sábado, 10 de octubre de 2026

En el domingo séptimo antes del final - Domingo 28º del TO. Ciclo A (11.10.2026): Mateo 22,1-14. ¿Llamados, escogidos? y “Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12) CINCO MINUTOS.

 En el domingo séptimo antes del final

El 'final' al que me refiero no es otro que el domingo día 22 de noviembre por ser el último domingo del llamado Ciclo A de la ordenación litúrgica romano vaticana. Será este día el domingo donde se proclame la afirmación sobre 'Jesucristo como el Rey del Universo'. Estas afirmaciones sobre la 'realeza' de aquel laico de Galilea del siglo uno de la historia común no son creencias menores y sin relevancia importante.
Rey del Universo. ¿EL UNIVERSO es el todo conocido y el todo por llegar a conocer o tan solo nuestro planeta?
Rey del Universo. ¿EL UNIVERSO es el llamado cielo, tierra y abismos marinos?
Rey del Universo. ¿EL UNIVERSO es la totalidad de la historia de nuestra tierra mundial desde los tiempos del viviente 'unicelular' hasta el silencio existencial de todo cuanto respira?
Rey del Universo. ¿EL UNIVERSO es el hábitat de los seres humanos?
Rey del Universo. ¿EL UNIVERSO es también eso que solemos calificar, definir o nombrar como 'vida eterna'?
Rey del Universo. ¿EL UNIVERSO es todo cuanto estoy sugiriendo y, seguramente, muchísimo más que todo ello, inabarcable...?
Rey del Universo, ¿vendría a ser como el poder de todo poder? ¿LA VIDA?
Podríamos seguir imaginando sueños en la configuración de este 'realismo mágico'.
Podríamos. Pero renuncio a seguir por estos derroteros. Renuncio y vuelvo a repetirme un mantra iluminador: Que me devuelvan a Jesús de Nazaret. Por ahora, dispongo de siete semanas, acompañado por el relato de un EVANGELISTA, para llegar 'entrenado' al final de este Ciclo A llamado Evangelio de Mateo... Nada más ahora.
A continuación se encuentran los dos comentarios del domingo 11 de octubre.

Carmelo Bueno Heras

Comentario primero:

Domingo 28º del TO. Ciclo A (11.10.2026): Mateo 22,1-14. ¿Llamados, escogidos? No lo entiendo. Lo medito y escribo CONTIGO.

Después de las incontables ocasiones en las que he denunciado la falta de sensibilidad de la autoridad litúrgica en la propuesta de los textos del Evangelio para la celebración del domingo, en esta ocasión me admira constatar que llevamos ya tres semanas con sus tres domingos leyendo las tres parábolas seguidas que este narrador Mateo colocó en labios de su Jesús de Nazaret mientras estuvo en el Templo de Jerusalén, el único de toda la religión judía. ¡El único! Refresco el recuerdo, parábola del padre y de sus dos hijos (Mt 21,28-32), parábola de los viñadores homicidas (Mt 21,33-46) y en este nuevo domingo, parábola del banquete de una boda en Mateo 22,1-14. Con estas tres parábolas, según Mateo, su Jesús de Nazaret habría respondido, a su manera, a la pregunta de sus interlocutores: ¿Quién te ha dado autoridad para decirnos a las autoridades del Templo que hemos convertido esta casa de Yavé-Dios en un mercado de negocios? (Mateo 21,12-22 y, sobre todo, Mateo 21,23-27).

 

Después de volver a leer y hasta después de haber comentado estos hechos a propósito del encuentro en el Templo entre las autoridades (la autoridad del Templo judío y la autoridad de Jesús) debo reconocer que no sé muy bien de dónde le viene a este laico de Galilea llamado Jesús su autoridad. Ya sé que más de un lector estará dispuesto a asegurarme que las parábolas lo dejan muy claro: El padre de los dos hijos es el propio Padre de Jesús, el propietario de la viña no es otro que el Padre en quien Jesús cree y este mismo Padre no es otro que el rey que ha organizado el banquete en la boda de su hijo. Clarito, ¿no?

 

Sin embargo, mis neuronas andan intranquilas, revueltas y hasta confundidas porque el Yavé-Dios del Templo y de sus autoridades sacerdotales, creo, creo que es también el Dios Padre de Jesús. Y esto, sencillamente no puede ser así. El Yavé-Dios no puede ser a la vez el del Templo con sus instituciones y el del galileo Jesús. Las dos experiencias de fe (la de las gentes del Templo y la de Jesús) no son la misma experiencia de fe. Ambos creen en un Dios imaginado a su imagen y semejanza.

 

Tal vez, el posible único Dios de todo y de todos nunca soñó ni quiso un templo, un Templo o un TEMPLO. Ni pequeño, ni grande ni mediano. Y me digo estas cosas y a mi manera porque siempre que leo estos hechos no puedo dejar de recordar el mensaje del capítulo séptimo del segundo libro de Samuel (2Samuel 7). Y si no debe existir un Templo, tampoco deberá existir ninguna de sus instituciones. Para este Jesús galileo sólo debería existir la religión de Mt 7,12.

 

Y he dejado para este último párrafo mi modesta opinión de aprendiz de lector. No diré las veces que me he paseado por los surcos del tejido de Mt 22,1-14. Nunca acabo de comprender su mensaje. No me encajan ni los hilos ni los bolillos. Todos los engranajes me chirrían. Me resisto a admitir que el ‘rey de la parábola’ sea tan sanguinario y homicida como se afirma en 22,7. Y mis reticencias llegan al grado sumo en 22,11-14, al hablar de aquel comensal que no llevaba el traje de boda y que colmó la ira desatada de un Dios tronante. Seguramente que alguna tesis doctoral en ‘Sacratísima Escritura’ habrá desentrañado este lío mío. Tal vez. Al llegar a este texto, leo y me callo. Igual que cuando veo los versos 19-22 del salmo 138 (139).

Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 11.10.2020. Y también en Madrid, 11.10.2026.


Comentario segundo:

“Todo cuanto deseas que te hagan, házselo a los demás” (Mt 7,12)

CINCO MINUTOS para compartir el comentario de la 46ª página del Evangelio de Mateo 26,20-35

Ya nos ha contado el Evangelista Mateo que su Jesús de Nazaret salió del Templo de Jerusalén con la sentencia de muerte pegada al cuerpo (Mateo 26,1-5). Este es el dato cierto que nos acaba de contar el narrador en el ‘primer día’ de la fiesta de la Pascua o de los panes sin levadura o del paso de la esclavitud a la libertad (Mt 26,17). Ahora, precisa este narrador, llega el atardecer del día (Mt 26,20). Es decir, estaría comenzando la segunda jornada de la fiesta, porque así se hacía el cómputo del comienzo del nuevo día. Bien lo había precisado el viejo narrador de la primera página del Génesis: ‘Pasó una tarde y pasó una mañana; pasó el día’. En este comienzo del nuevo día “Jesús se puso a la mesa con los Doce y mientras cenaban les dijo”.

 

A partir de este momento, el narrador Mateo nos cuenta a sus lectores tres asuntos que me atrevo a comprender como asuntos íntimamente relacionados en este Evangelio y en los otros tres Evangelios restantes que son Marcos, Lucas y Juan. De estos tres elementos he hablado en otros comentarios. Y no me cansaré de repetirlos cuantas veces sean precisas. Estoy dispuesto a realizar estas repeticiones de manera cotidiana, como suele decirse, en ámbitos eclesiásticos, a propósito de la celebración de la santa misa o eucaristía.

 

Estos tres asuntos son: El anuncio de la traición de Judas realizado por el propio Jesús (Mt 26,21-25), la cena de Pascua (Mt 26,26-30) y el anuncio de las negaciones de Pedro (Mt 26,31-35). Sería muy útil y necesario leerse ahora estos tres asuntos contados también en Mc 14,17-31, en Lucas 22,21-34 y en Juan 13,21-38. Se constatará que entre los anuncios de las traiciones-negaciones de Judas y de Pedro cada Evangelista ha colocado su narración de la ‘Pascua de Jesús de Nazaret’: Eucaristía del Pan y Vino (Mc-Mt), del Servicio (Lc), del Amor (Jn).

 

En ninguno de estos cuatro relatos evangélicos se encuentra el dato famoso del centro y culmen del ‘haced esto en memoria mía’ que se afirma y reafirma dicho en exclusiva para algunos varones célibes ordenados sacramentalmente como sacerdotes. Nada de esto, que llamamos entre nosotros sacramentos de la eucaristía y del sacerdocio, pertenece al mensaje del Evangelio en el contexto de aquella Pascua última de Jesús con los Doce.

 

Creo que estamos ante uno de los datos más relevantes y sorprendentes de la evangelización que espera llevarse a cabo, o sembrarse conscientemente, después de tantos siglos de  incomprensión, olvido, ignorancia o ritualismo vestidos con el hábito de la religiosidad popular.

 

Y aquellos llamados ‘DOCE’, Pedro y Judas, Judas y Pedro, el primero y el último, desde el último hasta el primero, todos y todas, seguidores de entonces, deseaban o esperaron que aquel Jesús de Nazaret fuera un MESÍAS des-esclavizador, como se habían imaginado a su Moisés del Yavé-Dios y de su Pascua exterminadora de los enemigos. Pero aquel Jesús, laico y galileo, contempló y vivió la realidad de la historia de su pueblo como una experiencia de humanización, convivencia consciente, servicio explícito al que está abajado, denuncia profética al encumbrado en el poder y decisión por ser pan, vino, luz, servicio, amor... ¡y VIDA!

Carmelo Bueno Heras. En Madrid, 13.10.2019. Y también en Madrid, 11.10.2026.

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