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domingo, 12 de abril de 2020

Un editor explica cómo la Medalla Milagrosa puede unir y conectar a los creyentes en plena pandemia 11042020

Gary Jansen explica la experiencia que vivió en Lourdes y que aplica ahora con el coronavirus

Un editor explica cómo la Medalla Milagrosa puede unir y conectar a los creyentes en plena pandemia

Gary Jansen es editor de una importante editorial y en Lourdes vivió una experiencia que ha marcado su vida
Gary Jansen es editor de una importante editorial y en Lourdes vivió una experiencia que ha marcado su vida
Con la pandemia de coronavirus afectando a medio mundo millones de personas están pidiendo al cielo protección, ayuda o consuelo. Muchos de ellos son creyentes, pero son cada vez más los que se están acercando a Dios en estos momentos, cada uno como sabe o puede.
Y en este punto las riquísimas devociones populares que existen en la Iglesia Católica están siendo una gran fuente de ayuda para ser este hilo conductor hacia lo Alto. Y una de ellas, también de las más populares, es la Medalla Milagrosa. Precisamente, la Virgen se ha demostrado a lo largo de la historia como la gran intercesora.
Además, haciendo honor a su nombre la Medalla Milagrosa lleva tras de sí la concesión de numerosas gracias por lo que se ha convertido desde que la Virgen se lo anunciara a Santa Catalina Labouré en un instrumento que ha llevado a muchas almas a Dios a través de María.
Un instrumento de Dios para este tiempo de pandemia
Gary Jansen, editor de la prestigiosa editorial Penguin Random House, en la que ha publicado libros de Papas y de importantes intelectuales católicos, ha hablado de la Medalla Milagrosa como un arma poderosa en tiempo de pandemias y de su propia experiencia con ella, al descubrirla durante una peregrinación en Lourdes. Y tal como recoge Cari Filii News, llega a la conclusión de que esta devoción puede ser un instrumento de unión entre las personas en este tiempo de cuarentena.
Cabe recordar en primer lugar que la Medalla Milagrosa no ha sido ni nunca será un amuleto contra las epidemias, sino un regalo, un instrumento para acercarse a Dios a través de la Virgen, y que lleva asociada numerosas gracias, aunque todo parte desde el principio de aceptar la voluntad de Dios.
Jansen relata en Angelus News su experiencia. Fue en Lourdes donde recuerda haber comprado una Medalla Milagrosa en una de las numerosas tiendas de recuerdos que rodean el santuario mariano.
“No sabía mucho sobre aquel objeto en ese momento, solo que tenía buen aspecto, sin mencionar que la tienda parecía tener cientos de ellas, por lo que supuse que era un éxito de ventas”, relata este editor.
La experiencia en la gruta de Lourdes
A continuación se la colgó del cuello y se fue caminando hacia la gruta en la que la Virgen se apareció a la pequeña Santa Bernadette Soubirous en 1858. Desde aquel momento, Lourdes se convertiría en un refugio para los enfermos y pecadores, y desde entonces se han producido allí numerosos milagros, decenas de ellos reconocidos oficialmente por la Iglesia.
“Realmente yo no esperaba un milagro. Deambulaba hacía allí por la curiosidad, sin saber qué vería o sentiría, aunque, por supuesto, en mi interior esperaba experimentar una aparición de María ante mis ojos. No recibí una visión esa noche, pero es posible que se me diera algo casi tan especial”, confiesa.
Este editor prosigue su experiencia explicando que cuando llegó a la gruta se arrodilló frente a la imagen de la Virgen que está allí presente. “Respiré hondo, cerré los ojos y recé. Estaba vagamente al tanto de los murmullos silenciosos y los pasos de docenas de peregrinos que como yo se acercaban al lugar. La gente cantaba como un coro errante de ángeles. Entré en un estado de meditación en algún lugar entre el sueño y la vigilia”, señala.
Jansen asegura que no supo cuánto tiempo estuvo rezando, aunque cree que debió ser bastante- En algún momento –cuenta- abrí los ojos y miré a mi alrededor. Vi a lo lejos lo que tenía que ser al menos un millar de peregrinos sosteniendo velas que parpadeaban en la oscuridad mientras hacían su peregrinación desde la gruta a la iglesia, la Basílica del Rosario. En el resplandor de este fuego sagrado, vi viejos y jóvenes caminando de la mano. Vi hombres y mujeres en sillas de ruedas, personas luchando con muletas. Había una camilla en la que yacía un hombre, su enfermera a su lado”.
Ver sus caras, sus cuerpos frágiles y la fe colectiva que marcaba a aquel grupo le hizo “sentir como si estuviera flotando de rodillas, no necesariamente levitando, sino la sensación de tener mi corazón levantado dentro de mí. Comencé a llorar, grandes sollozos que provenían de un lugar muy profundo dentro de mí que ni siquiera sabía que existían.  Y parecía que de alguna manera me conectaba con todos ellos en busca de sus milagros. Toqué la medalla que llevaba alrededor de mi cuello. Cerré mis ojos. Le di gracias a Dios, a Jesús y a la Santísima Madre por regalarme aquel momento”.
La Novena de la Medalla Milagrosa
Al día siguiente, Gary Jansen volvió a la tienda en la que había comprado la Medalla Milagrosa y allí encontró un pequeño librito que contenía la Novena de la Medalla Milagrosa. Durante los nueve días siguientes, que coincidieron con sus últimas jornadas en Francia y durante la vuelta a casa, la concluyó.
El día después de esa experiencia, volví a la tienda de regalos donde había comprado la medalla y encontré un pequeño folleto que contenía la Novena de la Medalla Milagrosa. En honor a ese momento, recé durante nueve días, durante mis últimos días en Francia y en el viaje en avión a casa.  “Hace algunos años, extravié el folleto y no lo he visto desde entonces. Pero es una devoción que ha existido desde hace muchos años. Podrás adivinar cuán preciosa fue esa oración para mí mientras reflexionaba en mi corazón la experiencia que tuve esa noche”, reflexiona.
Como conclusión, Jansen indica que en este momento de la historia en plena pandemia “mientras viajamos a través de estos tiempos aparentemente inciertos y sin precedentes, unámonos para rezar esta oración, para curar, para un milagro para nosotros mismos y para el mundo entero”.
La historia de la Medalla Milagrosa
La devoción de la Medalla Milagrosa nación en la antigua capilla del Sagrado Corazón, en la Casa Madre de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, Rue du Bac de París, que más tarde se convirtió en la Capilla de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, pues allí se manifestó la Virgen María a Santa Catalina Labuouré en el año 1830.
La Virgen María comunicó a Santa Catalina la misión que Dios le quería confiar, la acuñación de una medalla en la que apareciera una M, sobre la cual había una cruz descansando sobre una barra, y debajo dos corazones de Jesús y María, el primero circundado de una corona de espinas y, el segundo, traspasado por una espada. En torno había doce estrellas. “Todos cuantos la lleven puesta recibirán grandes gracias. Las gracias serán más abundantes para los que la lleven con confianza”.
María la preparó para que hablara con confianza a su director espiritual. La anunció futuros eventos para afianzar la fe de aquellos que pudieran dudar de la aparición y  la regaló una relación familiar madre-hija, que la permitiría aproximarse a ella hasta el extremo de apoyar sus brazos y manos en las rodillas de la Reina del Cielo.
La medalla que la Virgen confió a Catalina no ha cesado de difundirse desde 1832. Pronto dieron los parisinos el apelativo de milagrosa a esta medalla, por los años en que hacían estragos las epidemias.

jueves, 4 de febrero de 2016

Tu vida espiritual cambiará con 15 minutos de oración y los consejos de un escritor de éxito 04022016

Gary Jansen ha publicado libros de Francisco, Benedicto XVI y Scott Hahn


Tu vida espiritual cambiará con 15 minutos de oración y los consejos de un escritor de éxito
¿Sólo un uno por ciento del día para Dios? Gary Jansen propone empezar por ahí, pero haciéndolo bien.

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4 febrero 2016
["Después de comprometerme a entregarle a Dios el uno por ciento de mi vida, mi vida espiritual floreció": así resume este artículo su autor, Gary Jansen, editor senior de Penguin Random House, donde ha publicado libros de Francisco, Benedicto XVI y Scott Hahn. Es el autor de The 15-Minute Prayer Solution: How One Percent of Your Day Can Transform Your Life (Loyola Press), entre otros best sellers de apologética y oración. En las siguientes líneas, publicadas en Catholic Herald, explica su método: como reza el título del libro, es "la solución 15 minutos de oración", o "cómo un 1% de cada día puede transformar tu vida".] 

¿Sabes que hay 1.440 minutos en un día? ¿Y sabes también que el uno por ciento de todo este tiempo son 14 minutos y 24 segundos? ¿Qué pasaría si conscientemente tomaras la decisión de alimentar tu alma cada día entregando aproximadamente 15 minutos de tu tiempo a Dios? Un pequeño uno por ciento de tu vida. ¿Ésta cambiaría? La mía cambió.


Un libro de "autoayuda" para la oración: quince minutos al día dedicados de verdad a orar.

No rezaba "de verdad"

Hace unos años empecé a rezar. Quiero decir, a rezar de verdad. No ese tipo de oración a medias y sentimental que a veces hacemos en la iglesia (“Amado Señor, eres maravilloso, pero preferiría estar en casa durmiendo”). No el parloteo con el que intentas hacer un trato con el Todopoderoso (“¡Mira, sé que no soy la mejor persona del mundo, pero te prometo ser bueno si me ayudas a salir vivo de esta situación!”), sino la oración diaria y seria, algo que no había intentado nunca antes.

Tengo que admitir que aunque crecí en un hogar católico e iba a la iglesia regularmente cuando era niño, rezar me aburría. Me costaba estar sentado quieto y concentrarme. Y no parecía que rezar me ayudara en absoluto. Si rezaba porque estaba preocupado, seguía estando angustiado después de hacerlo.

El cambio

Durante mucho tiempo dejé de rezar. Pero unos años más tarde, después de comprometerme a ser constante y dedicar el uno por ciento de mi vida a Dios, mi vida espiritual empezó a florecer.

Físicamente sentía que tenía más energía. Mentalmente, estaba más centrado. Y todo me interesaba. No es que dejara de sentir miedo, angustia o decepción. Todo esto permaneció. Pero me di cuenta de que me recuperaba antes de los hechos que me causaban esos sentimientos.


Además de escribrir sus propios libros de espiritualidad o apologética Gary Jansen ha trabajado como editor con obras de autores best seller mundiales como el Papa Francisco, Deepak Chopra o Michael Singer.

Considerad esto: ¿quién se recupera antes de una herida? ¿La persona que hace ejercicio a diario o la que no lo hace? La respuesta breve es que la persona que está en forma físicamente. Lo mismo vale para la vida espiritual. Una unión más profunda con Dios no hará que tus problemas desaparezcan, pero te ayudará a navegar por el mar de la vida de una manera más eficaz.

Todos experimentamos momentos de dolor y lucha, ya sea por la muerte de un ser querido, por un nuevo trabajo que no resulta ser lo que esperábamos, por amigos que nos decepcionan, por problemas económicos o por la devastación causaba por la guerra. Las dificultades no desaparecen cuando uno hace una promesa a Dios. Pero si tu alma está en forma, tendrás la fuerza para enfrentarte a todos estos desafíos con valor. Y si las heridas aparecen mientras recorres tu camino espiritual, te recuperarás antes y no te apartarás de tu objetivo, que es una relación más profunda con Dios.

Tres ejercicios simples y eficaces
Por lo tanto, al principio de un nuevo año,¿por dónde empezar? Te indico más abajo tres breves y sencillos ejercicios que me han ayudado en mi oración diaria, esperando que te ayuden a dirigir tu atención hacia Dios, con la esperanza de que el uno por ciento de tu vida se convierta en el dos por ciento, luego en el tres por ciento, etcétera. Te prometo que tu vida ya no volverá a ser la misma (de manera positiva).

1) El Santo Nombre. ¿Cuál es la palabra más bonita del mundo? Pues bien, seguramente Jesús. Por lo tanto, deja que el Santo Nombre se convierta en una oración para ti. ¿Cómo? Repitiendo el nombre de Jesús una y otra vez dentro de ti. Hazlo en silencio cuando te levantas por la mañana y cuando te vas a la cama por la noche. Deja que el nombre de Jesús sea lo primero en lo que pienses por la mañana y lo último en lo que pienses cuando te acuestas. Durante el día repite el nombre de Jesús cuando vayas al trabajo o laves los platos o esperes en la cola del banco.

2) Respira la oración del Señor. Esta es una meditación fundamental cuando aplicas una forma de respirar a la oración. Por ejemplo, inhala en la primera línea: “Padre Nuestro”. Haz una pausa. Entonces exhala y reza: “que estás en los cielos”. Pausa. Inspira: “Santificado sea tu nombre”. Pausa. Exhala: “Venga a nosotros tu reino”. Escoge un patrón que sea el mejor para ti y une lo físico con lo mental y lo espiritual.

3) Llama al Espíritu Santo. Puede haber momentos durante el día en que te sientas estresado o tal vez te falte energía o no estés centrado. En lugar de buscar un cigarrillo, un whisky, un café o un té, llama al Espíritu Santo para que te ilumine. Repite dentro de ti "Ven, Espíritu Santo" durante el día cuando surjan desafíos o te sientas exhausto. Invita al Espíritu Santo a guiar tus acciones y pensamientos y después relájate, abandónate y verás lo que Dios te concederá.

Los resultados pueden ser inesperados, pero ¡son tan buenos para tu alma...!

Publicado en 
Catholic Herald.
Traducción de Helena Faccia Serrano, diócesis de Alcalá de Henares.