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jueves, 11 de mayo de 2017

Mamá: Alguien te necesita (Dedicado a las madres siempre ocupadas)

Mamá: Alguien te necesita (Dedicado a las madres siempre ocupadas)

 
mama alguien necesita
 

Estos años de ser necesitada como madre son muy pasajeros. Algún día, este pequeñito va a ser un hombre y todo esto será un recuerdo

 
¿Es posible que disfrute que me necesiten? Algunas veces, sí, pero en general, es agotador. Pero, no está hecho para que lo disfrutemos cada momento. Es un deber. Dios me hizo su mamá. Es un puesto que anhelé por mucho, antes de que lo entendiera. Durante un fin de semana de tres días, mi esposo no podía creer cuantas veces mis hijos dijeron “Mami. Mami. ¡Mami!” “¿Siempre son así?”, me preguntó, sin ser capaz de esconder su horror y compasión. “Si, todo el día, todos los días. Este es mi trabajo”. Y, tengo que admitir, es el trabajo más difícil que he tenido en la vida.
Antes de ser madre, era administradora de una muy popular cadena de comida rápida. Un sábado a las 7:30 pm, con la ventanilla de salida llena de platos, una lista de espera de dos horas y un corte de luz inexplicable, no se compara con un martes a las 5:00 pm en nuestro hogar. Y, déjenme que les diga, los clientes de restaurantes por aquí están entre los más exigentes. Pero son papilla en comparación a niños pequeños que han dormido poco y tienen el azúcar baja.
Una vez, hace mucho tiempo, tenía tiempo para mí. Ahora, las uñas de mis pies necesitan amor. Y mi sostén no me queda tan bien como antes. Mi plancha rizadora de cabello tal vez ya no funciona, la verdad, no tengo la menor idea. No puedo ducharme sin una audiencia. Empecé a usar crema para ojos. Ya no me piden mi identificación para saber si soy mayor de edad. La prueba de que soy madre. Prueba que alguien me necesita. Que por ahora, siempre hay alguien que me necesita. Como la noche anterior…
A las 3 am. escuché pequeños pasitos entrando a mi habitación. Me quedé quieta, apenas respirando. Tal vez va a devolverse a su habitación. Sí, seguro.
- ¡Mami!”
- ¡Mami!”, un poquito más fuerte.
- “Sí”, apenas susurré.
Él pausó, sus ojos gigantes y brillando en la poca luz.
- “Te quiero”.
Y, solo con eso, se fue. Corrió de vuelta a su pieza. Pero, sus palabras se quedaron colgando en el fresco aire de la noche. Si pudiese estirar mi mano y agarrar sus palabras, las abrazaría a mi pecho. Su voz susurrante dijo la mejor oración del mundo. “Te quiero”.
Algún día, este pequeñito va a ser un hombre. Ya nunca más voy a escuchar estas dulces palabras susurradas sólo para mí en las altas horas de la noche. Solo el ruido de máquinas y mi esposo roncando. Entonces, voy a dormir en paz en las noches, sin ninguna preocupación de un niño enfermo o un bebé llorando. Todo eso será solo un recuerdo. Estos años de ser necesitada son agotadores, pero muy pasajeros. Tengo que dejar de soñar con “aquel día” cuando las cosas serán más fáciles. Porque la verdad es que, tal vez si sean más fáciles, pero nunca serán mejor que en el presente.
Hoy, cuando me encuentro cubierta en baba y mocos de niños. Hoy, cuando siento esos bracitos gorditos alrededor de mi cuello. Hoy es perfecto. “Algún día” voy a hacerme pedicuras y tomar mis duchas sola. “Algún día” volveré a ser dueña de mi misma. Pero, hoy día me entrego a los demás y estoy cansada, sucia y tengo tanto amor alrededor mío, pero estoy feliz. Y me despido, me tengo que ir, alguien me necesita
Autor Anónimo
 

domingo, 7 de mayo de 2017

Un ángel llamado mamá (Reflexión en Valores) 07052017

Un ángel llamado mamá

Un ángel llamado mamá
Un niño que iba a nacer le dijo a Dios:
-Me dicen que me vas a enviar a la Tierra, pero, ¿cómo viviré tan pequeño e indefenso como soy?
Y Dios le respondió:
-No temas, entre muchos ángeles escogí uno para ti que te está esperando; él te cuidará.
Y el niño volvió a preguntar:
-¿Quién me alimentará?
-El mismo ángel - contestó Dios.
-¿Quién me acunará?
-El lo hará, como también te hará sonreír, calmará tus dolores, velará tu sueño, te guiará por la vida mientras creces.
-¿Y cómo entenderé a la gente que me hable, si no conozco el extraño idioma que hablan los hombres?
-Tu ángel te dirá las palabras más dulces y más tiernas que puedas escuchar, y con mucha paciencia y cariño te enseñará a hablar.
-He oído que en la Tierra hay hombres malos. ¿Quién me defenderá?
-Tu ángel te protegerá de todas las maldades del mundo y cuidará de ti en cada momento de tu vida, día y noche. No permitirá que te hagan daño. Si enfermas, buscará los medios para sanarte, porque dará su propia vida por ti si es necesario.
En ese instante, una gran paz reinaba en el cielo, pero se oían voces terrestres, y el niño, presuroso, repetía suavemente:
-Dios mío, si ya me voy, dime su nombre. ¿Cómo se llama mi ángel?
Dijo la voz de Dios, llena de paz y de amor:
-Su nombre no te lo diré, porque no es necesario, pero tú le llamarás MAMÁ.

Madres y santas, convirtieron a sus hijos, detuvieron guerras fratricidas, perdonaron a sus maridos…07052017

10 mujeres católicas que alcanzaron la santidad por ser madres de familia

Madres y santas, convirtieron a sus hijos, detuvieron guerras fratricidas, perdonaron a sus maridos…

Madres y santas, convirtieron a sus hijos, detuvieron guerras fratricidas, perdonaron a sus maridos…

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7 mayo 2017
La santidad no es cosa únicamente de sacerdotes, religiosas o consagrados. También en el seno de la familia se llega a la santidad. María Ximena Rondón, en Aciprensa muestra estos diez casos de madres que alcanzaron la santidad justamente por vivir con heroicidad las virtudes en el seno de la familia.

1. Santa Gianna Beretta Molla (1922-1962)
Esta santa italiana enfermó de cáncer y decidió continuar con el embarazo de su cuarto hijo, en vez someterse a un aborto, como le sugerían los médicos para salvar su vida.

Gianna estudió medicina y se especializó en pediatría. Su trabajo con los enfermos se resumía en la siguiente frase: “Como el sacerdote toca a Jesús, así nosotros los médicos tocamos a Jesús en los cuerpos de nuestros pacientes”.

Se casó con Pietro Molla, con quien tuvo cuatro hijos. Durante toda su vida consiguió equilibrar su trabajo con su misión de madre de familia.

Gianna murió el 28 de abril de 1962, con 39 años de edad, una semana después de haber dado a luz. Fue canonizada el 16 de mayo del año 2004 por el Papa San Juan Pablo II, quien la convirtió en la patrona de la defensa de la vida.



2. Santa Mónica (332-387)
La madre de San Agustín nació en Tagaste (África) en el año 332. Sus padres la casaron con un hombre llamado Patricio. Aunque era muy trabajador, su esposo era violento, mujeriego, jugador y despreciaba la religión.

Durante 30 años, Santa Mónica sufrió los ataques de ira de su marido. Ella oraba y ofrecía sacrificios constantemente por la conversión de su esposo. En el año 371, Dios le concedió este deseo y Patricio se bautizó. Quedó viuda un año después cuando Agustín tenía 17 años.

Durante 15 años rezó y ofreció sacrificios por la conversión de su hijo, quien llevaba una vida libertina. En el año 386, San Agustín le anunció su conversión al catolicismo y su deseo de permanecer célibe hasta la muerte.

Murió santamente en el año 387 a los 55 años de edad. Muchas madres y esposas se encomiendan a San Mónica por la conversión de sus hijos y maridos.



3. Santa Rita de Casia (1381-1457)
Aunque desde niña quiso ser religiosa, sus padres la casaron con Paolo Ferdinando.

Su marido pertenecía a una familia de mercenarios y a pesar de que era bebedor, mujeriego y violento, Santa Rita le fue fiel durante todo su matrimonio. La pareja tuvo dos gemelos del mismo temperamento que su padre. La Santa encontró fortaleza en Jesús, a quien ofrecía su dolor.

Tras 20 años de oración, Paolo se convirtió y empezó un camino de santidad junto a Rita. Sin embargo, fue asesinado por sus enemigos. Sus hijos juraron vengar la muerte de su padre y ella pidió al Señor que les concediera la muerte antes que verlos cometer un pecado mortal. Antes de morir, los gemelos perdonaron a los asesinos de su padre.

En el año 1417 ingresó como religiosa al convento de las monjas agustinas. Allí meditó y profundizó la Pasión de Cristo. En el año 1443, recibió los estigmas. Tras una grave enfermedad falleció en 1457. Su cuerpo está incorrupto hasta ahora. Se le conoce como la “Santa de los Imposibles”.



4. Santa María de la Cabeza (¿?- 1175)
María Toribia nació en España, cerca de Madrid. Fue la esposa de San Isidro Labrador. Realizaba sus labores con humildad, paciencia, devoción y austeridad. Además, siempre fue atenta y servicial con su marido. La pareja solo tuvo un hijo.

Debido a que San Isidro y Santa María querían tener una vida totalmente entregada a Dios, decidieron separarse. Su esposo se quedó en Madrid, y ella partió hacia una ermita. Allí se entregó a profundas meditaciones y hacía obras de caridad.

Cuando Santa María de la Cabeza murió, fue enterrada en la ermita que con tanto amor visitaba. Sus restos fueron trasladados a Madrid y se le atribuyen milagros de curación a los males de la cabeza.



5. Santa Ana, Madre de la Virgen María
Joaquín y Ana eran un rico y piadoso matrimonio que residía en Nazaret. Como la pareja no tenía hijos, él sufría humillaciones en el Templo. Un día, el santo no volvió a su casa, sino que fue a las montañas para entregar a Dios su dolor. Cuando Ana se enteró del motivo de la ausencia de su marido, pidió al Señor que le quitara la esterilidad y le prometió ofrecer a sus hijos para su servicio.

Dios escuchó sus oraciones y envió a un ángel que le dijo: "Ana, el Señor ha mirado tus lágrimas; concebirás y darás a luz y el fruto de tu vientre será bendecido por todo el mundo". Este ángel hizo la misma promesa a Joaquín, que volvió donde su esposa. Ana dio a luz una hija a quien llamó Miriam (María) y que fue la Madre de Jesucristo.



6. Beata Ángela de Foligno (1249-1309)
Ángela vivió apegada a las riquezas desde su juventud hasta su vida de casada. Además, tuvo una vida libertina.

En 1285 sufrió una crisis existencial. Debido a que vivía cerca de Asís, se sintió tocada y retada por el ejemplo de San Francisco. Un día estaba tan atormentada por el remordimiento que pidió al Santo que la librase. Entonces fue a la Iglesia de San Feliciano donde hizo una confesión de vida.

Allí hizo una promesa de castidad perpetua y empezó a llevar una vida de penitencia, regalando sus mejores vestidos y haciendo estrictos ayunos. Después de su conversión, perdió sucesivamente a su madre, su marido y a sus ocho hijos. Murió en 1309.



7. Santa Isabel de Portugal (1274-1336)
A los 14 años se convirtió en esposa de Dionís, rey de Portugal. Desde que llegó al país se ganó la simpatía del pueblo por su carácter piadoso y devoto. Aunque su marido era mujeriego y tenía hijos con varias mujeres, Santa Isabel los acogió en la corte y les dio un trato cristiano.

Cuando el príncipe Alfonso advirtió que su derecho al trono estaba en peligro, decidió rebelarse y el rey respondió violentamente. Esta pelea entre padre e hijo causó mucho dolor a Santa Isabel, quien intervino muchas veces en las batallas entre Dionís y Alfonso. Un día, la reina se interpuso entre ambos ejércitos para evitar el derramamiento de sangre.

Luego de la muerte del rey en 1325, ella se retiró a Coimbra. En 1336 estalló un nuevo conflicto entre Alfonso IV y el rey de Castilla, Alfonso XI, que era nieto de Isabel.

La reina fue hasta el campamento de los ejércitos, donde fue recibida y cayó enferma. Antes de morir, su hijo le prometió que no invadiría Castilla.



8. Santa Clotilde (474-545)
Gracias a ella, el fundador de la nación francesa se convirtió al catolicismo y Francia fue un país católico. La reina convenció a su marido de convertirse al cristianismo si él ganaba la batalla de Tolbiac, contra los alemanes.

El rey Clodoveo logró la victoria y fue bautizado en la navidad de 496 por el Obispo San Remigio. Esa misma noche recibieron el sacramento la hermana del rey y tres mil de sus hombres. Desde ese momento, Clotilde fue llamada en Francia: “Hija primogénita de la Iglesia”.

Clotilde era amada por todos a causa de su gran generosidad con los pobres, su pureza y devoción. Sus súbditos solían decir que parecía más una monja que una reina.

Después de la muerte de Clodoveo, hubo guerra porque sus dos hijos querían el trono. Durante 36 años, Clotilde rezó por la reconciliación de ambos. Un día, cuando los dos ejércitos estaban listos para el combate, estalló una fuerte tormenta que impidió la batalla. Gracias a la oración de la reina, los hermanos se reconciliaron.



9. Santa Elena (270-329)
En medio de la pobreza conoció al general romano Constancio Cloro. Se enamoraron y se casaron. El hijo de la pareja fue el emperador Constantino. Fue repudiada por su esposo, por ambición al poder. Santa Elena pasó 14 años de sufrimiento y se convirtió al cristianismo.

En 306, Constantino fue proclamado emperador romano aunque continuó siendo pagano. Sin embargo, se convirtió cuando vio una Cruz, antes de la batalla de Saxa Rubra, con una leyenda que decía: “Con este signo vencerás”.

Tras la victoria, Constantino decretó la libre profesión de la religión católica y expandió el cristianismo por todo el imperio. El emperador autorizó a su madre para que utilizase el dinero del gobierno para realizar buenas obras. La Iglesia atribuye a Santa Elena el descubrimiento de la Cruz de Cristo. Murió santamente en el año 329.



10. Santa Celia Guerin, Madre de Santa Teresa de Lisieux (1831-1877)
Aunque durante su juventud también quiso ser monja, la abadesa le negó la entrada al convento. Por ello decidió abrir un negocio de encaje. La buena calidad de su trabajo hizo famoso a su taller. Siempre tuvo un buen trato para con sus trabajadores.

En 1858 Celia se cruza en la calle con el joven relojero Luis Martin. En poco tiempo ambos se enamoraron y se casaron tres meses después.

Celia siempre quiso tener muchos hijos y que todos fueran educados para el cielo. Eso fue exactamente lo que hizo porque sus cinco hijas Paulina, Leonia, María, Celina y Teresa fueron religiosas. La última es santa y doctora de la Iglesia.

El amor que Celia sentía por Luis era profundo y elevado. Para ella, su mayor alegría era estar junto a su esposo y compartir con él una vida santa.

En 1865 el cáncer al seno provocaría mucho sufrimiento a Celia. Sin embargo, supo asumir su enfermedad y estaba dispuesta a aceptar la voluntad de Dios. Murió en 1877. Fue beatificada junto con su esposo por el Papa Benedicto XVI en el año 2008 y canonizada en octubre de 2015 por el Papa Francisco.
 

lunes, 2 de enero de 2017

Papa Francisco: María Madre de Dios nos protege ante el cáncer de la orfandad espiritual´01012017

Papa Francisco: María Madre de Dios nos protege ante el cáncer de la orfandad espiritual

Por Miguel Pérez Pichel

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El Papa Francisco reza en la Basílica de San Pedro ante una imagen de la Virgen María. Foto: Daniel Ibáñez (ACI Prensa)
El Papa Francisco reza en la Basílica de San Pedro ante una imagen de la Virgen María. Foto: Daniel Ibáñez (ACI Prensa)








VATICANO, 01 Ene. 17 / 06:23 am (ACI).- “Celebrar la maternidad de María como Madre de Dios y madre nuestra, al comenzar un nuevo año, significa recordar una certeza que acompañará nuestros días: somos un pueblo con Madre, no somos huérfanos”, afirmó el Papa Francisco este domingo 1 de enero durante la celebración de la Misa de la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, en la Basílica de San Pedro del Vaticano.
Antes del comienzo de la celebración eucarística, el Santo Padre se acercó hasta la imagen del Niño Jesús, situada junto al altar, y la besó.
En la homilía aseguró que “las madres son el antídoto más fuerte ante nuestras tendencias individualistas y egoístas, ante nuestros encierros y apatías. Una sociedad sin madres no sería solamente una sociedad fría sino una sociedad que ha perdido el corazón, que ha perdido el ‘sabor a hogar’. Una sociedad sin madres sería una sociedad sin piedad que ha dejado lugar sólo al cálculo y a la especulación”.
Para el Papa “las madres, incluso en los peores momentos, saben dar testimonio de la ternura, de la entrega incondicional, de la fuerza de la esperanza”.
Francisco destacó la valentía “de esas madres que teniendo a sus hijos presos, o postrados en la cama de un hospital, o sometidos por la esclavitud de la droga, con frio o calor, lluvia o sequía, no se dan por vencidas y siguen peleando para darles a ellos lo mejor. O esas madres que en los campos de refugiados, o incluso en medio de la guerra, logran abrazar y sostener sin desfallecer el sufrimiento de sus hijos”.
“He aprendido mucho de esas madres”, aseguró. “Madres que se dejan literalmente la vida para que ninguno de sus hijos se pierda. Donde está la madre hay unidad, hay pertenencia, pertenencia de hijos”, insistió.
En este sentido, subrayó la importancia de “comenzar el año haciendo memoria de la bondad de Dios en el rostro maternal de María, en el rostro maternal de la Iglesia, en los rostros de nuestras madres”, porque “nos protege de la corrosiva enfermedad de ‘la orfandad espiritual’, esa orfandad que vive el alma cuando se siente sin madre y le falta la ternura de Dios”.
“Tal actitud de orfandad espiritual es un cáncer que silenciosamente corroe y degrada el alma. Y así nos vamos degradando ya que, entonces, nadie nos pertenece y no pertenecemos a nadie: degrado la tierra, porque no me pertenece, degrado a los otros, porque no me pertenecen, degrado a Dios porque no le pertenezco, y finalmente termina degradándonos a nosotros mismos porque nos olvidamos quiénes somos”.
Por el contrario, “celebrar la fiesta de la Santa Madre de Dios nos vuelve a dibujar en el rostro la sonrisa de sentirnos pueblo, de sentir que nos pertenecemos; de saber que solamente dentro de una comunidad, de una familia, las personas podemos encontrar ‘el clima’, ‘el calor’ que nos permita aprender a crecer humanamente y no como meros objetos invitados a ‘consumir y ser consumidos’”.
“Celebrar la fiesta de la Santa Madre de Dios nos recuerda que no somos mercancía intercambiable o terminales receptoras de información. Somos hijos, somos familia, somos Pueblo de Dios”.
El Obispo de Roma puso como ejemplo el comportamiento de María ante el misterio del nacimiento del Hijo de Dios: “María es la mujer que sabe conservar, es decir proteger, custodiar en su corazón el paso de Dios en la vida de su Pueblo. Desde sus entrañas aprendió a escuchar el latir del corazón de su Hijo y eso le enseñó, a lo largo de toda su vida, a descubrir el palpitar de Dios en la historia”.
Asimismo, resaltó su importancia en la posterior enseñanza de su Hijo: “Con María, el Niño-Dios aprendió a escuchar los anhelos, las angustias, los gozos y las esperanzas del Pueblo de la promesa”.
“En los evangelios María aparece como mujer de pocas palabras, sin grandes discursos ni protagonismos pero con una mirada atenta que sabe custodiar la vida y la misión de su Hijo y, por tanto, de todo lo amado por Él”.
“Tantas devociones, tantos santuarios y capillas en los lugares más recónditos, tantas imágenes esparcidas por las casas, nos recuerdan esta gran verdad”, señaló.
“María, nos dio el calor materno, ese que nos cobija en medio de la dificultad; el calor materno que permite que nada ni nadie apague en el seno de la Iglesia la revolución de la ternura inaugurada por su Hijo”.
El Santo Padre resaltó asimismo que “donde hay madre, hay ternura. Y María con su maternidad nos muestra que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes”.
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jueves, 21 de julio de 2016

Pensamientos de una madre cristiana 21072016


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Pensamientos de una madre cristiana

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21 julio 2016
Pensamientos de una madre cristiana
Karol Józef Wojty322;a con su madre, Emilia
PENSAMIENTOS DE UNA MADRE CRISTIANA
Ser madre ha sido la experiencia más bonita de mi vida, aunque suene a topicazo es la verdad. Y eso que todos mis embarazos han sido malos, de hecho dos terminaron en aborto espontáneo y eso sí que fue arrasador.
Sentir cómo va creciendo un ser humano en tu interior no se puede describir, hay que sentirlo. (Perdón por la redundancia)
En mi caso particular siempre he tenido todos los síntomas incómodos: náuseas, vómitos, mareos, ganas de ir al baño cada 0´2 minutos, insomnio, estreñimiento, ciática… Y te preguntarás qué tiene eso de bonito, ¿verdad?
Lo bonito de la maternidad es que todo lo malo se olvida en cuanto le ves la cara a tu hijo, a quien has estado imaginando durante 40 semanas, a quien empezaste a amar antes de ver la 1ª ecografía. ¡Si no el género humano se habría extinguido hace miles de años!
¿Tú crees que alguna mujer repetiría si no pesaran más las cosas buenas que las  malas? ¿Tú sabes lo que pesa un bebé en el útero a partir de la semana 22? ¿Y lo frustrante que es no verte los pies en la ducha? ¿Y lo idiota que te sientes cuando toda tu vida te han chiflado las fresas y de repente no las puedes ni ver?
Y después las madres sólo queremos lo mejor para nuestros hijos. Y yo, que soy una madre cristiana, lo que siempre he querido para ellos es que fueran hijos de Dios desde recién concebidos, que Él fuera creciendo en su interior desde el momento del Bautismo, que fuera despertando en ellos deseos de santidad y que los escogiera para seguirle y servirle muy de cerca.
Pero mis planes personales no deben interferir en los planes de Dios para ellos, aunque a veces me pase como a la madre de Santiago y Juan, que quería que sus hijos se sentaran a la derecha y a la izquierda del Señor en su reino.
Yo le pido al Señor que los padres cristianos no seamos un obstáculo entre Él y nuestros hijos, sino un puente ancho, bien iluminado y sin baches que los una.
Lo que más me importa es que sean felices escogiendo libremente lo que quieran hacer con su vida. Y como la Virgen es mucho mejor madre que yo, ¡le he pedido que no les quite ojo!