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martes, 27 de agosto de 2019

Santa Mónica. Patrona de las mujeres casadas. Modelo de esposa y madre (27 de agosto)

Santa Mónica. Patrona de las mujeres casadas. Modelo de esposa y madre

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Santa Mónica fue la madre de San Agustín quien, con la oración y su fe, logró la conversión de su esposo y de su hijo descarriado

 
Santa Mónica fue la madre San Agustín de Hipona. Ella es recordada y honrada por sus destacadas virtudes cristianas, particularmente por soportar con humildad todo el sufrimiento causado por el adulterio de su marido y por su vida de oración dedicada a la conversión de su hijo, quien escribió sobre sus actos piadosos y muchos aspectos de su vida con ella en su famoso libro: Confesiones. La tradición cristiana recuerda a Santa Mónica llorando cada noche pidiendo por la conversión de su hijo San Agustín.

Fiesta: 27 de agosto

Martirologio romano: Memoria de Santa Mónica, que, siendo todavía una mujer muy joven, fue dada en matrimonio a Patricio, con el que tuvo hijos, entre ellos a San Agustín, por cuya conversión derramó muchas lágrimas y muchas oraciones dirigidas a Dios, y, anhelando profundamente ir al cielo, abandonó esta vida en Ostia, en Lazio, mientras que estaba en camino de regreso a África.

Biografía de Santa Mónica

Santa Mónica nació en el año 333 en Tagaste, África del Norte, a unas cuarenta millas de la ciudad portuaria de Hipona. Sus padres la criaron como cristiana y la casaron con un hombre pagano mayor llamado Patricio. Tuvieron dos hijos varones, Agustín y Navigio, y una hija, Perpetua.
Patricio era un hombre de carácter violento y en su hogar difícilmente podría haber reinado la felicidad. Mónica soportó sus arrebatos de ira con la mayor paciencia del mundo, a pesar de que él era un duro crítico de los cristianos y de sus prácticas.

Santa Mónica y sus oraciones

Santa Mónica rezó por 30 años por la conversión de su esposo. Su testimonio de vida y su perseverancia en la oración finalmente dieron sus frutos, ya que su esposo se convirtió a la fe, un año antes de morir, un evento que ocurrió cuando Agustín tenía diecisiete años. Cuando Patricio murió, Mónica decidió no casarse de nuevo.
A los 29 años, San Agustín decide irse a Roma y se embarca de inmediato en esta travesía, per su madre Mónica, no se rindió tan fácilmente en lograr convertir a su amado hijo, así que toma otro barco y se va en su búsqueda.
San Agustín fue uno de los hombres más inteligentes que ha existido y aunque él había criado cristiano, sus pecados de impureza y su orgullo oscurecieron tanto su mente, que no lograba ver o entender la Verdad Divina por más que lo intentaba. Él vivía con su concubina y estaba inclinado hacia el maniqueísmo.
Santa Mónica envió a Agustín con un obispo para estar convencerlo de sus errores. El obispo, sin embargo, no fue capaz de convencerlo, y aconsejó a Santa Mónica que simplemente continuara orando por su hijo. Él le dijo: "Es imposible que el hijo se pierda con tantas lágrimas". Santa Mónica entonces oró más decididamente por la conversión de su hijo Agustín.
En Milán, Santa Mónica conoció a san Ambrosio y por medio de él, ella finalmente consiguió, después de diecisiete años de resistencia, la alegría de ver los frutos en San Agustín.
Luego de esto, Madre e hijo pasaron seis meses en una convivencia de verdadera paz en Cassiacum, y al cabo de un tiempo, Agustín fue bautizado en la Iglesia de San Juan Bautista, en Milán, en la víspera de Pascua del año 387.
Cuando Santa Mónica tenía cincuenta y seis años, murió en Ostia, cerca de Roma, el mismo año en que vivió la conversión de su hijo.
Santa Mónica tuvo la gracia de saber que Agustín había regresado a Dios y que su hija Perpetua se había convertido en una monja.
En su lecho de muerte, Santa Mónica le dijo a su hijo Agustín:
"No sé lo que me queda por hacer o por qué todavía sigo aquí, todas mis esperanzas en este mundo han sido cumplidas. Lo único que deseaba era que yo pudiera verte como un católico y un hijo de los Cielos.
Dios me concedió incluso más que esto haciéndote despreciar la felicidad terrenal y consagrándote a su servicio".
Santa Mónica es especialmente venerada por las madres debido a sus oraciones incansables por la conversión de su hijo descarriado San Agustín.
Las reliquias de Santa Mónica están consagrados en la Iglesia de San Agustín en Roma
Santa Mónica es considerada la abogada de las madres cuyos hijos se han extraviado, y es la patrona de todas las mujeres casadas, amas de casa, alcohólicos, matrimonios difíciles, víctimas de adulterio, del abuso verbal y de las viudas.

Oración a Santa Mónica

Madre ejemplar del gran San Agustín, que con gran perseverancia perseguiste a tu hijo descarriado, no con amenazas salvajes, sino con clamores de oración al cielo.
Te pedimos que intercedas por todas las madres en nuestros días, para que puedan aprender a dirigir a sus hijos hacia Dios.
Enséñales a todas las madres cómo deben permanecer cerca de sus hijos para guiarlos por el buen camino.
Amén

Santa Mónica, madre de familia (27 de agosto)


Santa Mónica, madre de familia

fecha: 27 de agosto
fecha en el calendario anterior: 4 de mayo
n.: c. 332 - †: 387 - país: Italia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: Memoria de santa Mónica, que, aún jovencísima, fue dada en matrimonio a Patricio, con quien tuvo hijos, entre ellos a Agustín, por cuya conversión derramó abundantes lágrimas y oró mucho a Dios, y, anhelante de la vida celestial, abandonó la terrenal en Ostia Tiberina, en Italia, cuando regresaba de África.
Patronazgos: patrona de las esposas y las madres, para pedir por la salvación de los hijos.
refieren a este santo: San Agustín de Hipona

Oración: Oh Dios, consuelo de los que lloran, que acogiste piadosamente las lágrimas de santa Mónica impetrando la conversión de su hijo Agustín, concédenos, por intercesión de madre e hijo, la gracia de llorar nuestros pecados y alcanzar tu misericordia y tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
La Iglesia venera a santa Mónica, santa esposa y santa viuda, que no sólo dio la vida corporal al famosísimo doctor san Agustín, sino que fue el principal instrumento de que Dios se valió para darle la vida de la gracia. Mónica nació en África del Norte, probablemente en Tagaste, a cien kilómetros de Cartago, el año 332. Sus padres, que eran cristianos, confiaron la educación de la niña a una institutriz que sabía formar a sus pupilas, aunque las trataba con cierta rudeza. Una de las costumbres que les inculcaba, era la de no beber nunca entre comidas. «Ahora queréis agua -les decía-; pero cuando seáis amas de casa y tengáis la bodega a vuestra disposición, querréis vino, de suerte que tenéis que acostumbraros desde ahora». Pero cuando Mónica tenía ya la edad suficiente para que le encargasen que trajera el vino de la bodega, olvidó los excelentes consejos de la institutriz; empezó por beber unos tragitos a escondidas y acabó por beber vasos enteros. Pero cierto día un esclavo que la había visto beber y con quien Mónica tuvo un altercado, la llamó "borracha". La joven sintió tal vergüenza, que no volvió a ceder jamás a la tentación. A lo que parece, desde el día de su bautismo, que tuvo lugar poco después de aquel incidente, llevó una vida ejemplar en todos sentidos.
Cuando llegó a la edad de contraer matrimonio, sus padres la casaron con un ciudadano de Tagaste, llamado Patricio. Era éste un pagano que no carecía de cualidades, pero era de temperamento muy violento y vida disoluta. Mónica tuvo que perdonarle muchas cosas, pero todo lo soportó con la paciencia de un carácter fuerte y bien disciplinado. Por su parte, Patricio, aunque criticaba la piedad de su esposa y su liberalidad para con los pobres, la respetó siempre mucho y, ni en sus peores explosiones de cólera, levantó la mano contra ella. A la larga, Mónica, con su ejemplo y oraciones, convirtió al cristianismo no sólo a su esposo, sino también a su suegra, mujer de carácter difícil, cuya presencia constante en el hogar de su hijo había dificultado aún más la vida de Mónica. Patricio murió santamente en 371, al año siguiente de su bautismo. Tres de sus hijos habían sobrevivido, dos hombres y una mujer. Las ambiciones de Patricio y Mónica se habían concentrado en el primogénito, Agustín, que era extraordinariamente inteligente, por lo que habían decidido darle la mejor educación posible. Pero el carácter caprichoso, egoísta e indolente del joven había hecho sufrir mucho a su madre. Agustín había sido catecúmeno en la adolescencia y, durante una enfermedad que le había puesto a las puertas de la muerte, estuvo a punto de recibir el bautismo; pero al recuperar rápidamente la salud, pospuso el cumplimiento de sus buenos propósitos. Cuando murió su padre, Agustín tenía diecisiete años y estudiaba retórica en Cartago. Dos años más tarde, Mónica tuvo la enorme pena de saber que su hijo llevaba una vida disoluta y había abrazado la herejía maniquea. Cuando Agustín volvió a Tagaste, Mónica le cerró las puertas de su casa, durante algún tiempo, para no oír las blasfemias del joven. Pero una consoladora visión que tuvo, la hizo tratar menos severamente a su hijo. Soñó, en efecto, que se hallaba en el bosque, llorando la caída de Agustín, cuando se le acercó un personaje resplandeciente y le preguntó la causa de su pena. Después de escucharla, le dijo que secase sus lágrimas y añadió: «Tu hijo está contigo». Mónica volvió los ojos hacia el sitio que le señalaba y vio a Agustín a su lado. Cuando Mónica contó a Agustín sl sueño, el joven respondió con desenvoltura que Mónica no tenía más que renunciar al cristianismo para estar con él; pero la santa respondió al punto: «No se me dijo que yo estaba contigo, sino que tú estabas conmigo».
Esta hábil respuesta impresionó mucho a Agustín, quien más tarde la consideraba como una inspiración del cielo. La escena que acabamos de narrar, tuvo lugar hacia fines del año 337, es decir, casi nueve años antes de la conversión de Agustín. En todo ese tiempo, Mónica no dejó de orar y llorar por su hijo, de ayunar y velar, de rogar a los miembros del clero que discutiesen con él, por más que éstos le aseguraban que era inútil hacerlo, dadas las disposiciones de Agustín. Un obispo, que había sido maniqueo, respondió sabiamente a las súplicas de Mónica: «Vuestro hijo está actualmente obstinado en el error, pero ya vendrá la hora de Dios». Como Mónica siguiese insistiendo, el obispo pronunció las famosas palabras: «Estad tranquila, es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas». La respuesta del obispo y el recuerdo de la visión eran el único consuelo de Mónica, pues Agustín no daba la menor señal de arrepentimiento. Cuando tenía veintinueve años, el joven decidió ir a Roma a enseñar la retórica. Aunque Mónica se opuso al plan, pues temía que no hiciese sino retardar la conversión de su hijo, estaba dispuesta a acompañarle si era necesario. Fue con él al puerto en que iba a embarcarse; pero Agustín, que estaba determinado a partir solo, recurrió a una vil estratagema. Fingiendo que iba simplemente a despedir a un amigo, dejó a su madre orando en la iglesia de San Cipriano y se embarcó sin ella. Más tarde, escribió en las «Confesiones»: «Me atreví a engañarla, precisamente cuando ella lloraba y oraba por mí». Muy afligida por la conducta de su hijo, Mónica no dejó por ello de embarcarse para Roma; pero al llegar a esa ciudad, se enteró de que Agustín había partido ya para Milán. En Milán conoció Agustín al gran obispo san Ambrosio. Cuando Mónica llegó a Milán, tuvo el indecible consuelo de oír de boca de su hijo que había renunciado al maniqueísmo, aunque todavía no abrazaba el cristianismo. La santa, llena de confianza, pensó que lo haría, sin duda, antes de que ella muriese.
En san Ambrosio, por quien sentía la gratitud que se puede imaginar, Mónica encontró a un verdadero padre. Siguió fielmente sus consejos, abandonó algunas prácticas a las que estaba acostumbrada, como la de llevar vino, legumbres y pan a las tumbas de los mártires; había empezado a hacerlo así, en Milán, como lo hacía antes en Africa; pero en cuanto supo que san Ambrosio lo había prohibido porque daba lugar a algunos excesos y recordaba las «parentalia» paganas, renunció a la costumbre. San Agustín hace notar que tal vez no hubiese cedido tan fácilmente de no haberse tratado de san Ambrosio. En Tagaste Mónica observaba el ayuno del sábado, como se acostumbraba en África y en Roma. Viendo que la práctica de Milán era diferente, pidió a Agustín que preguntase a san Ambrosio lo que debía hacer. La respuesta del santo ha sido incorporada al derecho canónico: «Cuando estoy aquí no ayuno los sábados; en cambio, ayuno los sábados cuando estoy en Roma. Haz lo mismo y atente siempre a la costumbre de la Iglesia del sitio en que te halles». Por su parte, san Ambrosio tenía a Mónica en gran estima y no se cansaba de alabarla ante su hijo. Lo mismo en Milán que en Tagaste, Mónica se contaba entre las más devotas cristianas; cuando la reina madre, Justina, empezó a perseguir a san Ambrosio, Mónica fue una de las que hicieron largas vigilias por la paz del obispo y se mostró pronta a morir por él.
Finalmente, en agosto del año 386, llegó el ansiado momento en que Agustín anunció su completa conversión al catolicismo. Desde algún tiempo antes, Mónica había tratado de arreglarle un matrimonio conveniente, pero Agustín declaró que pensaba permanecer célibe toda su vida. Durante las vacaciones de la época de la cosecha, se retiró con su madre y algunos amigos a la casa de veraneo de uno de ellos, que se llamaba Verecundo, en Casiciaco. El santo ha dejado escritas en sus «Confesiones» algunas de las conversaciones espirituales y filosóficas en que pasó el tiempo de su preparación para el bautismo. Mónica tomaba parte en esas conversaciones, en las que demostraba extraordinaria penetración y buen juicio y un conocimiento poco común de la Sagrada Escritura. En la Pascua del año 387, san Ambrosio bautizó a san Agustín y a varios de sus amigos. El grupo decidió partir al África, y con ese propósito los catecúmenos se trasladaron a Ostia, a esperar un barco. Pero ahí se quedaron, porque la vida de Mónica tocaba a su fin, aunque sólo ella lo sabía. Poco antes de su última enfermedad, había dicho a Agustín: «Hijo, ya nada de este mundo me deleita. Ya no sé cuál es mi misión en la tierra ni por qué me deja Dios vivir, pues todas mis esperanzas han sido colmadas. Mi único deseo era vivir hasta verte católico e hijo de Dios. Dios me ha concedido más de lo que yo le había pedido, ahora que has renunciado a la felicidad terrena y te has consagrado a su servicio».
Mónica había querido que la enterrasen junto a su esposo. Por eso, un día en que hablaba con entusiasmo de la felicidad de acercarse a la muerte, alguien le preguntó si no le daba pena pensar que sería sepultada tan lejos de su patria. La santa replicó: «No hay sitio que esté lejos de Dios, de suerte que no tengo por qué temer que Dios no encuentre mi cuerpo para resucitarlo». Cinco días más tarde, cayó gravemente enferma. Al cabo de nueve días de sufrimientos, fue a recibir el premio celestial, a los cincuenta y cinco años de edad. Agustín le cerró los ojos y contuvo sus lágrimas y las de su hijo Adeodato, pues consideraba como una ofensa llorar por quien había muerto tan santamente. Pero, en cuanto se halló solo y se puso a reflexionar sobre el cariño de su madre, lloró amargamente. El santo escribió: «Si alguien me critica por haber llorado menos de una hora a la madre que lloró muchos años para obtener que yo me consagre a Ti, Señor, no permitas que se burle de mí; y, si es un hombre caritativo, haz que me ayude a llorar mis pecados en Tu presencia». En las «Confesiones», Agustín pide a los lectores que rueguen por Mónica y Patricio. Pero en realidad, son los fieles los que se han encomendado, desde hace muchos siglos, a las oraciones de Mónica, patrona de las mujeres casadas y modelo de las madres cristianas.
Apenas sabemos nada de santa Mónica, fuera de lo que sobre ella cuenta san Agustín en sus escritos, particularmente en el lib. IX de las «Confesiones». Ciertamente no es auténtica la carta en que se dice que san Agustín describió a su hermana Perpetua los últimos momentos de su madre. El texto de dicha carta puede verse en Acta Sanctorum, mayo, vol. I. En su artículo «Mónica» en Dictionnaire d'Archéologie chrétienne et de Liturgie, , vol. XI, cc. 2332-2356, Dom H. Leclercq da muchos datos sobre Tagaste (actualmente Suk Arrhas) y los restos de la basílica de Cartago, descubiertos en el siglo XX. Sin embargo, hay que confesar que todo ello tiene poco que ver con santa Mónica, a no ser porque en los tiempos modernos se ha consagrado a la santa una capilla de la ciudad. Hay que hacer notar también que no existen, prácticamente, huellas del culto a santa Mónica antes del traslado de sus restos, de Ostia a Roma, en 1430, según se dice. Se cree que las reliquias de la santa se conservan en la iglesia de S. Agostino.
Cuadros:
-Santa Mónica, de Luis Tristán, 1616, Museo del Prado, Madrid.
-El joven Agustín presentado al maestro por su madre y su padre, Benozzo Gozzoli, 1464/65, en la iglesia de Sant'Agostino in San Gimignano.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_3051


jueves, 24 de noviembre de 2016

Cómo Santa Mónica puede ayudar a tu hijo a regresar a la Iglesia

Cómo Santa Mónica puede ayudar a tu hijo a regresar a la Iglesia

 
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Santa Mónica ofrece, no solamente un gran ejemplo de madre, sino también una ayuda para atraer a nuestros hijos de regreso a la Iglesia

 
Posiblemente tú ya conozcas el patrón. Un niño inteligente y dotado de dones sale de su casa y se dirige a la escuela. Ahí hace nuevas amistades. Pasan la mayor parte del tiempo de fiesta en fiesta, persiguen chicas y adoptan nuevas filosofías.
El hijo se ve atraído hacia un popular culto religioso. Eventualmente, se muda con su novia y tienen un hijo, sin estar casados aún. La madre del joven solamente puede sentarse desesperada, con el corazón quebrantado por las elecciones de su hijo y sintiéndose incapacitada. Lo único que puede hacer es orar.
Ésa es la historia de muchos católicos hoy en día – y talvez tu historia. Los padres de familia piensan que están solos al enfrentar este tipo de problemas, pero este patrón no es nuevo. Existe desde hace siglos, y en el caso arriba mencionado, incluso hace más de un milenio.
Es la historia del siglo IV de Santa Mónica y su joven y caprichoso hijo, Agustín. La fiesta de Santa Mónica se celebra en agosto y siempre vale la pena recordar cómo ella logró que su hijo regresara al camino de la fe.

Santa Mónica y su matrimonio

Santa Mónica fue criada como cristiana, pero tal a como mucha gente hoy en día, se casó con una persona que no compartía esa fe. En su casa, el hombre, Patricio, era un político ateo. Tuvieron tres hijos juntos pero su matrimonio no fue fácil.
Patricio era un hombre violento y regularmente abusaba de ella. Incluso le fue infiel a lo largo de su matrimonio. Pero Mónica permaneció paciente. Otras esposas con problemas matrimoniales iban a ella en busca de consejo y así se convirtió en una fuente de consuelo para cualquiera que estuviese sufriendo al atravesar dificultades en su matrimonio.
Santa Mónica sirvió a su esposo con amor desinteresado y devoto, y oraba por él todos los días. Eventualmente, sus oraciones dieron frutos. Un año antes de la muerte de Patricio, él se convirtió al catolicismo,debido, en su mayoría,a las oraciones de Santa Mónica y a su poderoso ejemplo.

Santa Mónica y su hijo San Agustín

Aunque Santa Mónica se vio muy complacida con la conversión de su esposo, a ella aún le preocupaba su hijo Agustín. Aunque él era brillante y estaba dotado de dones, pasaba la mayor parte de su tiempo en las calles con amigos, robando comida y viviendo promiscuamente. Incluso tuvo un hijo fuera de matrimonio.
Aun así, Santa Mónica se negaba a renunciar a su hijo, de la misma manera en la que se había comprometido a su esposo. Ella oraba intensa y diariamente por Agustín, ayunaba por su bien y le rogaba a Dios que le ayudara a regresar al camino de la fe.
Cuando San Agustín viajó a Roma y Milán por motivos de educación, Mónica le siguió y continuó orando por él.

El encuentro con un hombre lleno de santidad

Mientras se encontraban en Milán, ella conoció a San Ambrosio, el obispo local quien más tarde sería canonizado. Ambrosio se convirtió en su guía espiritual. Él observó su anhelo incesante por su hijo y las horas que pasaba orando por él. San Ambrosio le prometió a Santa Mónica:
"Te aseguro que el hijo de tantas lágrimas no perecerá".

La predicción de San Ambrosio estuvo en lo cierto

Agustín y Ambrosio establecieron amistad e iniciaron discusiones acerca de la cristiandad. Ambrosio fue el primer pensador de alto nivel que Agustín conocía.
Como resultados de sus diálogos, Agustín finalmente decidió convertirse al catolicismo. San Ambrosio bautizó a un San Agustín de 32 años, que eventualmente crecería para llegar a ser uno de los pensadores con más influencia en la historia occidental, y uno de los más grandes santos en la Iglesia Católica.

Misión cumplida

Mónica apenas y pudo contener su entusiasmo luego del bautizo de Agustín. Ella y su hijo comenzaron a compartir bellas conversaciones acerca de Dios y del cielo.
Cuando ella yacía en su lecho de muerte, contenta al haber visto tanto a su esposo como a su hijo regresar a la fe, sintió como la entera misión de su vida había sido completada.
En la actualidad, la Iglesia celebra a Santa Mónica y a San Agustín uno al lado del otro en el calendario litúrgico, con sus festividades siendo el 27 y 28 de agosto respectivamente.

El poder de la oración

Santa Mónica ejemplifica el poder de la oración de un padre de familia. Ella no fue capaz de convencer a Agustín con palabras, y de hecho, cuando trataba de hablar con él acerca de religión, él la apartaba.
A través de su intercesión diaria y comprometida, por más de quince años, Agustín fue capaz de encaminarse hacia la Iglesia.

3 Cosas que podemos aprender de Santa Mónica

1.- No dejar de orar por tu hijo.

Cuando Mónica se quejaba de que Agustín no escuchaba sus reprimendas por no querer convertirse en católico, San Ambrosio la alentaba:
“Habla menos con Agustín acerca de Dios y más a Dios acerca de Agustín”.
Ella tomó el consejo y nunca se dio por vencida, incluso cuando los momentos parecían más oscuros. Eventualmente, su persistencia rindió frutos.
Jesús cuenta en su Evangelio el ejemplo de una viuda que estaba molesta porque un juez se rehusaba a escuchar su caso. La viuda siguió yendo al juez para pedirle, una y otra vez, que la escuchara hasta que él finalmente accedió diciendo:
“Es cierto que no temo a Dios y no me importa la gente, pero esta viuda ya me molesta tanto que le voy a hacer justicia; de lo contrario acabará rompiéndome la cabeza”.
Jesús explicó la parábola diciendo:
"¿Se han fijado en las palabras de este juez malo? ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos, si claman a él día y noche, mientras él deja que esperen?". (Lc 18,1-8)
En otras palabras, Dios ama la oración persistente. Él nunca se cansa de tus peticiones, incluso si son las mismas todos los días.
Joan Hamill sabe esto por experiencia propia. Joan oró semanalmente durante 15 años por diferentes miembros de su familia para que regresaran a la Iglesia. “Oró por la intercesión de Santa Mónica por nuestros familiares” dice Hamill. “Como resultado, dos de mis hermanos regresaron a la Iglesia, al igual que mi hermana y mi cuñado”. Así que no dejes de orar por tu hijo.
Como Santa Mónica y la viuda persistente, ten confianza en que Dios recompensará tu perseverancia. Mientras más fuerte es la oración, más probable es que Dios la escuche.

2.- No sólo orar por tu hijo, también debes orar para que un "Ambrosio" aparezca en la vida de tu hijo.

Quizás haya muchos obstáculos entre tú y tu hijo y puede que él no escuche la verdad que proviene de tus labios. Es entendible.
Ora a Dios para que ponga a alguien en su camino, alguien con la combinación adecuada de personalidad, intereses, motivos y corazón.
De la misma manera en la que Ambrosio ayudó a Agustín, así necesitarás a alguien que empuje o guie a tu hijo.
Además, ten en mente que mientras tú oras para que alguien entre en la vida de tu hijo, otros padres están orando por la misma cosa para sus hijos. ¡Y puede que tú seas esa persona! Aún si tu hijo te saca de sintonía, no te cierres a ayudar a otros jóvenes a regresar a la fe.
¡Tú puedes ser el San Ambrosio de alguien más!

3.- Pedir la intercesión de Santa Mónica por tu hijo.

Una encuesta reciente les preguntó a los padres de familia católicos “Cuando oran, ¿qué tan a menudo piden la intercesión de…” y listaban varias opciones.
Las respuestas más frecuentes fueron:
- ¡Dios Padre! (74% oraban siempre a Él o por lo menos la mayoría del tiempo); - ¡Dios Hijo, Jesucristo! (59%);
- ¡Dios Espíritu Santo! (45%).
Pero, ¿sabes cuál fue la opción menos frecuente? Los santos. Sólo uno de cada cinco padres de familia católicos pide regularmente la intercesión de los santos. Eso significa que la mayoría de los padres de familia católicos están perdiendo uno de los apoyos espirituales más grandes que tenemos disponibles.
Para los católicos, los santos no están muertos ni se han ido. Santa Mónica no cesó de existir cuando murió en el año 387. Su cuerpo puede que haya dejado de funcionar cuando su alma partió, pero permanece viva en Cristo, residiendo con Él en el cielo por toda la eternidad.
Y porque la Iglesia es un cuerpo indivisible (1 Cor 12:12) que ni la muerte ni la vida pueden separar (Rom 8,38), aún podemos conectarnos con estos hombres y mujeres santos que ya han pasado a la siguiente vida y pedir sus oraciones.
Entre todos los santos en el cielo, pocos conocen el dolor inmenso de tener un hijo caprichoso como Santa Mónica. Acércate a ella y pídele que ore por tu hijo, de la misma manera en la que oró por San Agustín.
Usualmente le pedimos a nuestros amigos en la tierra que oren por nosotros, pero podemos hacer lo mismo con los santos. De hecho, las oraciones de los santos son generalmente más poderosas que las nuestras aquí en la tierra ya que ellos están más cerca de la mente y el corazón de Dios - ¡los santos ya están en el cielo!
Así que la próxima vez que ores, pídele brevemente a Santa Mónica así

Oración a Santa Mónica por un hijo rebelde

Santa Mónica, necesito tus oraciones. Tú sabes exactamente cómo me siento y porque tú misma te sentiste así.
Estoy herida, me siento incapacitada y desesperada. Quiero desesperadamente que mi hijo regrese a Cristo en su Iglesia pero no puedo hacerlo solo.
Necesito de la ayuda de Dios. Por favor únete en mis peticiones de la gracia poderosa del Señor en la vida de mi hijo.
Pídele al Señor Jesús que ablande su corazón, prepare un camino para su conversión, y para que active el Espíritu Santo en su vida.
Amén.
De todas estas maneras, Santa Mónica ofrece no solamente ejemplo sino también ayuda para atraer a nuestros hijos de regreso a la Iglesia. 

jueves, 18 de agosto de 2016

Hoy comienza la novena a Santa Mónica que oró 15 años por la conversión de su hijo 18082016

Hoy comienza la novena a Santa Mónica que oró 15 años por la conversión de su hijo

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Hoy comienza la novena a Santa Mónica que oró 15 años por la conversión de su hijo








REDACCIÓN CENTRAL, 18 Ago. 16 / 04:06 am (ACI).- Hoy empieza la novena a Santa Mónica, la madre de San Agustín de quien el Papa Francisco dijo en 2013: “¡Cuántas lágrimas derramó esa santa mujer por la conversión del hijo! ¡Y cuántas mamás también hoy derraman lágrimas para que los propios hijos regresen a Cristo! ¡No pierdan la esperanza en la gracia de Dios!”.
Santa Mónica oraba y ofrecía sacrificios constantemente por la conversión de su esposo, quien era un hombre violento y mujeriego. Años después Dios le concedió este deseo y Patricio se bautizó. También rezó durante 15 años por la conversión de su hijo Agustín, quien llevaba una vidalibertina.
Celebramos a Santa Mónica el 27 de agosto, aquí les presentamos una novena de preparación para su fiesta: