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viernes, 20 de abril de 2018

El Padre Pío profetizó que Pablo VI sería Papa y quiso que se lo hicieran saber: «Debe prepararse» 17042018

Una carta de 1960 evidencia su oración mutua

El Padre Pío profetizó que Pablo VI sería Papa y quiso que se lo hicieran saber: «Debe prepararse»

El Padre Pío profetizó que Pablo VI sería Papa y quiso que se lo hicieran saber: «Debe prepararse»
El Padre Pío, junto a dos príncipes de la Iglesia: cardenales y obispos visitaron con frecuencia al fraile estigmatizado.

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17 abril 2018
“Mirad la fama que ha alcanzado el Padre Pío, los seguidores del mundo entero que ha congregado en torno a sí. Pero ¿por qué? ¿Acaso porque era un filósofo? ¿Porque era un sabio? ¿Porque disponía de medios? Nada de eso: porque decía la Misa humildemente, confesaba de la mañana a la noche y era, es difícil decirlo, un representante sellado con las llagas de Nuestro Señor. Un hombre de oración y sufrimiento”.

Son palabras pronunciadas por el Papa Pablo VI en Roma, el 20 de febrero de 1971, con las que José María Zavala arranca su último libro El Santo. La Revolución del Padre Pío, cuya tercera edición está a punto de publicar la editorial Temas de Hoy, del Grupo Planeta, en tan solo un mes.



Libro, por cierto, que presentará monseñor José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián y gran devoto del Padre Pío, este jueves 19 de abril a las 19 horas, en la Librería San Pablo de Madrid (Plaza de Jacinto Benavente, 2).


Monseñor Munilla ha acompañado a José María Zavala en más de una conferencia o presentación sobre el Padre Pío. Volverá a hacerlo este jueves en Madrid.

La relación del entonces arzobispo de Milán, Juan Bautista Montini, con el Padre Pío se remonta a principios de 1959. El fraile de los estigmas no solo profetizó que Karol Wojtyla sería Papa. El testimonio del abogado Carmelo Mario Scarpa, amigo íntimo del comendador Alberto Galletti, desvela que el Padre Pío vaticinó que el cardenal Montini se convertiría en Pablo VI.

Un mensaje al Padre Pío... 
Mientras el futuro Papa era aún arzobispo de Milán, el comendador Alberto Galletti, hijo espiritual del Padre Pío, visitó al sacerdote Benedicto Galbiani, ingresado en la llamada Casa de la Providencia fundada por San Luis Orione.

Mientras Galletti distraía al enfermo, narrándole sucesos y anécdotas de San Giovanni Rotondo, irrumpió en la habitación el arzobispo de Milán. El cura Galbiani los presentó, pues no se conocían.

Interesado en la vida de los místicos, el arzobispo recabó detalles y circunstancias del capuchino. Al terminar la visita, pidió al comendador que transmitiese al Padre Pío su saludo cariñoso y el deseo de contar con su bendición para él y su archidiócesis.

...y una profecía en retorno 
Días después, el comendador cumplió diligente el encargo.

El Padre Pío le contestó:

-Mil gracias por el saludo y dile que cuente no con mi bendición, sino con una riada de bendiciones y de mis indignas oraciones.


Juan XXIII junto al cardenal Giovanni Battista Montini, futuro Pablo VI.

Tras una breve pausa, añadió:

-Escucha atentamente, Galletti: dile también a su excelencia que, cuando muera este Papa [Juan XXIII], él será su sucesor. ¿Te has enterado?

-Sí, Padre -asintió, perplejo, el comendador.

-¿Has entendido que debes decirle que él será el próximo Papa? -insistió el fraile.

-Perfectamente, Padre.

-Se lo advierto, porque debe preparase -concluyó.

Alberto Galletti guardó celosamente el secreto hasta la elección de Pablo VI, en junio de 1963.

La carta del cardenal Montini 
Tres años antes, el 20 de junio de 1960, el entonces arzobispo de Milán había enviado una cariñosa carta al Padre Pío cuya copia manuscrita de gran valor histórico exhumó hace ya casi cincuenta años su hijo espiritual Francisco Sánchez-Ventura, pero que ha pasado casi inadvertida hasta hoy. La epístola, junto a otros documentos desconocidos, ha formado parte de las investigaciones de José María Zavala en los archivos de San Giovanni Rotondo para escribir El Santo.

Escribía así Montini al Padre Pío, convencido de la santidad del capuchino, como también lo estuvo Wojtyla desde la primera vez que le visitó en San Giovanni Rotondo recién ordenado sacerdote, en 1948:



“Veneradísimo Padre: oigo decir que Vuestra Paternidad celebrará próximamente el quincuagésimo aniversario de su ordenación sacerdotal. Y, por lo tanto, también yo deseo expresarle, en el Señor, mis felicitaciones por las gracias inmensas que le ha conferido y que usted ha distribuido entre los demás.

»Ciertamente debemos repetir con alegría y agradecimiento a Dios por su bondad: 'Venid y escuchad, yo os contaré a los que teméis a Dios las grandes maravillas que ha obrado en mi alma'. De esta forma debe celebrarse el sacerdocio. ¡Y qué decir del suyo, colmado de dones y de fecundidad!

»Le manifiesto también mi deseo de que Cristo, el Señor, viva y se manifieste en la persona y en el ministerio de Vuestra Paternidad, de acuerdo con las mismas palabras de San Pablo: 'Que la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal'.

»Ya sé que reza usted por mí. Tengo una necesidad inmensa de sus oraciones. Le ruego por eso que encomiende al Señor siempre a esta diócesis con su muy afectísimo en Cristo devoto,

»G.B. Card. Montini, Arci.”

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martes, 10 de noviembre de 2015

¡Ay de mí! (Padre Pío)

¡Ay de mí!


Siento el vivísimo deseo, sin que casi nunca piense yo en procurarlo, de pasar todos los instantes de mi vida amando al Señor; quisiera estar estrechamente unido a él por una de sus manos y recorrer con alegría aquella vía dolorosa, en la que me ha puesto; pero lo digo también con tristeza en el corazón, con confusión en el ánimo y con rubor en el rostro, que mis deseos no se corresponden precisamente con la realidad.
Basta cualquier cosa para agitarme; basta que me olvide de las aseveraciones que usted me hace para arrojarme en la más densa noche del espíritu, que me hace sufrir día y noche. ¡Dios mío!, ¡padre mío!, ¡qué gran castigo me ha traído mi infidelidad del pasado!
Querría que mi mente no pensara más que en Jesús, que el corazón no palpitara más que por él solo y siempre, y todo esto se lo prometo repetidamente a Jesús. Pero, ¡ay de mí!, me doy perfecta cuenta de que la mente se olvida o, mejor dicho, se queda en la durísima prueba, bajo la cual está el espíritu; y el corazón no hace otra cosa que marchitarse en este dolor.
(6 de marzo de 1917, al Benedicto de San Marcos in Lamis – Ep. I, p. 872

lunes, 9 de noviembre de 2015

Este nombre divino es venerado (Padre Pío)

Este nombre divino es venerado


Y es solamente en virtud de semejante nombre que nosotros podemos esperar salvación, justo como los apóstoles lo declararon ante los judíos:«no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos».
El Padre eterno quiso sujetar todas las criaturas a él: «al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos». Según el apóstol, y así es. Jesús es adorado en el cielo: a este nombre divino, conmovidos por gratitud y amor, los bienaventurados en el cielo no terminan de repetir lo que el evangelista Juan vio en una visión: «Cantan – dice él – un cántico nuevo diciendo: Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos porque fuiste degollado y compraste para Dios con tu sangre».
Este nombre santísimo es venerado en la tierra, porque todas las gracias que pedimos en el nombre de Jesús, son plenamente concedidas por el Padre eterno: «Y todo lo que pidáis – nos dice el Maestro divino – en mi nombre, al Padre, yo lo haré». Este nombre divino es venerado, quien lo podría creer, también en el infierno: porque ese nombre es el terror de los demonios, que por él se encuentran vencidos y abatidos: «en mi nombre expulsarán demonios».
 (4 de noviembre de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 217)

domingo, 8 de noviembre de 2015

Toda tu vida (Padre Pío)

Toda tu vida


Toda tu vida se vaya gastando en la aceptación de la voluntad del Señor, en la oración, en el trabajo, en la humildad, en dar gracias al buen Dios. Si volvieras a sentir que la impaciencia se instala en ti, recurre inmediatamente a la oración; recuerda que estamos siempre en la presencia de Dios, al que debemos dar cuenta de cada una de nuestras acciones, buenas o malas. Sobre todo, dirige tu pensamiento a las humillaciones que el Hijo de Dios ha sufrido por nuestro amor. El pensamiento de los sufrimientos y de las humillaciones de Jesús quiero que sea el objeto ordinario de tus meditaciones. Si practicas esto, como estoy seguro que lo haces, en poco tiempo experimentarás sus frutos saludables. Una meditación así, bien hecha, te servirá de escudo para defenderte de la impaciencia, aunque el dulcísimo Jesús te mande trabajos, te ponga en alguna desolación, quiera hacer de ti un blanco de contradicción.
(6 de febrero de 1915, a Anita Rodote – Ep. III, p. 54)

sábado, 7 de noviembre de 2015

Toda alma destinada (Padre Pío)

Toda alma destinada


Toda alma destinada a la gloria eterna bien puede decirse una piedra destinada a levantar el edificio eterno. Un albañil que quiere levantar una casa tiene necesidad antes que nada de pulir las piedras que deben formar parte de la composición de la casa; y todo esto lo obtiene a golpes de martillo y de escalpelo. De la misma manera se comporta el Padre celestial con las almas elegidas, las que desde la eternidad fueron por la suma sabiduría y providencia destinadas a la composición del edificio eterno.
Por consiguiente el alma destinada a reinar con Jesucristo en la gloria eterna deber ser pulida a golpes de martillo y de escalpelo. Pero estos golpes de martillo y de escalpelo, del que se sirve el artista divino para preparar las piedras, es decir, el alma elegida, ¿cuáles son? Hermana mía, estos golpes de escalpelo son las sombras, los temores, las tentaciones, las aflicciones de espíritu, los temblores espirituales con algún aroma de desolación y también de malestar físico.
Agradece, por lo tanto, a la infinita piedad del Padre eterno, que así está tratando tu alma, porque destinada a la salvación.
(19 de mayo de 1914, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 87

viernes, 6 de noviembre de 2015

Levántate (Padre Pío)

Levántate


Levántate, pues, Señor, una vez más y líbrame ante todo de mí mismo; y no permitas que se pierda aquel a quien con tanto cuidado y urgencia has vuelto a llamar y has arrancado de un mundo que no es tuyo. Levántate, pues, Señor, una vez más y confirma en tu gracia a los que me has confiado; y no permitas que ninguno llegue a perderse abandonando el redil.
¡Oh Dios, oh Dios!... no permitas que se pierda tu heredad. ¡Oh Dios!, manifiéstate cada vez más a mi pobre corazón y completa en mí la obra que ya has comenzado.
Oigo en mi interior una voz que de continuo me grita: Santifícate y santifica. Pues, bien, mi queridísima,  yo lo quiero, pero no sé por dónde comenzar.
Ayúdame también tú; sé que Jesús te quiere mucho y tú lo mereces. Háblale, pues, de mí; que me conceda la gracia de ser un hijo menos indigno de san Francisco; que pueda ser ejemplo para mis hermanos, de modo que el fervor continúe siempre en mí y crezca cada día más, para hacer de mí un perfecto capuchino.
 (Noviembre de 1922, a las hermanas Campanile – Ep. III, p. 1005)

jueves, 5 de noviembre de 2015

La virtud de la paciencia (Padre Pío)

La virtud de la paciencia


La virtud de la paciencia es la que nos asegura, más que ninguna otra, la perfección; y, si conviene practicarla con los demás, hay que tenerla no menos con uno mismo. El que aspira al puro amor de Dios, no necesita tanto tener paciencia con los demás cuanto tenerla consigo mismo. Para conquistar la perfección, se necesita tolerar las propias imperfecciones. Digo tolerarlas con paciencia y no ya amarlas o acariciarlas. Con este sufrimiento crece la humildad. Para caminar siempre bien, es necesario, mi queridísimo hijo, aplicarse con diligencia a recorrer bien aquel trozo de camino que está más cerca y que es posible recorrer, hacer bien la primera jornada, y no perder el tiempo deseando hacer la última cuando todavía no se ha hecho la primera.
Muchísimas veces nos detenemos tanto en el deseo de ser ángeles del paraíso, que descuidamos ser buenos cristianos. Con esto no quiero decir o significar que no sea oportuno para el alma poner muy alto su deseo, pero sí que no se puede desear o pretender alcanzarlo en un día, porque esta pretensión y este deseo nos fatigarían demasiado y para nada. Nuestras imperfecciones, hijito mío, nos han de acompañar hasta la tumba. Es cierto que nosotros no podemos caminar sin tocar tierra; pero es verdad también que, si no nos tenemos que tumbar o mirar a otro lado, tampoco hay que pensar en volar, porque en las vías del espíritu somos como pequeños pollitos, a quienes todavía no les han salido las alas.
(25 de noviembre de 1917, a Luis Bozzuto – Ep. IV, p. 403)

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Debes saber (Padre Pío)

Debes saber


Debes saber, hijita, que la caridad tiene tres elementos: el amor a Dios, el afecto a sí mismo y la caridad hacia el prójimo; y mis pobres enseñanzas te ponen en el camino de practicar todo esto.
a) Durante el día, pon con frecuencia todo tu corazón, tu espíritu y tu pensamiento en Dios con una gran confianza; y dile con el profeta real:«Señor yo soy tuya, sálvame». No te detengas mucho a considerar qué tipo de oración te da Dios, sino sigue sencilla y humildemente su gracia en el afecto que debes tenerte a ti misma.
b) Aunque sin detenerte con soberbia, ten bien abiertos los ojos sobre tus malas inclinaciones para erradicarlas. No te asustes nunca al verte miserable y llena de malos estados de ánimo; céntrate en tu corazón con un gran deseo de perfeccionarlo. Procura enderezarlo dulce y caritativamente cuando tropiece. Sobre todo, esfuérzate con todas tus fuerzas por fortalecer la parte superior del alma, no entreteniéndote en sentimientos y consuelos, pero sí en las decisiones, propósitos y aspiraciones, que la fe, el guía y la razón te inspiren.
(11 de junio de 1918, a Herminia Gargani – Ep. III, p. 735)

martes, 3 de noviembre de 2015

Si es deseo de Dios (Padre Pío)

Si es deseo de Dios


Si es deseo de Dios que a los aromas espirituales también agregue los corporales, ¿no te basta para hacerte lo más posible feliz en este valle de exilio?
¿Y qué otra cosa se puede desear fuera de la voluntad de Dios? ¿Qué otra cosa puede clamar un alma consagrada a él? ¿Qué deseas tú, pues, si no que los designios divinos se cumplan en ti? Ánimo, entonces, y siempre adelante en los caminos del amor divino, estando segura que cuanto más tu voluntad se vaya unificando y uniformándose a la de Dios, tanto más crecerá en perfección.
Tengamos siempre presente que acá en la tierra es un lugar de combate y que en el paraíso se recibirá la corona. Porque acá es el lugar de la prueba y el premio se recibirá allá arriba. Porque acá estamos en la tierra de exilio y nuestra patria verdadera es el cielo y es necesario aspirar continuamente hacia ella. Habitemos, por ello, Raffaelina, con la fe viva, con la esperanza firme y con el ardiente afecto en el cielo, con el vivísimo deseo mientras estemos de camino, para poder un día, cuando le agrade a Dios, habitar con toda la persona.
 (24 de junio de 1915, a Raffaelina Cerase – Ep. II, p. 452

lunes, 2 de noviembre de 2015

Hace unos pocos días (Padre Pío)

Hace unos pocos días


Hace unos pocos días yo pensaba en lo que algunos dicen de las gaviotas, pequeñas aves, que hacen sus nidos en la playa del mar. Construyen sus nidos de forma redonda y se comprende que el agua del mar no puede entrar en ellos. En la parte superior del nido hay una abertura, por la que pueden recibir el aire. Ahí las gaviotas alojan a sus crías, que pueden nadar con seguridad y flotar sobre las olas sin llenarse de agua ni sumergirse. El aire que se respira por la abertura sirve de contrapeso y de balanza, de tal forma que los pequeños remolinos nunca terminan por volcar el nido.
Mis queridísimos hijos, ¡cómo deseo que vuestros corazones sean de tal forma que, por los lados, estén bien cerrados, para que, si los golpes y las tempestades del mundo, de la carne y del demonio os sorprenden, no logren penetrar dentro; y que no haya otra abertura que la de la parte del cielo, para aspirar y respirar a nuestro Señor Jesús.
Y este nido, hijos, ¿para quién estaría hecho si no para los polluelos de aquél que lo ha hecho todo por amor de Dios, llevado por sus inclinaciones divinas y celestes? Pero mientras las gaviotas construyen sus nidos y sus polluelos son todavía demasiado tiernos para soportar los golpes de las olas, Dios cuida y se compadece de ellos, impidiendo al mar que los sumerja.
 (18 de enero de 1918, a los novicios – Ep. IV, p. 366)

viernes, 30 de octubre de 2015

Camina siempre (Padre Pío)

Camina siempre


Camina siempre, mi buena hija, al mismo paso, y no te inquietes si éste te parece lento; si tu intención es buena y decidida, no cabe más que caminar bien. No, mi queridísima hija, para el ejercicio de las virtudes no es necesario estar siempre, y de forma expresa, atenta a todas; esto sin duda enredaría y complicaría demasiado tus pensamientos y tus afectos.
En resumen, puedes y debes estar tranquila, porque el Señor está contigo y es él el que obra en ti. ¡No temas por encontrarte en la barca en la que él duerme y te deja! Abandónate totalmente en los brazos de la divina bondad de nuestro Padre del cielo y no temas, porque tu temor sería tan ridículo como el que pueda sentir un niño en el regazo materno.
 (18 de mayo de 1918, a María Gargani – Ep. III, p. 

miércoles, 28 de octubre de 2015

No te deben atemorizar (Padre Pío)

No te deben atemorizar


No te deben atemorizar las innumerables tentaciones que te asaltan de continuo, pues el Espíritu Santo anuncia al alma devota que, si se decide a avanzar por los caminos de Dios, debe disponerse y prepararse para la tentación. Por eso, ¡ánimo!, que la prueba cierta e infalible de la elección de un alma para su perfección es la tentación, en la que la pobrecita será puesta como signo de contradicción en medio de la tempestad. Que nos anime a soportar la dificultad la vida de todos los santos, que no estuvieron libres de esta prueba.
La tentación no respeta a ningún elegido. Ni siquiera respetó al apóstol de las gentes, que, después de haber sido arrebatado en vida al paraíso, fue tal la prueba a la que se vio sometido, que satanás llegó a abofetearlo. ¡Dios mío!, ¡¿quién podrá leer aquellas páginas sin sentir que se le hiela la sangre en las venas?! ¡Cuántas lágrimas, cuántos suspiros, cuántos gemidos, cuántas súplicas, no elevaba este santo apóstol, pidiendo al Señor que retirara de él esta dolorosísima prueba! ¿Y cuál fue la respuesta de Jesús? No otra sino ésta: «Te basta mi gracia... », «la virtud se perfecciona en la enfermedad, en la prueba».
 (4 de septiembre de 1916, a María Gargani – Ep. III, p. 241)

Rugidos y susurros… (Padre Pío)

Rugidos y susurros…


La escucha, es la clave importante de cualquier relación. Y no se refiere sólo al sentido del oído: ¡se escucha con la mirada, con los ojos, con los gestos y movimientos de nuestro cuerpo, y de manera especial con el corazón! En una palabra es un arte, y como cualquier arte hay que aprenderlo, practicarlo y cada uno le tiene que dar su estilo propio, su color, su profundidad y su belleza. San Pablo nos recuerda que la misma fe no puede no nacer que de la escucha: “La fe, por lo tanto, nace de la predicación” (Rm 10,17), y entre las palabras más recurrentes del Antiguo Testamento está exactamente: “escucha ... Israel”. Dios mismo, el Altísimo, se le invoca con apremiantes peticiones para que escuche las oraciones de sus hijos (cit. Ex 2,23) y Él mismo viene definido como “Aquél que escucha el grito de su pueblo” (Ex 2,24). Jesús compara a los “suyos” con ovejas que escuchan la voz del pastor (cit. Jn 10,27) y finalmente la Iglesia, es decir, nosotros, es precisamente la comunidad que escucha al Espíritu (cit. Ap 2,7.11.17; 3,6.13) y su Palabra (cit. Hch 15,7;28,28).

Se dice, y es absolutamente verdad, que vivimos en la sociedad de la imagen, y no es ninguna contradicción afirmar que tenemos que escuchar también las imágenes y los sonidos que las definen, las comentan y las exaltan.

El 10 de diciembre pasado, en su mensaje del Día Mundial contra el hambre en el mundo, organizado por Caritas internationalis, el Papa Francisco, con fuerza y con pasión, nos ha recordado que en este nuestro tiempo, orgulloso por las muchas metas tecnológicas científicas y sociales alcanzadas, se levanta enérgico el “rugido de los pobres”, y son muchos todavía los que no sólo no pueden sentarse en el banquete del bienestar sino que además ni siquiera recogen las migajas.

El vaso de las sociedades opulentas que, una vez lleno tendría que de por sí solo derramarse sobre todos, inexplicablemene se vuelve cada vez más grande y espacioso y ni siquiera una gota corre sobre los muchos desiertos que contrariamente aumentan.

Inicia un nuevo año que deseamos que sea para todos portador de una mayor serenidad, bienestar, justicia y superación de los muchos desequilibrios que contrastan nuestro siempre fascinante “planeta azul”.

Tenemos, por lo tanto, que intentar empezar con la escucha: el rugido de los pobres y el susurro de Dios; a menudo repetía el Padre Pío que sentía que se le despedazaba el corazón y el alma sólo pensando en las muchas miserias materiales y espirituales que los hombres vaciaban en su confesonario. Las escuchaba, las recordaba, se las presentaba al Señor y encontraba respuestas concretas y eficaces. Su oído, sin embargo, se había vuelto sensible y atento al rumor de las grandes aguas de los corazones de los hombres, exactamente y sólo porque no se paraba de inclinarlo constantemente al susurro de Dios.

Un tiempo nuevo, entonces para que respondamos también nosostros, cada uno come sabe y puede a aquellos “rugidos” y al susurro “Suyo”.  

Fr. Mariano Di Vito, OFM Cap.
La voz del Padre Pío n.1, 2014

domingo, 25 de octubre de 2015

¡Quiera el Señor! (Padre Pío)

¡Quiera el Señor!


Quiera el Señor, fuente de toda vida, no negarme esta agua tan dulce y tan preciosa, que él, en la exuberancia de su amor a los hombres, prometió a quien tiene sed de ella. Yo, padre mío, deseo ardientemente esta agua; se la pido a Jesús con lamentos y suspiros continuos. Pídale también usted que no me la oculte; dígale, padre, que él conoce la gran necesidad que tengo de esta agua, la única que puede curar a un alma herida de amor.
Consuele este tiernísimo esposo del Cantar de los Cantares a un alma que tiene sed de él; y la consuele con aquel mismo beso que le pedía la sagrada esposa. Dígale que, hasta que un alma no haya llegado a recibir ese beso, no podrá nunca firmar con él un pacto en estos términos: «Yo soy todo para mi amado y mi amado es todo para mí».
¡Quiera el Señor no abandonar a quien ha puesto sólo en él toda su confianza! ¡Ah!, que esta esperanza mía no quede nunca defraudada, y que yo le sea siempre fiel…
(10 de octubre de 1915, al P. Agustín de San Marco in Lamis – Ep. I, p. 666)

viernes, 23 de octubre de 2015

Las almas más afligidas (Padre Pío)

Las almas más afligidas


Las almas más afligidas son las predilectas del divino Corazón; y tú ten la certeza de que Jesús eligió tu alma para ser la benjamina de su Corazón adorable.
En este Corazón tú debes esconderte; en este Corazón tú debes desahogar tus deseos; en este Corazón debes vivir también los días que la providencia te conceda; en este Corazón debes morir, cuando el Señor así lo quiera. En este Corazón yo te he vuelto a poner; en este Corazón, pues, tú debes vivir, ser y moverte.