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viernes, 13 de noviembre de 2015

La hierba crece de noche (José Luis Martín Descalzo)

La hierba crece de noche
Como todas las cosas grandes e importantes

Henos aquí en un mundo superinformado que informa de todo menos de lo fundamental


Por: José Luis Martín Descalzo | Fuente: Razones para vivir 



No sé ya quién escribió esa perogrullada que he puesto como título de esta nota, pero sí sé que de ella viene alimentándose mi alma hace un montón de años. Porque es cierto, la hierba -como todas las cosas grandes e importantes del mundo- crece de noche, en silencio, sin que nadie la vea crecer, porque bondad y bien empalman con silencio, así como la estupidez va siempre acompañada del brillo y del estrépito.

La gran peste de este mundo contemporáneo -y los periódicos estamos contribuyendo decisivamente a ello- es que en él, como anunciara Kierkegaard, sólo se conceden altavoces a los necios.

Cualquier cretino de turno se casa o descasa, se pinta el pelo de verde, hace -¡oh, milagro!- dos agujeros en los pantalones de las nenas, y ahí están todas las revistas del mundo para contar su prodigiosa hazaña. Pero, en cambio, si usted «sólo» ama, «sólo» trabaja, «sólo» piensa y estudia, «sólo» trata de ser honesto, ya puede matarse a hacer todas esas cosas tan poco importantes, que jamás saldrá en la primera página. Cualquier criminal será más importante que usted. Y así es como los hombres de hoy estamos condenados a ver perpetuamente la realidad a través de un espejo deformante.

Si tres mil cirujanos ponen su alma y sus nervios en aras de sus pacientes, nunca serán noticia. Pero Dios libre a uno solo de ellos de equivocarse en uno de sus diagnósticos o en el manejo de sus bisturíes, pronto serán los tres mil acusados de carniceros.

Si veinte mil curas luchan diariamente por difundir su fe en Dios y por servir humildemente a sus hermanos, jamás cantará nadie su heroísmo en un poema. Pero que suba uno de ellos a un púlpito un día en que le duele el estómago y diga un par de tonterías, verán ustedes cómo lo cuenta hasta la televisión.

Podríamos seguir con todas las profesiones. Podríamos añadir que del mismo bien sólo se ven los aspectos espectaculares. Yo no sé si Agustina de Aragón era una buena novia o una buena esposa, yo no sé si quería a sus padres o era generosa con sus amigas. Sólo me han contado que un día se inflamó su alma y disparó un cañón, y la verdad es que resulta mucho más heroico amar veinticinco años que disparar un cañón veinticinco minutos.

A veces uno se muere de risa: llevas toda tu vida luchando por escribir bien, acusando montañas de páginas, renunciando a millares de diversiones para atarte a este potro de tortura que es la máquina de escribir... ¡y se enteran veinticinco! Pero te llaman un día a la televisión para que digas las cuatro bobadas que se pueden decir en tres minutos (y que forzosamente en aquel clima de focos y locura no pueden ser otra cosa que bobadas) ¡y luego estás durante un mes encontrándote con amigos que te dicen que te vieron en la «tele» y que hasta te valoran por ese maravilloso éxito de que tu rostro haya aparecido en ese cuadradito luminoso!

Sí, henos aquí en un mundo superinformado que informa de todo menos de lo fundamental. Henos aquí en un tiempo en que nunca sabremos si los hombres aman, esperan, trabajan y construyen, pero en el que se nos contará con todo detalle el día que un hombre muerda a un perro. Presiento que aquí está una de las claves de la amargura del hombre contemporáneo: sólo vemos el mal, sólo parece triunfar la estupidez.

Esto último no es culpa de la prensa: desde que el mundo es mundo, los tontos han hecho siempre mucho ruido. Y así como cien violentos son capaces de traer en jaque a treinta millones de pacíficos, una docena de infradesarrollados son capaces de poner patas arriba todo lo que los mejores lograron construir a lo largo de siglos.

Frente a ello sólo nos queda la sonrisa, reírse un poco de la condición humana y de esa ancha zona de tontería que todos llevamos dentro de vuestra propia alma. Sonreír, mirarse al espejo, sacarle la lengua a la tontería externa y a la interna... y seguir trabajando. Porque ésta es la gran verdad: toda la necedad del mundo nunca será capaz de impedir que la hierba siga creciendo de noche... siempre que la hierba sea capaz de seguir creciendo callada y oscuramente y no caiga también ella en la tentación de envidiar a los ruidosos.

Platón lo dijo mucho mejor: «Nada de cuanto sucede es malo para el hombre bueno.» Puede el dolor acorralarnos, pero no emponzoñarnos. Puede la injusticia agredirnos, pero no violarnos. Puede la frivolidad escupirnos, pero no ahogarnos. Sólo la propia cobardía puede conducirnos al desaliento y, con él envenenarnos. Damos una importancia desmesurada al mal. Invertimos lo mejor de nuestras horas en lamentarnos de él o en combatirlo. Y casi ya no nos resta tiempo para construir el bien.

Graham Greene decía que esa famosa estación del Vía Crucis que suele titularse «Jesús consuela a las piadosas mujeres» debería llamarse «Jesús reprende a las mujeres lloronas». Porque aquellas mujeres que tanto parecían compadecerse del Cristo sufriente, ¿no pudieron hacer por él algo más que llorar? Y añade, ferozmente, el novelista: «Las lágrimas sólo sirven para regar berzas.» Yo añadiría que «además las riegan muy mal». Efectivamente: sobran en el mundo los llorones, faltan trabajadores. Y las lágrimas son malas si sólo sirven para enturbiar los ojos y maniatar las manos.

¡Ni una lágrima, pues! Mis ojos -cuando están claros- saben, aunque no vean, que en la negrura del mundo hay millones de almas creciendo en la noche, silenciosas y humildes, constructoras y ardientes. No gritan, pero aman. No son ilustres, pero están vivas. No salen en los periódicos, pero ellas sostienen el mundo. Hay en todo lo ancho del planeta millones de flores que nunca verá nadie, que crecerán y morirán sin haber «servido» para nada, pero que estarán orgullosas por el simple hecho de vivir y de haber sido hermosas. Porque, como dijo -hablado de las rosas- un poeta, «qué importa morir, cuando se ha sido ¡y tanto!».

 

viernes, 14 de agosto de 2015

Los niños no están bien (Tema actual)

Los niños no están bien
Joven criada por lesbianas da voz a los derechos de niños y niñas cuyo dolor es silenciado


Por: Redacción Portal Luz | Fuente: www.portaluz.org 



Brandi Walton, quien fue criada en el sur de Oklahoma (USA) por lesbianas, declara que también ella ha "salido del closet". Su voz -según testimonia- estuvo cautiva por casi dos décadas y hoy se alza desde el blog “The Lesbians Daughter” para testimoniar cómo es la vida para una “descendiente” de lesbianas.

El 21 de abril pasado, con una carta titulada “Los niños no están bien”, publicada en U.S.A. por The Federalist, Brandi dio nuevo impulso a su activismo, manifestando una verdad que las leyes de muchos países silencian, olvidan, aplastan:

 “Algunos hijos de padres homosexuales -dice Brandi-, al igual que algunas personas homosexuales, no apoyan la paternidad gay o el matrimonio gay. Hombre y mujer, juntos, aportan algo que cada niño y niña necesita”.

En el Blog “The Lesbians Daughter”, esta joven criada en U.S.A. valida los derechos de su madre a ser feliz, pero también la "salida del closet" que como hija ha realizado, para denunciar la verdad que los medios de comunicación masivos silencian…

"Creo que mi mamá tenía derecho a ser feliz y vivir su vida de la mejor forma posible. Y creo que yo tenía también derecho a ser feliz y vivir la vida de la mejor forma posible. Finalmente su decisión fue una auténtica captura, durante 22 años. Alguien iba a salir lastimado de cualquier manera, y da la casualidad de que fui yo…".
 
Este 11 de junio, tras la decisión impuesta por la Corte Suprema de Estados Unidos que valida en todo ese país el matrimonio para personas del mismo sexo, Brandi comenta desde su Blog que lo considera como la ola de un “maremoto que hoy está descendiendo hacia la sociedad. La embestida sofocante para imponer la homosexualidad y los estilos de vida alternativos en cada rincón… Desde banderas del orgullo gay en las celebraciones militares a revistas llenas de obscenidades en las tiendas de comestible... Aunque estoy de acuerdo que nadie debe ser tratado mal por su estilo de vida, sobre todo hasta el punto de imponer violencia, ¿Es ésta realmente la única manera? ¿No hemos traspasado desde la tolerancia a forzar ahora la aceptación?… ¿Cómo una aceptación forzada podrá cambiar algo?”

Nace la activista

Su activismo nació un día del año 2010 cuando vio en la vía pública el anuncio de una nueva película cuyo título era: "The Kids Are Alright" (los niños están bien). Se puso tensa, reconoce, al punto que se le revolvió el estómago pues podía intuir de qué se trataba ese filme. Después de mirar la sinopsis de la película estaba lívida. Sólo el título de la película le ponía lívida de enojo, confidencia en su Blog.

“Sentí como si Hollywood estuviere tratando de decirle a la sociedad algo de mí, y de hecho lo hacían, pero decían mentiras. Al menos no ocurría en mi caso. No me sentía «bien» de la forma en que yo crecí… Esta película y su título fueron la chispa que encendió la activista en mí. Supe entonces que en algún momento yo quería hablar acerca de lo que significa crecer en un hogar homosexual, y aquí estoy”.

Así comenzó un camino que alcanzó el apogeo con la carta publicada en Abril de este año 2015 donde esta joven le habla a la comunidad organizada de Lesbianas Gay Bisexuales Transexuales (LGBT)…

“Nunca llevé una bandera en sus desfiles del orgullo gay –comienza diciendo Brandi-. Nunca escribí una carta en vuestro nombre a un miembro del Congreso o cualquier otra persona, y nunca sentí la necesidad de hacer que la gente acepte el hecho de que soy la hija de una lesbiana. Tal vez porque ella nunca sintió la necesidad de obligar a la gente a aceptarla por serlo… No, nunca me alinearía con una comunidad tan intolerante y egoísta como la comunidad LGBT, una comunidad que exige tolerancia con fervor y pasión, sin embargo, no la da a cambio, incluso en ocasiones a sus propios miembros… Yo soy un producto de la Revolución Lésbica de los años 80. Mi madre siempre sabía que le gustaban las chicas, pero se esforzó por ser una buena, recta, chica Bautista del Sur. Cuando yo tenía un año de edad, dejó a mi padre por otro hombre, con quien vivimos hasta mis cuatro años de edad… entonces lo dejó por otra mujer”.

Ningún silencio impuesto “cambia lo que los niños pueden ver”, denuncia Brandi y esta fue una poderosa razón para alzar la voz. A su modo narra lo que sufría al compartir con sus amigos que tenían una mamá y un papá: “Pasaba todo el tiempo que me era posible con esos amigos. Yo anhelaba el afecto que mis amigos recibían de sus papás. Quería saber cómo era ser celebrada y acariciada como hija por un padre… En lo que a mí respecta, yo ya tenía una madre; no necesitaba otra…Crecer sin la presencia de un hombre en mi casa me dañó. Todo lo que quería desde niña era una familia normal… Siempre estuve aterrorizada de que alguien descubriera que mi madre era lesbiana… Sólo recién cuando conocí a mi marido, todo hizo clic. Por primera vez, me sentí viva y completa. Tener hijos y contemplar a un hombre padre…fue hermoso e imponente. Esto sólo reforzó mi creencia de que un niño necesita un padre y una madre, y que la paternidad del mismo sexo o las familias monoparentales son muy inferiores a una sana paternidad heterosexual”.
 
El derecho y el deber de levantar la voz

Es la lógica del amor, dice Brandi, lo que le llevó al activismo. Así como nadie se escandaliza porque los hijos de padres divorciados manifiesten sus heridas, nadie debería calificar de irrespetuoso, egoísta u homofóbico, dice, el testimonio de los niños y niñas que han sufrido siendo criados por parejas del mismo sexo. Así lo argumenta, en otra de sus publicaciones del Blog:

“…Estoy aquí para decir que dos personas que se aman no es lo suficiente. Y a veces, dependiendo de las circunstancias, es perjudicial. Los niños están en una etapa de aprendizaje en sus vidas y cierto "amor" no enseña a los niños todo lo que necesitan saber acerca de cómo navegar en este mundo.

Es interesante que sólo haya dos sexos, masculino y femenino, y que se requieren esos dos sexos para procrear un niño. Por lo tanto ¿no tiene acaso sentido afirmar que los descendientes de esos dos sexos, necesitan que ambos sexos que los procrearon sean parte de la crianza? La gente siente simpatía por los niños que son criados sin padres -ya sea porque tenían papás que de golpe fallecieron o porque uno de los progenitores falleció-, porque es obvio que esos niños perdieron algo importante. Pero cuando se involucra la homosexualidad, no hay simpatía por los niños a quienes se impone el ser huérfano de padre o madre, y eso es trágico.

…El ataque a la identidad sexual femenina y masculina está en pleno apogeo y, a menos que más personas se levanten para defender los elementos más básicos de nuestra existencia humana, corremos el riesgo de perder nuestra propia identidad humana.”

 

jueves, 1 de enero de 2015

Las riquezas baratas (Temas actuales)

Las riquezas baratas
Me pregunto si unos ciertos grados de estrechez no serán un don para el mundo...


Por: José Luis Martín Descalzo | Fuente: Razones para la Alegría



Supongo que a estas alturas ya nadie duda de que vamos hacia un mundo de estrecheces. Las vacas gordas pasaron a la historia y parece que para todos llegó el tiempo de apretarse el cinturón (aunque los pobres se quedaron sin agujeros que apretar hace mucho tiempo). Primero le llegó el agua al cuello a las clases medias; hoy, hasta los más derrochones se ven obligados a mirar la peseta.

¿Es esto una desgracia? Lo es, desde luego, para cuantos pasan hambre. Pero yo me pregunto si unos ciertos grados de estrechez no serán un don para el mundo y no nos empujarán a descubrir todas esas otras fortunas baratísimas que hoy tenemos medio olvidadas.

Porque -aunque de esto apenas se hable- hay riquezas carísimas y riquezas baratas. Y sería dramático que mientras la gente se pasa la vida llorando por no poder alcanzar los bienes caros, se dejasen de cultivador los que tenemos al alcance de la mano.

La más grande y barata de las riquezas es, por ejemplo, la amistad. Un buen amigo vale más que una mina de oro. Sentirte comprendido y acompañado es mayor capital que dar la vuelta al mundo. Un corazón abierto es espectáculo más apasionante que las cataratas del Niágara. Alguien que nos ayude a sonreír cuando estamos tristes es más sólido que mil acciones en bolsa. ¡Y qué barato es tener un buen amigo! Cuesta menos que una caña de cerveza, menos que una barra de pan. ¡Y es más sabroso! Lo pueden tener los pobres y los ricos y casi les es más fácil a los primeros. Hay amigos en todas partes, de todas las edades, de mil ideologías, de muy diversos niveles culturales. Quién sabe si cuando todos vayamos siendo pobres descubriremos mejor esa propiedad milagrosa de la amistad con la que no contábamos.

También se puede ser gratuitamente millonarios de sol, de aire limpio, de paisajes. Hace falta dinero para hacer un safari por Africa Central, pero no hace falta una sola moneda para acariciar la cabeza de un perro y ver cómo levanta hacia nosotros sus ojos agradecidos. ¿Recuerdan a aquel grupo de pobres que en "Milagro en Milán" se sentaban cada tarde a disfrutar del maravilloso y baratísimo espectáculo de una puesta de sol? Jamás compañía teatral alguna alcanzó mayor belleza, nunca pintor alguno mezcló mejor los colores. ¿Y quién podría asegurar que una cena de gala en el Waldorf Astoria produce mayor gozo que una tarde de primavera bajo la sombra de un sauce?

Y el placer milagroso y baratísimo de la música. Lo que más agradezco yo a nuestra civilización es esta posibilidad de que un pequeño aparato de poco más de medio kilo de peso te conceda algo que hubiera enloquecido a Beethoven: poder disfrutar de todas las orquestas del mundo con sólo ir movimiento suavemente el mando de una aguja. Lo que en el siglo XVIII no podían permitirse ni los emperadores lo tengo yo ahora a diario. ¿Y qué mina de diamantes me haría tan fabulosamente rico como el poder tener en mi oído y en mi alma el concierto de violoncello de Schuman o las vísperas de Monteverdi? No cambiaría yo, verdaderamente, un pequeño transistor por un palacio en Arabia. Porque aun cuando la charlatanería está invadiendo a no pocas emisoras, aún queda casi siempre la posibilidad de encontrar entre ellas la mina de diamantes de una buena música.

Y ahora pido a mis lectores que griten unánimes un ¡ooooh! larguísimo porque aquí llega el superpremio baratísimo de la noche: su majestad el libro, con cuarenta caballos, carrocería en oro vivo, acelerador del alma, ruedas irrompibles, cristales de aumento para entender la vida motor multiplicador de la existencia. Yo me imagino a veces a mi buen amigo Ibáñez Serrador poniendo entre sus premios media docena de libros de poesía para ver con qué ¡uf! se sentían liberados los concursantes que de tal nimiedad se librasen. Y, sin embargo, ¿desde cuándo un coche, un apartamento, una vuelta al mundo, un abrigo de visón pueden producir la centésima de placer verdaderamente humano que aportaría un solo buen poema?

Nos han engañado, amigos. Nos han estafado acostumbrándonos a creer que es el estiércol del dinero y del lujo la verdadera moneda de la felicidad. Nos han empobrecido diciéndonos que el mundo sería menos mundo cuando estuvieran más flacas nuestras cuentas en el banco. Nos han conducido a equivocarnos de piso, a dejar en las arcas del olvido las riquezas de primera, creyendo que existen sólo las riquezas digestibles. Hay tesoros baratos y casi nadie lo sabe.

Hay multimillonarios que gastan la vida en llorar por creerse pobres. Y yo me pregunto si un poco de estrechez no serviría para abrirnos los ojos. Y, la verdad, no me preocuparía que en el mundo que viene tuviéramos que apretarnos un poco el cinto a cambio de que aprendiéramos a estirar el alma.

viernes, 5 de diciembre de 2014

La hierba crece de noche (Temas actuales)

La hierba crece de noche
Como todas las cosas grandes e importantes
Henos aquí en un mundo superinformado que informa de todo menos de lo fundamental


Por: José Luis Martín Descalzo | Fuente: Razones para vivir




No sé ya quién escribió esa perogrullada que he puesto como título de esta nota, pero sí sé que de ella viene alimentándose mi alma hace un montón de años. Porque es cierto, la hierba -como todas las cosas grandes e importantes del mundo- crece de noche, en silencio, sin que nadie la vea crecer, Porque bondad y bien empalman con silencio, así como la estupidez va siempre acompañada del brillo y del estrépito.

La gran peste de este mundo contemporáneo -y los periódicos estamos contribuyendo decisivamente a ello- es que en él, como anunciara Kierkegaard, sólo se conceden altavoces a los necios.

Cualquier cretino de turno se casa o descasa, se pinta el pelo de verde, hace -¡oh, milagro!- dos agujeros en los pantalones de las nenas, y ahí están todas las revistas del mundo para contar su prodigiosa hazaña. Pero, en cambio, si usted «sólo» ama, «sólo» trabaja, «sólo» piensa y estudia, «sólo» trata de ser honesto, ya puede matarse a hacer todas esas cosas tan poco importantes, que jamás saldrá en la primera página. Cualquier criminal será más importante que usted. Y así es como los hombres de hoy estamos condenados a ver perpetuamente la realidad a través de un espejo deformante.

Si en España tres mil cirujanos ponen su alma y sus nervios en aras de sus pacientes, nunca serán noticia. Pero Dios libre a uno solo de ellos de equivocarse en uno de sus diagnósticos o en el manejo de sus bisturíes, pronto serán los tres mil acusados de carniceros.

Si en España veinte mil curas luchan diariamente por difundir su fe en Dios y por servir humildemente a sus hermanos, jamás cantará nadie su heroísmo en un poema. Pero que suba uno de ellos a un púlpito un día en que le duele el estómago y diga un par de tonterías, verán ustedes cómo lo cuenta hasta la televisión.

Podríamos seguir con todas las profesiones. Podríamos añadir que del mismo bien sólo se ven los aspectos espectaculares. Yo no sé si Agustina de Aragón era una buena novia o una buena esposa, yo no sé si quería a sus padres o era generosa con sus amigas. Sólo me han contado que un día se inflamó su alma y disparó un cañón, y la verdad es que resulta mucho más heroico amar veinticinco años que disparar un cañón veinticinco minutos.

A veces uno se muere de risa: llevas toda tu vida luchando por escribir bien, acusando montañas de páginas, renunciando a millares de diversiones para atarte a este potro de tortura que es la máquina de escribir... ¡y se enteran veinticinco! Pero te llaman un día a la televisión para que digas las cuatro bobadas que se pueden decir en tres minutos (y que forzosamente en aquel clima de focos y locura no pueden ser otra cosa que bobadas) ¡y luego estás durante un mes encontrándote con amigos que te dicen que te vieron en la «tele» y que hasta te valoran por ese maravilloso éxito de que tu rostro haya aparecido en ese cuadradíto luminoso!

Sí, henos aquí en un mundo superinformado que informa de todo menos de lo fundamental. Henos aquí en un tiempo en que nunca sabremos si los hombres aman, esperan, trabajan y construyen, pero en el que se nos contará con todo detalle el día que un hombre muerda a un perro. Presiento que aquí está una de las claves de la amargura del hombre contemporáneo: sólo vemos el mal, sólo parece triunfar la estupidez.

Esto último no es culpa de la prensa: desde que el mundo es mundo, los tontos han hecho siempre mucho ruido. Y así como cien violentos son capaces de traer en jaque a treinta millones de pacíficos, una docena de infradesarrollados son capaces de poner patas arriba todo lo que los mejores lograron construir a lo largo de siglos.

Frente a ello sólo nos queda la sonrisa, reírse un poco de la condición humana y de esa ancha zona de tontería que todos llevamos dentro de vuestra propia alma. Sonreír, mirarse al espejo, sacarle la lengua a la tontería externa y a la interna... y seguir trabajando. Porque ésta es la gran verdad: toda la necedad del mundo nunca será capaz de impedir que la hierba siga creciendo de noche... siempre que la hierba sea capaz de seguir creciendo callada y oscuramente y no caiga también ella en la tentación de envidiar a los ruidosos.

Platón lo dijo mucho mejor: «Nada de cuanto sucede es malo para el hombre bueno.» Puede el dolor acorralarnos, pero no emponzoñarnos. Puede la injusticia agredirnos, pero no violarnos. Puede la frivolidad escupirnos, pero no ahogarnos. Sólo la propia cobardía puede conducirnos al desaliento y, con él envenenarnos. Damos una importancia desmesurada al mal. Invertimos lo mejor de nuestras horas en lamentarnos de él o en combatirlo. Y casi ya no nos resta tiempo para construir el bien.

Graham Greene decía que esa famosa estación del Vía Crucis que suele titularse «Jesús consuela a las piadosas mujeres» debería llamarse «Jesús reprende a las mujeres lloronas». Porque aquellas mujeres que tanto parecían compadecerse del Cristo sufriente, ¿no pudieron hacer por él algo más que llorar? Y añade, ferozmente, el novelista: «Las lágrimas sólo sirven para regar berzas.» Yo añadiría que «además las riegan muy mal». Efectivamente: sobran en el mundo los llorones, faltan trabajadores. Y las lágrimas son malas si sólo sirven para enturbiar los ojos y maniatar las manos.

¡Ni una lágrima, pues! Mis ojos -cuando están claros- saben, aunque no vean, que en la negrura del mundo hay millones de almas creciendo en la noche, silenciosas y humildes, constructoras y ardientes. No gritan, pero aman. No son ilustres, pero están vivas. No salen en los periódicos, pero ellas sostienen el mundo. Hay en todo lo ancho del planeta millones de flores que nunca verá nadie, que crecerán y morirán sin haber «servido» para nada, pero que estarán orgullosas por el simple hecho de vivir y de haber sido hermosas. Porque, como dijo -hablado de las rosas- un poeta, «qué importa morir, cuando se ha sido ¡y tanto!».

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Adictos a la tecnología (Uso excesivo de Internet y redes sociales)

Adictos a la tecnología
Uso excesivo de Internet y redes sociales
La persona humana es un ser para el encuentro y la comunicación personal


Por: Carlota Sedeño Martínez | Fuente: Catholic.net

“Sufrir ansiedad por olvidar el móvil en casa y no estar conectado, pasar varias horas conectados a WhatsApp, evitar el contacto personal y referir siempre a WhatsApp sea cual sea el contenido de la conversación, y escuchar alertas de WhatsApp sin que se haya recibido ningún mensaje, son claros signos de lo que recientemente se acuña con el término WhatsAppitis”. Son palabras de la psicóloga Amaya Terrón.  Quizá ésta no sea una situación general entre adultos pero es bastante frecuente ver a personas que caminan por la calle mirando su móvil, olvidando lo que ocurre a su lado. Se trata de un uso excesivo de Internet y redes sociales.
 
Es verdaderamente llamativo que una tecnología que es tan útil pueda llegar a convertirse en algo nocivo y que produzca incomunicación en muchos casos. Pero, por otra parte, se comprende ya que, por su abuso, como en tantas otras cosas, puede apartar de la vida. En ocasiones, las horas en Internet se restan al contacto personal con familia y amigos.
 
Aldous Huxley, el autor de “Un mundo feliz”, ya habló en su época de “condicionamiento infantil” y de “narco-hipnosis”. La pequeña pantalla táctil puede llegar a producir la ilusión de estar eligiendo libremente cuando, en muchos casos, lo que produce es individuos pasivos que no saben realmente elegir sino que son conducidos a elecciones y situaciones borreguiles.  Las encuestas ya van haciendo ver que el uso de las aplicaciones de mensajería móvil y de las redes sociales son causa de peleas para un tanto por ciento alto de parejas que continúan usando sus correspondientes artilugios mientras cenan o toman algo en un bar. Seis de cada diez usuarios manifiestan estar enganchados a la red. Se produce un cierto desinterés por la vida real. En la vida diaria se da frecuentemente el corte de una conversación entre dos personas que es interesante para las dos o, al menos, para una de ellas, debido a que ha sonado una musiquilla o un Beep, y el diálogo se corta bruscamente. La usuaria del móvil inicia una nueva conversación al margen de la persona que tiene a su lado. El asunto no podía esperar. Y sí, podía esperar ya que ni era urgente ni importante. Al hilo de estas consideraciones, me viene a la cabeza algo que me llama mucho la atención: los cientos de fotos que cada poseedor de un móvil realiza durante un viaje, fotos que no serán vistas en su mayoría pero que están acumuladas en el móvil o en el ordenador personal.
 
La persona humana es un ser para el encuentro y la comunicación personal. Hoy, se da la paradoja de que muchas personas dicen encontrarse muy solas en medio de este mundo intercomunicado a través de móviles, redes sociales, correos electrónicos, etc. ¿Por qué se vive en una actitud individualista y egoísta? ¿Por qué es tan difícil prestar atención, hacer silencio y escuchar, saber escuchar de verdad? Creo que es algo absurdo mantener una tertulia continua “on line” que obliga a fingir, en algunos casos, que se está atento y a poner, de vez en cuando, un “jajajaja” para hacer notar que se está participando. Lo cierto es que el silencio es uno de los grandes “pecados” en este tipo de tertulias que no cesan. Con mucha razón oí, hace pocos días, a una profesional de la enseñanza una exclamación que manifestaba el hartazgo de estas tertulias continuas y su decisión de apagar el móvil una vez llegada a su casa para prestar atención a su familia. Había llegado a la saturación por atender a estos círculos de “amigos” que no cesan de hablar y enviar curiosidades, chistes y críticas malévolas sobre otras personas.
 
Las cifras de la amistad en las redes sociales chocan con el llamado “número Dunbar” establecido por el antropólogo inglés Robin Dunbar quien afirma la imposibilidad de mantener más de 150 relaciones sociales estables.  Y en Estados Unidos, donde nació el fenómeno Facebook, miles de usuarios están ya en la siguiente fase ya que se jactan de haber abandonado Facebook.  Surgen iniciativas para contactar con posibles amigos para luego tratarles personalmente, o sea, para tener unas relaciones verdaderamente personales. La creciente adicción tecnológica ha llevado a muchos norteamericanos a optar por la “desintoxicación” de pantallas, alarmas y vibraciones durante unos días. En Nueva York ha tenido lugar el llamado “Retiro de Desintoxicación Digital” para que los “desenchufados” exploren modos de vida más consciente, con más significado y más equilibrada.
 
Es interesante saber que algunos de los “padres” de las empresas que dominan nuestra vida digital alejan a sus hijos de las pantallas. Por ejemplo, Steve Jobs, fundador de Apple, no dejaba a sus hijos jugar con el iPad. Y muchos de ellos limitan su tiempo en Internet. El tema es grave con los adolescentes si sus padres no ponen límites desde que son niños. Como es bien sabido ya, se producen intercambios de archivos comprometidos, propagación de bulos y cotilleos dañinos, acosos, etc. El origen está en la gran inmadurez de chicos y chicas y en la ausencia de límites por parte de los padres. A veces, se contempla toda la problemática a distancia sin ser conscientes de la adicción de sus hijos que, a veces, copian la conducta de sus mayores, esa es la realidad.