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lunes, 7 de agosto de 2023

07 de agosto: Nuestra Señora de Schiedam

 

07 de agosto: Nuestra Señora de Schiedam

Schiedam es una ciudad de la provincia de Holanda Meridional, situada entre Róterdam y Vlaardingen, en los Países Bajos. En el tiempo de su fundación se encontraba situada a orillas del río Schie, del que toma el nombre, y más tarde en la ribera del Nieuwe Maas, uno de los brazos del Mosa.

La ciudad es conocida principalmente por ser origen de la ginebra, por su centro histórico con canales, y por poseer los molinos más altos del mundo.

Nuestra Señora de Schiedam data del Siglo XV.

La crónica relata que un comerciante, que había robado esta imagen, se embarcó con la intención de venderla en la feria en Amberes, pero el no podía nunca alejarse del puerto. Alarmado por tal prodigio, él restauró la imagen que había robado, y fue solemnemente trasladada a la iglesia de San Juan Bautista, en donde Santa Liduvina pasaba noches enteras rezando.


SANTA LIDUVINA: DEVOTA DE NUESTRA SEÑORA DE SCHIEDAM

Nacida en Schiedam, Holanda, el 18 de Abril 1380; falleció un 14 de Abril, 1433. Su padre, de nombre Pedro, provenía de una familia noble mientras que su madre Petronila, nacida en Kethel, Holanda, era una muchacha de origen campesino. Ambos eran pobres.

Muy al inicio de su vida Santa Liduvina sintió la inclinación hacia la Madre de Dios y oró mucho ante la imagen milagrosa de Nuestra Señora de Schiedam. Durante el invierno del año 1395, Liduvina fue a patinar con sus amigos, uno de ellos provocó que cayera al hielo con tal violencia que se fracturó una costilla del costado derecho. Este fue el inicio de su martirio.

Con quince años comienza su historia de dolor y entró en cama para no levantarse más. A partir de este momento ya se suceden todos los males y los intentos de curación conocidos en el pueblo. Apostema pertinaz en el lugar de la herida, salen llagas, úlceras, por fin gangrena con gusanos y mucho dolor. Se pasan el día cambiándola de una a otra cama, pero cada traslado es un espantoso tormento; sus piernas ya no la sostienen un día y ya es preciso arrastrarla por el suelo. Enfermedad del fuego sagrado, como lo llamaban en ese tiempo, en un brazo que se consume. También tiene neuralgias. Por si fuera poco, el ojo derecho se extingue y le sangra el izquierdo. Se le producen equimosis lívidas en el pecho que se convierten en pústulas cobrizas. Empieza el mal al hígado y a los pulmones. El cáncer le hace agujero profundo en el pecho. Y para colmo de males, la peste bubónica que asolaba Europa llegó a Holanda y se estableció en Liduvina regalándole dos bubones terribles junto a su corazón. Ella dijo: “dos no está mal, pero tres sería mejor, en honor de la Santísima Trinidad”… y el tercero le brotó en la cara. Sólo la lepra no visitó su cuerpo.

Ninguna habilidad médica fue de provecho para sanarla. Por años permaneció acostada con dolores permanentes que parecían incrementarse constantemente. Algunos la veían con suspicacia, como si estuviera bajo la influencia del espíritu maligno.

Cualquiera de estos males era de muerte. Pero aquella vida era un milagro continuo. Ahora es un montón de pellejos rotos y huesos; lejos queda la niña crecida y guapa que fue, cuando su buen padre le buscaba pretendientes con los que ajustar una boda que le sacara de apuros y a la que ella se negaba rotundamente.

¿Y los olores? Los chorros de pus, a rosas; los emplastos retirados llenos de insectos, embalsaman la casa, y de aquel cuerpo que todo se pudre, jamás salió olor de muerto.

¿Y el alimento? Una rodaja de manzana asada para un día. El estómago se rebela por una tostada de pan mojado en leche o en cerveza. Después hubo de contentarse con unas gotas de agua azucarada o con un poco de vino matado con agua.

¿Y el descanso? Desaparecido el sueño, noches en vela, de espaldas con la piel que salía como la corteza del árbol. Sus biógrafos dicen que en treinta y ocho años no durmió veinte horas.

¿Y el ánimo? El sufrimiento la llenó al principio de espanto. En cama, estuvo con frecuencia a punto de desesperación. Por cuatro años pensó que estaba condenada; Dios no se interesa por ella, no aparece, o mejor, ha desaparecido por indiferente; casi se diría es un enemigo implacable y cruel. Es incapaz de rezar en ese estado de sufrimiento y postración donde no hay ni una ayuda del cielo, ni un consuelo de la tierra.


UN ALMA BUENA SE HACE PRESENTE

El cura del pueblo no se interesa por la enferma mientras tenga que ocuparse de cebar sus capones y de mantener bien repleta la despensa.

Algún alma buena le puso en pista, aunque al principio, ella no entendió nada. “La Pasión de Cristo la has meditado poco hasta ahora”. Ni siquiera eso daba resultado; sus dolores le dolían más que los del Señor; pero lo intentaba. La Comunión que le llevaron un día fue el remedio. Iluminada por una gracia repentina descubrió su misión en la tierra: acompañar a Jesús en el Calvario, reparar, clavarse voluntariamente en la cruz, ayudar al Mártir divino a llevar los pecados del mundo.

Las cosas cambiaron. Es la hora de la longanimidad. Empieza a ver lo positivo de su vida. Ahora, ayudada por el pensamiento de la generosidad de los mártires, agradece sus dolores al Señor. Comienza a preocuparse de los otros y de sus necesidades. Mantiene su día en la presencia de Dios aunque se produzcan demencias, apoplejías, neuralgias, dolores de muelas, mal de piedras y contracciones de nervios. De su boca salen a un tiempo sonrisas, bondades, alaridos y sollozos y ella misma decía que se olvidaba de su penoso estado cuando veía el rostro del Ángel de su guarda, que le hacía intuir cuál no sería la hermosura del rostro de Dios. Aparecen estigmas junto a los bubones y en los pies y en las manos.

Entiende de la dulzura de mezclar su dolor con el dolor de Dios porque su mundo es el de Pedro que llaman el Cruel, el de Carlos IV y Enrique de Lancaster con pantanos de sangre y de guerra de bulas entre los antipapas, de violencia de los magnates y ambiciones de los clérigos; era la época en que la cabeza tiarada de Cristo es arrojada de Aviñón a Roma y de Roma a Aviñón. Siente de lejos el pecado y repara. Detecta el mal de quienes la visitan y lo desenmascara para poner remedio. Su habitación es un hospital de almas.

Su pastor, Andries, le trajo una hostia sin consagrar, sin embargo, la santa la distinguió enseguida. Dios la recompenso con un regalo maravilloso en la oración y también con visiones. Numerosos milagros ocurrieron a un costado de su cama.

El célebre predicador y adivino, Wermbold de Roskoop, la visitó después de haberla contemplado en espíritu. El piadoso Arnold de Schoonhoven la trató como a una amiga. Hendrik Mande escribió, para su consuelo, un tratado piadoso en Holandés. Cuando Joannes Busch se lo trajo, le preguntó que pensaba de las visiones de Hendrik Mande, y le respondió que venían de Dios.

En una visión, se le mostró un rosal con las palabras, “Cuando éste florezca, tu sufrimiento terminará.” En la primavera de1433, ella exclamó, “¡Veo el rosal florecido!” Desde su decimoquinto año hasta el quincuagésimo tercero, sufrió cada dolor inimaginable; ella tenía un solo dolor de la cabeza a los pies y notablemente demacrada.

En la mañana del Día de Pascua, 1433, se encontraba en una contemplación profunda y presenció, en una visión, a Cristo que se acercaba a ella para administrarle el Sacramento de la Unción de los Enfermos.

Murió con la fragancia de una gran santidad. De inmediato, su tumba se convirtió en un lugar de peregrinaje, y tan pronto como en 1434 se construyó una capilla sobre ella. Joannes Brugmann y Thomas à Kempis narraron la historia de su vida, y la veneración a ella de parte de la gente se incrementó significativamente.

En 1615 sus reliquias fueron transportadas a Bruselas, pero en 1871 fueron regresadas a Schiedam. El 14 de Marzo, 1890, León XIII declaró la aprobación oficial de la Iglesia sobre la veneración que había existido durante siglos.

Es patrona del patinaje en general y especialmente sobre hielo, enfermedades corporales y largos padecimientos. Patrona de los enfermos crónicos que quieren aprovechar su larga enfermedad para pagar sus pecados, convertir pecadores y conseguir un gran premio en el cielo. El decreto de Roma al declararla santa dice de ella que fue “un prodigio de sufrimiento humano y de paciencia heroica”.


ORACIÓN A SANTA LIDUVINA DE SCHIEDAM

Santa Liduvina, alcánzanos de Dios la gracia de aceptar con paciencia nuestros sufrimientos como pago por nuestros pecados y para conseguir la conversión y salvación de muchos pecadores. Amén.

(fuente: forosdelavirgen.org)

jueves, 9 de marzo de 2023

10 de marzo : Nuestra Señora de los Milagros de Andria

 

10 de marzo : Nuestra Señora de los Milagros de Andria

La imagen de la Madonna di Andria, que data del siglo VIII, se llama “Virgen de los Milagros” por el prodigioso poder que manifestó en varias ocasiones en el pasado.

Aparece a un artesano el 10 de marzo 1576, diciéndole que entre a una cueva con una lámpara y en la cueva aparece Nuestra Señora, que se apareció de nuevo varias veces y se difundieron testimonios de los milagros que sucedieron a través de su intercesión.

Es venerada desde 1580 (con una bula papal) como “Nuestra Señora de los Milagros”.

El culto a esta imagen fue en un primer momento confiado a los monjes benedictinos, que construyeron un santuario y la Abadía junto a ella. Posteriormente, se confió a los Padres Agustinos.


ANDRIA

Andria es una ciudad y comuna en la provincia de Bari, Apulia (en el sur Italia). Es el cuarto municipio más extenso de la región de Apulia (detrás de Bari, Taranto, y Foggia) Y el municipio más grande de la recién creada Provincia de Barletta-Andria-Trani efectiva a partir de junio de 2009.

Existen diferentes teorías sobre los orígenes de Andria. En 915 se menciona como zona dormitorio de Trani. Adquirió la condición de ciudad alrededor de 1046, cuando el normando conde Peter amplió y fortaleció los asentamientos en la zona (incluyendo también Barletta, Corato y Bisceglie).

En el siglo XIV, bajo los Angevinos, Andria se convirtió en sede del ducado. En 1350 fue sitiada por los alemanes y los mercenarios lombardos del ejército húngaro, y en 1370 por las tropas de la Reina Juana I de Nápoles. En 1431 el gobernante de Andria Francisco II encuentra los restos mortales de San Ricardo de Andria, el santo patrón actual, y dejó establecida la Feria de Andria (23-30 de abril). En 1487 la ciudad fue adquirida por los Aragoneses, pasando al futuro rey Frederico IV de Nápoles. Más tarde (1552), fue vendida por los españoles a Fabrizio Carafa, por la suma de 100.000 ducados.

Después de la restauración Borbona, Andria fue protagonista del “Risorgimento” y después de la unificación de Italia, y la época del bandolerismo.


LA APARICIÓN

Era 10 de marzo 1576, el sábado, cuando Giannantonio Tuccio, acompañado del abogado Aníbal Palombino y un niño de Giulio da Torrito, impulsados por las indicaciones de la Virgen aparecida en un sueño, entraron en la gruta de Santa Margarita, con una lámpara encendida según instrucciones de la Virgen, descubriendo la hermosa imagen bizantina de la Virgen y el Niño.

A partir de entonces, ante la ocurrencia de milagros y la concurrencia de los fieles, el Obispo de Andria, mons. Luca Fieschi, junto con el duque de Andria Fabrizio II y todo el clero, realizaron el 6 de junio una misa de acción de gracias a la Virgen invocada como “Santa María de los Milagros de Andria”

Se acordó entonces de confiar la “gruta” a los benedictinos de Monte Cassino de la Iglesia de SS. Severino y Sossio de Nápoles. Ellos construyeron la primera iglesia llamada “De la Crucifixión”, entonces, con el aumento de peregrinos cada vez mayor en la primera mitad del ’600 llamaron al arquitecto de Bergamo Cosmo Fonzaga para construir la iglesia superior. Mientras tanto, se estaba construyendo el gran monasterio, que ahora alberga al Instituto Técnico Agrario Provinciale “Umberto I”. Las crónicas registran varios episodios relacionados con los principales benefactores del Santuario, y la participación de los Benedictinos en el famoso sitio de Andria de 1799 por la República Francesa.


LA IMAGEN

Las primeras noticias de la Madonna di Andria se remontan a los siglos VI y VII, cuando los monjes basilianos llegaron a las cuevas de esta zona para escapar de la persecución por el emperador iconoclasta de Oriente León Isaurico. Aquí, ocultos, pintaron imágenes sagradas. Propio de este período es la pintura, muy hermosa, de la Virgen y con el Niño Jesús.

La milagrosa imagen de Nuestra Señora de Andria del siglo VIII, es de estilo bizantino. La imagen representa a la Virgen en el trono con el Niño Jesús sobre sus rodillas, coronada con 12 estrellas, y a la derecha el sol (símbolo de Cristo) y a la izquierda la luna (símbolo de la Virgen).

El 3 de mayo 1857 fue coronada la imagen milagrosa, mientras que el templo fue nominado basílica en 1907.


LAS IGLESIAS

A dos kilómetros de la ciudad, en un plano ligeramente ondulado, se encuentra el Santuario de Nuestra Señora de los Milagros, un lugar de culto y la devoción a María desde 1576. Se caracteriza por la superposición de tres elegantes iglesias, cuyos altares estan en ángulo recto.

El Primer Templo, que encierra la original cripta bizantina en la que fue encontrada la imagen de la Virgen María, tiene sobre el altar el fresco mariano que tanto inspiró la fe popular.

Con tres naves sin crucero, incorpora el antiguo santuario de Santa Margherita, donde se encontró en 1576 la imagen de la Virgen. El altar y el templo de mármol, plata y oro, ante la imagen de la Virgen, que data de 1886, un regalo de Francisco de Borbón, hijo de Ferdinand II. La fachada es de piedra caliza pintada con la inscripción en el frente sobre el descubrimiento de la sagrada imagen.

En las naves laterales se encuentran las tumbas de los obispos y prelados. En el 600, las paredes interiores de las naves tuvieron que ser totalmente pintadas. Recientemente se descubrió un fresco, de clara impronta del siglo XVII, que representa el milagro del rescate de San Placido. En 1872 la puerta central de la iglesia inferior, se cerró con la construcción de una capilla, actualmente dedicada a San José con la sepultura de mons. Jannuzzi, Obispo de Lucera.

Desde aquí se asciende por una escalera pricipesca que conduce a la segunda iglesia llamada “De la Crucifixión”. Ya existente en 1606, cuando los monjes benedictinos se encargaron de construir el santuario y el monasterio.

Tiene una planta cuadrada con tres naves. Cuatro columnas robustas apoyan el techo, las paredes están pintadas al fresco. Sobre el altar hay un fresco de yeso grande que representa la Crucifixión, en la parte inferior, un fresco del Desposorio. La fachada, construida con piedra viva, desciende hasta el valle, cubriendo la parte delantera de la gruta.

Las paredes están pintadas con figuras de profetas, y escenas de pasión atribuida al taller de Marco Pino (siglo XVI.) También hay un órgano del siglo XIX que había sido colocado en la iglesia inferior en 1849.

Esta segunda iglesia pronto resultó insuficiente para las necesidades de innumerables peregrinos.

Así fue construida la Basílica conectada por una escalera interna a los dos edificios. Se levanta en una amplia plaza de la que, a través de tres puertas bajo una arcada, se puede entrar. La iglesia superior, fue elevada a basílica menor por el Papa San Pío X.

Con tres naves, está iluminada por trece ventanas, en las naves laterales se encuentran seis altares de mármol. La nave central tiene un artesonado de madera octogonal con cabezas de ángeles y rosetas de oro sobre fondo azul (1633), se ha enriquecido con tres paneles de la Virgen de los Milagros, San Benito, Santa Escolástica.

Detrás del altar se encuentra un coro de madera tallada y dorada que se remonta a 1644, con órgano del 700. En el altar mayor en mármoles policromados, se representan las tres virtudes teologales: eso viene de la iglesia de SS. Trinidad, anexa al monasterio benedictino, cerca de la catedral. El altar se atribuye a Marino Palmieri (1773-74). Según la tradición, la Iglesia superior sería probablemente obra temprana de Cosimo Fanzago, arquitecto barroco muy activo en Nápoles en la primera mitad del siglo XVII.

En las naves laterales, dos capillas (a la izquierda la capilla de la Crucifixión y a la derecha la de San Benito), con señales de un proyecto de expansión con una doble serie de capillas laterales, obra que quedó incompleta.

El pórtico, en la fachada principal, datado en la primera mitad del siglo XVII incorpora elementos del pórtico anterior de finales del siglo XVI.

El campanario en la parte inferior, construido en la segunda mitad del siglo XVIII y fue sobre elevado en el estilo barroco en la primera mitad del siguiente.

(fuente: forosdelavirgen.org)