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miércoles, 15 de agosto de 2018

La Asunción nos muestra que también el cuerpo está destinado a la felicidad celestial, dice el Papa 15082018

La Asunción nos muestra que también el cuerpo está destinado a la felicidad celestial, dice el Papa

Francisco recordó la unidad del cuerpo y alma en el ser humano como gran verdad  que nos evidencia la Asunción de la Virgen.
Francisco recordó la unidad del cuerpo y alma en el ser humano como gran verdad que nos evidencia la Asunción de la Virgen.
El Papa mostró este miércoles, en el Angelus de la Plaza de San Pedro en la festividad de la Asunción de la Virgen, su “proximidad espiritual” a todos los afectados por la tragedia del Puente Morandi de Génova, y tras encomendar a la misericordia de Dios “a las personas que han perdido la vida”, rezó por ellas un Avemaría junto con todos los fieles presentes.
Antes de eso, Francisco recordó cómo en esta festividad, el pueblo cristiano “expresa con alegría su veneración por la Virgen Madre “con mil diferentes formas de piedad”.
“La Asunción al cielo en alma y cuerpo y alma es un privilegio divino concedido a la Santa Madre de Dios por su particular unión con Jesús”, dijo el Papa: “Una unión corporal y espiritual iniciada con la Anunciación y madurada en toda la vida de María por su participación singular en el misterio del Hijo”, pues todas sus acciones cotidianas las hacía “en unión total con Jesús”, que alcanzó su cumbre en el Calvario.
“Por eso Dios le dio una participación plena también en la Resurrección de Jesús”, y así “el cuerpo de la Santa Madre de Dios fue preservado de la corrupción, como el del Hijo”.
En la festividad de la Asunción “la Iglesia nos invita hoy a contemplar este misterio”, el cual “nos muestra que Dios quiere salvar el hombre entero, esto es, salvar alma y cuerpo”.
Así, “Jesús resucitó con el cuerpo que había recibido de María, transfigurado, y la Asunción de María, criatura humana, nos confirma cuál será nuestro destino glorioso”.
Los sabios griegos, que habían vislumbrado el destino eterno del alma, “despreciaban el cuerpo, considerado prisión del alma, y no concebían que Dios hubiese dispuesto que también el cuerpo estuviese unido al alma en la felicidad celestial”. Por eso “la resurrección de la carne es un elemento propio de la Revelación cristiana, un pilar de nuestra fe”.
Y “la realidad estupenda de la Asunción de María confirma la unidad de la persona humanay nos recuerda que estamos llamados a servir y glorificar a Dios con todo nuestro ser, cuerpo y alma. Servir a Dios solo con el cuerpo sería una acción de esclavos, servirlo solo con el alma chocaría con nuestra naturaleza humana”.
Si, al llegar la hora de la muerte, “hemos vivido en el gozoso servicio a Dios que se expresa en un generoso servicio a los hermanos, nuestro destino el día de la resurrección será como el de nuestra madre celestial”, concluyó el Papa.

LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA (15 de agosto)

LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

Se celebra el 15 de Agosto
Asunción de la Virgen MaríaEl Papa Pío XII definió solemnemente el dogma de la Asunción de María el 1 de noviembre de 1950. Este dogma fue promulgado en la Constitución "Munificentissimus Deus":
Las razones fundamentales para la definición del dogma presentadas por Pío XII fueron:
1-La inmunidad de María de todo pecado: La descomposición del cuerpo es consecuencia del pecado, y como María, careció de todo pecado, entonces Ella estaba libre de la ley universal de la corrupción, pudiendo entonces, entrar prontamente, en cuerpo y alma, en la gloria del cielo.
2-Su Maternidad Divina: Como el cuerpo de Cristo se había formado del cuerpo de María, era conveniente que el cuerpo de María participara de la suerte del cuerpo de Cristo. Ella concibió a Jesús, le dio a luz, le nutrió, le cuidó, le estrechó contra su pecho. No podemos imaginar que Jesús permitiría que el cuerpo, que le dio vida, llegase a la corrupción.
3-Su Virginidad Perpetua: como su cuerpo fue preservado en integridad virginal, (toda para Jesús y siendo un tabernáculo viviente) era conveniente que después de la muerte no sufriera la corrupción.
4-Su participación en la obra redentora de Cristo: María, la Madre del Redentor, por su íntima participación en la obra redentora de su Hijo, después de consumado el curso de su vida sobre la tierra, recibió el fruto pleno de la redención, que es la glorificación del cuerpo y del alma.
La Asunción es la victoria de Dios confirmada en María y asegurada para nosotros. La Asunción es una señal y promesa de la gloria que nos espera cuando en el fin del mundo nuestros cuerpos resuciten y sean reunidos con nuestras almas.
La Asunción es un mensaje de esperanza que nos hace pensar en la dicha de alcanzar el Cielo, la gloria de Dios y en la alegría de tener una madre que ha alcanzado la meta a la que nosotros caminamos.
Este día, recordamos que María es una obra maravillosa de Dios. Concebida sin pecado original, el cuerpo de María estuvo siempre libre de pecado. Era totalmente pura. Su alma nunca se corrompió. Su cuerpo nunca fue manchado por el pecado, fue siempre un templo santo e inmaculado.
También, tenemos presente a Cristo por todas las gracias que derramó sobre su Madre María y cómo ella supo responder a éstas. Ella alcanzó la Gloria de Dios por la vivencia de las virtudes. Se coronó con estas virtudes.
La maternidad divina de María fue el mayor milagro y la fuente de su grandeza, pero Dios no coronó a María por su maternidad, sino por sus virtudes: su caridad, su humildad, su pureza, su paciencia, su mansedumbre, su perfecto homenaje de adoración, amor, alabanza y agradecimiento.
María cumplió perfectamente con la voluntad de Dios en su vida y eso es lo que la llevó a llegar a la gloria de Dios.
En la Tierra todos queremos llegar a Dios y en esto trabajamos todos los días. Esta es nuestra esperanza. María ya ha alcanzado esto. Lo que ella ha alcanzado nos anima a nosotros. Lo que ella posee nos sirve de esperanza.
María tuvo una enorme confianza en Dios, su corazón lo tenía lleno de Dios. Vivió con una inmensa paz porque vivía en Dios, porque cumplió a la perfección con la voluntad de Dios durante toda su vida. Y esto es lo que la llevó a gozar en la gloria de Dios. Desde su Asunción al Cielo, Ella es nuestra Madre del Cielo.
La fiesta de la Asunción es la fiesta de María, la más solemne de las fiestas que la Iglesia celebra en su honor. Este día festejamos todos los misterios de su vida.
Es la celebración de su grandeza, de todos sus privilegios y virtudes, que también se celebran por separado en otras fechas.
María es una obra maravillosa de Dios: mujer sencilla y humilde, concebida sin pecado original y, por tanto, creatura purísima. Su alma nunca se corrompió. Su cuerpo nunca fue manchado por el pecado, fue siempre un templo santo e inmaculado de Dios.
En la Tierra todos queremos llegar a Dios y por este fin trabajamos todos los días, ya que ésa es nuestra esperanza. María ya lo ha alcanzado. Lo que ella ya posee nos anima a nosotros a alcanzarlo también.


El dogma de la Asunción

Se refiere a que la Madre de Dios, luego de su vida terrena fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial.
Este Dogma fue proclamado por el Papa Pío XII, el 1º de noviembre de 1950, en la Constitución Munificentisimus Deus, con las siguientes palabras:
"Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo".
Ahora bien, ¿por qué es importante que los católicos recordemos y profundicemos en el Dogma de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo? El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica responde a este interrogante:
"La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos" (#966).
La importancia de la Asunción para nosotros, hombres y mujeres de comienzos del Tercer Milenio de la Era Cristiana, radica en la relación que hay entre la Resurrección de Cristo y la nuestra. La presencia de María, mujer de nuestra raza, ser humano como nosotros, quien se halla en cuerpo y alma ya glorificada en el Cielo, es eso: una anticipación de nuestra propia resurrección.
Más aún, la Asunción de María en cuerpo y alma al cielo es un Dogma de nuestra fe católica, expresamente definido por el Papa Pío XII hablando "ex-cathedra". Y ... ¿qué es un Dogma? Puesto en los términos más sencillos, Dogma es una verdad de Fe, revelada por Dios (en la Sagrada Escritura o contenida en la Tradición), y que además es propuesta por la Iglesia como realmente revelada por Dios.
En este caso se dice que el Papa habla "ex-cathedra", es decir, que habla y determina algo en virtud de la autoridad suprema que tiene como Vicario de Cristo y Cabeza Visible de la Iglesia, Maestro Supremo de la Fe, con intención de proponer un asunto como creencia obligatoria de los fieles Católicos.
El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica (#966) nos lo explica así, citando a Lumen Gentium 59, que a la vez cita la Bula de la Proclamación del Dogma: "Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada a la gloria del Cielo y elevada al Trono del Señor como Reina del Universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte".
Y el Papa Juan Pablo II, en una de sus Catequesis sobre la Asunción, explica esto mismo en los siguientes términos:
"El dogma de la Asunción afirma que el cuerpo de María fue glorificado después de su muerte. En efecto, mientras para los demás hombres la resurrección de los cuerpos tendrá lugar al fin del mundo, para María la glorificación de su cuerpo se anticipó por singular privilegio" (JP II, 2-julio-97).
"Contemplando el misterio de la Asunción de la Virgen, es posible comprender el plan de la Providencia Divina con respecto a la humanidad: después de Cristo, Verbo encarnado, María es la primera criatura humana que realiza el ideal escatológico, anticipando la plenitud de la felicidad, prometida a los elegidos mediante la resurrección de los cuerpos" (JP II , Audiencia General del 9-julio-97).
Continúa el Papa: "María Santísima nos muestra el destino final de quienes `oyen la Palabra de Dios y la cumplen' (Lc. 11, 28). Nos estimula a elevar nuestra mirada a las alturas, donde se encuentra Cristo, sentado a la derecha del Padre, y donde está también la humilde esclava de Nazaret, ya en la gloria celestial" (JP II, 15-agosto-97)
Los hombres y mujeres de hoy vivimos pendientes del enigma de la muerte. Aunque lo enfoquemos de diversas formas, según la cultura y las creencias que tengamos, aunque lo evadamos en nuestro pensamiento, aunque tratemos de prolongar por todos los medios a nuestro alcance nuestros días en la tierra, todos tenemos una necesidad grande de esa esperanza cierta de inmortalidad contenida en la promesa de Cristo sobre nuestra futura resurrección.
Mucho bien haría a muchos cristianos oír y leer más sobre este misterio de la Asunción de María, el cual nos atañe tan directamente. ¿Por qué se ha logrado colar la creencia en el mito pagano de la re-encarnación entre nosotros? Si pensamos bien, estas ideas extrañas a nuestra fe cristiana se han ido metiendo en la medida que hemos dejado de pensar, de predicar y de recordar los misterios, que como el de la Asunción, tienen que ver con la otra vida, con la escatología, con las realidades últimas del ser humano.
El misterio de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo nos invita a hacer una pausa en la agitada vida que llevamos para reflexionar sobre el sentido de nuestra vida aquí en la tierra, sobre nuestro fin último: la Vida Eterna, junto con la Santísima Trinidad, la Santísima Virgen María y los Angeles y Santos del Cielo. El saber que María ya está en el Cielo gloriosa en cuerpo y alma, como se nos ha prometido a aquéllos que hagamos la Voluntad de Dios, nos renueva la esperanza en nuestra futura inmortalidad y felicidad perfecta para siempre.

martes, 14 de agosto de 2018

Nuestra Señora de la Asunción de Guanabacoa.(15 de agosto)

Nuestra Señora de la Asunción de Guanabacoa.

La amadísima Tutelar.

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La Tutelar.
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Nuestra Señora de la Asunción de Guanabacoa. 15 de agosto.
Nace el poblado de Guanabacoa, La Habana, en 1554, como una reducción indígena, al ser abolidas las encomiendas y la esclavitud de los indios los cuales fueron dotados con tierras comunales. Guanabacoa será la primera población como municipio dependiente que tendrá la Habana. En 1578 ya existía la primera capilla, dedicada a Nuestra Señora de la Asunción, con cura propio. En 1607 fue elevada a la categoría de parroquia de ingreso. En el siglo XVIII lo sería de ascenso, y lo fue hasta que esta terminología fue abolida. En 1858 se estableció esta clasificación de las parroquias: "de ingreso", "de ascenso" y "de término", y dependía de la ubicación, capacidad económica y poblacional del territorio de la parroquia. De ingreso eran las iglesias menores, donde, precisamente, ingresaban los nuevos ordenados, que podían ser promovidos a una parroquia de ascenso. Las de término, luego de unos años de ordenado, si se accedía a una, solían ser vitalicias, de ahí el nombre de "término". Esta clasificación ya no está vigente, pero permanece escrita en manuscritos, sellos, libros e inventarios.
En 1689 Guanabacoa era la quinta población más importante a las afueras de la Habana, con 400 familias, en gran parte inmigrantes canarios, quienes a mediados del siglo XVIII levantarían la iglesia de la Candelaria, luego convento de Santo Domingo, de padres dominicos. Los franciscanos, por su parte, levantarían el convento San Antonio por las mismas fechas. Además, hay que mencionar la ermita del Señor Jesús Nazareno del Potosí, la iglesia más antigua de Cuba que permanece en pie. En 1743 fue nombrada Villa de Nuestra Señora de la Asunción de Guanabacoa.
La imagen de Nuestra Señora.
La imagen que presidió el retablo, montado en 1750, procedente de algún taller español que no se ha identificado, no es la actual, sino que es una talla en madera, que tal vez llegó con el mismo retablo. Esta imagen tampoco sería la fundadora (se cree que sea un lienzo que se conserva en manos particulares y que se ha fechado como del siglo XVI). La talla estuvo durante años en el retablo, pero por su peso y dificultad de ser bajada y procesionada se decidió sustituirla por una de vestir y aquí entra una simpática anécdota: Decididos a no usar más la imagen tallada, y como no había otra, se llevaba  una imagen de Santa Catalina de Siena (1, Impresión de las llagas, y 29 de abril) del convento de las dominicas, se vestía como la asunción y se hacía la procesión. Todos los años se repetía la misma historia, el religioso franciscano encargado del quincenario y la Salve final, al llegar esta al final, en lugar de decir “Ora pro nobis Sancta Dei Genitrix”, decía “Ora pro nobis, Sancta Catarina”, y como nadie sabía latín, pues más les daba. Se cuenta que el padre Guardián, cansado, un año le dijo: “Este es el último año que canta usted eso”. Y mandó a tallar la imagen vestida que hoy se venera.
La imagen tallada, retirada del retablo, estuvo durante años al exterior, perdiendo solidez y policromía, luego pasó al bautisterio cuando este se convirtió en casi un trastero (aquí la conocí yo) y luego, digamos que restaurada, pasó a la sacristía. En todo este ínterin y hasta hace unos años, una imagen de yeso sustituía a la vestida cuando se bajaba esta para el mes de agosto. Cosas que pasan y que ya no extrañan. En la década de 1930, el retablo y la imagen sufrieron algunas modificaciones, como unos alerones laterales, que en origen eran remates de unas cortinas pintadas que había en la pared del fondo del retablo. A la imagen se le cambió la base, que tomó forma de nube, por motivo de la ornamentación propia de la fiesta, que diré luego.
En 1883 comienza para la venerada imagen un período de gloria: La familia Lima se hace cargo del culto de la imagen, Rosario Lima Renté sería la primera Camarera. Las primeras procesiones se realizarían con una réplica que dicha familia tenía, hasta comenzar a ocuparse definitivamente de la imagen del templo. Dio esta familia un toque particular, mantenido hasta hoy día, al manto de la Virgen, único hasta donde yo haya visto: El manto en la asunción de María se vuelve hacia arriba, los laterales no caen, sino que, a la par de las manos, se eleva, dando el efecto de vuelo ascendente. Toma cuerpo ayudado por las ráfagas que rodean la imagen.
En esta época comienza la tradición del quincenario, con el izamiento de la bandera entre repiques  y cohetes. El día 14 la imagen salía en procesión desde la casa de la camarera (había sido llevada días antes en secreto, para ser vestida) hasta la iglesia parroquial. El día 15 era la procesión general, desde la iglesia, y de varias horas de duración. Tenía esta procesión la particularidad de ser con costaleros, como algunos pasos procesionales tradicionales de España y América. Eran los estibadores del puerto, que previamente ensayaban. Las andas eran un sepulcro, del que salía una nube llena de ángeles, a la que se acopló la nube de la base de la Virgen, hecha expresamente para esto. El día 22, la Octava, actual festividad de María Reina, volvía a celebrarse con solemnidad y se hacía la procesión de vuelta a la casa de la Camarera, para luego llevarla a la iglesia de nuevo de forma discreta.
Así hasta 1959. Los Lima perdieron todas las propiedades, se fueron del país, rumbo Estados Unidos y la casa de la Camarera (aún se le conoce así) se convirtió, con los muebles y artículos de la familia, en el museo de historia local. Y llegaron los años 90, de mi primera juventud. La ausencia de 40 años sin procesiones solo logró enardecer el deseo de los más jóvenes por "sacarla a la calle". Eran años difíciles y cualquier manifestación de fe, era manifestación de libertad y cambio, y las procesiones eran momentos de hacerlo presente. Así que la procesión de la Tutelar, por dentro del templo, donde la prohibición no llegó, se convirtió en verdadera batalla. Al asomarse la imagen a las puertas del templo, los gritos de "que la saquen", o "la Virgen a la calle", eran tremendos. Turbas de fieles al régimen empujaban el trono hacia dentro, mientras que cientos de fieles desde dentro de la iglesia empujaban hacia fuera. Nunca pasó de eso. Era fervor popular en toda regla: unos por la Virgen, otros por el régimen. Hoy de los últimos quedan pocos, y de los primeros, miles que la acompañan en la calle, desde el año 2001, que pudo volver a salir la procesión del 15 de agosto, hasta hoy. Siempre haciendo las paradas reglamentarias, como la iglesia de los Escolapios y la más emotiva, frente a la casa de la Camarera, y volteándose hacia la puerta.
Es la historia de Ella, la Asunta, pero es también la de nosotros, los que han nacido junto a ella, y los que, siendo cercanos, hemos aprendido a quererla, enamorados muchos, desde la primera vez que la vimos y más de una vez hemos cantado aquello de: "Con voz vibrante, Guanabacoa/canta a la Virgen ante su altar:/Es la Asunción, canta su loa,/es nuestra fiesta, la Tutelar".

Asunción de la Bienaventurada Virgen María (15 de agosto)


Asunción de la Bienaventurada Virgen María
fecha: 15 de agosto
hagiografía: El Testigo Fiel
Elogio: Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María, Madre de nuestro Dios y Señor Jesucristo, que, consumado el curso de su vida en la tierra, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria de los cielos. Esta verdad de fe, recibida de la tradición de la Iglesia, fue definida solemnemente por el papa Pío XII en 1950.

Oración: Dios todopoderoso y eterno, que has elevado en cuerpo y alma a los cielos a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos, te rogamos, que, aspirando siempre a las realidades divinas, lleguemos a participar con ella de su misma gloria en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).
La cuestión de la introducción y evolución de la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen es extensísima, sin embargo, sirvan como punto de partida para hilvanar el tema estos tres hitos históricos:
-En primer lugar, la construcción de iglesias dedicadas a la Virgen María, la Theotokos (Madre de Dios), trajo inevitablemente consigo la celebración de la dedicación de dichas iglesias. Consta con certeza que en la primera mitad del siglo V había ya en Roma y en Éfeso iglesias dedicadas a Nuestra Señora, y algunos historiadores opinan que ya en el año 370 se celebraba en Antioquía la conmemoración de «la siempre Virgen María, Madre de Dios».
-En segundo lugar, dicha conmemoración de la Santísima Virgen no hacía al principio mención de su salida de este mundo, simplemente se celebraba, como en el caso de los demás santos, su «nacimiento para el cielo» («natalis»); la fiesta recibía indiferentemente los nombres de «nacimiento», «dormición» y «asunción».
-En tercer lugar, según una tradición apócrifa pero muy antigua, la Santísima Virgen murió en el aniversario del nacimiento de su Hijo, es decir, el día de Navidad. Como ese día estaba consagrado a Cristo, hubo de posponerse la celebración de María. En algunos sitios empezó a celebrarse a Nuestra Señora en el invierno. Así, san Gregorio de Tours (c. 580) afirma que en Galia se celebraba a mediados de enero la fiesta de la Virgen. Pero también consta que en Siria la celebración tenía lugar el quinto día del mes de Ab, es decir, hacia agosto. Poco a poco fue extendiéndose esa práctica al Occidente. San Adelmo (c. 690) afirma que en Inglaterra se celebraba el «dies natalis» de Nuestra Señora a mediados de agosto. La costumbre de dedicar iglesias a la Asunción de la Virgen data de la época moderna; en la Edad Media se dedicaban simplemente a Santa María. La advocación particular de cada una de las iglesias dedicadas a la Virgen dependía de varios factores; no menor era la ventaja de que la Asunción no cae durante la cuaresma sino en el verano.
La fiesta de la Asunción es, por excelencia, «la fiesta de María», la más solemne de cuantas la Iglesia celebra en su honor y es también, la fiesta titular de todas las iglesias consagradas a la Santísima Virgen en general. La Asunción es el glorioso coronamiento de todos los otros misterios de la vida de María, es la celebración de su grandeza, de sus privilegios y de sus virtudes, que se conmemoran también, por separado, en otras fiestas. El día de la Asunción ensalzamos a Cristo por todas las gracias que derramó sobre su Madre y, sobre todo, por la gloria con que se dignó coronar esas gracias. Sin embargo, la contemplación de la gloria de María en esta fecha no debe hacernos olvidar la forma en que la alcanzó, para que imitemos sus virtudes. Ciertamente, la maternidad divina de María fue la fuente de su grandeza, pero Dios no coronó precisamente la maternidad de María, sino sus virtudes: su caridad, su humildad, su pureza, su paciencia, su mansedumbre, su perfecto homenaje de adoración a Dios, amor, alabanza y agradecimiento.
La asunción corporal de la Virgen a los cielos tomó carta de ciudadanía en la fe católica de una manera natural, a lo largo de los siglos, y como corolario de una gloria de la Madre de Dios que el Señor había querido manifestar de muchas maneras. Por ello podrá decir SS Pío XII el 1 de noviembre de 1950, al proclamar el dogma de la Asunción:
«La extraordinaria unanimidad con que los obispos y los fieles de la Iglesia católica afirman la Asunción corporal de María al cielo como un dogma de fe, nos hizo ver que el magisterio ordinario de la Iglesia y la opinión de los fieles, dirigida y sostenida por éste, estaban de acuerdo. Ello probaba con infalible certeza que el privilegio de la Asunción era una verdad revelada por Dios y contenida en el divino depósito que Cristo confió a su esposa la Iglesia para que lo guardase fielmente y lo explicase con certeza absoluta»
Y de esa certeza, y para testimonio y guía de las futuras generaciones, la proclamación del dogma:
«Por tanto, después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces e invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para acrecentar la gloria de esta misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y por la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma de revelación divina que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste.»
La Bibliografía sobre la Virgen es, por supuesto, inabarcable. Abundan sin embargo, sobre todo en las obras que pretenden ser «populares», los panegíricos cuya única fuente es la desbordada imaginación del autor. Al leer y meditar sobre la Virgen, no debería nunca el lector olvidar que no tenemos otra fuente de acceso a la figura de la Madre de Dios que el Nuevo Testamento, muy parco en detalles, y la penetración espiritual con que los grandes teólogos y doctores de la Iglesia han buceado en él. Para el tema de la Asunción, es bueno leer de manera directa la Constitución Apostólica «Munificentissimus Deus», de SS. Pío XII, del 1 de noviembre de 1950, donde el papa, antes de la proclamación del dogma tal como lo acabamos de leer, hace un profundo repaso de la dos veces milenaria fe de la cristiandad en este privilegio de la Virgen. Un momento sustancial de este documento está recogido en la segunda lectura del Oficio del día y el texto completo de la Constitución puede obtenerse en este pdf ilustrado editado por El Testigo Fiel. El presente artículo toma partes literales del artículo correspondientes del Butler-Guinea del 15 de agosto.
El Testigo Fiel
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Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: http://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_2867

SERVICIO DE LA IGLESIA FIESTA DE LA ASUNCIÓN (Mons. Oscar Romero)


SERVICIO DE LA IGLESIA


FIESTA DE LA ASUNCIÓN


15 de Agosto de 1977

Apocalipsis 11, 19a, 12, 1-6.10ab
1 Corintios 15, 20-26
Lucas 1, 39-56


SU CUMPLEAÑOS

… todo este gesto tan amable de su presencia y sobre todo de su oración, por este servidor de ustedes, a quien abruma este cariño del pueblo y por el cual estoy dispuesto a seguir dando los años que el Señor me conceda. Y considero como un bello regalo de cumpleaños, que la Iglesia misma se hace, este nuevo diácono que vamos a ordenar.

LA ASUNCIÓN DE MARIA

Y en el ambiente del misterio que celebramos hoy, cómo recobra encanto toda esa fiesta de la Arquidiócesis en su Catedral. La asunción en cuerpo y alma de la Virgen al cielo no es una opinión piadosa. Es un dogma de fe, el dogma diríamos, de moda, el más reciente. Fue al clausurar el año de 1950 aquel gran Año Santo, que llevaba a Roma muchedumbres y que recibía aquel gran Pontífice que fue Pío XII. Durante esos años, se hizo una consulta muy interesante a todos los obispos del Mundo: ¿Cómo estaba en el pueblo la creencia de esta verdad, de que María ha sido llevada en cuerpo y alma al cielo? Al mismo tiempo que recogía la tradición de la liturgia, de la teología, y todo lo profundo que la Iglesia tiene en sus estudios, pudo tener la seguridad, el 1º de noviembre de aquél Año Santo, de proclamar como dogma de fe, y que por tanto es obligatorio creerlo todos los católicos, que María, después de terminar su curso mortal en la tierra, fue asunta, como recogida por Dios, en cuerpo y alma. Podemos decir, hermanos, porque una verdad que corresponde a los orígenes de nuestro cristianismo, a los orígenes del mismo Cristo, apenas en nuestro tiempo se proclama dogma de fe, no es que el Papa Pío XII inventó que María ha sido llevada en cuerpo y alma, como si hubiera inventado esa verdad hoy en 1950. Los dogmas no los hace el Papa. El Papa lo que hace es poner el sello de su autoridad, de su magisterio, para darle seguridad al pueblo de que esa verdad está contenida en la divina revelación. Y lo creemos no sólo porque lo dice el Santo Padre, sino sobre todo porque lo ha dicho Dios y lo ha revelado en la Sagrada Biblia y en la tradición viviente de la Iglesia.
Celebramos, pues, una verdad que no es inventada por los hombres. Por la seguridad de una fe verdaderamente católica, sentimos hoy la alegría profunda de que María realmente está en el cielo, no sólo con su espíritu, como están todos nuestros muertos, sino con su cuerpo glorificado ya en esta forma definitiva en que también nosotros vamos a ser glorificados, cuando se cumpla ese dogma de nuestro credo: creo en la resurrección de la carne, en la resurrección de los muertos. Pero lo dejaba Dios ese dogma para actualizarlo en 1900, este siglo tan proclive, tan inclinado al materialismo, como dijo el Papa Pablo VI en el Concilio: "Este Concilio no está hablando de un Dios y de un reino de los cielos, cuando los hombres sólo hablan de reinos de la tierra y de conquistas de la tierra".
El mensaje, pues, de este día es muy oportuno, porque ese viaje de María en cuerpo y alma al cielo, es el índice más vigoroso a toda la humanidad para decirles que no está en esta tierra el destino del alma y del hombre que busca la verdadera felicidad, que hay un reino de los cielos definitivo, más allá de nuestras vidas, pero que se conquista precisamente trabajando en esta vida, entregándose al cumplimiento de los designios de Dios; así como María hizo de su vida terrenal un cumplimiento exacto, una colaboración íntima con el divino Redentor para salvar al mundo. Y por eso el Concilio Vaticano II, cuando recoge para nuestros días, más recientes todavía, el dogma de la asunción nos dice: "María llevada en cuerpo y alma a los cielo, es allá en el reino definitivo, el modelo y el principio de una Iglesia que ha de ser totalmente glorificada". (GS 68) Es decir, esta Iglesia que todavía peregrina entre persecuciones y dolores en la tierra, mira a María y en ella contempla su destino inmortal y se anima a sufrir todos los dolores y persecuciones, porque sabe que a través de este dolor, como el dolor de María, Dios está labrando las piedras vivas de aquel templo glorioso en el cual Dios fungirá para siempre toda su majestad y toda su belleza.
María, pues, es el principio de aquel reino celestial que todos nosotros iremos a formar también, si tenemos la felicidad de ser salvos como ella y, después del juicio final, en nuestro cuerpo glorificado. Pero, al mismo tiempo, el Concilio, que mira esa perspectiva celestial donde María luce toda su belleza, se inclina a la tierra y dice: Y esa Virgen colocada en el cielo en cuerpo y alma, no sólo es figura de nuestro destino eterno, sino que también es "estrella de esperanza cierta para el pueblo que todavía peregrina en la tierra". Qué bella definición de María, "estrella de esperanza cierta". Así mirémosla desde nuestra peregrinación en la tierra, desde nuestros caminos polvorientos o lodosos del mundo, desde nuestras tribulaciones concretas de la vida, hacia María, esperanza cierta.

EL SERVICIO

Hermanos, yo quiero sacar una enseñanza de este dogma más concreta todavía, y es que María y la Iglesia que peregrina, están presentando un servicio. Y quiero recalcar esta palabra, porque vamos a ordenar un diácono. "Diácono" es derivado de "diaconía", que quiere decir servicio. Cuando el cristianismo primitivo iba creciendo ya mucho, y los apóstoles no alcanzaban al servicio de aquel pueblo naciente y creciente, el pueblo de Dios eligió siete hombre virtuosos para presentarlos a los apóstoles y que les impusieran las manos y viniera el Espíritu Santo sobre ellos, para ser colaboradores íntimos de los apóstoles, servidores, diáconos.
Los primeros siete diáconos constan en la Biblia. De allí quedó establecido ese orden de colaboración, que ahora en nuestros días vuelve a recobrar toda su actualidad, cuando se necesitan tantos brazos porque la mies es mucha y los obreros son pocos, cuando nos persiguen y nos echan a los sacerdotes, cuando se quedan comunidades sin la dirección sacerdotal. Necesitamos de hombres virtuosos, preparados para entregarse por completo al servicio de la Iglesia; reciban el Espíritu de Dios, y vengan a prestar y dar a la Iglesia esa característica tan suya: servir.
Recuerdo cuando el Papa Pablo VI llegó a las Naciones Unidas y en medio de aquella asamblea de hombres de grandes potencias del mundo, les dice: "Ustedes que en esta sala están acostumbrados a resolver grandes problemas, yo no les traigo más que una súplica, que me den el permiso de servirles. La Iglesia está en medio de los pueblos que ustedes representan como una servidora". Esta es la Iglesia una servidora ¿Y en qué manera sirve? Sirve como María, asunta al cielo, está sirviendo a la humanidad, porque María y la Iglesia no se pueden separar.

EL DESTINO DEL HOMBRE

¿Cómo sirve María? En primer lugar, indicándoles a los hombres su destino eterno y, por eso, desde esa luz de los cielos, iluminar la dignidad del hombre, los derechos del hombre, y por eso se aferra con tanto empeño en defender la dignidad, la libertad, los derechos del hombre, porque sabe que ese hombre no debe ser un juguete de la tierra, sino que está destinado como María al reino de los cielos, que es un hijo de Dios que peregrina en esta tierra pero que su destino no es esta tierra. Y ése es el gran servicio de la Iglesia, en primer lugar, como María en cuerpo y alma en el cielo, decirles a todos los espíritus y a todos los cuerpos el alto destino de la humanidad.
En este día este es el mensaje de la Iglesia al mundo, presentar a una Virgen, un cuerpo de mujer subiendo al cielo en la belleza de una feminidad consumada por la belleza de Dios, para decirles a todas las mujeres y a todos los hombres qué alto destino el del cuerpo humano.

ESPERANZA CIERTA

¿En qué otra forma sirve María y la Iglesia? María se inclina sobre la esperanza de los hombres, para decirles que su esperanza es cierta, que si ella, hija de esta tierra, ha sido asumida por Dios y colocada en un trono en el cielo, es posible que toda carne humana también viva esa esperanza. Y entonces en el mundo que peregrina, esa esperanza hacia el hombre, que sea firme en sus propósitos, que en medio de las persecuciones no se desanime. Yo quiero agradecer, hermanos, en esta ocasión y a través de la radio, a cuántos me han escrito sus bonitas cartas, que son una inspiración de esperanza. Dicen que la Iglesia les mantiene su esperanza. Esta es la confesión bella del hombre que sufre, del hogar perseguido, de la comunidad que encuentra la razón de su predicación en una esperanza cierta que la Iglesia transmite, porque María se la trasmite a esa Iglesia. Y María y la Iglesia saben que esa esperanza viene de la redención de Cristo, porque María no ha subido al cielo por sus propios méritos, como la Iglesia tampoco trabaja por sus propias fuerzas. Es que tanto la Iglesia como María no son más que los instrumentos, los reflejos bellísimos, de la redención de Cristo.
María subida en cuerpo y alma a los cielos está proclamando que la última enemiga en ser vencida, como dice San Pablo, es la muerte; y que si en María ya quedó vencida la muerte para ser asumida en la victoria del cielo, también en todos nosotros, la esperanza, aún cuando la muerte apaga la vida, siempre queda palpitando en el sepulcro, porque se apoya en el Espíritu de Dios, que nos ha hecho inmortales y nos hará resurgir de nuestros sepulcros.

HIJOS DE DIOS

Finalmente, la Iglesia como María sirven a la humanidad, sintiendo que en cada hombre y en cada mujer hay un hijo de Dios, un hermano al que atender. Y María no se cansa de ejercer esa protección, esa mano tendida de madre y de reina para conducirnos en el camino del cielo, en el camino del deber. Y esto está haciendo la Iglesia en la tierra también, animado a los hombres para que cumplan su deber, para que salgan del pecado, para que sepan vivir la verdadera dignidad de los hijos de Dios. Y los protege hasta donde alcanzan sus méritos aquí en la tierra; y María en su cielo, que es todopoderosa por su oración, los protege.
Levantamos nuestra mirada hacia María en este día, hermanos y desde una Iglesia, hermana gemela de María, nosotros confiamos en esa Virgen poderosa que reina y vive en el cielo en cuerpo y alma y se hace sentir a través de una Iglesia peregrina en la tierra, con todo el encanto de una princesa que camina hacia su reino, en espera de la revelación de su grandeza. Por eso la institución Iglesia, formada de Papa, Obispos, Sacerdotes, Diáconos y demás ministerios laicales, religiosas, catequistas, celebradores de la palabra (somos la Iglesia institución) no nos desanimemos; al contrario, sintamos que esta armadura de Dios en el mundo lleva el espíritu inmortal de María. Sembremos mucho esa devoción a la Virgen.
Querido diácono, vamos a imponer las manos y vamos a ver en ti una imagen de la Iglesia servidora, el diácono. Ojalá que tú comprendas que toda tu teología, todos tus estudios, la belleza de tu vocación significa llevar al mundo el rostro de esa Iglesia que sirve, que ama y que espera. Vamos a trasmitirte pues, a través de nuestra autoridad episcopal, esos poderes que los apóstoles trasmitieron a los primeros siete compañeros tuyos, que se han ido multiplicando a lo largo de la historia y han escrito páginas bellísimas de la Iglesia: los diáconos, a los cuales te vamos ya a incorporar. 

martes, 15 de agosto de 2017

LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA (15 de agosto)

LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

Se celebra el 15 de Agosto
Asunción de la Virgen MaríaEl Papa Pío XII definió solemnemente el dogma de la Asunción de María el 1 de noviembre de 1950. Este dogma fue promulgado en la Constitución "Munificentissimus Deus":
Las razones fundamentales para la definición del dogma presentadas por Pío XII fueron:
1-La inmunidad de María de todo pecado: La descomposición del cuerpo es consecuencia del pecado, y como María, careció de todo pecado, entonces Ella estaba libre de la ley universal de la corrupción, pudiendo entonces, entrar prontamente, en cuerpo y alma, en la gloria del cielo.
2-Su Maternidad Divina: Como el cuerpo de Cristo se había formado del cuerpo de María, era conveniente que el cuerpo de María participara de la suerte del cuerpo de Cristo. Ella concibió a Jesús, le dio a luz, le nutrió, le cuidó, le estrechó contra su pecho. No podemos imaginar que Jesús permitiría que el cuerpo, que le dio vida, llegase a la corrupción.
3-Su Virginidad Perpetua: como su cuerpo fue preservado en integridad virginal, (toda para Jesús y siendo un tabernáculo viviente) era conveniente que después de la muerte no sufriera la corrupción.
4-Su participación en la obra redentora de Cristo: María, la Madre del Redentor, por su íntima participación en la obra redentora de su Hijo, después de consumado el curso de su vida sobre la tierra, recibió el fruto pleno de la redención, que es la glorificación del cuerpo y del alma.
La Asunción es la victoria de Dios confirmada en María y asegurada para nosotros. La Asunción es una señal y promesa de la gloria que nos espera cuando en el fin del mundo nuestros cuerpos resuciten y sean reunidos con nuestras almas.
La Asunción es un mensaje de esperanza que nos hace pensar en la dicha de alcanzar el Cielo, la gloria de Dios y en la alegría de tener una madre que ha alcanzado la meta a la que nosotros caminamos.
Este día, recordamos que María es una obra maravillosa de Dios. Concebida sin pecado original, el cuerpo de María estuvo siempre libre de pecado. Era totalmente pura. Su alma nunca se corrompió. Su cuerpo nunca fue manchado por el pecado, fue siempre un templo santo e inmaculado.
También, tenemos presente a Cristo por todas las gracias que derramó sobre su Madre María y cómo ella supo responder a éstas. Ella alcanzó la Gloria de Dios por la vivencia de las virtudes. Se coronó con estas virtudes.
La maternidad divina de María fue el mayor milagro y la fuente de su grandeza, pero Dios no coronó a María por su maternidad, sino por sus virtudes: su caridad, su humildad, su pureza, su paciencia, su mansedumbre, su perfecto homenaje de adoración, amor, alabanza y agradecimiento.
María cumplió perfectamente con la voluntad de Dios en su vida y eso es lo que la llevó a llegar a la gloria de Dios.
En la Tierra todos queremos llegar a Dios y en esto trabajamos todos los días. Esta es nuestra esperanza. María ya ha alcanzado esto. Lo que ella ha alcanzado nos anima a nosotros. Lo que ella posee nos sirve de esperanza.
María tuvo una enorme confianza en Dios, su corazón lo tenía lleno de Dios. Vivió con una inmensa paz porque vivía en Dios, porque cumplió a la perfección con la voluntad de Dios durante toda su vida. Y esto es lo que la llevó a gozar en la gloria de Dios. Desde su Asunción al Cielo, Ella es nuestra Madre del Cielo.
La fiesta de la Asunción es la fiesta de María, la más solemne de las fiestas que la Iglesia celebra en su honor. Este día festejamos todos los misterios de su vida.
Es la celebración de su grandeza, de todos sus privilegios y virtudes, que también se celebran por separado en otras fechas.
María es una obra maravillosa de Dios: mujer sencilla y humilde, concebida sin pecado original y, por tanto, creatura purísima. Su alma nunca se corrompió. Su cuerpo nunca fue manchado por el pecado, fue siempre un templo santo e inmaculado de Dios.
En la Tierra todos queremos llegar a Dios y por este fin trabajamos todos los días, ya que ésa es nuestra esperanza. María ya lo ha alcanzado. Lo que ella ya posee nos anima a nosotros a alcanzarlo también.


El dogma de la Asunción

Se refiere a que la Madre de Dios, luego de su vida terrena fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial.
Este Dogma fue proclamado por el Papa Pío XII, el 1º de noviembre de 1950, en la Constitución Munificentisimus Deus, con las siguientes palabras:
"Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo".
Ahora bien, ¿por qué es importante que los católicos recordemos y profundicemos en el Dogma de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo? El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica responde a este interrogante:
"La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos" (#966).
La importancia de la Asunción para nosotros, hombres y mujeres de comienzos del Tercer Milenio de la Era Cristiana, radica en la relación que hay entre la Resurrección de Cristo y la nuestra. La presencia de María, mujer de nuestra raza, ser humano como nosotros, quien se halla en cuerpo y alma ya glorificada en el Cielo, es eso: una anticipación de nuestra propia resurrección.
Más aún, la Asunción de María en cuerpo y alma al cielo es un Dogma de nuestra fe católica, expresamente definido por el Papa Pío XII hablando "ex-cathedra". Y ... ¿qué es un Dogma? Puesto en los términos más sencillos, Dogma es una verdad de Fe, revelada por Dios (en la Sagrada Escritura o contenida en la Tradición), y que además es propuesta por la Iglesia como realmente revelada por Dios.
En este caso se dice que el Papa habla "ex-cathedra", es decir, que habla y determina algo en virtud de la autoridad suprema que tiene como Vicario de Cristo y Cabeza Visible de la Iglesia, Maestro Supremo de la Fe, con intención de proponer un asunto como creencia obligatoria de los fieles Católicos.
El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica (#966) nos lo explica así, citando a Lumen Gentium 59, que a la vez cita la Bula de la Proclamación del Dogma: "Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada a la gloria del Cielo y elevada al Trono del Señor como Reina del Universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte".
Y el Papa Juan Pablo II, en una de sus Catequesis sobre la Asunción, explica esto mismo en los siguientes términos:
"El dogma de la Asunción afirma que el cuerpo de María fue glorificado después de su muerte. En efecto, mientras para los demás hombres la resurrección de los cuerpos tendrá lugar al fin del mundo, para María la glorificación de su cuerpo se anticipó por singular privilegio" (JP II, 2-julio-97).
"Contemplando el misterio de la Asunción de la Virgen, es posible comprender el plan de la Providencia Divina con respecto a la humanidad: después de Cristo, Verbo encarnado, María es la primera criatura humana que realiza el ideal escatológico, anticipando la plenitud de la felicidad, prometida a los elegidos mediante la resurrección de los cuerpos" (JP II , Audiencia General del 9-julio-97).
Continúa el Papa: "María Santísima nos muestra el destino final de quienes `oyen la Palabra de Dios y la cumplen' (Lc. 11, 28). Nos estimula a elevar nuestra mirada a las alturas, donde se encuentra Cristo, sentado a la derecha del Padre, y donde está también la humilde esclava de Nazaret, ya en la gloria celestial" (JP II, 15-agosto-97)
Los hombres y mujeres de hoy vivimos pendientes del enigma de la muerte. Aunque lo enfoquemos de diversas formas, según la cultura y las creencias que tengamos, aunque lo evadamos en nuestro pensamiento, aunque tratemos de prolongar por todos los medios a nuestro alcance nuestros días en la tierra, todos tenemos una necesidad grande de esa esperanza cierta de inmortalidad contenida en la promesa de Cristo sobre nuestra futura resurrección.
Mucho bien haría a muchos cristianos oír y leer más sobre este misterio de la Asunción de María, el cual nos atañe tan directamente. ¿Por qué se ha logrado colar la creencia en el mito pagano de la re-encarnación entre nosotros? Si pensamos bien, estas ideas extrañas a nuestra fe cristiana se han ido metiendo en la medida que hemos dejado de pensar, de predicar y de recordar los misterios, que como el de la Asunción, tienen que ver con la otra vida, con la escatología, con las realidades últimas del ser humano.
El misterio de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo nos invita a hacer una pausa en la agitada vida que llevamos para reflexionar sobre el sentido de nuestra vida aquí en la tierra, sobre nuestro fin último: la Vida Eterna, junto con la Santísima Trinidad, la Santísima Virgen María y los Angeles y Santos del Cielo. El saber que María ya está en el Cielo gloriosa en cuerpo y alma, como se nos ha prometido a aquéllos que hagamos la Voluntad de Dios, nos renueva la esperanza en nuestra futura inmortalidad y felicidad perfecta para siempre.

lunes, 15 de agosto de 2016

5 claves para entender el dogma de la Asunción de la Virgen María 15082016

5 claves para entender el dogma de la Asunción de la Virgen María

Por Liliana Montes

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5 claves para entender el dogma de la Asunción de la Virgen María








REDACCIÓN CENTRAL, 14 Ago. 16 / 07:53 pm (ACI).- Cada 15 de agosto celebramos el dogma de la Asunción de la Virgen María a los cielos, aquí algunos puntos importantes que nos ayudarán a entender mejor esta verdad de fe:
1.- ¿Qué es un dogma?
Un dogma es una verdad de fe absoluta, definitiva, infalible, irrevocable e incuestionable revelada por Dios; a través de las Sagradas Escrituras o de la Sagrada Tradición. Luego de ser proclamado no se puede derogar o negar, ni por el Papa ni por decisión conciliar.
Para que una verdad se torne en dogma, es necesario que sea propuesta de manera directa por la Iglesia Católica a los fieles como parte de su fe y de su doctrina, a través de una definición solemne e infalible por el Supremo Magisterio de la Iglesia.
2.- El Dogma de la Asunción de la Virgen
Según la tradición y teología de la Iglesia Católica, la Asunción de la Virgen es la celebración de cuando el cuerpo y alma de María, la madre de Jesucristo, fueron glorificados y llevados al Cieloal término de su vida terrena. No debe ser confundido con la Ascensión, la cual se refiere a Jesucristo.
Se dice que la resurrección de los cuerpos se dará al final de los tiempos, pero en el caso de la Virgen María este hecho fue anticipado por un singular privilegio.
Este dogma también es celebrado por la Iglesia ortodoxa.
3.- Declaración del dogma
Desde 1849 empezaron a llegar a la Santa Sede diversas peticiones para que la Asunción de la Virgen sea declarada doctrina de la fe. Fue el Papa Pío XII quien el 1 de noviembre de 1950, publica la Constitución Apostólica Munificentissimus Deus que declara como dogma de fe la Asunción de la Virgen María con estas palabras:
“Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado, que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”.
4.- Importancia de la Asunción de la Virgen
Esta fiesta tiene un doble objetivo: La feliz partida de María de esta vida y la Asunción de su cuerpo al cielo. La respuesta a por qué es importante para los católicos, la encontramos en el Catecismo de la Iglesia Católica, que dice: "La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos" (#966).
La importancia que tiene para todos nosotros la Asunción de la Virgen se da en la relación que esta tiene entre la Resurrección de Jesucristo y nuestra resurrección. El que María se halle en cuerpo y alma ya glorificada en el Cielo, es la anticipación de nuestra propia resurrección, dado que ella es un ser humano como nosotros.
5.- ¿Dormición o Muerte de María?
La Escritura no da detalles sobre los últimos años de María sobre la tierra desde Pentecostés hasta la Asunción, solo sabemos que la Virgen fue confiada por Jesús a San Juan. Al declarar el dogma de la Asunción de María, Pío XII no quiso dirimir si la Virgen murió y resucitó enseguida, o si marchó directamente al cielo. Muchos teólogos piensan que la Virgen murió para asemejarse más a Jesús pero otros sostienen la Dormición de la Virgen, que se celebra en Oriente desde los primeros siglos.
En lo que ambas posiciones coinciden es que la Virgen María, por un privilegio especial de Dios, no experimentó la corrupción del su cuerpo y fue asunta al cielo, donde reina viva y gloriosa, junto a Jesús.