Mostrando entradas con la etiqueta Hogar Nazaret. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hogar Nazaret. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de noviembre de 2018

Se enfrentó a ETA, luego a mafias y traficantes en la selva: hoy rescata niños con su Hogar Nazaret 01112018

Al Padre Doñoro, que fue capellán de la Guardia Civil, le dejaron moribundo, pero volvió a la carga

Se enfrentó a ETA, luego a mafias y traficantes en la selva: hoy rescata niños con su Hogar Nazaret

El padre Ignacio María Doñoro con niños del Hogar Nazaret tras recibir la capilla peregrina del Padre Pío llegada desde España
El padre Ignacio María Doñoro con niños del Hogar Nazaret tras recibir la capilla peregrina del Padre Pío llegada desde España
El padre Ignacio María Doñoro de los Ríos es un bilbaíno de 54 años, capellán castrense que decidió dejar su amada patria y su servicio en la Guardia Civil para irse a entre los más pobres y dar precisamente la vida por los más vulnerables entre ellos: los niños. Así es como creó el Hogar Nazaret, una casa situada en la selva peruana donde recoge a los niños abandonados y necesitados devolviéndoles los derechos que les han sido arrancados, donde Dios es un padre para estos pequeños y la Virgen una amorosa madre.
Galardonado recientemente con el Premio Religión en Libertad por su “Impulso Misionero” el padre Doñoro cuenta a este portal informativo por qué decidió dejarlo todo, crear el Hogar Nazaret y seguir adelante a pesar de haber estado a punto de morir asesinado por rescatar a muchos de estos niños de las mafias y la explotación.
Las víctimas del terrorismo y su soledad
Con la claridad y contundencia que le caracterizan explica que “Jesús se ha jugado la vida por mí, su muerte por amor no admite excusas ni titubeos”. Para él “compartir la suerte de los últimos es compartir la suerte de Jesús”. Son estos niños que viven en estas condiciones la gran misión a la que se ha sentido llamado por Dios.
doAoro3
El padre Doñoro como capellán castrense en una misión internacional en los Balcanes
Ya como capellán castrense sentía esta sensibilidad especial ante los más pequeños. Primero en las distintas misiones internacionales en las que participó y después cuando pidió voluntariamente que le destinaran en la comandancia de la Guardia Civil de Inchaurrondo, en el País Vasco, en los años en los que ETA seguía matando y teniendo como principal objetivo a los guardias civiles y a sus familias.
Allí vio en primera persona el sufrimiento y el miedo de los niños. “Fueron años difíciles”, reconoce. Entonces creó allí una asociación que pedía ayudas para niños salvadoreños. “Cuando veía al otro retorcerse en la soledad y ponía sobre la tragedia de los niños salvadoreños, nos olvidábamos unos momentos por lo que estábamos pasando. En esa soledad de las víctimas del terrorismo empezó el Hogar Nazaret” que años más tarde vería materializarse.
El horror que habían visto sus ojos
Fue precisamente en El Salvador donde su vida cambió para siempre. Hace más de 20 años –recuerda- “vi morir niños por desnutrición en las montañas de Pachimalco en San Salvador.No me lo habían contado, o era tan sólo un programa de televisión, algunos murieron en mis brazos. Desde entonces oigo el pitido de su débil voz agonizando, el grito de los niños crucificados, el grito de Cristo en la Cruz”.
El punto de inflexión se produjo cuando de forma casual se enteró de que habían vendido a un niño para el tráfico de órganos. Haciéndose pasar por un traficante y jugándose la vida logró comprar al niño por apenas 25 dólares. Ahí decidió que quería dedicar su vida a los más pequeños.
hogar-nazaret
Mientras seguía siendo capellán abrió varias casas para niños en El Salvador, Colombia, Marruecos y Mozambique. “Mientras siguen muriendo en la cruz, mientras ellos son explotados, tú y yo dormimos tranquilos, comemos, rezamos al mismo Dios e incluso nos consideramos buenas personas”, cuenta.
El día que decidió dejar definitivamente todo
En 2011 decidió finalmente pedir una excedencia como capellán en la Guardia Civil para irse a vivir definitivamente entre los más pobres y crear casas de rescate para niños, pero para esta vez dirigirlas él y no entregarlas una vez constituidas a órdenes religiosas o asociaciones.
Así fue como nació Hogar Nazaret, primero en Puerto Maldonado, en la selva peruana. En esta zona de minería ilegal había muchos niños abandonados, desamparados, y también explotados. El padre Ignacio Doñoro cuenta que “no pude decir que no al Amor. Aquellos que estáis enamorados sabéis que el amor te atrapa y acorrala. No deja opción. Hacer locuras por amor es lo que da sentido a una vida, y veo al Amor en los más pobres. Reconozco su rostro en medio del sufrimiento, en las puertas del infierno, rescatando niños abandonados”.
Este sacerdote ordenado en 1989 asegura que “sólo Dios me hace feliz, sólo a Él busco agradar  y sólo su opinión me importa. Cómo explicar el gozo de dar el biberón a María, mi princesa, o limpiar el trasero de Iván, o llorar con Wilfredo… ¡Tengo la suerte de besar cada día, cientos de veces, el mismo rostro del Señor! Coger en brazos, arropar a mi Niño Dios cada noche. Defender los derechos que le fueron arrancados compartiendo la suerte de los más pobres”.
"Así es como me quería Dios"
Ignacio Doñoro está convencido que esta es la misión a la que ha sido llamado: ¡Enamorado! Lejos de la Patria, familia, amigos, la Guardia Civil… así es como me quería Dios, sólo para Él, así soy feliz”.
Esta radicalidad a la hora de vivir el Evangelio le granjeó numerosos enemigos. Ha rescatado a muchos niños y enfadado a grupos armados y mafias. Por ello, nunca olvidará el 14 de marzo de 201, día en el que estuvo a punto de morir, y tras el que tardó muchos meses en poder recuperarse. Sólo sobrevivió porque los hombres armados que entraron en el hogar le habían dado ya por muerto.
nazaret1
El día que acabó moribundo
"Vas a morir cura, vas a morir”, le dijeron los tres hombres armados que entraron por la terraza. Iban claramente a por él, pues debían acabar con aquel español molesto.
El padre Doñoro relata que su primera reacción fue desafortunada pues de manera instintiva propinó una patada a uno de ellos provocando que los tres a la vez le golpeasen con las culatas de sus pistolas. Le tiraron al suelo, le ataron de pies y manos, y le dieron patadas hasta que perdió el conocimiento.
Cuando volvió en sí, empezaron a saltar sobre él. “Advertía como se movía el cuerpo, ya no sentía dolor, quizás me habían dejado parapléjico. Me tiraron del brazo izquierdo y parecía que lo iban a arrancar, hasta aprecié el chasquear de los tendones, por lo que el dolor se hacía inaguantable”, recuerda.
doAoro4
El padre Doñoro y el Hogar Nazaret han recibido recientemente la 82 capilla peregrina del Padre Pío, que ahora protege esta casa para niños
La paliza que le abriría las puertas del Cielo
“La idea de entrar por la sala de urgencias en el cielo me hizo sonreír, si no es así, tendría que esperar muchos siglos en el purgatorio”. Esto es lo que pensaba en aquel momento, pues “en tan sólo cuatro años había enfurecido sobremanera a estos pobres desgraciados sacando a muchos niños del infierno de la minería”.
Preparado ya para morir, Ignacio Doñoro veía que “era el momento de la verdad. En unos minutos empezaría una vida plena con Dios. Repetí durante casi una hora: ‘ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte” y “te amo Jesús, te amo”.
Sin embargo, en unas décimas de segundo se dio cuenta de que si no reaccionaba los asaltantes pensarían que ya estaba muerto, y así podrían escapar en silencio sin el ruido de las detonaciones. Esto fue lo que le salvó la vida, aunque las secuelas físicas le duraron muchos meses.
doAoro1
La primera niña nacida en el Hogar Nazaret de niños por nacer
“No fue una desgracia sino un regalo”, afirma el padre Doñoro, que vio que “si Dios me ha dado otra oportunidad es para seguir haciendo el Hogar Nazaret”. Y entonces trasladó esta gran obra a la zona de Moyobamba, donde este lugar de rescate y acogida de los niños más pobres y vulnerables no para de crecer. Ni la falta de dinero, ni los miedos ni el peligro han logrado disuadir a este sacerdote. Su última obra es el Hogar Nazaret para niños por nacer, y son ya varios los bebés que han nacido en esta casa.
La protección de la Virgen María
Un pilar fundamental del Hogar Nazaret es precisamente es la protección de la Virgen María. “Su devoción e imitación reviste una importancia fundamental para nuestra vida ordinaria y la sanación de las heridas que traen nuestros niños”, explica el sacerdote.
Los niños y adolescentes del Hogar –añade- “veneran a la Madre de Dios bajo la advocación del Corazón Inmaculado de María. No tendría razón de ser esta obra si no es para crecer en el amor a la Santísima Virgen, difundir, promover, animar su culto y sobre todo imitar”.
“¿Qué haría María en este momento, en esta situación?”, se pregunta el padre Doñoro. Por ello, concluye asegurando que “el Rosario, oración de los pobres y afligidos, nos identifica. Es uno de los momentos más importantes del día”.
Si quiere colaborar con Hogar Nazaret puede hacerlo pinchando AQUÍ o a través de la cuenta del hogar: La Caixa ES32 2100 5450 6102 0009 4211

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Misionero español: “Es imposible no ver a Cristo entre los más pobres y no sentir su presencia” 27122016

Misionero español: “Es imposible no ver a Cristo entre los más pobres y no sentir su presencia

Entrevista con el padre Ignacio Doñoro, fundador del Hogar Nazaret en la selva peruana
schermata-2016-12-27-alle-15-36-41
(ZENIT – Madrid).- La vida del padre Ignacio Mª Doñoro cambió hace unos veinte años al ver morir a niños por desnutrición en las montañas de Panchimalco (San Salvador). Algunos de estos pequeños eran vendidos para traficar con sus órganos. En Bogotá, vio también a muchos menores vagando por las calles, drogándose con pegamento. Conoció a chicos que se ganaban la vida ingiriendo gasolina, para luego encenderla en sus bocas, y así poder llamar la atención y pedir unas monedas en los semáforos. Sufrió lo indecible al entrar en contacto con estos niños sometidos a abusos de todo tipo. Al conocer estas situaciones de extrema miseria moral y material, a este sacerdote español no le quedó otra opción que pedir una excedencia como capellán militar y fundar en la selva peruana el Hogar Nazaret para vivir pobre entre los pobres. En esta entrevista con ZENIT, el padre Ignacio comparte su testimonio vital y recuerda a los lectores que “Dios está en los niños crucificados”.
***
¿Cómo surge su vocación misionera?— P. Ignacio Mª Doñoro: Siendo capellán militar fui destinado al cuartel de Inchaurrondo de la Guardia Civil. Aquellos guardias civiles vivían con la constante amenaza de la banda terrorista ETA, llevando el honor hasta las últimas consecuencias. El principio de cumplimiento del deber de un guardia civil limita la propia voluntad como una necesidad moral; moral que debe ser interiorizada como propia. Con un pequeño grupo creamos Anaitasun Eusko Elkartea y nos presentábamos en los ayuntamientos guipuzcoanos simpatizantes de ETA, pidiendo subvenciones con el fin de crear hogares para los niños de San Salvador. Esto nos obligaba a visitar viudas, reunirnos a cenar, salir a respirar otros aires…Y de paso, salvar vidas, dando a ese dinero, un noble destino. Cuando ves a un niño realmente crucificado te olvidas de ti mismo. Ahí creo que Dios marcó un antes y un después. La parroquia del cuartel de Inchaurrondo se convirtió en una parroquia misionera.
¿Para usted es lo mismo ser sacerdote que ser misionero?— P. Ignacio Mª Doñoro: Siempre rezaba pidiendo ser un sacerdote santo, lo predicaba… en el fondo no me lo creía. O santos o muertos me repetía con frecuencia. Pasaban los años y me aburguesaba… Quizás estaba demasiado apegado a la lealtad de la Guardia Civil, les quería demasiado, y si me iba de misionero era como traicionarles…
La generosidad y bondad de mi obispo Mons. José María Yanguas Sanz, al que casi no conocía por haber estado ejerciendo el ministerio sacerdotal en el Arzobispado Castrense, me animó… Cuando un obispo ama de esa manera a sus sacerdotes, y es padre, qué fácil es decir que sí.
¿Qué es lo primero que pensó cuando llegó a Perú?
— P. Ignacio Mª Doñoro: Dios mío que he hecho… No podré acostumbrarme a vivir en esta precariedad y todavía peor, jamás podré tomar distancia ante el dolor. La sangre de los niños crucificados, la sangre de Cristo caía sobre mi cabeza. O salía corriendo o me quedaba junto a la cruz a los pies de Jesús… Y en la cruz siempre está María, teniendo a tu Madre al lado pierdes el miedo, no hay mejor compañía.
¿Se ha sentido en algún momento desilusionado, con ganas de abandonar?— P. Ignacio Mª Doñoro: Todas las noches, después de rezar completas decía: Señor, mañana me voy. Cuando quieres claudicar, Dios calla… Al día siguiente, sentía su respuesta: tú te vas, pero yo me quedo aquí.
Contaré una pequeña anécdota: llevaba tan solo tres meses en Puerto Maldonado y consideraba la posibilidad de cerrar el Hogar Nazaret, al no poder soportar el sufrimiento de los niños. En veinte años había recorrido países fundado casas de rescate en situaciones arriesgadas… Pero es muy diferente ayudar desde España consiguiendo recursos, o pasar temporadas conviviendo en situaciones límite… Ahora compartía su misma suerte, siendo uno de ellos. No estaba preparado ante tanto padecimiento.
Una noche llegó Tarek de la mano de una mujer policía. El psicólogo del juzgado revela que nunca había visto un paciente tan dañado, con tan solo cinco años, lo habían utilizado para prácticas sadomasoquistas de sexo y sangre.
Pasaría una noche con nosotros. Los médicos habían decidido enviarle al día siguiente a un hospital para niños en Lima, donde fuera tratado por psiquiatras. Cuando se fueron los del juzgado, empezó a berrear. Pasaban las horas y no sabiendo que hacer, desperté a las dos de la madrugada a la vendedora de helados, le metí al niño un helado de chocolate en la boca y se calló.
Al día siguiente no vinieron a recogerlo. Pasaban los días, alargaba su estancia por la complicada burocracia. Un día le llevé al jardín de infancia cantando y bailando, y desde entonces me obligaba a hacer lo mismo cada día. Vitaminas, medicinas para los parásitos y muchísimo afecto cambiaron su aspecto físico. Recibió el bautismo, celebramos el día de su cumpleaños… Se sentía querido.
A los cuatro meses vinieron para trasladarlo al hospital. Estaba irreconocible, parecía un niño normal. La agente que lo había traído, lloró. El psicólogo no daba crédito al cambio. Preguntaron a Tarek si quería quedarse, o irse con ellos “a una casa más chévere”, su respuesta fue: “¿Quién me va a llevar al jardín de infancia cantando? Tengo que cuidar del padre Ignacio, los niños son muy traviesos”.
Yo no había hecho nada, solo quererle, sabiendo que una noche, o dos, el tiempo que fuera, tenía el privilegio de cuidar del Niño Jesús. Cómo cerrar el Hogar Nazaret, cuando Dios mostraba su voluntad con tanta fuerza. Los niños son sus predilectos, y Él, realizaría incontables milagros. Tarek estuvo un año, hasta que el juez le dio la custodia provisional a su tía. Viene con frecuencia a visitarnos, le siguen gustando los helados de chocolate.
¿Por qué decidió dedicar su vida al Hogar Nazaret?—  P. Ignacio Mª Doñoro: Sin ninguna duda, Dios está en los niños crucificados. Es Dios el que vive en la calle aterrado de miedo, es el mismo Dios el que trabaja de esclavo… Han abusado sexualmente de Él… No puedo mirar a otro lado. El Hogar Nazaret es su casa. Jesús vuelve dos mil años después a su hogar. Es una obra de misericordia de la Iglesia, que intenta restituir a los niños más pobres de entre los pobres, los derechos que les han sido vulnerados: derecho a la identidad, a la salud, a la familia, derecho a sentirse especiales y ser amados.
Por encima de las circunstancias adversas vividas, su verdadera familia no es la que les viene dada por su nacimiento, sino la que ellos, libremente, eligen. El Hogar Nazaret es una familia sobrenatural nacida del sueño de Dios, que reclama hombres y mujeres nuevos, pero verdadera familia para siempre.
Son aceptados tal y como son, no se sienten juzgados. Cada niño es irrepetible, imprescindible, único. Aprenden habilidades de comunicación y relación. No se les educa para que sean felices en un futuro, sino para que sean felices hoy. Los éxitos y la felicidad del otro, es la de todos.
No es tan solo un lugar donde crecen, es el pilar imprescindible para su entorno emocional, donde se forjará su personalidad, equilibrio interior y dominio de la voluntad. Conocen a Dios como el Padre amoroso que los quiere con locura, escucha siempre, y pueden hablar. El mejor amigo en quien pueden confiar… El Señor hace, ellos se dejan hacer.
Cuando entra un niño nuevo se sorprenden por la acogida, generosidad, buen humor y actitud de servicio. Ya es un hermano más que debe afrontar retos, en los que no le permiten auto-compadecerse y ayudan a perdonar y perdonarse. Según su edad asumen responsabilidades. Se tienen muy en cuenta sus opiniones, aspiraciones, deseos. Les pedimos sin miedo que tomen decisiones y asuman las consecuencias. Se saca más provecho de los errores que de los aciertos. Para el Hogar Nazaret los niños no son el futuro, sino el presente lleno de futuro.
¿Cómo se evangeliza cuando las situaciones son tan difíciles?— P. Ignacio Mª Doñoro: Hogar Nazaret es el grito de Cristo en la cruz. Imposible no ver a Cristo entre los más pobres de los pobres y sentir su presencia. Te traspasa el alma una y otra vez, y hablar de lo que intentas vivir siendo uno más de ellos es muy fácil… Es obra del Espíritu Santo.
¿De dónde saca la fuerza para mantenerse fiel?— P. Ignacio Mª Doñoro: Sin ninguna duda de la Santa Misa.
¿En qué proyectos está trabajando actualmente?— P. Ignacio Mª Doñoro: Mons. Rafael Alfonso Escudero López-Brea acogió desde el primer momento con mucho entusiasmo el Hogar Nazaret. Era un gran deseo de la iglesia diocesana de Moyobamba atender a los niños en situaciones límite. Hemos creado un Hogar Nazaret para niñas en San José de Sisa y en unos meses terminamos la construcción del hogar para niños en Carhuapoma, Bellavista… y ya están proyectados otros dos hogares más dentro de Moyobamaba.
¿Cuál es el mensaje de la Navidad para las personas de hoy?— P. Ignacio Mª Doñoro: Una navidad sin Jesús, no es Navidad. Y Dios al nacer en un pesebre muestra el camino a seguirHogar Nazaret es uno de los pesebres del mundo donde Dios nace. Ponte en actitud de escucha. Es Dios Bebé que acurrucado en tus brazos, pide ahora mecerte en los suyos, y confiar. Te ruego que mires www.hogarnazaret.es la ternura de Dios Bebé no te dejará indiferente. Puedes dejar tu regalo al Niño Dios en: La Caixa ES32 2100 5450 6102 0009 4211