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domingo, 14 de agosto de 2016

Decálogo para saber envejecer 12082016

Decálogo para saber envejecer

Para quien quiera conocer los secretos de “saber envejecer”, valga este decálogo fácil y sencillo.
Anciano - Pixabay
Anciano - Pixabay
El verano y las vacaciones son, sin duda, una época propicia para rejuvenecer, para mostrar nuestra mejor silueta, para considerarnos más en forma.
Todo el mundo quiere ser joven y parecerlo. Incluso las personas de edad más avanzada. Quizás porque, como decía alguien, “nada nos hace envejecer con mayor rapidez que el pensar incesantemente en que nos hacemos viejos”. Por eso, lo mejor será pensar que aún somos jóvenes.
Como suele decir Manuel Alcántara, con su fino humor: “Y dentro de cien años, cuando todos seamos jóvenes…”. Pues, eso. Acaso lo más interesante, y además, gran verdad, sea pensar que “toda edad tiene sus propios frutos; hace falta saberlos recoger”. Para quien quiera conocer los secretos de “saber envejecer”, valga este decálogo fácil y sencillo.
1. “Cuidarás tu presentación cada día”. Arréglate como si fueras a una fiesta. ¡Qué más fiesta que la vida! Que al verte se alegren los ojos de los demás.
2. “No te encerrarás en tu casa ni en tu habitación”. Saldrás a la calle y al campo de paseo: “El agua estancada se pudre”.
3. “Amarás el ejercicio físico”. Un rato de gimnasia, una caminata razonable dentro o fuera de casa, por lo menos abrir la puerta, regar las rosas, contestar el teléfono.
4. “Evitarás actitudes y gestos de viejo derrumbado”. La cabeza gacha, la espalda encorvada, la mirada perdida, no favorecen nada. Que la gente diga un piropo cuando pasas: “¡Qué recto va el señor! ¡Qué guapa la señora!”.
5. “¡No hablarás de tu edad, ni te quejarás de tus achaques reales o imaginarios!”. Acabarás por creerte más viejo y más enfermo de lo que eres. A la gente no le gusta oír historias de hospital. Cuando te pregunten cómo estás, dirás que. ¡muy bien!
6. “Cultivarás el optimismo sobre todas las cosas”. Al mal tiempo, buena cara. Sé positivo y`de buen humor. La vejez no es cuestión de años sino un estado de ánimo. El corazón no envejece.
7. “Tratarás de ser útil a los demás”. Ayuda con una sonrisa, un consejo, un servicio. No te coloques el cartel de “inservible”.
8. “Trabajarás con tus manos y con tu mente”. Haz lo que puedas. El trabajo es la terapia infalible.
9. “Mantendrás vivas y cordiales las relaciones humanas”. Desde luego, las que se anudan en el hogar, integrándote a todos los miembros de tu familia.
10. “No pensarás que todo el tiempo pasado fue mejor”. Deja de estar condenando tu mundo y maldiciendo tu momento.
Fáciles consejos que todos podemos poner en práctica. Nos irá fenomenal.
Comentarios al autor: cordoba.sanlorenzo@diocesisdecordoba.com

miércoles, 10 de agosto de 2016

Decálogo para saber envejecer

Decálogo para saber envejecer
Acaso lo más interesante, y además, gran verdad, sea pensar que 


Por: Antonio Gil | Fuente: http://www.religionenlibertad.com 



El verano y las vacaciones son, sin duda, una época propicia para rejuvenecer, para mostrar nuestra mejor silueta, para considerarnos más en forma.

Todo el mundo quiere ser joven y parecerlo. Incluso las personas de edad más avanzada. Quizás porque, como decía alguien, "nada nos hace envejecer con mayor rapidez que el pensar incesantemente en que nos hacemos viejos". Por eso, lo mejor será pensar que aún somos jóvenes.

Como suele decir Manuel Alcántara, con su fino humor: "Y dentro de cien años, cuando todos seamos jóvenes...". Pues, eso. Acaso lo más interesante, y además, gran verdad, sea pensar que "toda edad tiene sus propios frutos; hace falta saberlos recoger". Para quien quiera conocer los secretos de "saber envejecer", valga este decálogo fácil y sencillo.

1. "Cuidarás tu presentación cada día". Arréglate como si fueras a una fiesta. ¡Qué más fiesta que la vida! Que al verte se alegren los ojos de los demás.

2. "No te encerrarás en tu casa ni en tu habitación". Saldrás a la calle y al campo de paseo: "El agua estancada se pudre".

3. "Amarás el ejercicio físico". Un rato de gimnasia, una caminata razonable dentro o fuera de casa, por lo menos abrir la puerta, regar las rosas, contestar el teléfono.

4. "Evitarás actitudes y gestos de viejo derrumbado". La cabeza gacha, la espalda encorvada, la mirada perdida, no favorecen nada. Que la gente diga un piropo cuando pasas: "¡Qué recto va el señor! ¡Qué guapa la señora!".

5. "¡No hablarás de tu edad, ni te quejarás de tus achaques reales o imaginarios!". Acabarás por creerte más viejo y más enfermo de lo que eres. A la gente no le gusta oír historias de hospital. Cuando te pregunten cómo estás, dirás que. ¡muy bien!

6. "Cultivarás el optimismo sobre todas las cosas". Al mal tiempo, buena cara. Sé positivo y`de buen humor. La vejez no es cuestión de años sino un estado de ánimo. El corazón no envejece.

7. "Tratarás de ser útil a los demás". Ayuda con una sonrisa, un consejo, un servicio. No te coloques el cartel de "inservible".

8. "Trabajarás con tus manos y con tu mente". Haz lo que puedas. El trabajo es la terapia infalible.

9. "Mantendrás vivas y cordiales las relaciones humanas". Desde luego, las que se anudan en el hogar, integrándote a todos los miembros de tu familia.

10. "No pensarás que todo el tiempo pasado fue mejor". Deja de estar condenando tu mundo y maldiciendo tu momento.

Fáciles consejos que todos podemos poner en práctica. Nos irá fenomenal.
Comentarios al autor: cordoba.sanlorenzo@diocesisdecordoba.com
Consulta también ¿Ser anciano, es ser viejo?
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martes, 22 de septiembre de 2015

Padres Ancianos (El Valor de la Vejez)

Padres Ancianos
¿Mis papás? ¡No tengo tiempo!


Por: Salvador I. Reding V. | Fuente: Catholic.net 




Para los jóvenes padres de familia, cuidar a sus bebés, ayudarlos en su absoluta dependencia para subsistir, a aprender a caminar, y a valerse cada vez más por sí mismos, es vivido como un camino mágico, esperado y muy satisfactorio, cuya recompensa es ver desarrollarse al hijo y convertirse en una personita. Cuidarlos cuando enferman, es una preocupación que se puede llevar al extremo, para que sus males sean bien atendidos, medicinados y seguidas las instrucciones del médico. Nadie cuestiona esta responsabilidad y satisfacción.

Es muy fácil dar amor y apapacho a un bebé o a una niñita encantadora, o un abrazo a un niño. La satisfacción paterna es fácil de conseguir y lleva al orgullo de ser protector y cuidador de los hijos que crecen. Estas satisfacciones se convierten en orgullo que puede llegar a la soberbia, la presunción consigo mismo del deber cumplido.

Pero hay otro extremo de la vida, la decadencia con los años, que convierte a personas vigorosas de la edad madura en ancianos, cada vez más necesitados de ayuda de todo tipo: material, física y psicológica -por no especificar espiritual. Quienes no mueren en el camino de la vida, se hacen viejos, con una creciente dependencia de gente más joven, que en toda cultura humana, es vista como responsabilidad fundamental de los hijos, y en segundo lugar de otros parientes, como los hermanos menores.
La responsabilidad para con los viejos es tan importante como para con los infantes; éstos crecen y aquellos decrecen, los niños son cada día menos dependientes y los viejos cada vez más, los niños ganan fuerza, los viejos la pierden. Aquí empiezan los problemas para quienes, como adultos en plenitud de vida, enfrentan necesidades de sus padres que envejecen: ¡que lata con el viejo!

Tal como la memoria histórica de los pueblos los hace olvidar y repetir los errores pasados, de acción y de omisión, las personas tienden a olvidar lo recibido de sus padres, desde el cuidado y alimentación recién nacidos, hasta sacrificios personales de tiempo y dinero para su educación. Y no es falta de memoria histórica familiar, es un mecanismo egoísta para olvidar la dedicación paterna y materna recibida.

Muy fácilmente, los padres de familia jóvenes y en edad madura, egoístamente pueden despreciar cada vez más lo recibido de sus padres, dándolo como una obligación que cumplir sin mayor mérito, pero al mismo tiempo llegan a sobreestimar sus propias acciones para con sus hijos. El egoísmo y la sobre-autoestima se imponen, desestimando a sus padres.

Atender a los padres que envejecen o ya ancianos, es vista por adultos egoístas como carga incomodísima, que demanda algo que quieren tener para su exclusivo provecho: tiempo. Una vez que un adulto empieza a sentir la necesidad paterna de dedicarles tiempo, la alternativa se hace presente: si dejo mis cosas para ver a mis papás, me pesa, y si no les doy tiempo, me remuerde la conciencia. La solución más fácil: desoír la conciencia.

El envejecimiento humano es sinónimo, desgraciadamente, de pérdida de facultades, y al mismo tiempo puede serlo de testarudez, necedad, mal carácter y cerrazón a ideas y costumbres que a través de su vida llegaron a considerar como propias: yo tengo razón y las nuevas generaciones están equivocadas. Los viejos chochean, entorpecen sus movimientos, pierden la memoria reciente y enferman cada vez más fácil y más perennemente. ¡Que lata son los viejos!
Sí, los padres que envejecen o ya ancianos son una carga, pero es el proceso vital de todo ser viviente. Esta carga es, para una recta conciencia libre de egoísmo, una responsabilidad ineludible, a cumplir con el mismo amor con que se atiende a los hijos al prepararlos para la vida. Pero la dificultad de atender a los viejos es más gratificante que atender a los hijos, y el premio divino inmenso.

No podemos hacernos sordos ni ciegos ante la demanda de atención de los padres viejos, cuya mayor dolencia es la soledad. En todas las culturas humanas y todas las religiones, esta responsabilidad es muy grave; es primero corresponder a la atención y amor recibidos mientras se crecía, con todas las fallas y errores que ello pudiera haber tenido. Salvo casos muy particulares de irresponsabilidad paterna, el saldo de amor y cuidados que recibimos, es muy favorable a los padres. Olvidarlo es tan, tan cómodo... que pensar en ello mortifica el uso de mi tiempo: sacrificar mi ocio tan agradable en pasar tiempo con los viejos...

La Biblia es muy clara en cuanto a la responsabilidad para con los padres ancianos, con todas sus debilidades, fallas y exigencias. La palabra de Dios es más exigente que cualquier palabra humana sobre el deber ante los padres. Dios no deja de amenazar a quien no lo cumple y de ofrecer recompensa a quien da amor a sus viejos. (Ver Eclesiástico, Cap. III, Vers. 1-18).
En conclusión: debemos dar a nuestros padres envejeciendo los que necesitan de nosotros, en cosas materiales -lo más cómodo-, pero esencialmente en tiempo, tiempo lleno de calor humano, de cariño y de mucha, mucha comprensión de sus debilidades de ancianidad y de su soledad. De paso, no olvidar que, si no morimos en plenitud de vida, también nos haremos ancianos y requeriremos tiempo de nuestros propios hijos quienes, naturalmente, repetirán lo que nos vieron hacer o dejar de hacer.

Comentarios al autor siredingv@bigfoot.com
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sábado, 12 de septiembre de 2015

¿Padres viejos y achacosos? (El Valor de la Vejez)

¿Padres viejos y achacosos?
¿Se han convertido en una intromisión en tu apretada agenda?


Por: Pascual Briceño | 





Hoy te desesperas porque tus padres están viejos y achacosos. Se han convertido en una intromisión en tu apretada agenda, en una vergüenza cuando estás con tus amigos.

Comprende. Ahora tus padres están viejos. Es tu oportunidad de reflexionar y crecer en el amor. Dios los ha puesto en tus manos para que aprendas a amar. El problema no son ellos. Eres tu que has olvidado de lo que es amar. Se te ha endurecido el corazón y ahora es el momento de recapacitar. Ahora Dios te llama al amor para con ellos. El amor todo lo vence.

Si ellos derraman su comida sobre su ropa, si les cuesta atarse los zapatos. Así fuiste tu y ellos te amaron.

Si les cuesta hablar y repiten lo mismo. Así fuiste tu y ellos te amaron.

Si tienen sus manías y sus achaques. Recuerda, así fuiste tu y te amaron.

Si te parecen inútiles y si no comprenden las nuevas tecnologías. Recuerda así fuiste tu y ellos te amaron.

Si caminan muy despacio y sacarlos a pasear requiere de tu paciencia. Recuerda, así fuiste tu y ellos te amaron.

Si se hacen las necesidades en la cama. Recuerda así fuiste tu y te amaron.

Si te gritan y se incomodan sin razón, recuerda los lloriqueos que ellos soportaron de ti. Todo por amor.

Si te dicen que no quieren vivir. Comprende. Solo te están demostrando su dolor y frustración porque sienten ser una molestia en tu vida. Es tu oportunidad para demostrarles con tu amor que ellos son mas bien un don porque los amas. Ellos te están enseñando a amar.

Recuerda, no hace mucho fuiste pequeño y ellos estuvieron a tu lado. Las mismas cosas de que te quejas las hiciste tu y ellos lo comprendieron todo. ¿sabes por qué? porque te amaron.

La misión de tus padres contigo no ha terminado. Dios se sirvió de ellos para darte vida y formarte en un hombre adulto, ahora te los pone en tus manos para que te liberes de ti mismo y entres en la madurez del amor.

No temas. Dios está a tu lado. Aprende a interpretar lo que te digan a la luz de sus enseñanzas y tendrás paz.


¿Qué es lo a que a ti te ha funcionado? compártelo con nosotros en los FOROS DE CATHOLIC NET donde siempre encontrarás a alguien al otro lado de la pantalla, que agradecerá tus comentarios y los enriquecerá con su propia experiencia.


jueves, 10 de septiembre de 2015

Hoy los abuelos no conviven con sus nietos (El Valor de la Vejez)

Hoy los abuelos no conviven con sus nietos
Algunos aprovechan lo vivido por ellos, otros pagan con porrazos no haberlos tenido en cuenta


Por: Salvador Casadevall | Fuente: Catholic.net 




Cuando uno recuerda su infancia, ellos eran los que enseñaban cosas que no salen en ningún libro: ahora podríamos decir que los abuelos son los que son capaces de relatar cosas que no salen en la TV.
Ellos eran los que relataban cosas a los más chicos y a medida que uno crecía se iba alimentando de sus consejos: consejos que se iban metiendo en uno sin que te dieras cuenta.
En aquel entonces muchas de la forma de ser de uno eran actitudes heredadas de los abuelos. Pasaban a ser tuyas, eran parte de tu personalidad.
Y ello había ocurrido sin que te dieras cuenta. De ahí el valor. Entraban a formar parte del como eras y ya no te podías desprender de lo que se había metido en tu alma, en tu ser.

Cada día se tiene más conciencia de la importancia que tiene para la personalidad futura del hombre los primeros años de vida.
¿Y quienes son los que tienen más tiempo para charlar con los nietos? No hay duda que son los abuelos.
Todo tipo de comunicación, significa dedicarle tiempo y tener algo que decir.
Nadie les gana a los abuelos en tener cosas para contar. Solamente con contar lo vivido ya tienen toda una vida para transmitir.

Después de 70 años de control comunista en Rusia, la gente todavía hoy se pregunta, de ¿dónde puede haber venido el resurgimiento religioso, cuando el Muro de Berlín se vino abajo?. De las abuelas.
Ellas fueron las que conservaron la historia de la Navidad, de los Tres Reyes Magos y de la Estrella de Belén. Ellas y ellos se cansaron de contarlo a los nietos. Y esta llamita que estaba allí, un día se hizo fogata.
El Partido Comunista que controló todo, se había olvidado de las abuelas.

Más de una vez, mirando para atrás, cuando una ya ha crecido, se encuentra que gracias a algún consejo dado por el abuelo, al menos, uno en la vida se ahorró un problema.
“Sarna con gusto no pica”, frase de la abuela. En cinco palabras era un tratado de sabiduría.
Era sentirse ligado a los mayores en su experiencia. Era como un archivo, que siempre teníamos a mano. Ahora diríamos que eran nuestra computadora, a la cual se podía siempre recurrir.
Lo que no tiene la computadora de hoy, es la caricia humana que siempre acompañaban sus enseñanzas. Uno aprendía sintiendo que era amado.

Pero al mismo tiempo se tenía conciencia que su propia vida la teníamos que vivir, teniendo memoria del pasado: era una ayuda para no equivocarse, para ayudar a no equivocarse, porque todos de alguna manera, alguna vez, nos equivocamos. La memoria, la experiencia de ellos, era una ayuda.

La primera vez que uno se equivoca es falta de experiencia.
La segunda vez que te equivocaste en lo mismo ya es estupidez.
La tercera, no la puedo decir porque es una expresión demasiado subida de tono, para decirla aquí.

La transmisión de lo que vivieron es la verdadera sabiduría de la vida.
No es romper con el pasado, sino asimilarlo, incorporarlo,

Los hijos, los nietos por lo general preguntan: son preguntones.
Hay la edad del “porque”, después crecen y llegan a una edad que creen saberlas todas, hasta que un día se tropiezan con una pared, chocan, y entonces es la hora de acordarse de aquello que le dijeron.

Si se recurre a la memoria, se aprende, siempre hay algo que aprender. Había una abuela que decía que quería vivir 100 años para aprender algo nuevo.

Hay que tener la humildad para dejarse enseñar.
En esta época de hoy somos todos maestros, solo falta prender el televisor y desde almuerzos, entrevistas y programas de cualquier clase, todo el mundo opina, se hace el maestro, todo el mundo sabe de todo, todo el mundo se ve capaz de enseñar y dictar cátedra.

En todo tiempo los jóvenes, con ánimo innovador, han querido desentenderse del pasado. Hoy, muchos de ellos, predican la ruptura total con el pasado.
Nada dejan en pie.

La orientación que los abuelos pueden dar a su nietos, lo que verdaderamente les sirve, es la experiencia de vida, que en definitiva es lo que uno ha vivido.
Son páginas que siempre les interesa, si uno pone la habilidad en el relato, haciéndolo tipo cuento o aventura. La imaginación del chico, hace que lo que el abuelo cuenta, les atraiga.

Cuidado cuando te dicen que el pasado, no sirve para nada.
En el pasado se encuentra la fuente de la experiencia, que sirve para no cometer errores y para hacer mejor, lo que ya en el pasado fue bueno.

Cuando uno tiene 15 años dice: “ufa viejo, ya me tienes cansado....”
Cuando uno tiene 25 años dice: “bueno está bien”.....pero sigue para el lado que quiere ir.
Cuando uno ya tiene más de 40 años dice: “viejo, te puedo pedir un consejo?”.......
Cuando uno tiene más de 60 años dice: “pucha, no tengo más a mi viejo para saber que opina......”

La vida siempre ha pasado, primero por los abuelos y después por los padres.
Algunos aprovechan lo vivido por ellos, otros pagan con porrazos no haberlos tenido en cuenta.
Comentarios al autor: salvadorcasadevall@yahoo.com.ar

Si te gustan estas reflexiones y quieres profundizar en más temas, ya están disponibles los dos primeros libros de Lydia y Salvador Casadevall aquí

miércoles, 9 de septiembre de 2015

¡Gracias por el amor y por la vida! (El Valor de la Vejez)

¡Gracias por el amor y por la vida!
Darles las gracias porque nos han dado el testimonio más hermoso que pueda recibir un ser humano: el de la entrega mutua unida a apertura generosa a la llegada de cada uno de nosotros, sus hijos


Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net 




Vivir es un don maravilloso. Se lo debemos a Dios, que es la fuente y el origen de todo lo que existe. Se lo debemos también a nuestros padres, que fueron creados por Dios y que colaboraron con Él, generosamente, en la tarea de dar vida.

La gratitud hacia los padres brota, entonces, como un deber magnífico. Miramos a nuestros padres y los vemos enamorados, buenos, disponibles, sacrificados. Reconocemos en ellos un designio maravilloso que les supera y que les plenifica. Los vemos como ministros de vida, como colaboradores, como protectores, como educadores, como padres.

Reconocer lo mucho que debemos a nuestros padres nos une a ellos de un modo íntimo y familiar. Descubrimos que su historia es también nuestra historia. No existiríamos si papá y mamá no se hubieran conocido, no se hubieran amado, no se hubieran comprometido, con un sacramento, a la fidelidad mutua y a la apertura a los hijos.

Un día llegamos a aparecer, como parte de ese amor, como parte del dinamismo de la vida. Mamá fue quien lo supo primero. Luego la noticia llegó a ser compartida. La entrega mutua culminaba, desde el querer divino, en un nuevo hijo.

Juan Pablo II lo explicaba bellamente en la Carta a las familias (1994): cuando los padres “transmiten la vida al hijo, un nuevo «tú» humano se inserta en la órbita del «nosotros» de los esposos, una persona que ellos llamarán con un nombre nuevo: «nuestro hijo...; nuestra hija...». «He adquirido un varón con el favor del Señor» (Gn 4,1), dice Eva, la primera mujer de la historia. Un ser humano, esperado durante nueve meses y «manifestado» después a los padres, hermanos y hermanas. El proceso de la concepción y del desarrollo en el seno materno, el parto, el nacimiento, sirven para crear como un espacio adecuado para que la nueva criatura pueda manifestarse como «don»“.

El Dios que bendice el amor de los esposos con la vida es el mismo Dios que nos pide, que nos invita a caminar con un corazón agradecido y bueno. Si hemos recibido un gran regalo, si tenemos el don magnífico de la existencia, podemos llevarlo a su plenitud desde el dinamismo del amor: con una gratitud y un afecto profundo hacia nuestros padres, hacia quienes nos amaron, incluso a veces en medio de grandes sacrificios.

Esa es la actitud más hermosa en los hijos: dar gracias a nuestros padres, tanto si están vivos como si ya han ido a presentarse ante Dios. Darles gracias porque se amaron y porque nos amaron. Darles gracias porque nos cuidaron y nos ayudaron en tantos percances y aventuras. Darles las gracias porque nos han dado el testimonio más hermoso que pueda recibir un ser humano: el de la entrega mutua unida a apertura generosa a la llegada de cada uno de nosotros, sus hijos.

Comentarios al autor: fpa@arcol.org

martes, 1 de septiembre de 2015

El amor en el otoño (El Valor de la Vejez)

El amor en el otoño
Es verdad, quizá amar a una persona sea aceptar envejecer con ella


Por: José María Cabodevilla | 





¡Ah, el amor en el otoño!.

Los autores nos han acostumbrado a admirar sólo los brillantes colores de la primavera, pero es importante cantar también, con muy pausado y concertado ritmo, la delicia de esos afectos mansos, llenos de paz, de indulgencia, de sabiduría de los colores del otoño.

Es verdad, quizá amar a una persona sea aceptar envejecer con ella. Cuando el amor resiste todas las vueltas y asechanzas del tiempo, llega a un punto de identificación tal entre los esposos, que los días solos no podrían concebirse. Ya los esposos se comprenden del todo, se adivinan, conoce cada uno todas las posibles reacciones del otro, sabe en que está pensando cuando se queda con los ojos quietos mirando esas cosas que llevan tantos años ya sirviendo de testigos de un afecto. Ya este afecto, más que un sentimiento, es una manera de sentir, más que una actitud es un estado.

Al envejecer, los esposos van haciéndose más semejantes y también mutuamente más necesarios. Las lagunas de la memoria, la rigidez en la acción, la inevitable desconexión con los sucesos del presente y con las esperanzas para el futuro, todo esto aparta de ellos a las generaciones jóvenes y hace que ellos se busquen más, busquen su abrigo el uno en el otro, en la común evocación de los días transcurridos.

El hombre envejece más de prisa, pero la mujer empieza antes a envejecer. Hay un momento en que únicamente ella se da cuenta de su ocaso; luego lo perciben los que la rodean y también ella; quizá finalmente, ella ya no se percate de su próximo desenlace, abandonada al bienestar de la aceptación. Esto es imprescindible: no rebelarse. No pretender forzar la naturaleza. Evitar la amargura. Comprender, por fin, la tremenda unidad de la vida, articulando ya todas sus partes, sus aflicciones y alegrías. Acoger sin sobresalto la idea de la muerte e incorporarla al tejido de los pensamientos diarios. No es odioso envejecer, lo odioso es resistirse a ello.

Hacerse receptivos a esa suavísima voz que baja desde lo alto: “Oídme, casa de Jacob, y vosotros todos, restos de la casa de Israel, llevados desde el seno por mí, y carga mía desde el nacimiento: yo soy el mismo hasta vuestras canas y vuestra vejez, os llevaré conmigo; como hice desde el principio, yo me encargo de sosteneros y guardaros”(Is 46,3-4).

Que no sea necesario que uno de los dos muera para que el otro sepa que verdaderamente era amado. Siempre es más fácil saber que uno ha amado que saber que uno ama.

Para los años últimos de la vida conyugal hay una oración que los esposos debieran repetir juntos, a la vez, despacio: “Quédate con nosotros, Señor, porque anochece”(Lc 24,29). Siempre da un poco de miedo- y de dulzura- ver que se pone el sol.

Nuesto querido Juan Pablo II en su Carta a los Ancianos, les anima a seguir, su misión en la vida.

lunes, 31 de agosto de 2015

Desde las canas (El Valor de la Vejez)

Desde las canas
Queremos no ser relegados a un rincón, ni sentirnos olvidados por un mundo que piensa sólo en lo inmediato, eficiente y bello.


Por: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net 




Cada anciano encierra un mundo de recuerdos, un tesoro de experiencias, una sabiduría madura y fresca. Hablar con un anciano nos enriquece, nos enseña mucho sobre la vida, sobre la amistad, sobre el dinero (que no lo es todo), sobre los hijos, sobre la convivencia matrimonial.

Pero el anciano no es sólo un maestro, ni un experto. Es una persona, como tú y como yo, que también disfruta cuando ama, que quisiera hacer más por sus amigos, que sonríe cuando se siente apreciado, que no deja de ofrecer algo de su tiempo cuando se lo pedimos con cariño.

Así tenemos que ver a quienes han construido nuestro presente. No somos hijos del vacío, sino hijos muy amados de quienes ayer, con sus canas y sus arrugas, trabajaron por nuestra educación, por llevarnos al médico, por darnos un consejo en un momento difícil de la vida. Somos hijos de quienes han dejado tal vez un sueño, un proyecto muy querido, para acogernos en sus vidas, para enseñarnos a caminar y a decir esas primeras palabras que nos abrieron al mundo de los adultos.

Hemos recibido tanto de su juventud y su edad adulta, de su madurez y del inicio de sus achaques y arrugas. Incluso ahora nos dan tanto, con su mirada apacible, con alguna amonestación que nace del cariño (aunque quizá nos duela), con sus caprichos (ni ellos ni nosotros somos perfectos...).

Tal vez sus dolores o sus penas nos crean pequeñas molestias. Antes éramos nosotros, enfermos en la cama, a pedirles un sacrificio, un momento de ayuda. Ahora son ellos los que, con su silla de ruedas o con sus problemas al hablar o al escuchar, quienes nos suplican, con respeto, una ayuda, un gesto de afecto, estar simplemente a su lado en una tarde de descanso.

Cada anciano tiene su historia, sus posibilidades, sus límites y sus cualidades. No tenemos derecho a encerrarlos lejos del mundo de los niños, jóvenes y adultos, a marginarlos de la vida social o del trabajo. Estamos llamados a dejarles su lugar, con cariño, con respeto. Especialmente cuando todavía tienen fuerzas e ilusiones por hacer tantas cosas en favor nuestro, de la sociedad, del mundo entero.

Un día también llegaremos, si Dios así lo quiere, a esa edad de las canas, al mundo de la tercera edad. Querremos, para entonces, ser queridos, ayudados y sostenidos, gozar de un espacio de libertad para hacer eso poco (a veces mucho) que aún podemos. Querremos no ser relegados a un rincón, ni sentirnos olvidados por un mundo que piensa sólo en lo inmediato, eficiente y bello.

Quizá ahora, desde nuestro afecto, nuestro cariño hacia los mayores, dejaremos a los jóvenes un ejemplo de cómo tratar a los ancianos, de cómo estar cerca de quienes, mientras viven, ofrecen cariño, amor y un poco de experiencia profunda, serena, para conducirnos en la vida que recibimos y que esperamos transmitir un poco mejor y un poco más humana a nuestros hijos, nietos y biznietos...

Comentarios al autor fpa@arcol.org

domingo, 30 de agosto de 2015

Abuelos, hijos y nietos (El Valor de la Vejez)

Abuelos, hijos y nietos
No perdamos ocasión también para que nietos, hijos y abuelos compartan entre todos ellos tiempo libre y descanso, juegos y conversaciones


Por: Emilio Aviés Cutillas | Fuente: www.educaresfacil.com 




Cuando tenemos más días de descanso aumentan las ocasiones de trato con familiares y especialmente entre abuelos, hijos y nietos. La calidad de esta convivencia intergeneracional será una buena muestra de cómo estamos construyendo un mundo mejor para los que, tarde o temprano, nos van a relevar en esta vida.

Seguro que estaremos de acuerdo en que nunca será suficiente una relación “de mínimos” entre abuelos, hijos y nietos. Y es que tenemos el sentido común para entender la equidad como la perfección de lo igual. Es una forma de mejorar o asegurar lo justo formulado por las leyes.

Recordemos que en una sociedad verdaderamente justa, los principios de equidad e igualdad no se anulan uno al otro. Ambos se aplican porque son interdependientes: ninguno es suficiente sin el otro. En una sociedad de iguales donde no hay equidad, habrá una igualdad restringida porque todos somos diferentes desde el punto de vista biológico, social y cultural, y necesitamos cosas distintas en tiempos distintos. De ahí que no en todas las circunstancias la equidad entre generaciones se manifiesta de la misma manera.

Tenemos claro que lo que se pasa de abuelos a hijos y de éstos a nietos no es una mera acumulación de conocimientos o bienes. Es, intentemos que sea, además, una transmisión de valores, una dinámica de mejora integral de la persona y su entorno. Este incremento debería generar una extensión de “vida buena” en todos los ámbitos de las relaciones humanas: política, educación, economía, ciencias, ecología, etc.

Considero que la mejora de la generación siguiente tiene mucho que ver con la cohesión familiar, ya que es la familia medio eficacísimo de atención desigual, y desiguales somos las personas. Así, ocurre que la riqueza global que se transmite, queda asegurada por el vínculo estrecho y sincero entre una generación y otra.

Vemos evidente la necesidad de más trato, más convivencia entre padres e hijos. Pero no perdamos ocasión también para que nietos, hijos y abuelos compartan entre todos ellos tiempo libre y descanso, juegos y conversaciones que, aunque sean “batallitas”, correcciones o pequeñeces de unos u otros, alimentarán una estima y comunicación valiosísimas para el futuro de todos.

La prudencia, experiencia vital, comprensión y ternura -contra toda adversidad o desánimo- que muestran muchas abuelas y abuelos, pueden compensar de manera extraordinaria las tensiones y precipitaciones de los adultos, pues a veces nos vemos condicionados por la “urgencia” del momento o la falta de perspectiva vital.

En todo caso, abuelos y padres acordarán los medios para evitar desautorizaciones hacia éstos últimos, y también para superar la excesiva protección de los más mayores sobre los nietos.

La fragilidad, limitaciones y necesidades extraordinarias de la ancianidad pueden resultar una auténtica carga. Pero no es la persona anciana en sí una carga, sino sus circunstancias de edad o enfermedad. Por ello, la familia puede y debe unirse y reunirse en torno a los ancianos, sean más o menos capaces, como también se solidariza con un enfermo de 20, 30 ó 40 años.

Además, reconozcamos la importancia que tiene para los niños el hecho de poder situarse, en el tiempo, respecto a sus ascendentes, saber de primera mano experiencias antiguas y fascinantes, conocer sus raíces.

Seguro que podemos construir un diálogo más comprensivo y fluido. Convertiremos el conflicto que pueda aparecer en cooperación. Niños, jóvenes, adultos y ancianos, nos sabremos miembros de un maravilloso equipo que extiende su siembra de felicidad –con dificultades, por supuesto- a lo largo de la historia humana, generación tras generación.




Más artíuclos del autor: Emilio Avilés



¿Ser anciano, es ser viejo? (El Valor de la Vejez)

¿Ser anciano, es ser viejo?
El testimonio de fe de los ancianos, tiene que ser para nosotros un llamado de atención, un modelo de vida de lo vivido


Por: Salvador Casadevall | Fuente: Catholic.net 



¿Ser anciano, es ser viejo? Muchos se hacen esta pregunta.

La simple denominación de “viejos” con que llamamos normalmente a los ancianos puede ser visto en el mundo actual como algo que no tiene valor.

En una sociedad que vive el “usar y descartar” todo lo que usa, los ancianos son tratados muchas veces como algo descartable, como algo que estorba, que molesta que ya no se necesita.
De acuerdo con este enfoque de la sociedad actual hacia los ancianos nos deberíamos plantear: ¿que ocurriría en una sociedad donde sólo tuvieran cabida los jóvenes?
Y esta pregunta lleva a plantearse: ¿que papel deben desempeñar los ancianos en la familia y en la sociedad?

La sociedad actual con su ritmo frenético poco desea ocuparse de los ancianos. En nuestra sociedad de hoy predomina una mentalidad utilitaria y aquello que no sirve se descarta.

Los ancianos no siempre están faltos de juventud o vigor; muchos la tienen en su frescura interior, en su energía y la mayoría está en condiciones de dar mucho más de lo que se les reclama, en sabiduría y experiencia.
No hay libros que den el saber de lo vivido.
Los ancianos son la reserva de valores, de costumbres, de tradiciones, que si no fuera por ellos, muchas se perderían.

Lo cierto es que la vejez supone una disminución que no se puede negar ni ignorar, pero también tiene una dimensión positiva evidente.
Que lo digan sino las madres modernas que tienen que salir a trabajar fuera de su casa y que bien les viene que haya una abuela o un abuelo.

Cada uno de nosotros tiene una imagen ideal de si mismo que nos impulsa a desarrollar nuestras posibilidades. Este impulso no tiene porque dejar de existir a una edad avanzada de la vida.

El arte de ser anciano es no perder el gustar de vivir. Apreciar la vida es la mejor manera de prolongarla.
Llegar a anciano es algo que desea todo el mundo. Nadie quiere morirse joven.
Hay que aceptar el ciclo de la propia vida. Algunos lo pueden ver, otros se quedaron en el camino.

Hay algo suicida en este descarte de la ancianidad, que vemos con frecuencia en el mundo actual.
¿No será que piensan así porque no le dan valor a la vida?

La religiosidad de los ancianos nos debe mover a otra reflexión.
Es clara su presencia, a veces mayoritaria en las celebraciones litúrgicas.
La percepción de una necesaria preparación espiritual, que les brinda esta etapa de la vida es un hecho que no puede pasarnos inadvertida.
Es un testimonio en vivo y en directo.
Es un prepararse para el gran paso del hombre.

Pero también sabemos que hay muchos ancianos alejados de Dios.
Es un deber de todo creyente orar por ellos, es un deber buscar el como llegar a ellos a fin de hacerles saber que Dios también tiene presente a todos y nunca es demasiado tarde para acercarse a ÉL

La decadencia producida por la edad lleva consigo un desapego recíproco entre la sociedad y la persona que va envejeciendo.
La ayuda más importante que podemos darle a los ancianos es crear situaciones que permitan que continúen desarrollando su personalidad, que sigan sintiéndose parte de la vida.

El testimonio de fe de los ancianos, tiene que ser para nosotros un llamado de atención, un modelo de vida de lo vivido.
Comentarios al autor: salvadorcasadevall@yahoo.com.ar

sábado, 29 de agosto de 2015

No nos pongamos viejos antes de tiempo (El Valor de la Vejez)

No nos pongamos viejos antes de tiempo
Si al final de la vida, la vida te encuentra cansado por sembrar, será una bella manera de morirse


Por: Salvador Casadevall | Fuente: Catholic.net 



Sentirse envejecer es doloroso, a nadie le gusta, pero todos queremos vivir muchos años. Es ley de vida nacer, crecer y envejecer. Si o si. Algunos se quedan en el camino.
Primero somos bebés, niños, jóvenes, adultos y ancianos, aunque esto último lo disfracemos con otros nombres.
Envejecer, me guste o no, es un hecho ineludible.

Pero el problema no es juntar años, sino el sentirme viejo.
El sentirse viejo siempre es una actitud del alma.
Cuando Juan XXIII es nombrado Papa todo el mundo dijo eligieron un hombre viejo para salir del compromiso ya que sin Papa la Iglesia no puede estar. Lo nombraron porque había que elegir a alguien.
Eso pensó la humanidad.

La humanidad se equivocó. La humanidad siempre tiene que dejar que pase el tiempo para descubrir la sabiduría del Espíritu Santo.
El viejo Juan XXIII resultó ser el Papa más joven de espíritu que la humanidad recuerde. Él fue el alma del Concilio Vaticano II que hizo de una Iglesia que le pesaban los años para convertirla en una joven Iglesia que revolucionó la humanidad toda.
Cuando murió, no se murió un viejo, se murió en joven que tenía más de 80 años.

Saber que una persona envejece se constata con facilidad; canas, calvicie, artrosis, anteojos que cada vez tienen más aumento, arrugas.
Ser viejo también puede constatarse con la perdida del entusiasmo, la nostalgia de que los viejos tiempos fueron mejores: lo nuevo no es bueno, lo de antes era lo bueno.
Cuando se vive mirando para atrás es que se ha llegado a la vejez definitiva.

No encontrar sentido a lo que todavía me falta por vivir es estar más muerto que vivo aun que goce de buena salud.
Ya soy viejo de alma, y es desde el alma, desde el espíritu que se es joven para siempre aunque no pueda correr o jugar al fútbol.

No aceptemos este tipo de muerte en vida.
La vida a toda edad fue creada por Dios para que todos la vivamos y la hagamos vivir, quizás de manera distinta según como están tus huesos, pero lo esencial que se necesita para morir joven es tener la cabeza joven, la cabeza con alguna ilusión, con algún deseo aun que las piernas no acompañen.

En el pesebre viviente criollo que se celebra todos los años en Cañuelas alguien escribió el lema: Cada uno de nosotros es un ángel con una sola mano. Y solo podemos volar si nos abrazamos unos a otros.

A todos nos llegará la muerte física, pero que importante es, que te encuentre vivo y de pie, y dispuesto a volar como un ángel.
Para lograrlo el lema me lo está señalando: abrázate a los que te rodean, ama a los que te rodean y sigue sembrando aun que te canses.

Si al final de la vida, la vida te encuentra cansado por sembrar, será una bella manera de morirse.

Porque habrás muerto siendo joven.

Comentarios al autor: salvadorcasadevall@yahoo.com.ar
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viernes, 28 de agosto de 2015

La hora de los abuelos (El Valor de la Vejez)

La hora de los abuelos
Protagonistas importantes en la educación de los nietos


Por: Manuel Caballero Chavero | Fuente: http://www.sontushijos.org 




En otras épocas históricas la importancia e influencia de los mayores en la sociedad de su tiempo llegó a ser de gran importancia. En nuestra sociedad y por motivos distintos vuelven a tener un protagonismo del que no se debe hacer dejación. En primer lugar, y por suponer un numeroso colectivo, al ser sujetos con derecho a voto tienen la obligación de aportar a la sociedad su experiencia y sabiduría colaborando en los cambios de la sociedad. En segundo lugar, y debido a la temprana edad de jubilación, a el aumento en la prolongación de la vida, a la situación de pluriempleo de los hijos y a la experiencia y sabiduría acumulada, los abuelos de esta generación estamos llamados a prestar un gran servicio a nuestros hijos y por tanto a esta sociedad, a través de la educación de nuestros nietos.

Protagonistas importantes en la educación de los nietos

Si es cierto que la educación es fruto del amor y del cariño, los abuelos estamos en extraordinarias condiciones de colaborar con nuestros hijos en estos aspectos de la educación que constituyen la base y cimiento para el desarrollo armónico de la personalidad de todo individuo. Estos valores educativos se transmiten por ósmosis, por contacto físico, a través de la convivencia en el trato diario. De todos es sabido la íntima relación cariñosa y de “complicidad” y entendimiento que se establece entre abuelos y nietos. Nuestros hijos, en la mayoría de los casos, por motivos laborales principalmente, no disponen del tiempo necesario para realizar esta labor en un clima de sosiego, paciencia y serenidad, tan necesarios en el proceso formativo. Sería una actitud demasiado egoísta plantearse esta etapa de la vida como premio y descanso al trabajo realizado hasta ahora desentendiéndose de los problemas que nos rodean. Los abuelos estamos obligados, por vocación, a seguir prestando nuestro mejor servicio para la consecución de una sociedad mas justa, solidaria y más humana, a través de la familia concreta en la que nos desenvolvemos.

Otra condición necesaria para educar, junto con el tiempo suficiente para poder hacerlo, es poseer y haber experimentado los valores que se pretenden transmitir, valores que ennoblecen al ser humano y le dan sentido a su existencia.

1.-Experiencia y sabiduría

A lo largo de los años hemos ido adquiriendo la sabiduría suficiente para ser verdaderos maestros en el conocimiento de los valores verdaderos y de los caminos que llevan a la verdadera felicidad.

Por esto los ancianos siempre estuvieron revestidos de una especial dignidad en todas las culturas históricas, por considerarles dotados del conocimiento de la ciencia de la vida, es decir, poseedores de la sabiduría. Sabiduría que es sinónimo de prudencia, tan necesaria en el actuar humano. Se dice que “sabio no es sólo el que conoce las cosas, sino el que sabe ordenarlas con vistas a su último fin”.

No podemos privar a nuestros nietos de esta riqueza que hemos ido acumulando a lo largo de los años y que constituye nuestro mayor tesoro, la mejor herencia que podemos trasmitirles.

2.- Savia y fortaleza

Pero la influencia de los abuelos en la familia no se agota con nuestra colaboración en la educación de los nietos, sino que llega más allá.

Por todo lo anteriormente dicho debemos ser para nuestras respectivas familias lo que las raíces y el tronco son para los árboles: alimento y sostén. Lo más bonito y agradable de los árboles son las ramas, las flores y los frutos. Pero nada de esto sería posible sin la sabia que aportan las raíces y sin la fortaleza y el apoyo del tronco. En una sociedad donde todo se tambalea, la firmeza de los mayores en la defensa de los valores humanos y sobrenaturales que sostienen y enriquecen a la sociedad, se hacen actualmente imprescindibles. Nuestro testimonio de fidelidad a los compromisos que un día, ya lejano, sellamos con un “sí quiero”, deben ser guía y orientación en la actuación de nuestros hijos y de nuestros nietos Es este un servicio que nosotros debemos prestar y que esta sociedad demanda a gritos.

3.- En presencia de Dios

Poniendo a Dios por testigo iniciamos esta gran aventura de crear una familia. Y se multiplicaron los frutos: primero, los hijos, y después los segundos frutos del amor matrimonial, los nietos. Y se llenaron de vida y alegría nuestros hogares. Me alegra comprobar que se cumplió lo que en aquel momento, el Sacerdote que representaba a Dios en ese acto, nos deseó con palabras de la Sagrada Escritura:

“Que vuestra unión sea fecunda, que seáis padres de probada virtud, y que veáis, ambos, los hijos de vuestros hijos hasta la tercera y cuarta generación”.


jueves, 27 de agosto de 2015

Más optimismo, más vida (El Valor de la Vejez)

Más optimismo, más vida
El secreto del Papa


Por: n/a | Fuente: www.feyfamilia.com 




Una actitud positiva agregará más años a la vida que el simple hecho de no fumar o hacer ejercicios de manera regular


Los estudios lo confirman, la gente que vive con optimismo, vive mucho más que los que se quejan todo el tiempo por su futuro.

Los investigadores de la Universidad de Yale, en Connecticut (EE.UU.), sugieren que el que se siente mal porque se está poniendo viejo acelera justamente el proceso de envejecimiento. En contraste, una actitud positiva agregará más años a la vida.

Los pensamientos negativos sobre el proceso de envejecimiento —aseguran— tienen un impacto directo en el deseo de vivir. Los psicólogos estadounidenses encontraron que la gente con pensamiento positivo vivió un promedio de 7.5 años más que aquellos que se sentían mal por haberse puesto viejos.

Mente positiva y longevidad

Los efectos de una actitud positiva frente al envejecimiento pesan más que la baja presión arterial o el colesterol, factores que suman un mínimo de cuatro años a la vida de una persona.

Los investigadores de la Universidad de Yale, encabezados por la doctora Becca Levy, afirman que los efectos son incluso mucho más pronunciados que otros factores como mantener bajo peso, no fumar, y hacer ejercicios, aspectos que se cree agregan unos tres años de vida cada uno.

Los investigadores creen que el absoluto deseo de vivir explica parcialmente el vínculo entre mente positiva y longevidad. En todo caso, piensan que no es la única razón.

Lo que enferma

El pesimismo definitivamente cala hondo en la salud de las personas. Así lo demuestra otra investigación hecha en la Universidad de Wisconsin-Madison, donde estudiaron a 52 personas de entre 57 y 60 años.

A todos ellos les administraron una vacuna contra la gripe para que estén preparados ante una eventual infección.

Desde luego, las peores reacciones inmunológicas las presentaron quienes habían demostrado mayor actividad en la zona "negativa" del cerebro, mientras que los que registraron mayor actividad en la zona "positiva" tuvieron el efecto contrario.

Así, los científicos concluyeron que aquellos que tienden a ser pesimistas están más expuestos a enfermarse.

El secreto del Papa 

Sin duda quienes ven a Juan Pablo II, descubrirán en él a una de las personas más optimistas y llenas de esperanza que existen. Este anciano Papa nos dijo hace algunos días que el secreto de la felicidad y del optimismo está en hacer el bien por amor a Dios.

Él explicó que «la conducta del fiel está dedicada a celebrar las obras divinas, a penetrar en la profundidad de los pensamientos del Señor y por este camino su vida irradia luz y alegría».

Por el contrario, al «hombre perverso» la fortuna momentánea le hace ser temerario, pero en realidad es íntimamente frágil y tras el efímero éxito se encamina hacia el fracaso y la ruina», añadió.

En otras palabras el optimismo y la felicidad que tanto busca el hombre son posibles y se pueden encontrar en Dios. En palabras de San Agustín: «Hagas lo que hagas, hazlo con alegría. Entonces haces el bien y lo haces bien».



miércoles, 26 de agosto de 2015

La alegría de ser abuelos (El Valor de la Vejez)

La alegría de ser abuelos
Un nieto es una oportunidad de iniciar de nuevo la capacidad amar que Dios nos regala


Por: José Guillermo García Olivas | Fuente: Catholic.net 



Siempre que escribo suelo recibir mensajes de amigos de diferentes países, comentándome su visión sobre los temas que trato en mis trabajos, que por supuesto me producen una gran satisfacción.

Así las cosas, quiero citar con verdadera alegría, el mensaje recibido hoy que me parece un pequeño tesoro y que viene a responder en cierto modo al articulo que publiqué recientemente titulado: “Y Dios creó... a los abuelos”.

Es el caso de Daniel y Esperanza. Dos psicólogos argentinos especializados en psicología infantil y gerontología, que llevan varios años de jubilados y que me envían un mensaje con el que desean compartir la felicidad que han experimentado por el hecho de ser abuelos primerizos desde hace tres meses.

La alegría ha llenado su hogar al recibir la bendición de Dios enviándoles ese nieto y así se lo están agradeciendo continuamente.

Para ellos a pesar de su avanzada edad su nieto Aitor, es un nuevo punto de apoyo para su vida. Es iniciar de nuevo su capacidad amar que Dios les regala para depositarla en sus descendientes, además de rejuvenecerles sus cansados espíritus para llenarlos de nuevo de sueños y de ilusiones.

Como profesionales, Daniel y Esperanza, no conscientes de la gran ventaja que para los niños supone la figura de los abuelos, pues es esencial para transmitirles sus raíces familiares desde los primeros años de vida, cuidándolos y siendo sus compañeros de juegos. Incluso ante un hipotético caso de separación o fallecimiento de alguno de sus padres, ayudando a la estabilidad emocional del niño.

No obstante entienden que ellos, nunca deben desarrollar el papel de padres sustitutos y de este modo evitar los pequeños conflictos familiares que se pueden derivar entre padres y abuelos por las diferencias entre estilos de crianza y educación del niño.

Así mismo, también son conscientes de que el exceso de dedicación que adquieren los abuelos, es una tarea que en ocasiones puede pasarles factura su organismo, por la responsabilidad a que son sometidos y que les puede derivar a situaciones de estrés y de ansiedad con empeoramiento de su salud física y mental.

Por lo tanto entienden que es fundamental que los mayores no abandonen sus tareas esenciales para su vida, como bien pudiera ser disponer de tiempo libre para dedicarlo a sus pequeños ratos de ocio que para un matrimonio son esenciales. Todo ello naturalmente sin menosprecio al cariño casi devocional que deben hacía sus hijos y nietos y por supuesto a ese Dios que les ha bendecido enviándoles el nieto.

Por todo ello he sentido una alegría profunda al compartir con Daniel y Esperanza, abuelos primerizos, su mensaje y la felicidad que han experimentado por la llegada de su primer nieto.

Y debo decirles que a fin de cuentas, Dios siempre es Vida y por tanto nuestra vida es hermosa para seguir viviéndola con amor y con esperanza, contemplando al mismo tiempo con entusiasmo, el gran regalo que el Cielo les ha enviado a mis amigos Daniel y Esperanza con la llegada del nieto.

No sé, pero me parece a mí, que cuando algunos amigos me escriben diciéndome que mis historias les llevan una ración de esperanza, yo me pregunto si estos amigos estarán tan sordos o miopes como para no percibir que tienen con total seguridad en el mundo, infinitas más razones para sentir la fe, que las que yo pudiera darles en estas sencillas líneas, aunque vengan envueltas en hechos reales o en reflexiones profundas.