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miércoles, 27 de abril de 2022

El P. Kuchinsky rezó la misa de difuntos con 115 fetos en la nevera del sótano y luego los enterró 27042022

 

Un caso que alborota a congresistas, policías, fiscales y la alcaldesa de Washington DC

El P. Kuchinsky rezó la misa de difuntos con 115 fetos en la nevera del sótano y luego los enterró

El padre Bill Kuchinsky, además de la pastoral penitenciaria, colabora con los provida... enterró más de 100 fetos
El padre Bill Kuchinsky, además de la pastoral penitenciaria, colabora con los provida... enterró más de 100 fetos

P.J.Ginés

Enterrar a los difuntos con dignidad es una obra de misericordia en la fe católica, forjada en la tradición judía. Por esta devoción, José de Arimatea logró una tumba digna para Jesús, donde hoy acuden multitudes de peregrinos.

Pero en el libro de Tobit encontramos otro precedente: enterrar a los hermanos asesinados, y no informar a las autoridades indignas.

Así lo narra Tobit en el Libro de Tobías (capítulo 1, a partir del versículo 17): "Cuando yo veía el cadáver de uno de mi raza abandonado fuera de las murallas de Nínive, lo enterraba. Enterré también a los que mandó matar Senaquerib cuando vino huyendo de Judea. El Rey del cielo lo castigó por todas sus blasfemias, y él, en venganza, dio muerte a muchos hijos de Israel. Yo sustraje sus cuerpos y les di sepultura. Senaquerib los buscó sin encontrarlos. Un ninivita informó al rey de que era yo quien los había enterrado. Entonces me escondí. Tras verificar que el rey sabía de mí y que me buscaban para matarme, tuve miedo y escapé. Mis bienes, confiscados, pasaron al tesoro real. Quedé sin nada, salvo Ana, mi mujer, y mi hijo Tobías. Sin embargo, menos de cuarenta días más tarde, Senaquerib fue asesinado por dos de sus hijos".

Aquí vemos a un poder que no sólo mata inocentes sino que, cuando alguien los entierra dignamente, busca los cadáveres para evitarlo. Esta historia de Nínive del año 681 a.C. (año del asesinato de Senaquerib) revive hoy en países ricos y modernos, allí donde alguien trata de enterrar fetos con dignidad y se encuentra con la hostilidad del poder favorable al aborto.

Un cura entierra más de 100 fetos, no dice dónde

Es el caso del padre William (Bill) Kuchinsky, de 62 años, al que unos activistas provida entregaron más de cien fetos humanos abortados y que él enterró en un cementerio privado de unos conocidos suyos, después de hacer una misa de funeral junto al refrigerador donde los guardaban los provida. Si le preguntan donde están, no responde. Senaquerib no tiene derecho a saberlo.

El padre Bill Kuchinsky bendice los fetos abortados guardados en la nevera

El padre Bill Kuchinsky bendice los fetos abortados guardados en la nevera. Él mismo ha difundido las fotos para ayudar a concienciar sobre su humanidad y dignidad.

"Yo mismo enterré a los bebés", explica. "Están en un sitio seguro y bien atendido. Hay una gran estatua del Inmaculado Corazón de María que los mira directamente", revela. Y más adelante contarán con una "lápida adecuada".

Bill Kuchinsky sabe que hay que respetar la ley, y también que hay que respetar la vida: como responsable del ministerio de prisiones de toda Virginia Occidental conoce de cerca ambas cosas. Y su obispo, Mark Brennan, de la diócesis de Wheeling-Charleston, declaró a la agencia CNA su apoyo al sacerdote.

"La misa funeral del padre William Kuchinsky y su entierro de unos 100 niños abortados en un centro de abortos de Washington DC siguen la larga tradición cristiana de practicar las obras corporales de misericordia por los difuntos, honrando sus restos físicos y enterrándolos con amor", declara la nota del obispo Brennan. "Apoyo plenamente las acciones de cuidado del padre Kuchinsky. Nos enseñan que eran niños humanos reales, no cosas sin vida, hasta que sus vidas les fueron injustamente arrebatadas", añade el obispo.

Misa en un sótano, cuerpos diminutos en un frigorífico

El 28 de marzo, unos activistas provida pidieron al sacerdote que acudiera a una cocina en un sótano. Allí guardaban más de 100 fetos en el frigorífico, en docenas de pequeños contenedores redondos de plástico azul. Le dijeron que el conductor de la furgoneta de residuos médicos que trabajaba con el abortorio Surgi-Clinic se los dio cuando ellos lo pidieron. La compañía de residuos médicos, llamada Curtis Bay, el 5 de abril afirmó en una nota que eso es falso porque sus empleados tienen prohibido transportar restos fetales, según publica el Washington Post.

El centro abortista Surgi-Clinic (de los pocos que hace abortos tardíos en la zona) no ha querido tratar con el Washington Post ni con la prensa. Hablar de fetos en contenedores es un tema feo, los visibiliza y hace que la gente se pregunte cuán humanos son, a qué tienen derecho. ¿A un entierro? ¿A nacer, a crecer, a vivir?

Lauren Handy y Terrisa Bukovinac son las mujeres activistas que entregaron los diminutos cuerpos al sacerdote. Unos días después, el FBI detenía a Lauren Handy acusada de manifestarse en 2020 impidiendo la entrada en un centro abortista. Ella niega haber impedido o bloqueado el paso a nadie y ya está en la calle de nuevo. Pero la policía de Washington DC registró su casa y encontró otros 5 fetos, especialmente grandes, en su nevera.

Ella dijo que los guardaba precisamente porque por su tamaño podían ser abortos ilegales y quería llevárselos a las autoridades para que los investigaran.

El padre Kuchinsky celebró misa de difuntos con 8 activistas provida

El padre Kuchinsky celebró misa de difuntos con 8 activistas provida. Solo cuatro eran católicos, pero todos sintieron la reverencia del momento.

Una nota de la policía dijo que "parecía" que habían sido abortados según la ley municipal. La alcaldesa de Washington DC, Muriel Bowser, del Partido Demócrata, es pro-aborto; en vez de pedir a la policía investigar si hubo abortos ilegales, declaró que los activistas "probablemente" quebrantaron alguna ley.

La activista sintió que un sacerdote era necesario

Handy, que es católica, explicó al Washington Post que cuando abrió la caja con los restos de fetos sintió que era necesario que viniera un sacerdote a rezar por ellos y a enterrarlos. No muchos curas, pensó, se prestarían a eso, pero conocía a Kuchinsky y sí confiaba en él. “Estábamos en un sitio emocionalmente oscuro, esa idea me pareció algo bueno", comentó también Bukovinac.

El padre Kuchinsky no dice donde están los fetos enterrados, pero cuenta con detalle todo lo demás: la ceremonia que rezó, los detalles que adaptó y hasta ha entregado fotos a la prensa del momento, con la vela y el ritual sobre la mesa, sus vestiduras negras y él apoyando la mano sobre la nevera que guardaba los fetos para bendecirlos.

Los detalles del funeral

El sacerdote explicó a los periodistas que se le vino una idea a la cabeza ("no digo que fuera del Señor"): que "el buen Dios no nos dijo 'enterrad a la gente en Arlington' [el famoso cementerio memorial militar] ni 'enterradlos junto a un río con buenas vistas'. Sólo nos dijo que enterremos a los muertos".

Dando por supuesto que nadie bautizó a los fetos antes de abortarlos, usó la liturgia que la Iglesia emplea para los niños que mueren sin bautismo. Retocó un par de palabras, porque normalmente menciona el duelo y la pérdida de los padres. Pero aquí al menos uno de los padres había pagado para que mataran a sus hijos.

"En mi corazón recordé a los padres, pero en ese momento, los que estábamos allí reunidos éramos como padres adoptivos", detalla. Eran 8 los activistas provida en esa misa peculiar, de los que cuatro eran católicos.

"Todo ese tiempo juntos hubo una gran sensación de reverencia, casi palpable", explicó el sacerdote a la agencia CNA.

Dieron nombre a los 115, y los pronunciaron uno a uno

No todos los activistas del grupo provida eran católicos, algunos eran ateos e incluso bastante anticatólicos, detalla Handy. Pero entre todos habían puesto nombres a los 115 bebés, nombres intencionadamente variados.

Sarah. María-José. Hadassah. Amir. Phoenix. Christopher X. Tras el Padrenuestro, leyeron en voz alta, sin prisas, los 115 nombres. Cada uno merecía un nombre pronunciado en voz alta ante Dios. "Se sentía fuerza al decir esos nombres", detalla Handy.

Lista de nombres de 115 niños abortados por los que rezó el padre Kuchinsky

Lista de nombres de 115 niños abortados por los que rezó el padre Kuchinsky. Cada uno se pronunció en voz alta. Los 5 últimos los guarda la policía, en teoría para investigar cómo murieron.

Después cantaron una canción estilo folk, escrita por Bukovinac, llamada Prolife Revolution, que a veces cantan en sus concentraciones. "Hablaba del deseo de un mundo sin aborto, y creo recordar que en paz", recuerda el sacerdote. Kuchinsky dice que vio muchas lágrimas en esa misa y que "esos bebes fueron amados por los que estaban allí".

El sacerdote se llevó los contenedores y los enterró tal cual el 1 de abril, sin buscarles más caja o ataúd. "Los niños necesitaban ser enterrados, no tenía tiempo de buscarles una caja", explica.

Congresistas republicanos piden a la alcaldesa investigar los abortos

El tema lleva tiempo coleando. El 5 de abril 23 congresistas republicanos pidieron a la alcaldesa, al jefe de policía y al departamento de justicia que investiguen si esos abortos fueron legales. Una autopsia que reconociera que llegó a haber aire en los pulmones, por ejemplo, sería señal de que se dejó morir a un feto nacido vivo. La policía respondió que el caso está "bajo investigación activa", aunque sin hacer autopsias a los fetos. Responsables sanitarios de Washington DC se negaron a hablar del tema con el Washington Post.

Handy y Bukovinac siguen haciendo su vida normal de activistas provida, ante centros abortistas y ante la oficina de la alcaldesa. Bukovinac dice que a veces tiene pesadillas. Algunos provida desinformados que piensan que estuvieron haciendo cosas raras o groseras con los fetos les han insultado y eso les ha entristecido.

El padre Kuchinsky admite que la misa en el sótano fue rara, pero que tiene claro que "la decisión de enterrar a los muertos... pienso que la comparten todas las líneas religiosas". Tampoco tuvo tiempo de pedir un permiso especial a su obispo, pero el obispo después expresó todo su apoyo. Y añade el sacerdote: "los encomendé al Señor Nuestro Dios tal como yo Le conozco. No pretendí faltar al respeto a la religión de nadie. Fue un acto de amor".

domingo, 17 de noviembre de 2019

La doctora abortista que leyó un artículo comparando el aborto con el nazismo y se hizo provida 13112019

Kathi Aultman hoy dice que la ciencia es provida y que los abortistas pueden cambiar

La doctora abortista que leyó un artículo comparando el aborto con el nazismo y se hizo provida

Kathy Aultman practicó entre 500 y 1000 abortos, y estaba orgullosa... pero llegó el momento en que entendió que su ceguera moral era como la de los médicos nazis
Kathy Aultman practicó entre 500 y 1000 abortos, y estaba orgullosa... pero llegó el momento en que entendió que su ceguera moral era como la de los médicos nazis
¿Es útil para la causa provida comparar el aborto con el Holocausto judío y con las prácticas nazis? Debe serlo, porque sus enemigos combaten la comparación. En 2018, el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo dictaminó que Alemania hizo bien en prohibir al activista provida Klaus Günter Annen comparar a los médicos abortistas con los comandantes de campos de concentración en la época nazi. Influyó en la sentencia que el activista publicaba nombres y direcciones de médicos abortistas, aunque sólo para pedir oración por ellos. Con todo, su web babycaust.de (en alemán) sigue activa y señalando paralelismos entre el nihilismo antivida nazi y el nihilismo antivida abortista.
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ElPlural.es, en 2012, muy escandalizado porque alguien compare el aborto que mata fetos por tener defectos con el nazismo, que también mataba enfermos
A veces alguna asociación judía se queja de comparar aborto y nazismo, pero no muchas. Chris Aubert es uno de los judíos que sí compara aborto y nazismo. Su abuelo y su tía murieron en el Holocausto. Su padre, un muchacho de 14 años en Auschwitz, sobrevivió sólo porque divertía a las SS tocando el violín. "Le forzaron a tocar el violín para las tropas durante la marcha mortal que llevó a sus padres y hermana al crematorio", recuerda Chris.
Hacia 1991 Chris acompañó a una novia a abortar a su bebé común. Era el segundo hijo cuya eliminación pagaba. Oyó a alguien decir que el aborto era "el holocausto americano" y no se molestó, sino que pensó: "¿qué tiene el aborto para que alguien lo compare con el Holocausto?" Ver un tiempo después a su siguiente hijo en ultrasonidos cambió su mentalidad y lo hizo provida, como cuenta en este testimonio. "Me inundó la emoción de mis dos abortos, que me convencieron de lo malo que era el aborto. Era realmente el holocausto americano, no muy distinto al que mi padre había sobrevivido", escribió Aubert.
Otra persona que cambió pensando en la relación entre el aborto y el nazismo es la doctora ex-abortista Kathi Aultman, cuyo padre estaba entre las tropas norteamericanas que entraron en los campos de exterminio nazi. Ella había pensado siempre que los médicos nazis eran crueles y malos. ¿Cómo entonces no se dio cuenta de que ella, médico abortista, no era muy distinta, que mataba pequeños seres humanos con el aborto? Fueron necesarios varios pasos para abrir los ojos y entender que su ceguera moral, y la de los médicos nazis, era similar.
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Abortó, y de estudiante ya era activista abortista
Ya como estudiante de medicina Kathi Aultman era militantemente abortista convencida. "Ya había tenido un aborto y pienso que eso afectó a mi pensamiento, pero sentía que era un tema de derechos de las mujeres, que no tenía nada que ver con el bebé". No sólo aceptó las prácticas médicas de dilatación y curetaje que servían para los abortos de primer trimestre, sino que se apuntó voluntariamente a aprender "como hacer abortos por desmembramiento [se trocea el cuerpo del bebé dentro de la madre; se le llama también 'dilatación y evacuación'] que son abortos tardíos", explica en una entrevista en DailySignal.
Como estudiante de ginecología y obstetricia, y ya haciendo abortos tardíos, hubo sólo un momento en que se hizo preguntas éticas sobre el aborto. Fue cuando le tocó un servicio en la unidad de cuidados neonatales, con bebés diminutos, prematuros, en incubadoras. "Me di cuenta de que hacía abortos en bebés del mismo tamaño que los que aquí cuidaban", recuerda. Pero "en medicina somos muy buenos en compartimentar las cosas, y lo guardé al fondo de mi mente, porque, por otra parte, no veía un feto muy distinto de un embrión de pollo. Así podía librarme de ellos sin conciencia. En obstetricia tenemos dos pacientes, pero no consideraba paciente al bebé si no era querido".
Realizó entre 500 y 1000 abortos. Los realizó incluso cuando ella misma volvió a embarazarse, con su bebé pateando en su interior. "No veía incongruencia en eso: mi bebé era querido; el de ellas no, y esa era la diferencia".
Tres casos que la pusieron a pensar
Después de haber dado a luz y teniendo ya un bebé en casa, algo cambió en su interior y empezó a prestar atención a algunas cosas.
Estaba el caso de una mujer que ya había abortado varias veces en el mismo centro, tres veces con Kathi. "Fui al personal de la clínica y les dije: 'ey, no quiero hacer esto, ella usa el aborto como control de natalidad, es ridículo'. Me dijeron: 'no es asunto tuyo, es el derecho de ella. Haz el procedimiento'. Y lo hice. Después intenté que ella usara anticoncepción y ella se negó".
Efectivamente, si el aborto es un derecho, se puede hacer todas las veces que se quiera por todas las razones que se quiera, y si no hay objeción de conciencia, el médico debe doblegarse a los caprichos, miedos, locuras o instintos autodestructivos de la mujer (a veces, de quien controla a la mujer, como en el caso de las prostitutas y sus chulos).
Hubo un segundo caso que le hizo pensar. Una mujer le dijo "sólo quiero matarlo". "Y yo pensé: ¿qué te ha hecho este bebé? Y esa es la clave: ¡nunca antes había pensado antes en ellos como bebés!"
Y un tercer caso: llegó una mujer embarazada con su marido, tenían ya 3 hijos y pensaban que no podían acoger más bebés en la familia. Nadie habló ni pensó en la adopción. "Ella lloró todo el rato que estuvo allí, y tras eso ya no pude hacer abortos. El hecho de que el bebé ya no fuera deseado ya no era justificación suficiente para mí para que yo los matara".
Pero Kathi aún no era provida. Le daba asco o le repelía hacer abortos, pero aún pensaba que eran necesarios, que eran actos médicos, aún reenviaba mujeres a abortar con otros compañeros abortistas.
La propaganda y el nazismo
Kathi ahora prestaba atención a la propaganda abortista. Por ejemplo, el dogma decía que una chica joven debía abortar, porque tener un bebé muy joven podía "arruinar su vida". Pero ella veía chicas muy jóvenes que daban a luz y les iba bastante bien en la vida.
También veía mujeres que habían abortado y no les iba nada bien, acumulaban heridas psicológicas. El aborto no las sanaba ni protegía de nada.
Y un día leyó un artículo que comparaba el aborto y el Holocausto "y fue un gran momento de 'a-já' para mí".
Reportaje del memorial Yad Vashem sobre el álbum de fotos de Auschwitz
"Mi padre estuvo con la unidad que en la II Guerra Mundial liberó el primer campo de concentración. Crecí con todas esas historias y fotos de cómo fue. Y cuando me hice médico, no podía entender cómo los alemanes hicieron aquello, y específicamente los médicos. ¿Cómo pudieron los doctores alemanes hacer esos experimentos horribles?", se planteó.
"Fue un gran momento de 'a-já' para mí cuando me di cuenta de que yo ahí estaba matando personas, porque no los consideraba seres humanos. Ahí estaban los alemanes: ellos tampoco consideraban que fueran seres humanos los judíos y los rusos y los otros que exterminaron".
"Y desde ese momento me hice provida", constata.
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Como experta ginecóloga hoy la doctora Aultman participa en consultas sobre la legislación abortista, especialmente sobre los bebés que nacen vivos y los abortistas dejan morir
Salvar a los bebés que sobreviven al aborto
Así, hacia el año 2000, la doctora Kathi Aultman empezó a participar como experta en asesorías legales sobre leyes para limitar el aborto, y más específicamente, para proteger a los bebés que logran sobrevivir a abortos. "Hay una gran cantidad de personas que han sobrevivido a abortos", señala. Comenta el caso de un doctor abortista que tiró del brazo de un bebé para desmembrarlo, pero el bebé salió entero y vivo. En otros casos, las pastillas de Cycotec que buscan expulsar con contracciones al bebé muerto sacan al bebé vivo.
Hoy muchos bebés que nacen prematuros con 22 semanas (cinco meses y medio) sobreviven y crecen sanos si se les aplican buenos cuidados neonatales. En Estados Unidos se abortan cada año unos 11.000 bebés de esas edades (y otros 850.000 más pequeños). La clave, dice la doctora, está en aplicar los cuidados neonatales, porque actualmente si el bebé nace vivo en un aborto, los doctores no lo matan directamente, sino que simplemente dejan que muera de frío y debilidad. La ley en muchos sitios castiga el matarlos activamente, pero permite el dejarlos morir. Por eso la doctora es activista a favor de una ley que castigue al personal médico que no actúe para salvar la vida de esos supervivientes.
"Algunos dicen: esa es una decisión privada que deberían tomar la paciente y su médico. Pero es que ellos son precisamente los que está intentando matar a ese bebé", especifica la doctora. Igual que no se deja a nadie matar a otros bebés ya nacidos, también estos merecen protección legal que salve sus vidas.
Cómo hacer pensar a los abortistas
La doctora Aultman ha visto que otros abortistas cambiaban de posición. Muchos lo hacían al quedar embarazadas, o, con más frecuencia, al dar a luz a sus propios hijos. Conoce un doctor [el doctor Anthony Levatino, su testimonio está aquí en ReL] que cambió de visión cuando murió su propia hija. Hay acontecimientos así, que ayudan a abrir los ojos. La fe genérica no basta, porque ella se hizo cristiana en cierto momento pero manteniéndose como doctora abortista bastante tiempo.
"Yo no cambié de opinión porque me gritaran o me insultaran. Hubo amigos cristianos que me amaban. Aunque no estaban de acuerdo con mis opiniones, me amaban lo suficiente para ser mis amigos, y cuando me conocieron me amaron tanto como para darme un panfleto. Me dijeron: 'sé que tienes opiniones fuertes sobre este tema, pero ¿estarías dispuesta a leer esto? Y dije: OK, porque confiaba en él".
Además, añade, hoy la ciencia real está completamente del lado provida. "No hay otro momento en que podamos definir el inicio de la vida [de cada individuo humano] que cuando se encuentran el óvulo y el espermatozoide", especifica. Por desgracia, dice, la prensa oculta lo que la ciencia sabe bien sobre el desarrollo fetal o el dolor del feto.
Ayuda a las embarazadas y las que ya abortaron
Aultman es una mujer que hizo cientos de abortos y que también se sometió a uno. Y eso la dañó. "Tuve que pasar por mucha sanación y oración para poder personarme a mí misma", explica. Por eso recomienda los grupos de acompañamiento, sanación y oración para las mujeres dañadas por el aborto. "En un nivel profundo, sienten que si han matado a su hijo no pueden acercarse a Dios, y eso es falso. Si Dios puede perdonarme a mí [por matar cientos de bebés], puede perdonarlas a ellas. Necesitan entender que tenemos un Dios que perdona, algo que a muchas les cuesta".
Con el perdón puede llegar una vida nueva. Vida en abundancia, frente a la cultura de la muerte.

sábado, 20 de abril de 2019

Un centenar de trabajadores han abandonado Planned Parenthood desde el estreno de «Unplanned» 19042019

Un centenar de trabajadores han abandonado Planned Parenthood desde el estreno de «Unplanned»

Escena de «Unplanned» en la que Abby Johnson (interpretada por Ashley Bratcher), después de dejar Planned Parenthood, intenta convencer a una madre, a las puertas del abortorio en el que trabajó, para que no aborte.
Escena de «Unplanned» en la que Abby Johnson (interpretada por Ashley Bratcher), después de dejar Planned Parenthood, intenta convencer a una madre, a las puertas del abortorio en el que trabajó, para que no aborte.
Al menos 94 trabajadores de los abortorios de Planned Parenthood han dejado esa empresa desde el estreno de Unplanned el 29 de marzo en más de 1600 cines de Estados Unidos. Este dato lo ofreció la semana pasada uno de los co-productores y co-directores de la película, Chuck Konzelman, durante su comparecencia ante la comisión del Senado que estudia la limitación de la libertad de expresión y la censura en redes sociales como Facebook y Twitter, acusadas con reiteración de banear, entre otros, contenidos provida. En concreto, el día de su estreno la cuenta de Unplanned fue cerrada por Twitter, que la abrió al día siguiente tras la masiva reacción de los usuarios denunciando a la plataforma por perjudicar directamente su difusión.
Ver las explicaciones de Konzelman en el minuto 3:11:41.
A preguntas del senador Ted Cruz sobre los efectos de esa censura (a la que también se unión Google eliminando publicidad del film), Konzelman explicó, que "aproximadamente un 1% de los trabajadores de abortorios en Estados Unidos están buscando ayuda para dejar el negocio", y que se tiene constancia de al menos 94 que lo han hecho en las últimas semanas. Son datos que proceden de la organización And then there were None [Y no quedó ninguno], que dirige Abby Johnson, la ex trabajadora de Planned Parenthood cuya historia de cambio al ver un aborto cuenta la película. (El nombre de este ministerio hace referencia al verso de una canción infantil que dio título a la novela de Agatha Christie Diez negritos.) Dicha organización ayuda al personal de los abortorios que quiere dejar su trabajo, y desde que empezó esa labor en 2012 han ayudado a cerca de quinientas personas a salir de la industria del aborto
Konzelman también añadió que cuando hicieron la película, "Abby fue muy firme en que quería que esta película fuese una carta de amor a quienes se sienten atrapados en la industria del aborto".
Ella misma explica por qué: "Empecé a trabajar en Planned Parenthood porque creía que estaba ayudando de verdad a las mujeres a tomar las mejores decisiones para sus vidas. No crecí creyendo que el aborto era una buena opción para las mujeres, pero, puesto que era legal, pensaba que estaba bien... Yo defendía lo que estaba haciendo. Creía en lo que estaba haciendo. Era una auténtica defensora del derecho de la mujer a decidir [choice]". De hecho, fue elegida Empleada del Año en 2008, por la alta rentabilidad del abortorio que gestionaba.
Por eso la película quiere servir sobre todo como reflexión a quienes, como ella, participan de buena fe en este negocio. Cuando, de forma excepcional -pues sus cometidos eran empresariales, no médicos-, tuvo que ayudar en un aborto, su percepción cambió: "Solo recuerdo estar en shock. No podía creer que me había permitido a mí misma ser tan ciega a la realidad de lo que se hacía allí. Yo había creído con ilusión las mentiras de Planned Parenthood y de la industria del aborto".

martes, 5 de marzo de 2019

Quedó embarazada de su profesor en el colegio: no quería abortar, la engañaron y mataron a su hijo 05032019

Jennifer denuncia la complicidad de los abortorios con los violadores y abusadores

Quedó embarazada de su profesor en el colegio: no quería abortar, la engañaron y mataron a su hijo

«Si tienen 14 años o menos, mándelas aquí si necesitan un aborto»: una imagen  captada con cámara oculta por la organización provida Live Action en un abortorio de Planned Parenthood en Perth Amboy (Nueva Jersey).
«Si tienen 14 años o menos, mándelas aquí si necesitan un aborto»: una imagen captada con cámara oculta por la organización provida Live Action en un abortorio de Planned Parenthood en Perth Amboy (Nueva Jersey).
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Los negocios abortistas han sido acusados más de una vez (incluso con pruebas obtenidas mediante cámara oculta) de encubrir abusos sexuales a menores cuando dan lugar a un embarazo, procediendo al aborto reclamado por el abusador en vez de denunciarle a las autoridades.
El blog provida Salvar el 1 recoge uno de esos casos, relatado en primera persona por Jennifer McCoy, de Wichita (Kansas, Estados Unidos), quien padeció un infierno por un aborto que no quería y logró salir adelante gracias al Proyecto Raquel, que atiende a mujeres víctimas de ese drama:
Jennifer quedó embarazada tras una violación y la obligaron a abortar
Estoy escribiendo esto en el 21º aniversario de mi aborto y me cuesta creer que haya pasado tanto tiempo. Gracias al Proyecto Raquel y algunas largas charlas con Dios estoy mucho mejor y he solucionado la mayoría de mis problemas. 
Cuando tenía 15 años, en Michigan, tuve una relación sentimental con un profesor de Secundaria que tenía más del doble de mi edad y estaba casado. De hecho, tenía hijos de mi misma edad. Era muy joven y pensé que estaba enamorada. Cuando tenía 16 años, me quedé embarazada.
Mi mamá se enteró cuando la enfermera del doctor la llamó y le dio los resultados de mi prueba de embarazo. Ella se dispuso a averiguar quién era el padre siguiéndome. 
Cuando lo descubrió, lo amenazó con la pérdida de su trabajo, su familia y su libertad. Luego me comunicó que me había pedido cita para abortar. Dije: "¡No!"  y me marché a casa de una familia donde ayudé a cuidar a sus cuatro hijos y seguí asistiendo a la escuela.
Mi madre presionó al padre de mi hijo y me hicieron mi primera cita de obstetricia y ginecología en la clínica del Dr. Hodari en Southgate. Pensando que iba a una revisión prenatal, fui y llené algunos papeles, aunque no un formulario de consentimiento porque sabía que no quería un aborto. Hablé allí con una asesora y le dije que yo no quería abortar. Ella me dio información sobre el control de la natalidad y nada más. Entonces me dijeron que necesitaba un ultrasonido. La pantalla se mantuvo alejada de mí y me dijeron que estaba de 7-8 semanas. 

Se suponía que la siguiente parte era el examen, que era una rutina, según me dijeron. Cuando aquel hombre entró en la habitación y le dije que estaba lista para un examen, masculló algo. De repente, sentí un dolor insoportable y escuché un ruido como de vacío. Intenté levantarme y él me empujó hacia abajo.
Vídeo difundido en mayo de 2018 por la organización provida Live Action, donde se denuncia la complicidad del negocio del aborto con los abusadores y violadores que, con la complicidad de los abortorios (conscientes de la edad de sus víctimas), eliminan en la prueba de su crimen: el embarazo de una menor.
Estaba llorando y él dijo: "Terminará en cinco minutos y puedes continuar con tu vida. Si te mueves, podrías morir". Estaba aterrorizada y todo lo que podía hacer en ese momento era llorar. Tenía miedo y estaba sola en esa habitación. Sentí que me estaban arrancando algo dentro de mí y no había nada que pudiera hacer. El hombre que me dejó embarazada estaba en la sala de espera.
¡Estaba enojada porque nadie me ayudaba! Sabían en la clínica que este hombre mayor era el responsable de embarazarme, pero nadie dijo una palabra. El aborto iba a encubrir su delito, ocultando el hecho de haber tenido relaciones sexuales con una menor. Por eso los violadores aman el aborto, porque borra toda huella de sus crímenes.
No había nadie en la calle, ningún pro-vida rezando fuera, porque sé que si una sola persona me hubiera alertado de que entraba en un abortorio y no en un consultorio de obstetricia y ginecología, entonces yo nunca habría entrado.
Algunas semanas después, llevé a este hombre a juicio y su abogado presentó los documentos en los que afirmaba que mi madre había firmado los documentos necesarios para que pudiera hacerme el aborto sin mi consentimiento. Me sentí completamente traicionada y el bebé que tanto deseaba estaba muerto. Sé que era un niño, así que años más tarde, después de décadas de no estar bien y no poder ni levantarme de la cama, asistí a un retiro del Proyecto Raquel y lo llamé Austin Christopher.
Mi madre todavía vive en Michigan y hoy nuestra relación es buena. Después del aborto, había querido morir. Luego, en 1994, fui al Proyecto Raquel y fue la primera vez que realmente lidié con mi aborto y con las relaciones rotas que éste había provocado, incluida mi madre. Aunque tenemos creencias completamente diferentes, ella sostiene que tomó las decisiones correctas así que, por respeto a ella, hemos decidido no hablar más del asunto. Ella siente que tenemos una buena relación y yo estoy de acuerdo. Pero costó años y pasar por el Proyecto Raquel para llegar a ella.
Comencé a ir a las clínicas de abortos como voluntaria en 1991. Desde entonces, sentí que Dios me llamaba a estar allí, en primera fila donde las niñas y jóvenes que van a abortar deben saber que hay ayuda para ellas y su bebé, que no están solas y que hay gente que se preocupa por ellas.
Mis hijos asisten a la escuela católica. En Secundaria una de las clases de moralidad incluía tres historias de niñas que iban a abortar. Los estudiantes debían elegir una y debatir qué se podía hacer para tratar de disuadirlas. ¿Qué les dirían a la niña? Cuando la tarea terminó, mi hija dijo que ésa era mi historia. Ella está en el décimo grado. Hemos ido juntas a las clínicas de abortos durante años. Cuando una de mis hijas tenía ocho años, fue a hablar con una joven sobre el aborto y esa joven le puso a su bebé el nombre de mi hija. Estoy muy contenta de que mis hijos "lo entiendan" y de ahorrarles el dolor que yo soporté.