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sábado, 4 de julio de 2020

La Iglesia hará 10 días antes del homenaje de Estado un funeral por los fallecidos de la COVID-19 con el rey 040720220

La Conferencia Episcopal prepara una misa solemne en La Almudena con la presencia de la familia real y la vicepresidenta del Gobierno Carmen Calvo

La Iglesia hará 10 días antes del homenaje de Estado un funeral por los fallecidos de la COVID-19 con el rey

Cardenal Osoro, en La Almudena

El día 6 de julio a las 20.00 h., se celebrará una misa funeral en la catedral de la Almudena de Madrid por todos los fallecidos a causa de la pandemia, presidida por Carlos Osoro y a la que acudirán la familia real, diversas autoridades del Estado y religiosas.

Este funeral católico tendrá lugar solo diez antes del homenaje de Estado planeado por el Gobierno para el 16 de julio y anunciado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el pasado 17 de junio

La Iglesia católica española ha planeado un gran funeral por las víctimas de la COVID-19 para el día 6 de julio. Será una misa de la más alta jerarquía al ser presidida por el cardenal Carlos Osoro y contar con la presencia del rey Felipe VI y su familia: la reina Letizia Ortiz y sus dos hijas. Está previsto que asista la vicepresidenta Carmen Calvo en representación del Gobierno.
Este funeral católico tendrá lugar solo diez antes del homenaje de Estado planeado por el Gobierno para el 16 de julio y anunciado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el pasado 17 de junio. La Conferencia Episcopal aprovecha su comisión permanente que se celebrará el 6 y 7 de julio tras ser postergada por la pandemia para convocar la ceremonia en la catedral de La Almudena, en Madrid.
 La Conferencia Episcopal ha dotado de carácter solemne a la celebración: además del cardenal Osoro, la misa será concelebrada por todos los obispos de la Comisión. El acto previsto por el Gobierno tenía carácter laico
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, explicó en junio que, ese acto sería presidido por el jefe del Estado, el rey Felipe VI y que estaba previsto que acudieran el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, de la Comisión, Ursula von der Leyen, del Parlamento Europeo, David Sassoli, el Alto Representante de la UE, Josep Borrell, y el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus.
Familia Real
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sábado, 17 de diciembre de 2016

Homilía del cardenal Osoro en la Misa por Mons. Echevarría (16-12-2016)

Homilía del cardenal Osoro en la Misa por Mons. Echevarría (16-12-2016)


Hermanos y hermanas:
¡Qué palabras nos ha regalado el Señor a través del salmo 102! Que el Señor nos haga oír y ver lo que Él es para nosotros siempre, produce tal alegría en nuestra vida, nos da tal consuelo... El Señor nos manifiesta claramente lo que Él es para nosotros: es compasivo, tiene pasión por el hombre, por todo ser humano; por ello se ha acercado y nos regala su rostro y la gracia necesaria para que vivamos según Él nos muestra. Esto tiene tal fuerza, nos da tales perspectivas, como nos dice el apóstol san Pablo cuando manifiesta que «en la vida y en la muerte somos del Señor», que la esperanza inunda nuestra existencia en todos los momentos de nuestra vida, también en la muerte y en el dolor.
Nos hemos reunido hoy aquí, en la catedral de la Almudena, para celebrar la Misa y ofrecerla por el padre, tal y como en la Obra familiarmente se le llama, por Mons. D. Javier Echevarría. Celebramos la muerte y resurrección de Cristo. En Él hemos triunfado. Su triunfo sobre la muerte nos ha sido regalado. Así lo creía el padre. En textos y cartas que os ha escrito, precisamente en este Año de la Misericordia que acabamos de concluir, le habéis escuchado que el Dios en quien creemos es misericordioso, que nos ama y nos quiere incondicionalmente y que, precisamente por eso, como hemos rezado en el salmo 102, no nos trata como merece nuestro comportamiento y tampoco nos paga según merecemos, sino que su ternura llega hasta el fondo de nuestra existencia. Porque sabe que estamos creados de barro y que, si valemos algo, es por su gracia que nos recompone siempre, por la fuerza y el amor con que Él llena nuestra vida si le dejamos entrar.
Conocéis muy bien la vida de Mons. Javier Echevarría, el padre. Nació aquí, en Madrid, el 14 de junio de 1932. Fue un colaborador incondicional de san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. Fue su secretario dese 1953 a 1975. Después, con el Beato Álvaro del Portillo, fue secretario general de la institución hasta su fallecimiento. El 20 de abril de 1994, san Juan Pablo II lo confirmó como prelado del Opus Dei y fue consagrado obispo el 6 de enero de 1995. Ha muerto este lunes, 12 de diciembre, fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe. D.E.P.
Tuve la gracia de conocerlo y contar con su cercanía y amistad. Puedo decir que siempre sentí la experiencia de su paternidad. La última vez que lo vi fue en el Consistorio en el que el Papa Francisco me creó cardenal y después, en la comida a la que invité en el Colegio Español. Sus palabras finales en las despedidas eran siempre: «Cuenta con mi oración, rezo por ti y por tu ministerio».
Una homilía de una Misa exequial es para orar y ofrecerla por quien hacemos memoria, en este caso por D. Javier. Es para ver el misterio de nuestra vida a la luz de quien para nosotros es el Camino, la Verdad y la Vida, esa luz que nos llega en la Eucaristía, participando de la Luz y la Vida que nos vienen de la muerte y resurrección de Cristo. Jesús revolucionó el sentido de la muerte. Lo hizo con su enseñanza, pero sobre todo afrontándolo Él mismo. «Al morir destruyó la muerte», repite la liturgia en el tiempo pascual. Nos dice Melitón de Sardes así: «Con el Espíritu que no podía morir, Cristo mató la muerte que mataba a todo hombre». De este modo el Hijo de Dios quiso compartir hasta las últimas consecuencias nuestra condición humana, para reabrirla a la esperanza. Es decir, nació para poder morir y así liberarnos de la esclavitud de la muerte. En esta celebración de la Eucaristía, participamos de la vida, muerte y resurrección de Cristo, nos hacemos contemporáneos de quien dio la vida por amor, de quien nos ha ganado y regalado su triunfo. ¿Dónde está la muerte? ¿Y dónde su aguijón? Como nos dice la Carta a los Hebreos, «gustó la muerte para bien de todos» (Hb 2,9). El amor operante en Jesús ha dado un nuevo sentido a toda la existencia del hombre y ha transformado el morir. Si en Cristo la vida humana es paso de este mundo al Padre (Jn 13,1), la hora de la muerte es el momento en que este paso se realiza de modo concreto y definitivo.
¡Qué fuerza tiene el poder contemplar a quienes se comprometen a vivir como Él! Esos son liberados del temor de la muerte que ya no muestra la mueca sarcástica de una enemiga, sino que muestra lo que san Francisco de Asís dice en el Cántico de las Criaturas, muestra el rostro amigo, de una «hermana» por la cual se puede incluso bendecir al Señor: «Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal». Por todo ello, quiero acercar a vuestra vida hoy estas realidades que acabamos de escuchar en la Palabra de Dios que hemos proclamado: 1) Enseñar; 2) Dejarnos conducir, y 3) Aprender.
1. Enseñemos con la sabiduría de Dios, para brillar en medio de la muerte por toda la eternidad (cfr. Dn 12, 1-3). Lo hemos escuchado del profeta Daniel cuando nos cuenta cómo oyó estas palabras del Señor. Ocuparse de los hombres, darles y acercarles la vida eterna, que es la que nos trae Jesucristo, despertar al ser humano de su letargo para que descubra lo verdaderamente importante en la vida, es la gran tarea a la que el Señor nos invita. ¡Qué bueno para nosotros mismos es poder decir un hasta siempre a hombres que han querido gastar la vida para enseñar y regalar la sabiduría verdadera! Gracias Señor por hacérnoslo ver hoy con tu palabra y con personas que han vivido con nosotros. Los límites que haya habido los eliminas tú con tu gracia y con tu amor. Pero te pedimos que reconozcas y acojas a quienes desearon con toda su alma enseñar y vivir con tu sabiduría.
2. Dejémonos conducir por el Espíritu de Dios, así percibiremos nuestra identidad: ser hijos de Dios y por ello hermanos de todos los hombres (Rm 8, 14-17). Vivamos de lo que por gracia se nos dio. No se nos ha dado esclavitud, sino libertad y amor. No se nos ha dado dispersión, eliminación o descarte, sino un Espíritu que nos hace sentirnos hijos y por ello llamamos a Dios Padre y, a quienes nos rodean, hermanos. ¡Qué vida más llena y más plena cuando vivimos con esta tarea entre manos! Nada más y nada menos que haciendo posible que esta humanidad sea una gran familia de hombres y mujeres libres. De habitantes de este mundo que nos sabemos comprometidos con la herencia que Dios mismo nos ha dado: sufrimos con Él, pero sabemos que somos también glorificados con Él.
Todo lo creado está expectante y el ser humano busca salvación, busca felicidad. Atrevámonos a acercar la vida de Dios, la que se nos ha manifestado en Cristo, que no frustra, sino que libera, que elimina la corrupción, que trae la esperanza, que se manifiesta en hacernos vivir en la verdad. ¡Qué hondura adquiere la vida humana y la historia de convivencia entre los hombres aquí, en este tiempo, cuando tenemos junto a nosotros personas que se dejan llevar por el Espíritu de Dios y junto a ellas experimentamos que se nos ha dado el título más grande: hijos y hermanos! Hijos de Dios y, por ello, hermanos de todos los hombres.
3. Aprendamos a vivir convirtiendo nuestra vida en una gran acción de gracias (Mt 25,1-13). Nos ha elegido, nos ha revelado, nos ha entregado todo por Cristo y en Cristo, en su cercanía y comunión eliminamos todos los cansancios. La acción de gracias no son solamente palabras que nosotros decimos más o menos largamente. Es toda una manera de vivir y de comportarse. Que comienza por experimentar que es necesario ser sencillo y hacerse pequeño. De alguna manera esto nos recuerda aquellas palabras del apóstol Pablo cuando habla de Jesús, que «siendo Dios no tuvo a menos hacerse Hombre». La humildad, sencillez y pequeñez son necesarias para tener esta experiencia fundamental en el ser humano para poner la vida en manos de Dios: saber y vivir con toda su profundidad que todo nos lo ha dado Dios y que nos lo ha manifestado a través de su Hijo. Que si queremos conocer a Dios hemos de acercarnos y contemplar a su Hijo. Gracias Señor por acercar a nuestras vidas personas sencillas, alegres, que se fían de Dios y que, por ello, se fían de los hombres, que crean confianza y dan cercanía. Junto a ellas experimentamos la necesidad de ir al Señor siempre para sentir ese alivio que nos hace y construye y eliminar de nuestro lado cansancios y agobios.
El Señor se hace presente ahora en este altar. Recibamos a quien es alivio en los cansancios y agobios. Recibamos a quien nos da sabiduría, a quien nos hace vivir con el título más grande: hijos y hermanos. Junto a Él vivimos la acción de gracias en plenitud. Y con Él sentimos el gozo del triunfo, ese tirunfo que esta tarde pedimos para Mons. Javier Echevarría, prelado del Opus Dei, con la conciencia clara y segura, la que el apostól Pablo nos dice:  «En la vida y en la muerte somos de Dios».  D.E.P. Amén.

viernes, 22 de julio de 2016

Adiós a Carmen Hernández en la Almudena, en un funeral de dos horas lleno de fe y emoción (Homilía completa) 21072016

soro, Rouco, Rylko, Amigo y Blázquez concelebraron

Adiós a Carmen Hernández en la Almudena, en un funeral de dos horas lleno de fe y emoción

Adiós a Carmen Hernández en la Almudena, en un funeral de dos horas lleno de fe y emoción
El arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, junto al féretro de Carmen Hernández - a la derecha, de pie, Kiko Argüello y el padre Mario Pezzi

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21 julio 2016
Dos horas ha durado en la Catedral de la Almudena de Madrid la misa funeral por Carmen Hernández, coiniciadora, junto con Kiko Argüello, del Camino neocatecumenal, una realidad eclesial que nació en el barrio de barracas de Palomeras Altas en la capital de España hace medio siglo y que hoy integra a un millón de católicos en más de 120 países, casi un tercio de ellos en España.

El féretro de Carmen Hernández, fallecida a los 85 años en su casa de Madrid, llegó hasta el presbiterio de la catedral a hombros de jóvenes del seminario Redemptoris Mater de Madrid, ligado al Camino Neocatecumenal. Kiko Argüello cantó y exhortó a todos a tener fe. En la música se alternaba el coro y orquesta del Camino Neocatecumenal con señoras salmistas con guitarras. Las canciones fueron los cánticos habituales del Camino.

Las imágenes de 13TV, la televisión ligada a la Conferencia Episcopal Española recogían las diversas escenas y mostraban las pinturas de estilo neobizantino con las que Kiko, que es pintor, ha iluminado la catedral madrileña. Kiko Argüello, al inicio del funeral, expresó su esperanza así: "Carmen está con el Señor, toda feliz, y yo estoy aquí hecho polvo". 

En la catedral, abarrotada, había gente de todas las edades, aunque menos jóvenes de los que cabía esperar, pues muchos jóvenes neocatecumenales habían marchado ya hacia Polonia, a la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia.

El arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, destacó «el testimonio sincero y valiente» de esta mujer, que dedicó su vida «a anunciar a Jesucristo».

La Eucaristía estuvo concelebrada por el presidente del Pontificio Consejo para los Laicos,Stanislaw Rylko; el presidente de la Conferencia Episcopal Española y cardenal arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez; el cardenal Antonio María Rouco Varela, que fue arzobispo de Madrid durante 20 años y gran valedor del Camino Neocatecumenal; el arzobispo emérito de Sevilla, el cardenal Carlos Amigo; y el nuncio del Papa, Renzo Fratini.

Un mensaje de Francisco
Con motivo del fallecimiento, el Papa Francisco envió un mensaje a Kiko Argüello que fue leído antes del inicio de la misa por el nuncio. En la misiva, el Santo Padre agradecía al Señor «por el testimonio de esta mujer que ha dedicado su vida al anuncio de la Buena Noticia sin olvidar a las personas más marginadas» y animaba «a todos a mantener viva su ansia evangelizadora». Francisco expresó su cercanía a los familiares y miembros de este movimiento “en esta hora de dolorosa separación”, así como “a cuantos han apreciado su ardor apostólico concretizado sobre todo al indicar un itinerario deredescubrimiento del bautismo y de educación permanente en la fe”.

Con Carmen, el Camino nació en Madrid
En su homilía, el arzobispo Osoro quiso destacar el papel de Madrid en el origen de esta realidad eclesial que hoy se ha extendido por todo el mundo y recordó que fue en sus barrios de chabolas donde Carmen Hernández experimentó “la gracia transformadora de la Palabra de Dios, cuando se encontró con Kiko entre los pobres”.

“Palabra, liturgia y comunidad –afirmó Osoro– serán la base de un nuevo camino de encuentro con Cristo y con su Iglesia, de una nueva manera que fascina hoy a un millón y medio de cristianos que, repartidos en 30.000 comunidades, anuncian a Jesucristo”.

El Arzobispo de Madrid invitó a “poner en manos del Señor la vida de nuestra hermana y pedirle que perdone todas sus faltas, a quien quiso vivir con las convicciones que el apóstol san Pablo nos manifiesta: ‘Si vivimos, vivimos para Dios, si morimos, morimos para Dios, en la vida y en la muerte somos de Dios’”.

Homilía completa de Carlos Osoro, arzobispo de Madrid
Excelencias,
Hermanos sacerdotes,
Padre Mario,
Querido hermano Kiko Argüello, que con Carmen iniciaste el Camino Neocatecumenal,
Queridos hermanos del Camino que, de diversas partes de España y del mundo, habéis querido haceros presentes en esta despedida a Carmen de este mundo,

Hermanos y hermanos todos, también a aquellos que estáis siguiendo esta celebración a través de 13TV y de otros medios de comunicación social:

La Palabra de Dios que acabamos de proclamar ha sido contundente. Tres expresiones nos revelan lo que Nuestro Señor Jesucristo quiere que celebremos sus discípulos hoy, con motivo de la salida de este mundo de Carmen. Para ello, el Señor nos ha hablado:

1) Nos da una gran noticia. Nos da la mejor noticia que un ser humano puede recibir (Is 25, 6a. 7-8b): El Señor destruirá la muerte para siempre, enjugará las lágrimas de todos los rostros, borrará de la tierra el oprobio. El ser humano, en lo más profundo de su corazón, tiene deseos de eternidad, quiere vivir para siempre. Dios quiere acompañar al ser humano en todas las situaciones de su existencia, también en la muerte. El deseo de ser eterno fue lo que le llevó a querer ser igual a Dios y, por ello, entrar por un camino por el que Dios le había dicho que no fuese. Todos nos tenemos que enfrentar con la oscuridad más grande que existe y para la cual no hay posibilidad de dar luz desde nosotros, pues no hay lámparas capaces de alumbrar, ni centrales que produzcan la luz. El ser humano tiene palabras y soluciones mientras vive en este mundo, pero no tiene ni soluciones ni palabras para la muerte. Ante la muerte, lo único que podemos decir a quien les ha afectado es: os acompañamos en este dolor. Por otra parte, todos sabemos que más tarde o más temprano morimos. ¿Os imagináis lo que significa que nos llegue la noticia de que Dios va a destruir la muerte para siempre?

2) Nos revela un gran misterio. Hoy, una vez más, se nos revela un misterio: la muerte ha sido vencida. Hoy podemos gritar con todas nuestras fuerzas: «¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?». Y lo ha hecho Dios mismo, haciéndose hombre: «No ha tenido a menos hacerse uno como nosotros y pasar por uno de tantos», también por la muerte, pero para vencerla con su poder que es su amor, porque lo que «provoca la muerte es el pecado». Y el que no tiene pecado la ha vencido y ha querido entregarnos toda su vida a nosotros. Lo hace siempre revelándose en nuestra existencia con un rostro que nos mira con una inmensa misericordia. «Demos gracias a Dios, que nos ha dado la victoria por Nuestro Señor Jesucristo».

3) Nos sitúa en una provocación de salida a toda la humanidad, que hay que anunciar. Hoy nos la hace Nuestro Señor a nosotros. Nos toma como a Pedro, a Juan y Santiago y nos hace vivir una realidad esencial, la que conmueve los cimientos de la vida y de la historia, la que sigue siendo necesario anunciar, pues afecta a toda la creación. Pedro, Juan y Santiago vieron cómo conversaba como Moisés y Elías y hablaban de su «éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén», es decir, hablaban de cómo Jesús con su muerte y Resurrección realiza el éxodo en nombre de la humanidad. Oyeron, vieron cómo dialogaba con el Padre y cómo sus vestidos brillaban de resplandor. Pedro le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí!». Y es que tener en nosotros la vida, la Resurrección, poderla contemplarla, experimentar el gozo de la plenitud, es lo que necesitamos siempre los hombres, para caminar con sentido y metas, para ser creativos en todas las situaciones buscando salidas en la alegría del Evangelio. Experimentemos la alegría de la Resurrección del triunfo, de dejarnos envolver y abrazar por Dios, como los primeros discípulos envueltos en aquella nube. Y que escuchemos también «este es mi Hijo el Elegido, escuchadlo».

Carmen experimentó en Palomeras, aquí en Madrid, la gracia transformadora de la Palabra de Dios, cuando se encontró con Kiko entre los pobres y viendo cómo esta tenía una resonancia fascinante en ellos. Allí Carmen quedó también fascinada. Y aún más cuando el arzobispo de Madrid, don Casimiro Morcillo, los animó a que siguieran en esta misión. Y Carmen, que había venido a buscar a Madrid jóvenes para ir a Bolivia, se encuentra con un descubrimiento fundamental en su vida para anunciar a Jesucristo Resucitado: el trípode. Palabra, liturgia y comunidad serán la base de un nuevo camino de encuentro con Cristo y con su Iglesia, de una nueva manera que fascina hoy a un millón y medio de cristianos que, repartidos en 30.000 comunidades, anuncian a Jesucristo. De tal manera que la evangelización se convierte en una comunidad cristiana que vive y hace vivir, desde una oración sincera, desde la comunión entre personas realizada en una comunidad concreta y con el entusiasmo de la evangelización, es decir, de anunciar a Jesucristo muerto y resucitado.

Queridos hermanos, hoy nos ha reunido la partida de este mundo de Carmen. Pero de verdad lo que nos ha reunido ha sido proclamar una gran noticia, un gran misterio: Nuestro Señor ha querido provocarnos una vez más y hablarnos como a los primeros, de su éxodo, es decir, de su triunfo, de su Resurrección y de nuestro triunfo en Él.

Creer en la Resurrección de Jesucristo provocó en Carmen un deseo misionero irresistible. Lo hizo desde tres grandes pasiones: 1) Puso la vida al servicio de este anuncio; 2) Sintió la urgencia de vivir con un testimonio sincero y valiente, realizado desde su carácter franco y con un lenguaje directo; 3) Todo vivido con un gran amor a la Iglesia: su papel en la redacción del estatuto del Camino aprobado por la Santa Sede, la defensa de la mujer y su papel en la Iglesia, su sincero amor al Sucesor de Pedro.

Pidamos al Señor por Carmen. Nuestra oración, cuya expresión más sublime se realiza en la celebración de la Eucaristía, nos lleva a poner en manos del Señor la vida de nuestra hermana y pedirle que perdone todas sus faltas, a quien quiso vivir con las convicciones que el apóstol san Pablo nos manifiesta: «Si vivimos, vivimos para Dios, si morimos, morimos para Dios, en la vida y en la muerte somos de Dios». La Virgen María nos acompaña siempre en este encuentro definitivo con Dios, así lo ha querido el Señor; nos la dio como Madre, para que viviésemos en la misma confianza del Señor que lo acompaño hasta el final, Ella escuchó a Jesús decir: «Padre, a tus manos encomiendo mi vida». Descanse en paz Carmen, iniciadora con Kiko del Camino Neocatecumenal. Y a nosotros nos dé el descanso de saber que el triunfo del hombre es el triunfo de Cristo. Amén.

martes, 17 de mayo de 2016

Mons. Osoro en el funeral por las víctimas del terremoto de Ecuador: «Cristo nos enseñó que el mal nunca tiene la última palabra» 17052016

Martes, 17 Mayo 2016 22:21

Mons. Osoro en el funeral por las víctimas del terremoto de Ecuador: «Cristo nos enseñó que el mal nunca tiene la última palabra»


Mons. Osoro en el funeral por las víctimas del terremoto de Ecuador: «Cristo nos enseñó que el mal nunca tiene la última palabra»
Cientos de ecuatorianos y ciudadanos madrileños se han dado cita esta tarde en la catedral de Santa María la Real de la Almudena para asistir a la Misa funeral por las víctimas del terremoto de Ecuador del pasado mes de abril. Presidida por el arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, con él han concelebrado el nuncio de Su Santidad, el arzobispo castrense, el secretario de la CEE, el vicario general de la archidiócesis de Madrid, el deán de la catedral, vicarios episcopales, miembros del Cabildo Catedral y numerosos sacerdotes ecuatorianos. A la ceremonia han asistido los Reyes, el presidente del Gobierno acompañado por su mujer, los ministros de Exteriores e Interior, la fiscal jefe del Estado, representantes del Cuerpo diplomático acreditados en España, la alcaldesa de Madrid, y políticos como Albert Rivera y Pablo Iglesias, entre otros.
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Haga clic en las imágenes para verlas en grande o descargarlas (Firma: Infomadrid / Miguel Hernández Santos)
El arzobispo ha comenzado su homilía recordando que «el título que nos reúne hoy» en la catedral es «hermanos todos en Jesucristo». Y a continuación, al hilo del Salmo 22 proclamado, se ha preguntado cómo se puede entender este terremoto, que causó tantas víctimas mortales. Para el prelado, «Cristo nos enseñó que el mal nunca tiene la última palabra. Que el amor es más fuerte que la muerte». Por eso, «la Iglesia de Cristo está llamada a proclamar este mensaje de esperanza y a confirmar la verdad del mismo con su testimonio».
Ha invitado a los presentes a pensar «por un instante» en la muerte, «es necesario hacerlo». Así, «contra la muerte, deberíamos transformar nuestra vida desde dentro, crear una vida nueva» porque «lo nuevo y emocionante del mensaje cristiano» es «esta nueva vida que se nos da en el Bautismo, que es curativa. Una nueva vida que no puede ser truncada». «Sepamos llorar hoy la muerte de nuestros hermanos, pero también descubrir el gran significado que tiene este dolor, este llanto», ha señalado. En este sentido, ha recordado unas palabras de san Juan Pablo II con motivo del atentado que sufrió, asegurando que «el límite del mal es el sufrimiento de Dios en la cruz». Porque «el mal existe en el mundo también para despertar en nosotros el amor».
Además del lloro por la muerte, «hay que saber tener palabras para decir al hermano: "Tu hermano ha resucitado"». «Esta es la pregunta que Dios nos hace esta noche: ¿Crees esto?», ha cuestionado a los presentes. «Con la fe en la existencia de este poder, ha surgido una historia de esperanza, aun cuando parece que no hay esperanza». Porque «el Dios en quien creemos se compadece del hombre. El hombre tiene un valor tan grande para Dios que se hizo hombre para con-padecer».
Monseñor Osoro ha concluido asegurando que «la estrella de la esperanza en Cristo se hizo presente en el misterio de la Eucaristía» y preguntando de nuevo a los presentes si lo creían. «Que podamos decir: “Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, tú eres el que ha venido al mundo para darnos una palabra”», ha añadido.
La colecta ha sido sustituida por la entrega de un donativo a favor de Cáritas con Ecuador, recogido al finalizar la celebración.
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Haga clic en las imágenes para verlas en grande o descargarlas (Firma: Infomadrid / Miguel Hernández Santos)
Hermandad del pueblo español
Antes de la bendición final, el embajador de Ecuador en nuestro país ha tenido unas palabras de agradecimiento a los Reyes por «tener la generosidad y la sensibilidad de aceptar la invitación para asistir a esta Eucaristía» así como para las autoridades españolas, que nada más conocer la noticia del terremoto se movilizaron para prestar su ayuda y solidaridad. También ha reconocido que «lo que más nos duele es lo que nosotros más apreciamos: nuestro pueblo», con 12.000 familias que continúan viviendo en albergues. Y ha destacado la presencia del primer grupo de 'rescatistas' que se fue a Ecuador a las pocas horas de producirse el siniestro, para ayudar a salvar vidas. «Somos testigos –ha dicho– de la hermandad del pueblo español con el pueblo ecuatoriano», por lo que ha manifestado un «profundo agradecimiento».
Infomadrid / M.D. Gamazo / Fotos: Miguel Hernández Santos

jueves, 21 de abril de 2016

La catedral acogerá una Misa funeral por las víctimas del terremoto de Ecuador el día 30 (21042016)

La catedral acogerá una Misa funeral por las víctimas del terremoto de Ecuador el día 30

La catedral acogerá una Misa funeral por las víctimas del terremoto de Ecuador el día 30
El sábado 30 de abril, a las 10:00 horas, la catedral de Santa María la Real de la Almudena acogerá una Misa funeral por las víctimas del terremoto de Ecuador. Presidida por el arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, contará con una fuerte presencia de la comunidad ecuatoriana en España, así como de representantes de la sociedad civil y del cuerpo diplomático.
La celebración podrá seguirse también en directo a través de la web del Arzobispado.