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miércoles, 23 de enero de 2019
jueves, 17 de enero de 2019
Homenaje al P. Antonio Oliver (Paola Campodonico) 09012019
El 31 dic. 2018 4:53 p. m., "Paola
Campodonico" > escribió:
Una amiga de mi madre traía los cassettes (en aquel
entonces) del CEA centro de estudios antropológicos de Buenos Aires. mi mamá le
llevaba los cassettes vírgenes a casa de su amiga (que era hermana de la que
vivía en Buenos Aires y los traía) y se los gravaban. y con mi madre
escuchábamos durante horas cada uno de los cursos. yo les iba agregando
en las tapas los datos para ubicarlos bien: los nombres de los cursos, números,
temas. estoy hablando del año 1990 para que te des una idea. yo disfrutaba
muchísimo de sus cursos, recuerdo que cuando viajaba a visitar a mi papá
siempre me los llevaba, eran adictivos para mí. gracias a él aprendí un montón
de cosas que luego he leído en otras fuentes pero para mí este padre fue un
adelantado en su época. hablaba de temas que no se escuchaban ni se sabían
demasiado. además cada tema lo daba comparando uno por uno los autores que lo
abordaban, es como que lo daba ya totalmente digerido y listo para que sus alumnos
sacaran conclusiones personales! siento que de cierta forma el padre Antonio
marcó mi vida e inició en mí un despertar a este tipo de temas con su gran
sabiduría y claridad de exposición. me hacía reír, aunque a veces también me
hacía rabiar!! después de una hora de hablar de repente decía que nada de lo
que había dicho era verdad, que no le creyeran!. y está perfecto, pero yo a esa
edad no terminaba de comprender porqué lo decía. me volvía loca cuando decía
que el cristianismo no es una religión!! era genial!! se grabaron para siempre
en mi recuerdo sus expresiones típicas que solía repetir en sus clases como
"el probrecillo", y otras que me causaban muchísima gracia.
lo busqué mucho por google y nunca vi nada por años. y
un día de repente apareció José María con su canal en youtube y me dio tanta
alegría y emoción que decidí escribirle para agradecerle por hacer la enorme
tarea que hizo!. pero la verdad es que nunca pensé que me contestaría, sin
embargo no sólo lo hizo sino que también tuvo la enorme amabilidad de empezar a
enviarme escritos y mensajes de él. de nuevo mi infinito agradecimiento y si
algún día voy a España quisiera conocerlo personalmente!! que Dios te bendiga
José María y a toda la gente que esté en esa Misa y gracias por hacerme sentir
que a pesar de la distancia, estoy presente de cierta forma allí mismo y desde
mi corazón!!!!!
FELIZ AÑO NUEVO Y QUE EL NIÑO DIOS LES TRAIGA TODO LO
QUE DESEAN Y LOS BENDIGA POR SIEMPRE
PAOLA CAMPODÓNICO
ARGENTINA
Homenaje al Padre Antonio Oliver. (José Vicente España) 09012019
Vin
Cens
Escuché el nombre de Antonio Oliver Montserrat por primera vez poco tiempo después de regresar a casa tras un retiro en el monasterio de San José de Batuecas. Escuché a la persona que me invitó a realizar dicho retiro hablar sobre la resurrección del Señor. Me gustó y me llamó muchísimo la atención la manera tan especial en que lo planteaba. Me dijo que hablaba así porque bebía de una fuente. Dicha fuente, evidentemente, era el Padre Antonio Oliver. Ante mi insistencia por querer saber más, no hizo otra cosa que recomendarme seguir una senda, un camino, el cual llevaba directo a unos documentos sonoros que, estoy seguro, todos ustedes conocen más que bien. De repente un mundo nuevo se abrió ante mí, un pozo sin fondo del que beber y beber. Y yo tengo sed. Esos documentos, esas cintas, se han convertido en compañeros inseparables desde entonces. Las escucho y las escucho y nunca me canso. Al contrario. Llena su palabra, y no sólo por lo que dice, que lo hace, sino por lo que no dice. De ello hace sólo tres años. Sé que lo conocí tarde, pero me caló hasta los huesos. Así fue mi encuentro con el maestro, tarde pero en su justo momento.
Pasado este tiempo, creo que puedo considerarme, como ustedes, alumno suyo. O al menos, eso intento. Del mismo modo que no se es cristiano, siempre se ha de intentar ser cristiano. Y eso, en realidad, es ser cristiano. ¿Les suena, verdad?. Él, sin duda, es mi maestro.
Me chocó bastante, después de buscar más sobre él, que no fuera más conocido a día de hoy. Alguien con ese verbo tan impresionantemente claro, bello y contundente -fuente de agua viva sin duda- debería de llegar al cogollo de más personas. Es tan moderno, tan actual, tan auténtico, tan místico, sí, místico, que me pareció buena idea hacer uso de los medios actuales de que disponemos para poder, de manera humilde y desde las lógicas limitaciones del medio, dar aún más voz al mensajero desde la palabra escrita. Y sentí entonces que sería buena idea abrir una ventana en esas redes sociales que actualmente usan tantas personas en la que quien quiera buscar pueda encontrar al menos un bocado más que llevarse a la boca, como a mí me ocurrió, y probar si dicho bocado es de su gusto y seguir junto a él el camino. Siempre hacia adelante, como peregrino incansable. Es lo mínimo que puedo ofrecer por tanto recibido, y estoy hablando de bodegas. Sé que me vuelven a entender, ¿verdad?. Evidentemente.
He aquí mi pequeño y humilde homenaje al Padre Antonio Oliver. Espero sea de su agrado allá donde se encuentre.
Me hubiera gustado poder estar hoy aquí, pero como no es posible, también me hace ilusión, como el niño que intento no dejar de ser, estar sin estar.
Que el Señor nos bendiga y nos guarde siempre. Un abrazo.
José Vicente España Honrubia
jueves, 14 de mayo de 2015
La leyenda de Abgar (Belleza del patrimonio cristiano)
La leyenda de Abgar
Al igual que la carta, el retrato estaba destinado a ser el núcleo de una legendaria evolución: el Santo Rostro de Edesa
Por: H. Leclercq | Fuente: Enciclopedia Católica
Por: H. Leclercq | Fuente: Enciclopedia Católica

El historiador Eusebio guarda una tradición (H. E., I, xii), en la que él mismo cree con firmeza, respecto a una correspondencia que tomó lugar entre Nuestro Señor y el soberano local en Edesa.
Tres documentos se relacionan con ésta correspondencia:
- la carta de Abgar a Nuestro Señor;
- la respuesta de Nuestro Señor;
- un cuadro de Nuestro Señor, como era Él en vida
Ésta leyenda gozó de gran popularidad, tanto en el oriente como en el occidente, durante la Edad Media: la carta de Nuestro Señor era copiada en pergamino, mármol y metal, y era usada como talismán o amuleto. En la época de Eusebio, se pensaba que las cartas originales, escritas en sirio, estaban guardadas en los archivos de Edesa. En nuestros días, poseemos no sólo un texto sirio, sino también una traducción en armenio, dos versiones griegas independientes, más cortas que la siria, y varias inscripciones en piedra, todas ellas discutidas en dos artículos en el “Dictionnaire d’archéologie chrétienne et de liturgies” cols. 88 sq. y 1807 sq. Las únicas dos obras a consultar referentes a éste problema literario son la “Historia Eclesiástica” de Eusebio, y la “Enseñanza de Adai,” la cual afirma pertenecer a la época apostólica.
La leyenda, de acuerdo a éstas dos obras, se desarrolla de la siguiente manera: Abgar, rey de Edesa, quien sufre de una enfermedad incurable, ha oído la fama del poder y los milagros de Jesús y le escribe, rogándole que llegue y lo cure. Jesús no acepta, pero promete enviar un mensajero, dotado de Su poder, llamado Tadeo (o Adai), uno de los setenta y dos discípulos. Las cartas de Nuestro Señor y del rey de Edesa varían en la versión que da Eusebio y la de la “Enseñanza de Adai.” La siguiente está tomada de la “Enseñanza de Adai,” ya que es menos accesible que la Historia de Eusebio:
"Abgar Ouchama a Jesús, el Buen Doctor Quien ha aparecido en el territorio de Jerusalén, saludos:
He oído de Vos, y de Vuestra sanación; que Vos no usáis medicinas o raíces, sino por Vuestra palabra abrís (los ojos) de los ciegos, hacéis que los paralíticos caminen, limpiáis a los leprosos, hacéis que los sordos oigan, cómo por Vuestra palabra (también) curáis espíritus (enfermos) y aquellos atormentados por demonios lunáticos, y cómo, de nuevo, resucitáis los muertos a la vida. Y, al darme cuenta de las maravillas que Vos hacéis, me he dado cuenta de que (de dos cosas, una): o habéis venido del cielo, o si no, sois el Hijo de Dios, quien hace que sucedan todas éstas cosas. También me doy cuenta que los judíos murmuran en contra Vuestra, y Os persiguen, que buscan crucificaros y destruiros. Poseo únicamente una pequeña ciudad, pero es bella, y lo suficientemente grande para que nosotros dos vivamos en paz."
Cuando Jesús recibió la carta, en la casa del sumo sacerdote de los judíos, le dijo a Hanán, el secretario, “Id, y decid a vuestro amo, quien os envió a Mí: ‘Feliz seáis, vos que habéis creído en Mí, sin haberme visto, porque está escrito de mí que quienes me vean no creerán en Mí, y que aquellos que no me vean creerán en Mí. En cuanto a lo que habéis escrito, que debería ir a vos, (he aquí, que) todo a lo que fui enviado aquí está terminado, y subo de nuevo a Mi Padre quien me envió, y cuando haya ascendido a Él os enviaré a uno de Mis discípulos, quien sanará todos vuestros sufrimientos, y (os) dará la salud de nuevo, y convertirá a todos aquellos con vos a la vida eterna. Y vuestra ciudad será bendecida por siempre, y el enemigo nunca prevalecerá sobre ella.’” De acuerdo a Eusebio, no fue Hanán quien escribió la respuesta, sino el mismo Nuestro Señor.
Ha surgido una curiosa evolución legendaria de ésta imaginaria ocurrencia. Se ha discutido seriamente la naturaleza de la enfermedad de Abgar, al crédito de la imaginación de varios escritores, sosteniendo que era gota, otros que era lepra, los primeros diciendo que había durado siete años, los últimos descubriendo que el enfermo había contraído su enfermedad durante una visita a Persia. Otros historiadores, nuevamente, sostienen que la carta fue escrita en pergamino, aunque algunos favorecen al papiro. El pasaje crucial en la carta de Nuestro Señor, sin embargo, es el que promete a la ciudad de Edesa la victoria sobre todo enemigo. Le dio al pueblecito una popularidad que desapareció el día en que cayó en manos de conquistadores. Fue una inesperada conmoción para aquellos que creían en la leyenda; estaban más dispuestos a atribuir la caída de la ciudad a la ira de Dios en contra sus habitantes, que a admitir el fracaso de una protección en la que en ése tiempo se confiaba no menos que en el pasado.
Desde entonces, el hecho al que aludía la correspondencia ha, por mucho tiempo, dejado de tener valor histórico alguno. En dos lugares, el texto está tomado del Evangelio, lo cual de por sí es suficiente para refutar la autenticidad de la carta. Por otra parte, las citas son hechas no de los Evangelios auténticos, sino de la famosa concordancia de Tatiano, compilada en el siglo II, y conocida como el “Diatesarón”, fijando así la fecha de la leyenda en aproximadamente la mitad del siglo III. Además, sin embargo, de la importancia que obtuvo en el ciclo apócrifo, la correspondencia del Rey Abgar también ganó un lugar en la liturgia. El decreto “De libris non recipiendis”, del pseudo-Gelasio, coloca la carta entre los escritos apócrifos, lo cual puede, posiblemente, ser una alusión al hecho que haya sido interpolada entre las lecciones oficialmente autorizadas de la liturgia. Las liturgias sirias conmemoran la correspondencia de Abgar durante la cuaresma. La liturgia celta parece haber concedido importancia a la leyenda; el “Liber Hymnorum”, un manuscrito conservado en Trinity College, Dublín (E. 4, 2), da dos oraciones sobre las líneas de la carta a Abgar. Tampoco es del todo absoluto que ésta carta, seguida de varias oraciones, pueda haber conformado un oficio litúrgico menor en ciertas iglesias.
El relato dado por Adai contiene un detalle al que se puede hacer referencia aquí brevemente. Hanán, quien escribió lo que Nuestro Señor le dictó, era archivero en Edesa y pintor del Rey Abgar. Se le había encargado pintar un retrato de Nuestro Señor, tarea que llevó a cabo, trayendo de regreso consigo mismo una pintura que llevó a ser objeto de veneración general, pero que, después de un tiempo, se dijo que había sido pintada por el mismo Nuestro Señor. Al igual que la carta, el retrato estaba destinado a ser el núcleo de una legendaria evolución; el “Santo Rostro de Edesa” era principalmente famoso en el mundo bizantino. Debe ser aquí suficiente una indicación mínima de éste hecho, sin embargo, ya que la leyenda del retrato de Edesa forma parte del extremadamente difícil y oscuro tema de la iconografía de Cristo, y de las pinturas de origen milagroso llamadas acheiropoietoe (“hecho sin manos”).
H. LECLERCQ
Transcrito por Michael C. Tinkler
Traducido por Leonel Antonio Orozco
Tres documentos se relacionan con ésta correspondencia:
- la carta de Abgar a Nuestro Señor;
- la respuesta de Nuestro Señor;
- un cuadro de Nuestro Señor, como era Él en vida
Ésta leyenda gozó de gran popularidad, tanto en el oriente como en el occidente, durante la Edad Media: la carta de Nuestro Señor era copiada en pergamino, mármol y metal, y era usada como talismán o amuleto. En la época de Eusebio, se pensaba que las cartas originales, escritas en sirio, estaban guardadas en los archivos de Edesa. En nuestros días, poseemos no sólo un texto sirio, sino también una traducción en armenio, dos versiones griegas independientes, más cortas que la siria, y varias inscripciones en piedra, todas ellas discutidas en dos artículos en el “Dictionnaire d’archéologie chrétienne et de liturgies” cols. 88 sq. y 1807 sq. Las únicas dos obras a consultar referentes a éste problema literario son la “Historia Eclesiástica” de Eusebio, y la “Enseñanza de Adai,” la cual afirma pertenecer a la época apostólica.
La leyenda, de acuerdo a éstas dos obras, se desarrolla de la siguiente manera: Abgar, rey de Edesa, quien sufre de una enfermedad incurable, ha oído la fama del poder y los milagros de Jesús y le escribe, rogándole que llegue y lo cure. Jesús no acepta, pero promete enviar un mensajero, dotado de Su poder, llamado Tadeo (o Adai), uno de los setenta y dos discípulos. Las cartas de Nuestro Señor y del rey de Edesa varían en la versión que da Eusebio y la de la “Enseñanza de Adai.” La siguiente está tomada de la “Enseñanza de Adai,” ya que es menos accesible que la Historia de Eusebio:
"Abgar Ouchama a Jesús, el Buen Doctor Quien ha aparecido en el territorio de Jerusalén, saludos:
He oído de Vos, y de Vuestra sanación; que Vos no usáis medicinas o raíces, sino por Vuestra palabra abrís (los ojos) de los ciegos, hacéis que los paralíticos caminen, limpiáis a los leprosos, hacéis que los sordos oigan, cómo por Vuestra palabra (también) curáis espíritus (enfermos) y aquellos atormentados por demonios lunáticos, y cómo, de nuevo, resucitáis los muertos a la vida. Y, al darme cuenta de las maravillas que Vos hacéis, me he dado cuenta de que (de dos cosas, una): o habéis venido del cielo, o si no, sois el Hijo de Dios, quien hace que sucedan todas éstas cosas. También me doy cuenta que los judíos murmuran en contra Vuestra, y Os persiguen, que buscan crucificaros y destruiros. Poseo únicamente una pequeña ciudad, pero es bella, y lo suficientemente grande para que nosotros dos vivamos en paz."
Cuando Jesús recibió la carta, en la casa del sumo sacerdote de los judíos, le dijo a Hanán, el secretario, “Id, y decid a vuestro amo, quien os envió a Mí: ‘Feliz seáis, vos que habéis creído en Mí, sin haberme visto, porque está escrito de mí que quienes me vean no creerán en Mí, y que aquellos que no me vean creerán en Mí. En cuanto a lo que habéis escrito, que debería ir a vos, (he aquí, que) todo a lo que fui enviado aquí está terminado, y subo de nuevo a Mi Padre quien me envió, y cuando haya ascendido a Él os enviaré a uno de Mis discípulos, quien sanará todos vuestros sufrimientos, y (os) dará la salud de nuevo, y convertirá a todos aquellos con vos a la vida eterna. Y vuestra ciudad será bendecida por siempre, y el enemigo nunca prevalecerá sobre ella.’” De acuerdo a Eusebio, no fue Hanán quien escribió la respuesta, sino el mismo Nuestro Señor.
Ha surgido una curiosa evolución legendaria de ésta imaginaria ocurrencia. Se ha discutido seriamente la naturaleza de la enfermedad de Abgar, al crédito de la imaginación de varios escritores, sosteniendo que era gota, otros que era lepra, los primeros diciendo que había durado siete años, los últimos descubriendo que el enfermo había contraído su enfermedad durante una visita a Persia. Otros historiadores, nuevamente, sostienen que la carta fue escrita en pergamino, aunque algunos favorecen al papiro. El pasaje crucial en la carta de Nuestro Señor, sin embargo, es el que promete a la ciudad de Edesa la victoria sobre todo enemigo. Le dio al pueblecito una popularidad que desapareció el día en que cayó en manos de conquistadores. Fue una inesperada conmoción para aquellos que creían en la leyenda; estaban más dispuestos a atribuir la caída de la ciudad a la ira de Dios en contra sus habitantes, que a admitir el fracaso de una protección en la que en ése tiempo se confiaba no menos que en el pasado.
Desde entonces, el hecho al que aludía la correspondencia ha, por mucho tiempo, dejado de tener valor histórico alguno. En dos lugares, el texto está tomado del Evangelio, lo cual de por sí es suficiente para refutar la autenticidad de la carta. Por otra parte, las citas son hechas no de los Evangelios auténticos, sino de la famosa concordancia de Tatiano, compilada en el siglo II, y conocida como el “Diatesarón”, fijando así la fecha de la leyenda en aproximadamente la mitad del siglo III. Además, sin embargo, de la importancia que obtuvo en el ciclo apócrifo, la correspondencia del Rey Abgar también ganó un lugar en la liturgia. El decreto “De libris non recipiendis”, del pseudo-Gelasio, coloca la carta entre los escritos apócrifos, lo cual puede, posiblemente, ser una alusión al hecho que haya sido interpolada entre las lecciones oficialmente autorizadas de la liturgia. Las liturgias sirias conmemoran la correspondencia de Abgar durante la cuaresma. La liturgia celta parece haber concedido importancia a la leyenda; el “Liber Hymnorum”, un manuscrito conservado en Trinity College, Dublín (E. 4, 2), da dos oraciones sobre las líneas de la carta a Abgar. Tampoco es del todo absoluto que ésta carta, seguida de varias oraciones, pueda haber conformado un oficio litúrgico menor en ciertas iglesias.
El relato dado por Adai contiene un detalle al que se puede hacer referencia aquí brevemente. Hanán, quien escribió lo que Nuestro Señor le dictó, era archivero en Edesa y pintor del Rey Abgar. Se le había encargado pintar un retrato de Nuestro Señor, tarea que llevó a cabo, trayendo de regreso consigo mismo una pintura que llevó a ser objeto de veneración general, pero que, después de un tiempo, se dijo que había sido pintada por el mismo Nuestro Señor. Al igual que la carta, el retrato estaba destinado a ser el núcleo de una legendaria evolución; el “Santo Rostro de Edesa” era principalmente famoso en el mundo bizantino. Debe ser aquí suficiente una indicación mínima de éste hecho, sin embargo, ya que la leyenda del retrato de Edesa forma parte del extremadamente difícil y oscuro tema de la iconografía de Cristo, y de las pinturas de origen milagroso llamadas acheiropoietoe (“hecho sin manos”).
H. LECLERCQ
Transcrito por Michael C. Tinkler
Traducido por Leonel Antonio Orozco
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