Mostrando entradas con la etiqueta Reflexión filosófica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reflexión filosófica. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de julio de 2016

LOS TRES FILTROS (Reflexión)

LOS TRES FILTROS

Un  joven discípulo llega a casa de su maestro y le dice:
-Oye maestro, un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia….
-¡Espera! –lo interrumpe el maestro- ¿Ya hiciste pasar por los tres filtros lo que me vas a contar?
-¿Los tres filtros?
-Sí. El primero es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
-No, lo oí comentar a unos vecinos.
-Al menos lo habrás hecho pasar por el segundo filtro, que es la bondad, eso que deseas decirme ¿es bueno para alguien?
-No, en realidad no. Al contrario.
-Ah, ¡Vaya! El último filtro es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
-A decir verdad, no.

-Entonces –dijo sonriendo el sabio-, si no es verdad, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.   

jueves, 4 de septiembre de 2014

¿Dónde estás, hombre? ¿Dónde te has metido? 03092014

¿Dónde estás, hombre? ¿Dónde te has metido?




Diálogos de Radio Vaticano, con el padre Sergio Moreno
(RV).- (Con audio) RealAudioMP3

Reflexión filosófica sobre las palabras del Papa Francisco ante el memorial del Holocausto en Jerusalén

El Papa Francisco, ante el memorial del Holocausto en Jerusalén, hizo una reflexión sobre la fuerza y el dolor del mal deshumano del hombre y sobre las “estructuras del pecado”, que contrastan con la dignidad de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios. Éstas fueron las palabras del Papa:

“Adán, ¿Dónde estás?” (cf. Gn 3,9). ¿Dónde estás, hombre? ¿Dónde te has metido?
En este lugar, memorial de la Shoah, resuena esta pregunta de Dios: “Adán, ¿Dónde estás?”.
Esta pregunta contiene todo el dolor del Padre que ha perdido a su hijo.
El Padre conocía el riesgo de la libertad; sabía que el hijo podría perderse… pero quizás ni siquiera el Padre podía imaginar una caída como ésta, un abismo tan grande. Ese grito: “¿Dónde estás?”, aquí, ante la tragedia inconmensurable del Holocausto, resuena como una voz que se pierde en un abismo sin fondo…

Hombre, ¿Quién eres? Ya no te reconozco. ¿Quién eres, hombre? ¿En qué te has convertido? ¿Cómo has sido capaz de este horror? ¿Qué te ha hecho caer tan bajo? Quién te ha corrompido? ¿Quién te ha desfigurado? ¿Quién te ha contagiado la presunción de apropiarte del bien y del mal? ¿Quién te ha convencido de que eres dios?
No sólo has torturado y asesinado a tus hermanos, sino que te los has ofrecido en sacrificio a ti mismo, porque te has erigido en dios. Señor, escucha nuestra oración, escucha nuestra súplica, sálvanos por tu misericordia. Sálvanos de esta monstruosidad. Señor omnipotente, un alma afligida clama a ti. Escucha, Señor, ten piedad.

Hemos pecado contra ti. Tú reinas por siempre (cf. Ba 3,1-2). Acuérdate de nosotros en tu misericordia. Danos la gracia de avergonzarnos de lo que, como hombres, hemos sido capaces de hacer, de avergonzarnos de esta máxima idolatría, de haber despreciado y destruido nuestra carne, esa carne que tú modelaste del barro, que tú vivificaste con tu aliento de vida.

¡Nunca más, Señor, nunca más!


3 de setiembre