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jueves, 6 de diciembre de 2018

Santa Teresita en la Gran Guerra: aún no era santa, pero miles de soldados vivieron su intercesión 03122018

Las cartas de gratitud al Carmelo de Lisieux reflejan milagros y conversiones

Santa Teresita en la Gran Guerra: aún no era santa, pero miles de soldados vivieron su intercesión

Un grupo de soldados rezando ante la tumba de Santa Teresita del Niño Jesús en 1915.
Un grupo de soldados rezando ante la tumba de Santa Teresita del Niño Jesús en 1915.
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Santa Teresita del Niño Jesús murió en el Carmelo de Lisieux en 1897, a los 24 años de edad. Cuando en 1914 estalló la Primera Guerra Mundial, la devoción a la joven carmelita estaba tan extendida que para miles de soldados, en su inmensa mayoría franceses -pero no solo franceses-, su imagen fue la escogida como protectora. Un reciente artículo en Famille Chrétienne muestra algunos casos significativos:
Santa Teresita de Lisieux fue beatificada en 1923 y canonizada en 1925.
“¿Cómo explicar la atracción tan extraordinaria que ejerce una carmelita sobre nuestros soldados? ¿Acaso no está la una en las antípodas de los otros?” Estas palabras, fechadas en octubre de 1916, son de un oficial. “A lo largo de la Gran Guerra, el Carmelo de Lisieux recibió miles de cartas acompañadas de balas, metralla, trozos de obús y medallas transformadas en exvotos”, puede leerse en Nous, les Poilus. Plus forte que l’acier. Lettres des trancheés à Thérèse de Lisieux [Nosotros, los 'Peludos'. Más fuerte que el acero. Cartas desde las trincheras a Teresa de Lisieux] (Cerf), que publicó una selección en 2014. Numerosos soldados, tanto como sus familiares, tuvieron el impulso de rezar a la joven.
Estas cartas, celosamente conservadas por las religiosas, son denominadas “rosas”. Dan cuenta de una protección, de una curación, de un regreso a la fe, a veces incluso de una aparición. Muchos combatientes llevan consigo “imágenes” o “bolsitas” de recuerdos confeccionadas por el Carmelo de Lisieux y enviadas al frente por millares.
“Es un error creer que la fama de Santa Teresita no es anterior a 1914-1918”, precisa la historiadora Antoinette Guise-Castelnuovo: “En realidad, en vísperas de la guerra, la devoción ya estaba bien extendida. ¡Es incluso la santa predilecta de un soldado austriaco! Su proyección es internacional: en 1913, su mensaje ya se había difundido en cuarenta idiomas”.
Salvado de una muerte cierta: Conde de Bérenger, 7 de septiembre de 1914, batalla del Marne
“Mi compañero de la derecha acababa de morir por un certero balazo en la cabeza, el de la izquierda tenía la pierna rota por la explosión de un obús y otro un hombro. Los minutos, en tales circunstancias, parecen horas y se piensa deprisa.
»No dudando de que me llegaría el turno, hice mentalmente mi acto de contrición, y fue entonces cuando me acordé de la Hermana Teresa, de quien mi madre me había dado una reliquia que llevaba conmigo. Empecé a invocarla diciendo: ‘Hermanita Teresa, no te conozco, pero mamá te reza y te quiere mucho, si me sacas de aquí peregrinaré a Lisieux y haré todo lo posible para difundir tu nombre entre mi círculo de amigos y de parientes’. Luego me puse a disparar, esperando el tiro que tenía que llegarme… y que no llegó. (…) Debo ciertamente la vida a la protección de la Hermanita, a quien seguí invocando luego en todos los momentos difíciles.
»No hace falta añadir que, en cuanto tuve un permiso tras caer enfermo, acudí a Lisieux a dar las gracias a la Hermanita y pedirle su ayuda para lo que viniese después”.
Converso por una aparición: Auguste Cousinard, noviembre de 1914, infantería
“Me había alejado de la Iglesia desde mi Primera Comunión. Sin embargo, acepté llevar una reliquia y una imagen de la Hermanita, y cada que vez que en combate me encontraba en peligro, instintivamente la llamaba en mi ayuda, y quiero señalar que siempre me protegió, a mí y a mis camaradas, porque jamás vi a ninguno de ellos muerto o herido cerca de mí.
»A mediados de septiembre estábamos tumbados en las trincheras del Gotha, cerca de Reims. Pensaba con gran tristeza en mi pequeña familia y le dije a Sor Teresa: ‘Hermana mía Teresa, te suplico que me lleves con mi mujer y mis hijos y te prometo acudir a tu tumbatan pronto como regrese a mi país’. Acababa de hacer esta oración, cuando vi abrirse una nube y el rostro de la santa destacar sobre el cielo azul. Creí ser víctima de una alucinación. Me froté los ojos varias veces, volviendo a mirar la visión, pero no pude dudar en modo alguno de que su rostro era cada vez más nítido y resplandeciente. Desde ese momento no volví a sentirme solo”.
Su imagen, un escudo para el corazón: soldado Bihan-Ponvec, 30 de julio de 1917, Goulven
“Reverenda madre, es para mí un deber de agradecimiento compartir con usted la forma milagrosa en la que fui salvado de un obús enemigo. Cerca de Moronvilliers (Marne), el pasado 20 de abril, el bombardeo era intenso. El mismo obús mató a seis camaradas míos e hirió a ocho, yo estaba entre los heridos. (…) ¡Solo al llegar al hospital de Bar-le-Duc comprendí hasta qué punto había estado en peligro y había sido preservado de él! Llevaba sobre el corazón, en el bolsillo interior de la guerrera, dos imágenes: una del Sagrado Corazón, otra de Sor Teresa. ¡Y también encontré metralla del obús! Mi capote, mi uniforme y mi libreta estaban agujereadas, solamente mi camisa y la ligera tela del bolsillo estaban intactas. Un milímetro más, y la metralla me habría matado.
»Como prueba de lo que estoy diciendo, le incluyo la querida imagen destrozada, rogándole que se celebre una misa de acción de gracias”.
“Todos gritaron '¡Milagro!'”: Joseph Bolle-Richard, desmovilizado en 1919, agricultor
“El 30 de julio de 1918 estaba dirigiendo el aprovisionamiento de munición de cuatro carros de artillería. Los conductores estaban ocupados en ese trabajo cuando, de pronto, los caballos, espantados por los bombardeos, salieron al galope en estampida… Conseguí dominarlos en medio minuto, tiempo suficiente para salvar a mis hombres.
»Pero tuve que soltarlos y caí pisoteado por los caballos. El convoy entero pasó sobre mí, esto es, cuatro carromatos con un peso de 1500 kg tirado cada uno de ellos por seis caballos. Me quedaron en el cuerpo cinco marcas de rueda y me arrancaron el uniforme a pedazos, fui arrastrado veinte metros. Pues bien, mi querida reverenda madre, a pesar de eso, ¡me levanté sin otra herida que un ligero rasguño en la cara! Un centenar de hombres que corrieron al lugar del accidente gritaron ‘¡Milagro!’ Como única respuesta, les mostré la reliquia de Sor Teresa y todos lo celebraron.
»A decir verdad, siempre tuve confianza en esta santa, y fue su protección la que me salvó”.
Traducción de Carmelo López-Arias.

viernes, 16 de noviembre de 2018

12 impresionantes imágenes de soldados escuchando misa en pleno frente durante la I Guerra Mundial 15112018

12 impresionantes imágenes de soldados escuchando misa en pleno frente durante la I Guerra Mundial

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Los soldados escuchaban misa en las trincheras del frente, y junto a los cañones, como en esta imagen.
Los soldados escuchaban misa en las trincheras del frente, y junto a los cañones, como en esta imagen.
El pasado 11 de noviembre se cumplió el centenario de la firma del armisticio que puso fin a la I Guerra Mundial, que dejó millones de muertos y heridos, y dejó asolado buena parte del continente europeo.
La contienda comenzó el 3 de agosto de 1914 con la declaración de guerra de Alemania a Francia. A partir de aquel momento comenzó una matanza que duró cuatro largos años y que diezmaría la población del continente, eliminó casi una generación de jóvenes, entre ellos muchos católicos.
Muchos de los soldados a los que le tocó luchar eran personas de fe que debían enfrentarse a hermanos suyos de otros países. Antes de las batallas, en los hospitales de campaña, en pleno frente e incluso en las trincheras se encomendaban a Dios y celebraban allí mismo la Eucaristía.
La página New Liturgical Movement recoge algunas instantáneas publicadas en la prensa durante la I Guerra Mundial de soldados celebrando a misa, tanto en un bando como en el otro. Estas son algunas de ellas:
1. Misa en el frente en Francia durante la Primera Guerra Mundial
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2. Masa en el frente para las tropas francesas. (New York Times, febrero de 1915)
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3. Misa en la batería número 43 del regimiento de artillería número 29 entre Oostduinkerke y Nieuport (1915)
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4. Misa para las tropas francesas en el frente de Champagne en 1915
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5. El subteniente Pape celebra la Santa Misa para el 262º regimiento de infantería (1915)
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6. Las tropas alemanas asisten a la misa en la catedral belga de Amberes. (New York Times, 21 de marzo de 1915)
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7. Soldados austriacos reciben la bendición del Santísimo Sacramento en 1915 en los cárpatos. (New York Times, 23 de mayo de 1915)
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8. Misa para las tropas italianas en el frente italo-austríaco en las montañas del Tirol. (New York Times, 27 de febrero de 1916)
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9. Soldados franceses asisten a la misa antes de ir a la batalla. Fuente: Vive la France, William Heinemann, Londres, 1916.
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10. Misa en el frente
11. Soldados franceses escuchan misa en una capilla en las trincheras. (New York Times, 25 de febrero de 1917)
12. Capellán predicando en una iglesia francesa convertida en hospital

domingo, 11 de noviembre de 2018

El mundo en tus manos (Centenario del final de la Primera Guerra mundial)

El mundo en tus manos

el mundo en tus manos

Centenario del final de la Primera Guerra mundial

El 11 de noviembre de 2018 se cumple el centenario del final de la Primera Guerra Mundial, que se desarrolló entre 1914 y 1918. Empezó cuando un joven terrorista ejecutó a los futuros emperadores austrohúngaros Francisco Fernando y Sofía Chotek. El Imperio Austrohúngaro atacó a Serbia por el atentado y la política de alianzas entre las potencias terminó desencadenando una guerra a nivel continental que se extendió rápidamente por el mundo.
A consecuencia del conflicto murieron cerca de 20 millones de personas, entre combatientes y civiles. Esta gran tragedia asoló con especial crueldad al continente europeo.
La celebración de este tipo de aniversarios debe servir para enseñar a las naciones y a los pueblos en general a no caer en conflictos bélicos y valorar enormemente la paz y la libertad. La solución a los problemas internacionales nunca es la guerra.
La paz no es solo cuestión de los gobiernos, sino que también depende de cada uno de nosotros.
Si la nota dijera: “Una sola nota no hace música...” no habría sinfonía.
Si la gota dijera: “Una sola gota no puede formar el mar...” no habría océano.
Si la piedra dijera: “Una sola piedra no puede formar una pared...” no habría casa
Si la palabra dijera: Una sola palabra no puede hacer una página...” no habría libros.
Si el ser humano dijera: “Un solo gesto de amor no puede salvar a la humanidad...” no habría justicia ni paz, ni dignidad, ni felicidad en el mundo.
Como la sinfonía necesita cada nota, como el libro necesita cada palabra, como la casa necesita cada piedra, como el océano necesita cada gota de agua... la humanidad te necesita, pues donde estés eres único e insustituible y formas parte del plan de Dios.

PALABRAS DEL PAPA FRANCISCO

Es interesante recordar las palabras que pronunció el Papa Francisco con motivo del centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial. Al término del rezo del Ángelus del 27 de julio de 2014, quiso evocar el centenario, que se cumplía al día siguiente, del estallido de la Primera Guerra Mundial. “Millones de víctimas e inmensas destrucciones – recordó – en un conflicto, que el papa Benedicto XV definió como una ‘masacre inútil’, y que terminó, después de cuatro largos años, en una paz que resultó muy frágil”. “Mañana es un día de luto”, añadió el Papa.
“¡Deteneos por favor, os lo pido de corazón, es la hora de deteneros, deteneos por favor!”. El Papa Francisco se emocionó al lanzar desde su balcón del Vaticano un nuevo llamamiento por la paz a Ucrania, Oriente Medio e Irak. “¡Todo se pierde con la guerra, nada se pierde con la paz!”.
“Hermanos y hermanas, nunca la guerra, nunca la guerra, pienso sobre todo en los niños, a los cuales se les quita la esperanza de una vida digna, de un futuro, niños muertos, niños heridos, niños mutilados, niños huérfanos, niños que tienen como juguetes residuos bélicos, niños que no saben sonreír”.
“Mientras recordamos este trágico evento, auguro que no se repitan los errores del pasado, sino que se tengan presentes las lecciones de la historia, haciendo siempre prevalecer las razones de la paz mediante un dialogo paciente y valiente”.
Autor del texto: Javier López
Web Católico de Javier
http://webcatolicodejavier.org

lunes, 25 de diciembre de 2017

1914, cuando los soldados 'enemigos' confraternizaron por Navidad (24 de diciembre)

1914, cuando los soldados 'enemigos' confraternizaron por Navidad

Durante la Primera Guerra Mundial. Salieron de sus trincheras recordando que eran cristianos. Los mandos militares se alarmaron y tomaron medidas para evitar que el hecho se repitiera

Roma,  (Zenit.org) H. Sergio Mora | 924 hits

En la vigilia de Navidad de 1914, sin que nada hubiera sido concordado, los soldados del frente occidental, de las dos diversas alianzas cesan el fuego. Se encienden velas, se cantan himnos navideños. Los alemanes iniciaron con el Stille Nacht y los británicos respondieron con villancicos en inglés. 
Comienzan a hacerse los saludos de Navidad de una trinchera a otra. Hasta que alguien sale al descubierto para encontrar al enemigo y apretarle la mano. Se intercambian pequeños regalos como whisky, cigarrillos, etc.
Un hecho histórico extraordinario, conocido como 'La tregua de Navidad' que nació entre los soldados 'enemigos' movidos por el sentimiento cristiano de humanidad y hermandad. Las fotos llegaron a los diarios de la época. El Daily Mirror escribe sobre la imagen: 'Un grupo histórico, soldados británicos y alemanes fotografiados juntos'.
Por un lado se encontraba la Triple Alianza, integrada por las Potencias Centrales: el Imperio alemán y Austria-Hungría. Por otro lado se encontraba la Triple Entente, formada por el Reino Unido, Francia y el Imperio ruso. Ambas alianzas sufrieron cambios durante la guerra que se prolongó hasta 1918. El Imperio otomano y Bulgaria se unieron a la Triple Alianza. Italia, Japón y Estados Unidos se unieron a la Triple Entente.
Más de 70 millones de militares, incluyendo 60 millones de europeos, se movilizaron y combatieron en un conflicto que dejó 9 millones de muertos.
“Mientras observaba el campo que aún dormía --narra una de las cartas de los soldados-- mis ojos vieron un resplandor en la oscuridad. A aquella hora de la noche una luz en la trinchera enemiga era algo raro y pasé la voz. No había aún concluido que en la trinchera alemana se encendía una luz después de otra. Enseguida, cerca de nuestras posiciones, tan cerca que me hizo apretar fuerte el fusil, sentí una voz. No era posible confundir ese acento, con su timbre ronco. Abrí los oídos, y me quedé escuchando, y eh aquí que llegó a lo largo de nuestra línea un saludo nunca antes escuchado en esta guerra: 'Soldado inglés ¡Feliz Navidad, feliz Navidad!'”
En la 'tierra de nadie' se realizó un entierro de los caídos las horas anteriores. Británicos y alemanes se reunieron recitaron juntos el salmo 23. El Señor es mi pastor, nada me falta. Sobre pastos verdes me hace reposar, por aguas tranquilas me conduce...
Estos hechos fueron asumidos con perplejidad por los mandos militares, al punto que en los años siguientes se tomaron medidas para evitar episodios de este tipo. Y no faltó quien calificó el hermoso hecho como una “despreciable fiesta pacifista”.
Roberto Morozzo della Rocca, docente de historia contemporánea en la Universidad de Roma III, indicó en una entrevista a Radio Vaticano que “las treguas fueron siempre prohibidas por los mandos militares, porque permitían a los soldados reconocerse como seres humanos, hijos de Dios. Y porque desenmascaraban la propaganda de guerra que describía al enemigo como una bestia”.
A cien años de distancia de esa 'inútil masacre', como la definió el papa de la época, Benedicto XV, es posible releer las cartas enviadas desde el frente que cuentan este gesto e interrogarse si es realmente imposible construir un mundo pacífico y solidario. 'La tregua di Natale. Lettere dal fronte', es el libro publicado en italiano por Edizioni Lindau, una compliación a cargo del abogado A. Del Bono.  

jueves, 22 de diciembre de 2016

1914, cuando los soldados 'enemigos' confraternizaron por Navidad

1914, cuando los soldados 'enemigos' confraternizaron por Navidad

Durante la Primera Guerra Mundial. Salieron de sus trincheras recordando que eran cristianos. Los mandos militares se alarmaron y tomaron medidas para evitar que el hecho se repitiera

Roma,  (Zenit.org) H. Sergio Mora | 924 hits

En la vigilia de Navidad de 1914, sin que nada hubiera sido concordado, los soldados del frente occidental, de las dos diversas alianzas cesan el fuego. Se encienden velas, se cantan himnos navideños. Los alemanes iniciaron con el Stille Nacht y los británicos respondieron con villancicos en inglés. 
Comienzan a hacerse los saludos de Navidad de una trinchera a otra. Hasta que alguien sale al descubierto para encontrar al enemigo y apretarle la mano. Se intercambian pequeños regalos como whisky, cigarrillos, etc.
Un hecho histórico extraordinario, conocido como 'La tregua de Navidad' que nació entre los soldados 'enemigos' movidos por el sentimiento cristiano de humanidad y hermandad. Las fotos llegaron a los diarios de la época. El Daily Mirror escribe sobre la imagen: 'Un grupo histórico, soldados británicos y alemanes fotografiados juntos'.
Por un lado se encontraba la Triple Alianza, integrada por las Potencias Centrales: el Imperio alemán y Austria-Hungría. Por otro lado se encontraba la Triple Entente, formada por el Reino Unido, Francia y el Imperio ruso. Ambas alianzas sufrieron cambios durante la guerra que se prolongó hasta 1918. El Imperio otomano y Bulgaria se unieron a la Triple Alianza. Italia, Japón y Estados Unidos se unieron a la Triple Entente.
Más de 70 millones de militares, incluyendo 60 millones de europeos, se movilizaron y combatieron en un conflicto que dejó 9 millones de muertos.
“Mientras observaba el campo que aún dormía --narra una de las cartas de los soldados-- mis ojos vieron un resplandor en la oscuridad. A aquella hora de la noche una luz en la trinchera enemiga era algo raro y pasé la voz. No había aún concluido que en la trinchera alemana se encendía una luz después de otra. Enseguida, cerca de nuestras posiciones, tan cerca que me hizo apretar fuerte el fusil, sentí una voz. No era posible confundir ese acento, con su timbre ronco. Abrí los oídos, y me quedé escuchando, y eh aquí que llegó a lo largo de nuestra línea un saludo nunca antes escuchado en esta guerra: 'Soldado inglés ¡Feliz Navidad, feliz Navidad!'”
En la 'tierra de nadie' se realizó un entierro de los caídos las horas anteriores. Británicos y alemanes se reunieron recitaron juntos el salmo 23. El Señor es mi pastor, nada me falta. Sobre pastos verdes me hace reposar, por aguas tranquilas me conduce...
Estos hechos fueron asumidos con perplejidad por los mandos militares, al punto que en los años siguientes se tomaron medidas para evitar episodios de este tipo. Y no faltó quien calificó el hermoso hecho como una “despreciable fiesta pacifista”.
Roberto Morozzo della Rocca, docente de historia contemporánea en la Universidad de Roma III, indicó en una entrevista a Radio Vaticano que “las treguas fueron siempre prohibidas por los mandos militares, porque permitían a los soldados reconocerse como seres humanos, hijos de Dios. Y porque desenmascaraban la propaganda de guerra que describía al enemigo como una bestia”.
A cien años de distancia de esa 'inútil masacre', como la definió el papa de la época, Benedicto XV, es posible releer las cartas enviadas desde el frente que cuentan este gesto e interrogarse si es realmente imposible construir un mundo pacífico y solidario. 'La tregua di Natale. Lettere dal fronte', es el libro publicado en italiano por Edizioni Lindau, una compliación a cargo del abogado A. Del Bono.  

viernes, 16 de octubre de 2015

Siete mil soldados cayeron esa noche: sólo quedó en pie, desfigurado, el Cristo de las Trincheras

Un episodio desgarrador en la Primera Guerra Mundial

Siete mil soldados cayeron esa noche: sólo quedó en pie, desfigurado, el Cristo de las Trincheras

Siete mil soldados cayeron esa noche: sólo quedó en pie, desfigurado, el Cristo de las Trincheras
La impresionante figura del Cristo roto, última imagen que vieron miles de guerreros portugueses antes de morir.

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31 mayo 2015
Cerca de Lille, casi en la frontera francesa con Bélgica, entre las localidades de La Couture y Neuve-Chapelle, se hallaba asentada la 2ª División de Infantería del Cuerpo Expedicionario Portugués.

Llevaban ya un tiempo en sus trincheras aquella primavera de 1918 y muchos de los soldados lusos se habían acostumbrado a rezar al Cristo clavado en una cruz de madera que, desde su enorme altura, llevaba cuatro años contemplando los horrores de la Primera Guerra Mundial en los campos europeos.

El fotógrafo Arnaldo Garcês inmortalizó a sus pies, en octubre del año anterior, a un soldado de los que guardaban la posición en tiempos más tranquilos y aún podían acercarse al crucero, situado en una encrucijada.



Diezmados por la artillería
Pero el 9 de abril se presagiaba un enfrentamiento total. Los alemanes, en plena ofensiva, se marcaron como objetivo ese lugar. Antes de que avanzaran los fusileros, sometieron a la zona a un auténtico infierno de fuego de artillería. Durante horas cayeron las bombas hasta reducir a cenizas Neuve-Chapelle, y no sólo esa localidad se despertó muerta cuando se levantó la nube de humo y polvo: allí yacían también los cadáveres de más de siete mil soldados portugueses.

Entonces empezó a perfilarse algo más: entre la tierra y las rocas levantadas, superviviente a llamas arrasadoras y a trincheras arrasadas, derruidos el crucero y la cruz,se erguía aún enhiesto el Jesús cuya visión postrera servía de consuelo a los moribundos. Aunque rotos brazos y piernas y llagado (de nuevo) el cuerpo a base de metralla y balas perdidas, el Cristo de las Trincheras, en apariencia derrotado, se inscribía en las mejores páginas de la historia militar portuguesa. Habían aguantado la posición cuanto pudieron, hasta caer casi todos, incluido el crucifijo que, con el tiempo, habían hecho suyo.



Los portugueses lograron reagruparse y mantener las líneas, y al hacerlo no se olvidaron de su divino acompañante. Como a un herido más, éste con las piernas y un brazo mutilados y un disparo en el pecho, recogieron al Cristo para llevarlo a un lugar donde pudiese ser conservado y venerado, y se mantuvo con ellos el resto de la batalla.

Lo sentían como suyo, y fue suyo

Cuarenta años después, quienes habían estado allí no olvidaban aquella imagen, y los soldados consideraban timbre de gloria haber combatido a su lado en la conocida como batalla de La Lys. Así que en 1957 el gobierno de Antonio de Oliveira Salazar se dirigió al gobierno de René Coty y pidió que le fuese cedido para su custodia, pasando a ser patrimonio de la Liga de Combatientes y símbolo del patriotismo nacional.

La imagen llegó a Lisboa el 4 de abril de 1958, acompañada por ex combatientes y una delegación de diputados franceses encabezada por el coronel Louis Christian. Fue expuesta para la veneración pública cuatro días en la Escuela del Ejército, y su paso por las calles de Lisboa fue apoteósico.

El 9 de abril, tras una ceremonia de honores presidida por el coronel Santos Costa, ministro de Defensa, instaló en su ubicación actual, la sala capitular del majestuoso Monasterio de Nuestra Señora de la Victoria, más conocido como Monasterio de Batalha, donde una guardia permanente rinde tributo al soldado desconocido. (Ver abajo el vídeo del cambio de guardia.)

sábado, 27 de diciembre de 2014

1914, cuando los soldados 'enemigos' confraternizaron por Navidad

1914, cuando los soldados 'enemigos' confraternizaron por Navidad

Durante la Primera Guerra Mundial. Salieron de sus trincheras recordando que eran cristianos. Los mandos militares se alarmaron y tomaron medidas para evitar que el hecho se repitiera

Roma,  (Zenit.org) H. Sergio Mora | 924 hits

En la vigilia de Navidad de 1914, sin que nada hubiera sido concordado, los soldados del frente occidental, de las dos diversas alianzas cesan el fuego. Se encienden velas, se cantan himnos navideños. Los alemanes iniciaron con el Stille Nacht y los británicos respondieron con villancicos en inglés. 
Comienzan a hacerse los saludos de Navidad de una trinchera a otra. Hasta que alguien sale al descubierto para encontrar al enemigo y apretarle la mano. Se intercambian pequeños regalos como whisky, cigarrillos, etc.
Un hecho histórico extraordinario, conocido como 'La tregua de Navidad' que nació entre los soldados 'enemigos' movidos por el sentimiento cristiano de humanidad y hermandad. Las fotos llegaron a los diarios de la época. El Daily Mirror escribe sobre la imagen: 'Un grupo histórico, soldados británicos y alemanes fotografiados juntos'.
Por un lado se encontraba la Triple Alianza, integrada por las Potencias Centrales: el Imperio alemán y Austria-Hungría. Por otro lado se encontraba la Triple Entente, formada por el Reino Unido, Francia y el Imperio ruso. Ambas alianzas sufrieron cambios durante la guerra que se prolongó hasta 1918. El Imperio otomano y Bulgaria se unieron a la Triple Alianza. Italia, Japón y Estados Unidos se unieron a la Triple Entente.
Más de 70 millones de militares, incluyendo 60 millones de europeos, se movilizaron y combatieron en un conflicto que dejó 9 millones de muertos.
“Mientras observaba el campo que aún dormía --narra una de las cartas de los soldados-- mis ojos vieron un resplandor en la oscuridad. A aquella hora de la noche una luz en la trinchera enemiga era algo raro y pasé la voz. No había aún concluido que en la trinchera alemana se encendía una luz después de otra. Enseguida, cerca de nuestras posiciones, tan cerca que me hizo apretar fuerte el fusil, sentí una voz. No era posible confundir ese acento, con su timbre ronco. Abrí los oídos, y me quedé escuchando, y eh aquí que llegó a lo largo de nuestra línea un saludo nunca antes escuchado en esta guerra: 'Soldado inglés ¡Feliz Navidad, feliz Navidad!'”
En la 'tierra de nadie' se realizó un entierro de los caídos las horas anteriores. Británicos y alemanes se reunieron recitaron juntos el salmo 23. El Señor es mi pastor, nada me falta. Sobre pastos verdes me hace reposar, por aguas tranquilas me conduce...
Estos hechos fueron asumidos con perplejidad por los mandos militares, al punto que en los años siguientes se tomaron medidas para evitar episodios de este tipo. Y no faltó quien calificó el hermoso hecho como una “despreciable fiesta pacifista”.
Roberto Morozzo della Rocca, docente de historia contemporánea en la Universidad de Roma III, indicó en una entrevista a Radio Vaticano que “las treguas fueron siempre prohibidas por los mandos militares, porque permitían a los soldados reconocerse como seres humanos, hijos de Dios. Y porque desenmascaraban la propaganda de guerra que describía al enemigo como una bestia”.
A cien años de distancia de esa 'inútil masacre', como la definió el papa de la época, Benedicto XV, es posible releer las cartas enviadas desde el frente que cuentan este gesto e interrogarse si es realmente imposible construir un mundo pacífico y solidario. 'La tregua di Natale. Lettere dal fronte', es el libro publicado en italiano por Edizioni Lindau, una compliación a cargo del abogado A. Del Bono.