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lunes, 12 de septiembre de 2016

«Amoris laetitia»: el Papa explica cuál es la interpretación correcta 12092016

«Amoris laetitia»: el Papa explica cuál es la interpretación correcta

12 de sep de 2016
Los obispos de Buenos Aires envían a sus sacerdotes un documento sobre la integración de los divorciados que se han vuelto a casar (con admisión a los sacramentos solo caso por caso). Francisco les escribe una carta para felicitarlos: el texto «es muy bueno» y «explícita cabalmente el sentido del capítulo VIII» de la Exhortación.

El texto «es muy bueno y explícita cabalmente el sentido del capítulo VIII de “Amoris laetitia”. No hay otras interpretaciones». Con una carta enviada a los obispos de la región de Buenos Aires, Papa Francisco pone claro, por primera vez, un juicio sobre la interpretación correcta de la Exhortación post-sinodal sobre la familia. Como se sabe, en el capítulo octavo, el documento se ocupa de la integración de las familias «heridas», irregulares, invitando a un recorrido de discernimiento que, según cada una de las historias personales y sin meterse en la casuística ni en la especificación de más reglas, puede llevar también a la admisión a los sacramentos. El documento papal ha tenido diferentes lecturas. Algunos intérpretes se apresuraron a decir que no cambiaba nada con respecto a la disciplina anterior.
El Papa habló al respecto durante el vuelo de regreso de la isla de Lesbos, en abril de este año. Le preguntaron si había nuevas posibilidades concretas para el acceso a los sacramentos que no existían antes de la publicación de «Amoris laetitia»: «Yo diría que sí, y punto —respondió Bergoglio-, pero sería una respuesta demasiado pequeña. Les recomiendo a todos ustedes que lean la presentación que hizo el cardenal Schönborn, que es un gran teólogo».
El documento de los obispos de la región de Buenos Aires fue enviado al clero a principios de septiembre y está escrito en forma de carta que ofrece a los sacerdotes algunos criterios en relación con el octavo capítulo de la Exhortación y, en particular, sobre el posible acceso a los sacramentos para divorciados que hayan contraído una nueva unión. Antes que nada, se afirma que no conviene «hablar de «permisos» para acceder a los sacramentos, sino de un proceso de discernimiento acompañado por un pastor». Un camino en el que el pastor «debería acentuar el anuncio fundamental, el kerygma, que estimule o renueve el encuentro personal con Jesucristo vivo». Para este «acompañamiento pastoral» se necesita que el sacerdote demuestre «el rostro materno de la Iglesia», exige «la caridad pastoral del sacerdote que acoge al penitente, lo escucha atentamente y le muestra el rostro materno de la Iglesia, a la vez que acepta su recta intención y su buen propósito de colocar la vida entera a la luz del Evangelio y de practicar la caridad». Este camino « no acaba necesariamente en los sacramentos, sino que puede orientarse a otras formas de integrarse más en la vida de la Iglesia: una mayor presencia en la comunidad, la participación en grupos de oración o reflexión, el compromiso en diversos servicios eclesiales, etc.».
El documento de los obispos de Buenos Aires explica: «Cuando las circunstancias concretas de una pareja lo hagan factible, especialmente cuando ambos sean cristianos con un camino de fe, se puede proponer el empeño de vivir en continencia», dejando « abierta la posibilidad de acceder al sacramento de la Reconciliación cuando se falle en ese propósito». Una posibilidad que ya se encontraba en las enseñanzas de Juan Pablo II. En el párrafo siguiente, los obispos explican que, en el caso de «otras circunstancias más complejas, y cuando no se pudo obtener una declaración de nulidad, la opción mencionada (la de la continencia, ndr.) puede no ser de hecho factible. No obstante, igualmente es posible un camino de discernimiento. Si se llega a reconocer que, en un caso concreto, hay limitaciones que atenúan la responsabilidad y la culpabilidad, particularmente cuando una persona considere que caería en una ulterior falta dañando a los hijos de la nueva unión, “Amoris laetitia” abre la posibilidad del acceso a los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía».
«Estos a su vez —continúa el texto— disponen a la persona a seguir madurando y creciendo con la fuerza de la gracia. Pero hay que evitar —explican los obispos— entender esta posibilidad como un acceso irrestricto a los sacramentos, o como si cualquier situación lo justificara. Lo que se propone es un discernimiento que distinga adecuadamente cada caso. Por ejemplo, especial cuidado requiere “una nueva unión que viene de un reciente divorcio” o “la situación de alguien que reiteradamente ha fallado a sus compromisos familiares”. También cuando hay una suerte de apología o de ostentación de la propia situación “como si fuese parte del ideal cristiano”». Hay que orientar a la persona para que se ponga «con su conciencia frente a Dios», especialmente en relación con el comportamiento «con sus hijos o con el cónyuge abandonado. Cuando hubo injusticias no resueltas, el acceso a los sacramentos es particularmente escandaloso».
Para concluir, los obispos observan que «puede ser conveniente que un eventual acceso a los sacramentos se realice de manera reservada, sobre todo cuando se prevean situaciones conflictivas». Pero, al mismo tiempo, «no hay que dejar de acompañar a la comunidad para que crezca en un espíritu de comprensión y de acogida».
El 5 de septiembre llegó la respuesta del Papa, que felicitó a los obispos por su trabajo: « un verdadero ejemplo de acompañamiento a los sacerdotes». Y después, la frase clave: el texto de los obispos de la región de Buenos Aires «El escrito es muy bueno y explícita cabalmente el sentido del capítulo VIII de “Amoris laetitia” No hay otras interpretaciones. Y estoy seguro de que hará mucho bien». Con respecto al «camino de acogida, acompañamiento, discernimiento e integración», Francisco escribió: « Sabemos que esto es fatigoso, se trata de una pastoral “cuerpo a cuerpo” no satisfecha con mediaciones programáticas, organizativas o legales, si bien necesarias».
fuente: Vatican Insider

viernes, 13 de mayo de 2016

Pastoral hacia los divorciados y vueltos a casar (Mons. Felipe Arizmendi Esquivel) 12052016

Pastoral hacia los divorciados y vueltos a casar

Reflexiones del obispo de San Cristóbal de las Casas sobre la exhortación apostólica Amoris Laetitia
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VER
Durante muchos años, a los papás que tenían hijos en amasiato, o que no se habían casado por la Iglesia, se les impedía acercarse a la comunión sacramental, como si ellos fueran los culpables. Con mayor razón, se juzgaba como pecador público a quien, casado por la Iglesia, se separaba y se unía a otra persona. No se le excomulgaba, pero se le condenaba sin miramientos.
Luego sucedió lo contrario: se empezaron a ver estos casos como “normales” y ordinarios, una forma de rehacer la propia vida, la reivindicación de un derecho. Y como aumentaron los casos, muchos ahora prefieren no casarse por la Iglesia, a veces ni por lo civil, para sentirse libres de romper una relación cuando “ya no funciona”, e iniciar otra experiencia. Lo más grave es que se van regando hijos, dejados a su suerte.
El Papa Francisco nos está advirtiendo que no podemos juzgar y condenar a todos por igual, sino que debemos analizar los casos, pues, en algunos, no se podría afirmar que están lejos de Dios. Cuando hay verdadero amor, Dios se hace presente de alguna forma, aunque imperfecta, y no puedan recibir la comunión eucarística. Nos invita a una acción pastoral hacia quienes se encuentran en situaciones complicadas.
PENSAR
En su Exhortación Amoris laetitia, dice: “La mirada de Cristo, cuya luz alumbra a todo hombre, inspira el cuidado pastoral de la Iglesia hacia los fieles que simplemente conviven, quienes han contraído matrimonio sólo civil o los divorciados vueltos a casar. Con el enfoque de la pedagogía divina, la Iglesia mira con amor a quienes participan en su vida de modo imperfecto: pide para ellos la gracia de la conversión; les infunde valor para hacer el bien, para hacerse cargo con amor el uno del otro y para estar al servicio de la comunidad en la que viven y trabajan. Cuando la unión alcanza una estabilidad notable mediante un vínculo público —y está connotada de afecto profundo, de responsabilidad por la prole, de capacidad de superar las pruebas— puede ser vista como una oportunidad para acompañar hacia el sacramento del matrimonio, allí donde sea posible” (78).
Un discernimiento particular es indispensable para acompañar pastoralmente a los separados, los divorciados, los abandonados. Hay que acoger y valorar especialmente el dolor de quienes han sufrido injustamente la separación, el divorcio o el abandono, o bien, se han visto obligados a romper la convivencia por los maltratos del cónyuge. El perdón por la injusticia sufrida no es fácil, pero es un camino que la gracia hace posible. De aquí la necesidad de una pastoral de la reconciliación y de la mediación, a través de centros de escucha especializados que habría que establecer en las diócesis” (242).
Las comunidades cristianas no deben dejar solos a los padres divorciados en nueva unión. Al contrario, deben incluirlos y acompañarlos en su función educativa. Porque, ¿cómo podremos recomendar a estos padres que hagan todo lo posible para educar a sus hijos en la vida cristiana, dándoles el ejemplo de una fe convencida y practicada, si los tuviésemos alejados de la vida en comunidad, como si estuviesen excomulgados? Se debe obrar de tal forma que no se sumen otros pesos además de los que los hijos, en estas situaciones, ya tienen que cargar. Ayudar a sanar las heridas de los padres y ayudarlos espiritualmente, es un bien también para los hijos, quienes necesitan el rostro familiar de la Iglesia que los apoye en esta experiencia traumática. El divorcio es un mal, y es muy preocupante el crecimiento del número de divorcios. Por eso, sin duda, nuestra tarea pastoral más importante con respecto a las familias, es fortalecer el amor y ayudar a sanar las heridas, de manera que podamos prevenir el avance de este drama de nuestra época” (246).
Se trata de integrar a todos, se debe ayudar a cada uno a encontrar su propia manera de participar en la comunidad eclesial, para que se sienta objeto de una misericordia inmerecida, incondicional y gratuita. Nadie puede ser condenado para siempre, porque esa no es la lógica del Evangelio” (297).
ACTUAR
Dejemos nuestras actitudes de rechazo y condena hacia quienes viven en estas situaciones, y aprendamos de Jesucristo el camino de la misericordia y su invitación al ideal evangélico del matrimonio.

sábado, 7 de mayo de 2016

José María Castillo: "Müller no sólo se opone al Papa, sino además al Concilio Vaticano II" 06052016

"El cardenal dice exactamente lo contrario de lo que ha dicho el Papa Francisco"

José María Castillo: "Müller no sólo se opone al Papa, sino además al Concilio Vaticano II"

"Los divorciados vueltos a casar no están excomulgados"

José María Castillo, 06 de mayo de 2016 a las 10:45
 La tan repetida "constante tradición de la Iglesia" no es tal. Ni la tradición, de la que disponemos, justifica excomuniones, ni canónicas, ni sacramentales
El Papa y Müller/>

El Papa y Müller

  • Müller, y el Papa Francisco
  • Muller y el Papa
  • El Papa y Müller
  • Ouellet, Müller, Pell Y Sarah
  • Francisco, con Müller y Cañizares
  • Divorciados
  • Divorciados en la Iglesia
  • El Papa recibió este miércoles a un grupo de divorciados vueltos a casar católicos
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(José María Castillo).- Como es sabido, el cardenal G. L. Müller, Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, ha dicho recientemente, en Madrid y Oviedo, que los divorciados vueltos a casar están excomulgados. Pero, dado que esta excomunión no consta en el vigente Código de Derecho Canónico, el cardenal ha precisado su afirmación distinguiendo entre una "excomunión canónica" (que no sería el caso de los divorciados vueltos a casar) y una "excomunión sacramental", que consistiría en negar la eucaristía a los divorciados "que viven una nueva unión". Con lo que el cardenal ha afirmado exactamente lo contrario de lo que ha dicho el papa Francisco en su Exhortación "Amoris laetitia" (nº 243).
El cardenal Müller, para justificar su enfrentamiento con el papa, ha dicho (según informan los medios de comunicación) que él no es "una copia servil del Pontífice, sino (que está en el cargo que está) para servir con su cabeza".
Como es lógico, al hacer esta afirmación - si es que efectivamente Gerhard L. Müller ha dicho lo que acabo de indicar -, resulta que este cardenal, no sólo se opone al papa, sino además al Concilio Vaticano II, que expresamente afirma que los obispos, "junto con su Cabeza, el Romano Pontífice, y nunca sin esta cabeza", son sujeto de suprema potestad en la Iglesia (LG 22, 3). De lo que se sigue inevitablemente que los católicos nos vemos obligados, desde ahora, a organizar nuestras creencias y nuestras conductas, no sólo por lo que nos enseña la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio, sino además por lo que nos dicta la cabeza del cardenal Múller.
Confieso sinceramente que me cuenta trabajo creerme y aceptar que un cardenal de la Iglesia, que ocupa un cargo de tanta responsabilidad, haya dicho estas cosas. Sobre todo, si tenemos en cuenta que, en todo este asunto, lo que está en juego es la felicidad o la desgracia de miles de familias, que, por causa de situaciones muy difíciles y muchas veces sin culpa de nadie, tienen que soportar daños irreparables que se siguen en la mayoría de estos casos.
Además, a todo lo dicho, es importante añadir que, en el tema de la indisolubilidad del matrimonio, no se puede aducir en seguida "la constante tradición de la Iglesia". Por la sencilla razón de que esa "tradición constante" no ha existido. En cualquier estudio, bien documentado, de teología de los sacramentos, se nos dice que, en los primeros siglos de la Iglesia, los cristianos seguían los mismos condicionamientos y usos, por lo que concierne al casamiento, que el contorno pagano. Y se sabe con seguridad que esta situación duró así, por lo menos, hasta el siglo IV (J. Duss-Von Werdt, Myst. Sal., IV/2, 411).


Sabemos, en efecto, que en Egipto, en el s. III, algunos obispos permitían a las mujeres que se volvieran a casar, viviendo aún su marido anterior. Como también es sabido que Orígenes opinaba, de estos obispos, que "no habían actuado enteramente sin razón... para evitar males mayores" (PG 13, 1245-1246). Y es conocido que, en el s. IV, el Concilio de Arlés (año 314) afirma de los divorciados que se les aconseje que no se casen, pero que no se les prohíba" (can. 10; cf. H. Crouzel, G. Cereti). Es más, en el s. VIII, el Sínodo de Verbería (año 753-756) admite el divorcio y la consiguiente libertad para casarse de nuevo (J. Gaudemet). Y lo que es más importante, el papa Gregorio II(año 726) responde a una consulta, que le hace el obispo san Bonifacio, que un marido cuya esposa ha enfermado y como consecuencia no puede darle el débito conyugal, "que vuelva a casarse, pero no deje de ayudar económicamente a la que enfermó"(PL 89, 525). Incluso se sabe que el propio Carlomagno (venerado como santo en Aquisgrán) repudió a su esposa y se casó en nuevo matrimonio, en los años 770 y 771 (J. Gaudemet).
Y todavía, dos indicaciones importantes. Ante todo, la teología de los siete sacramentos, incluido el matrimonio, no se elaboró hasta mediado el s. XII. Y en segundo lugar, cuando se habla de estos temas, se debería tener presente que los cánones de la Sesión VII del Concilio de Trento, en los que se afirma la enseñanza oficial de la Iglesia sobre los siete sacramentos (DH 1600-1630), no son definiciones dogmáticas y, por tanto, no proponen una "doctrina de fe". Porque, a la pregunta de si lo que se condenaba eran "herejías" o "errores", los Padres conciliares no llegaron a ponerse de acuerdo. De ahí que, en el Proemio, se dice que esos cánones se proponen "para eliminar los errores y extirpar las herejías" (DH 1600).
Por lo tanto, los cánones de Trento no dan de sí para concluir con pronunciamientos indiscutibles. Y menos aún, infalibles. En cualquier caso, la tan repetida "constante tradición de la Iglesia" no es tal. Ni la tradición, de la que disponemos, justifica excomuniones, ni canónicas, ni sacramentales. A no se que pretendamos hacer de la Iglesia una oficina de desprecios y humillaciones, que no llevarán a la gente a unirse más a esta Iglesia, sino a alejarse más de ella.

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Cardenal Müller habla sobre comunión y matrimonio en España 06052016

Cardenal Müller habla sobre comunión y matrimonio en España

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Cardenal Gerhard Müller / Foto: Lauren Cater (ACI Prensa)
Cardenal Gerhard Müller / Foto: Lauren Cater (ACI Prensa)








MADRID, 06 May. 16 / 05:45 pm (ACI).- El Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Cardenal Gerhard Müller, dirigió un discurso en el Seminario Conciliar de Oviedo (España) sobre el matrimonio y la comunión, titulado “¿Qué podemos esperar de la familia? Una cultura de esperanza para la familia a partir de la exhortación post-sinodal Amoris Laetitia”.
La autoridad vaticana pronunció este discurso el 4 de mayo durante la presentación de su libro “Informe sobre la esperanza”, que tuvo lugar en el salón de actos del Seminario Metropolitano y a donde llegaron autoridades eclesiales, entre ellos el Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes.
En su discurso, el Cardenal Müller hizo un paralelo sobre la problemática de la familia actual –afectada por la postmodernidad- con la historia de Noé, “un relato de familia” a través de la cual Dios genera esperanza y donde “la misma arca no tiene forma de nave, sino de casa, símbolo de la familia”.
El mar del diluvio “nos habla de las relaciones líquidas de la postmodernidad, privadas de forma y siempre inestables, recomenzando una y otra vez en múltiples uniones inconexas”, señaló.
El Cardenal, que advirtió sobre este “diluvio ideológico”, pidió redescubrir “el proyecto originario de Dios sobre la familia”. El arca de Noé viene a ser la Iglesia y “la familia necesita vivir dentro de la Iglesia, donde se le recuerde la gran vocación que ha recibido” de parte de Dios, afirmó.
Los leños bien trabados e impermeables del arca “representan la cultura de la familia”, que se custodia “en el amor indisoluble de un hombre y una mujer abiertos a la transmisión y a la educación de la vida (…). Vemos aquí la gran misión y el reto de la Iglesia para la familia”, afirmó.
En ese sentido, señaló que en Amoris Laetitia el Papa Francisco “propone edificar una cultura de la familia sólida”, como el arca que surcaba los mares. “La Iglesia puede navegar porque su casco y su arboladura tienen la forma de este amor de Jesús, comunicado en los sacramentos”. “De este modo –dijo- Ella es capaz de crear en el mundo un ambiente nuevo, una cultura nueva, prácticas nuevas para acompañar a las familias”.
La relación entre esposos “conocerá caídas y necesitará del perdón” -porque es imperfecta y está en camino-, pero el sacramento del matrimonio les proporcionará la “presencia plena entre ellos del amor de Jesús, el vínculo de un amor tan indisoluble, hasta la muerte, como el de Cristo y su Iglesia”.
Por ello, señaló, Francisco ha propuesto en su documento que la pastoral matrimonial sea “una pastoral del vínculo”, pues este, al preparar “al ‘sí para siempre’”, supera el individualismo y crea una cultura de la familia.
Además a través del sacramento del matrimonio la Iglesia garantiza a los esposos que en cualquier caso y situación velará por este vínculo y lo protegerá “para que permanezca vivo”.
Sin embargo, preguntó el Cardenal Müller, “¿cómo dar esperanza a aquellos que viven alejados, y especialmente a los que han vivido el drama y la herida de una segunda unión civil después de un divorcio?”.
“Son los que, se podría decir, naufragaron en el diluvio de la postmodernidad líquida y han olvidado aquella promesa esponsal por la que sellaron en Cristo un amor para siempre. ¿Pueden regresar al arca de Noé, construida sobre el amor de Cristo, y escapar a las aguas? En tres palabras el Papa nos indica la vía para esta tarea de la Iglesia: acompañar, discernir, integrar”, señaló.
El Purpurado recordó que estos bautizados “no están excluidos de la Iglesia (…), aunque su vida no se corresponda con las palabras de Jesús”, pues la Iglesia “alberga en su seno justos y pecadores”, hombres y mujeres “que caen y se levantan”.
Sin embargo, dijo que así como todos entraron a través del Bautismo, todos están también llamados a abandonar el pecado. La Iglesia, señaló, tiene la misión de mantener ante el mundo no solo el testimonio de cómo vivió Jesús, sino de cómo están llamados a vivir “los miembros del cuerpo de Jesús”.
En ese sentido, señaló que “el primer elemento clave para este camino de acompañamiento resulta ser, por tanto, la armonía entre la celebración sacramental y la vida cristiana”, disciplina Eucarística que la Iglesia ha mantenido desde sus orígenes y que le permite acoger “al pecador sin por ello bendecir el pecado”.
Así, rechazó que se quiera decir que en Amoris Laetitia se elimina esta disciplina, para permitir que en ciertos casos “los divorciados que viven en nueva unión pudieran recibir la Eucaristía sin necesidad de transformar su modo de vida”, sea “abandonando la nueva unión o viviendo como hermanos en ella”.
“Si Amoris Laetitia hubiera querido cancelar una disciplina tan arraigada y de tanto peso, se habría expresado con claridad, ofreciendo razones para ello. No hay, sin embargo, ninguna afirmación en este sentido; ni el Papa pone en duda en ningún momento los argumentos presentados por sus predecesores”, afirmó.
“¿Pero no se encuentra este cambio – objetan todavía algunos – en una nota a pie de página, donde se dice que, en algunas ocasiones, la Iglesia podría ofrecer la ayuda de los sacramentos a quienes viven en situación objetiva de pecado (n. 351)? Sin entrar en un análisis detallado, basta decir que esta nota se refiere a situaciones objetivas de pecado en general, sin afectar al caso específico de los divorciados en nueva unión civil”, señaló.
“La situación de estos últimos, en efecto, tiene rasgos peculiares, que la distinguen de otras situaciones. Y es que estos divorciados viven en contraposición con el sacramento del Matrimonio y, por tanto, con la economía de los sacramentos, con centro en la Eucaristía”, advirtió.
En ese sentido, la autoridad vaticana señaló que “nadie puede querer de verdad un sacramento, el de la Eucaristía, sin querer también vivir de acuerdo con los demás sacramentos, entre ellos el del matrimonio. Quien vive en modo contrario al vínculo matrimonial se opone al signo visible del sacramento del matrimonio”.
Por ello, destacó a aquellos “divorciados en nueva unión civil que se abstienen de acercarse a la Eucaristía” y que para acceder a ella buscan primero regenerar su vida.
“El deseo de comulgar puede conducir, con la ayuda del pastor (y aquí se abre la vía del discernimiento) a una regeneración del deseo, para que deseemos vivir según las palabras del Señor”, señaló.
El Cardenal indicó que Amoris Laetitia indica los criterios clave para llevar a cabo el discernimiento. “El primero consiste en la meta que se busca al discernir” y que aquella que “la Iglesia anuncia para todos (…) y que no debe callarse por respetos humanos ni por miedo a chocar con la mentalidad del mundo, como recuerda el Papa”.
“Consiste en volver a la fidelidad al vínculo matrimonial (…). Todo el proceso se dirige, paso a paso, con paciencia y misericordia, a reconocer y sanar la herida que aqueja a estos hermanos, que no es el fracaso del anterior matrimonio, sino la nueva unión establecida”, afirmó.
Por tanto el discernimiento es necesario para elegir camino. El Cardenal Müller indicó que el segundo criterio es “la lógica de los pequeños pasos de crecimiento, de que también habla el Papa”.
“La clave es que estos divorciados renuncien a instalarse en su situación, que no hagan las paces con la nueva unión en que viven, que estén dispuestos a iluminarla a la luz de las palabras de Jesús. Todo lo que mueva a abandonar este modo de vivir, es un pequeño paso de crecimiento que hay que promover y animar”.
“Quien desea comer a Jesús en la Eucaristía, deseará también, usando la imagen bíblica, comer sus palabras, asimilarlas en su vida”. “No es Jesús quien se adapta a nuestro deseo, sino nuestro deseo el que está llamado a conformarse a Jesús, para encontrar en él su realización plena”.
Finalmente, explicó que “integrar”, como pide Francisco en Amoris Laetitia, exige desarrollar un itinerario “realizado en cada diócesis bajo la guía del obispo y siguiendo la enseñanza de la Iglesia”, y, de ser posible “contando con un equipo de pastores cualificados y expertos”.
Dijo que “es esencial que en el camino se anuncie la palabra de Dios, especialmente en lo que toca al matrimonio. Así estos bautizados irán haciendo luz sobre esa segunda unión que comenzaron y en la que viven. Se propiciaría aquí también la posibilidad de revisar una eventual nulidad del matrimonio sacramental, según las nuevas normas emanadas por el Papa”.
“El criterio es, como he indicado antes, el camino de crecimiento concreto de la persona hacia la sanación”, indicó.
El Cardenal dijo que el Papa invita a emprender una ruta donde “la comunión eucarística estará en el horizonte final, y llegará en el momento en que Dios quiera, pues Él actúa en la vida de estos bautizados, ayudándoles a regenerar sus deseos conforme al Evangelio”. “Empecemos paso a paso, ayudándoles a participar en la vida de la Iglesia, hasta que ‘alcancen la plenitud del plan de Dios para ellos’”, alentó.
 

sábado, 20 de febrero de 2016

Papa Francisco se pronuncia con claridad sobre comunión para divorciados en nueva unión 20022016

Papa Francisco se pronuncia con claridad sobre comunión para divorciados en nueva unión

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Francisco / Alan Holdren (ACI Prensa)
Francisco / Alan Holdren (ACI Prensa)








VATICANO, 18 Feb. 16 / 12:03 pm (ACI).- Al ser preguntado sobre la participación de los divorciados vueltos a casar en la vida de la Iglesia, el Papa Francisco recordó que integrarse "no significa conceder la comunión" porque recibir la Eucaristía no es un "un título honorífico".
El Papa se refirió al conmovedor testimonio de una pareja de divorciados en nueva unión que escuchó en Morelia. "Estos dos eran felices y usaron una expresión muy linda: nosotros no hacemos la comunión eucarística, pero sí estamos en comunión cuando visitamos a hospitales y en esto, y en esto.  Su integración es esa. Si hay algo más, ya lo dirá el Señor. Es un camino", indicó.
Este es texto completo de la pregunta que le hicieron y la respuesta que dio el Pontífice:
Pregunta: Santo Padre Ud. ha hablado mucho sobre la familia y el Año Santo de la Misericordia durante este viaje, pero algunos se preguntan, ¿cómo es posible que una Iglesia misericordiosa con más facilidad perdona a un asesino que un divorciado vuelto a casar?
Papa Francisco: Ah, ¡me gusta esta pregunta! Sobre familia, han hablado dos sínodos. El Papa habló todo el año durante las catequesis de los miércoles, y la pregunta es verdadera, me gusta la pregunta porque usted la ha hecho ‘plásticamente’ bien.
En el documento post-sinodal que saldrá antes de Pascua, se retoma todo lo que el Sínodo abordó en uno de los capítulos  habló sobre los conflictos o sobre las familias heridas y la pastoral de las familias heridas. Es una de las preocupaciones, como otra es la preparación almatrimonio. Imagínese: para ser cura, es necesario estudiar por 8 años y luego, si no lo logras, pides una dispensa y te vas.
Pero, para un sacramento que dura toda la vida, tres, cuatro clases…  La preparación al matrimonio es muy importante, muy muy importante, porque creo que es algo que en la Iglesia, al menos en la pastoral común, al menos en mi país en Sudamérica no ha contado tanto.
Por ejemplo, ahora no mucho, pero hace algunos años había en mi país la costumbre de los casamientos ‘de apuro’, casamientos hechos con prisa porque viene un niño, para taparlo socialmente y salvar el honor de la familia y ahí no eran libres. Y muchas veces estos matrimonios son nulos, y yo, como obispo, he prohibido hacer esto a los sacerdotes cuando existía esto… que nazca el niño, que permanezcan como novios y cuando sientan hacerlo para toda la vida que vayan adelante, pero existe una falta del matrimonio.
Otro capítulo muy interesante es la educación de los hijos. Las víctimas de los problemas familiares son los hijos, pero también los problemas de la familia que el marido y la mujer quieren, por ejemplo, las necesidades de un trabajo, cuando el padre no tiene tiempo para hablar con sus hijos, cuando la madre no tiene tiempo libre para hablar con sus hijos cuando yo confieso a una pareja que tiene hijos, un matrimonio les digo: ‘¿cuántos hijos tienen?’.
Algunos se asustan porque dicen: ‘el sacerdote me preguntará  por qué no tengo más…’ y yo digo ‘le haré una segunda pregunta: ‘¿Usted juega con sus hijos?’ Y la mayoría, casi todos, dicen que ¨Padre no tengo tiempo, trabajo todo el día¨, y los hijos son víctimas, es un problema social que hiere a las familias. Me gusta su pregunta.
Una tercera cosa interesante es que en el encuentro con las familias en Tuxtla Gutiérrez había en una pareja de casados en segunda unión integrados en la pastoral de la Iglesia y la palabra clave que usó el Sínodo y que yo retomaría es integrar en la vida de la Iglesia a las familias heridas, las familias vueltas a casar, pero no olvidar a los hijos en medio. Ellos son las primeras víctimas, sea para las heridas, sea para las condiciones de pobreza, de trabajo…
Re-pregunta: ¿Esto quiere decir que pueden recibir la comunión?
Papa Francisco: Esto es algo último, integrar en la iglesia no significa conceder la comunión porque yo conozco a católicos casados en segundas nupcias que van a la iglesia tres o cuatro veces al año, y ‘yo quiero hacer la comunión’, como si fuera un título honorífico. Un trabajo de integración... Todas las puertas están abiertas, pero no se puede decir que estas personas puedan comulgar.
Esto sería una herida, también para los matrimonios, porque esto no los haría proceder por ese camino de integración. Y estos dos eran felices y usaron una expresión muy linda: nosotros no hacemos la comunión eucarística, pero sí estamos en comunión cuando visitamos a hospitales y en esto, y en esto.  Su integración es esa. Si hay algo más, ya lo dirá el Señor. Es un camino.