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jueves, 4 de abril de 2019

DR. JUAN WU CHIN-HSIUNG

DR. JUAN WU CHIN-HSIUNG




Juan Wu Chin-HsiungJuan Wu Chin Hsiung fue un insigne jurisconsulto, diplomático y escritor chino, convertido al catolicismo, testimonio de primerísima categoría del influjo que ejerce santa Teresa del Niño Jesús en el mundo asiático. Su vida, toda para Dios, en la búsqueda sedienta de la Verdad y en el feliz encuentro, permite vislumbrar las transformaciones maravillosas que opera la santa doctora en el alma oriental.

En busca del «verdadero bien»

El Dr. Juan Wu Chin Hsiung nació en 1899 de familia confucionista. Catedrático y escritor fecundo, ha legado un valioso tesoro de libros y escritos en chino y en inglés sobre temas jurídicos, políticos y ascéticos. Destacan, entre sus obras ascéticas, “Más allá del Oriente y del Occidente”, y “El Carmelo interior. El triple camino de vida", en las que reúne el humanismo chino y la espiritualidad cristiana. Según el padre Juan A. Eguren, SJ, fuente principal de esta semblanza, estas dos publicaciones permiten recorrer las diversas etapas que siguió Wu «hasta llegar a la cumbre de la Verdad y admirar la intervención impresionante que tuvo santa Teresa del Niño Jesús en su conversión a la fe católica».


Joven estudiante de 17 años, Wu Chin-Hsiung dio el paso del confucionismo a la confesión metodista. Pero le decepcionó la inconsistencia protestante, basada en la libre interpretación de la Biblia, y su vaga teología. Al borde del agnosticismo, escribía en 1937: «Para ser un chino de mi generación hay que ser una persona extraviada. He sido expulsado de un puerto después de otro. Uno tras otro han ido cayendo de su pedestal todos los ídolos para dar en el fuego y aún no he encontrado el verdadero bien».
De forma gráfica describe Wu, en dos escenas de su vida, el contraste profundo entre los desaciertos anteriores a su conversión y el cambio radical que experimentó una vez incorporado a la Iglesia de Cristo:
«Una vez me puse a curiosear el cuaderno de composiciones de mi hija mayor Inés. Y me encontré con que había escrito algo de este tenor: La vida de nuestra familia es simplemente desgraciada. Cuando salgo para el colegio por la mañana, me dicen que papá acaba de acostarse, y cuando vuelvo a casa por la tarde me dicen que papá acaba de salir en busca de placeres. Y así esta última temporada no he conseguido ni siquiera una mirada de mi padre. Mi madre se pasa llorando todo el día... ¡Oh cielos!, ¿por qué habré nacido en tal familia? Al leer estas líneas sentí que mi corazón se desgarraba con un pesar indescriptible. Con todo no me decidí a enmendar mi vida».
Y sigue la parte feliz: «Hace unos días recibí una carta cariñosísima de la misma hija Inés, en la que me decía: No puedo imaginarme un padre mejor en todo el mundo. Me extrañaría que recordase lo que había escrito de mí en su diario. No sin razón he escrito recientemente: Con Cristo, el hogar es el preludio del cielo; sin Cristo, es el preludio del infierno».

Encuentro con la «Florecilla de Jesús»

Así lo relata el Dr. Wu: «La primera vez que oí nombrar a Santa Teresa de Lisieux fue en casa de un amigo querido, el señor Yuang LiaHoang, católico muy celoso, quien me había ofrecido hospedaje durante el invierno de 1937. Ante todo, me sentí impresionado del fervor con que la familia rezaba el Rosario. Un día, a la vista de una estampa de santa Teresa, pregunté a mi anfitrión: ¿Es la Virgen María? Y me respondió: Es la Florecilla de Jesús. Pero, ¿quién es esa Florecilla de Jesús? Me miró sorprendido y me dijo:

¡Cómo! ¿aún no conoces a santa Teresa de Lísieux? Entonces me entregó un folleto en francés titulado Santa Teresa del Niño Jesús, breve biografía de la santa y antología de sus
pensamientos. Tuve el sentimiento indefinido de que aquellos pensamientos expresaban algunas de mis profundas convicciones, y me dije para mis adentros: Si esta santa representa el catolicismo, no veo ninguna razón para no hacerme católico». Leyó ávidamente unos libros que le prestó un sacerdote y recibió el bautismo el 18 de diciembre de 1937.
«El poeta Dante fue mi guía hasta la puerta de la Iglesia católica. Pero, ¿quién me movió a cruzarla? Han sido la Madre de Dios y su pequeña hija Teresa de Lisieux... En Shangai había nacido a la fe católica, pero fue en Hong Kong donde se nutrió mi espíritu de fe».
Un favor especial facilitó la conversión de su esposa. La benjamina de la familia cayó gravemente enferma a causa de una neumonía. Desesperada la madre, tomó a la niña en brazos y, arrodillada ante la dulce efigie de santa Teresa, le imploró con fervor la curación de la niña. A las pocas horas había desaparecido la neumonía. De este modo, y sin ningún tipo de coacción, la esposa del Dr. Wu y sus trece hijos fueron bautizados en la Iglesia católica.
El inmenso y filial amor que el Dr. Juan Wu profesaba a la Iglesia católica lo expresa esta sugestiva frase : «Toda mi vida he estado buscando una Madre y al fin la he encontrado en la Iglesia católica».

Testigo
El bien como el mal es incontenible. En la escuela de santa Teresa de Lisieux, el Dr. Wu hizo profesión pública de fe y ejerció una decisiva influencia, no sólo en el amplio círculo de parientes y amistades, sino también en intelectuales y políticos sedientos de verdad y belleza moral. A petición de un colega, redactó para la revista T’ien Hsia, en 1940, un bellísimo ensayo sobre el mensaje de santa Teresa, titulado “La ciencia del amor”. En él hace un estudio sutil de la fisonomía espiritual de la santa misionera. Como muestra, he aquí el comentario que dedica a la frase «Jesús lo hace todo; yo no hago nada»:
«Sin duda, Lao Tsu hubiera dicho: El Tao (el Verbo) lo hace todo, yo no hago nada. Pero su Tao es una entidad tan impersonal que me parece frío como el hielo; mientras que Jesús es una llama de amor tan viva que regocija todas las fibras de mi corazón. Para juzgar bajo un punto de vista chino yo diría que la gran señal del cristianismo es que une el profundo misticismo de Lao Tsu con el ardiente humanismo de Confucio... Para los confucionistas Dios es personal, pero estrecho; mientras que para los taoístas es ancho, pero impersonal... Si sólo el cristianismo satisface mi razón es porque me presenta a un Dios ancho y personal a la par. Y Teresa ha confirmado mi fe religiosa por su alma etérea, desprendida como la de Lao Tsu. Y por su corazón tierno, humano como el de Confucio». De este opúsculo se editaron centenares de miles de ejemplares en todo el mundo y en cinco idiomas. En España lo divulgó El siglo de las misiones.
El jesuita argentino Alfredo Sáenz, en su clarificadora obra El hombre moderno, cita a René Guénon, «quien al tiempo que manifestaba su admiración por algunas religiones orientales, considerándolas como expresiones auténticas de sociedades tradicionales, denunciaba su tergiversación y hasta comercialización en el Occidente». El Dr. Wu, enraizado en la cultura oriental y seguro de haber hallado la Verdad revelada en la Iglesia católica, formula así su ideal: «Vamos a ofrecer a nuestro Señor la cultura oriental. Ésta será espiritualizada y bautizada».
Según el padre Eguren, «su libro El Carmelo interior. El triple Camino de vida, es el testimonio más elocuente de este esfuerzo. La combinación estupenda de la sabiduría y del humanismo confuciano, de la filosofía y del misticismo taoísta, con la doctrina ascética y mística de santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, contribuye a que el mundo intelectual chino aprecie y saboree más a gusto el mensaje de la revelación cristiana». Por ello el Dr. Juan Wu ha sido uno de los católicos que más ha influido en la propagación de la fe católica en su país.

Ministro de China ante la Santa Sede

Durante la guerra mundial, entre 1942 y 1943 y por encargo del presidente Tsiang KaiSheck, el Dr. Wu preparó una magnífica traducción de los Salmos y del Nuevo Testamento, avalada por la felicitación de tres prelados.
A principios de 1946, recibió la noticia de que el gobierno nacional lo había nombrado, por unanimidad, ministro de su país ante la Santa Sede. Nombramiento histórico, porque culminaba una larga trayectoria de frustradas negociaciones a fin de entablar relaciones diplomáticas sin intermediarios políticos.
Antes de partir para la Ciudad Eterna, el Dr. Wu hizo públicas en el Diario de Shanghai unas confidencias admirables. Sin rodeos ni cortedades, manifestó su profunda «convicción, fruto de experiencias personales de que la satisfacción de la vida humana va en proporción directa de la unión divina... Sin la unión con Dios, la vida es un abismo donde se encharcan las aguas estancadas generadoras de todos los sufrimientos. Con la unión divina, la vida se convierte en una fuente de donde brotan las ondas cristalinas de verdaderos goces».
El domingo 16 de febrero de 1947 fue escogido por Pío XII para que el ilustre diplomático chino le presentara sus credenciales. En su emocionado discurso ante la Santa Sede, el Dr. Wu, delegado de un gobierno no cristiano, hubo de moderar sus sentimientos. Pero no desperdició la ocasión para dar público testimonio de sus grandes amores: «Su Santidad dijo ha insistido varias veces sobre la importancia de la caridad universal, la cual sola puede consolidar la paz extinguiendo los odios, las envidias y las discordias. Pues bien, esto encuentra un eco en el corazón de China, ya que la filosofía tradicional enseña que todos los hombres son hermanos. Así el agua está puesta en viejas ánforas y espera con paciencia ser convertida en vino. Dígnese nuestra bendita Madre acelerar una vez más la hora de Jesús. No quiero entretenerme en esta visión de paz por temor de que el fervor me lleve más allá del deber que mi cargo me impone, porque, a semejanza de san Pablo, podría decir: si estoy fuera de mí, lo estoy por Dios; si estoy en mis cabales, lo estoy como representante de mi país».
El Santo Padre, no menos emocionado, respondió ponderando la significación peculiar de la decisión del presidente de la República china de confiar al Dr. Wu el cargo de ministro ante la Santa Sede en aquellos momentos históricos. Y se refirió a la virtud y la ciencia del nuevo ministro, «hijo fiel de la Iglesia, quien en su pensamiento y en su acción ha sabido hermanar con ejemplar armonía el amor a Dios y la entrega a su patria».

Terminada la audiencia, el Dr. Wu, precedido de un séquito de guardias suizos y de personalidades eclesiásticas, se dirigió a la basílica de San Pedro, donde adoró al Santísimo Sacramento. Luego se postró ante la tumba del Príncipe de los Apóstoles. Por primera vez un representante oficial católico del gobierno chino veneraba el sepulcro del primer Papa.
Por encima de este bellísimo cuadro, podemos imaginar dos anchas sonrisas: la de san Francisco Javier, que despegó hacia el cielo, abrasado de amor y a la vista de la soñada China, y la de su hermana cómplice en el empeño de ganar el mundo entero para Cristo, santa Teresa del Niño Jesús.
Texto de la revista Ave María, nº 736

domingo, 4 de noviembre de 2018

Tras un mes en coma y casi desahuciado, soñó con una «Dama de blanco» que le prometió ayuda…04112018

René Santa Cruz es un popular locutor de radio

Tras un mes en coma y casi desahuciado, soñó con una «Dama de blanco» que le prometió ayuda…

René Santa Cruz es un popularísimo locutor radiofónico en Filipinas... con un testimonio de sanación.
René Santa Cruz es un popularísimo locutor radiofónico en Filipinas... con un testimonio de sanación.
Con su bigotito y sus sombrerosRené Santa Cruz es inconfundible y una figura muy popular en Filipinas, donde es desde hace años uno de los locutores radiofónicos deportivos más veteranos. Le escuchan multitudes en su programa Big Time Balita en Radio DZBB. 

Ahora, con 66 años, ha contado una experiencia que toda su vida mantuvo en secreto,excepto para sus amigos y parientes más cercanos: la curación milagrosa que experimentó cuando tenía 17 años, junto con una visión de la Virgen María. Se lo ha contado a Ben Cal, de PTVNews.ph, como recoge Cari Filii.



Era joven, pobre... y epiléptico

Sucedió en 1969, cuando tenía 17 años. "Colapsé en unas subidas y bajadas de fiebres altas y quedé en un estado comatoso durante un mes. Mi médico, en el hospital Doctor Villa Memorial en Lipa City me diagnosticó una epilepsia que, dijo, me afligiría toda mi vida", explica el locutor.

Eran tiempos duros y precarios. Sus vecinos le habían cargado físicamente entre varios durante 3 kilómetros hasta el hospital porque no había transportes accesibles.

La visión y la Dama

"Estaba en mi cama, en coma, cuando vi en mi sueño, al principio, siete monstruos que llevaban antorchas y daban vueltas en círculo a mi alrededor. Intentaban ponerme en un ataúd con forma de L, que habían clavado antes de meterlo en una tumba. Entonces, una hermosa Dama de blanco, que creí que era la Madre de Dios, apareció de la nada, y dijo suavemente: 'Te ayudaré; tan solo di esta oración tres veces: 'Panginoon Hesu Kristo, iligtas mo ako' ("Señor Jesucristo, sálvame"). Y entonces me desperté".



Desorientado, vio a sus padres y hermanos y hermanas llorando. Preguntó: "¿dónde estoy?" Le dijeron que llevaba un mes en el hospital, en coma. Y enseguida volvió a caer dormido.

"Aún soñando, dije la oración tres veces, como me pidió Mamá María. Pero le añadía oraciones a la Santa Trinidad, a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo", recuerda.

Entonces vino el doctor y quedó asombrado, al examinarlo, de que se había curado de su grave situación.

"Toma estas medicinas siete años"... pero no podía pagarlas

"Entonces mi doctor me dijo que tomara dos medicinas, Dilantin y Finobar Vital, para mantenerme. Tenía que tomarlas 3 veces al día durante los siguientes 7 años. También me dijo que si sobrevivía después de siete años de tomar las medicinas, mi dolencia epiléptica desaparecería". 

Pero la realidad es que René y su familia eran pobres, las medicinas eran caras y no podían pagarlas ni vendiendo sus propiedades. Y antes de un año René dejó de tomar los medicamentos. Y sin embargo, se mantuvo perfectamente bien.



"Estoy muy agradecido a Mamá María por curarme. ¡Fue un gran milagro! Me curó Dios a través de la intercesión de la Santa Virgen María", exclama.

"Aún hoy continúo rezando fervientemente la oración", explica el famoso locutor. Anima a todos a orar por el mundo, para que se salve de la perdición, en estas épocas de desastres. Su oración: Señor Jesucristo, sálvame; Señor Jesucristo, sálvame; Señor Jesucristo, sálvame. Ha tardado 49 años en revelar al mundo cómo la aprendió.

sábado, 3 de noviembre de 2018

Era judío ortodoxo, pero en una Misa vio la Hostia en la elevación y dijo: «¡Creo! Señor y Dios mío» 03112018

Judío convencido y piadoso, pero en la Universidad tuvo que investigar sobre Jesucristo

Era judío ortodoxo, pero en una Misa vio la Hostia en la elevación y dijo: «¡Creo! Señor y Dios mío»

Judíos rezando en una sinagoga
Judíos rezando en una sinagoga
Charles Hoffman nació en Berlín el año 1933, nueve meses después de que Adolf Hitler ascendiera al poder como Canciller de Alemania. Apenas había cumplido cuatro años y ya padecía las consecuencias de su origen… “Como niño judío estaba aterrorizado”, recuerda en un valioso relato -escrito en primera persona- recién publicado por The Coming Home Network. Sin embargo “por la gracia de Dios”, Charles logró huir junto a su madre abordando el 13 de mayo de 1939 en el trasatlántico MS St. Louis, con destino a Cuba, donde les esperaba su padre, según relata la web Portaluz.
Pero los cubanos les negaron el asilo a los casi 900 judíos del barco. Lo mismo sentenció luego el Congreso de los Estados Unidos y también el gobierno de Canadá. Tras refugiarse en Francia y Holanda, la mayoría de estas personas serían asesinados tiempo después por esbirros del régimen nazi. Charles y su madre salvaron la vida al refugiarse en Inglaterra. Cuatro años después lograron ser recibidos en los Estados Unidos. “Fue una bendición tremenda”, destaca Charles.
 
Hoffman, en la actualidad
 Cantor en la Sinagoga
El judaísmo moderno se divide en ramas ortodoxas, conservadoras y reformistas, representando un espectro teológico bastante amplio comenta Charles Hoffman. Ya situados en U.S.A., su madre decidió que fuese formado como judío ortodoxo. Con los años era el único miembro de su familia “que podía orar en hebreo y dirigir los cultos del sábado como cantor en la sinagoga”. Su madre, dice Charles, “estaba muy orgullosa de ello”.
Tras un tiempo de conocer a una joven, Irma, se casó en 1956, como era de esperar, bajo los ritos de la comunidad judía ortodoxa. Un año después todos celebraban que Charles obtuviera la licenciatura de Ingeniero Eléctrico en el Instituto Politécnico de Brooklyn (ahora parte de la New York University).
Tenía poco más de 23 años y nadie podía imaginar que este judío bien formado y fervoroso, al estudiar las raíces de su propia fe acabaría viviendo un auténtico terremoto existencial.
Las razones de la fe
Aunque había forjado amistad con algunos católicos en la universidad “nada de lo que decían estos amigos cristianos, ni la forma en que actuaban, me atraía a Jesús o al cristianismo”, comenta. Pero un proceso vital inesperado iniciaría cuando en un curso de literatura inglesa, le pidieron que analizara a un personaje histórico: Jesucristo. “Hasta ese momento -confidencia- no había leído el Nuevo Testamento (…) Sus enseñanzas me impresionaron; mi recelo era que Él (Jesús) reclamaba igualdad con Dios. Sentía que era importante defender la doctrina de la unidad de Dios. Además, Jesús no era el Mesías glorioso que me habían enseñado a esperar, sino un hombre que había sufrido y muerto. Como judío ortodoxo, sentí que no tenía más remedio que rechazarlo”.
Aun así, en los meses siguientes Charles no logró sacar a Jesús de su corazón; y se preguntaba cómo este judío, que le parecía respetuoso de su fe, podía declararse Hijo de Dios. Y que, “junto a 12 seguidores judíos”, pudo finalmente “comenzar una nueva religión llamada cristianismo”. Cuyos fieles, judíos y de otros pueblos, no temían morir defendiendo su fe en Jesucristo, Hijo de Dios, ¡llegando a ser más de mil millones de creyentes! ... “El Espíritu Santo me animaba a buscar respuestas investigando las creencias del cristianismo desde su fundación hasta el presente. En ese momento, no me di cuenta de que Dios convertiría esta investigación en un proceso de conversión”.
La verdad revelada
Como fiel judío ortodoxo -dice Charles- creía que la “fuente de la revelación” es tanto la palabra escrita (la Torá y otros escritos proféticos del Antiguo Testamento) como la no escrita de Dios (la Tradición, Talmud). Fue revelador constatar que los católicos -herederos de una primera comunidad de apóstoles y discípulos, nacidos judíos, seguidores de Cristo-, considerasen a la Sagrada Escritura y la Tradición como fuentes de la verdad revelada por Dios.
El trayecto en que buscó con pasión las respuestas le tomó años… “Había afirmaciones cristianas de peso que tuve que abordar: a saber, que el único Dios es una Trinidad de Personas; que Jesús, el Mesías, era Dios; que se hizo hombre; y que tenía que sufrir y morir. Empecé con el Dios único siendo una Trinidad ya que sentía que esta sería la clave para resolver los otros asuntos. Esta investigación me tomó varios años de estudio intensivo y oración mientras el Espíritu Santo y la abundante gracia de Dios me iluminabangradualmente a la verdad. Teniendo el beneficio de haber sido criado en la Fe Judía, mientras más estudiaba las enseñanzas de Jesús, más me fascinaba, y más me desafiaba a descubrir quién era Él, qué hacía, y qué significaba para mi vida. Esto fue debido a que Jesús era un judío y por eso sus palabras me permitieron entender por qué Él era el Mesías que yo creía que aún no había llegado y aceptar a Jesucristo como mi Señor y Salvador. Siempre agradeceré a la Trinidad por permitirme comprender que el Dios de Israel estaba detrás del crecimiento del cristianismo, como lo había profetizado el rabino Gamaliel en Hechos 5:27-42”.
La autoridad dada por Jesús al Papa
La noche del 24 de diciembre de 1961, tuvo lugar un evento que cambió para siempre la vida de Charles Hoffman. Después de pasar un año tenso luchando con la posibilidad de convertirse al cristianismo y los efectos que esto podría tener en su familia, decidió ver la misa de medianoche por televisión. Transmitían desde la Catedral de San Patricio en la ciudad de Nueva York. “Fue durante la consagración, mientras el obispo elevaba la Hostia consagrada, la miré y dije: “¡Creo! Mi Señor y mi Dios”. Al instante, todas las tensiones dentro de mí desaparecieron, y me sentí en paz. Todo lo que había leído y estudiado sobre Jesús se reunió. ¡No más dudas ni deambular! Jesús es mi Salvador y mi Dios”.
De todas las iglesias cristianas que existían no tuvo dudas, señala, que sólo la Iglesia Católica tiene “la autoridad dada por Jesús, cuando le dio a Pedro las llaves del Reino, para ser el auténtico maestro de su Evangelio, junto con los demás Apóstoles. Desde los tiempos de Moisés, la autoridad que Moisés y Aarón recibieron de Dios se transmitió de generación en generación. De la misma manera, la autoridad dada por Jesús a Pedro se transmitió también a los sucesores de Pedro, a los obispos de Roma y a los obispos en comunión con él. Constituyen el Magisterio de la Iglesia Católica”.
El milagro de la fe al cuidado de María
Charles se bautizó en la Iglesia Católica Cristo Rey, en Commack (New York), el 23 de febrero de 1963, a la edad de 29 años. Su esposa, Irma, también judía, lo haría pocos meses después. Ella falleció en 1984 tras una larga enfermedad. Dos años después, Charles contrajo matrimonio con su actual esposa, Sara. “Hemos sido bendecidos con cinco hijos y diecinueve nietos”.
 
Hoy, junto al amor por la Eucaristía, reconoce que su modelo de fe es la Santísima Virgen María. Toda su vida, destaca, le habían enseñado a honrar a las grandes mujeres judías del Antiguo Testamento. Gracias a su conversión, dice Charles, se hizo “evidente que la Santísima Virgen María era el ser humano más grande jamás creado, superior incluso a los ángeles (…) María no puede ser nunca un obstáculo para Jesús. Ella sólo puede llevarnos a una relación personal más cercana con su Hijo. Después de todo, ¿quién lo conocía mejor que ella? Tengo dificultades para entender por qué María es casi totalmente ignorada por la mayoría de los protestantes y muchos católicos. Si ignoramos a María, es porque realmente no conocemos a Jesús, ni como Dios ni como Hombre”, finaliza

martes, 30 de octubre de 2018

Cari Goyanes cuenta cómo Dios transformó su matrimonio gracias a un Retiro de Emaús 30102018

La empresaria es habitual de la prensa del corazón

Cari Goyanes cuenta cómo Dios transformó su matrimonio gracias a un Retiro de Emaús

Cari Goyanes es empresaria y miembro de una de las familias habituales de la prensa rosa
Cari Goyanes es empresaria y miembro de una de las familias habituales de la prensa rosa
La familia Goyanes es una de las habituales de las revistas del corazón y de las más conocidas de la sociedad madrileña. Cari Goyanes, hija del célebre productor musical Carlos Goyanes y de Cari Lapique, cuenta ahora públicamente cómo un Retiro de Emaús ha cambiado su vida, ha ordenado sus prioridades y le ha quitado los numerosos miedos que la llevaban a la ansiedad. Y esto ha repercutido enormemente en ella, pero también en su matrimonio y en la relación con sus dos hijos.
Licenciada en Derecho, Cari decidió dedicar su vida profesional a los eventos y desde hace más de 15 años dirige una empresa de catering. En una entrevista en Mater Mundi TV, esta mujer relata que siendo niña iba a un colegio de monjas, porque su familia era católica. Sin embargo, explica que “todo era superficial” pues la enseñaron la imagen de un Dios castigador, y aunque creía en Dios “realmente no lo sentía en ningún momento”.
Una vida alejada de Dios
Así fue creciendo, con una adolescencia normal pero sin que Dios estuviera en su corazón. “No sentía la presencia de Dios y de la Virgen a mi lado”, cuenta.
Cari Goyanes se casó y tiene dos hijos. Fue precisamente con el nacimiento de la pequeña cuando comenzó a sentir un “miedo horrible”. Temía enormemente que algunas de las patas que sustentaban su vida, ya fuera su familia, amigos, su activa vida social o su casa, se viniera abajo. “Como me falle algo de esto, ¿qué hago?”, es la pregunta que se repetía.
“Me entró pánico a la pérdida, y me volví un poco loca. No dejaba hacer nada a mis hijos, y el miedo se convirtió en ansiedad”,cuenta esta empresaria.
El miedo, la ansiedad...
Su vida iba a toda velocidad mientras el miedo la atenazaba. Para intentar no pensar en ello acabó refugiándose totalmente en el trabajo. Recuerda que “me volví súper exigente con los niños, tenían que ser los mejores, y mi marido era siempre el que pagaba el pato”.
Al final fue su esposo el que le dijo que tenía que poner freno, porque algo estaba pasando en ella. Su solución entonces no pasó por Dios. “Hice 25.000 cursos de mindfulness, de yoga, de todo… pero nada de eso me servía, seguía con la misma ansiedad, nervios, estrés, gritos. Tenía un matrimonio vacío. Llegaba a casa y me ponía a trabajar o a ver una serie para no pensar…”, afirma.
La propuesta para ir al retiro
Entonces un amigo suyo le habló de los retiros de Emaús. La primera reacción de Cari Goyanes fue pensar que aquel amigo estaba loco con aquella propuesta. Dios no entraba en la ecuación de su vida en aquel momento, como no lo había estado en los momentos más importantes aunque fueran ceremonias religiosas como su boda, o los bautizos de sus hijos. Sus pensamientos iban a los vestidos, fiestas, etc… Pensaba en todo menos en el sacramento.
Sin embargo, en su mente se quedó aquello del retiro de Emaús. Además, otras personas le decían que este retiro de fin de semana había cambiado la vida a tal o cual persona. Al final aunque con muchos reparos acabó yendo a uno de ellos.
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“Se quedó en mi una semilla, y empecé a ir a las reuniones, a todo lo que podía, y mi vida empezó a cambiar muy poquito a poco. Veía que era otra persona, lo veían mis padres, mi marido”, cuenta tras asistir a este retiro el pasado año.
Aceptar la voluntad de Dios
Aquel encuentro con Dios, confiesa Cari Goyanes, “me quitó ese miedo, y además bastante rápidamente. Luego empecé a priorizar lo importante. Antes con cosas del trabajo me hundía al minuto, o si peleaba con mi marido lo ponía todo en jaque”.
Ahora esta mujer pide todos los días tener fe, y aceptar la voluntad de Dios. Resalta la importancia de “creer en los tiempos de Dios. Las cosas en la vida te van a pasar, a todos nos pasan. Hay que saber afrontarlo sin ese miedo o esa tristeza, a dejar de preguntarme por qué pasan las cosas sino en para qué”.
Cari confiesa que el mayor cambio tras este fuerte encuentro ha sido con su marido. “Ahora sí está Dios en nuestro matrimonio”, confiesa.  En el pasado, explica, “yo justificaba en lo que fallaba, tanto en el trabajo como en el matrimonio, y la culpa era siempre del otro o justificaba mi comportamiento”.
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Cari, en el medio, con su hermana y su madre
Muchísimo más feliz
Pero ahora ha conocido la importancia de “pedir perdón y de saber perdonar”. “Hablo mucho de mi matrimonio porque antes era un desastre y ahora es donde que más se ha dado el cambio”, insiste.  Y es que Cari asegura que a su esposo ya no lo ve como la persona que está a su lado sino “con la que quiero recorrer mi camino hasta la otra vida”.
Admite que de un año a esta parte es “muchísimo más feliz”. Por ello, recomienda los retiros de Emaús a todo el mundo, pues “es una experiencia distinta, un punto de inflexión en la vida de todo el mundo”. De hecho, afirma que no conoce a nadie que diga que no le ha servido para nada ir a uno de estos retiros.
Este despertar en la fe le ha dado más energía. Ha ido a Medjugorje y ha descubierto el gran poder de la Eucaristía. Incluso ha hecho la alianza de Schoenstatt con la Virgen. “Pido al Espíritu Santo que me guíe para las decisiones importantes, para tomar buenas decisiones, y para pensar correctamente”, concluye Cari Goyanes.

miércoles, 24 de octubre de 2018

Moda, fiestas y fútbol: su imagen era su vida hasta que enfermó, entonces Dios llegó con potencia 24102018

Michelle López es ahora una enamorada de la Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II

Moda, fiestas y fútbol: su imagen era su vida hasta que enfermó, entonces Dios llegó con potencia

Michelle pasó por un momento de vacío tal que llegó incluso a plantearse el suicidio
Michelle pasó por un momento de vacío tal que llegó incluso a plantearse el suicidio
Michelle López es una joven natural de Florida que durante su adolescencia y juventud puso su vida en su pasión por el fútbol, su trabajo como modelo, en las fiestas y en los chicos. Sin embargo, todos sus planes y proyectos se le vinieron abajo tras sufrir una enfermedad autoinmune que la dejó gran parte de su tiempo en cama y llena de dolores. Fue en medio del sufrimiento donde conoció a una cristiana que tenía su misma enfermedad, pero que a diferencia suya era feliz. Este fue el interrogante que la acabaría llevando a vivir una vida plena en el catolicismo.
Esta estadounidense asegura que nació en una familia católica, y que incluso fue a colegios religiosos. Pero asegura que ni le atraía la misa ni todo lo que le dijeran sobre Dios. “Él estaba muy lejos en mi vida, no era algo que me interesara”, cuenta Michelle en una entrevista en el programa Cambio de Agujas de Euk Mamie.
Sólo la imagen contaba
Era una gran deportista lo que la llevó a ser una gran jugadora de fútbol, afición que empezó a compaginar con la de modelo. Desde los 14 años su vida estaba puesta únicamente en estas cosas. “Para mí era muy importante la imagen, pensaba que podía hacer mi propio camino, y que la mujer que quería ser era la que tuviera éxito en estos dos mundos”, recuerda de aquellos años.
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A la vez empezó a salir de fiesta, y siempre con chicos mayores que ella. Michelle relata que “me metí en cosas que no eran buenas para mí” pensando que “era más mayor de lo que realmente era, y era esclava de pecados que me hicieron daño”.
La enfermedad que cambió su vida
Así iba evolucionando su vida, cuando en el instituto quería impulsar todavía más su afición por el fútbol y su trabajo como modelo. Fue entonces cuando cayó muy enferma, años más tarde supo que era una enfermedad autoinmune. “Durante un tiempo no tuve diagnóstico y durante dos años estaba en cama frecuentemente. Las cosas que más quería ya no eran posibles, y a la vez tuve muchos problemas con mis amigos y familia”.
Su castillo de naipes en los que sustentaba su existencia se iba viniendo abajo. Michelle se refugió en las fiestas pensando que podría compensar las otras cosas. Pero mientras experimentaba esta enorme lucha interior ocurrió un suceso que la marcaría profundamente.Uno de sus mejores amigos moría en un accidente de tráfico, y el conductor estaba borracho.
Michelle recuerda haber rezado el día del accidente pidiendo a Dios que no le dejara morir, pero apenas 24 horas después su amigo fallecía. Esto la llevó a enfurecerse con aquel Dios al que pidió una única cosa y no se la concedió.
La posibilidad del suicidio
Viendo que estaba enferma y que su vida no la llenaba empezó a tener un comportamiento autodestructivo: “mi vida se me hizo muy oscura, empecé a experimentar mucha desesperación e incluso pensé en el suicidio porque todos mis planes ya no eran posibles”.
Echando la vista atrás, Michelle López ve como en aquellos “años de oscuridad tenía un enorme deseo de ser querida y acompañada, pero sentía que nadie podía hacer nada por mí. Recuerdo tener hambre de amor y que nadie podía saciarlo, mi amigos, ni familia, ni el mundo que me ofrecía alcohol y drogas. Sólo me daban más hambre”.
El encuentro con un cristiano
Pero entonces ocurrió un hecho que dio un vuelco a su vida. Conoció a una mujer que tenía la misma enfermedad que ella, pero lejos de estar todo el día amargada, y quejándose por su situación ella sonreía. Era una mujer cristiana con una fe firme.
“Ella me trataba con cariño. Yo le preguntaba siempre: ‘¿por qué estás siempre feliz?’. Ella era alegre pese a la enfermedad y el sufrimiento. Pero para mí su vida no valía nada. No podía hacer lo que quisiera, tenía limitaciones, pero estaba sonriendo. Me decía que era pos su fe en Jesús”, cuenta en la entrevista.
Esta respuesta la trastocaba y la indignaba. Esta joven no lograba entenderlo. Y seguía preguntándola, pero su respuesta era siempre la misma. “Esperaba oír otra respuesta, pero siempre me decía que era Jesús. Me acabó ganando con su cariño y su constancia. Hasta que al final me invitó a una iglesia”.
Era una iglesia cristiana no confesional, pero asegura que lo que escuchó aquel día a aquel pastor parecía dirigido exclusivamente a ella.
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Un cambio importante en su vida
Vislumbró por primera vez el amor de Dios, que no miraba su pecado sino lo bueno que había en ella. Había abierto por fin una rendija al Señor. Por ello, Michelle considera que “mi vida empezó a cambiar aquella noche, hasta entonces me faltaba la esperanza y me creí que nadie me quería”.
Durante dos años estuvo asistiendo a aquella iglesia pese a que ella era católica. Empezó a cambiar hábitos de su vida que no eran buenos para su nueva vida, hasta que llegó a la universidad.
Lejos de su casa empezó a vivir la fe a su manera, y a caer en los errores del pasado, volviendo en ella la tristeza. Pero el segundo punto de su conversión, el que acabaría llevándola plenamente al catolicismo en el que fue bautizada, llegó durante unas vacaciones de Navidad en las que volvió a casa de sus padres.
Su regreso al catolicismo
Un amigo le hizo 21 preguntas sobre la Iglesia Católica debido a que su madre se bautizaría en la Vigilia Pascual. Sin embargo, pese a ser católica ella no tenía respuestas. Entonces comenzó a leer libros sobre el catolicismo y a buscar en internet. Así fue como se fue enganchando a la fe de su infancia.
“En la fe católica empezaba a descubrir la belleza de los sacramentos; la vida de los santos me impresionaban mucho, también los Padres de la Iglesia. No podía creer lo que estaba leyendo”, cuenta. Al final de las vacaciones de Navidad tuvo la certeza de que si quería ser cristiana tenía que ser católica.
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La Teología del Cuerpo
En la universidad se integró en el apostolado del campus, y poco a poco se dejó hacer por el Señor. Por fin pudo confesarse, asistir a misa y comulgar. Era otra joven. Y así fue descubriendo toda la riqueza del catolicismo, como la Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II, donde “descubrí quien soy como mujer, descubrí mi feminidad, que soy hija de Dios, saber que soy amada, que soy bella, que Dios tiene un plan para mí en el que puedo confiar".
“Me di cuenta de que la verdad no está para condenarme, sino para mostrarme lo que Dios puede hacer así como su grandeza”, cuenta la que ahora es una mujer adulta y casada.