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viernes, 12 de octubre de 2018

Los obispos belgas piden al Sínodo que se ordene a hombres casados 11102018

COMO RESPUESTA A LA FALTA DE VOCACIONES Y A LA CRISIS DE "CREDIBILIDAD DE LA FE"

Los obispos belgas piden al Sínodo que se ordene a hombres casados

Auxiliar de Bruselas, "convencido" de que jóvenes casados "responderían 'presente' si la Iglesia los llama al ministerio"
C. Doody/Agencias, 11 de octubre de 2018 a las 15:22




Cardenal Marx: "Los desafíos específicos para la Iglesia católica como los temas sobre el celibato de los curas y sobre algunos aspectos de la moral sexual católica serán discutidos de manera transparente"
(C. Doody/Agencias).- Frente a la falta de vocaciones y la crisis de credibilidad de la fe, curas casados. Esta es la propuesta que han hecho los obispos belgas este miércoles en el Sínodo de los Jóvenes, quienes de esta forma se han unido a las muchas otras voces en la Iglesia que buscan que el sacerdocio no esté restringido solo a los hombres célibes.
"Estoy convencido que algunos jóvenes, que se unieron en matrimonio, responderían 'presente' si la Iglesia los llama al ministerio presbiteral", dijo el obispo auxiliar de Bruselas, Jean Kockerols, en el sínodo de obispos que se celebra este mes en el Vaticano.
Kockerols hablaba en nombre de los obispos belgas después de haberles presentado antes su texto, precisó el portavoz de la conferencia episcopal belga en declaraciones a la página internet especializada CathoBel.
Para este portavoz, el padre Tommy Scholtes, "no es la única solución frente a la crisis de vocaciones que es también un tema de credibilidad de la fe en el mundo actual".
"Sabemos que del lado del mundo protestante u ortodoxo en donde los pastores pueden contraer matrimonio, hay también dificultad para hallar jóvenes hombres que acepten este servicio de Iglesia", comentó.
La Iglesia católica alemana llamó por su parte recientemente a un debate sobre el celibato, no por la crisis de vocaciones sino luego de las revelaciones de agresiones sexuales contra miles de niños durante décadas.
Un informe encargado por la Iglesia católica alemana hace cuatro años y presentado el martes dio cuenta de al menos 3.677 casos, esencialmente varones de menos de 13 años, víctimas de abusos sexuales por al menos 1.670 miembros del clero.
Los casos se registraron entre 1946 y 2014. Los autores identificaron el celibato de los curas como una de las causas indirectas posibles de esas agresiones sexuales.
"No tiene que haber tabú sobre lo que hablamos", había declarado a fines de septiembre el presidente de la conferencia episcopal alemana, Reinhard Marx.
"Los desafíos específicos para la Iglesia católica como los temas sobre el celibato de los curas y sobre algunos aspectos de la moral sexual católica serán discutidos de manera transparente, con la participación de expertos de diferentes disciplinas", informó el cardenal.
Obispos en el Sínodo de los Jóvenes

martes, 2 de octubre de 2018

Jóvenes y vocación: Entrevista al Rector del Seminario Mayor de Loja, Ecuador 02102018


Formadores y alumnos del Seminario 'Reina de El Cisne' © http://elblogdelpadreluis.blogspot.com

Jóvenes y vocación: Entrevista al Rector del Seminario Mayor de Loja, Ecuador

El P. Jaime Castillo habla sobre los requisitos humanos en la formación de sacerdotes, homosexualidad y celibato
(ZENIT – 2 oct. 2018).- El Padre Jaime Castillo Villacrés, Rector del Seminario de Loja, en Ecuador, responde en esta entrevista en exclusiva a ZENIT a cuestiones clave sobre el discernimiento vocacional y la formación de seminaristas ante el desafío de renovar el “Proyecto Formativo” a la luz de la Nueva Ratio Fundamentalis Institutionis sacerdotalis.
Esta reflexión se comprende en el marco del inminente Sínodo de los Obispos, sobre Los jóvenes, le fe y el discernimiento, que se celebrará del 3 al 28 de octubre en el Vaticano, y tras los últimos acontecimientos en el seno de la Iglesia (la renuncia de todos los obispos de Chile, la suspensión de cardenal y de todas las funciones del ex Cardenal McCarrick por parte del Santo Padre, y la dimisión del estado clerical de Karadima o la publicación del informe sobre abusos sexuales en Pennsylvania).
El sacerdote Jaime Oswaldo Castillo Villacrés nació el 17 de septiembre de 1973. De sus 20 años de sacerdocio, ha dedicado una buena parte a la formación de los jóvenes (pastoral juvenil y vocacional), ha colaborado como formador y profesor de teología dogmática en dos Seminarios por el espacio de 7 años, en el Seminario Reina del Cisne de Loja, y en el Jesús Buen Pastor de Riobamba, en Ecuador, respectivamente.
El P. Castillo inicia ahora su segundo año de Rector en el Seminario Mayor Reina de El Cisne de Loja, y admite tener junto a la comunidad formativa el “desafío” de renovar el “Proyecto Formativo” que ofrece la nueva Ratio Fundamentalis Institutionis sacerdotalis.
Ofrecemos la entrevista del P. Jaime Castillo Villacrés, en exclusiva a ZENIT:
***
ZENIT: ¿Qué requisitos humanos, espirituales e intelectuales necesita tener un candidato al sacerdocio?
P. Jaime Castillo: El sacerdocio, don que Dios pone en el corazón de algunos hombres, exige al que siente esta llamada divina una respuesta muy generosa. El candidato al sacerdocio en el proceso educativo, progresivamente asume los rasgos esenciales de Jesús, Buen Pastor: cuida, alimenta y corrige al rebaño (Jr 3,15). Desde este reto vocacional los requisitos humanos, espirituales e intelectuales son condiciones indispensables e inseparables. Se necesita madurez humana que conlleva una adecuada salud física y psíquica. Un joven cuando ingresa al seminario lleva consigo su mundo vital que ha ido experimentando en el ambiente familiar y socio-cultural. Recuerdo a mi primer formador que me decía: “el candidato al sacerdocio no cae del cielo”. Tenía mucha razón. Habíamos llegado con una diversidad cultural religiosa y espiritual. Hoy ingresan a nuestros procesos de discernimiento vocacional aquellos jóvenes que Dios le permite responder. Los adultos: padres de familia, profesores, educadores y formadores, deberíamos tener la suficiente creatividad y docilidad para comprender los nuevos paradigmas culturales de los jóvenes.
ZENIT: ¿Cree usted que es adecuado darle más importancia a las capacidades intelectuales que al equilibrio emocional?
P. Jaime Castillo: Las nuevas directrices para la formación sacerdotal que están armónicamente bien orientadas en la Nueva Ratio Fundamentalis, nos permiten comprender que la formación al ministerio ordenado está caracterizada por la gradualidad y integralidad. Es decir, los procesos educativos en el Seminario cuidan de la totalidad de la persona en sus distintas dimensiones: humana, espiritual, intelectual y pastoral. Es muy necesario constituir una personalidad estable para cultivar cualidades idóneas en los jóvenes que permita asumir el don de la vocación al presbiterado (RF, 94)porque “la carencia de una personalidad bien estructurada y equilibrada se constituye en un serio y objetivo impedimento para la continuidad de la formación para el sacerdocio” ( RF, 63).
Desde que el Papa Francisco propuso a toda la Iglesia, mediante la Evangelii Gaudium, la categoría del discipulado fruto de la reflexión en Aparecida, nos damos cuenta que lo más importante en la vocación sacerdotal es el camino discipular. El seminarista debe emprender un camino discipular que se prolonga para toda la vida. En este camino, el cultivo de la inteligencia es también necesario. Creo que una mente bien cultivada posibilita abrir nuevos horizontes para un compromiso humanizador en la Iglesia. En el futuro sacerdote hay que posibilitar un encuentro fecundo entre los valores humanos y la preparación intelectual para que sea un interlocutor válido en un mundo plural y heterodoxo. Ahora mismo se me viene a la mente una aleccionadora y sugerente una frase de sor Andrea Tacchi, al referirse al Papa Francisco, que clarifica mucho mejor esta inquietud:
“En Francisco se conjuga admirablemente la inteligencia de un jesuita y la humildad de un franciscano. Si solo sós inteligente podés ser soberbio; y si además eres humilde, ¡arrasás!”
ZENIT: ¿Qué consecuencias puede traer en el candidato mismo?  ¿Y en las personas a las cuales el se dedicará?
P. Jaime Castillo: Bueno, si no hay equilibrio emocional y lo mínimo necesario para relacionarse con normalidad con las personas, las consecuencias son muy graves. Dígase de paso: el sacerdote en un hombre de relación. Por tanto, sin madurez humana el sujeto experimenta un repliegue en sí mismo en detrimento de la comunidad. La iglesia tiene el derecho a exigir que sus ministros estén en la capacidad de servir evangélicamente a la comunidad cristiana y esto comporta una probada madurez humana. Recordemos que la fe puede crecer, madurar y dar frutos en un ser humano integrado y no dividido, en un corazón unificado por la causa del Reino y su Justica.
ZENIT: El Papa Francisco exhortó recientemente a un grupo de obispos en el Vaticano a dar prioridad al discernimiento vocacional “para ayudar a los jóvenes a reconocer la voz de Dios entre las muchas que retumban en los oídos y en el corazón”. ¿Cómo debe guiar en el camino del discernimiento un rector o director espiritual al joven que se siente llamado al sacerdocio?
P. Jaime Castillo: Es muy valiosa esta pregunta porque me lleva a conversar sobre la importancia del Equipo formador. Como es conocido, el Obispo es el primer responsable de la formación sacerdotal. Pero el Obispo delega al Rector y a los formadores una responsabilidad en el marco de la subsidiaridad. Los formadores, discípulos del Señor, son presencia del Padre y Pastor (Obispo) en el Seminario porque han recibido su confianza para encausar los procesos de discernimiento ayudados por la luz del Espíritu Santo. Para esta finalidad es prioritario asumir la experiencia de la mediación eclesial. A qué me refiero. En la Iglesia no se camina solos. Necesito un compañero de camino. Nuestro caminar es sinodal. Necesito mediaciones humanas. A fin de cuentas el llamado al sacerdocio se hizo palpable por medio de hermanos y hermanas en un particular contexto comunitario. Como decía Benedicto XVI: “quien cree nunca está solo”. El que habla de una manera irremplazable es el Espíritu en la conciencia de cada uno, en ese sentido Dios inspira lo que debemos hacer y decidir. Sin embargo, este mismo Dios se sirve y necesita de instrumentos humanos que acompañen el camino de decisiones por medio de contrastes a las aspiraciones, frecuentemente muy subjetivas de las personas.
Teniendo presente lo que hemos dicho, la voz del director espiritual y del rector (en sus distintas competencias y niveles de comunicación) resulta más que necesaria. La voz del director espiritual está para comprender mediante la misericordia la respuesta vocacional del seminarista; contrastar los posibles subjetivismos del candidato, revisar el plan de vida (historia personal, avances o retrocesos en las distintas etapas del seminarista); verificar la autenticidad de la llamada (diálogos personales y encuentros quincenales). Asimismo, el rector tiene la delicada misión de cuidar y favorecer un sano ambiente para la formación. Debe saber hacer cuestionamientos y preguntas oportunas para ir verificando la respuesta consciente del candidato al sacerdocio. Debe, igualmente, de manera periódica validar la continuidad del proceso en la formación de cada seminarista, ayudado por el consejo de los padres formadores y los especialistas en ciencias humanas, especialmente de la psicología clínica.
ZENIT: ¿Qué determina las diferencias entre un seminario diocesano y otro de alguna orden o movimiento (por ejemplo los seminarios misioneros del Camino Neo Catecumenal o los seminarios de Schoenstatt) en cuanto a normas y periodos de formación?
P. Jaime Castillo: Cada comunidad religiosa, diócesis o jurisdicción eclesiástica obedece a una historia muy particular que debe conocerse para evitar prejuicios y acercamientos anacrónicos. Hay Diócesis que tienen buenos equipos de formación y adecuados espacios físicos para plantear un proyecto educativo en los Seminarios, y sebe promover esta fortaleza. Existen otras que han experimentado una fuerte disminución de vocaciones pero no se detienen en promover este espacio legítimo de ministerio en la Iglesia. Y esta necesidad les lleva a buscar otros lugares para formar a su presbiterio. Sobre esto debo hacer algunas precisiones:
  1. Si un Obispo decide confiar a un Centro de estudios Eclesiásticos, Seminario o Movimiento la formación de sus seminaristas, será porque en su diócesis no puede garantizar la formación sacerdotal. Ya existen valiosas experiencias de Seminarios Nacionales e Inter-diocesanos (Regionales), como fruto de la comunión y comunicación de bienes en las Conferencias Episcopales. Pero si es prudente que la diócesis de origen platee un serio acompañamiento vocacional para que los seminaristas permanezcan arraigados a la realidad cultural y religiosa donde ejercerán el futuro ministerio pastoral.
  2. Si se diera el caso que un Obispo confía la formación de alguna parte de sus seminaristas o la totalidad de ellos a un Movimiento apostólico, la responsabilidad en términos de comunión eclesial es de mayor compromiso para éste último. Explico. La espiritualidad del sacerdote diocesano deriva de su ministerio, está llamado a configurarse con Jesús Buen Pastor y a ser servidor de todo el pueblo santo de Dios. Tiene el desafío de ser hombre de comunión que acoge y estar al servicio de todos. La comunidad o Movimiento encargado de la formación deberá ser capaz de relativizar su carisma en función de la comunión eclesial. Y le sería de mucha ayuda cuidarse de aquellas dicotomías conceptuales: ¿Iglesia jerárquica, carismática, laical? Digámoslo con mucha fuerza: La Iglesia es ministerial. Hay una dinámica ministerial donde la Iglesia, comunidad de comunidades, es la casa grande donde encontramos todos nuestro espacio.
  3. Es particularmente interesante el aporte de la Ratio Fundamentalis, allí se establece normas, reglamentos, etapas, procesos y tiempos para todo el  proceso de formación sacerdotal. Recomiendo leerla, meditar y estudiarla porque allí está un nuevo paradigma para el sacerdote de nuestro tiempo. Y también la Ratio Fundamentalis de cada nación, como fruto de los acuerdos de la Conferencia Episcopal que permite acoger la propuesta universal y asumir la realidad propia en el campo formativo.
ZENIT: En la nueva Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, emitida en 2016 por la Congregación para el Clero, se dice con toda claridad: “En relación a las personas con tendencias homosexuales que se acercan a los Seminarios, o que descubren durante la formación esta situación, en coherencia con el Magisterio, la Iglesia, respetando profundamente a las personas en cuestión, no puede admitir al Seminario y a las Órdenes Sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la así llamada cultura gay”. Por lo tanto, ¿si se detecta que un seminarista es homosexual, se debe proceder a expulsarlo del Seminario?
P. Jaime Castillo: La misión del Seminario es ayudar a encontrar, dentro de lo posible, la vocación de cada uno de los jóvenes seminaristas; y especialmente confirmar la opción consciente por el compromiso en el ministerio al presbiterado. En más de una ocasión he tenido la oportunidad de ayudar a reorientar la opción vocacional de algún candidato al sacerdocio mientras persistían otras intenciones no concordes con la misión específica que la Iglesia le confiaría. En el caso de homosexualidad así como nos plantea actualmente la Iglesia, resulta incompatible, por la idoneidad, con el ministerio sacerdotal. Si se lo admite al sacerdocio tarde o temprano se vislumbraría la verdad de su vida en su conducta sexual. Lo mismo recomendaría para un seminarista heterosexual (separación del Seminario) que no logra  comprender y asumir el don de la castidad y el celibato. Además, aprovecharía para hacerle comprender que “sería gravemente deshonesto que el candidato ocultara la propia homosexualidad para acceder, a pesar de todo a la Ordenación.  Esta disposición falta de rectitud y no corresponde al espíritu de verdad, de lealtad y de disponibilidad que debe caracterizar la personalidad de quien cree que ha sido llamado a servir a Cristo y a su Iglesia en el ministerio sacerdotal” (Cf. Instrucción de la Congregación para la Educación Católica, sobre los criterios de discernimiento vocacional en relación con las personas de tendencias homosexuales antes de su admisión al Seminario y a las Órdenes Sagradas, n. 3).
ZENIT: ¿Cuál podría ser el lugar adecuado en la Iglesia Católica para un ex seminarista homosexual?
P. Jaime Castillo: Me llama mucho la atención e intento cada día vivir una preciosa intuición de Santa Eufrasia, ella decía: “Una vida vale más que el mundo entero”. La Iglesia católica es madre, maestra, pero especialmente discípula del Señor y como tal, dentro de lo posible, debe buscar el bien de las personas. La Iglesia es la casa de todos. La Iglesia, al separar del proceso de discernimiento vocacional a un seminarista homosexual o heterosexual, no lo excluye de la comunión eclesial, sino que le ayuda a plantearse con responsabilidad su situación vocacional. El lugar adecuado que le corresponde es como el de todos: ponerse en el camino discipular de Jesús y seguirle para acoger la novedad de su Palabra y las evidentes exigencias de su amor.
ZENIT: ¿Qué medidas debe aplicar un obispo o superior sobre un sacerdote si se descubre que es homosexual? ¿Es conveniente suspenderlo del sacerdocio?
P. Jaime Castillo: A este respecto, un Obispo o superior que acompaña a sus seminaristas, dentro de sus posibilidades, después de los escrutinios efectuados por los formadores en el Seminario y las proclamas ante el pueblo fiel, tiene certeza moral sobre la idoneidad del candidato para conferir el sacramento del orden. Sin embargo, en este camino de amor y de riesgo se puede encontrar también con esta realidad humana.
Creo que se debería evaluar bien la situación del sacerdote, provocar una efectiva sinceridad sobre su vida personal, valorar el grado de incidencia de su comportamiento no solo en la comunidad, sino en el presbiterio y en su percepción de conciencia individual. Si el comportamiento del sacerdote es escandaloso y pone en peligro los valores morales de la comunidad cristiana convendría llamarle seriamente la atención, ofrecerle un acompañamiento espiritual y valorar en el tiempo su comportamiento; sin descuidar una valoración y acompañamiento psicológico.
En caso de reincidencia donde es notoria la incapacidad de vivir sus promesas sacerdotales, como discípulo de Cristo, sería recomendable que replantee responsablemente su opción vocacional, como en el caso de un sacerdote heterosexual cuando es consciente de sus carencias e incoherencias en su vida de entrega a Dios. Se le debería invitar a optar por un camino de conversión y purificación, de profunda confianza en Dios teniendo como gran valor la castidad.
ZENIT: ¿Ve factible la posibilidad de que algún día llegue a admitirse en la Iglesia Católica la opción del matrimonio para los sacerdotes? A pesar de que se mantenga la opción del celibato, y además de los casos excepcionales ya existentes con los sacerdotes de rito oriental (Iglesia greco-católica de Ucrania, coptos egipcios y maronitas libaneses), viudos, y los sacerdotes que se integran a la Iglesia Católica procedentes de la confesión anglicana o episcopaliana.
P. Jaime Castillo: En este argumento hay que proceder siempre con la prudencia del sentire cum elcesiae. Hoy la Iglesia pide el celibato sacerdotal porque sabe que es un don de Dios, y un bien para la fecundidad pastoral. Soy consciente de que conmigo no nace la Iglesia, sino que soy parte de Ella. Me encuentro dentro de una gran cadena de testigos de la fe. He recibido gracias a la Iglesia el don de la fe y el sacerdocio en esta etapa de la historia bendecida y amada por Dios. En mis 20 años de sacerdocio he logrado valorar la sabiduría de la Iglesia al pedirme vivir la consagración a Dios en una dinámica celibataria. Es un don y una tarea. Todos los días le pido al Señor: “Concédeme la gracia del celibato”. Es una gracia del Señor para renovar cada día el “Sí” que compromete toda mi existencia. La vocación sacerdotal es un llamado que contempla la totalidad, las respuestas parcialidades aniquilan la fuerza renovadora del amor. Y los momentos de mis incoherencias y actitudes anti-vocacionales me han ayudado a comprender que Dios habita en todo lo auténticamente humano. El celibato es un don de Dios para su Iglesia y tenemos que promoverlo y amarlo; nos da una libertad interior que permite servir a todos sin excluir a nadie.
Sobre la posibilidad de que en algún momento la Iglesia opte por el matrimonio de los sacerdotes, recomiendo no dar espacio a pronósticos panfletarios sino dejar espacio al camino del Espíritu en su historia de salvación. Si se dará este paso será una opción que la Iglesia discernirá y será sin duda sugerida por el Espíritu Santo, porque Él actúa en la historia y siempre a favor del ser humano.  Recordemos que la Iglesia como instrumento de salvación para todo el género humano es “auditora” de la voz del Espíritu, Él mismo la llevará a la verdad plena. (Jn 16,13).
ZENIT: En los próximos día se celebrará el Sínodo de los Obispos sobre Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Desde su experiencia, ¿qué retos tienen los pastores del siglo XXI en el acompañamiento a los jóvenes, en concreto, a los seminaristas?
P. Jaime Castillo: Retos para pastores y fieles del único pueblo de Dios:
  • Buscar en nuestros espacios pastorales creatividad para escuchar con parresía y sin tapujos a los jóvenes. El Evangelio ilumina y transforma la realidad cultural de nuestros jóvenes.
  • Acoger el estilo del Sucesor de Pedro, Papa Bergoglio que quiere construir una Iglesia sinodal. Apoyar el proceso de reforma de la Iglesia que consiste fundamentalmente en la conversión al Evangelio.
  • Los discípulos de Jesús del siglo XXI debemos vivir en fraternidad, misericordia y en permanente escucha del Evangelio.
  • Los pastores debemos rechazar todo tipo de clericalismo que favorece una mentalidad anti-evangélica que se declina en todo abuso de poder, de conciencia y abusos sexuales.
  • Descubrir que hay mucho bien, verdad y belleza que acontece en el corazón de las personas.
  • De la santidad del discípulo sacerdote también dependerá la renovación de toda la Iglesia.
  • Aprender de María, Madre de la Iglesia la docilidad al Espíritu y de su divina maternidad la audacia de su ternura.

lunes, 13 de marzo de 2017

Neurobiólogo de Yale es ahora seminarista: el «Washington Post», sorprendido porque hay más casos

Jaime Maldonado-Avilés se encontró con otros científicos entre sus nuevos compañeros de estudios

Neurobiólogo de Yale es ahora seminarista: el «Washington Post», sorprendido porque hay más casos

Neurobiólogo de Yale es ahora seminarista: el «Washington Post», sorprendido porque hay más casos
Jaime Maldonado-Avilés tendrá más de cuarenta años cuando se ordene sacerdote: son muchas las vocaciones maduras de formación científica. Foto: Linda Davidson. The Washington Post.

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12 marzo 2017
Cuando Jaime Maldonado-Avilés, tras seis años dando clase de neurobiología en la Universidad de Yale, se incorporó al seminario diocesano de Washington, se encontró entre sus compañeros a un médico, un químico y dos especialistas en nanotecnología.

Un fenómeno que ha llamado la atención de The Washington Post, que le consagró un reciente artículo. El 95% de los estadounidenses creen en Dios, pero solo el 51% de los científicos, según una encuesta del Pew Research Center. De ahí que al diario le sorprenda la abundancia de científicos preparándose para ser sacerdotes. Según el cardenal arzobispo de la diócesis, Donald Wuerl, esa abundancia es un testimonio: "Al estar aquí están diciendo: '¡Hay algo más!'".


Algunos compañeros de Jaime en el primer seminario donde estuvo, en Hartford. Foto: Shelley Wolf.

En concreto, ese "algo más" lo encontró Maldonado-Avilés estudiando los mecanismos celulares y moleculares de enfermedades neuropsiquiátricas como los trastornos de la alimentación (anorexia y bulimia) y la esquizofrenia, su ámbito de investigación preferente. Nacido en Puerto Rico, donde estudió Biología con un premio extraordinario, se doctoró en Neurociencias por la Universidad de Pittsburgh en 2008 y luego estuvo seis años en Yale, donde dio clases y concluyó su formación, obteniendo el postgrado en 2014.

Al principio creyó que era el único de su laboratorio que creía en Dios, hasta que vio a varios compañeros de Yale acudir a la misma iglesia que él. En cuanto a sus investigaciones propiamente dichas, no le alejaban de Dios, al contrario: "La complejidad e incluso el orden con el que funcionan las cosas en nuestro cuerpo y en nuestro cerebro te hace pensar que hay algo más que aleatoriedad".

El gran paso
Viendo su brillante currículum, la Universidad de Puerto Rico, su alma mater, no dudó en hacerle una buena oferta para incorporarse a su equipo: estabilidad y un buen sueldo (salía con chicas y había pensado en el matrimonio) y cercanía a su familia. Pero fue, paradójicamente, el desencandenante de su gran decisión. "Yo siempre había dado vueltas a la cuestión de si tenía o no vocación al sacerdocio", explicó hace un año al periódico de la archidiócesis de Hartford-Connecticut, su primer seminario, y de hecho hizo en su juventud varias estancias como misionero. Así que aceptar el cargo que le proponían y luego dejarlo para entrar en el seminario "no habría sido leal con ellos".

Cuando le entraban dudas había una pregunta recurrente que le rondaba la cabeza: "Si me veo con 90 años, con la muerte ya próxima, ¿me diré a mí mismo: 'Debería haber entrado en el seminario'?". Así que... entró.



Jaime tiene ahora 37 años, y habrá cumplido los cuarenta cuando sea ordenado. Hay un cierto repunte de vocaciones tardías en la Iglesia estadounidense: el año pasado recibieron el sacerdocio 6 hombres mayores de 50 años y 3 mayores de 60.

"La única razón por la que estoy aquí como seminarista", añadió entonces, "es la misericordia de Dios. Cuando entras en el proceso de discernimiento se iluminan todas tus debilidades, así que solo por la misericordia de Dios está alguien cualificado para servir Le como sacerdote".

La presencia de hombres de ciencia en las aulas de los seminarios es bienvenida, según Ken Watts, director de vocaciones en el seminario Papa Juan XXIII: "Lo único que puedo decir es que ellos se encuentran muy a gusto. No parece que les suponga una lucha enorme atravesar la puerta de entrada junto con sus conocimientos científicos. Y nadie les pide que los abandonen. Cuando los temas morales que tratamos envuelven aspectos médicos o científicos, es muy bueno tener gente que realmente comprende ese mundo, para ayudar a perfilar y aclarar el pensamiento de la Iglesia sobre ellos".

Y Jaime corrobora esto: "La teología tiene que aprender del consejo de los científicos. Sabemos cómo funciona el mundo. Pero también la ciencia tiene que aprender de la teología".

jueves, 28 de enero de 2016

Se celebra en Roma la Semana conclusiva por el Año de la Vida Consagrada 28012016

Se celebra en Roma la Semana conclusiva por el Año de la Vida Consagrada

“Donde hay religiosos hay alegría”, dijo el Papa en el marco de la celebración del Año de la Vida Consagrada - OSS_ROM
28/01/2016 12:24
 
(RV).- La semana conclusiva de la Vida Consagrada se celebra en Roma del 28 de enero al 2 de febrero, un encuentro internacional que reúne a más de seis mil consagrados de los cinco continentes bajo lema: “Vida consagrada en comunión”.
Este jueves a las 18.00 horas se celebra en la Basílica Vaticana la vigilia de oración presidida por mons. José Rodríguez Carballo, arzobispo secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.
El viernes 29 de enero a las 7.45 horas en el Aula Pablo VI del Vaticano, Jornada común para todas las formas de vida consagrada, dedicada a reflexionar sobre los elementos esenciales de la vida consagrada.
El sábado 30 y el domingo 31, cada forma de vida consagrada desarrollará un programa. Las contemplativas se encontrarán en la Universidad Urbaniana, la Orden de las Vírgenes en la Universidad Antonianum, los Institutos Seculares en el Agustinianum, y los Religiosos y Religiosas de vida apostólica en la Universidad Lateranense.
El lunes 1º de febrero, el Papa Francisco recibirá a mediodía, en el Aula Pablo VI de la Ciudad del Vaticano, a los religiosos y religiosas con motivo de la conclusión del Año de la Vida Consagrada. Y a las 18.00 horas de Roma se celebrará el evento musical dirigido por Mons. Marco Frisina, también en el mismo aula.
Finalmente el martes 2 de febrero se peregrinará por el Jubileo de la Misericordia a las basílicas de Santa María la Mayor y San Pablo fuera de Muros. A las 17.30 horas en la Basílica Vaticana se celebrará la Santa Misa presidida por el Papa Francisco, quien en tantas veces ha recordado la frase de “Donde hay religiosos hay alegría”.
Radio Vaticano entrevista a una de las protagonistas de este Año de la Vida Consagrada. María Yolanda de Jesús, Carmelita Descalza de Paraguay quien explica que el carisma de su congregación es “rezar por la Iglesia”.
(MZ-RV)