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lunes, 13 de marzo de 2017

Neurobiólogo de Yale es ahora seminarista: el «Washington Post», sorprendido porque hay más casos

Jaime Maldonado-Avilés se encontró con otros científicos entre sus nuevos compañeros de estudios

Neurobiólogo de Yale es ahora seminarista: el «Washington Post», sorprendido porque hay más casos

Neurobiólogo de Yale es ahora seminarista: el «Washington Post», sorprendido porque hay más casos
Jaime Maldonado-Avilés tendrá más de cuarenta años cuando se ordene sacerdote: son muchas las vocaciones maduras de formación científica. Foto: Linda Davidson. The Washington Post.

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12 marzo 2017
Cuando Jaime Maldonado-Avilés, tras seis años dando clase de neurobiología en la Universidad de Yale, se incorporó al seminario diocesano de Washington, se encontró entre sus compañeros a un médico, un químico y dos especialistas en nanotecnología.

Un fenómeno que ha llamado la atención de The Washington Post, que le consagró un reciente artículo. El 95% de los estadounidenses creen en Dios, pero solo el 51% de los científicos, según una encuesta del Pew Research Center. De ahí que al diario le sorprenda la abundancia de científicos preparándose para ser sacerdotes. Según el cardenal arzobispo de la diócesis, Donald Wuerl, esa abundancia es un testimonio: "Al estar aquí están diciendo: '¡Hay algo más!'".


Algunos compañeros de Jaime en el primer seminario donde estuvo, en Hartford. Foto: Shelley Wolf.

En concreto, ese "algo más" lo encontró Maldonado-Avilés estudiando los mecanismos celulares y moleculares de enfermedades neuropsiquiátricas como los trastornos de la alimentación (anorexia y bulimia) y la esquizofrenia, su ámbito de investigación preferente. Nacido en Puerto Rico, donde estudió Biología con un premio extraordinario, se doctoró en Neurociencias por la Universidad de Pittsburgh en 2008 y luego estuvo seis años en Yale, donde dio clases y concluyó su formación, obteniendo el postgrado en 2014.

Al principio creyó que era el único de su laboratorio que creía en Dios, hasta que vio a varios compañeros de Yale acudir a la misma iglesia que él. En cuanto a sus investigaciones propiamente dichas, no le alejaban de Dios, al contrario: "La complejidad e incluso el orden con el que funcionan las cosas en nuestro cuerpo y en nuestro cerebro te hace pensar que hay algo más que aleatoriedad".

El gran paso
Viendo su brillante currículum, la Universidad de Puerto Rico, su alma mater, no dudó en hacerle una buena oferta para incorporarse a su equipo: estabilidad y un buen sueldo (salía con chicas y había pensado en el matrimonio) y cercanía a su familia. Pero fue, paradójicamente, el desencandenante de su gran decisión. "Yo siempre había dado vueltas a la cuestión de si tenía o no vocación al sacerdocio", explicó hace un año al periódico de la archidiócesis de Hartford-Connecticut, su primer seminario, y de hecho hizo en su juventud varias estancias como misionero. Así que aceptar el cargo que le proponían y luego dejarlo para entrar en el seminario "no habría sido leal con ellos".

Cuando le entraban dudas había una pregunta recurrente que le rondaba la cabeza: "Si me veo con 90 años, con la muerte ya próxima, ¿me diré a mí mismo: 'Debería haber entrado en el seminario'?". Así que... entró.



Jaime tiene ahora 37 años, y habrá cumplido los cuarenta cuando sea ordenado. Hay un cierto repunte de vocaciones tardías en la Iglesia estadounidense: el año pasado recibieron el sacerdocio 6 hombres mayores de 50 años y 3 mayores de 60.

"La única razón por la que estoy aquí como seminarista", añadió entonces, "es la misericordia de Dios. Cuando entras en el proceso de discernimiento se iluminan todas tus debilidades, así que solo por la misericordia de Dios está alguien cualificado para servir Le como sacerdote".

La presencia de hombres de ciencia en las aulas de los seminarios es bienvenida, según Ken Watts, director de vocaciones en el seminario Papa Juan XXIII: "Lo único que puedo decir es que ellos se encuentran muy a gusto. No parece que les suponga una lucha enorme atravesar la puerta de entrada junto con sus conocimientos científicos. Y nadie les pide que los abandonen. Cuando los temas morales que tratamos envuelven aspectos médicos o científicos, es muy bueno tener gente que realmente comprende ese mundo, para ayudar a perfilar y aclarar el pensamiento de la Iglesia sobre ellos".

Y Jaime corrobora esto: "La teología tiene que aprender del consejo de los científicos. Sabemos cómo funciona el mundo. Pero también la ciencia tiene que aprender de la teología".

sábado, 19 de marzo de 2016

Fidel Fuidio y otros paleontólogos mártires: al ser científicos y católicos ¿eran más molestos? 18032016


Inicio / Ciencia y Fe
El agustino Velasco, el jesuita de la Cerda... asesinados en 1936

Fidel Fuidio y otros paleontólogos mártires: al ser científicos y católicos ¿eran más molestos?

Fidel Fuidio y otros paleontólogos mártires: al ser científicos y católicos ¿eran más molestos?
Fidel Fuidio, marianista y pionero arqueólogo y paleontólogo, fue asesinado en 1936 - otros compañeros suyos antropólogos fueron ejecutados en Paracuellos

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18 marzo 2016
Hay activistas de ideología laicista que intentan presentar a la Iglesia Católica como enemiga de la ciencia. Un tema recurrente de estos activistas es el de la Teoría de la Evolución.

Algunos paleontólogos ateos, que no conocen bien la doctrina católica, piensan que la Iglesia defiende una interpretación literal del texto bíblico en cuanto al origen del cosmos y del hombre. Eso no es así, y la historia de la ciencia en España, y más aún la de la paleontología, muestra que ser católico fervoroso y ser un científico riguroso son cosas perfectamente compatibles.

Laicistas que matan científicos ya en el s.XVIII
La ideología laicista no es necesariamente amiga de la ciencia.

Un ejemplo clásico lo vemos en el caso del gran químico y católico francés Antonie Laurent Lavoisier (1743-1794), guillotinado en la Revolución Francesa al grito de: “¡La República no necesita ni científicos ni químicos, el curso de la justicia no puede ser detenido!”

Lavoisier, que es considerado padre de las Ciencias Químicas, estudio en el Colegio Mazarin, fundado por el Cardenal Mazarino, y tenía como ayudante en sus investigaciones a su esposa, Marie-Anne Pierette Paulze (1758-1836). No era un católico sólo de nombre, sino que se tomaba en serio las Escrituras. Escribió a un amigo: "Has hecho algo noble al sostener la revelación y la autenticidad de las Sagradas Escrituras [refiriéndose a una diatriba] y es de destacar que estás utilizando contra ellos las mismas armas con las que te atacan”.

El caso de Lavoisier nos sirve de preámbulo para abordar el asesinato de varios científicos católicos, paleontólogos, durante la persecución religiosa de la Guerra Civil española.

La paleontología española la hicieron católicos
La historia de la paleontología española la han protagonizado católicos practicantes. Es un hecho histórico incontestable, y una prueda de la armonía entre la fe católica y la investigación científica.

Los científicos con fe son incómodos para la leyenda negra que dice que el catolicismo impide la Ciencia.


Fidel Fuidio, arqueólogo, paleontólogo y
religioso marianista; beato de la Iglesia,
murió mártir en 1936

Quizá este "ser incómodos" fue un elemento que llevó al asesinato del beato Fidel Fuidio (1880-1936) y de otros seis compañeros: todos ellos eran católicos y miembros de la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria. Defensores de la armonía entre ciencia y fe, entre evolución y Creación, fueron asesinados durante la persecución religiosa.

Fidel Fuidio: arqueólogo y docente renovador
Fidel Fuidio ingresó con doce años en la congregación de los Marianistas, a la que perteneció toda su vida. Se licenció en Filosofía y Letras y se doctoró en Historia en la Universidad de Madrid, en 1934, con una tesis sobre la “Carpetania romana”. Se le considera un precursor de la arqueología madrileña y sus múltiples hallazgos todavía se conservan en el actual Museo de los Orígenes de Madrid, o en el Museo del Colegio del Pilar, de los religiosos marianistas.

Con muchos alumnos de ese colegio excavó importantes yacimientos durante su docencia allí, de 1910 a 1933. Este colegio religioso fue de los primeros en España en explicar prehistoria a sus alumnos y sus excavaciones representaban toda una innovación pedagógica.

Fidel Fuidio trabajó codo con codo con el eminentísimo paleoantropólogo (y sacerdote católico) Hugo Obermaier, vinculado al “Institute de Paléontologie Humaine” de Paris. Fuidio también desarrolló una ingente labor arqueológica en Ciudad Real, en cuyo Museo Provincial se conservan todavía las piezas que él extrajera de yacimientos con sus alumnos del Colegio Nª Sª del Prado, donde también dio clase.

Mientras se recuperaba de una operación, fue apresado en Ciudad Real el 7 de agosto de 1936. Alguien había notado que llevaba un crucifijo colgado. A partir de ese momento se preparó para morir, como los supervivientes que le acompañaron en el cautiverio, rezando mucho y confesándose con frecuencia hasta ser fusilado en Carrión de Calatrava del 16 al 17 de octubre de 1936. La Iglesia lo beatificó como mártir en 1995 junto a otros dos compañeros marianistas, Carlos Eraña y Jesús Hita. (Más sobre él aquí, en ReL)


Los científicos de la SEAEP asesinados por su fe
Una suerte similar corrieron otros paleontólogos que como Fidel Fuidio pertenecieron a la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria (SEAEP), sociedad que a todos ellos les dedicó en homenaje un volumen de estudios científicos titulado “Corona de estudios que la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria dedica a sus Mártires”. Este libro fue publicado en 1941 por el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) y editado por Julio Martínez Santa Ollala, que da cuenta en dicha obra de las profundas convicciones religiosas de todos los biografiados.

Las imágenes de dicha obra están tomadas de un ejemplar que se conserva en la biblioteca del Museo Nacional de Ciencias Naturales, que probablemente fuera propiedad de otro científico católico, Eduardo Hernández Pacheco, a juzgar por la escritura de su nombre en la portada.

Médico estudioso de incas y aztecas... fusilado
El doctor en Medicina por la Universidad de Madrid Angel de Tuya y G. del Solar (1904-1936), que cursara también Filosofía y Letras en la capital de España, fue nombrado en 1934 vicesecretario de la SEAEP. Destacaron sus publicaciones antropológicas sobre la medicina y cultura inca y azteca. También se interesó por la antropología y como Fuidioestudió prehistoria con el padre Hugo Obermaier. 

Le faltaba poco para partir en una expedición científica al África dirigida por el famoso africanista Frobenius, cuando fue detenido y encarcelado, primero en la checa de Bellas Artes de Madrid, después en la Cárcel Modelo. De allí fue llevado a Torrejón de Ardoz y fusilado en noviembre de 1936.



Un jesuita, un agustino, un ingeniero...
Similar suerte corrió Antonio Alonso Sarasa (1882-1936), también muy interesado en estudios históricos y etnológicos y vinculado a la SEAEP, teniente coronel del cuerpo de Intendencia apresado en la Cárcel Modelo que terminó sus días en una saca en noviembre de 1936 en Paracuellos del Jarama.

De igual modo Manuel de la Cerda y de las Bárcenas (1900-1936), jesuita y licenciado en Ciencias Naturales en Madrid, que pasó por la Cárcel Modelo, la de Porlier, hasta diciembre de 1936. (Su madre, detenida por agentes de la Dirección General de Seguridad el día 30 de septiembre, apareció asesinada el día siguiente en la carretera de Andalucía. A su hermano Tomás lo asesinaron en Paracuellos el 27 de noviembre).


Manuel de la Cerda y de las Bárcenas, jesuita

Emilio de la Cruz Díaz, Ingeniero de Minas y director de las Minas de Caralt, corrió igual suerte en octubre de 1936 en Gerona.

Francisco Galiana Serra (1913-1937), se licenció en Derecho y Filosofía y Letras, aficionándose mucho a los estudios prehistóricos que llevara adelante dirigido por Julio Martínez Santa Ollala, el autor de la Corona de Mártires. Galiana fue detenido por católico y fusilado en los pinares de Valsaín en la Sierra de Guadarrama.

Valentín Velasco (1892-1936), sacerdote agustino, se dedicó a la enseñanza en el Real Colegio Alfonso XII del Monasterio de El Escorial, donde estudiaran Azaña y José Castillejo, secretario de la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones científicas, entre otros. Velasco cursó también Derecho y Filosofía y Letras y dedicaba parte de su tiempo a los estudios arqueológicos. Fue apresado y ejecutado en Madrid en agosto de 1936.

Estos hechos ponen de manifiesto que los ejecutores, militantes en organizaciones políticas de ideología laicista, actuaron muy alejados del interés científico y racional, de cuya defensa se autodenominaban los únicos protagonistas. Su violencia se llevó por delante a personas de ciencia que ya entonces propagaban la conciliación de la fe católica con la Teoría de la Evolución.

(El autor, Alfonso V. Carrascosa, es científico del CSIC; las afirmaciones de este artículo no coinciden necesariamente con las oficiales de la institución en la que desarrolla su actividad profesional)

Lea también, aquí: 15 paleontólogos españoles católicos y notables sin miedo ni a los fósiles ni a la ciencia
Religión en Libertad

jueves, 31 de diciembre de 2015

¿De verdad no hay científicos de élite creyentes? Un nuevo estudio y 53 Premios Nobel lo refutan 31122015

Mejora la medición del número de científicos religiosos

¿De verdad no hay científicos de élite creyentes? Un nuevo estudio y 53 Premios Nobel lo refutan

¿De verdad no hay científicos de élite creyentes? Un nuevo estudio y 53 Premios Nobel lo refutan
El astrónomo Guy Consolmagno, hermano jesuita, es un ejemplo de clérigo que es también científico, una combinación no inusual

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31 diciembre 2015
El premio Nobel de química de 1996, el inglés Harold Kroto, habló recientemente en una entrevista en El País sobre su visión de la ciencia.

Kroto se ha definido en otras ocasiones como un ateo ferviente y en 2010 firmó una carta con otros 54 activistas en contra de la visita de Benedicto XVI al Reino Unido.


Harold Kroto, premio Nobel de Física y ateo más bien beligerante
El entrevistador de El País le plantea dos temas ligados a la religión:

- Hace unos años usted firmó una carta de condena del Papa Benedicto XVI. ¿Qué piensa del nuevo Papa?

- Bueno, ha hecho cosas buenas. El anterior era antagonista de lo secular. Por ejemplo, no reconocía que el 50% de la gente en Reino Unido declara no tener religión. No podía simplemente ignorarlos. Por eso gente como yo, que solo aceptamos la validez de la verdad, de la evidencia, reconocemos que lo que la gente inventa, las religiones, pueden ser peligrosas. Como podemos ver en Oriente Medio. El papa actual es mucho mejor que el anterior pero, aún así, se puede hacer mucho con el humanismo. El humanismo reúne todo lo bueno que hay en la religión y nada de lo malo.

- ¿Hay algún lugar para Dios en la ciencia?

- Yo creo que no. Nueve de cada diez científicos de élite son escépticos, solo aceptan evidencias, pruebas. Depende de a qué llames Dios. Si dices que es la naturaleza entonces sí, pero si quieres que sea el concepto de la iglesia, no hay ninguna prueba. La ciencia se basa en probar si las cosas funcionan y, si lo hacen, entonces tu móvil funciona. Si fuese tan efectivo como rezar, no lo comprarías. Las ecuaciones de Maxwell están probadas y funcionan cada vez que enciendes tu teléfono, cada vez.

Científicos, escépticos y élites... medirlos y definirlos
La afirmación de Harold Kroto de que "9 de cada 10 científicos de élite son escépticos" es, como poco, problemática. Habría que definir quién es científico (¿sólo los físicos y químicos, o también médicos, geógrafos o matemáticos?), quién es de élite y qué significa ser "escéptico" (¿ateo, agnóstico, deísta filosófico, cristiano no fideísta?).

Probablemente Kroto se está refiriendo al estudio de 1997 y 1998 de Larson y Whitham con biólogos, físicos y matemáticos en un país concreto, Estados Unidos, que distinguía entre los científicos "normales" (los de American Men and Women of Science) y los de la mucho más "elitista" National Academy of Sciences (NAS). (Bajo estas líneas, en la Tabla 1 y 2, los resultados de esta investigación de los años 90).





Según ese estudio, tanto en 1914 como en 1996, un 40% de biólogos, físicos y matemáticos en EEUU declaraban creer en un Dios personal, mientras que en 1998 apenas un 7% de los científicos "de la asociación de élite" (los de la NAS) decían creer en un Dios personal (el concepto "Dios personal" tiene sus matices: cualquier teólogo entiende que se refiere a que Dios tiene una Mente, una Voluntad, designios y personalidad, no es una fuerza ciega e impersonal, pero mucha gente -quizá también algunos físicos y matemáticos consultados- pueden confundirse y pensar que se refiere a que Dios es una persona humana, con brazos, piernas, larga barba, etc...).

Un estudio mejor, dos décadas más moderno
Han pasado dos décadas desde la investigación en EEUU de Larson y Whitman y a finales de 2015 se ha difundido una investigación que consultaba a científicos en 8 países y que trabaja con las respuestas de 9.400 científicos y entrevistas en profundidad a 609. Es el estudio RPLP de la Rice University (una universidad privada en Houston, texas), que se puede consultar aquí en PDF en inglés.

En esta tabla: porcentaje de científicos que creen que Dios no existe comparado con la población en general de su país



El estudio ofrece datos más actualizados (aunque sin hablar de supuestas "élites"). En Taiwan y Hong Kong, los científicos son más religiosos que la media de la población. En otros países no es así, pero una de las conclusiones del estudio es que "la idea de que la ciencia y la religión están en conflicto es básicamente una noción occidental".

Esta otra tabla muestra el porcentaje de científicos que acuden a servicios religiosos al menos una vez al mes, comparado con la práctica religiosa de la población de su país



53 Premios Nobel de física y química creyentes
Un libro que ha tratado el tema en 2015 centrándose precisamente en la "élite" es Dios en el laboratorio (Ediciones De Buena Tinta), de Jacinto Peraire Ferrer. El subtítulo explica exactamente qué es lo que cubre: "53 científicos Nobel que armonizaron fe y razón".



En concreto, se trata de 53 científicos que son cristianos de distintas confesiones, o judíos, o musulmanes, o creen en una Mente ordenadora detrás del universo. Para ser exactos, 4 de ellos no obtuvieron el Nobel pero sin duda ameritan para ello (el padre Lemaitre, el venezolano Jacinto Convit, el genetista Jerome Lejeune y el genetista aún vivo Francis Collins).

Entre los seleccionados hay un par de casos discutibles: Einstein creía hasta cierto punto en una Mente ordenadora y negaba con firmeza ser ateo, pero parece que nunca superó un panteísmo muy vago. El japonés Yamanaka, Nobel de Medicina en 2012 por su trabajo con células madre, abre caminos para una medicina ética que no destruye embriones, pero no se aportan datos concretos de su creencia religiosa.

Hay algunos científicos de la lista que han sido fervorosos y practicantes casi toda su vida. Otros han vuelto a la práctica religiosa y a la reflexión sobre la fe en sus últimos años. Para muchos, el deseo por conocer y el asombro al descubrir las maravillas de la naturaleza les han acercado a Dios, al Misterio de lo Trascendente. Para la mayoría, la pregunta sobre Dios es filosófica y las ciencias experimentales no son competentes para abordarla.

La experiencia de fe del científico
"Un científico puede creer en Dios porque tal convicción no es una cuestión científica", explica el norteamericano William Philips, premio Nobel de física en 1997 por su trabajo con láseres. "Una afirmación científica debe ser falsable, es decir, debe haber algunos resultados que, al menos en principio, podrían demostrar que la afirmación es falsa".

"Soy un científico serio que cree seriamente en Dios, como Creador y amigo. Hay tantos colegas míos que son cristianos que no podría cruzar el salón parroquial de mi iglesia sin toparme con una docena de físicos", añadía.


El Nobel de Física de 1997, William Phillips, se define como "científico serio que cree seriamente en Dios"

Joseph Taylor, astrofísico canadiense que ganó el Nobel de Física en 1993 por descubrir el primer púlsar binario, es cristiano cuáquero, y afirma: "No hay conflicto entre la ciencia y la religión. Nuestro conocimiento de Dios se hace más grande con cada descubrimiento que hacemos sobre el mundo".

Carlos Rubbia, católico italiano que ganó el Nobel de Física en 1984 por los trabajos que llevaron a descubrir el bosón W y Z, explicaba en el diario El País al año siguiente: "No puedo creer que todos estos fenómenos que se unen como perfectos engranajes puedan ser resultado de una fluctuación estadística o una combinación del azar. Hay, evidentemente, algo o alguien haciendo las cosas como son. Vemos los efectos de esa presencia, pero no la presencia misma. Es éste el punto en que la ciencia se acerca más a lo que yo llamo religión”.

Otra personalidad interesante en Dios en el laboratorio es el norteamericano Richard Smalley, premio Nobel de Química en 1996 por su descubrimiento de los fulerenos, y a quien el Senado de EEUU, a su muerte en 2005, consideró “el padre de la nanotecnología”.En sus últimos años Smalley volvió a la práctica cristiana influenciado por la lectura del astrofísico Hugh Ross y el bioquímico Fazale Rana.

Smalley escribió: “El propósito de este Universo es algo que sólo Dios sabe con certeza, pero es cada vez más claro para la ciencia moderna que el Universo fue exquisitamente afinado para permitir la vida humana. Nosotros estamos involucrados de alguna manera crítica en su propósito. Nuestra tarea es percibir lo mejor que podamos ese propósito, amarnos unos a otros y ayudarle a realizarlo”.

Dios en el laboratorio es una recopilación contundente de científicos de “élite” que argumentan por la vía práctica (la evidencia de sus vidas) la compatibilidad entre una cosmovisión deísta y una mente crítica que practica el método científico. Se trata sin embargo de un librito pequeño, de 160 páginas, que al tratar de 53 personalidades apenas puede limitarse a esbozar sus características principales.


El cosmonauta soviético Yuri Gagarin murió en 1968,
no antes de bautizar a su hija cuando nadie lo hacía


Los astronautas y Yuri Gagarin
Añade además declaraciones de astronautas maravillados por su viaje a las estrellas que se vieron reforzados en su sentido de Dios (enumera entre ellos a Josu Feijoo, Buz Aldrin, Frank Borman, Jim Lovell, Bill Anders, Alan Shepard, James Irwin y John Geen).

Lo hace contrastándolos con la supuesta cita del astronauta ruso Yuri Gagarin desde el espacio (“No veo a ningún Dios aquí arriba”). Sin embargo, hoy sabemos que Gagarin no era ateo, sino creyente, hijo de una fervorosa cristiana ortodoxa, y bautizó a su hija Yelena poco antes de morir en 1968, en una época en que casi nadie -y menos un militar- bautizaba a los bebés. Las famosas palabras (“No veo a ningún Dios aquí arriba”) no aparecen en el registro verbatim de sus conversaciones con la base en tierra.

En una entrevista en 2006 un amigo de Gagarin, el coronel Valentín Petrov, aseguró que el cosmonauta nunca dijo esas palabras y que la cita se originó en un discurso del Secretario General del Partido Comunista, Nikita Jruschev. Petrov habló con detalle de sus conversaciones de 1964 sobre religión con Gagarin, y ReligionEnLibertad lo tradujo del ruso aquí.