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martes, 14 de noviembre de 2017

P. Antonio Rivero: Cristo nos pedirá cuentas sobre nuestros talentos 14112917

P. Antonio Rivero: Cristo nos pedirá cuentas sobre nuestros talentos

Comentario litúrgico del domingo 19 de noviembre de 2017
Enfermera © Flickr (Creative Commons)
Enfermera © Flickr (Creative Commons)
DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo A
Textos: Prov 31, 10-13.19-20.30-31; 1 Tes 5, 1-6; Mateo 25, 14-30
Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos.
Idea principal: Dios nos da a cada quien unos talentos según nuestra capacidad: a uno, cinco; a un segundo, dos; y al tercero, uno. Talentos materiales y naturales, talentos humanos y espirituales.
Síntesis del mensaje: Ante esos talentos caben estas posturas: o hacerlos rendir con responsabilidad y tesón, o malgastarlos por frivolidad e infantilismo, o esconderlos por pereza y negligencia. Pero Cristo al final de los tiempos nos pedirá cuentas de la administración de esos talentos, destinados a producir, en unos el cien por ciento; en otros, el cincuenta o el veinte por ciento. En esto nos jugamos la santidad aquí y la salvación eterna allá.
Puntos de la idea principal:
En primer lugar, comentemos lo que son los talentos. Si vamos a la isla de Creta, por el mar Egeo, y visitamos el palacio rojo de Minos podremos encontrar en el museo los talentos: unos bloques planos, más o menos cuadrados y lobulados, de unos 45 centímetros de lado y peso de 26 a 36 kilos. No son moneda de bolsillo, sino peso de pago y que, según tiempos y culturas, fueron de oro, plata o bronce. Un talento era un peso. Equivalía a 21.000 gramos de plata. Para entender esto, si un denario equivalía a 4 gramos de plata, entonces un talento equivalía a 6.000 denarios. Un jornalero judío ganaba un denario en todo un día de trabajo (Mateo 20, 2). Si un jornalero quisiera ganar tan solo un talento, tendría que trabajar 6.000 días, o mejor dicho, ¡casi 20 años! Si hacemos los cálculos correctos, podremos entender que el siervo que recibió cinco talentos en realidad recibió un sueldo de 100 años, el que recibió dos recibió lo equivalente a un sueldo de 40 años y el que recibió uno solo estaba recibiendo el sueldo de 20 años de trabajo.
En segundo lugar, ¿qué tenemos que hacer con esos talentos espirituales, intelectuales, profesionales, deportivos, culturales…que Dios generosamente nos dio gratuitamente? En el evangelio se nos da la clave: negociar. Es decir, colocar el dinero en el banco, darlo a préstamo con interés, invertirlo en valores. A los dos criados que lo hicieron, el dueño les alabó, y echó fuera al que no lo hizo. ¿Qué hubiera hecho al que hubiese desperdiciado a tontas y a locas, o le hubiesen robado el talento por negligencia? No quiero ni pensarlo, pues se me pone la piel de gallina. Este evangelio aboga por el sistema “capitalismo -¡ojo!- espiritual”. El amo de la parábola es el Hijo de Dios que, antes de partir para su destino extranjero, que es el cielo, nos dejó una fortuna –la vida y una patria, la familia, los amigos, la inteligencia, la voluntad, la afectividad, la sexualidad, los amigos, la salud, la fe, las virtudes teologales y cardinales, los sacramentos, el perdón, el amor, la justicia, el matrimonio, el sacerdocio o la vida religiosa, etc. ¡Y a negociar! Y, si no, de la parábola aprendamos que otros harán lo que nosotros dejamos de hacer y se cumplirá el evangelio: pasará la fortuna a otros para que negocien y, el que no, que se atenga a las consecuencias de su pereza, de su despilfarro y de su inconsciencia y superficialidad. 
Finalmente, una cosa es el talento, la letra del evangelio y otra la música, que es el talante. Jesús estaba hablando a sus discípulos, pero estaban escuchando los fariseos. El fariseo era bien cumplidor: tenía 613 mandamientos y los cumplía, ¡vaya que sí! A rajatabla. Para talante inmovilista, el suyo. Pero Cristo pedía talante inversionista, creativo, esforzado. Y aquí viene la parte que nos pide Cristo ante esos talentos: nuestro ingenio para invertir honestamente en el banco de la voluntad esos talentos que Él nos dio gratuitamente y con tanto amor y esperanza. Negociar, emprender, comprometerse. Con riesgo y todo. Sin miedo al miedo de jugarse la salvación, que sólo se arriesga cuando, como condena Jesús en el evangelio, uno se apunta a conservador, prudente y segurón, vago y cobarde. Y así, de un evangelio, que a primer golpe de vista, parece capitalista, resulta que es un evangelio, no de talentos sólo, sino de talantes.
Para reflexionar: ¿Estoy haciendo rendir los talentos naturales y espirituales que Cristo me ha dado? ¿Tendré que escuchar de Él: “Servidor malo y perezoso”? ¿O escucharé, por el contrario: “Te felicito, servidor bueno y fiel”?
Para rezarSeñor, gracias por los talentos que me has dado, sin yo merecerlos. Perdóname si al presente he desperdiciado, malgastado o enterrado alguno de ellos. Dame voluntad, ingenio, talante y responsabilidad para de ahora en adelante invertirlos para Gloria tuya, bien de la humanidad y mi propia santificación. Amén.
Para cualquier duda o pregunta, aquí tienen el email del padre Antonio, arivero@legionaries.org

miércoles, 1 de noviembre de 2017

P. Antonio Rivero: Solemnidad de Todos los Santos 01112017


P. Antonio Rivero: Solemnidad de Todos los Santos

Comentario litúrgico para el 1 de noviembre de 2017

Festividad de Todos los Santos
Festividad DeTodos Los Santos
TextosAp 7, 2-4.9-14; 1 Jn 3, 1-3; Mt 5, 1-12a
Ciclo A 
Idea principal: La santidad no es un privilegio de algunos. Es un deber de todo bautizado.
Síntesis del mensaje: Hoy celebramos el misterio de esa multitud innumerable  de personas de carne y hueso, como cada uno de nosotros, que ya gozan de Dios y siguen en comunión con nosotros desde el cielo. Fiesta que nos transmite alegría y optimismo. Si ellos pudieron, ¿por qué no nosotros? Los que alcanzaron la santidad son más de los que podemos registrar. La Fiesta de Todos los Santos, además  de ser una oportunidad para conmemorarlos, debería ser también una llamada a imitarlos: si ellos pudieron ser fieles a Jesús, ¿por qué nosotros no?
Puntos de la idea principal: 
En primer lugar, la santidad es el destino de la Iglesia. No es la misión de determinadas personas, ni un camino individual, ni un mérito propio. Es el llamado para todos los cristianos, en el que se nos invita a ser como Jesús y a identificarnos con Él. Todas las condiciones de vida son caminos de santidad, y por lo tanto todos estamos llamados a ser santos: cumpliendo los mandamientos, aprovechando los sacramentos y la oración, poniendo nuestras virtudes al servicio de los demás y siendo testimonio vivo del amor de Dios en nuestra vida cotidiana. En resumen: viviendo en su amor de manera permanente. Nuestros talentos, que son dones de Dios, son las semillas con las que podemos empezar. Los gestos y acciones que hagamos por los demás cada día, van a ir haciendo de nosotros mejores personas, más abiertas y disponibles. La santidad es un don. Para poder recorrer este camino y vivirlo con alegría, lo único que hay que hacer es dejar actuar a Dios en nuestras vidas y abandonarnos en su amor.
En segundo lugar, a lo largo de la historia, además de los mártires hubo muchos hombres y mujeres que, sin dejar de ser lo que eran, llegaron a ser santos. En sus trabajos, en sus familias, entre sus amigos, en cada una de sus obligaciones. Día a día, aceptaron el impulso del Espíritu Santo, tomaron como modelo el amor de Jesús y supieron ponerlo al servicio de los demás. Hay tantas formas de llegar a la santidad como personalidades, vocaciones, virtudes, realidades. Lo que sí se comparte en todos los casos, es que siempre se llega a ser santo partiendo desde la propia humanidad. Santo fue san Isidro labrador y el humilde fraile san Martín de Porres. Santa fue la ex esclava Bakhita y la gran mística santa Teresa de Jesús. Santo fue el monaguillo san Tarsicio y el obispo Monseñor Guízar y Valencia. Camino de la santidad va la niña madrileña Alexia, que murió a los 14 años a causa de un proceso tumoral en la columna vertebral conocido como sarcoma de Ewing y santo fue Rafael Arnáiz Barón, monje trapense, a quien Dios quiso probar misteriosamente con una penosa enfermedad –la diabetes sacarina– que le obligó a abandonar tres veces el monasterio, adonde otras tantas volvió en aras de una respuesta generosa y fiel a lo que sentía ser la llamada de Dios; santificado en la gozosa fidelidad a la vida monástica y en la aceptación amorosa de los planes de Dios, consumó su vida en la madrugada del 26 de abril de 1938, recién estrenados los 27 años, siendo sepultado en el cementerio del monasterio. Pronto voló imparable su fama de santidad allende los muros del monasterio. Con la fragancia de su vida, sus numerosos escritos continúan difundiéndose con gran aceptación y bien para cuantos entran en contacto con él. 
Finalmente, sólo faltamos tú y yo en esta carrera por la santidad. Ya sabemos el camino: las bienaventuranzas. Ya tenemos la gasolinera durante el camino: la Eucaristía. Ya tenemos el cayado donde sostenernos: la cruz. Ya tenemos el taller por si se rompe alguna rueda: la confesión. Y en los momentos de oscuridad o tormenta, ahí está la brújula del evangelio y el faro del magisterio de la Iglesia. Y no vamos solos, a nuestra derecha y a nuestra izquierda, adelante y atrás, van caminando otros hermanos: dejémonos ayudar por ellos y ayudémosles también a ellos. No olvidemos: la santidad es para todos. Lo que pasa es que tenemos muchos interesados en que no seamos santos. El primero es Satanás, luego el mundo cuando no tiene a Dios, y también nosotros mismos cuando nos movemos por intereses personales, por el pecado y por el placer desmedido. Varios santos, como San Francisco de Sales (que celebramos el mes pasado), fueron precisamente predicadores de la santidad al alcance de todos. Los santos también tenían sus defectos, muchos sintieron la pereza, la ira, el miedo, las tentaciones contra la castidad, contra la humildad, y mucho más. Pero hubo un momento en el que se decidieron a dejar esa vida en la que se agradaban a ellos mismos y pasaron a agradar a Dios. En ese momento la oración pasó a ser como el alimento que diariamente comían; la bondad y caridad para con los demás pasó a ser como el aire que todos los días respiraban; la aceptación de las cruces pasó a ser como la ropa que todos los días vestían. ¡Sólo faltas tú y yo! 
Para reflexionar: reflexiona conmigo: ¡Tú puedes ser santo, tú puedes ser santa! No tienes que hacer nada especial, sólo déjate guiar por Dios, búscalo, ámalo, y déjate amar. Vive tu vida normal, pero ofrece todo a Dios. Si duermes, ofrécelo a Dios; si comes, ríes, cantas o trabajas, hazlo con Dios y por Él; si eres feliz o tienes dificultades, acércate a Él, pues te dará lo que buscas. Claro, no creas que será fácil, como nada en esta vida es fácil (dímelo tú que sabes lo costoso que es tratar de ser bueno en esta vida…), pero ¿quieres hacer la prueba? ¡Te aseguro que nunca te arrepentirás! 
Para rezar: Señor, quiero ser santo. Ayúdame. Santos del cielo, interceded por mí.

P. Antonio Rivero L.C.: “¿Busco la gloria de Dios o la mía?” 31102017

P. Antonio Rivero L.C.: “¿Busco la gloria de Dios o la mía?”

Comentario de la liturgia dominical del 5 de noviembre de 2017
© Cathopic
© Cathopic
DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO
Ciclo A
Textos: Mal 1, 14b-2, 2b.8-10; 1 Tes 2, 7b-9.13; Mateo 23, 1-12
Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos.
Idea principal: El sacerdote-pastor debe buscar sólo la gloria de Dios, ponerse en el último lugar y desvivirse por el “rebaño” encomendado.
Síntesis del mensaje: Pablo de Tarso (segunda lectura) es la antítesis de los sacerdotes (primera lectura) y de los jefes religiosos fariseos (evangelio) que se movían por estas categorías humanas: prestigio, honras, ambiciones, vanidad y autoritarismo. Pablo es modelo de pastor celoso y bueno; y al mismo tiempo es como una madre que cuida de sus hijos. Sus categorías son otras: servicio, humildad, desvivirse y desgastarse por los demás.
Puntos de la idea principal:
En primer lugar, un pastor busca siempre dar gloria a Dios (primera lectura) y no la suya propia, tan efímera, tan opaca, tan caduca, tan inconsistente. Malaquías, de parte de Dios, denuncia a los sacerdotes –y a todos los que tienen la misión de guiar: misioneros, papás, maestros, catequistas, superiores de comunidades religiosas- porque no hablan de Dios, sino de sí mismos. Jesús también echa en cara a los fariseos (evangelio) que pretenden que les llamen a ellos maestros, padres, consejeros. Quienes tienen esta misión de estar al frente deben ser como sacramento que visibiliza la humildad y el servicio de Cristo que vino para buscar sólo la gloria de su Padre y el bien de los demás, sin robar a Dios un ápice del honor que Él merece.
En segundo lugar, un pastor no busca los primeros puestos sino que va con amor y ternura(segunda lectura) a los desiertos y a las periferias existenciales y geográficas, aunque esto le cueste fatiga, incomprensión y peligro, como le pasó a Pablo. Buscar los primeros puestos es señal de ambición, de la que el papa Francisco está previniendo tantas veces a los sacerdotes. Así les dijo a los nuevos obispos en Roma el 19 de septiembre del 2013: “Su estilo debe ser la humildad, la austeridad. Nosotros los pastores no somos hombres con psicología de príncipes”. Y les pidió que estén atentos en no caer en el “afán de carrera”. “Hombres ambiciosos que son esposos de esta Iglesia a la espera de otra mejor o más rica. ¡Esto es un escándalo!… No estén a la espera de una mejor, más importante, más rica. Tened cuidado de no caer en el espíritu del ‘carrerismo’. ¡Esto es un cáncer!”. No somos maestros (etimológicamente significa “tener más autoridad”), sino que somos ministros (etimológicamente significa “tener menos”) y por lo mismo nos sentimos servidores de los demás. San Pablo dirá: “Que la gente sólo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios” (1Co 4, 1). 
Finalmente, un pastor no busca su comodidad, sino que se desvive por su comunidad, como san Pablo: “con gusto me gastaré y me desgastaré por vuestras almas” (2 Co 12, 15). Así dijo el papa Francisco a los nuevos obispos en Roma el 19 de septiembre del 2013: “Sean pastores con olor a oveja, presentes en medio de su gente como Jesús el Buen Pastor. Su presencia no es secundaria; es indispensable. La pide la propia gente, que quiere ver a su obispo caminar con ellos, para estar cerca de él. ¡Tienen necesidad para vivir y respirar! ¡No se cierren!…Bajen en medio de sus fieles, incluso en las periferias de sus diócesis y en todas las ‘periferias existenciales’, donde hay sufrimiento, soledad, degradación humana. La presencia pastoral significa caminar con el pueblo de Dios: delante, señalando el camino; en el medio, para fortalecer en la unidad; detrás, para que nadie quede atrás, pero, sobre todo, para seguir el olfato que tiene el pueblo de Dios para encontrar nuevos caminos”. ¿No hacía esto el apóstol Pablo?
Para reflexionar: ¿Busco la gloria de Dios o la mía? ¿Busco los primeros puestos o los últimos? ¿Sólo hablo pero no hago? ¿Sirvo con humildad a la comunidad o me sirvo de ella para mis fines egoístas y ambiciosos?
Para rezarJesús, quiero imitarte a ti, como lo hizo san Pablo. Revísteme de todas esas virtudes que tú tenías en tu paso por la tierra. Que mis intenciones sean limpias, mi entrega generosa, mi trabajo desinteresado y mis manos dispuestas a servir. Amén.
Para cualquier duda o pregunta, aquí tienen el email del padre Antonio, arivero@legionaries.org

martes, 28 de marzo de 2017

Comentario a la liturgia dominical – Quinto domingo de Cuaresma ( P. Antonio Rivero) 28032017




Comentario a la liturgia dominical – Quinto domingo de Cuaresma

¡Sal del sepulcro del pecado!

Ciclo A – Textos: Ezequiel 37, 12-14; Romanos 8, 8-11; Juan 11, 1-45
P. Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor de Humanidades Clásicas en el Centro de Noviciado y Humanidades y Ciencias de la Legión de Cristo en Monterrey (México).
Idea principal: ¡Sal del sepulcro del pecado!
Resumen del mensaje: Cristo, además de ser Agua viva (tercer domingo) y Luz (cuarto domingo), también es Vida y Resurrección (quinto domingo). El Cristo Pascual ha venido para sacarnos y resucitarnos de nuestro sepulcro del pecado (primera lectura y evangelio), y darnos una vida nueva de resucitados, para no vivir ya según la carne sino según el Espíritu (segunda lectura). Cristo no quiere que nuestra vida yazca en el sepulcro de nuestro pecado y se pudra. Quiere que muramos a nuestro hombre viejo para después resucitarnos y hacernos hombres nuevos, según el Espíritu.
Puntos de la idea principal:
En primer lugar, la resurrección de Lázaro del sepulcro signa el punto culminante de la actividad de Jesús. Es el más grande de sus milagros. Mediante este extraordinario milagro, el Señor trata de vencer la incredulidad de los judíos. En la batalla entre la fe y la incredulidad, Jesús ofrece el don de un testimonio mayor. Pero el corazón de los judíos se cierra, y ello los lleva a tomar la decisión oficial de matar al Cordero inocente, y también a Lázaro, que era testimonio vivo del poder divino de Cristo. El camino de la cruz está ya trazado, pero en el plan de Dios la cruz será el umbral de la exaltación y glorificación del Padre en su Hijo. El complot de los hombres, en el plan de la Providencia, sirve a los designios de Dios.
En segundo lugar, si Lázaro es amigo íntimo de Jesús y el Señor de la vida, ¿por qué éste permite que muera y lo pongan en el sepulcro? Jesús permite un mal para que se manifieste la gloria de Dios. Jesús no utiliza su poder divino para evitar la muerte ignominiosa de la cruz. Por eso, irá al encuentro de su propia muerte por decisión personal. Irá en busca de su “Hora”, esa hora que tanto lo angustiaba pero que al mismo tiempo anhelaba con ardor, porque sería la hora de la glorificación de su Padre y de nuestra salvación mediante el Misterio de su muerte y resurrección. Tal es la razón por la que no impidió la muerte de su amigo Lázaro, para que resplandeciese la gloria de su Padre, así como no evitaría su propia muerte, para que el Padre fuese plenamente glorificado en el Hijo. Sólo así nos sacaría del sepulcro y nos daría una vida nueva. La muerte y resurrección de Lázaro constituyen un preludio de su propia muerte y resurrección. Viendo esta resurrección, los apóstoles consolidarán su fe y se prepararán para la gran prueba de la Pasión.
Finalmente, Jesús también quiere hoy gritar a cada uno de nosotros, como entonces a Lázaro: “Lázaro, sal fuera”. Sal fuera del pecado. Sal fuera de la incredulidad. Sal fuera de la pereza. Sal fuera del desaliento. Sal fuera del egoísmo. Cristo no quiere que nos pudramos en el sepulcro del pecado, pues “la gloria de Dios es el hombre que vive”, decía san Ireneo. Salgamos y veremos la luz, la vida y la resurrección de Cristo. En el sepulcro sólo hay gusanos, oscuridad, descomposición y muerte. Y Cristo es el Señor de la vida, y quiere hacernos partícipes de su vida divina e inmortal.
Para reflexionar: ¿estoy en el sepulcro del pecado o ya experimenté durante la Cuaresma la vida nueva en Cristo Jesús? Cada vez que peco, ¿escucho la voz de Cristo: “Sal fuera”? ¿Creo que Cristo es Vida y Resurrección para todos los que le siguen?
Para rezar: Señor, quiero en esta Cuaresma escuchar fuerte tu voz a salir del sepulcro de mi pecado, para poder encontrarme contigo que eres la Vida auténtica y recomenzar una nueva vida de resucitado. Amén.
Cualquier sugerencia o duda pueden comunicarse con el padre Antonio a este email: arivero@legionaries.org

martes, 27 de diciembre de 2016

Comentario a la liturgia dominical – Misa de la Sagrada Familia (P. Antonio Rivero) 27122016

Comentario a la liturgia dominical – Misa de la Sagrada Familia

Ciclo A – Textos: Eclesiástico 3, 2-6.12-14; Colosenses 3, 12-21; Mateo 2, 13-15.19-23
Cuadro de la Sagrada Familia - Rafael Sanzio (Museo del Prado)
Cuadro De La Sagrada Familia - Rafael Sanzio (Museo Del Prado)
Ciclo ATextos: Eclesiástico 3, 2-6.12-14; Colosenses 3, 12-21; Mateo 2, 13-15.19-23
P. Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor y director espiritual en el centro de Noviciado y Humanidades clásicas de la Legión de Cristo, en Monterrey (México).
Idea principal: Ese Niño que nace en Belén nace y tiene una familia humana, modelo para todas las familias.
Puntos de la idea principal:
En primer lugar, preguntémonos cómo vivía esta familia humana de Jesús. Unidos en la oración y en la obediencia a Dios: “Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto…vuelve a la tierra de Israel”. Unidos en el amor mutuo: “se levantó, tomó al niño y a su madre, se fue a Egipto”. Unidos en el trabajo, dolor y las pruebas: “…porque Herodes va a buscar al niño para matarlo” (evangelio). Todo un programa para las familias de hoy.
En segundo lugar, preguntémonos cómo viven algunas de nuestras familias hoy. Unas, unidas en la oración, amor y dolor. Otras, no tanto, experimentando la separación, el divorcio, viviendo como si Dios no existiese y dejándose llevar por el silbido de las sirenas, dejando las ventanas de la afectividad de par en par a nuevos aires de liberación, o abriendo la puerta del corazón a piratas intrusos que lo único que pretenden es destrozar la barca matrimonial y familiar. Familias que viven por motivos de interés o de mera convivencia civilizada, y no en la fe, en la oración, en la certeza de saberse amados y bendecidos por Dios por un santo sacramento.
Finalmente, preguntémonos cómo deberían vivir nuestras familias, siguiendo el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret. Dios en el centro. El amor como motivación y corona. El dolor como prueba para ejercitar las virtudes teologales y mirar para arriba. Los hijos, honrando a sus padres, no causándoles tristezas, obedeciéndoles (segunda lectura) y cuidándoles en la vejez (primera lectura). Los padres revestidos de respeto y amor entre ellos, y de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, perdón, amor para con sus hijos; y piedad y gratitud con Dios (segunda lectura).
Para reflexionar: Padres de familia, ¿se parecen a san José? Madres, ¿se parecen a María? Hijos, ¿se parecen al Niño Jesús? ¿Repasan juntos el cuarto mandamiento de la ley de Dios tan bien explicado en el Catecismo de la Iglesia católica en los números 2217-2218?
Para rezar:
Sagrada Familia de Nazaret;
enséñanos el recogimiento,
la interioridad;
danos la disposición de
escuchar las buenas inspiraciones y las palabras
de los verdaderos maestros.
Enséñanos la necesidad
del trabajo de reparación,
del estudio,
de la vida interior personal,
de la oración,
que sólo Dios ve en los secreto;
enséñanos lo que es la familia,
su comunión de amor,
su belleza simple y austera,
su carácter sagrado e inviolable. Amén
Cualquier sugerencia o duda pueden comunicarse con el padre Antonio a este email: arivero@legionaries.org

martes, 13 de diciembre de 2016

Comentario a la liturgia dominical - Cuarto domingo de adviento Ciclo A ( P. Antonio Rivero) 13122016



Comentario a la liturgia dominical

Cuarto domingo de adviento Ciclo A

Old Latin Bible for daily meditation and prayer
Robert Cheaib - Flickr.Com/Theologhia
(ZENIT – México).-  Textos: Isaías 7,10-14; Romanos 1, 1-7; Mateo 1,18-24
Idea principal: ese Dios que nace es Dios-con-nosotros, Emmanu-El. Hagámosle un lugar en nuestro corazón, como María.
Resumen del mensaje: Después de habernos invitado a despertar (primer domingo de adviento), a convertirnos (segundo domingo), a alegrarnos (tercer domingo), hoy Dios nos invita a mirar a María, pues por Ella nos vino el Enmanuel (primera lectura y evangelio), para renovar nuestro mundo y nuestros corazones, cegados por tanto pecado (segunda lectura).
Puntos de la idea principal:
En primer lugar, ese Dios que viene a través de María no sólo es “el Dios que es…el  que está…el que ve el dolor de su pueblo” sino que es el “Dios con nosotros que nos salva”(primera lectura y evangelio). Dios hecho hombre, de la estirpe de David (segunda lectura), cuyo último eslabón será José.  Es Emmanu-El. Jesús es “Emmanu”, es decir, “con nosotros”; es uno de nosotros, nuestro hermano. Pero Jesús también es “El”, es decir, Dios. Si fuera sólo “con nosotros”, pero no fuera “Dios”, no podría salvarnos. Si fuera sólo “Dios”, pero no “con nosotros”, su salvación  no nos interesaría; él también habría quedado como un Dios desconocido, lejos de las esperanzas del hombre.  Don gratuito de Dios a María y a la humanidad. Esto ha sido posible “por obra del Espíritu Santo”, lo cual significa que está en marcha una “nueva creación”. Este es el misterio teológico y profundo de la Navidad: de Dios Altísimo se ha vuelto un Dios próximo, un Dios para los hombres. En la primera creación, Dios nos hablaba a distancia, por los profetas. Ahora, en la nueva creación, es un Dios que nos habla al corazón por su Hijo.
En segundo lugar, fijemos la mirada en María, de quien nos vino el Emmanuel. Se dejó invadir por el Espíritu y por el misterio. Embarazada de Dios, sin perder la virginidad. Ese Emmanuel fue creciendo en María, gracias a su fe, esperanza y caridad. Ella llevaba a ese Emmanuel en su mente, en su corazón, en su afecto y en su voluntad. Nunca se separó de Él.
Finalmente, si Dios está con nosotros y es el Emmanu-El, nada ni nadie puede separarnos de Él. Eso sí, nosotros podemos volverle la espalda, vivir como si Él nunca hubiera venido, como si no hubiese hablado (segunda lectura). No nos sirve de nada ni siquiera que Dios esté con nosotros, si nos negamos a estar con Él, de su parte. Por eso, la Navidad es una ocasión para volver a sentir la necesidad de este Salvador. Y esta salvación nos la ofrece en cada Eucaristía y en la confesión. Que nos pase lo que dice la poesía del posadero de Belén:

¡He!, Tú, ¡posadero!
¿No habrá una habitación para esta noche?
– Ninguna cama libre. Todo lleno.
Y Dios pasó de largo, qué pena posadero.
Para reflexionar: Dejar a este Emmanu-El que nazca en nuestra alma y que esté con nosotros en casa, en nuestro trabajo, en nuestras empresas, en nuestros proyectos. Sólo en Él está la salvación y la auténtica liberación. Y con Él alcanzaremos la santidad, la gracia y la paz (segunda lectura). El Espíritu Santo hizo posible este milagro. ¿Cómo es mi relación con el Espíritu Santo?
Para rezar: Quédate con nosotros, Señor, esta noche. Quédate para adorar, alabar y dar gracias al Padre por nosotros, mientras dormimos; que baje del cielo tu Misericordia sobre el mundo. Sé nuestro Emmanuel eterno desde el silencio del Sagrario, y nada temeremos. Amén.

martes, 29 de noviembre de 2016

Comentario a la liturgia dominical -Segundo Domingo de Adviento (P. Antonio Rivero) 29112016


Comentario a la liturgia dominical

Segundo Domingo de Adviento

Angels. Church San Gioacchino in Prati
ZENIT - Photo By HSM

Segundo Domingo de Adviento – Ciclo A – Textos: Isaías 11, 1-10; Romanos 15, 4-9; Mateo 3, 1-12
P. Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor y director espiritual en el centro del noviciado y Humanidades clásicas de la Legión de Cristo en Monterrey (México).
Idea principal: la semana pasada Dios al inicio del Adviento nos invitaba a despertar y caminar. Hoy nos invita a convertirnos“Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos”. Y lo hace a través de dos precursores: Isaías y Juan Bautista.
Aspectos de esta idea:
En primer lugar, veamos la misión de los precursores: heraldos que preparan los ánimos, convocan la atención, a fin de que aquel que viene, sea esperado, deseado, recibido, y su venida no pase desapercibida. Cuando en la antigüedad un personaje importante iba a venir, hacía falta un mensajero que lo precediera e invitara a la población a que le saliera al encuentro, a que reparase rutas y puentes a su paso. Hoy, está viniendo Cristo, el Hijo de Dios vivo. ¿Estamos preparados?
En segundo lugar, Isaías (primera lectura) y Juan (segunda lectura) son los precursores de Cristo. Isaías anuncia que el Mesías vendrá del tronco viejo, ya casi seco, de Jesé –el padre de David, y por tanto, símbolo de la dinastía principal de Israel; será un renuevo, un vástago verde, lleno de los dones del Espíritu, que será juez justo y traerá la paz. Necesitamos injertarnos a ese vástago nuevo para recibir su savia vivificadora y santificadora. Juan Bautista, precursor del Nuevo Sol, es aurora que se anticipa al Sol; anuncia la inminente venida de Cristo, predicando la conversión y la penitencia. Esa conversión nos exige echar fuera el pecado y trabajar en la santidad de vida, teniendo en nosotros los mismos sentimientos de Cristo Jesús (segunda lectura).
Finalmente, cada uno de nosotros, como bautizados, una vez convertidos, somos también precursores de Jesús y de su salvación; somos voz que anuncia esa Palabra. Lo que debemos decir al mundo es esto: el Reino de los Cielos está cerca y urge la conversión de los corazones. Tenemos que apasionarnos de Cristo, como Juan, para presentar a Jesús, hacerlo desear, provocar la espera y la necesidad de él. La voz –Juan y nosotros- calla después de haber transportado la Palabra; el amigo del esposo se hace a un costado ante la aparición del esposo. San Agustín dice que la tarea de la voz es de ser medio; sirve para transmitir la palabra y, con la palabra, la idea que se ha formado dentro de nosotros. Cuando esta palabra ha entrado en el corazón del otro, se ha comunicado al otro, la voz calla, cae. Así, el precursor.
Para reflexionar: antes de anunciar esa conversión, los demás tienen que ver que nosotros vivimos esa conversión, como hizo san Juan. Él antes de gritar la conversión, vivió en silencio en el desierto e hizo penitencia. Por tanto, antes de ponernos en estado de “confesión” es decir, antes de hablar de Cristo”, debemos ponernos en estado de “conversión”. ¿Qué tengo que convertir a Dios en este Adviento: mi mente mundana, mi corazón desestabilizado, mi voluntad rebelde? ¿A quién tengo que anunciar esa conversión?
Para rezarSeñor Jesús, yo me coloco en tu presencia en oración, y confiado en tu Palabra abro totalmente mi corazón a Ti. Reconozco mis pecados y te pido perdón por cada uno. Yo te presento toda mi vida, desde el momento en que fui concebido hasta ahora. En ella están todos mis errores, fracasos, angustias, sufrimientos y toda mi ignorancia de tu Palabra. ¡Señor Jesús, Hijo del Dios vivo, ten compasión de mí que soy pecador! ¡Sálvame, Jesús! Perdona mis pecados, conocidos y desconocidos.
Libérame, Señor, de todo yugo de Satanás en mi vida. Libérame, Jesús, de todo vicio y de todo dominio del mal en mi mente. Yo te pido, Señor, que esa vieja naturaleza mía, vendida al pecado, sea crucificada en tu cruz. ¡Lávame con tu Sangre, purifícame, libérame, Señor!
Cualquier sugerencia o duda pueden comunicarse con el padre Antonio a este email: arivero@legionaries.org

martes, 15 de noviembre de 2016

Comentario a la liturgia dominical – Solemnidad de Cristo Rey 15112016


Comentario a la liturgia dominical – Solemnidad de Cristo Rey

TRIGÉSIMO CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO COMÚN – CLAUSURA DEL AÑO DE LA MISERICORDIA

Mosaico de Cristo, en el apside de la basílica de San Pablo (Foto ZENIT cc)
Mosaico De Cristo, En El Apside De La Basílica De San Pablo (Foto ZENIT Cc)
TRIGÉSIMO CUARTO DOMINGO DEL TIEMPO COMÚN – CLAUSURA DEL AÑO DE LA MISERICORDIA
Ciclo C – Textos: 2 Sam 5, 1-3; Col 1, 12-20; Lc 23, 35-43
P. Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, director espiritual y profesor de Humanidades Clásicas en el Centro de Noviciado y Humanidades y Ciencias de la Legión de Cristo en Monterrey (México).
Idea principalChristus vincit, Christus regnat, Christus ímperat.
Síntesis del mensaje: Hoy celebramos la Solemnidad de Cristo Rey. Así cerramos no sólo el año de la Misericordia, sino también el año litúrgico. El próximo domingo comenzamos el Adviento del ciclo A. Esta fiesta de Cristo Rey antes se celebraba el último domingo de octubre, desde el año 1925 en la que la instituyó el Papa Pío XI. Pero en la reforma de Pablo VI, el 1969, se trasladó al último domingo del año litúrgico, el domingo 34 del Tiempo Ordinario. Esta fiesta nos invita a ver nuestra historia como un proceso del Reino que todavía no se manifiesta, pero que se está gestando y madurando hasta el final de los tiempos.
Puntos de la idea principal:
En primer lugarveamos a nuestros reyes terrenos y a nuestro Rey, CristoLos reyes del mundo van rodeados de grandes séquitos, de armas, de delegados, de fasto y pompa, de terciopelos, de valiosas joyas, de lujosos tronos, esplendorosos salones. Sus proclamaciones suelen estar rodeadas de espectaculares ceremonias, brillantes festejos y general regocijo.Los Evangelios nos presentan un Rey cuyo trono es la cruz y cuyo cetro es un clavo que atraviesa su mano. Demasiado fuerte, demasiado escandaloso, demasiado insoportable para el hombre. Más aún: si algo está lejos de lo que es ser Rey, según el sentir humano, es ese Jesús de la Cruz; si algo es imposible conciliar es que Jesús sea Dios y Rey en la Cruz. Pero los evangelistas no se dejan llevar por los prejuicios humanos, no quieren suavizar las cosas para conseguir adeptos; los evangelistas saben que aquí no se puede remozar la realidad, ni siquiera como técnica pedagógica. A la hora de la verdad, ésta es nuestra fe: ante un hombre que está siendo ejecutado como un malhechor entre malhechores, el cristiano proclama que ése y no otro es nuestro Salvador; ése y no otro es el Hijo de Dios; ése y no otro es nuestro Salvador. Que aquí estamos rozando el Misterio de Dios es innegable; y en esta situación no tenemos otra salida que la confianza, porque este Rey es un Rey lleno de misericordia.
En segundo lugarveamos las reacciones ante este Cristo Rey MisericordiosoEl pueblopresencia la escena, probablemente esperando a ver en qué quedaba todo aquello. Las autoridades religiosas hacen sarcásticos comentarios sobre el crucificado: “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios”; hay que reconocer que saben “poner el dedo en la llaga”, que lo que dicen está lleno de lógica; pero precisamente por eso, porque están convencidos de que Dios tiene que ser como su lógica les dicta, son incapaces de reconocer a Dios tal y como Él se presenta; y el hecho de que no se presente como el hombre esperaría, no es motivo para rechazarle; pero sí lo fue para aquellas autoridades religiosas. Los soldados romanos, encargados de la ejecución, se burlan de aquel hombre que moría bajo el título de “Rey de los judíos”; ellos sí sabían bien lo que era un rey; y además conocían cuál era la verdadera situación de los judíos; en aquel estado de cosas, pensar que aquel hombre fuese rey era un disparate descomunal en el que ellos, lógicamente, no iban a caer. Sólo un hombre es capaz de leer tras las apariencias, de interpretar los acontecimientos que ante sus ojos se están desarrollando; un ladrón que, en otra cruz, comparte el suplicio y el destino más próximo de Jesús: la muerte. Un hombre al que la ley del Estado no ha dado respuestas en su vida, un hombre al que la lógica humana ha considerado indigno de seguir vivo entre los vivos, irrecuperable, sin solución, inservible para el género humano, y por tanto, digno de ser destruido, eliminado. Este es el único que, a pesar de su situación -¿sería atrevido afirmar que, más bien, gracias a ella?- ya no espera nada de la lógica humana, pero no ha perdido toda esperanza. Le queda una esperanza más definitiva, más absoluta, que iba más allá de lo que la vista y la mente podían alcanzar. Por eso se dirige a Jesús Misericordioso para pedirle: “Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Y por eso encuentra una respuesta en Jesús: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.Antes aquel “buen ladrón” ha tenido que ser capaz de superar ideas preconcebidas sobre Dios y reconocerle presente en aquel compañero suyo de suplicio; ha tenido que superar el dejarse esclavizar por los valores al uso en su sociedad y reconocer que, verdaderamente, aquél era Rey y Rey Misericordioso.
Finalmente¿a qué nos compromete esta solemnidad? Es necesario que Cristo reine en primer lugar en nuestra inteligencia, por el conocimiento de sus enseñanzas y la recepción amorosa de esas verdades reveladas; es necesario que reine en nuestra voluntad, por la obediencia e identificación cada vez más plena con la voluntad divina. Es preciso que reine en nuestro corazón, para que ningún amor se anteponga al amor de Dios; y en nuestrocuerpo, que es templo del Espíritu Santo; en nuestro trabajo, en nuestro camino de santidad. Celebrar la fiesta de Cristo Rey implica un compromiso: trabajar con todo empeño para que la voluntad de Dios –como nos dice san Pablo en la 2ª lectura- se manifieste en todas las cosas. En nuestro corazón en primer lugar, y desde allí a todo lo que está a nuestro alrededor, hasta que llegue el día en que el Reino se manifieste en total plenitud, cuando todas las cosas estén definitivamente ordenadas al servicio del hombre nuevo, y Dios sea todo en todos, como dejó escrito el Papa Pío XI en la encíclica “Quas primas”.
Para reflexionar: ¿Es Cristo el Rey de mi corazón, de mi inteligencia y de mi voluntad? ¿Qué hago para llevar el Reino de Cristo a todas partes, ese Reino de justicia, amor, verdad y paz?
Para rezar¡Oh Cristo Jesús! Os reconozco por Rey universal. Todo lo que ha sido hecho, ha sido creado para Vos. Ejerced sobre mí todos vuestros derechos. Renuevo mis promesas del Bautismo, renunciando a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y prometo vivir como buen cristiano. Y muy en particular me comprometo a hacer triunfar, según mis medios, los derechos de Dios y de vuestra Iglesia. ¡Divino Corazón de Jesús! Os ofrezco mis pobres acciones para que todos los corazones reconozcan vuestra Sagrada Realeza, y que así el reinado de vuestra paz se establezca en el Universo entero. Amén.
Cualquier sugerencia o duda pueden comunicarse con el padre Antonio a este email: arivero@legionaries.org.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Comentario a la liturgia domincal 08112016

Comentario a la liturgia domincal

Trigésimo terce domingo del tiempo común
Vitral sobre la Eucaristía
Vitral Sobre La Eucaristía

TRIGÉSIMO TERCER DOMINGO DEL TIEMPO COMÚN
Ciclo C
Textos: Malaquías 4, 1-2a; 2 Tes 3, 7-12; Lc 21, 5-19
P. Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, director espiritual y profesor de Humanidades Clásicas en el Centro de Noviciado y Humanidades y Ciencias de la Legión de Cristo en Monterrey (México).
Idea principal: ¿Cómo prepararnos para el final de los tiempos?
Síntesis del mensaje: Estamos terminando el año litúrgico, y es lógico que los textos de este domingo tengan tono y sabor escatológico, es decir, que nos hagan mirar al futuro de la humanidad y el nuestro. A esta mirada hacia el futuro nos invitan, no sólo el evangelio y la 1ª lectura, sino también esta vez la 2ª lectura de san Pablo. Ahora bien, los “últimos tiempos” ya los estamos anticipando siempre en la participación de los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía, y con la construcción de un mundo más humano y cristiano. Para quienes anuncian insistentemente y con tonos tremendistas que vendrá ya el castigo y el fin de los tiempos, Cristo hoy nos dice que no es inminente: “eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida”. Fe, confianza y perseverancia en el bien.
Puntos de la idea principal:
En primer lugar, en la 1ª lectura, el profeta Malaquías pinta el panorama con total y crudo realismo: “Llega el día, abrasador como un horno. Todos los arrogantes y los que hacen el mal serán como paja; el día que llega los consumirá”. Más claro, imposible. Son imágenes muy gráficas, que remiten a unas grandes verdades. Primera, Dios es el recompensador infinito de aquellos que lo sirven con fidelidad a pesar de las pruebas y el sufrimiento. Segunda verdad, llegará el fin del mundo y, con él, el juicio de Dios. El tiempo en que Dios mismo ponga cada cosa en su lugar, según justicia. Estas palabras de Malaquías no son agradables a la mentalidad moderna, pero no es menos cierto que la justicia que en ellas se manifiesta no invalida la bondad de Dios, que no deja de ser Padre.
En segundo lugar, Cristo en el discurso escatológico del evangelio de hoy desarrolla el mismo tema. Pone en guardia a los cristianos –y a todos- sobre posibles engaños: “Tened cuidado, no os dejéis engañar, porque muchos se presentarán en mi nombre, diciendo: “Soy yo”, y también: “El tiempo está cerca”. No los sigáis”. No hay nada peor que la verdad deformada. No hagamos caso a quienes van por ahí proclamando y anunciando el fin del mundo. La Iglesia ha sido siempre muy cauta en estos temas. Por eso, cuando ha habido supuestamente revelaciones privadas al respecto, la Iglesia no ha dado rápido el veredicto o la aprobación, sino después de un prolongado tiempo de prueba, ya sea aprobándolas o negándolas. Por eso, lo mejor es permanecer tranquilos y serenos en nuestra oración, haciendo el bien a nuestros hermanos y firmes en nuestra adhesión al Magisterio de la Iglesia, y no buscar alarmismos gritando que la justicia de Dios ya está por caer sobre nosotros como un nuevo diluvio, y que tenemos que meternos sabe Dios en qué nuevo arca de Noé. En el plan de Dios, esas guerras, revoluciones, terremotos, epidemias, hambre…tienen la misión de recordarnos que en esta vida todo es transitorio, todo pasa. Llegará el día de los cielos nuevos y la tierra nueva. Sólo así triunfarán la justicia y la felicidad indeficientes.
Finalmente, antes del fin de los tiempos vendrán muchos sufrimientos y persecuciones para quienes quieren ser fieles a Cristo. Ha sido una constante en la vida de la Iglesia, desde sus comienzos en Jerusalén hasta nuestros días. Es conocida aquella sentencia que condenaba a los cristianos como reos de lesa majestad: “Non licet esse vos”, es decir, no tenéis derecho a existir. Se les privaba de la vida, a pesar de que los cristianos eran los más fieles cumplidores de los deberes cívicos. Pero su tenor de vida honrada y limpia era una bofetada implícita a esa vida lujuriosa y desenfrenada de muchos paganos. Hoy también seguimos siendo perseguidos, arrestados, asesinados, no sólo por gobernantes de regímenes comunistas y nazis, sino también por personas de otras religiones y credos. Basta echar una hojeada a las noticias mundiales. Son conocidas las palabras que Tertuliano lanzaba a los perseguidores: “Cuantas veces nos segáis, somos muchos más; semilla de cristianos es la sangre de los mártires”. La Iglesia de siempre enfrenta sin temor y hasta con alegría la persecución, porque la considera un signo de su auténtica identificación con Cristo. Rezar, sufrir, perdonar y dar testimonio de nuestra fe en todas partes, también en las grandes ciudades. Esta es la mejor manera de prepararnos para el final de los tiempos, y no con lenguajes tremendistas y escapando sabe Dios a dónde, para escondernos y vivir una vida tranquila.
Para reflexionar: a unos días de terminar el año de la Misericordia, habría alguno que se preguntaría leyendo hoy este evangelio: ¿dónde está la misericordia y la justicia de Dios? A este respecto, el cardenal Gerhard Ludwig Müller dijo estas palabras: “Hoy sería muy importante comprender que tanto la misericordia como la justicia derivan de la bondad divina como de una misma fuente. Una cierta comprensión actual de la realidad en la que hay una inflación de lo afectivo y de lo sentimental, pretende convencernos de que la misericordia y la justicia son acciones antagónicas. Sin embargo, “la justicia y la misericordia se han abrazado” (Sal 85, 11), es decir, para Dios, decir justicia es decir misericordia, sin oposición. De hecho, es imposible comprender la misericordia de Dios sin tener presente su justicia. Esta no es una especie de balanza en la que juega a equilibrar mis méritos y mis faltas: no lo es, porque sabemos que Dios no nos busca por nuestros méritos ni nos rechaza por nuestras faltas. Tampoco nos mide con reglas o con criterios de justicia externos a Él mismo, por ejemplo, aplicando sin más el Decálogo a nuestra vida¨ (Informe sobre la esperanza, BAC popular, Madrid 2016).
Para rezarSeñor, estoy sereno y tranquilo, y con enorme confianza en Ti, porque al final vendrá la victoria y la felicidad. Te dejo mis preocupaciones y sufrimientos en tus manos. No me hundirán, sino que serán la prueba de mi fe y esperanza. Y al mismo tiempo, quiero seguir haciendo el bien a mi alrededor, con mi palabra y con mi ejemplo. Viviré el “hoy” sin dejar de mirar el “mañana”. Soy peregrino hacia la eternidad y no quiero distraerme en bagatelas y fruslerías. Con la perseverancia, me dijiste, salvaré mi alma. Amén.
Cualquier sugerencia o duda pueden comunicarse con el padre Antonio a este email: arivero@legionaries.org.