la salvación que nos brindó, dando lugar al primer belén viviente del que se tiene constancia.

Acorde con las crónicas medievales y con el célebre Giotto, el pesebre ya estaba presente. No obstante, cuando empezamos a comparar las diversas biografías de San Francisco entre sí, ya encontramos las primeras diferencias. Por ejemplo, en la Vida primera de San Francisco aparece el heno, un buey y un asno, lo que se repite en el Espejo de Perfección o Leyenda mayor de San Francisco. Sin embargo, en la Vida segunda de San Francisco se describe un saliente de roca empleado para ambientar la escena.

Esta costumbre de imitar el momento del nacimiento de Jesús fue continuada por Santa Clara en los monasterios franciscanos, aunque en lugar de emplear actores recurrió a figuras de cartón en tamaño natural, policromadas y de carácter realista. En el siglo XIV se organizó un pequeño belén en la iglesia de Santa Clara de Nápoles, con figurillas de cera que en el siglo XV fueron sustituidas por piezas de barro.

A partir del Concilio de Trento (1545-1563), se fomenta la celebración de la Navidad en Europa con el uso de belenes en los templos para llegar al pueblo, una tarea en la que se involucraron escultores y artesanos que crearon representaciones plásticas del propio arte popular.

El belén llega a España por influencia italiana, concretamente, de la mano de las órdenes franciscana y clarisa, quienes crean una serie de belenes inspirados en los típicos napolitanos. Los virreyes españoles y parte de la alta aristocracia española residente en Nápoles fueron los primeros en poseer estos montajes navideños y los traían consigo a sus viajes a España a imitación de las familias de la aristocracia napolitana. Una de las representaciones más antiguas que se conservan es el llamado Belén de Jesús, que data del siglo XV y se encuentra en Palma de Mallorca, perteneciente a la familia de los Alamanno, proveniente de Nápoles.

Belén de Jesús (1480), atribuido a Pietro y Giovanni Alemanno, en madera policromada, que se conserva en la Iglesia de la Anunciación-Hospital de la Sangre de Palma de Mallorca.

Belén de Jesús (1480), atribuido a Pietro y Giovanni Alemanno, en madera policromada, que se conserva en la Iglesia de la Anunciación-Hospital de la Sangre de Palma de Mallorca.

No obstante, quien introdujo de manera definitiva la tradición belenística en nuestro país fueron Carlos III y su mujer, María Amalia de Sajonia. Cuando el monarca llegó a España a ocupar el trono, trajo consigo esta tradición tan característica de la ciudad de Nápoles, capital del reino del que fue rey antes de serlo de España, e instaló en el Palacio del Buen Retiro un gran nacimiento napolitano del que se conservan 89 figurillas en el Palacio Real.

Belén napolitano 'del Príncipe', en el Palacio Real de Madrid.

Belén napolitano 'del Príncipe', en el Palacio Real de Madrid.

Más adelante fue ampliado con el encargo de doscientas figurillas más a los escultores José Esteve Bonet y José Ginés Marín, formando así el denominado Belén del Príncipe, nombre que se debe a que el encargo fue hecho en honor al hijo de Carlos III, Carlos IV. Este Belén del Príncipe tuvo una gran acogida dentro de la nobleza española, que rápidamente asumió esa tradición al igual que hicieron las clases populares

* * *

De esta forma ambos símbolos, acompañados de otros muchos, han perdurado hasta nuestros días. El árbol nos llega en el siglo XIX de Centroeuropa, pero el belén ya había aparecido en nuestro país en el XVI proveniente de Nápoles. Este año, como otros muchos, podremos seguir disfrutando de estas tradiciones comprendiendo mejor su procedencia e historia.

*El Grupo Natividad-CEU es un grupo de investigación sobre el origen de la Navidad formado por profesores y alumnos de Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la Universidad CEU San Pablo. Autores: Hipólito Sanchiz, Jimena Abáigar, Leyre Vicioso, Isabel Cendoya, María Marcos, Rodrigo López, Irene Rodríguez y Nuria Ríos // Colaboradores: Víctor Moreno, Ignacio Lostao, David Fernández, Asier Ordóñez, Marta Marcos y Luz Palacios.

Este artículo se publicó originalmente en el primer número de La Antorcha, la nueva revista gratuita impulsada por la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) para ofrecer una mirada cristiana para iluminar la realidad.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

El árbol navideño situado en la frontera de las dos Coreas no será encendido 23122015

South Korean Everland amusement park employees wearing Santa Claus hats and collars decorate a Christmas tree in the Meerkat enclosure on the occasion of the Christmas holiday season at South Korea's largest amusment park 'Everland'

La decisión quiere ser un gesto del Sur en favor de la distensión

 Redacción |   |  ZENIT.org |  Mundo |  Roma |  22
El enorme árbol de Navidad metálico de 30 metros de altura, situado en la frontera entre las dos Coreas, este año no será encendido. Lo decidieron los diferentes grupos protestantes del Sur que gestionan el funcionamiento del mismo, indicó hoy la Agencia Fides.
Uno de los lideres del Partido cristiano, el reverendo Kim Young-il, declaró: “No encenderemos más estas luces, hasta que no podamos hacerlo junto a nuestros hermanos del Norte”. Considerado un “halcón” en el diálogo intercoreano, Kim aclaró que dicha elección “no significa una renuncia, sino que se trata solamente de un signo de buena voluntad”. Luego del anuncio, los grupos cristianos menos intransigentes quisieron agradecer por la decisión: “Un cambio en pos y en nombre de la armonía”.
El árbol ha sido considerado un instrumento de propaganda y ha desencadenado las protestas por parte del régimen del Norte. 
El enorme árbol de Navidad surge sobre el pico de Aegibong, una colina, que se sitúa frente a la frontera con el Norte, con una altura de 165 metros. Considerado por algunos como un instrumento de "guerra psicológica" contra el Norte, el árbol metálico y la cruz que lo corona son visibles por la población norcoreana que vive a 10 kilómetros de la frontera. 
Construido en 1971 --en pleno antagonismo entre las dos Coreas-- la enorme estructura ha sido encendida de manera alternada, siguiendo las políticas de turno, ya sea de distensión o provocación, del gobierno de Seúl en relación al régimen. En el año 2004, haciendo de ello gran publicidad, Seúl declaró que el árbol "no sería más iluminado" porque "se había alcanzado un acuerdo" con Pyongyang. Sin embargo, en el año 2010, luego del hundimiento de la corbeta surcoreana Cheonan, en el cual murieron 43 personas, las luces del árbol de Navidad volvieron a ser encendidas.

martes, 15 de diciembre de 2015

Cuando los ateos prohibían los abetos: la guerra soviética contra la fiesta de Navidad y su árbol 15122015

Entre 1924 y 1934 tener un abeto era un signo de fe militante

Cuando los ateos prohibían los abetos: la guerra soviética contra la fiesta de Navidad y su árbol

Cuando los ateos prohibían los abetos: la guerra soviética contra la fiesta de Navidad y su árbol
Unos niños contemplan un abeto navideño... algo prohibido durante años en la URSS, y aceptado luego si se adornaba con signos comunistas

Añadir a Facebook Añadir a Twitter Añadir a Goglle+ Añadir a Linkedin
15 diciembre 2015
En la España del s.XXI hay activistas laicistas que quieren sustituir los belenes por abetos. Desconocen que en la Rusia soviética del s.XX el abeto era un poderoso símbolo cristiano y que las autoridades ateas lucharon contra ellos con ferocidad. Con todo, la persecución tuvo fases y contradicciones.

Lo cierto es que el abeto navideño en la Rusia del siglo XX sobrevivió a todo tipo de vicisitudes y los ateos rusos militantes fueron oscilando en sus fobias respecto a este símbolo y sus fiestas.

El "Ded Moroz" (el Abuelo Frío) siempre había traído regalos a los niños en la Navidad ortodoxa, pero dejarlos en un abeto decorado e iluminado era una incorporación relativamente reciente a principios del siglo XX, recibida desde Alemania.

Por ese origen alemán, durante la Primera Guerra Mundial, que enfrentaba a rusos y alemanes, el Gobierno ruso prohibió el Árbol de Navidad en 1916 por considerarlo "de la cultura enemiga". Incluso el Santísimo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa Rusa, reunido ese año, lleno de fervor patriótico o docilidad estatal, emitió una resolución apoyando la prohibición.

Al año siguiente, llegó la Revolución y el poder bolchevique. Los ateos bolcheviques, como los ateos actuales, fueron oscilando entre distintas posturas contradictorias respecto a la Navidad, la fiesta que celebra el Nacimiento del Hijo de Dios.

Los ateos contra el calendario cristiano
En los primeros años del poder soviético, hasta 1929, los bolcheviques mataban curas y deportaban cristianos, pero aún conservaban el calendario cristiano.

Mantenían, por ejemplo, como festivos no laborables, las fiestas tradicionales cristianas de Rusia: 2 días para la Navidad, 3 días para la Pascua y un día para Pentecostés, Trinidad, Asunción y Transfiguración.

Se sabe -y se difundió- que el mismísimo Lenin asistió a dos fiestas infantiles con abetos de Navidad en 1919 y 1923.


Dibujo de 1933, que se hizo clásico, sobre la escena de 1919 de Lenin jugando con niños con abeto al fondo
Pero Lenin murió en 1924 y entonces alguien decidió que era momento de eliminar la Navidad.

En un texto titulado con desarmante obviedad “Materiales para la propaganda antirreligiosa en los días navideños” de 1927, leemos lo siguiente: “Mienten a los niños diciendo que los regalos los trae Ded Moroz (el Abuelo Frío). Precisamente con un abeto comienza la religiosidad de los niños. Además, las clases gobernantes explotadoras utilizan un tierno abeto y un bonachón Ded Moroz para convertir a los trabajadores en sirvientes dóciles y obedientes del capital”.

El abeto, los regalos y el Ded Moroz eran símbolos, pues, de religiosidad, oscurantismo y capitalismo.

Manifestaciones anti-abetos
Los años 27, 28 y 29 fueron años de recrudecimiento en la lucha antirreligiosa y eso implicó una serie de cruzadas anti-navideñas y anti-abetos.

Se organizaron manifestaciones antirreligiosas como la de la foto bajo estas líneas, de 1928, con lemas como estos:

"Padres, no nos liéis, no montéis abeto y fiesta de Navidad"

"Educad a los niños con la ayuda del pedagogo y no de dios”

“En vez de abeto, trineo, patines y toboganes”


Manifestación infantil contra los abetos navideños y las fiestas de Navidad en 1928 
La semana de 5 y 6 días y el calendario caótico
Otra forma de intentar eliminar la Navidad fue la reforma del calendario: en octubre de 1929 se sustituyó la semana judeocristiana de 7 días, con su festivo semanal, por una de 5 días. Era un lío y en diciembre de 1931 se sustituyó por una semana de 6 días. Se incorporó como festivo un "Día de Lenin", que era el día posterior al 30 de enero.

En teoría, los trabajadores podían elegir sus festivos... pero para evitar que eligiesen los días navideños que supuestamente debían desaparecer se intentaron distintas técnicasque nunca acabaron de funcionar bien.

La periodista rusa Yulia Perelomova da más detalles de la campaña gubernamental contra la celebración de Navidad en la ciudad siberiana de Irkutsk.

“Entre las fábricas de la ciudad se organizó una competición premiando a quienes menos días faltasen al trabajo por Navidad" (era el primer año en que la Navidad dejó de ser festiva). “El primer premio se concedió a las fábricas de Usolie por no faltar en los días de la antigua Navidad”, escribía el periódico local. El galardón consistió en que un grupo teatral se desplazó a la fábrica para presentar un espectáculo. El segundo premio fue para la fábrica Telminskaya: consistía en 6 pares de esquís, un rifle de caza y una película de cine”.

La lucha de las autoridades era ardua, porque la gente, a pesar de la propaganda masiva antinavideña, seguía montando abetos. Y no solamente en casas, también en aquellos templos que aún seguían abiertos.




Los abetos con regalos son usados para introducir
la  fe a niños y mujeres; detrás se oculta el clero
y otros turbios personajes; caricaturas soviéticas de 1930


Según un artículo en enero de 1929 en el oficialísimo diario Pravda, los pro-navideños en cierta escuela eran violentos y pegaban a los antinavidad. Es razonable dudar de que así fuera. Hay que tener en cuenta que desde la Revolución Rusa en 1917 a la muerte de Lenin en 1924, unos 25.000 eclesiásticos ortodoxos fueron encarcelados y 16.000 ejecutados, según un estudio de 2004 del doctor en Ciencias Matemáticas Nikolay Yemelianov, de la Universidad Humanitaria San Tijon. Por supuesto, los contemporáneos no conocían todo el alcance de la represión que hoy miden los historiadores, pero sí sabían que no era prudente desafiar a las autoridades.

El mismo artículo de 1929 señala que los popes cometían el horrible delito de invitar a los niños a jugar con el abeto y que una maestra organizó una fiesta navideña en su casa.

El texto lo escribía Alexey Okládnikov, que entonces era el líder del Consejo Municipal de los Sin Dios Militantes (asociación atea estatal en su época más potente por entonces) y luego sería académico y famosísimo arqueólogo. Describía así el frustrante entusiasmo popular por la Navidad: “En una de las escuelas secundarias soviéticas, durante una velada antinavideña, un grupo de alumnos de clases superiores montaron una barricada que estorbaba el acceso y pegaban a todos los escolares que intentaban pasar a la velada antirreligiosa.[...] "Los popes de la Iglesia de la Entrada en Jerusalén montaron en el templo un abeto natural, y desde un tobogán invitaban a los niños a festejar con el árbol. La maestra N-ko, al mismo tiempo, organizó en su domicilio “una fiesta privada con abeto” a donde invitó a sus alumnos”. Eso fue después de que en la escuela se desarrollara la campaña contra los abetos”.

Este texto es un ejemplo del odio oficial soviético contra el abeto navideño... hasta 1935, cuando cambiaron las consignas.



El comunismo recicla la Navidad
La Navidad se celebraba así en la clandestinidad, o al menos contra el calendario y las autoridades, hasta el 23 de diciembre de 1935, cuando “Pravda” publicó una peculiar carta de Pável Póstyshev, secretario general del comité central del Partido Comunista de Ucrania. Esta carta declaraba que la Fiesta Soviética del Abeto ya no era burguesa y que los niños tenían derecho a ella. La carta decía lo siguiente:

“Se dejó de celebrar la Navidad y se prohibió montar el abeto en casa. En los tiempos pre-revolucionarios, la burguesía y sus funcionarios siempre organizaban a sus hijos una fiesta de fin de año con un abeto. Los hijos de los obreros con envidia miraban, a través de las ventanas, a los abetos centelleantes con luces de colores y a los hijos de los ricachones, festejando con alegría. ¿Por qué nuestras escuelas, casas de cultura, orfanatos, guarderías, casas de pioneros privan a los hijos de los trabajadores del País de los Soviets de esa preciosa fiesta? Unos, seguro que extremistas “de izquierdas” pusieron una etiqueta “de burgueses” a esa diversión infantil. Es necesario poner fin a esa condena injusta de la fiesta del abeto que es una bonita celebración infantil. Por todas partes hemos de montar los abetos festivos para los niños. Los consejos municipales, rurales, órganos de educación popular han de ayudar a organizar las fiestas de abeto soviéticos para los niños de nuestra gran patria socialista”.

Marcaba una nueva tendencia... y se colocó un bonito abeto en ese año 1935 en la Plaza Roja de Moscú (con la inscripción "Gracias, querido Stalin, por la infancia feliz").


Cartel de 1935, con la primera aparición de Stalin con abeto (inscripción: “Gracias, camarada Stalin, por una infancia feliz”)

Así la URSS rehabilitó el abeto, aunque con matices. Se colocaba para el Fin de Año, y no para la Navidad. Y la estrella de Belén, de ocho puntas, fue sustituida por la estrella comunista, roja de cinco puntas.

Los pedagogos se pusieron a redactar guiones para los festivales infantiles. Ahora los niños soviéticos tenían que interpretar a copos de nieve, zorros y ositos políticamente correctos (compárense con los osos de la publicidad navideña del Ayuntamiento de Madrid en 2015; el oso no tiene nada de navideño, y duerme en invierno, pero figura en el escudo madrileño).




Los "osos rojos" de la publicidad navideña de Madrid con el nuevo gobierno de izquierda populista; ninguna alusión religiosa y, queremos creer, ninguna alusión soviética aunque la URSS también adornaba su navidad con osos

En 1936 tuvo lugar la primera fiesta con abeto en el Kremlin para los niños con las mejores notas del país: ”Los niños verán al precioso abeto adornado con todos los colores de arcoíris, las bengalas que derraman chispas de lluvia de plata, oirán a Volodia Schenikov, del Cuarto Curso de Primaria, recitando un poema sobre el gran creador de la Constitución, el camarada Stalin”, informaba el periódico “Vostochno-Sibirskiy Put” de aquellas fechas.


Así fue la fiesta con abeto en 1936 en el Kremlin para los niños con mejores notas

Un texto que explica cómo debía celebrarse la nueva fiesta es el folleto “Fiesta con Abeto en una Guardería” del Comisariado Popular de Educación de 1937. “Antes que nada, es imprescindible adornar la punta más alta con una estrella brillantes, roja o plateada, de cinco puntas, de tamaño según la altura del abeto”.

Cuando Póstyshev “había permitido” el abeto, surgió la pregunta: ¿qué adornos ponerle? ¿Los angelitos de antaño? Entonces se elaboró una nueva concepción de adorno político que inundó el mercado y hasta hoy en día pervive en el fondo de la caja de tantas familias rusas…



Las bolas de cristal con retratos de Lenin y Stalin, con hoz y martillos y estrellas de cinco puntas, paracaidistas, esquiadores con su traje banco de camuflaje, aviones…

Las páginas de los periódicos soviéticos de aquel año están llenas de publicidad: apoyo de palos cruzados para abetos, velas para abetos, mazapanes con cuerda para adornar el abeto, bombones y retratos de líderes…

Según el archivo de los grandes almacenes de Irkutsk, en 7 día de diciempre se vendieron adornos de abetos por el importe de 75.000 rublos.


Persecución bañada en sangre
Hay que tener en cuenta que la "despenalización" de la Navidad reinventada como "fiesta soviética" en 1935 no significó mejorar la libertad religiosa, sólo significó que se adoptaban los abetos descristianizados.


Baile en la guardería en torno al abeto, en los años 60, sin que falte el retrato de Lenin
La Unión de los Sin Dios había preparado un "plan quinquenal" contra la religión (recuperado en el s.XXI por el historiador S.N. Savéliev y difundido por su colega Serguey Firsov). El plan consistía en cerrar todas las iglesias y centros de oración entre 1932 y 1933. En 1934, debían desaparecer las nociones religiosas inculcadas por la literatura y la familia. En 1936 ya no debía quedar ningún sacerdote. Y en 1937 debían eliminarse los últimos reductos de la religión.

De 1932 a 1936 fueron arrestadas unas 20.000 personas ligadas a actividades religiosas. Para 1936, desde la Revolución, la URSS había visto pasar por sus cárceles 112.000 presos ligados a la Iglesia ortodoxa, y 21.000 habían sido ejecutados.

Ese año, en España se iniciaba una persecución religiosa al grito de "viva Rusia", que entre agosto y septiembre implicó el asesinato de 3.400 religiosos: 57 al día.

Pero lo peor estaba por llegar: en 1937 y en 1938 la persecución religiosa contra los cristianos ortodoxos superó todo lo visto antes: 100.000 ejecuciones y 200.000 deportados o represaliados. Entre 1939 y 1942 ya no quedaban casi ortodoxos declarados para ejecutar: mataron sólo a unos 4.000 más.

Después Hitler invadió el territorio soviético y Stalin detuvo las actividades antireligiosas buscando unificar al pueblo contra el enemigo.

Aún hoy la gran fiesta con árbol y regalos de Ded Moroz es en Año Nuevo, como establecieron 6 décadas de práctica comunista. Después llega la fiesta de la Navidad ortodoxa el 7 de enero, que es una fiesta sólo religiosa, aunque popular y sentida.

Hay muchos que alargan los festejos con la excusa del Viejo Año Nuevo, hasta el 13 de enero, que se refiere al calendario civil antiguo (antes de la revolución Rusia aún usaba civilmente en calendario juliano; fueron los bolcheviques los que incorporaron el calendario que se usaba ya en toda Europa, el gregoriano, es decir, el establecido por el Papa Gregorio XIII en el siglo XVI).

El 24 y 25 de diciembre, en las televisiones de toda Rusia aparece el tradicional reportaje sobre "la Navidad católica" y las imágenes con el Papa en la Plaza de San Pedro, y los que tienen conocidos católicos los felicitan. Es el gran "momento católico" del año. 

jueves, 3 de diciembre de 2015

Thor, San Bonifacio y el origen del árbol de Navidad 03122015

Thor, San Bonifacio y el origen del árbol de Navidad

9K
9K
Foto : Thor. San Bonifacio y árbol de navidad / Crédito : (Wikipedia Dominio Público) - (Wikipedia Dominio Público) - Wikipedia (CC-BY-SA-3.0-ES)
Foto : Thor. San Bonifacio y árbol de navidad / Crédito : (Wikipedia Dominio Público) - (Wikipedia Dominio Público) - Wikipedia (CC-BY-SA-3.0-ES)








ROMA, 03 Dic. 15 / 05:47 am (ACI).- Cuando se piensa en un santo, tal vez no se considera en un primer momento que esa persona sea osada, empuñe un hacha o un martillo o que derriba árboles como los robles. Sin embargo, sí existe un santo así y ese es San Bonifacio.
Este santo nació en Inglaterra alrededor del año 680. Bonifacio ingresó a un monasterio benedictino antes de ser enviado por el Papa a evangelizar los territorios que pertenecen a la actual Alemania. Primero fue como un sacerdote y después eventualmente como obispo.
Bajo la protección del gran Charles Martel, Bonifacio viajó por toda Alemania fortaleciendo las regiones que ya habían abrazado el cristianismo y llevó la luz de Cristo a quienes no la tenían aún.
Sobre este santo, el Papa Benedicto XVI dijo en el año 2009 que “su incansable labor, su don para la organización y su carácter moldeable, amiguero y firme” fueron determinantes para el éxito de sus viajes.
El escritor Henry Van Dyke lo describió así en 1897 en su libro The First Christmas Tree, (El primer árbol de navidad): “¡Qué buen tipo! Era justo y ligero, pero recto como una lanza y fuerte como un bastón de roble. Su rostro todavía era joven; su piel suave estaba bronceada por el sol y el viento. Sus ojos grises, limpios y amables, brillaban como el fuego cuando hablaba de sus aventuras y de los malos actos de los falsos sacerdotes a quienes enfrentó”.
Alrededor del año 723 Bonifacio viajó con un pequeño grupo de personas en la región de la Baja Sajonia. El conocía a una comunidad de paganos cerca de Geismar que, en medio del invierno, iban a realizar un sacrificio humano (donde usualmente la víctima era un niño) a Thor, el dios del trueno, en la base de un roble al que consideraban sagrado y que era conocido como “El Roble del Trueno”.
Bonifacio, acatando el consejo de un obispo hermano, quiso destruir el Roble del Trueno no sólo para salvar a la víctima sino para mostrar a los paganos que él no sería derribado por un rayo lanzado por Thor.
El Santo y sus compañeros llegaron a la aldea en la víspera de Navidad justo a tiempo para interrumpir el sacrificio. Con su báculo de obispo en la mano, Bonifacio se acercó a los paganos, que se habían reunido en la base del Roble del Trueno, y les dijo: “aquí está el Roble del Trueno, y aquí la cruz de Cristo que romperá el martillo del dios falso, Thor".
El verdugo levantó un martillo para ejecutar al pequeño niño que había sido colocado para el sacrificio. Pero en el descenso, el Obispo extendió su báculo para bloquear el golpe y milagrosamente rompió el gran martillo de piedra y salvó la vida del niño.
Después, se dice que Bonifacio habló así al pueblo:“¡escuchen hijos del bosque! La sangre no fluirá esta noche, salvo la que la piedad ha dibujado del pecho de una madre. Porque esta es la noche en que nació Cristo, el hijo del Altísimo, el Salvador de la humanidad. Él es más justo que Baldur el Hermoso, más grande que Odín el Sabio, más gentil que Freya el Bueno. Desde su venida el sacrificio ha terminado. La oscuridad, Thor, a quien han llamado en vano, es la muerte. En lo profundo de las sombras de Niffelheim él se ha perdido para siempre. Así es que ahora en esta noche ustedes empezarán a vivir. Este árbol sangriento ya nunca más oscurecerá su tierra. En el nombre de Dios, voy a destruirlo”.
Entonces, Bonifacio cogió un hacha que estaba cerca de ahí, y según la tradición, cuando la blandió poderosamente hacia el roble una gran ráfaga de viento voló el bosque y derribó el árbol con raíces y todo. El árbol cayó al suelo y se rompió en cuatro pedazos.
Después de este suceso, el Santo construyó una capilla con la madera del roble , pero esta historia va más allá de las ruinas del poderoso árbol.
El “Apóstol de Alemania” siguió predicando al pueblo germánico que estaba asombrado y no podía creer que el asesino del Roble de Thor no haya sido golpeado por su dios. Bonifacio miró más allá donde yacía el roble y señaló a un pequeño abeto y dijo: “Este pequeño árbol, este pequeño hijo del bosque, será su árbol santo esta noche. Esta es la madera de la paz…Es el signo de una vida sin fin, porque sus hojas son siempre verdes. Miren como las puntas están dirigidas hacia el cielo. Hay que llamarlo el árbol del Niño Jesús; reúnanse en torno a él, no en el bosque salvaje, sino en sus hogares; allí habrá refugio y no habrán actos sangrientos, sino regalos amorosos y ritos de bondad”.
Así, los alemanes empezaron una nueva tradición esa noche, que se ha extendido hasta nuestros días. Al traer un abeto a sus hogares, decorándolo con velas y ornamentos y al celebrar el nacimiento del Salvador, el Apóstol de Alemania y su rebaño nos dieron lo que hoy conocemos como el árbol de Navidad.
Traducido de Church Pop por María Ximena Rondón