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lunes, 4 de febrero de 2019

Discurso del Papa Francisco en el Encuentro Interreligioso de Abu Dhabi 04022019

Discurso del Papa Francisco en el Encuentro Interreligioso de Abu Dhabi

El Papa Francisco pronuncia su discurso. Foto: ACI Prensa

El Papa Francisco pronuncia su discurso. Foto: ACI Prensa
El Papa Francisco pronunció un importante discurso en el Encuentro Interreligioso celebrado este lunes 4 de febrero en Abu Dhabi, Emiratos Árabes Unidos, donde el Santo Padre se encuentra de viaje apostólico.
El discurso del Pontífice está llamado a convertirse en una brújula que guíe los pasos que se den a partir de ahora en el diálogo interreligioso.
Francisco hizo un llamado a la fraternidad entre religiones, a cuidar la familia humana y a sostener una relación interreligiosa basada en la educación y en la justicia donde la oración tenga un papel esencial.
Además, el Obispo de Roma volvió a rechazar con especial firmeza todo extremismo religioso y toda violencia ejercida en nombre de Dios.
“En el nombre de Dios Creador, hay que condenar sin vacilación toda forma de violencia, porque usar el nombre de Dios para justificar el odio y la violencia contra el hermano es una grave profanación. No hay violencia que encuentre justificación en la religión”.
A continuación, el texto completo del discurso pronunciado por el Papa Francisco:
Al Salamò Alaikum! La paz esté con vosotros.
Agradezco sinceramente a Su Alteza el Jeque Mohammed bin Zayed Al Nahyan y al Dr. Ahmad Al-Tayyib, Gran Imán de Al-Azhar, por sus palabras. Doy las gracias al Consejo de los Ancianos por el encuentro que acabamos de tener en la Mezquita Sheikh Zayed.
Saludo cordialmente a las autoridades civiles y religiosas y al cuerpo diplomático. Permítanme además un sincero agradecimiento por la cálida bienvenida que nos han dispensado a mí y a mi delegación.
También doy las gracias a todas las personas que contribuyeron a hacer posible este viaje y que han trabajado en este evento con dedicación, entusiasmo y profesionalidad: a los organizadores, al personal de Protocolo, al de Seguridad y a todos aquellos que “entre bambalinas” han colaborado de diversas maneras. Agradezco de forma especial al señor Mohamed Abdel Salam, exconsejero del Gran Imán.
Desde vuestra patria me dirijo a todos los países de la Península, a quienes deseo enviarles mi más cordial saludo, con amistad y aprecio. Con gratitud al Señor, en el octavo centenario del encuentro entre san Francisco de Asís y el sultán al-Malik al-Kāmil, he aceptado la ocasión para venir aquí como un creyente sediento de paz, como un hermano que busca la paz con los hermanos. Querer la paz, promover la paz, ser instrumentos de paz: estamos aquí para esto.
El logo de este viaje representa una paloma con una rama de olivo. Es una imagen que recuerda la historia del diluvio universal, presente en diferentes tradiciones religiosas. De acuerdo con la narración bíblica, para preservar a la humanidad de la destrucción, Dios le pide a Noé que entre en el arca con su familia. También hoy, en nombre de Dios, para salvaguardar la paz, necesitamos entrar juntos como una misma familia en un arca que pueda navegar por los mares tormentosos del mundo: el arca de la fraternidad.
El punto de partida es reconocer que Dios está en el origen de la familia humana. Él, que es el Creador de todo y de todos, quiere que vivamos como hermanos y hermanas, habitando en la casa común de la creación que él nos ha dado. Aquí, en las raíces de nuestra humanidad común, se fundamenta la fraternidad como una «vocación contenida en el plan creador de Dios». Nos dice que todos tenemos la misma dignidad y que nadie puede ser amo o esclavo de los demás.
No se puede honrar al Creador sin preservar el carácter sagrado de toda persona y de cada vida humana: todos son igualmente valiosos a los ojos de Dios. Porque él no mira a la familia humana con una mirada de preferencia que excluye, sino con una mirada benevolente que incluye. Por lo tanto, reconocer los mismos derechos a todo ser humano es glorificar el nombre de Dios en la tierra. Por lo tanto, en el nombre de Dios Creador, hay que condenar sin vacilación toda forma de violencia, porque usar el nombre de Dios para justificar el odio y la violencia contra el hermano es una grave profanación. No hay violencia que encuentre justificación en la religión.
El enemigo de la fraternidad es el individualismo, que se traduce en la voluntad de afirmarse a sí mismo y al propio grupo por encima de los demás. Es una insidia que amenaza a todos los aspectos de la vida, incluso la prerrogativa más alta e innata del hombre, es decir, la apertura a la trascendencia y a la religiosidad.
La verdadera religiosidad consiste en amar a Dios con todo nuestro corazón y al prójimo como a nosotros mismos. Por lo tanto, la conducta religiosa debe ser purificada continuamente de la tentación recurrente de juzgar a los demás como enemigos y adversarios. Todo credo está llamado a superar la brecha entre amigos y enemigos, para asumir la perspectiva del Cielo, que abraza a los hombres sin privilegios ni discriminaciones.
Por eso, quisiera expresar mi aprecio por el compromiso con que este país tolera y garantiza la libertad de culto, oponiéndose al extremismo y al odio. De esta manera, al mismo tiempo que se promueve la libertad fundamental de profesar la propia fe, que es una exigencia intrínseca para la realización del hombre, también se vigila para que la religión no sea instrumentalizada y corra el peligro, al admitir la violencia y el terrorismo, de negarse a sí misma.
La fraternidad ciertamente «expresa también la multiplicidad y diferencia que hay entre los hermanos, si bien unidos por el nacimiento y por la misma naturaleza y dignidad». Su expresión es la pluralidad religiosa.
En este contexto, la actitud correcta no es la uniformidad forzada ni el sincretismo conciliatorio: lo que estamos llamados a hacer, como creyentes, es comprometernos con la misma dignidad de todos, en nombre del Misericordioso que nos creó y en cuyo nombre se debe buscar la recomposición de los contrastes y la fraternidad en la diversidad. Aquí me gustaría reafirmar la convicción de la Iglesia Católica: «No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios».
Sin embargo, se nos presentan varias cuestiones: ¿Cómo protegernos mutuamente en la única familia humana? ¿Cómo alimentar una fraternidad no teórica que se traduzca en auténtica fraternidad? ¿Cómo hacer para que prevalezca la inclusión del otro sobre la exclusión en nombre de la propia pertenencia de cada uno? ¿Cómo pueden las religiones, en definitiva, ser canales de fraternidad en lugar de barreras de separación?
La familia humana y la valentía de la alteridad
Si creemos en la existencia de la familia humana, se deduce que esta, en sí misma, debe ser protegida. Como en todas las familias, esto ocurre principalmente a través de un diálogo cotidiano y efectivo. Presupone la propia identidad, de la que no se debe abdicar para complacer al otro. Pero, al mismo tiempo, pide la valentía de la alteridad, que implica el pleno reconocimiento del otro y de su libertad, y el consiguiente compromiso de empeñarme para que sus derechos fundamentales sean siempre respetados por todos y en todas partes. Porque sin libertad ya no somos hijos de la familia humana, sino esclavos. De entre las libertades me gustaría destacar la religiosa. Esta no se limita solo a la libertad de culto, sino que ve en el otro a un verdadero hermano, un hijo de mi propia humanidad que Dios deja libre y que, por tanto, ninguna institución humana puede forzar, ni siquiera en su nombre.
Diálogo y oración
La valentía de la alteridad es el alma del diálogo, que se basa en la sinceridad de las intenciones. El diálogo está de hecho amenazado por la simulación, que aumenta la distancia y la sospecha: no se puede proclamar la fraternidad y después actuar en la dirección opuesta. Según un escritor moderno, «quien se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras, llega al punto en el que ya no puede distinguir la verdad, ni dentro de sí mismo ni a su alrededor, y así comienza a no tener ya estima ni de sí mismo ni de los demás».
Para todo esto la oración es indispensable: mientras encarna la valentía de la alteridad con respecto a Dios, en la sinceridad de la intención, purifica el corazón del replegarse en sí mismo. La oración hecha con el corazón es regeneradora de fraternidad. Por eso, «en lo referente al futuro del diálogo interreligioso, la primera cosa que debemos hacer es rezar. Y rezar los unos por los otros: ¡somos hermanos! Sin el Señor, nada es posible; con él, ¡todo se vuelve posible! Que nuestra oración —cada uno según la propia tradición— pueda adherirse plenamente a la voluntad de Dios, quien desea que todos los hombres se reconozcan hermanos y vivan como tal, formando la gran familia humana en la armonía de la diversidad».
No hay alternativa: o construimos el futuro juntos o no habrá futuro. Las religiones, de modo especial, no pueden renunciar a la tarea urgente de construir puentes entre los pueblos y las culturas. Ha llegado el momento de que las religiones se empeñen más activamente, con valor y audacia, con sinceridad, en ayudar a la familia humana a madurar la capacidad de reconciliación, la visión de esperanza y los itinerarios concretos de paz.
La educación y la justicia
Volvemos entonces a la imagen inicial de la paloma de la paz. También la paz para volar necesita alas que la sostengan. Las alas de la educación y la justicia.
Educar —en latín significa extraer, sacar— es descubrir los preciosos recursos del alma. Es confortador observar que en este país no solo se invierte en la extracción de los recursos de la tierra, sino también en los del corazón, en la educación de los jóvenes. Es un compromiso que espero continúe y se extienda a otros lugares.
También la educación acontece en la relación, en la reciprocidad. Junto a la famosa máxima antigua “conócete a ti mismo”, debemos colocar “conoce a tu hermano”: su historia, su cultura y su fe, porque no hay un verdadero conocimiento de sí mismo sin el otro. Como hombres, y más aún como hermanos, recordémonos que nada de lo que es humano nos puede ser extraño. Es importante para el futuro formar identidades abiertas, capaces de superar la tentación de replegarse sobre sí mismos y volverse rígidos.
Invertir en cultura ayuda a que disminuya el odio y aumente la civilización y la prosperidad. La educación y la violencia son inversamente proporcionales. Las instituciones católicas —muy apreciadas en este país y en la región— promueven dicha educación para la paz y el entendimiento mutuo para prevenir la violencia.
Los jóvenes, rodeados con frecuencia por mensajes negativos y noticias falsas, deben aprender a no rendirse a las seducciones del materialismo, del odio y de los prejuicios; aprender a reaccionar ante la injusticia y también ante las experiencias dolorosas del pasado; aprender a defender los derechos de los demás con el mismo vigor con el que defienden sus derechos.
Un día ellos nos juzgarán: bien, si les hemos dado bases sólidas para crear nuevos encuentros de civilización; mal, si les hemos proporcionado solo espejismos y la desolada perspectiva de conflictos perjudiciales de incivilidad.
La justicia es la segunda ala de la paz, que a menudo no se ve amenazada por episodios individuales, sino que es devorada lentamente por el cáncer de la injusticia.
Por lo tanto, uno no puede creer en Dios y no tratar de vivir la justicia con todos, de acuerdo con la regla de oro: «Todo lo que queráis que haga la gente con vosotros, hacedlo vosotros con ella; pues esta es la Ley y los Profetas» (Mt 7,12).
¡La paz y la justicia son inseparables! El profeta Isaías dice: «La obra de la justicia será la paz» (32,17). La paz muere cuando se divorcia de la justicia, pero la justicia es falsa si no es universal. Una justicia dirigida solo a miembros de la propia familia, compatriotas, creyentes de la misma fe es una justicia que cojea, es una injusticia disfrazada.
Las religiones tienen también la tarea de recordar que la codicia del beneficio vuelve el corazón inerte y que las leyes del mercado actual, que exigen todo y de forma inmediata, no favorecen el encuentro, el diálogo, la familia, las dimensiones esenciales de la vida que necesitan de tiempo y paciencia. Que las religiones sean la voz de los últimos, que no son estadísticas sino hermanos, y estén del lado de los pobres; que vigilen como centinelas de fraternidad en la noche del conflicto, que sean referencia solícita para que la humanidad no cierre los ojos ante las injusticias y nunca se resigne ante los innumerables dramas en el mundo.
El desierto que florece
Después de haber hablado de la fraternidad como arca de paz, me gustaría inspirarme en una segunda imagen, la del desierto que nos rodea.
Aquí, en pocos años, con visión de futuro y sabiduría, el desierto se ha transformado en un lugar próspero y hospitalario; el desierto ha pasado de ser un obstáculo intransitable e inaccesible a un lugar de encuentro entre culturas y religiones. Aquí el desierto ha florecido, no solo por unos pocos días al año, sino para muchos años venideros.
Este país, en el que la arena y los rascacielos se dan la mano, sigue siendo una importante encrucijada entre el Occidente y el Oriente, entre el Norte y el Sur del planeta, un lugar de desarrollo, donde los espacios, en otro tiempo inhóspitos, ofrecen puestos de trabajo para personas de diversas naciones.
Sin embargo, el desarrollo tiene también sus adversarios. Y si el enemigo de la fraternidad era el individualismo, me gustaría señalar a la indiferencia como un obstáculo para el desarrollo, que termina convirtiendo las realidades florecientes en tierras desiertas.
De hecho, un desarrollo meramente utilitario no ofrece un progreso real y duradero. Solo un desarrollo integral e integrador favorece un futuro digno del hombre. La indiferencia impide ver a la comunidad humana más allá de las ganancias y al hermano más allá del trabajo que realiza. La indiferencia no mira hacia el futuro; no le interesa el futuro de la creación, no le importa la dignidad del forastero y el futuro de los niños.
En este contexto, me alegro de que, en el pasado mes de noviembre, haya tenido lugar aquí en Abu Dhabi el primer Foro de la Alianza Interreligiosa para Comunidades más seguras, sobre el tema de la dignidad del niño en la era digital.
Este evento acogió el mensaje publicado un año antes en Roma en el Congreso Internacional sobre el mismo tema, al que le di todo mi apoyo y aliento. Por lo tanto, agradezco a todos los líderes comprometidos en este ámbito y les aseguro mi apoyo, solidaridad y colaboración, como también la de la Iglesia Católica, en esta causa importante de la protección de los menores en todos sus aspectos.
Aquí, en el desierto, se ha abierto un camino de desarrollo fecundo que, a partir del trabajo, ofrece esperanzas a muchas personas de diferentes pueblos, culturas y credos. Entre ellos, también muchos cristianos, cuya presencia en la región se remonta a siglos atrás, han encontrado oportunidades y han contribuido de manera significativa al crecimiento y bienestar del país.
Además de las habilidades profesionales, os brindan la autenticidad de su fe. El respeto y la tolerancia que encuentran, así como los lugares de culto necesarios donde rezan, les permiten esa maduración espiritual que luego beneficia a toda la sociedad. Los animo a que continúen en este camino, para que aquellos que viven o están de paso preserven no solo la imagen de las grandes obras construidas en el desierto, sino también de una nación que incluye y abarca a todos.
En este mismo espíritu deseo que, no solo aquí, sino en toda la amada y neurálgica región de Oriente Medio, haya oportunidades concretas de encuentro: una sociedad donde personas de diferentes religiones tengan el mismo derecho de ciudadanía y donde solo se le quite ese derecho a la violencia, en todas sus formas.
Una convivencia fraterna basada en la educación y la justicia; un desarrollo humano, construido sobre la inclusión acogedora y sobre los derechos de todos: estas son semillas de paz, que las religiones están llamadas a hacer brotar.
A ellos les corresponde, quizás como nunca antes, en esta delicada situación histórica, una tarea que ya no puede posponerse: contribuir activamente a la desmilitarización del corazón del hombre. La carrera armamentística, la extensión de sus zonas de influencia, las políticas agresivas en detrimento de lo demás nunca traerán estabilidad. La guerra no sabe crear nada más que miseria, las armas nada más que muerte.
La fraternidad humana nos exige, como representantes de las religiones, el deber de desterrar todos los matices de aprobación de la palabra guerra. Devolvámosla a su miserable crudeza. Ante nuestros ojos están sus nefastas consecuencias. Estoy pensando de modo particular en Yemen, Siria, Irak y Libia. Juntos, hermanos de la única familia humana querida por Dios, comprometámonos contra la lógica del poder armado, contra la mercantilización de las relaciones, los armamentos de las fronteras, el levantamiento de muros, el amordazamiento de los pobres; a todo esto nos oponemos con el dulce poder de la oración y con el empeño diario del diálogo.
Que nuestro estar juntos hoy sea un mensaje de confianza, un estímulo para todos los hombres de buena voluntad, para que no se rindan a los diluvios de la violencia y la desertificación del altruismo. Dios está con el hombre que busca la paz. Y desde el cielo bendice cada paso que, en este camino, se realiza en la tierra.

sábado, 28 de noviembre de 2015

España: Musulmanes, judíos, budistas y cristianos se unen contra la “barbarie que amenaza la paz universal” 27112015

España: Musulmanes, judíos, budistas y cristianos se unen contra la “barbarie que amenaza la paz universal”

Representantes del Foro Interreligioso impulsado por el Arzobispado de Valencia firman una declaración conjunta

Madrid,  (ZENIT.orgIván de Vargas | 328 hits

El Foro Interreligioso, impulsado por la comisión diocesana de Relaciones Interconfesionales del Arzobispado de Valencia (España), y que cuenta con representantes musulmanes, budistas, judíos e integrantes de la religión Bahai, de origen persa, además de cristianos, ha aprobado por unanimidad una declaración conjunta contra la “barbarie que amenaza la paz universal” en la que advierte también sobre el “terrible egoísmo de utilizar en falso el nombre de Dios”.
Durante un encuentro celebrado este jueves por la tarde en la Facultad de Teología San Vicente Ferrer, el presidente de la comisión diocesana de Relaciones Interconfesionales e impulsor de la iniciativa, el sacerdote Vicente Collado, ha leído el documento con el que los participantes del Foro ponen de manifiesto que “de ninguna manera, se puede afirmar que sea una actitud verdaderamente religiosa aquella que no respeta el orden plural en el que la verdad, la bondad y la belleza unifican y facilitan la convivencia humana y, por tanto, la paz universal”.
Tras “muchas manifestaciones contrarias a esa barbarie que amenaza la paz universal”, todos los firmantes han pedido que “la confusión no ciegue la luz creadora y sepamos responder, con fe y esperanza, ante ese desafío a la bondad y a la verdad: ellas son las que definen nuestra religión”. Sin ellas, que son “fiel reflejo de la Trascendencia, es fácil caer en el terrible egoísmo de imponer nuestro criterio y utilizar en falso el nombre de Dios”, han asegurado.
Asimismo, los representantes de las diferentes religiones han expresado que “creemos en el Espíritu Creador, el Amor Trascendente que nos mueve a no abusar de la creación como si sólo se tratase simplemente de un material para nuestro obrar y querer”, sino que “debemos considerar la naturaleza creada como un don que nos ha sido encomendado, no para destruirlo, sino para convertirlo en el auténtico jardín de Dios, en el que Dios ha instalado también al ser humano”. El encuentro ha concluido con todos sus participantes guardando un minuto de silencio y orando por la paz universal.
El Foro Interreligioso fue inaugurado hace cinco meses con una reunión en la que fueron invitados los representantes de las distintas confesiones. En ella fueron programados los encuentros que se están desarrollando mensualmente y en los que se dan a conocer las diferentes religiones.
En esta ocasión se ha presentado el sintoísmo, una religión de origen japonés que ha explicado Atsuko Takano, una mujer nipona actualmente convertida al cristianismo.
“Se trata de un foro abierto, donde puede participar cualquiera y no se excluye a ningún creyente e, incluso, se abre a los no creyentes para brindarles la posibilidad de acercarse a Dios y a los demás”, ha explicado Vicente Collado a la Agencia de Noticias de la Archidiócesis de Valencia (AVAN).
En la Comunidad Valenciana existen 530 centros religiosos no católicos, “una realidad muy plural y tenemos una tarea enorme por delante que debe comenzar por ir escuchando a los distintos representantes de estas confesiones y religiones”, ha apuntado el sacerdote.

jueves, 25 de junio de 2015

La Comunidad Judía de Madrid, con los cristianos perseguidos 24062015

La Comunidad Judía de Madrid, con los cristianos perseguidos
 Fecha: 24 de Junio de 2015



En el marco del 50 aniversario de la Declaración Nostra Aetate, la comunidad judía ha organizado este miércoles un encuentro interreligioso en la Sinagoga de Madrid, para “denunciar la persecución que sufren a diario los cristianos en Oriente Medio y en países africanos”.

Durante su intervención, el presidente de la Comunidad Judía de Madrid, David Hatchwell ha recordado que los judíos y los cristianos compartimos valores troncales por eso tenemos que ayudarnos en los momentos de sufrimiento. Asimismo, ha indicado que el pueblo judío no es indiferente al sufrimiento de otros seres humanos. “Los judíos conocemos el significado de las persecuciones, expulsiones, torturas y muerte y declaramos nuestra solidaridad con la población cristiana y todas las minorías perseguidas”, ha enfatizado. 

Por su parte, el arzobispo de Madrid, Monseñor Carlos Osoro Sierra ha destacado la semblanza de su antecesor en el cargo, el cardenal Ángel Suquía Goicoechea, que contribuyó a la salvación de judíos durante la II Guerra Mundial. Monseñor Osoro ha agradecido y valorado también la generosidad de la Comunidad Judía de Madrid que ha abierto sus puertas a los perseguidos y ha elogiado el bellísimo momento de dar las gracias a Dios juntos, cristianos y judíos.

El Gran Rabino Moshé Bendahán ha dirigido una oración por la elevación de las almas de todos los cristianos asesinados en Oriente Medio y Africa, y ha recordado que “el que asesina a un ser humano destruye generaciones enteras, igual que quien salva a un ser humano salva a generaciones enteras”.

El acto ha contado también con los testimonios de dos cristianos que han vivido en primera persona la discriminación y la persecución, han informado los organizadores en un comunicado remitido a ZENIT. El padre greco-ortodoxo Gabriel Nadaf ha pedido una acción inmediata para terminar con el genocidio de los cristianos en Oriente Medio, y ha asegurado que, “en un momento en el que el mundo nos da la espalda, el estado de Israel es el único lugar seguro para los cristianos. Nuestro destino, judíos y cristianos es común”.

Además, un católico caldeo iraquí, el profesor Raad Salam Naaman ha repasado su experiencia jalonada de discriminaciones constantes dentro de su país por pertenecer a la minoría cristiana. Así, ha denunciado que “los musulmanes tiene todos los derechos en Occidente pero nosotros, en nuestro propio país, no podemos profesar libremente nuestra religión”.

Las últimas personalidades en tomar la palabra pertenecen a instituciones que vinculan el mundo judío y cristiano. Javier Cremades, presidente de la Fundación Madrid Vivo, ha considerado significativo que el homenaje a los cristianos perseguidos se celebre en un templo judío. Para Cremades, los discursos religiosos cristianos y judíos son idénticos, ambos buscan los mismos valores y el respeto hacia los seres humanos.

La directora del Centro de Estudios Judeo Cristiano, Mayte Rodríguez, ha agradecido la iniciativa de la Comunidad Judía de Madrid cuando, “los cristianos no tuvimos la misma comprensión durante la II Guerra Mundial”. Rodríguez ha explicado que la Declaración Nostra Aetate supuso un giro radical en las relaciones entre judíos y católicos que se mantienen y se han fortalecido en estos años. Con este acto cumplimos las palabras que el papa Francisco pronunció en Israel en 2014 cuando aseguró que “nada justifica permanecer pasivos cuando el prójimo sufre”, ha subrayado.

Por último, el rabino Yerahmiel Barylka de la Comunidad Judía de Madrid ha asegurado que Occidente no está preocupado por las minorías perseguidas en múltiples países con cuyos dirigentes se firman buenos negocios. “Se sacrifica a los cristianos como antes sucedió con los judíos. El mundo occidental practica la ceguera”, ha lamentado.

El acto de solidaridad con los cristianos perseguidos ha concluido con la lectura de un manifiesto. En este, la Comunidad Judía de Madrid exige “a las más altas instancias políticas de nuestro país y de la Unión Europea que proclamen su absoluto rechazo a la tortura, los malos tratos, las violaciones sistemáticas de mujeres y menores de edad y su entrega en esclavitud”. Y denuncia “la hipocresía de muchos gobiernos democráticos, que por intereses egoístas, pactan con aquellos gobiernos autoritarios para obtener ventajas económicas y geopolíticas ignorando el crimen organizado, el tráfico de seres humanos, la persecución y la muerte de inocentes”.

jueves, 15 de enero de 2015

Los tres 'fuera de programa' del papa Francisco 14012015

Los tres 'fuera de programa' del papa Francisco

Miércoles por la tarde: (Sri Lanka). Visitó un templo budista, saludó al ex presidente, y fue a la nunciatura para reunirse con los obispos con quienes se había anulado el encuentro

Roma,  (Zenit.orgH. Sergio Mora | 235 hits

Tres acontecimientos fuera de programa se registraron hoy en la visita apostólica del papa Francisco a Sri Lanka: un saludo al ex presidente Mahinda Rajapaksa, la visita a un templo budista, y un encuentro con los obispos del país.
Lo indicó el portavoz de la Santa Sede, padre Federico Lombardi, que calificó de “acontecimientos simples pero significativos que se añadieron como muchas veces sucede, al programa”.
“El primero -dijo Lombardi- fue la visita de cortesía al ex presidente junto a su hermano que era ministro del gobierno anterior y acompañados de las dos esposas”. Precisó que “el presidente saliente había invitado al Papa a Sri Lanka y por lo tanto era normal que quisiera saludarlo y agradecerle”. Una visita que “da un sentido también de armonía y tranquilidad a este cambio que no todos preveían, pero que se realizó en modo pacífico, y respetable, un signo de madurez de la democracia en Sri Lanka”, dijo.
Sobre la visita al templo budista, el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede indicó que “el Papa había encontrado en el aeropuerto a uno de los representantes de las organizaciones budistas, quien le invitó a verlo”. Este personaje, Banagala Upatissa, “había estado ayer en el encuentro interreligioso junto a los monjes budistas presentes”. Por ello, indicó Lombardi, “el Papa acogió la oportunidad en un momento libre de esta tarde para realizar una rápida visita al centro budista en el cual está la sala religiosa. Fue bienvenido y acogido con gran familiaridad y le fue explicado la realidad de este lugar de oración”. Precisó que los monjes “abrieron también un relicario, acción que se realiza una sola vez al año, y hoy de manera excepcional por la presencia del Papa, como signo de amistad y honor”. Mientras abrían este contenedor de las reliquias, algunos jóvenes monjes recitaron una oración, con gran naturalidad.
El padre Lombardi consideró que esta visita demuestra la cultura y pedagogía del Papa, “del encuentro personal que favorece causas como el diálogo interreligioso”. Añadió que este monje tenía una foto de Francisco con el papa emérito, “lo que hace entender que es una persona que cultiva el diálogo con otras religiones”. Además, había estado en el Vaticano en una audiencia y tenía una foto suya con Benedicto XVI.
El tercer fuera de programa fue que el Santo Padre quiso ir a la nunciatura de Colombo, para tener un encuentro con los obispos del país que había saltado por un atraso en el programa del día anterior. “Esta tarde, que el Papa estaba muy bien, quiso recuperar. En realidad los obispos llegaron con atraso debido a problemas al retornar del santuario de Mandhu”, indicó el portavoz.