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martes, 1 de agosto de 2017

Lección de historia (.Ignacio Gómez de Liaño)

 Lección de historia.

IGNACIO GÓMEZ DE LIAÑO (filósofo y escritor).

El siglo XX ha sido el más sanguinario de la humanidad”, dice el sociólogo Pitirim Sorokin. Las pruebas más obvias de esa marea de sangre son las dos guerras mundiales y toda su comitiva de millones de personas asesinadas en virtud de ideologías —el comunismo leninista-estalinista o maoísta, el nacional-socialismo, los más variados populismos, el fundamentalismo islámico—, que si algo demuestran es su capacidad para envenenar las conciencias hasta el extremo de que los condenados por tener opiniones diferentes de las del jefe político suscriban la sentencia que les lleva al cadalso, como se vio en los juicios de Moscú de 1938, iniciados por Stalin y su fiscal Vichinsky contra los que acompañaron a Lenin en la formación del Partido Comunista. Ante la acusación de “desviacionismo”, el ideólogo N. I. Bujarin confesó, antes de ser ejecutado: “Me arrodillo ante el país, ante el Partido, ante todo el pueblo. La monstruosidad de mis crímenes es inconmensurable”.
¿Cómo explicar que se llegue a aceptar la muerte porque así lo decide el representante de la “verdad orgánica”? Hannah Arendt da en el clavo cuando dice: “El propósito de la educación totalitaria nunca ha sido infundir convicciones, sino destruir la capacidad para formar alguna”. Cuando se pierde la capacidad de tener convicciones propias, las “verdades” enarboladas por los vicarios de la Ideología se hacen inconmovibles, con el corolario de que los creyentes de esa clase de verdades lleguen a justificar la sentencia que les lleva al patíbulo. El sociólogo argentino José Enrique Miguens acierta a explicar fenómenos como el ejemplificado por Bujarin, cuando dice: “Destruidas la experiencia y el contacto vital con la realidad, se nos puede hacer creer cualquier cosa”. Incluso que el Partido pase a ocupar “en las conciencias el lugar de la divinidad”, según quería el comunista Antonio Gramsci.
En este aspecto los nacionalismos nada tienen que envidiar al comunismo. Nada combaten más que la discrepancia. A lo que el político nacionalista aspira es a que la sociedad sea una masa moldeable. Con vistas a ese fin pone toda su inventiva en fabricar un gegentypus o contratipo que les sirve para encarrilar los odios. En esto todos los nacionalismos se parecen, como se ve en el caso del catalán. Si para el hitleriano el gegentypus era el “judío maléfico”, el nacionalista catalán endosa ese papel al “español”, un ser igualmente “maléfico” que se dedica a robar al pobre catalán. Lo grotesco de estas ideologías delirantes, con todo su juego de buenos y malos, superiores e inferiores, y otras dicotomías simplificadoras, no les quita un ápice de su capacidad para arrasar los valores morales y hacer imposible la buena conducción de la cosa pública, lo que por otro lado los políticos nacionalistas resuelven achacando al otro maléfico los males generados por ellos mismos, y difundiendo la pueril idea de que basta la receta del “sentimiento nacional” para resolver todos los problemas.
En Alemania o Francia no podrían existir partidos como CiU, ERC, Esquerra, Bildu o PNV
En España hay sobrados ejemplos, sobre todo en estos últimos 40 años, de cómo el veneno del nacionalismo catalán y vasco, para sólo mencionar a los más relevantes, ha sido capaz de reducir las conciencias hasta el punto de que no pocos españoles, empezando por sus dirigentes, rehúyan llamarse españoles, guarden silencio cuando se les sustraen derechos fundamentales y renuncien al uso de topónimos utilizados durante siglos (Lérida, Gerona, La Coruña, etcétera) y de otras muchas palabras a fin de sacrificarlas en las aras del nacionalismo antiespañol.
Algo está mal hecho en un Estado cuando no salvaguarda derechos fundamentales. ¿No sería una aberración que se aceptase como legal un partido que pretendiese quitar a los ciudadanos derechos fundamentales sólo por ser de las razas amarilla y negra? ¿Cómo se puede aceptar entonces que el Estado admita partidos que se proponen quitar al conjunto de los ciudadanos su derecho de soberanía sobre el territorio cuando ninguna parte de ese Estado ha tenido el menor atisbo de situación colonial? Un Estado así constituido no puede ser un verdadero Estado de derecho ni una verdadera democracia. Cuando en un país o nación son legales partidos cuyo objetivo es la destrucción de ese país o nación, está claro que el Estado está mal constituido.
Que las naciones democráticas más representativas del entorno español han adoptado medidas drásticas para proteger su supervivencia frente a la acción de partidos contrarios a la misma se ve con sólo examinar el ordenamiento legal de Alemania y Francia. En virtud del artículo 9 de la Ley Fundamental de la República Federal de Alemania, “quedan prohibidas las asociaciones que se dirigen contra el orden constitucional”; en virtud del 18 se desposeerá de sus derechos fundamentales a todo aquél que combata “el orden constitucional liberal y democrático”. Y por si el sentido de esos artículos no quedase claro, el 21 establece que “son inconstitucionales los partidos que, según sus fines o según el comportamiento de sus adherentes, tiendan a trastornar o a poner en peligro la existencia de la República Federal de Alemania”. Más claro, imposible.
Algunas democracias han adoptado medidas drásticas para defender su supervivencia
En esa línea van otros muchos artículos, de los que sólo voy a transcribir el 5, según el cual “la libertad de la enseñanza no dispensa de la fidelidad a la Constitución”, y el 7, que establece que “el conjunto de la enseñanza escolar está bajo el control del Estado”. En este punto converge la Constitución italiana: “La República fija las reglas generales relativas a la instrucción y crea escuelas estatales de todos los órdenes y grados” (Artículo 33). Nada puede ser más contrario a estas sensatas líneas de pensamiento político que el ordenamiento educativo español, con la consecuencia catastrófica de haber creado 17 sistemas de enseñanza pública y con ellos la base a otras tantas nacionalidades, que no son sino la pantalla protectora de las oligarquías regionales.
La Constitución francesa es todavía más tajante respecto a la unidad y soberanía nacional. El artículo 3 establece que “ninguna parte del pueblo ni ningún individuo pueden atribuirse el ejercicio de la soberanía”, y el 4, que “los partidos y agrupaciones políticas deben respetar los principios de la soberanía nacional”. Un referéndum como el proyectado por los partidos nacionalistas catalanes, con el presidente de la Generalitat a la cabeza, para la secesión de Cataluña es algo inconcebible en Francia o en Alemania. Su ordenamiento constitucional lo hace inviable. Tampoco le vendría mal a España la prudente medida que adopta la Constitución italiana, cuando, al tratar del presidente de la República, le otorga el poder de disolver por decreto los consejos regionales (equivalentes de los gobiernos autónomos) “cuando han llevado a cabo actos contrarios a la Constitución” (Artículo 126).
Los artículos antes citados dejan bien claro que ni en Alemania ni en Francia podrían existir partidos como el PNV, Bildu, CiU, ERC, ni ningún otro que promoviese la secesión de una parte del territorio o la utilización de la enseñanza y medios de comunicación públicos para atacar derechos fundamentales del conjunto de los ciudadanos, como el de la soberanía nacional o el del uso de la lengua oficial del Estado. Lo más sorprendente es que España haya podido mantener su integridad nacional con una Constitución que, de haber estado en vigor en Alemania, Francia o Italia, habría llevado a esos países al desmoronamiento. Piénsese que Francia tiene, además de su País Vasco y su Cataluña, regiones que, como Córcega, Bretaña, Normandía, Alsacia, Lorena, Borgoña, Saboya, etcétera, son terreno históricamente abonado para la eclosión de partidos nacionalistas regionales secesionistas. Y no hablemos de Alemania e Italia, naciones compuestas de numerosos Estados que han sido independientes y soberanos durante siglos, circunstancia que nada tiene que ver con Cataluña y las Vascongadas, regiones que nunca fueron Estados independientes y soberanos, sino parte, en un caso del reino de Aragón y, en el otro, del reino de Castilla, los cuales siempre se consideraron parte de España.



viernes, 17 de marzo de 2017

Así fue como un joven Wojtyla se libró «milagrosamente» de Stalin, que mató a todos sus compañeros 17032017

Así fue como un joven Wojtyla se libró «milagrosamente» de Stalin, que mató a todos sus compañeros

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17 marzo 2017
Así fue como un joven Wojtyla se libró «milagrosamente» de Stalin, que mató a todos sus compañeros
El que fuera más tarde Papa y santo fue el único de sus compañeros que sobrevivió
En 1945 ocurrió un suceso relacionado con Juan Pablo II muy poco conocido hasta ahora en el que pudo salvar la vida tras haber estado escondido en una mina algo que no sucedió con ninguno de los seminaristas que estaban junto a él, que murieron en Siberia por decisión del régimen soviético de Stalin.

ABC recoge la información proporcionada por dos historiadores especializados en esta época, Jesús Hernández, responsable del blog ¡Es la guerra! y el Pere Cardona, autor del blog HistoriasSegundaGuerraMundial:

En aquel tiempo, Polonia vivía oprimida por el ejército soviético. Y es que, los mismos soldados que habían liberado al país de los nazis se dedicaban entonces a deportar y acabar con la vida de todo aquel que fuera contrario al régimen rojo. Para su desgracia, en ese grupo entraban precisamente una serie de seminaristas entre los que se encontraba un joven Karol Wojtyla. Por suerte, el futuro Papa logró escapar de la muerte gracias a que un oficial soviético intercedió por él.

Para hallar el origen de este suceso hay que retrotraerse en el tiempo hasta el año 1945. Por entonces la vida no era sencilla en Cracovia (Polonia), donde residía un joven de apenas 25 años llamados Karol Wojtyla.

En aquella ciudad, todavía en poder de los nazis, el futuro papa se veía obligado a esconder su interés por el sacerdocio. Y es que, los germanos solían mirar recelosos a los seminaristas. Así se explica en la obra «Los grandes personajes de la historia» (editada por «Plaza y Janés»), donde se especifica que Wojtyla andaba con pies de plomo a la hora de demostrar cuál era su culto: «Los obispos polacos habían organizado un seminario clandestino e itinerante en el que Karol ingresó y permaneció durante toda la guerra».



Según fueron pasando los meses, los polacos se resignaron a esperar la liberación de Cracovia por parte de los aliados. La desgracia fue que el ejército que llegó empujando a las fuerzas alemanas desde el frente de Stalingrado fue el soviético. El mismo que -según se desveló hace algunos meses- violaría posteriormente a un millón de germanas cuando entró en Berlín. Y un contingente que no destacaba, precisamente, por su tolerancia.

El 17 de enero de ese mismo año el Ejército Rojo entró en Cracovia con el objetivo de liberarla. Los combates con las pequeñas fuerzas de resistencia alemanas se generalizaron en algunas partes de la ciudad. Y en uno de ellos, precisamente, se vio involucrado (sin pretenderlo) Karol. Así lo afirma Laureano J. Benítez Grande en su obra Juan Pablo II: Vida y obra del Papa polaco a partir de sus testimonios, donde afirma que -aquella jornada- el religioso se encontraba escondido en una mina de piedra de la empresa Solay. Un emplazamiento en el que, para su desgracia, había un pequeño retén de fuerzas nazis.

A pesar de que la situación podría haber acabado en desastre, los prisioneros fueron rápidamente liberados por los soviéticos. Y es que, sabedores de que no podían ofrecer una resistencia prolongada, los alemanes se limitaron a rendirse. Debieron pensar que no recibir un disparo en la mollera de un fusil soviético Mossin-Nagant bien valía renegar del «Führer». Después de que los germanos se marchasen con el rabo entre las piernas, los prisioneros polacos salieron exultantes. Entre ellos, varios seminaristas entre los que se encontraba Karol Wojtyla.

Así recordaba en 2008 aquel hecho Vasily Sirotenko (un universitario que, antes de ser enviado a liberar Cracovia como oficial, estudiaba el último curso de Historia). «También allí los alemanes se rindieron y escaparon casi inmediatamente. Los obreros polacos se habían escondido. Cuando llegamos, comenzamos a gritar: “¡Sois libres!, ¡salid, salid!, ¡estáis libres! Cuando los contamos eran ochenta». Poco después, el oficial descubrió que 18 de ellos eran seminaristas. Una mala noticia para Karol ya que, si los nazis se fiaban poco de los religiosos, los hombres de Stalin todavía menos.


Finalmente, aquel joven seminarista se acabaría convirtiendo en Papa, el primer Pontífice polaco

Una extraña relación
A partir de ese momento, los seminaristas fueron vistos con malos ojos por el Ejército Rojo. Todos, salvo uno: Karol Wojtyla. Y es que, él tuvo la suerte de ser necesario para Sirotenko. ¿La razón? Que el oficial soviético había recogido a lo largo de su periplo desde la URSS una gran cantidad de libros sobre el Imperio romano, pero estaban en latín y necesitaba que se los tradujesen.

Desesperado, preguntó por alguien que supiese idiomas... y ese fue el futuro papa. «Llamé a un seminarista y le pregunté si era capaz de traducir del latín y del italiano. Me dijo que tenía un compañero muy inteligente y capaz para los idiomas, un tal Karol Wojtyla. Entonces di la orden de encontrar a ese tal Karol», explicó el militar.

Según señala Pedro Beteta López en su libro Recordando a Juan Pablo II, los soldados soviéticos no tardaron en presentar a Karol a Sirotenko. Y este último se sintió todavía más congratulado cuando el chico le confirmó que no solo podía traducirle los textos del latín al polaco, sino directamente al ruso. «En efecto, Karol sabía ruso porque su madre era de ascendencia rusa y hablaba con ella en ruso también. Maravillado, le llevó con él», destaca el experto en la susodicha obra.

Karol, que fue definido por Sirotenko como «un jovenzuelo alto de cabellos rubios y ojos azules», entabló rápidamente amistad con el soviético. La relación era peligrosa pues, como afirma Cardona en su blog, era ampliamente conocido el trato que daba Stalin a los seminaristas.

Pero el oficial no se amedrentó y defendió al futuro Papa Juan Pablo II incluso cuando los soviéticos comenzaron a deportar a Siberia a todos aquellos polacos de los que recelaban (y entre los que, por descontado, se encontraban los 17 religiosos restantes de la cantera). «Todo el grupo de seminaristas fue conducido hasta Siberia, de donde no regresaron. Todos excepto Karol, que salvó la vida gracias a su amigo», sentencia el divulgador histórico en «HistoriasSegundaGuerraMundial».
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miércoles, 9 de noviembre de 2016

La increíble historia de cómo apareció la Virgen de la Almudena tras siglos oculta en la muralla 09112016

Es patrona de Madrid y su fiesta es el 9 de noviembre
La increíble historia de cómo apareció la Virgen de la Almudena tras siglos oculta en la muralla
La increíble historia de cómo apareció la Virgen de la Almudena tras siglos oculta en la muralla
Imagen de la Virgen de la Almudena en la catedral de Madrid
Actualizado 2 noviembre 2016
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J.L. / Cari Filii
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El próximo miércoles 9 de noviembre se celebra la festividad de la Virgen de la Almudena, patrona de la ciudad de Madrid. La tradición y lo recogido por los historiadores ponen de manifiesto la bella historia de esta advocación mariana cuyo nombre lleva la catedral de la capital del Reino de España.

La tradición cuenta que a comienzos del siglo VIII ante la llegada inminente de los musulmanes para invadir la entonces pequeña villa, los cristianos intentaron proteger por todos los medios que la imagen de la Virgen que veneraban, a la que entonces llamaban ‘Santa María de la Vega’, y la escondieron un cubo de la muralla para que así no fuera descubierta por los musulmanes.

Más de tres siglos oculta
Sobre este suceso escribió el historiador y cronista de Madrid, Jerónimo de la Quintana (1570-1644) cuando dejó constancia que “es tradición antiquísima que la milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Almudena fue la principal que se adoró en Madrid, traída a ella de Jerusalén por el apóstol Santiago. En la perdida de España la escondieron las fieles de esta villa en uno de los cubos de la muralla, donde estuvo 376 años”.

Y es que una leyenda muy extendida afirma que el apóstol trajo consigo la talla de la Virgen y que ésta habría sido pintada por San Lucas y tallada por Nicodemus.

Más de tres siglos después la imagen fue descubierta una vez que los cristianos reconquistaron Magerit (Madrid) apareciendo la Virgen de manera prodigiosa. Tras reconquistar la villa en 1085 el Rey Alfonso VI estaba empeñado en recuperar la talla de María para poder venerarla pues sabía que estaba escondida en la muralla pero nadie recordaba el lugar exacto.

Dibujo que muestra la aparición de la Virgen de la Almudena
Dibujo que muestra la aparición de la Virgen en la muralla

La aparición de la Virgen en la muralla
Así lo cuenta Jesús Junquera Prats, que fuera secretario y archivero del Cabildo de la Catedral de Madrid:

“El Rey Alfonso VI, en su afán por encontrar la imagen primitiva, organizó una procesión encabezada por su real persona, el clero, la nobleza y el pueblo de Madrid en torno a la muralla, rogando a Dios para que apareciera la Imagen, y al pasar la comitiva ante un cubo de la muralla dedicado a ‘almudith’ (depósito de trigo que los moros llaman ‘almud’, medida), cayeron varias piedras quedando al descubierto el hueco donde se hallaba la imagen de la Virgen, llamada desde entonces de la Almudena, comprobándose con asombro que las dos velas continuaban encendidas, después de tres siglos, por lo que la Imagen tiene la cara morena”.

Aquel día era el 9 de noviembre de 1085 siendo Papa Gregorio VII y todos los fieles allí presentes, monarca incluido, quedaron admirados sobre cómo cayeron las piedras de la muralla y por el hecho de que los cirios siguieran encendidos tras más de 300 años

El lugar exacto contiene una imagen de la Almudena
El lugar exacto en el que la Virgen estuvo oculta durante siglos contiene actualmente una imagen de la Virgen de la Almudena y una inscripción que puede ser vista por todos los viandantes.


Este es lugar exacto en el que estuvo oculta la imagen de la Virgen

Qué pasó con la talla original
La talla original hallada en la muralla no se conserva y se cree que fue víctima de un incendio. La propia catedral de La Almudena informa que la imagen actual “es de madera de pino dorada y policromada, y sostiene al Niño en sus brazos y data seguramente de fines del siglo XV o principios del XVI, fue realizada por un escultor relacionado con el maestro Diego Copín de Toledo o por el mismo tal y como afirmaron José Manuel Azcárate y  Francisco Portela; sustituyó a la anterior que aparece citada en algunas crónicas y cuya imagen es probablemente la que aparece pintada en el arcón de San Isidro que se encuentra en la Capilla de la Catedral dedicada a San Isidro, y que podría haber sustituido a una primitiva que se habría quemado en tiempos de Enrique IV (1425-1474)”.