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jueves, 23 de julio de 2020

Santa Brígida de Suecia, fundadora (23 de julio)

Santa Brígida de Suecia, fundadora

fecha: 23 de julio
fecha en el calendario anterior: 8 de octubre
n.: c. 1303 - †: 1373 - país: Italia
otras formas del nombre: Birgitta
canonización: 
C: Bonifacio IX 7 oct 1391
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: Fiesta de santa Brígida, religiosa, nacida en Suecia, que contrajo matrimonio con el noble Ulfo, de quien tuvo ocho hijos, a todos los cuales educó piadosamente, y consiguió al mismo tiempo, con sus consejos y su ejemplo, que su esposo llevase una vida de piedad. Muerto éste, peregrinó a muchos santuarios y dejó varios escritos, en los que habla de la necesidad de reforma, tanto de la cabeza como de los miembros de la Iglesia. Puestos los fundamentos de la Orden del Santísimo Salvador, en Roma pasó finalmente de este mundo al cielo.
Patronazgos: patrona de Europa, de Suecia, de los peregrinos; para pedir una santa muerte.

Oración: Señor, Dios nuestro, que has manifestado a santa Brígida secretos celestiales mientras meditaba la pasión de tu Hijo, concédenos a nosotros, tus siervos, gozarnos siempre en la manifestación de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
Santa Brigida era hija de Birgerio, gobernador de Uppland, la principal provincia de Suecia. La madre de Brígida, Ingerborg, era hija del gobernador de Gotland oriental. Ingerborg murió hacia 1315 y dejó varios hijos. Brígida, que tenía entonces doce años aproximadamente, fue educada por una tía suya en Aspenás. A los tres años, había empezado a hablar con perfecta claridad, como si fuese una persona mayor, y su bondad y devoción fueron tan precoces como su lenguaje. Sin embargo, la santa confesaba que de joven había sido inclinada al orgullo y la presunción. A los siete años tuvo una visión de la Reina de los cielos. A los diez, a raíz de un sermón sobre la Pasión de Cristo que la impresionó mucho, soñó que veía al Señor clavado en la cruz y oyó estas palabras: «Mira en qué estado estoy, hija mía.» «¿Quién os ha hecho eso, Señor?», preguntó la niña. Y Cristo respondió: «Los que me desprecian y se burlan de mi amor». Esa visión dejó una huella imborrable en Brígida y, desde entonces, la Pasión del Señor se convirtió en el centro de su vida espiritual. Antes de cumplir catorce años, la joven contrajo matrimonio con Ulf Gudrnarsson, quien era cuatro años mayor que ella. Dios les concedió veintiocho años de felicidad matrimonial, Tuvieron cuatro hijos y cuatro hijas, una de las cuales es venerada con el nombre de santa Catalina de Suecia. Durante algunos años, Brígida llevó la vida de una señora feudal en las posesiones de su esposo en Ulfassa, con la única diferencia de que cultivaba la amistad de los hombres sabios y virtuosos.
Hacia el año 1335, la santa fue llamada a la corte del joven rey Magno II para ser la principal dama de honor de la reina Blanca de Namur. Pronto comprendió Brígida que sus responsabilidades en la corte no se limitaban al estricto cumplimiento de su oficio. Magno era un hombre débil que se dejaba fácilmente arrastrar al vicio; Blanca tenía buena voluntad, pero era irreflexiva y amante del lujo. La santa hizo cuanto pudo por cultivar las cualidades de la reina y por rodear a ambos soberanos de buenas influencias. Pero, como sucede con frecuencia, aunque santa Brígida se ganó el cariño de los reyes, no consiguió mejorar su conducta, pues no la tomaban en serio. La santa empezó a disfrutar por entonces de las visiones que habían de hacerla famosa. Estas versaban sobre las más diversas materias, desde la necesidad de lavarse, hasta los términos del tratado de paz entre Francia e Inglaterra. «Si el rey de Inglaterra no firma la paz -decía- no tendrá éxito en ninguna de sus empresas y acabará por salir del reino y dejar a sus hijos en la tribulación y la angustia». Pero tales visiones no impresionaban gran cosa a los cortesanos suecos, quienes solían preguntar con cierta ironía: «¿Qué soñó Doña Brígida anoche?» Por otra parte, la santa tenía dificultades con su propia familia. Su hija mayor se había casado con un noble muy revoltoso, a quien Brígida llamaba «el Bandolero» y, hacia 1340, murió Gudmaro, su hijo menor. Por esa pérdida la santa hizo una peregrinación al santuario de San Olaf de Noruega, en Trondhjem. A su regreso, fortalecida por las oraciones, intentó con más ahinco que nunca volver al buen camino a sus soberanos. Como no lo lograse, les pidió permiso de ausentarse de la corte e hizo una peregrinación a Compostela con su esposo. A la vuelta del viaje, Ulf cayó gravemente enfermo en Arrás y recibió los últimos sacramentos, ya que la muerte parecía inminente. Pero santa Brígida, que oraba fervorosamente por el restablecimiento de su esposo, tuvo un sueño en el que san Dionisio le reveló que no moriría. A raíz de la curación de Ulf, ambos esposos prometieron consagrarse a Dios en la vida religiosa. Según parece, Ulf murió en 1344 en el monasterio cisterciense de Alvastra, antes de poner por obra su propósito. Santa Brígida se quedó en Alvastra cuatro años dedicada a la penitencia y completamente olvidada del mundo. Desde entonces, abandonó los vestidos preciosos: sólo usaba lino para el velo y vestía una burda túnica ceñida con una cuerda anudada. Las visiones y revelaciones se hicieron tan insistentes, que la santa se alarmó, temiendo ser víctima de las ilusiones del demonio o de su propia imaginación. Pero en una visión que se repitió tres veces, se le ordenó que se pusiese bajo la dirección del maestre Matías, un canónigo muy sabio y experimentado de Linköping, quien le declaró que sus visiones procedían de Dios.
Desde entonces y hasta su muerte, santa Brígida comunicó todas sus visiones al prior de Alvastra, llamado Pedro, quien las consignó por escrito en latín. Ese período culminó con una visión en la que el Señor ordenó a la santa que fuese a la corte para amenazar al rey Magno con el juicio divino; así lo hizo Brígida, sin excluir de las amenazas a la reina y a los nobles. Magno se enmendó algún tiempo y dotó liberalmente el monasterio que la santa había fundado en Vadstena, impulsada por otra visión. En dicho monasterio había sesenta religiosas. En un edificio contiguo habitaban trece sacerdotes (en honor de los doce apóstoles y de San Pablo), cuatro diáconos (que representaban a los doctores de la Iglesia) y ocho hermanos legos. En conjunto había ochenta y cinco personas, que era el número de los discípulos del Señor. Santa Brígida redactó las constituciones; según se dice, se las dictó el Salvador en una visión. Pero ni Bonifacio IX en la bula de canonización, ni Martín V, que ratificó los privilegios de la abadía de Sión y confirmó la canonización, mencionan ese hecho y sólo hablan de la aprobación de la regla por la Santa Sede, sin hacer referencia a ninguna revelación privada. En la fundación de santa Brígida, lo mismo que en la orden de Fontevrault, los hombres estaban sujetos a la abadesa en lo temporal, pero en lo espiritual, las mujeres estaban sujetas al superior de los monjes. La razón de ello es que la orden había sido fundada principalmente para las mujeres y los hombres sólo eran admitidos en ella para asegurar los ministerios espirituales. Los conventos de hombres y mujeres estaban separados por una clausura inviolable; tanto unos como las otras, asistían a los oficios en la misma iglesia, pero las religiosas se hallaban en una galería superior, de suerte que ni siquiera podían verse unos a otros. La orden del Santísimo Salvador, que llegó a tener unos setenta conventos, actualmente es pequeña, pero continúa existiendo en distintas partes del mundo. El monasterio de Vadstena fue el principal centro literario de Suecia en el siglo XV. A raíz de una visión, santa Brígida escribió una carta muy enérgica a Clemente VI, urgiéndole a partir de Aviñón a Roma y establecer la paz entre Eduardo III de Inglaterra y Felipe IV de Francia. El Papa se negó a partir de Aviñón pero, en cambio envió a Hemming, obispo de Abö, a la corte del rey Felipe, aunque la misión no tuvo éxito. Entre tanto, el rey Magno, que apreciaba más las oraciones que los consejos de santa Brígida, trató de hacerla intervenir en una cruzada contra los paganos letones y estonios. En realidad se trataba de una expedición de pillaje. La santa no se dejó engañar y trató de disuadir al monarca. Con ello, perdió el favor de la corte, pero estaba compensada con el amor del pueblo, por cuyo bienestar se preocupaba sinceramente durante sus múltiples viajes por Suecia. Había todavía en el país muchos paganos, y santa Brígida ilustraba con milagros la predicación de sus capellanes.
En 1349, a pesar de que la «muerte negra» hacía estragos en toda Europa, Brígida decidió ir a Roma con motivo del jubileo de 1350. Acompañada de su confesor, Pedro de Skeninge, y otros personajes, se embarcó en Stralsund, en medio de las lágrimas del pueblo, que no había de volver a verla. En efecto, la santa se estableció en Roma, donde se ocupó de los pobres de la ciudad, en espera de la vuelta del Pontífice a la Ciudad Eterna. Asistía diariamente a misa a las cinco de la mañana; se confesaba todos los días y comulgaba varias veces por semana. El brillo de su virtud contrastaba con la corrupción de costumbres que reinaba entonces en Roma: el robo y la violencia hacían estragos, el vicio era cosa normal, las iglesias estaban en ruinas y lo único que interesaba al pueblo era escapar de sus opresores. La austeridad de la santa, su devoción a los santuarios, su severidad consigo misma y su bondad con el prójimo, su entrega total al cuidado de los pobres y los enfermos le ganaron el cariño de todos aquéllos en quienes todavía quedaba algo de cristianismo. Santa Brígida atendía con particular esmero a sus compatriotas y cada día daba de comer a los peregrinos suecos en su casa, que estaba situada en las cercanías de San Lorenzo in Damaso. Pero su ministerio apostólico no se reducía a la práctica de las buenas obras ni a exhortar a los pobres y a los humildes. En cierta ocasión, fue al gran monasterio de Farfa para reprender al abad, «un hombre mundano que no se preocupaba absolutamente por las almas». Hay que decir que, probablemente, la reprensión de la santa no produjo efecto alguno. Más éxito tuvo su celo en la reforma de otro convento de Bolonia. Ahí se hallaba Brígida cuando fue a reunirse con ella su hija, santa Catalina, quien se quedó a su lado y fue su fiel colaboradora hasta el fin de la vida de Brígida. Dos de las iglesias romanas más relacionadas con nuestra santa son la de San Pablo Extramuros y la de San Francisco de Ripa. En la primera se conserva todavía el bellísimo crucifijo, obra de Cavallini, ante el que Brígida acostumbraba orar y que le respondió más de una vez; en la segunda iglesia se le apareció san Francisco y le dijo: «Ven a beber conmigo en mi celda». La santa interpretó aquellas palabras como una invitación para ir a Asís. Visitó la ciudad y, de ahí partió en peregrinación por los principales santuarios de Italia, durante dos años.
Las profecías y revelaciones de santa Brígida se referían a las cuestiones más candentes de su época. Predijo, por ejemplo, que el papa y el emperador se reunirían amistosamente en Roma al poco tiempo (así lo hicieron el beato Urbano V y Carlos IV, en 1368). La profecía de que los partidos en que estaba dividida la Ciudad Eterna recibirían el castigo que merecían por sus crímenes, disminuyeron un tanto la popularidad de la santa y aun le atrajeron persecuciones. Por otra parte, ni siquiera el Papa escapaba a sus críticas. En una ocasión le llamó «asesino de almas, más injusto que Pilato y más cruel que Judas». Nada tiene de extraño que Brígida haya sido arrojada de su casa y aun haya tenido que ir, con su hija, a pedir limosna al convento de las Clarisas Pobres. El gozo que experimentó la santa con la llegada de Urbano V a Roma fue de corta duración, pues el Pontífice se retiró poco después a Viterbo, luego a Montesfiascone y aun se rumoró que se disponía a volver a Aviñón. Al regresar de una peregrinación a Amalfi, Brígida tuvo una visión en la que Nuestro Señor la envió a avisar al papa que se acercaba la hora de su muerte, a fin de que diese su aprobación a la regla del convento de Vadstena. Brígida había ya sometido la regla a la aprobación de Urbano V, en Roma, pero el Pontífice no había dado respuesta alguna. Así pues, se dirigió a Montefiascone montada en su mula blanca. Urbano aprobó, en general, la fundación y la regla de santa Brígida, que completó con la regla de san Agustín. Cuatro meses más tarde, murió el Pontífice. Santa Brígida escribió tres veces a su sucesor, Gregorio XI, que estaba en Aviñón, conminándole a trasladarse a Roma. Así lo hizo el Pontífice cuatro años después de la muerte de la santa.
En 1371, a raíz de otra visión, Santa Brígida emprendió una peregrinación a los Santos Lugares, acompañada de su hija Catalina, de sus hijos Carlos y Bingerio, de Alfonso de Vadaterra y otros personajes. Ese fue el último de sus viajes. La expedición comenzó mal, ya que en Nápoles, Carlos se enamoró de la reina Juana I, cuya reputación era muy dudosa. Aunque la esposa de Carlos vivía aún en Suecia y el marido de Juana estaba en España, ésta quería contraer matrimonio con él y la perspectiva no desagradaba a Carlos. Su madre, horrorizada ante tal posibilidad, intensificó sus oraciones. Dios resolvió la dificultad del modo más inesperado y trágico, pues Carlos enfermó de una fiebre maligna y murió dos semanas después en brazos de su madre. Carlos y Catalina eran los hijos predilectos de la santa. Esta prosiguió su viaje a Palestina embargada por la más profunda pena. En Jaffa estuvo a punto de perecer ahogada durante un naufragio. Sin embargo durante la accidentada peregrinación la santa disfrutó de grandes consolaciones espirituales y de visiones sobre la vida del Señor. A su vuelta de Tierra Santa, en el otoño de 1372, se detuvo en Chipre, donde clamó contra la corrupción de la familia real y de los habitantes de Famagusta, quienes se habían burlado de ella cuando se dirigía a Palestina. Después pasó a Nápoles, donde el clero de la ciudad leyó desde el púlpito las profecías de santa Brígida, aunque no produjeron mayor efecto entre el pueblo. La comitiva llegó a Roma en marzo de 1373. Brígida, que estaba enferma desde hacía algún tiempo, empezó a debilitarse rápidamente, y falleció el 23 de julio de ese año, después de recibir los últimos sacramentos de manos de su fiel amigo, Pedro de Alvastra. Tenía entonces setenta y un años. Su cuerpo fue sepultado provisionalmente en la iglesia de San Lorenzo in Panisperna. Cuatro meses después, santa Catalina y Pedro de Alvastra condujeron triunfalmente las reliquias a Vadstena, pasando por Dalmacia, Austria, Polonia y el puerto de Danzig. Santa Brígida, cuyas reliquias reposan todavía en la abadía por ella fundada, fue canonizada en 1391 y es patrona de Suecia y de Europa.
Uno de los aspectos más conocidos en la vida de Santa Brígida, es el de las múltiples visiones con que la favoreció el Señor, especialmente las que se refieren a los sufrimientos de la Pasión y a ciertos acontecimientos de su época. Por orden del Concilio de Basilea, el sabio Juan de Torquemada, quien fue más tarde cardenal, examinó el libro de las revelaciones de la santa y declaró que podía ser muy útil para la instrucción de los fieles; pero tal aprobación encontró muchos opositores. Por lo demás, la declaración de Torquemada significa únicamente que la doctrina del libro es ortodoxa y que las revelaciones no carecen de probabilidad histórica. El papa Benedicto XIV, entre otros, se refirió a las revelaciones de santa Brígida en los siguientes términos: «Aunque muchas de esas revelaciones han sido aprobadas, no se les debe el asentimiento de fe divina; el crédito que merecen es puramente humano, sujeto al juicio de la prudencia, que es la que debe dictarnos el grado de probabilidad de que gozan para que creamos píamente en ellas». Santa Brígida, con gran sencillez de corazón, sometió siempre sus revelaciones al juicio de las autoridades eclesiásticas y, lejos de gloriarse por gozar de gracias tan extraordinarias, que nunca había deseado, las aprovechó como una ocasión para manifestar su obediencia y crecer en amor y humildad. Si sus revelaciones la han hecho famosa, ello se debe en gran parte a la virtud heroica de la santa, consagrada por el juicio de la Iglesia. Vivir el espíritu de los misterios de nuestra religión vale más a los ojos de Dios que las visiones más extraordinarias y el conocimiento de las cosas ocultas. Quien posee la inteligencia de un ángel pero no tiene caridad es como un címbalo hueco. Santa Brígida supo reunir el lenguaje de los ángeles con la verdadera caridad. El libro de sus revelaciones fue publicado por primera vez en 1492 y ha sido traducido a muchos idiomas. Alban Butler hace notar con agudeza que si tuviésemos las revelaciones de la santa tal como ella las escribió, en vez de la traducción de Pedro de Alvastra, retocada en parte por Alfonso de Vadaterra, «estarían redactadas en forma más sencilla, con mayor frescura y tendrían mayores visos de veracidad».
La biografía más antigua, escrita inmediatamente después de la muerte de santa Brígida por Pedro de Alvastra y Pedro de Skeninge, no fue publicada sino hasta 1871, en la colección Scriptores rerum suecicarum, vol. VI, pte. 2, pp. 185-206. Otras biografías, como la del arzobispo de Upsala, Birgerio, pueden verse en Acta Sanctorum y en las publicaciones de las sociedades suecas. Isak Collijn publicó una edición crítica de los documentos de la canonización, con el título de Acta et Processus canonizationis Beatae Birgittae (1924-1931) . Existen numerosas biografías y estudios sobre la santa, particularmente en sueco, sobre todo por lo que se refiere a los personajes que estuvieron relacionados con ella en Suecia y en Roma. Sobre este punto hay que citar la obra de Collijn, Birgittinska Gestalter (1929). La obra de la condesa de Flavigny, Sainte Brigitte de Suéde supone un conocimiento profundo de las fuentes suecas. Es muy difícil demostrar que las Revelaciones no están retocadas por los confesores de Brígida, que las copiaron o las tradujeron al latín. El mejor texto es probablemente el del sueco G. E. Klemming (1857-1874). En el Oficio de lecturas del día de la santa se puede leer una oración atribuida a ella.
Imágenes:
-Rosenrod: fresco de santa Brígida con una aparición de Jesús y la Virgen, 1435, en la iglesia de Tensta, Suecia.
-Albrecht Dürer: Visiónd e santa Brígida, grabado, 1500.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_2507

viernes, 8 de mayo de 2020

Beata Gisela de Hungría, abadesa (7 de mayo)


Beata Gisela de Hungría, abadesa

fecha: 7 de mayo
n.: c. 985 - †: 1060 - país: Alemania
otras formas del nombre: Gizele, Gizelle, Gisella
canonización: culto local
hagiografía: Santi e Beati
Elogio: En el monasterio de Niedernburg, cercano a Passau, en la región de Baviera, en Alemania, beata Gisela, que estuvo casada con san Esteban, rey de Hungría, a quien ayudó en la propagación de la fe. A la muerte de su esposo fue privada de sus bienes y de su reino, y se retiró al citado monasterio, que gobernó después como abadesa.
refieren a este santo: San Esteban de Hungría


La beata Gisella, hija de Enrique II de Baviera y de Gisella de Borgoña, nació a fines del siglo X, y casó en 996/997 con el primer rey de Hungría, Esteban el Santo. Fue la primera y ás importante colaboradora de su marido en su obra de implantación del cristianismo entre los húngaros, fundando y enriqueciendo con magníficos dones los monasterios e iglesias del reino,
En 1031 murió su hijo Emerico, en 1038, cuando tenía 42 años, murió también su santo cónyuge. Vinieron muy pronto momentos tristes, porque el sucesor de san Esteban, Pedro Orseolo, la privó de sus bienes, e incluso en 1045 fue empujada a abandonar Hungría. Volvió a Baviera, de donde procedía, y se refugió en el monasterio benedictino de Niedenburg en Passau, donde llegó a ser abadesa. Murió hacia el 1060 y fue sepultada en el mismo monasterio.
Su tumba fue meta de peregrinaciones, y de veneración por parte de los fieles. En 1908 se realizó un reconocimiento de las reliquias. Aunque el Martirologio la inscribe con el título de beata, su culto es solamente popular, ya que no ha sido confirmado oficialmente nunca.
Traducido, con algunos cambios, de un artículo de Antonio Borrelli. La imagen muestra un mural de la beata junto a su esposo san Esteban en la capilla de Gisela, en Veszprém, de Hungría.
fuente: Santi e Beati
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martes, 28 de abril de 2020

San Luis María Grignion de Montfort, presbítero y fundador (28 de abril)


San Luis María Grignion de Montfort, presbítero y fundador

fecha: 28 de abril
n.: 1673 - †: 1716 - país: Francia
canonización: 
B: León XIII 22 ene 1888 - C: Pío XII 20 jul 1947
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: San Luis María Grignion de Montfort, presbítero, que evangelizó las regiones occidentales de Francia, anunciando el misterio de la Sabiduría Eterna, y fundó dos congregaciones. Predicó y escribió acerca de la Cruz de Cristo y de la verdadera devoción hacia la Santísima Virgen, y, después de convertir a muchos, descansó de su peregrinación terrena en la aldea francesa de Saint-Laurent-sur-Sévre.
refieren a este santo: Santa Juana Delanoue

Oración: Oh Dios, sabiduría eterna, que hiciste al presbítero San Luis María insigne testigo y maestro de la total consagración a Cristo, tu Hijo, por mano de su Madre, la bienaventurada Virgen María; concédenos que, siguiendo su mismo camino espiritual, podamos extender tu reino en el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica)

San Luis María era el mayor de los ocho hijos de Juan Bautista Grignion, modesto ciudadano de Montfort que pertenecía, entonces, a la diócesis de Saint- Malo. Allí nació el santo en 1673. Después de educarse en el colegio de los jesuitas de Rennes, fue al cumplir veinte años a París, a prepararse para el sacerdocio. Como era demasiado pobre para entrar en el seminario de San Sulpicio, ingresó en otra institución dirigida por el P. de la Barmondiére. A la muerte de éste, pasó a un seminario todavía más estricto, en el que reinaba una gran pobreza. Los mismos seminaristas preparaban por turno la comida, «para tener el gusto de envenenarse a sí mismos», según la irónica expresión de uno de ellos. Luis cayó tan enfermo, que hubo de ser trasladado al hospital. Cuando recobró la salud, consiguió ingresar en el seminario de San Sulpicio, donde permaneció hasta el fin de sus estudios. Un año, tuvo el honor de ser uno de los dos mejores estudiantes que, según la costumbre, visitaban un santuario de Nuestra Señora. La peregrinación de aquel año fue a la catedral de Chartres.
El éxito que obtuvo durante sus años de seminario en la catequesis de los niños más abandonados de la ciudad, no hizo más que confirmar su deseo de consagrarse al apostolado. Después de recibir la ordenación sacerdotal, en 1700, estuvo algún tiempo en Nantes, con un sacerdote que se encargaba de preparar a los jóvenes para diversas clases de apostolado y, al fin, fue nombrado capellán del hospital de Poitiers. Pronto emprendió las reformas que necesitaba aquella institución de caridad y organizó, entre el personal femenino, el núcleo de lo que más tarde había de convertirse en la Compañía de las Hijas de la Divina Sabiduría, cuyas reglas redactó entonces. Pero las reformas que había introducido provocaron una violenta reacción, y el santo tuvo que renunciar a su cargo. Enseguida, se dedicó a predicar misiones entre los pobres que acudían en masa a oírle; pero el obispo de Poitiers, a instancias de los enemigos del siervo de Dios, le prohibió predicar en su diócesis. Sin desalentarse por ello, San Luis emprendió, a pie, el viaje a Roma, donde fue recibido amablemente por el papa Clemente XI; al volver a Francia, llevaba el título de misionero apostólico. Como Poitiers siguió cerrándole las puertas, volvió a su tierra natal de Bretaña, donde emprendió una serie de misiones hasta su muerte.
Cierto que la mayoría de las parroquias le recibían con los brazos abiertos, pero no faltaban quienes le criticaban severamente, hasta el grado de que varias diócesis jansenizantes le cerraron las puertas. El santo exhortaba a sus oyentes a llevarle todos los libros impíos para quemarlos públicamente en una gran hoguera, sobre la que colocaba la efigie de una mujer mundana que representaba al diablo. En otras ocasiones, organizaba la representación de la escena en que agonizaba un pecador, cuya alma se disputaban el diablo y su ángel guardián. El santo representaba el papel del pecador y otros dos sacerdotes, los del diablo y el ángel custodio. A pesar de ello, su predicación no era puramente emocional y conseguía frutos prácticos y duraderos, simbolizados por la restauración de alguna iglesia en ruinas, la erección de gigantescas cruces misionales, limosnas muy generosas y profunda reforma de las costumbres. Casi sesenta años después de la muerte del santo, el párroco de Saint-Lô declaraba que muchos de sus feligreses practicaban todavía las devociones que Luis María había inculcado en una de sus misiones. La principal de ellas era la recitación del rosario, para promover la cual fundó numerosas cofradías. Además, hacía aprender al pueblo oraciones rimadas e himnos que él mismo componía y que se cantan aún en muchas regiones de Francia. A lo que parece, su amor al rosario fue lo que le movió a ingresar en la tercera orden de Santo Domingo.
Pero el esfuerzo de evangelización de san Luis no se limitaba a las misiones, pues era de los que creían que debe predicarse la Palabra de Dios oportuna e inoportunamente (2Tim 4,2). En una ocasión en que navegaba por el río, entre Dinant y Rouen, sus compañeros de travesía empezaron a entonar canciones obscenas; cuando el santo los invitó a rezar el rosario, se burlaron de él, pero al fin, acabaron todos por arrodillarse a rezar y escucharon atentamente el sermón que siguió a las oraciones. En otra ocasión, un baile al aire libre terminó de la misma manera. Pero tal vez el santo obtuvo sus mayores triunfos en La Rochelle, que era el centro del calvinismo, donde predicó una serie de misiones famosas y reconcilió a numerosos protestantes con la Iglesia. San Luis tenía, desde hacía tiempo, el proyecto de fundar una asociación de sacerdotes misioneros; pero sólo pocos años antes de su muerte, logró reunir a los primeros misioneros de la Compañía de María. La súbita enfermedad que le llevó a la tumba le sorprendió cuando predicaba una misión en Saint-Laurent-sur-Sévre. Entregó su alma a Dios en 1716, a los cuarenta y dos años de edad. Además de sus versos e himnos, la más conocida de sus obras es el tratado de «La verdadera devoción a la Santísima Virgen», que se divulgó ampliamente de nuevo con motivo de su canonización, en 1947.
Aparte de las biografías de los contemporáneos, como J. Grandet y el P. de Cloriviére (1775), hay que mencionar la obra de A. Laveille, Le b. L.M. Grignion de Montfort d'aprés des documents inédits (1907). Pero existen muchas otras biografías en francés, como las de G. Bernoville (1946) y la del P. Morineau (1947). Acerca del testamento que dictó el santo poco antes de morir, cf. Analecta Bollandiana, vol. LXVIII (1950), pp. 464-474. En la Biblioteca de ETF se encontrarán obras y referencias al santo, tanto en castellano como en francés.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_1399

viernes, 24 de abril de 2020

Santa María de Santa Eufrasia Pelletier, virgen y fundadora (24 de abril)


Santa María de Santa Eufrasia Pelletier, virgen y fundadora

fecha: 24 de abril
n.: 1796 - †: 1868 - país: Francia
canonización: 
B: Pío XI 30 abr 1933 - C: Pío XII 2 may 1940
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Angers, en Francia, santa María de Santa Eufrasia (Rosa Virginia) Pelletier, virgen, que para acoger piadosamente a las mujeres de vida descarriada, que ella denominaba «Magdalenas», fundó el Instituto de Hermanas del Buen Pastor.

Santa Rosa Virginia Pelletier nació en 1796, en la isla de Noirmoutier, frente a la costa de Bretaña, donde sus padres se habían refugiado cuando el levantamiento de La Vendée. En la escuela de Tours, Rosa oyó hablar del convento del Refugio, perteneciente a una congregación que san Juan Eudes habían fundado en 1641, para rescatar a las mujeres caídas y defender a las que se hallaban en peligro. La congregación se llamaba «Instituto de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio» y tenía una casa en Tours. Rosa entró en el noviciado en 1814 y, unos once años más tarde, cuando tenía sólo veintinueve años, fue elegida superiora. De Angers le pidieron una nueva fundación, y la santa fue a esa ciudad a tomar posesión de una casa de refugio que existía desde hacía varios años y se llamaba «El Buen Pastor». El éxito que consiguió ahí fue tan maravilloso, que las gentes se opusieron a dejarla volver a su comunidad de Tours. Finalmente, al cabo de largas negociaciones, la madre Pelletier fue nombrada superiora de la nueva fundación.
Comprendiendo que inevitablemente surgirían dificultades si cada casa dependía de un obispo diferente y tenía su propio noviciado, como sucedía en el Instituto de Nuestra Señora de la Caridad, la madre Santa Eufrasia (como la llamaban las gentes) decidió centralizar la organización, fundar un noviciado único y hacer que se nombrara a una superiora general con poder de trasladar a las religiosas de una casa a otra, según las necesidades. A pesar de la oposición y del temor natural que le producía el ejecutar un cambio tan radical, la madre Pelletier defendió con firmeza ese medio de promover la causa por la que todas las religiosas trabajaban.
Sin perder un ápice de su humildad y de su respeto por la autoridad, la joven superiora (de la que una de sus admiradoras dijo que «tenía madera para gobernar un reino»), consiguió, con la ayuda de la providencia, fundar en Angers el nuevo Instituto del Buen Pastor. En 1835, llegó la aprobación pontificia. Los progresos de la congregación fueron muy rápidos y, las nuevas fundaciones hacían un bien inmenso en dondequiera. Cuando Santa Eufrasia murió, en 1868, la congregación contaba con 2760 religiosas y era ya conocida en todo el mundo. En sus múltiples pruebas y dificultades, que incluyeron acusaciones de espíritu de innovación, ambición personal y deseo de autoridad, Santa Eufrasia dio pruebas de fortaleza heroica y absoluta confianza en Dios. «Como he dado a luz a mis hijas en la cruz -dijo en cierta ocasión-, las quiero más que a mí misma. Mi amor tiene sus raíces en Dios y en el conocimiento de mi propia miseria, pues comprendo que a la edad en que hacen la profesión, yo no hubiese sido capaz de soportar tantas privaciones y un trabajo tan duro». Santa Eufrasia fue canonizada en 1940.
En francés existen dos biografías muy completas, ambas en dos volúmenes: la de Mons. Pasquier (1894) y la del canónigo Portáis (1895). G. Bernoville, que publicó la vida de la santa en 1946, aprovechó los documentos inéditos de las actas de beatificación. Más breves son las biografías escritas por E. Georges (1942) y H. Joly (1933, en la colección Les Saints). Una religiosa de la congregación publicó en 1933 una biografía en inglés. Redemption (1940), de G. F. Powers, es un buen relato de tipo popular. La biografía de A. M. Clarke se basa en las obras de Pasquier y Portáis.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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martes, 21 de abril de 2020

Institución de la Cofradía de la Inmaculada Concepción, Toledo, España (1506) 21 de abril

21 de abril: Institución de la Cofradía de la Inmaculada Concepción, Toledo, España (1506)

Santa Beatriz de Silva
Fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción

1424 Nace en Campo Mayor (Portugal). Santa Beatriz de Silva está emparentada con la Reina de España Isabel la Católica, quien le ayuda a fundar la Orden de la Inmaculada Concepción, regalándole los palacios de Galeana y los trámites de aprobación.

1492 Muere en olor de Santidad.

1489 El 30 de Abril el Papa Inocencio VIII aprueba la O.I.C. por la bula "Inter Universa".

1511 Regla propia de la Orden de la Inmaculada Concepción. La otorga el Papa Julio II por la Bula “Ad statum prosperum”

1530 El 14 de Enero las Concepcionistas llegan a Veracruz, siendo las primeras evangelizadoras de América.

1926 El 28 de Julio, fue Beatificada por S.S. Pio XI.

1976 El 3 de Octubre, fue canonizada por S.S. Pablo VI, quien glosa su vida y obra en la Homilía

Su fiesta :17 de Agosto.


Nacimiento de la Orden de la Inmaculada Concepción
escrito por Sor Elvira García

Cuando llegó la hora de «instituir la nueva familia religiosa que estuviera consagrada a la Santísima Madre de Dios... Beatriz, con su singular prudencia y cristiana fortaleza, llevó a cabo la fundación de su Orden» (Bula de Canonización). Para ello, respetuosa ella misma con el carisma recibido de Dios y después de haberlo vivido con sus Hijas durante cinco años, cuida de someterlo íntegramente a la aprobación de la Iglesia.

Seguimos la génesis de este proceso por las Minutas de Nuestra Santa Madre Fundadora. En la primera, Santa Beatriz aparece pidiendo al Santo Padre la erección canónica de sus deseos y género de vida. Ella aboga por su carisma Mariano-Inmaculista:

«servir a Dios y a Santa María en el misterio de su Concepción»

Aceptaría la Regla que el Papa le asignase. Pide rezo de la Inmaculada, hábito propio blanco y azul (según la manifestación de Santa María la Virgen madre de Dios), forma de vida que ya llevaban, observancia regular y clausura. El hábito lo describe así: túnica blanca con escapulario también blanco y encima una capa de color celeste (azul), y en esta capa y en el escapulario deben grabar la imagen de la Virgen María, y se ceñirán con un cíngulo de lana blanca.

Santa Santa Beatriz, lo mismo que otros fundadores, tuvo que poner su Orden al amparo de una de las cuatro reglas existentes en la Iglesia según determinó el IV Concilio de Letrán, a saber: la de San Basilio, San Francisco, San Agustín y San Benito. Santa Beatriz logra al fin que el Papa Inocencio VIII autentizara su carisma fundacional Inmaculista como don del Espíritu en su Bula «Inter universa», 30 de abril de 1489. Y al Instituir por ella el nombre y el espíritu «Concepcionista» genuinamente puros, lo hace destacando y protegiendo respetuosamente el carisma Mariano de Santa Beatriz: «para servir a Dios y a Santa María»

Así se promulgó la Bula, se erigió canónicamente el monasterio el 16 de febrero de 1491, después de la muerte de Santa Beatriz de Silva, acaecida aproximadamente en 1492. El Papa Julio II el 17 de Septiembre de 1511 otorga a la Orden de la Inmaculada Concepción Regla propia.


VIVIMOS EN FRATERNIDAD: NUESTRA ESPIRITUALIDAD

Los ejes de nuestra vida son la oración, el trabajo en fraternidad. Por eso la concepcionista hace de su vida una ofrenda con Cristo, por la humanidad desde nuestro trabajo y servicio fraterno. Esta oblación, lleva consigo la alabanza de Dios y la experiencia de su cercanía amorosa. A la vida contemplativa pertenece el descubrimiento de esta cercanía de Dios y de su Hijo Jesucristo Resucitado.

Cuanto más vive una concepcionista con María como Inmaculada Concepción, es decir, con corazón puro, más rápidamente estará preparada para abrirse a la cercanía de Dios y de su obrar. Lo principal es practicar la contemplación del misterio de Jesucristo, percibir en Él el resplandor de la Inmaculada Concepción y dejarse seducir, al igual que Maria, por el clamor con Jesucristo.

Los fundamentos de nuestra espiritualidad fueron colocados por Beatriz de Silva. Su figura nos marca. Nuestra Orden de la Inmaculada Concepción, puede reconocer su identidad en relación con Beatriz:

Las fases de la vida de Beatriz, y sus decisiones personales.
Los signos que tenían importancia para ella;
El espíritu fundamental de la Inmaculada Concepción.

Estamos situadas en el corazón de la Iglesia, y hallamos junto a ella, su centro en Jesucristo, por obra del E. Santo. La Concepcionista procura vivir el Evangelio de Jesucristo que es el núcleo y el fin de su vida, y esto desde el misterio de la Inmaculada Concepción. Una hermana, no es concepcionista sin la Iglesia, pero con ella lo es enteramente. Por eso se sitúa totalmente en la Iglesia a través de la Inmaculada Concepción. Este Misterio se entiende precisamente por la Inmaculada, porque de ella nació la Iglesia en Jesucristo.

El honor de la Inmaculada Concepción es el tenor de vida de las concepcionistas. Sin embargo ellas saben que este honor de María, no es otra cosa que el reflejo de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo (2Cor 4, 6) Esta idea fundamental viene de Santa Beatriz de Silva y resplandece también en ella.

Santa Beatriz de Silva funda la orden para el servicio, la contemplación y la celebración del misterio de la Inmaculada. Por eso las concepcionistas viven las actitudes de María en el seguimiento de su hijo Jesucristo.

Por una parte consagran su vida, siempre como donación ofrecida únicamente al Señor. Se afirma nítidamente que ésta se realiza por medio del desposorio con Cristo, a honra de la Concepción Inmaculada, que es obra de Cristo.

Por otra parte se trata de una profesión, es decir, de una confesión pública de Jesucristo por medio de los consejos evangélicos:

Seguimos únicamente a Cristo (pobreza)
Permanecemos únicamente con Cristo. (Castidad)
Se dejan conducir únicamente por Cristo (obediencia)
El otro voto que realizamos las concepcionistas es el de clausura.

Cuando se trata el tema de la clausura, en el contexto de los votos, no se hace únicamente como voto que hacen las concepcionistas, sino que se considera la clausura como profundamente unida al espíritu de la Concepción, la clausura como seno materno común, y al mismo tiempo, como seno materno del alma de cada una de las hermanas en el que se realiza la Concepción. La clausura prepara para la Concepción (espiritual) y en la clausura se realiza la Concepción.

La clausura es unión con la pasión del Esposo y de su Misterio Pascual, La clausura parece una separación pero es un lugar de comunión más profundas con el mundo.

La clausura parece una separación, pero en realidad es un lugar de comunión más profunda con el mundo. La clausura hoy, al igual que la cruz, es tema de discusión, pero quien comprende su significado, vive un hondo misterio de amor y de fidelidad para con Dios. Se comprende como un lugar de encuentro con Dios. Dios no vive en el alboroto de la calle, a pesar de ser libre para habitar donde quiera. Normalmente se manifiesta cuando una persona acalla las voces que perturban el corazón, y éste, se abre en el silencio.

La concepcionista, ante todo puede entender la clausura como seno materno intelectual-espiritual, conde se realiza la Concepción espiritual del Hijo de Dios y su crecimiento. Solamente cuando una hermana ve a Cristo homocentro de la comunidad, es capaz de e comprender también el sentido de la clausura como “un estar permanentemente junto al Señor “

La vida en Comunidad es expresión de la vida con Jesucristo, y es al mismo tiempo. Como una certificación del desposorio con El. Para que sea posible permanecer más cerca del Señor, las concepcionistas viven en clausura. El sentido profundo de la clausura es estar con el Señor.

La contemplación como mirada amorosa, conduce a la percepción de los misterios de Jesucristo y a su realización en nuestra propia vida. Imitando las actitudes de María:

Permanecer silenciosa ante los hechos y palabras de Jesucristo.
Meditar la vida y las palabras de Jesucristo en el corazón.
Confianza en que Jesucristo va a obrar en mí lo que El quiera en cada momento, si le soy fiel. Para ello se necesitan las actitudes de oración, disponibilidad, ocultamiento silencioso.
Procuramos que nuestra vida sea un continuo canto de alabanza, lleno de esperanza y de confianza, por nuestra Sociedad, a través de la oración Litúrgica, en nombre de todos los hombres.

La vida de la Monja concepcionista es una profunda mirada silenciosa que poco a poco nos transformará en AQUEL que contemplamos, para ser un mensaje de amor, de paz y de alegría que Dios, por nuestro medio, ofrece al mundo ( CC.GG.59)

La contemplación es el apostolado propio de la concepcionista. La contemplación y el apostolado están profundamente unidos: transmitir lo que hemos contemplado. Solamente una persona contemplativa puede realizar plenamente el apostolado.

La comunidad de concepcionistas acoge a cada hermana como un don del Señor. Se aman unas a otras y se atienden mutuamente en sus necesidades; estando junto a cada una con solicitud amorosa, en los momentos de dificultad y sobre todo de enfermedad. Intentamos que nuestra vida sea un continuo canto de alabanza, lleno de esperanza y de confianza a través de la oración Litúrgica en nombre de todos los hombres.


LITURGIA y FORMACIÓN

“El principal deber de la concepcionista es la contemplación de las cosas divinas y la unión con Dios mediante la oración y el amor”

Por lo cual celebramos la Liturgia de las Horas Completa, cantada y acompañada por el órgano en su totalidad los días solemnes y festivos, los demás días se solemnizan las vísperas solamente, por ser el Coro poco nutrido. Nos valemos de moniciones y oraciones sálmicas para profundizar en el conocimiento de los salmos. En la Eucaristía también cantamos todos los días.. Hacemos las dos horas de oración personal diaria, las visitas al Stmo. Lectura espiritual o lectio divina después de Nona, etc.

A lo largo del año, hemos tenido en cuenta el Misterio de María y han venido a darnos el retiro Sacerdotes que nos han hablado de Nuestra Madre Inmaculada con el fin de profundizar en el misterio y por ende, en nuestra espiritualidad Concepcionista.

En el Convento de León, escuchamos todas las semanas el informe de Iglesia (en la radio) para estar al día en la actualidad de la Iglesia local y universal. Así, hacemos nuestros “sus gozos, y esperanzas, sus sufrimientos y consuelos.”( GS 1). Proseguimos con la clase semanal de Cristología, impartida por D. Felix Díez.

Hemos tenido lecturas de Documentos sobre la Virgen “Marialis Cultus”, Vigilias, y estudio basado en el material preparado tan estupendamente bien por la Comisión de Formación de la Orden.

Este año, seguiremos honrando de manera especial a la Virgen Inmaculada Madre, Modelo, Maestra, Vida dulzura y esperanza nuestra y de todo el mundo.

Las hermanas cultivan la formación permanente, tanto técnica como espiritual, por medio de cursillos, conferencias, medios de Comunicación social, etc.

Hay lugar para la distensión y recreación, días de Fiesta y momentos de recreación en los que se fomenta la comunicación mutua y alegría, fruto de la satisfacción que produce el dedicar nuestra vida al Señor y desde El a nuestros hermanos los hombres de toda raza, lengua y religión.

(fuente: www.concepcionistas.info)

lunes, 6 de abril de 2020

Beata Catalina de María Rodríguez, viuda y fundadora (5 de abril)


Beata Catalina de María Rodríguez, viuda y fundadora

fecha: 5 de abril
n.: 1823 - †: 1896 - país: Argentina
otras formas del nombre: Saturnina Rodríguez de Zavalía, Catalina Rodríguez
canonización: 
B: Francisco 25 nov 2017
hagiografía: Congregación
Elogio: En Córdoba, Argentina, beata Catalina de María Rodríguez, viuda y fundadora de la congregación de Esclavas del Corazón de Jesús.

Nació en la Córdoba de 1823. Una aldea con el sello de los jesuitas en donde el protagonismo y la educación era solo para varones.
Su familia tuvo gran protagonismo político, social y religioso. Su padre era secretario de los gobernadores Bustos y Paz, su primo, Santiago Derqui, presidente del país. Su esposo, un destacado militar de la Confederación argentina. Ella y sus tres hermanas perdieron a los padres muy pequeñas y fueron criadas por sus tías.
Catalina recibió la educación rudimentaria de la mujer de la época, leer y escribir las primeras letras y las destrezas culinarias para ser una ama de casa.  A los 17 años hace sus primeros Ejercicios Espirituales y allí descubre su vocación de consagrar su vida a Dios. No puede realizarla porque en Argentina y sus alrededores solo había conventos de clausura.
Se dedica a promover y sostener la obra de los Ejercicios. A los 29 años se casa con el Coronel Zavalía, viudo con dos hijos. Su marido fue nombrado edecán del Presidente Derqui y se van a vivir a Paraná, en esta ciudad tienen una hija que se muere al nacer. Regresan a Córdoba y tiempo más tarde Catalina queda viuda, allí, a los 42 años renace su primera vocación y surge su Sueño Dorado: Formar una comunidad de Señoras al servicio de las mujeres más vulnerables para catequizarlas, enseñarles a trabajar y vivir con ellas, “como los jesuitas pero en femenino”.
Pasan 7 años de pruebas, contratiempos, oscuridades en donde Catalina mantiene su deseo en alto porque “esa idea estaba entrañada en mi alma y aunque quisiera no podía quitármela” y en esos intentos “encontraba consuelo en Dios de quien todo lo esperaba cuya confianza no me faltó jamás”. Finalmente su “corazón se halló satisfecho” el 29 de septiembre de 1872 en nacen las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús. Primera Congregación de vida apostólica de la Argentina.
Por pedido del Santo Cura Brochero y la decisión de Catalina en 1880, 16 hermanas cruzan las Sierras Grandes a caballo para atender la Casa de Ejercicios y el Colegio de Niñas fundados por el Cura. El Sueño Dorado de Catalina se transformó en un vuelo sin fronteras constituyendo una gran familia que ama y repara.


fuente: Congregación
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ingreso o última modificación relevante: 19-2-2018
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miércoles, 25 de marzo de 2020

Santa Marie-Alphonsine Danil Ghattas, virgen y fundadora (25 de marzo)


Santa Marie-Alphonsine Danil Ghattas, virgen y fundadora

fecha: 25 de marzo
n.: 1843 - †: 1927 - país: Israel
otras formas del nombre: Maryam Sultanah Gattas
canonización: B: Benedicto XVI 22 nov 2009 - C: Francisco 17 may 2015
hagiografía: Abel Della Costa
Elogio: En Jerusalén, Isarel, santa Marie-Alphonsine Danil Ghattas, virgen, cofundadora de las Hermanas del Santo Rosario de Jerusalén de los Latinos.

El 15 de octubre de 1994, el papa Juan Pablo II proclamó las virtudes heroicas de Marie-Alphonsine, y el 22 de noviembre de 2009 fue beatificada en Nazaret: «El mérito le viene -dijo el Santo Padre- de haber fundado una congregación formada exclusivamente por mujeres del lugar, con el objetivo de la educación religiosa, la superación del analfabetismo y elevar la condición de las mujeres de ese tiempo en la tierra donde el mismo Jesús exaltó su dignidad.»
Sultanah María Ghattas nació en Jerusalén el 4 de octubre de 1843. Bautizada el 19 de noviembre de 1843, recibe el sacramento de la Confirmación de manos del primer Patriarca latino de Jerusalén, Giuseppe Valerga, después de la restauración del patriarcado, el 18 de julio de 1852. 
A la edad de 14 años, ingresa en la Congregación de San José de la Aparición como postulante y el 30 de junio de 1860 recibe el hábito como religiosa de dicha congregación, dos años más tarde, en 1862, pronuncia sus votos. En Belén, donde fue enviada, le confian la enseñanza del catecismo a las chicas jóvenes. Funda por otro lado hermandades y asociaciones para promover la devoción a Nuestra Señora a través de la oración del Rosario. 
Durante su vida, la hermana Marie-Alphonsine recibió la gracia de que la Virgen se le apareciera varias ocasiones, en las que le reveló su deseo de que fundase una congregación del rosario. El 25 de julio de 1885, se envío a la madre Marie-Alphonsine y a  otra hermana a Iafa de Galilea. Allí, sobrevino un día un milagro: una joven de nombre Nathira cayó en un profundo depósito lleno de agua. Lo único que pudo hacer la madre Marie-Alphonsine fue a tirar al pozo su gran rosario, invocar la ayuda de la santísima Virgen y entrar en la iglesia con otras niñas a rezar el rosario. Nathira salió sana y salva, y contó que vio una gran luz y una escala en forma de rosario para ayudarla a salir del pozo.
La hermana Marie-Alphonsine atravesó momentos muy difíciles antes de conseguir en Roma, el 12 de octubre de 1880, la dispensa de su voto de obediencia a las superioras de San José y la autorización para ingresar en la nueva Congregación del Santo Rosario. Finalmente el 6 de octubre de 1883, la hermana Marie-Alphonsine recibe el hábito de la Congregación del Rosario de las manos de Mons. Pascal Appodia, Vicario patriarcal; y el 7 de marzo de 1885, con las ocho primeras hermanas, es admitida para hacer su profesión y pronunciar sus votos en el curso de una ceremonia presidida por el Patriarca Vincent Bracco. 
La santa murió el 25 de marzo de 1927. En la misa de beatificación el patriarca Twal dijo que la madre Marie-Alphonsine «es una imagen preciosa, árabe y de Jerusalén, una ilustración espléndida del Evangelio de Cristo». La Congregación del Rosario, reconoció el patriarca, «fue, es y será el brazo derecho del patriarcado latino en las escuelas, parroquias e instituciones. Juntos, generación tras generación, los sacerdotes del patriarcado latino y las religiosas del Rosario han testimoniado y testimonian el Evangelio en la diócesis y en otros países árabes.» Fue canonizada por Francisco el 17 de mayo de 2015, y sobre ella dijo: «Sor María Alfonsina Danil ha entendido qué cosa significa irradiar el amor de Dios en el apostolado, convirtiéndose en testimonio de mansedumbre y unidad. Ella nos ofrece un claro ejemplo de cuán importante sea hacernos responsables los unos de los otros, de vivir uno al servicio del otro.»
Redactado a partir de informaciones del VIS, del Patriarcado Latino de Jerusalén y del blog "Amigos de la Misericordia", que tiene una sintética y parece que documentada biografía, aunque lamentablemente sin mención de fuentes.

Abel Della Costa
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ingreso o última modificación relevante: 18-5-2015
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