La FIAMC, la veterana y prestigiosa asociación internacional que nació en 1966, tiene sede en el Vaticano y reúne a las asociaciones de médicos católicos de todo el mundo, ha expresado su "preocupación" por el hecho de que la Academia Pontificia de la Vida haya designado como uno de sus miembros a la economista Mariana Mazzucato.
En una nota breve firmada por su junta directiva, la FIAMC recuerda que Mazzucato "ha expresado abiertamente en los medios sus visiones favorables al aborto provocado" y ha recordado que según los estatutos de 2016 de la Pontificia Academia de la Vida, los miembros se seleccionan entre quienes han demostrado "fiel servicio en la defensa y la promoción del derecho a la vida" y que estos miembros deben "promover y defender los principios del valor de la vida y la dignidad de la persona humana, interpretados de una forma que se conformen según el Magisterio de la Iglesia".
Un ex-presidente de la FIAMC ya se quejó antes
La nota llega un par de días después de que el doctor Josep Maria Simón Castellví, de Barcelona, que fue presidente de esta entidad de 2006 a 2014, publicara una nota, muy difundida, con el título "Academia para la Vida: ¡No me puedo callar más!"
En ella denunciaba que en la Academia, en años recientes, "bajo la actual presidencia se expulsó a todos los académicos y posteriormente se nombró a los nuevos, incluidos algunos de los antiguos. Era como un nuevo comienzo, con los riesgos que supone para un investigador la inseguridad de su expulsión cuando quiera el presidente. Alguien convenció al Santo Padre de ello. Así, se nombraron y se siguen nombrando académicos abortistas, defensores de la eutanasia en algún grado o detractores de la Humanae vitae, justo lo contrario de lo que deseaba Juan Pablo II y de lo que es razonable para el bien de la Iglesia peregrinante en esta tierra. Y se dejó de lado a valiosos científicos defensores de la Vida".
El artículo de Castellví no concretaba ningún nombre de esos "abortistas" o "defensores de la eutanasia". La nota de la FIAMC solo menciona a Mariana Mazzucato.
Mazzucato, por ejemplo, se manifestó por Twitter a favor del aborto cuando el caso Roe v. Wade fue anulado por el Tribunal Supremo de Estados Unidos.
La Pontificia Academia respondió, pero no a lo que se le decía
Ante el revuelo causado, pero antes de difundirse la nota de la FIAMC, la oficina de comunicación de la Pontificia Academia para la Vida envió una nota a periodistas con comentarios del arzobispo Vincenzo Paglia, presidente y canciller de la Pontificia Academia para la Vida, defendiendo los nombramientos.
Vincenzo Paglia preside la Pontificia Academia de la Vida: ha defendido los nombramientos, pero los médicos católicos de la FIAMC le señalan que violan los estatutos de 2016 de la Academia. Los estatutos permiten miembros de otras religiones, pero que defiendan la vida.
Paglia defendía que los miembros vienen "de diferentes contextos, para un constante y fructífero diálogo interdisciplinar, intercultural e interreligioso", y que por eso entre ellos hay "dos rabinos, un académico sintoísta, musulmanes, un teólogo anglicano", y que "la Academia Pontificia para la Vida es un organismo de estudio e investigación. Por lo tanto, el debate y el diálogo tienen lugar entre personas de diferentes orígenes".
El comunicado de prensa detallaba que los documentos de la Pontificia Academia para la Vida pueden ser vetados por Doctrina de la Fe. En cuanto a los nombramientos, "los hace el Papa", después de una consulta a los Nuncios y los obispos de los países implicados: "ocurrió en este caso y no hubo problemas".
Pero el hecho es que la asociación mundial de médicos católicos no sólo ve problemas, sino que señala que el nombramiento viola los propios estatutos, que efectivamente permiten miembros de cualquier religión, pero que sean claramente defensores de la vida y la dignidad humana.
Publicamos a continuación la nota completa de la FIAMC
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Declaración sobre el reciente nombramiento de la Pontificia Academia de la Vida
(traducción desde el inglés por ReL)
La Federación Mundial de Asociaciones Médicas Católicas (FIAMC) expresa su preocupación por el reciente nombramiento de la economista italo-americana del University College London, Mariana Mazzucato, para servir durante 5 años con la Pontificia Academia de la Vida. Por desgracia, la profesora Mazzucato ha expresado abiertamente en los medios sus visiones favorables al aborto inducido.
La Federación Mundial de Asociaciones Médicas Católicas reconoce que, de acuerdo con los nuevos estatutos de 2016 de la Academia, "los académicos se seleccionan, independientemente de su religión", en base a sus "calificaciones académicas, integridad profesional probada, experiencia profesional y fiel servicio en la defensa y la promoción del derecho a la vida de cada persona humana".
La Federación Mundial recuerdan también que los nuevos estatutos de la Academia Pontificia requieren que los miembros estén conformes a la enseñanza de la Iglesia. Los miembros de la Academia deberían "promover y defender los principios del valor de la vida y la dignidad de la persona humana, interpretados de una forma que se conformen según el Magisterio de la Iglesia". Un académico puede ver revocada su membresía "en el caso de una acción pública y deliberada o una declaración manifiestamente contraria a [dichos] principios, o seriamente ofensiva contra la dignidad y credibilidad de la Iglesia Católica y la Academia misma".
Prof. Dr. Bernard Ars Presidente de la FIAMC
Prof. Dr. John Lane Vicepresidente
Prof. Dr. José Diego Ferreira Martins Secretario General
El año 2021 ha sido el año en que cambió la profesión médica en España.
Antes, desde Hipócrates, ser médico significaba curar, o al menos cuidar, o al menos no dañar. Con la legalización en España de la eutanasia (202 votos frente a 141; excepto Vox, PP y UPN todos los partidos son eutanasistas), ahora ser médico pasa a ser otra cosa: alguien que a veces cuida y a veces mata.
En sus primeros seis meses, al menos 50 personas en España han sido eliminadas por médicos según este procedimiento.
Controles ¿estrictos?... en el año de Dopesick
Se repite que se hace "con todas las garantías" y "con mucho control". Pero 2021 también ha sido el año en que ha triunfado la teleserie Dopesick, que explica el caso real de la epidemia de opiáceos en EEUU, con médicos repartiendo drogas, millones de adictos y el fallo sistemático y repetido de los controles, durante décadas.
Después de ver Dopesick, uno desconfía cuando las administraciones autonómicas y los comités de eutanasia españoles hablan de "estrictos controles".
También cabe desconfiar del eslogan repetido de que los eutanasiados mueren "en paz". ¿Qué inyección letal se les aplica? Parece que son "relajantes musculares" como los que se usan en la inyección letal a condenados a muerte en EEUU.
Pero el doctor Joel Zivot señala que este veneno es en realidad un paralizante. Autopsias a estos ejecutados muestran que murieron con los pulmones llenos de líquido, es decir, conscientes, paralizados, se ahogaban en su propia saliva hasta que no podían respirar más. Precisamente por estar paralizados no podían quejarse ni expresarlo. "Una forma angustiante de morir", detalla Zivot en The Spectator. ¿Quién asegura que no ha sido así con los 50 eutanasiados de primera ola?
El control en España, con sus 17 comunidades autónomas y sus mil normas de "confidencialidad y respeto a la intimidad" es muy difícil. No hay ninguna normativa prevista para evitar, por ejemplo, el gaslighting, la manipulación sutil para empujar al suicidio, o a pedir la eutanasia.
130 empezaron trámites, 50 ya eutanasiados
Para recoger datos sobre los 6 primeros meses de eutanasia, el diario ABC ha necesitado recurrir a varios periodistas y consultar a cada consejería de Sanidad del país. Algunas han respondido dando datos: Cataluña, País Vasco, Valencia, Madrid, Galicia, Murcia, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura y Navarra. Las otras 7 no dan información, alegando que la ley sólo les exige pasar un informe anual al Ministerio de Salud. No hace falta más transparencia, parece.
Según estos datos parciales, 130 personas han pedido la eutanasia en 2021 en España y unas 50 la recibieron antes de acabar el año. Muchas de esas personas aún están en trámite. Otras se murieron de causas naturales. Tres de cada cuatro eutanasias ya practicadas se han dado en Cataluña y País Vasco, que tramitan 6 de cada 10 peticiones (insistimos, faltan datos de 7 comunidades).
El caso vasco detallado
El País Vasco, con apenas 2,1 millones de habitantes, presenta unas cifras de eutanasia asombrosamente altas y atendidas con rapidez. A la eficacia en matar enfermos las autoridades le llaman "datos muy positivos" o "aplicación muy positiva".
La consejera de Salud, Gotzone Sagardui, ha informado al Parlamento vasco con detalle. Se han producido 34 peticiones, sólo se ha denegado un caso. Ya se ha matado a 13 (oficialmente se llama "procedimiento eutanásico completado"). Otros 20 murieron de causas naturales durante el proceso. Eran personas con unos 65 años de media, la más joven con 45. De los solicitantes, 15 tenían cáncer, 9 enfermedades neurodegenerativas.
Ninguno de ellos se autoadministró el veneno: a todos los mató un médico por "administración intravenosa directa" (inyección letal). Todo es eutanasia, no hay suicidio asistido.
En cada hospital vasco, eutanasiadores dispuestos
El Gobierno vasco había preparado grupos de médicos especiales, 85 sanitarios dispuestos a acudir donde fuera a hacer eutanasias. Pero no se les ha necesitado: casi todos los solicitantes han acudido a sus médicos habituales o a médicos pro-eutanasia que ya conocían para iniciar el proceso. De estas 34 peticiones en País Vasco, sólo 4 médicos implicados han rechazado practicarla. En los 4 casos, el hospital implicado enseguida encontró un eutanasiador dispuesto.
Como sucedió con el aborto, la inmensa mayoría de sanitarios contrarios a la eutanasia no se inscriben en las listas de objetores. Simplemente, tratan de no llamar la atención. Si alguien les pide en concreto a ellos que se impliquen en la eutanasia, entonces sí irán a apuntarse a la lista. Aún así, en el País Vasco se han inscrito como objetores 156 médicos, 29 enfermeros y 3 psicólogos clínicos.
Para formar a los sanitarios vascos en esta nueva cultura, la de médicos que a veces matan, 5.000 profesionales del sistema público (y sólo 28 de otros ámbitos sociosanitarios) han recibido un curso de vídeo online de 4 horas. La consejera anuncia un futuro curso "con casuística práctica".
Cataluña: de 53 peticiones, sólo 3 se deniegan
En Cataluña preside la Comisión de Garantía Albert Tuca, paliativista oncológico entusiasta de la eutanasia. "Es sobre todo autonomía, y ese es el paradigma de la dignidad. Es un paso de gigante en la humanización de la Medicina", decía en La Vanguardia.
Pero entonces cabe preguntarse: si la dignidad es sobre todo autonomía ¿no deberíamos ensalzar todo tipo de suicidios, los duelos a muerte, volver a los gladiadores, la prostitución o vender partes de nuestro cuerpo?
A finales de 2021 Tuca contabilizaba 53 peticiones recibidas en Cataluña: sólo 3 se denegaron por no cumplir los requisitos, otros 6 murieron de causas naturales.
En Castilla y León, sólo fue eutanasiada una persona: una mujer de 43 años con ELA avanzada.
En la región de Madrid, el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, respondía a una pregunta parlamentaria el 9 de diciembre que había habido 10 solicitudes, con 3 enfermos ya eutanasiados en sus domicilios y otros 2 con la ejecución ya aprobada. Detallaba que 2.600 profesionales se habían inscrito como objetores (Madrid cuenta con un Colegio de Médicos especialmente concienciado al respecto).
En Galicia habría habido 9 peticiones, con al menos un enfermo de cáncer eutanasiado ya.
La administración andaluza es quizá la menos entusiasta de la eutanasia y también de las que menos datos da. Con una ley de muerte digna desde 2010, su estructura de cuidados paliativos y alternativas terapéuticas es muy amplia. Las asociaciones eutanasistas hablan de 12 personas interesadas en pedirla, pero no hay constancia de que ningún caso haya superado los primeros trámites.
Opacidad innecesaria: un web nacional daría transparencia
El doctor Álvaro Gándara, experto paliativista y miembro del Comité de Bioética de España, muy contrario a la eutanasia, denunciaba en ABC la opacidad y la dificultad para conseguir datos sobre cómo se aplica en España y en cada autonomía.
Álvaro Gándara, experto paliativista, pide transparencia sobre la eutanasia y pide una web única actualizada diariamente.
"La Comisión de Evaluación y Garantía es el único organismo que puede ofrecer esa la información", señala. «Bastaría con una página web a la que tengan acceso los médicos y los medios de comunicación con la casuística actualizada todas las semanas sin necesidad de poner ningún dato personal», asegura.
El doctor Gándara denuncia que tras una «pátina garantista», no hay una garantía real que proteja la vida ni los derechos de verdad, y que la ley está llena de agujeros. Por ejemplo, ¿cómo valora un médico la "capacidad del paciente" de pedir la eutanasia? Los médicos más proeutanasia dirán que casi cualquiera tiene capacidad, mientras que los que se oponen verán presiones, depresión, miedo, posible gaslighting, ganas de aliviar a la familia, etc...
Otro agujero es el testamento vital: "el caso de un paciente sin capacidad suficiente para solicitar una eutanasia, pero con una familia que te entrega un testamento vital con la petición de la eutanasia. Aunque el médico no esté de acuerdo, esto obliga al médico responsable a poner en marcha su ejecución porque es un documento válido», recuerda Gándara. Y podría tratarse perfectamente de un paciente que no sufre y que se puede cuidar (en coma, con alzheimer...)
Encuestas dudosas y churros para "normalizar" la eutanasia
En la prensa generalista, y no sólo en la prensa de izquierda, durante medio año se ha intentado presentar la eutanasia como algo poco menos que relajante. Reportajes televisivos y despedidas por vídeo han mostrado a unos pocos eutanasiados muy alegres y hablando de despedirse con chocolate, flores, churros, el amor de su familia y música suave de fondo. Con churros y chocolate, todo entra mejor (algo que ya enseñaban los suicidadores de Suiza, que cobran 600 euros por suicidio).
Mucha menos atención televisiva han recibido los enfermos de ELA indignados porque la administración les ofrece eutanasia pero no ayudas, cuidados o enfermeros, como protestaba Jordi Sabaté.
También han circulado encuestas más que dudosas. En octubre Europa Press publicó que "el 60 por ciento de los profesionales de Enfermería en la provincia de Jaén estaban a favor de la eutanasia". Así lo publicaba también la web del Colegio de Enfermería. Parece raro, porque Jaén es estadísticamente el lugar más religioso de España.
En ReL contactamos por teléfono y e-mail con el Colegio de Enfermería pidiendo esa encuesta, sus datos y metodología a principios de noviembre y nunca nos supieron decir dónde estaba o quién la hizo. A día de hoy, 11 semanas después, siguen sin respondernos y Google muestra muchas veces ese titular pero en ningún lugar aparece la ficha técnica, el cuestionario ni dato real alguno. ¿Una invención pura y dura?
En enero de 2021, el Barómetro del CIS (de Tezanos) señalaba -de creérnoslo- que el 72% de los españoles estaría de acuerdo con la eutanasia y sólo un 15% estarían en contra. Claro que en ese CIS -como ya analizamos- los votantes de Vox eran la mitad que en la vida real y los del PP una cuarta parte menos que en la vida real.
Los votantes de derechas, ¿un tercio pro-eutanasia?
Más trabajado y ambicioso es el esfuerzo del diario El País, entusiasta de la eutanasia, de un año después, el 9 de enero de 2022, con un estudio según el cual la eutanasia le parece bien o muy bien al 64% de los españoles, casi un 16% la tilda de regular y únicamente un 20% la rechazaría. Así lo detectaría su rápido estudio de 2.000 entrevistas online en la última semana de diciembre.
Este estudio, a partir de 252 encuestados votantes del PP y 169 votantes de Vox, asegura que ¡la eutanasia le parece "bien o muy bien" al 36% de los votantes del PP y a otros tantos de Vox! Y pese a voces de socialistas históricos contrarios a la eutanasia como los expolíticos Vázquez, Leguina y Corcuera, sólo un 7% de votantes socialistas dice que la eutanasia les parece "mal o muy mal". (La pregunta concreta es: "cómo valoras el reconocimiento del derecho a la eutanasia").
Claro que los votantes de mayor edad -socialistas o de otros partidos-, que son los que más se oponen a la eutanasia, quedarán infrarrepresentados en una encuesta exclusivamente online.
Por otra parte, a esa encuesta de El País le pasa como al CIS de Tezanos: mientras en la vida real en las últimas elecciones votaron al PP un 21% y a VOX un 15%, en la muestra de esta encuesta sólo un 8% votó Vox (la mitad que en la realidad) y sólo un 12,6% votó PP. Es decir, en la encuesta las personas de voto conservador son un tercio menos que en la vida real.
Así, entre encuestas dudosas o inventadas y reportajes con chocolate y churros, la eutanasia -médicos que matan enfermos, un cambio de civilización y algo contrario a la Asociación Médica Mundial- intenta ganar respetabilidad
Respetuosa con los personajes religiosos y su fe; buen ejemplo real de la Hna. Beth Davies
Imprescindible «Dopesick», la serie que enseña cómo la medicina se corrompe al lucrarse matando
Dopesick es una teleserie de 8 capítulos de 2021 que nos explica que médicos que son buenas personas pueden recetar cosas muy malas, por cobardía, engaño o ideología
Desde octubre de 2021, podemos acceder a la miniserie de 8 capítulos Dopesick, un drama médico y judicial muy fiel a terribles hechos reales que atrapa, inquieta y educa a partes iguales. En España la ofrece Disney+, en algunos países hispanos Star+. Dopesick se acaba de llevar el Golden Globe (Globo de oro) a la mejor miniserie de TV de 2021.
La cultura cristiana y la judía enseñan la idea de que, en principio, hay que fiarse de los médicos. En Eclesiástico, 38 (libro que Lutero quitó de las Biblias protestantes) leemos: "Dale al médico, por sus servicios, los honores que merece, que también a él le creó el Señor. La ciencia del médico realza su cabeza. El Señor puso en la tierra medicinas, el varón prudente no las desdeña".
Para la Biblia, el médico es un colaborador de Dios en algo bueno y sagrado. También para los griegos de la tradición de Hipócrates el médico juraba por los dioses cuidar y curar, no matar. El médico hipocrático no mataría ni envenenaría aunque se lo pidieran, ordenaran o pagaran por ello.
Pero ¿y si los médicos y farmacéuticos, de forma masiva, empezaran a recomendar y prescribir algo malo, algo dañino? No unos pocos, por error o maldad, sino toda una estructura construida a la vez sobre falsa piedad, ideología, inercia, afán de lucro y mentiras.
En el siglo XX lo vimos con la eugenesia, después con el aborto, y con las técnicas in vitro que fabrican, almacenan y desechan millones de seres humanos en edad embrionaria. En el s.XXI lo vemos en Occidente con la eutanasia, el vientre de alquiler , la pornografía ultra-adictiva, la marihuana accesible, las píldoras legalizadas para hacer abortos caseros y los experimentos transgénero de hormonación y mutilación en el cambio de sexo.
Si muchos médicos y asociaciones coinciden en apoyar esos horrores, si hasta hay un permiso legal oficial, ¿será que detrás hay buena ciencia y buena ética? (Pensemos por ejemplo en el manifiesto orgulloso en España de "médicos por la eutanasia", llamando sectarios a todos los demás.)
La serie Dopesick nos enseña que no, que no hay ética, que detrás hay márketing, sobornos, periodistas a sueldo, ideología al servicio de un negocio, asociaciones dóciles o cobardes, venta de mentiras confortables y una industria sin moral.
Lo hace contando la epidemia de adicción al OxyContin y a los opioides de acceso fácil en EEUU desde los 90 a nuestros días.
La serie sigue el libro de investigación real de Beth Macy Dopesick: Dealers, Doctors, and the Drug Company That Addicted America. Macy colaboró directamente en la teleserie, y mientras la rodaban seguían saliendo documentos y sentencias.
Se trata de una serie fascinante y también dura, que en muchos aspectos nos recuerda la magnífica miniserie sobre Chernóbil de 2019. Pero detrás de Chernóbil había una encartonada dictadura comunista, y aquí un sistema de mercado cuyos controles han fracasado una y otra y otra vez, con distintos gobiernos y administraciones.
Es una serie que puede ser adecuada a partir de los 16 años: cuenta con algunas escenas de sexo sin desnudos, bastante propaganda gay (aunque, como veremos, eso es curiosamente matizable) y muchas de personas drogándose y drogadas.
Una trama que salta por distintas épocas
Cada capítulo de la serie ofrece varias tramas que saltan entre distintas épocas. En los 90, los médicos empiezan a recetar esa droga, animados por los vendedores y su etiqueta engañosa.
En 2016 se produce el primer gran proceso judicial, con admisiones de culpabilidad y más sentencias en 2020 y 2021. Mientras tanto, se suceden los daños a gente sencilla y trabajadora que queda enganchada.
Los espectadores asistimos a la degradación de los adictos y el dolor de sus familias, el hundimiento de poblaciones rurales. Vemos su intento de salir de la adicción con los métodos de Alcohólicos Anónimos, pero el opioide es mucho peor que el alcohol, porque transforma por completo el cerebro. Asistimos a la escalada de avaricia y de engaños en la farmacéutica, Purdue Pharma, propiedad de la familia Sackler. Asistimos a intentos de investigar y frenar a los culpables, pero serán bloqueados por funcionarios y políticos ineptos o sobornados.
AVISO DE SPOILERS: A partir de aquí, detallaremos mucho sobre trama y personajes: quien no quiera spoilers, que deje de leer aquí
La religión es bastante importante en la serie. Uno de los tenaces investigadores es converso, se hizo cristiano a los 40 años, bendice la mesa para comer, se ofrece a rezar por sus compañeros enfermos.
Parece que se arrepiente de cosas de su pasado, que nunca explica. Habla de la fe con su compañero... sin llegar a contar su testimonio personal (lo cual suena raro: un converso suele contar su historia si le preguntan). Los abogados de la familia Sacker se lo explican a su jefe "para que veas que no vas a poder comprarlo".
"El fiscal Castle es cristiano, se convirtió a los 40 años, no vas a poder comprarlo"
Tampoco pueden sobornar a la hermana Beth Davies, religiosa de la Congregación de Notre-Dame que existe de verdad, veterana en luchas sindicales de los mineros y ahora volcada en ayudar a los drogadictos. Purdue ofrece dinero para tratar a algunos adictos, pero no retirar su droga adictiva. La religiosa impide el acuerdo diciendo a sus compañeros de lucha: "antes preferiría arder en el infierno". Parece que en la vida real dijo: "no podemos aceptar nunca dinero manchado de sangre". Nunca la vemos rezar, pero es evidente que su fe le da fuerza y protección.
Foto de la verdadera Hermana Beth Davies, de la Congregación de Notre Dame, tenaz contra las drogas, mencionada en Dopesick; ella impidió que la farmacéutica comprara al pequeño grupo de resistentes que denunciaba su droga letal
En la familia Sackler -de origen judío ucraniano, aunque la serie nunca lo señala- se mezclan varias ramas de parientes, que buscan enriquecerse y ser admirados. Los periodistas que los han investigado en la vida real admiten que es difícil conocerlos, especialmente a Richard Sackler, el que presiona para vender más y más dosis, más y más fuertes, para todo tipo de dolencias menores, generando la epidemia de adictos. Cuando llegan los informes sobre adicción y sobredosis, buscará que la gente acuse a los "drogatas" que abusan.
La película presenta a Richard Sackler como alguien cercano a un trastorno narcisista, incapaz de sentir empatía por los que sufren, incluyendo su esposa e hijos (en la vida real se divorciará). Busca solo prestigio y reconocimiento.
Admite que "soy distinto, no conecto con la gente". Y por eso logra aliarse con su prima, Kathe Sackler, que es abiertamente lesbiana (en la vida real y en la serie). "A ti también te miran distinto, tú tampoco encajas, tenemos que ayudarnos", le dice. Y juntos toman el control de la empresa para ser aún más despiadados. (La Kathe real decía en 2020 que no se arrepentía de nada y que "sabiendo lo que sabía entonces, no lo que sé hoy, habría hecho lo mismo"; vídeo aquí).
Bajo estas líneas, la familia Sackler en la visión de Dopesick; y con fondo naranja, la familia Sackler real
Por lo tanto, en la vida real tenemos que los héroes y las víctimas son personas cristianas que rezan. Hay gente en EEUU que querría pensar que la drogadicción es sólo cosa de negros pobres urbanos, de familia desestructurada. Purdue intentó reforzar esa idea.
La serie quiere mostrar otra cosa: las víctimas eran personas honradas y trabajadoras, blancas y cristianas, de zonas rurales, que trabajaban en la mina y en tareas físicas. Para sus heridas les dieron una droga diciéndoles que no era adictiva, y se quedaron brutalmente enganchados.
Los "malos" de la serie son blancos ricos... pero también son judíos y una lesbiana ejecutiva de éxito. En el cine actual de EEUU, con sus cuotas ideológicas e identitarias, para hablar mal de una lesbiana ejecutiva de éxito, se necesita compensar con personajes LGBT positivos y "víctimas". Y si hay demasiados cristianos, hay que compensarlo con descreídos. Y así nacen los personajes de ficción de la historia.
La minera lesbiana de ficción... pero hay detalles...
Betsy Mallum (interpretada magníficamente por Kaitly Dever) es la chica joven de ficción en la que encarnan los estragos de la droga. Hija única de un matrimonio cristiano, trabaja en la mina con su padre, que no deja que digan palabrotas cerca de ella. Cuando en casa comentan rumores de que una vecina llamada Grace es lesbiana, su madre dice que rezará por ella. Parece una tontería... pero seis capítulos después esa Grace estará felizmente casada con un marido y un bebé. Mientras tanto, ya en el capítulo 1 Betsy y Grace se acuestan y planean fugarse a una ciudad que acepte su relación.
Kitly Dever como Betsy en Dopesick; es un personaje de ficción que nos permite empatizar con todos los jóvenes destrozados por el Oxycontin; sus vivencias resumen las de muchos
Betsy queda enganchada al Oxycontin. Sus padres lucharán por ella, tratarán de ayudarla. La llevan a Alcohólicos Anónimos. En su iglesia organizan una oración de intercesión por ella, imponiendo manos, que la serie muestra de forma bastante respetuosa.
Betsy se deja llevar, y llegará a rezar desesperada, pero en muchas ocasiones en la serie repetirá que no cree, que no puede creer y punto. Nunca dice por qué, ni negocia o matiza en qué puede creer y en qué no. También insistirá en que su lesbianismo es clave para ella (incluso cuando lleve años sin novia). Suena falso, probablemente por ser una mezcla artificial de varias cosas.
Hay una escena absolutamente asombrosa, cuando el padre de Betsy va a pescar con el doctor Finnix. El padre comenta que ha oído que existen terapias y grupos de oración para dejar la homosexualidad. El doctor Finnix responde que rezar no hace daño a nadie, pero que los homosexuales no pueden cambiar, porque, dice, "hay un estudio que lo demuestra".
Los lectores de ReL saben que los estudios, en realidad, demuestran que el cambio sí es posible (como explicamos aquí). Pero lo interesante es que precisamente todo Dopesick se basa en denunciar que Pursue usó un único estudio pequeño y malo de una revista para basar todo su negocio de venta de una pastilla opiácea que quitaba el dolor sin adicción.
Todo Dopesick protesta por la mala ciencia, por citar estudios diminutos -en realidad, una Carta al Director- para legalizar una barbaridad. Los médicos de SEGM, opuestos a las cirugías de cambio de sexo, señalan que estas prácticas irreversibles y dañinas se han legalizado en numerosos países en base a un solo estudio, pequeño y malo, de 2014, a partir de 55 casos, sin seguimiento, nunca replicado. Es el equivalente en la industria transgénero a la frase engañosa "Oxicontin causa adicción en menos del 1% de los casos", la frase que Purdue repitió durante años.
Betsy, adulta joven, habla con el doctor Finnix; ella esconde a sus padres -pero no al doctor- que quiere fugarse con su novia; el doctor tiene buenas intenciones, pero la enganchará a la droga... y tampoco le ofrece alternativa a su autoetiquetado sexual
Los médicos dóciles que repiten la propaganda
Es terrible ver en la teleserie como los médicos, con su bata blanca, que se supone que saben lo que hacen, en los que confiamos... ¡se limitan a repetir lo que les ha dicho un comercial que les ha vendido la droga!
"Adicción en menos de 1%", "no tiene picos y valles como otros opiáceos", "no te triplico la dosis, solo te la individualizo"... frases inventadas por los ejecutivos para vender, repetidas como loros por los médicos. ¿Cuántos defensores de la eutanasia, de la eugenesia o de las mutilaciones transgénero hacen lo mismo?
En esta escena, la empresa se inventa la "pseudoadicción"; el dogma es que no hay adictos a esa píldora, así que los que tiene problemas son casos de "pseudoadicción"; así se lo dicen a los comerciales, y ellos a los médicos, que lo repetirán; una vendedora que protesta es despedida
Estos médicos bienpensantes pero inocentones, que engancharon a sus pacientes y luego se engancharon ellos mismos, quedan representados por el personaje del doctor Finnix. Lo encarna magistralmente el actor Michael Keaton, ganador de un Oscar, y recientemente premiado con un Golden Globe precisamente por este papel.
Su personaje se inspira bastante en un médico real, el doctor Stephen Loyd, que quedó enganchado al OxyContin pero se recuperó y ahora ayuda a adictos en un centro llamado Cedar Recovery, en Nashville. Pero los guionistas le han añadido experiencias de otros médicos: cómo los comerciales les visitaban, les invitaban a lujosos congresos, y les repetían que el dolor debía ser combatido, y para eso estaba su droga.
La serie recoge también otra táctica comercial: "si usted no receta nuestra pastilla contra el dolor, le denunciarán por mala práctica, por insensibilidad ante el dolor".
Es fácil pensar en frases similares en el negocio de la eutanasia o del cambio de sexo: "haga lo que pedimos o le meteremos en líos judiciales".
Algunos policías y fiscales tenaces
Por último, el trabajo de muchos policías e investigadores que se hicieron preguntas e indagaron pero fueron bloqueados por políticos y funcionarios corruptos queda representado por la policía negra Bridget Meyer (interpretada por una actriz que en 2018 declaraba ser LGTBI, Rosario Dawson, con lo que se cubre otra cuota obligatoria).
El espectador asiste asombrado a la acumulación de desidia y banalidad del mal durante 8 capítulos.
La agente Bridget esperaba encontrar cocaína o heroína... y se encuentra un medicamento legal, que es la causa de que se destruyan vidas y familias
Un técnico de la FDA aprueba una etiqueta especial, insólita, única, que dice que el opiáceo de Purdue no causa adicción, algo que ningún país europeo aceptaría. Poco después, se va a trabajar con Purdue cobrando un dineral. La DEA (la agencia antidroga de EEUU) lo investiga, pero la FDA se niega a rectificar incluso con decenas de miles de muertos sobre la mesa. Políticos de izquierda y derecha bloquean la investigación.
Asociaciones y revistas médicas contra el dolor, de nombres rimbombantes pero creadas y financiadas por la patronal, pantallas, hablan del derecho a combatir el dolor y vivir sin dolor (drogarse). Crean toda una ideología del sin-dolor que responde a una aspiración real, pero ofrece falsas salidas.
Una oficina de fiscal se vuelca en el caso y le dedica muchos años y muchos recursos. La agente Bridget -representando muchos policías reales- le dedican atención y esfuerzos. Aparecen chivatos y soplones que han salido dañados de Purdue y traen documentos. Salen libros enteros y documentales. Las familias de las víctimas mortales (se habla de 1 millón de muertos, otros lo bajan a 500.000) se dedican a ello en cuerpo y alma. Y pese a todos esos esfuerzos, en 2021 nadie de la familia Sackler ha sido juzgado, la familia ha pagado una multa ridícula ante sus brutales beneficios y los procesos judiciales, 25 años después, aún continúan, habiéndose condenado solo algunos ejecutivos medianos de la empresa.
Aplicar esta serie a la lucha de la buena ética médica contra la eutanasia, el vientre de alquiler o a las cirugías mutiladoras transgénero es descorazonador. ¡Qué fácil es convertir a los antaño sabios y nobles médicos en meros repetidores de consignas (y repartidores de drogas)!
Si después de tantos muertos y tanta investigación Purdue no admite sus horrores, ¿qué pasará con los médicos del negocio transgénero, que "solo" machaca, daña y mutila a unos pocos miles de adolescentes? ¿Y las eutanasias, donde los parientes pueden ser los que aspiran a "librarse" de su pariente problemático?
Si los vendedores de OxiContin siguen ahí pese al esfuerzo sostenido de 25 años de fiscales profesionales a tiempo completo, ¿qué pueden hacer contra el horror eutanásico, su opacidad y sobres cerrados, unos pocos activistas provida o unos pocos médicos de buena ética que le dedican ratos libres?
El doctor Van Zee y la hermana Beth Davies, personas reales que con tenacidad impulsaron la lucha contra el Oxycontin y su adicción; es posible ayudar a la hermana Beth contra las adicciones con donaciones en este GoFundMe
Y sin embargo, la teleserie y la investigación de Beth Macy muestran que vale la pena luchar. Señalan que en cierto momento, frente a una industria millonaria y hechos consumados inamovibles, se levantaron apenas un puñado de personas: la hermana Beth Davies, preocupada por los adictos; el doctor rural Art Van Zee y su esposa; la antigua farmacéutica Sue Cantrell y 4 parientes de víctimas que con la web OxyKills que crearon el grupito llamado RAPP.
Al principio, nadie les hacía caso, nadie recogía sus quejas. Hoy Dopesick toca millones de corazones por su perseverancia. Ojalá otras locuras de la medicina sin ética ni control (control real) se atajen pronto y ojalá perseveren los que deben denunciar esos males.
El director de Dopesick explica sus opciones artísticas: sí, quería que tuviera la tensión de una película de terror