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domingo, 13 de noviembre de 2016

«Dondequiera que esté un cristiano, los hombres tienen que encontrar siempre un oasis de misericordia» (Mons. Carlos Osoro) 12112016

«Dondequiera que esté un cristiano, los hombres tienen que encontrar siempre un oasis de misericordia»

«Dondequiera que esté un cristiano, los hombres tienen que encontrar siempre un oasis de misericordia»
La catedral de Santa María la Real de la Almudena ha acogido este sábado, 12 de noviembre, la solemne Eucaristía de clausura del Año de la Misericordia, presidida por monseñor Carlos Osoro, cardenal electo, arzobispo de Madrid. Junto a él han concelebrado el arzobispo emérito de Madrid, cardenal Antonio María Rouco Varela; el obispo emérito de Ciudad Real, monseñor Antonio Antonio Algora; el obispo auxiliar de Madrid, monseñor Juan Antonio Martínez Camino; los vicarios episcopales, el Cabildo catedral y numerosos presbíteros.
En su homilía, el prelado ha agradecido este año que Dios «nos ha concedido por voluntad del Sucesor de Pedro» y ha reiterado que la misericordia «ha de ser el mensaje de la Iglesia, desde el que conquiste el corazón de los hombres», por lo que «no es de extrañar que el Señor nos proponga hoy tres grandes tareas».
La primera de estas tareas, como subraya la primera lectura, es honrar su nombre. «Se honra siendo misericordiosos como el Padre, tal y como nos revela Nuestro Señor Jesucristo. [...] Hay un paso que hemos de dar y que, en este Año Santo, tanta gente ha dado: reconocernos necesitados de misericordia, de perdón. Cuando reconocemos que somos pecadores, sabemos y experimentamos que Jesús vino por nosotros, vino a salvar y no a condenar», ha explicado.
No obstante, a veces hay a quien le cuesta «dejarse abrazar y perdonar por el Señor». «Quien está acostumbrado a juzgar a los demás desde arriba, sintiéndose cómodo y considerándose justo, bueno y leal, no sabe honrar el nombre de Dios que es Misericordia», ha aseverado.
clausura misericordia 2
La segunda tarea que nos da el Señor, según ha detallado monseñor Osoro, es: «entregaos al trabajo que salve». Debemos «entregarnos a dar a conocer el carnet de identidad de Dios: la misericordia»; conscientes de que, como dice san Pablo, «si somos infieles, Él permanece fiel pues no puede renegar de sí mismo».
La tercera tarea es «dar y mostrar a los hombres la Belleza verdadera, que es Jesucristo». De acuerdo con el Evangelio, «no quedará piedra sobre piedra»; «el derribo material del templo es la expresión de que un mundo injusto, corrupto, de pecado, tiene que acabarse», ha asegurado el arzobispo. «Toda construcción de una vida fundamentada en lo exterior, en la apariencia y lo superficial, se derrumbará. Cristo ha traído una nueva creación; no es restauración, es nueva creación y tiene un nombre: misericordia», ha añadido.
«La misericordia vence, la misericordia cura, sana. [...] Tengamos la audacia de volver a las fuentes de la misericordia y la gracia. Pecadores, sí; corruptos, no. La corrupción es el pecado no reconocido y elevado a sistema, que se convierte en costumbre y en una manera de vivir. No es un acto, es una condición. Sin embargo, el pecador sabe que no hay situaciones de las que no podamos salir, que Jesús siempre está dispuesto a darnos la mano para salir. La misericordia será siempre más grande que el pecado. De ahí la fuerza que, para nosotros y para este momento de la historia de los hombres, tiene precisamente la misericordia».
«Hemos aprendido en este año que, dondequiera que esté un cristiano, en las parroquias, en las comunidades, en la Iglesia doméstica que es la familia cristiana, en las asociaciones y movimientos... los hombres tienen que encontrar siempre un oasis de misericordia», ha concluido.
Clausura del Año Santo en Roma
La celebración ha tenido lugar justo una semana antes del consistorio de cardenales presidido por el Papa Francisco en Roma en el que creará cardenal al arzobispo de Madrid. Al día siguiente, el domingo 20, el Pontífice presidirá la clausura oficial del Año de la Misericordia en la basílica de San Pedro.
Para más información sobre el Jubileo, puede visitarse este enlace.
Infomadrid / R.P. / Fotos: Miguel Hernández Santos

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Homilía de monseñor Osoro en la fiesta de la Almudena (9-11-2016)

Homilía de monseñor Osoro en la fiesta de la Almudena (9-11-2016)


  • Hermanos y hermanas:
Querida Madre, a quien aquí, en Madrid, invocamos como Santa María la Real de la Almudena: gracias por ofrecernos a tu Hijo Jesucristo, rostro vivo y auténtico de Dios y del hombre. Sostienes en tus manos a Nuestro Señor recién nacido en Belén y nos lo ofreces a los hombres. Así, en esta postura, con esta fotografía, te han reconocido como Madre de Dios y Madre nuestra, como Madre de Madrid, todos los que habitan estas tierras. Gracias por acompañarnos y abrirnos caminos de encuentro, gracias por enseñarnos a derribar muros, a crear puentes que nos unan a todos, a no hacer una tierra donde unos descartamos a los otros. ¡Qué belleza tiene tu imagen! Es una imagen que expresa muy bien lo que deseas de nosotros: te manifiestas ofreciéndonos y poniendo en nuestras manos a tu Hijo Jesucristo. No quieres darnos y ofrecernos teorías sobre la verdad, el camino que recorrer o la vida que tener; sino que nos entregas, con rostro de hombre vivo, a quien es Camino, Verdad y Vida. ¡Gracias!
Hoy, Madre, tu Hijo Jesucristo desde la Cruz, mirándote a ti y a Juan el apóstol –en el que estamos representados todos nosotros–, nos dice una expresión que no solamente tiene belleza, sino que da belleza al ser humano: «Mujer, ahí tienes a tu hijo», y a nosotros, en Juan: «Ahí tienes a tu Madre». Porque el ser humano recibe la gran Belleza cuando se le da amor, especialmente cuando es el Amor más grande. Y en este pasaje del Evangelio se nos muestra el amor de tu Hijo, que da la vida para que los hombres tengamos Vida, y el amor de un Dios que nos da a quien prestó su vida para darle rostro humano, a su Santísima Madre, para que nunca jamás sintamos soledad.
Desde esta oferta de amor de Cristo, quiero entregaros una contemplación de Nuestra Madre, a quien le pido que mire a todos los que formamos parte de esta Comunidad de Madrid, a cada uno de nosotros, con esos sus ojos misericordiosos: a cada familia, a los niños, a los ancianos, a los enfermos, a los que están solos, a quienes están en la cárcel, a los que tienen hambre y no tienen trabajo, a los que perdieron la esperanza, a los que no tienen fe, a los que nos gobiernan, a los que nos enseñan. A Ella le hago también estas tres peticiones:
1. Madre, ayúdanos a cuidar la vida: lo habéis visto en el Evangelio que hemos proclamado, «junto a la Cruz de Jesús estaban su Madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María, la Magdalena». Ahí estaba cuidando la Vida que es el mismo Jesucristo. Y Jesucristo mira a su Madre y le dice que siga cuidando las vidas de los hombres, de todos los hombres. ¡Cómo no recordar hoy aquí a los que más necesitan que cuidemos sus vidas! La vida hay que cuidarla siempre, desde el inicio hasta su término, siempre haciéndolo con ternura. Cuidar la vida supone sembrar esperanza siempre. Un pueblo que cuida la vida es sembrador de esperanza. Un pueblo que cuida a los niños y a los ancianos, cuida a todos. María nos enseña a cuidar la Vida. Cuidó a Jesús desde el momento que estuvo en su vientre y lo cuidó cuando estaba en la Cruz. Nunca abandonó a quien era la Vida y nos muestra el abanico real que tiene la vida humana.
Hay que cuidar la vida de los niños, lo que supone que todas las dimensiones de la vida de un ser humano se desarrollen armónicamente, también la dimensión trascendente en la que se encuentra el amarnos los unos a los otros, el no descartar a nadie, el no hacer diferencias, el crear puentes que unan, el derribar muros que no nos dejan encontrarnos. Y hay que cuidar las vidas de los ancianos, de aquellos que van perdiendo fuerzas; tenemos que tratarlos no como sobrantes y como un peso que hay que sobrellevar, sino como tesoros de sabiduría que debemos alentar y alimentar. Cuidemos la vida de los niños y de los ancianos, en ellos está el futuro de un pueblo. ¡Qué dos realidades más importantes: fuerza y sabiduría, niños y ancianos! Cuidar la vida es sembrar esperanza. María cuidó a Jesús desde chico y nos cuida a nosotros.
Cuidar la vida supone que, en nuestra casa común, todos tengan sitio, un lugar donde estar y ser reconocidos en su dignidad. En las bodas de Caná, cuando María vio que no había lo necesario para hacer la fiesta, se dirigió a su Hijo para pedirle que interviniera sin mirar quiénes estaban. Lo hacía para todos. Porque igual que Jesús dio la vida por todos los hombres, a su Madre la hizo Madre de todos. ¡Qué tradición más hermosa salir aquí, en Madrid, a la plaza Mayor, para pedir a la Madre de Madrid que nos cuide y nos enseñe a cuidarnos los unos a los otros! Hoy sí que podemos decir lo que hace un instante escuchábamos en el salmo: «Tú eres el orgullo de nuestra raza». Acojamos la propuesta de Nuestra Madre, es una propuesta de vida y no de muerte: cuidemos la vida de todos los que viven o llegan aquí a Madrid.
2. Madre, haznos el regalo de tu mirada: necesitamos la misma mirada que tu Hijo Jesucristo te hizo desde la Cruz. «Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: “Mujer, ahí tienes a tu Hijo”». Necesitamos la mirada de Madre, esa mirada que abre el alma, que quita cerrojos, que abre todos los sentidos, la mente y el corazón. Necesitamos esa mirada que Ella sintió siendo muy joven, a través del arcángel: una mirada de amor, de conquista del corazón, de hacer lo mejor por todos los hombres, de hacerles partícipes del bien, de la bondad, de la justicia, de la solidaridad de un Dios que quiere hacer de todos los hombres una gran familia de hijos y de hermanos. Es la mirada que le hizo entonar el canto más bello: dar a los hombres la Vida. Un canto en el que Ella misma era el pentagrama sobre el que Dios escribía las notas. Decía así: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho grandes obras por mí, su nombre es santo y su misericordia llega a todos los hombres». Es un canto a la verdad del hombre, al reconocimiento de las dimensiones reales del ser humano.
María, danos el regalo de tu mirada, para ver siempre a todos desde la libertad que Dios ofrece. Desde la bondad de su corazón. Desde una justicia que va mucho más allá de dar a cada uno lo que le corresponde con las medidas humanas, pues Dios lo da todo, hasta su Vida. Desde la solidaridad que se hace comunión y se manifiesta en darse y no retenerse. Desde el amor que es paciente, comprensivo y servicial, que no tiene envidia ni se engríe, que no es maleducado ni egoísta, que no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad, disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. Es un canto de un Amor que no pasa nunca, porque es de Dios y, por ello, es eterno.
Regálanos tu mirada de Madre para ver nuestra historia, para ver nuestros cansancios, nuestras frustraciones infundadas o fundadas en el sinsentido de una vida vivida desde nosotros mismos. Regálanos tu mirada para vernos entre nosotros de otra manera, no como enemigos, sino como hermanos. Enséñanos a mirar para rescatar, acompañar y proteger; a mirar a los que naturalmente miramos menos y lo necesitan más: a aquellos que están desamparados, solos o enfermos, a los que no tienen de qué vivir, a los que están en la calle, a los que no conocen a tu Hijo ni la ternura que tienes de Madre.
Santa María la Real de la Almudena, que nunca tengamos miedo a salir y mirar a nuestros hermanos con tu mirada. Tú saliste del muro para encontrarte con todos, tejiendo en los corazones de los hombres unión, encuentro, respeto, capacidad de construir juntos. Las situaciones que vive la humanidad, en su complejidad, necesitan de corazones como el tuyo, que creen y dinamicen el encuentro entre nosotros y no la división ni la ruptura, ni el enfrentamiento.
3. Madre, que veamos a tu Hijo en cada ser humano que es nuestro hermano: hoy esta plaza Mayor se convierte en algo significativo, pues Tú nos invitas a encontrar a Jesús en cada ser humano; nos invitas a no permanecer indiferentes ante el hermano. Nos llamas a no destruirnos y a trabajar y poner todos nuestros talentos al servicio de la cultura del encuentro, que nos está pidiendo hacer un trasplante de corazón. Que sintamos dolor cuando esto no lo hacemos, aquel dolor de Madre que tú sentías junto a la Cruz.
Madre, que nos miremos y nos encontremos para ser más hermanos. ¿Estamos dispuestos a emprender este camino de encuentro? Es un camino sencillo y, al mismo tiempo, exigente; requiere olvidarnos de nosotros y poner en primer lugar al otro, sea quien sea. Tengamos también la valentía de ir a las raíces: nuestro pueblo de Madrid hunde sus raíces en un anhelo de fraternidad y deseo de ser familia. Crecemos cuando nos unimos. Y es cierto que para unirnos no vale solo salir con ideas, hay que salir con amor en su mayor grandeza. Que es la que se nos ha revelado en el Dios que se hizo Hombre y acercó lo divino a la tierra para hacernos ver que aquí podemos construir algo de cielo si lo seguimos a Él.
Hermanos y hermanas, el Hijo de María se va a hacer presente en el misterio de la Eucaristía: contemplad a Dios y en Él, lo que puede llegar a ser el hombre. Establezcamos tal comunión con Dios que podamos decir al unísono del corazón de María: «Hágase en mí según tu palabra», «aquí estoy», disponible para dejarte entrar en mi vida y poder llevar, a los hombres que encuentre en el camino, lo que tú me das. Señor Jesucristo, gracias por darme como Madre a tu Madre. Que con su intercesión cuidemos la vida de los hombres, regalemos tu mirada a todos sin excepción y veamos siempre a un hermano. Santa María la Real de la Almudena, ruega por nosotros. Amén.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Misa en Madrid por monja asesinada en Haití: “En la vida y en la muerte somos suyos” 12092016

Misa en Madrid por monja asesinada en Haití: “En la vida y en la muerte somos suyos”

Por Blanca Ruiz

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Sor Isabel Sola. Foto AIN / La Misa que presidió el Arzobispo de Madrid. Foto Blanca Ruiz (ACI Prensa)
Sor Isabel Sola. Foto AIN / La Misa que presidió el Arzobispo de Madrid. Foto Blanca Ruiz (ACI Prensa)








MADRID, 12 Sep. 16 / 03:53 pm (ACI).- Mons. Carlos Osoro, Arzobispo de Madrid (España) presidió la Misa “de acción de gracias por la vida de Sor Isabel Sola”, la religiosa de la Congregación Jesús-María que fue asesinada en Haití el pasado 3 de septiembre.
Sor Isabel Solà era natural de Barcelona y pertenecía a la Congregación Jesús-María. Murió asesinada a tiros el viernes pasado cuando unos desconocidos intentaron robarle. La religiosa fue enterrada en Puerto Príncipe el viernes pasado.
En su homilía este lunes en Madrid, Mons. Osoro recordó unas palabras que la religiosa dijo tras sobrevivir al terremoto de Haití en 2010 en el que fallecieron más de 200 mil personas: “si vivimos, vivimos para Él. Si morimos, morimos para Él. En la vida y en la muerte somos suyos”.
La Eucaristía se celebró en la casa provincial de la Congregación de Jesús-María en el centro de Madrid. Allí, cientos de personas se reunieron para recordar a la religiosa que, según afirmó la superiora, murió el mismo día que Carmen Samaranch, otra religiosa de Jesús-María, asesinada hace 33 años en Guinea (África).
Durante la Misa se escuchó una grabación con la voz de Sor Isabel Solá de las palabras de Santa Teresa de Jesús: “Nada te turbe, nada te espante, sólo Dios basta”, a las que la hermana puso música.
El Arzobispo de Madrid destacó el gran bien que hace “escuchar las palabras de Santa Teresa de Jesús con la voz de Sor Isabel”. Unas palabras de Santa Teresa en la que la hermana resumía su vida, dijo.
El Prelado recordó la vida “dichosa” de Sor Isabel, porque “vivió creyendo que lo que había dicho el Señor se cumpliría” a pesar de las grandes dificultades que afrontó en los 14 años en África y los ocho que vivió en Haití.
Mons. Osoro la definió como “inquieta, decidida y apasionada, siempre con mirada sonriente”.
La Congregación de Jesús María fue fundada por Claudina Thévenet en 1816 y su carisma se centra especialmente en la educación cristiana especialmente entre los jóvenes y los más pobres y necesitados.
Las religiosas están presentes en los cinco continentes repartidas en 193 casas. En el año 2005 había unas 1509 religiosas de Jesús María en el mundo.




sábado, 25 de junio de 2016

Monseñor Osoro anima a «vivir el compromiso misionero y evangelizador» como san Josemaría 25062016

Sábado, 25 Junio 2016 17:55

Monseñor Osoro anima a «vivir el compromiso misionero y evangelizador» como san Josemaría


Monseñor Osoro anima a «vivir el compromiso misionero y evangelizador» como san Josemaría
El arzobispo de Madrid Carlos Osoro ha presidido este sábado por la mañana la Misa celebrada en la catedral de la Almudena con motivo de la fiesta de san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, al que ha puesto como ejemplo de «testigo fiel de Cristo», cuyo «trabajo evangelizador» se apoyó en «el amor a la Eucaristía, a la Virgen y al Papa».
En la homilía, el arzobispo ha agradecido a Dios la vida santa de san Josemaría, con su mensaje de «la vocación universal a la santidad y al apostolado a través del trabajo y de las ocupaciones diarias». San Josemaría (Barbastro, 1902-Roma, 1975) fundó el Opus Dei en 1928 y fue canonizado en 2002.
Monseñor Carlos Osoro ha pedido a los fieles y familias participantes ser «auténticos testigos de Cristo, que vivan su fe sin complejos, en el mundo y con valentía». «Os animo a remar mar adentro, a vivir con responsabilidad el compromiso misionero y evangelizador, tratando a Cristo en las circunstancias ordinarias, tal como recordó con su vida san Josemaría», ha aseverado.
El arzobispo también ha subrayado que hay una cultura que relega a Dios a un segundo plano, frente a lo que la familia «ofrece el verdadero amor que todo ser humano necesita». «Vemos cada día –ha añadido– un ansia, un hambre de Dios, una búsqueda de su cercanía y de su presencia, que hemos de saciar con la gracia de la eucaristía y de la oración».
Otras eucaristías se celebran estos días en honor de san Josemaría, tanto en España como en numerosos países de los cinco continentes.
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Opus Dei / Fotos: Álvaro García Fuentes

martes, 17 de mayo de 2016

Mons. Osoro en el funeral por las víctimas del terremoto de Ecuador: «Cristo nos enseñó que el mal nunca tiene la última palabra» 17052016

Martes, 17 Mayo 2016 22:21

Mons. Osoro en el funeral por las víctimas del terremoto de Ecuador: «Cristo nos enseñó que el mal nunca tiene la última palabra»


Mons. Osoro en el funeral por las víctimas del terremoto de Ecuador: «Cristo nos enseñó que el mal nunca tiene la última palabra»
Cientos de ecuatorianos y ciudadanos madrileños se han dado cita esta tarde en la catedral de Santa María la Real de la Almudena para asistir a la Misa funeral por las víctimas del terremoto de Ecuador del pasado mes de abril. Presidida por el arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, con él han concelebrado el nuncio de Su Santidad, el arzobispo castrense, el secretario de la CEE, el vicario general de la archidiócesis de Madrid, el deán de la catedral, vicarios episcopales, miembros del Cabildo Catedral y numerosos sacerdotes ecuatorianos. A la ceremonia han asistido los Reyes, el presidente del Gobierno acompañado por su mujer, los ministros de Exteriores e Interior, la fiscal jefe del Estado, representantes del Cuerpo diplomático acreditados en España, la alcaldesa de Madrid, y políticos como Albert Rivera y Pablo Iglesias, entre otros.
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Haga clic en las imágenes para verlas en grande o descargarlas (Firma: Infomadrid / Miguel Hernández Santos)
El arzobispo ha comenzado su homilía recordando que «el título que nos reúne hoy» en la catedral es «hermanos todos en Jesucristo». Y a continuación, al hilo del Salmo 22 proclamado, se ha preguntado cómo se puede entender este terremoto, que causó tantas víctimas mortales. Para el prelado, «Cristo nos enseñó que el mal nunca tiene la última palabra. Que el amor es más fuerte que la muerte». Por eso, «la Iglesia de Cristo está llamada a proclamar este mensaje de esperanza y a confirmar la verdad del mismo con su testimonio».
Ha invitado a los presentes a pensar «por un instante» en la muerte, «es necesario hacerlo». Así, «contra la muerte, deberíamos transformar nuestra vida desde dentro, crear una vida nueva» porque «lo nuevo y emocionante del mensaje cristiano» es «esta nueva vida que se nos da en el Bautismo, que es curativa. Una nueva vida que no puede ser truncada». «Sepamos llorar hoy la muerte de nuestros hermanos, pero también descubrir el gran significado que tiene este dolor, este llanto», ha señalado. En este sentido, ha recordado unas palabras de san Juan Pablo II con motivo del atentado que sufrió, asegurando que «el límite del mal es el sufrimiento de Dios en la cruz». Porque «el mal existe en el mundo también para despertar en nosotros el amor».
Además del lloro por la muerte, «hay que saber tener palabras para decir al hermano: "Tu hermano ha resucitado"». «Esta es la pregunta que Dios nos hace esta noche: ¿Crees esto?», ha cuestionado a los presentes. «Con la fe en la existencia de este poder, ha surgido una historia de esperanza, aun cuando parece que no hay esperanza». Porque «el Dios en quien creemos se compadece del hombre. El hombre tiene un valor tan grande para Dios que se hizo hombre para con-padecer».
Monseñor Osoro ha concluido asegurando que «la estrella de la esperanza en Cristo se hizo presente en el misterio de la Eucaristía» y preguntando de nuevo a los presentes si lo creían. «Que podamos decir: “Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, tú eres el que ha venido al mundo para darnos una palabra”», ha añadido.
La colecta ha sido sustituida por la entrega de un donativo a favor de Cáritas con Ecuador, recogido al finalizar la celebración.
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Haga clic en las imágenes para verlas en grande o descargarlas (Firma: Infomadrid / Miguel Hernández Santos)
Hermandad del pueblo español
Antes de la bendición final, el embajador de Ecuador en nuestro país ha tenido unas palabras de agradecimiento a los Reyes por «tener la generosidad y la sensibilidad de aceptar la invitación para asistir a esta Eucaristía» así como para las autoridades españolas, que nada más conocer la noticia del terremoto se movilizaron para prestar su ayuda y solidaridad. También ha reconocido que «lo que más nos duele es lo que nosotros más apreciamos: nuestro pueblo», con 12.000 familias que continúan viviendo en albergues. Y ha destacado la presencia del primer grupo de 'rescatistas' que se fue a Ecuador a las pocas horas de producirse el siniestro, para ayudar a salvar vidas. «Somos testigos –ha dicho– de la hermandad del pueblo español con el pueblo ecuatoriano», por lo que ha manifestado un «profundo agradecimiento».
Infomadrid / M.D. Gamazo / Fotos: Miguel Hernández Santos

jueves, 21 de abril de 2016

La catedral acogerá una Misa funeral por las víctimas del terremoto de Ecuador el día 30 (21042016)

La catedral acogerá una Misa funeral por las víctimas del terremoto de Ecuador el día 30

La catedral acogerá una Misa funeral por las víctimas del terremoto de Ecuador el día 30
El sábado 30 de abril, a las 10:00 horas, la catedral de Santa María la Real de la Almudena acogerá una Misa funeral por las víctimas del terremoto de Ecuador. Presidida por el arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, contará con una fuerte presencia de la comunidad ecuatoriana en España, así como de representantes de la sociedad civil y del cuerpo diplomático.
La celebración podrá seguirse también en directo a través de la web del Arzobispado.

jueves, 31 de marzo de 2016

La catedral de Madrid acoge dos misas por las víctimas de los últimos atentados terroristas 01042016

La catedral de Madrid acoge dos misas por las víctimas de los últimos atentados terroristas

Ambas celebraciones, 4 y 5 de abril, estarán presididas por el arzobispo de Madrid y vicepresidente de la CEE, monseñor Carlos Osoro Sierra
Monseñor Carlos Osoro en la catedral de Madrid
Monseñor Carlos Osoro Sierra (Carlos González García/Archimadrid.Org)
(ZENIT – Madrid) La madrileña catedral de Santa María la Real de la Almudena acogerá dos celebraciones en memoria de las víctimas de los últimos ataques terroristas y por la paz. El próximo lunes, 4 de abril, a las 20 horas, se celebrará una misa funeral por las víctimas de los atentados del martes pasado en Bruselas. Y al día siguiente, a las 20 horas, habrá otra misa funeral por las personas asesinadas en Yemen y Pakistán, teniendo especialmente presentes en la oración a los cristianos que han dado su vida y a los que están perseguidos, según ha informado la propia diócesis en un comunicado.
Ambas celebraciones litúrgicas estarán presididas por el arzobispo de Madrid y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), monseñor Carlos Osoro Sierra. Asistirán representantes de la sociedad civil, del cuerpo diplomático, y de las distintas Iglesias y comunidades eclesiales presentes en Madrid, así como todas aquellas personas que deseen unirse.
Las dos eucaristías podrán seguirse en streaming a través de la web del Arzobispado.

viernes, 25 de marzo de 2016

El arzobispo de Madrid en el Viernes Santo: «La Cruz es la inclinación más profunda de Dios al hombre» 25032016

Viernes, 25 Marzo 2016 19:21

El arzobispo de Madrid en el Viernes Santo: «La Cruz es la inclinación más profunda de Dios al hombre»


El arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, ha presidido hoy la celebración de la Pasión y Muerte del Señor en la catedral de Santa María la Real de la Almudena. «La Cruz es la inclinación más profunda de Dios al hombre, es el amor de Dios dado sin límites», ha dicho ante un templo repleto.
Homilía completa
El Viernes Santo contemplamos a Jesús en su rostro lleno de dolor, despreciado, ultrajado, desfigurado por el pecado del hombre. Pero el Viernes Santo es el día de la esperanza más grande, la esperanza madurada en la Cruz. Os invito a que os pongáis ante la Cruz para ver las tres necesidades más urgentes de la humanidad:
1. Necesidad de poner la vida en manos de Dios: ¿En manos de quién estamos en todas las dimensiones que tiene la vida? Contemplemos y conozcamos al Señor, sepamos quién es y qué nos da a nosotros los hombres. Mientras muere, exhala su último suspiro clamado con voz potente: «Padre a tus manos encomiendo mi espíritu». Pone su existencia en manos del Padre. Sabe que dar la vida para mostrar a los hombres todo lo que Dios nos quiere, se convierte en fuente de vida. ¡Contemplad qué fuerza tienen las palabras del profeta Isaías: «Mirad, [...] asombrará a muchos pueblos [...] enmudecía y no abría la boca [...] quiso entregar su vida como expiación»! (cfr. Is 52, 13-53, 12). Mirad al Señor en la Cruz: «Ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado, [...] acerquémonos con seguridad a Él, al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia». ¿Sabéis lo que nos hace descubrir? Que Él es la salvación, esa que todos los hombres buscan y que se identifica con felicidad. Por eso se nos dice que «se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna» (cfr. Hb 4, 14-16; 5, 7-9). ¿Pones la vida en manos de Dios? En sus manos todos los proyectos de los hombres son diferentes: ni descartan ni enfrentan, crean comunión fraternidad y puentes ¿La tienes en tus propias manos o en manos de otros parecidos a ti?
2. Necesidad de buscar la verdad: «¿A quién buscáis?» La humanidad necesita buscar la verdad. Aquellos que iban a prender a Jesús lo dijeron claramente: «Buscamos a Jesús, el Nazareno». Y la respuesta fue tajante: «Soy yo». La verdad molesta, interpela, nos juzga, nos saca de la mentira. ¿Buscamos a Jesús de verdad? ¿Creemos que Él es la verdad? Creemos lo que de sus labios salió? «Tú lo dices, soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz». Pedro negó incluso conocerlo cuando le preguntaron si era discípulo suyo; mientras Jesús dice «Yo soy», Pedro dice «no lo soy», nada tengo que ver con Él. ¿Tiene que ver con nosotros? Con Pilato nada tenía que ver, por eso lo entregó y prefirió soltar a un bandido, ridiculizando a Jesús poniéndole una corona de espinas, poniéndole un manto, abofeteándolo. Lo entregó para que lo crucificaran. ¿Cuándo entrego yo al Señor? Cuando vivo en la mentira, desde lo que no soy. Ello corrompe todas las relaciones entre los hombres. Para buscar y vivir en la verdad mete en tu vida a la Madre de Jesús, pues Ella metió en este mundo a la Verdad que es su Hijo. Jesús, que nos quiere en la verdad, dice a María: «Mujer, ahí tienes a tu hijo», y a Juan, y en él a nosotros: «Ahí tienes a tu madre».
3. Necesidad de vivir mostrando el rostro del amor misericordioso aprendido junto a Jesús: Seamos valientes y atrevidos; llenemos nuestra vida de la gracia y del amor mismo de Jesús. La parábola del hijo pródigo, que a mí me gusta llamar mejor la parábola del Padre misericordioso, nos revela cómo es el amor de Dios revelado en Jesucristo. Para que entendamos este amor, el Señor nos da tres personajes: el padre, el hijo mayor y el pequeño. El padre, que representa a Jesús, ama incondicionalmente. El hijo menor pide marcharse y vivir por su cuenta fuera del amor de Dios. Su vida termina siendo un desastre. Lo reconoce y vuelve a Dios. El hijo mayor se ha quedado en casa, pero tampoco ha vivido del amor de Dios; se constata cuando viene su hermano y lo rechaza. Todos tenemos algo de hijo menor y mayor. Pero Dios nos quiere incluso así y sigue regalándonos su amor, abriendo su vida y corazón. La Cruz es la inclinación más profunda de Dios al hombre, es el amor de Dios dado sin límites. La parábola lo expresa de una forma plástica extraordinaria. Muestra el rostro de Dios contemplado y acogido en la Cruz.
Entregar este amor es comenzar una verdadera revolución, la revolución que da siempre vida, cambia el corazón y rompe fronteras, crea lazos de unidad, diluye y destruye el egoísmo. Comencemos esta revolución; se necesita, las ramas no son caras: Dios se encarga de dárnoslas y meterlas en nuestro corazón. Abre nuevos caminos para la humanidad. El sacerdote san Pedro Poveda, un santo que vivió en Madrid, al que hay dedicado uno de los altares laterales de la catedral y al que la UNESCO ha reconocido como alguien que puede enseñar esta revolución, decía así: «Dios se inclina hacia el hombre; el hombre propende hacia Dios. La humanidad fue tomada por el Hijo de Dios para no dejarla jamás, y esa humanidad adorable, en la persona divina, fue elevada a su mayor perfección. Lo humano perfeccionado y divinizado, porque fue henchido de Dios. La Encarnación bien entendida, la persona de Cristo, su naturaleza y su vida dan para quien lo entiende la norma segura para llegar a ser santo, con la santidad más verdadera, siendo al mismo tiempo humano, con el humanismo verdad. [...] Mirar y obrar. Mirar el crucifijo y obrar según el crucifijo. Tienes una duda, pues mira a tu crucifijo y conocerás lo que Dios quiere; te asalta alguna perplejidad para obrar, ajústate a lo que te enseña con su ejemplo Jesucristo. Para todo cuanto se te pueda ocurrir tienes enseñanza y remedio en Cristo crucificado». (cfr. Pedro Poveda: Obras I: Creí, por esto hablé, pg. 315 (74); 779 (257)). Hoy un santo en Madrid nos habla del Amor de Dios. Acojamos este amor que se nos da dando la vida por nosotros. Amén.
 

jueves, 24 de marzo de 2016

Monseñor Osoro, a los sacerdotes de Madrid: «Seamos rostros vivos de la misericordia» 23032016

Miércoles, 23 Marzo 2016 14:21

Monseñor Osoro, a los sacerdotes de Madrid: «Seamos rostros vivos de la misericordia»


Monseñor Osoro, a los sacerdotes de Madrid: «Seamos rostros vivos de la misericordia»
El bonus odor Christi se hace vida hoy de una manera real, visible, latente, en las manos sacerdotales de los que un día decidieron poner su corazón en las manos de un Dios que prometió compensarles su entrega con el ciento por uno. Esta mañana, la catedral de Santa María la Real de la Almudena ha sido testigo de la Misa Crismal que, un año más, sirve para renovar las promesas bautismales del presbiterio que peregrina en Madrid ante su Pastor, el arzobispo de Madrid.
Acompañado por el arzobispo emérito de Madrid, el cardenal Antonio María Rouco Varela; el nuncio de Su Santidad en España, monseñor Renzo Fratini; el obispo auxiliar de Madrid, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, SJ; el vicario general y los vicarios episcopales, y numerosos sacerdotes, monseñor Osoro ha presidido esta celebración en la que ha consagrado el Santo Crisma y, además, ha bendecido los restantes óleos o aceites (destinados a los enfermos y a los catecúmenos).
In persona Christi
En su homilía, el prelado ha afirmado que a los sacerdotes no se les pide más que lo que, «con gran acierto», formula el Papa Francisco: «que seamos expertos en ser rostros vivos de la misericordia». Jesús, ha dicho, «nos muestra ese rostro en una de las parábolas de la misericordia», donde «nos hace ver el ministerio sacerdotal como el de unos hombres con un corazón en salida, que busca a los hombres y que lo hace bombeando tres esencias: alegría, esperanza y misericordia».
En una catedral repleta de sacerdotes y de fieles, ha aseverado que por la ordenación sacerdotal «hemos sido revestidos de Cristo», para «actuar in persona Christi». La imagen que mejor describe esto, ha continuado, «es la parábola de la oveja perdida, una de las parábolas de la misericordia». En la misma, «se nos muestra con una belleza extraordinaria la tarea y misión de Jesucristo como Buen Pastor y se nos regala la identidad que como pastores hemos de vivir». Una misión que, según el arzobispo, «se resume en tres expresiones: 1. Mirar con los ojos de Jesús; 2. Aprender a actuar y a vivir como Jesús; y 3. Jesús es pastor que se expone para atraerlos».
La dulce y confortadora alegría de evangelizar
Este Año de la Misericordia, ha subrayado, «nos invita a que nuestro corazón bombee tres esencias que dan un perfume nuevo a la existencia de los hombres», que se hacen realidad «recordando siempre cómo se inició nuestro ministerio, cómo se tiene que mantener y cómo se ha de promover». Jesucristo, les ha recordado a los presbíteros, «nos dice: “Id y haced discípulos en todos los pueblos”», por lo que «nos quiere misioneros, saliendo a buscar a la gente donde esté y regalando en cercanía el fervor de los primeros cristianos, que experimentaban, junto a los apóstoles –como nos decía el beato Pablo VI–, “la dulce y confortadora alegría de evangelizar”.
El prelado, además, ha asegurado que el anuncio «hay que realizarlo en clave misionera», sabiendo que «estamos llamados a promover la cultura del encuentro, eliminando todo intento de hacer cultura de la exclusión o del descarte, siendo servidores de la cultura de la comunión con la certeza de haber sido alcanzados y transformados por Cristo».
El amor de Dios nunca decae
Con la esperanza, la alegría y la misericordia como piezas claves del sacerdocio, les ha alentado a «acoger, cultivar y promover el abrazo misericordioso de Dios», que «ha de ser una tarea esencial hoy». El amor de Dios «es tan fuerte, tan grande, tan sorprendente, tan profundo, que nunca decae»; al contrario, ha continuado, «se aferra siempre a nuestro corazón y nos sostiene»; «si estamos hundidos, nos levanta», y «si no tenemos clara la dirección, nos guía».
Finalmente, como ese Pastor que no olvida el legado de dejar a las 99 ovejas para buscar a la que se ha perdido por el camino, les ha dado las gracias a sus «hermanos sacerdotes», y les ha animado a seguir anunciando a Jesucristo «con nuestra vida entregada hasta el límite, mostrando con obras cuánto quiere Dios a los hombres». Nuestro método, ha confesado, abrazando con fuerza la alegría del Evangelio, «es el del Señor: “No he venido al mundo a condenar a los hombres, he venido a salvarlos”».
Así, en esta manifestación de la plenitud sacerdotal del arzobispo como signo de la unión y la comunión con los presbíteros de Madrid, los presentes han podido experimentar, como en Betania, el lugar tranquilo y apacible del encuentro con Cristo.
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